miércoles, 20 de mayo de 2020

El Hombre Está Compuesto de Cuerpo y Espíritu




Por Julio César Clavijo Sierra
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Según la Biblia, cada ser humano está compuesto por una parte material que es llamada cuerpo, carne o polvo, y una parte inmaterial que es llamada indistintamente espíritu, alma, corazón o aliento. Así que el hombre no es un ser puramente físico o puramente espiritual, sino que es ambas cosas al mismo tiempo. Aunque el hombre es la síntesis de estos dos elementos tan distintos, aun así cada hombre es un solo ser que es una sola realidad psicofísica. 

En el Antiguo y en el Nuevo Testamento, encontramos palabras que a veces se refieren exclusivamente a uno de estos componentes físico o espiritual, o a veces se refieren a la totalidad del ser humano. (Voy a colocar los códigos del Diccionario de Strong, para que cualquiera pueda ampliar la información en los léxicos hebreos y griegos).

Para el componente físico encontramos las palabras hebreas afár (H6083) que significa polvo y basar (H1320) que significa carne o cuerpo. También tenemos las palabras griegas sárx (G4561) que significa carne o cuerpo, y sóma (G4983) que significa cuerpo. A veces la palabra hebrea basar y las palabras griegas sárx y sóma se refieren también a la totalidad de la persona humana.  

Para el componente espiritual hallamos las palabras hebreas neshamá (H5397) que significa aliento, espíritu, alma, intelecto; néfesh (H5315) que significa aliento, alma, vida, voluntad; rúakj (H7307) que significa aliento, espíritu, vida; leb (H3820) que significa corazón, sentimientos, voluntad, intelecto; mehá (H4578) que significa interior, entrañas, intestinos, corazón, vientre; kiliá (H3629) que significa riñón, mente, pensamiento, corazón; y tukjá (H2910) que significa riñones, pensamientos, entrañas. También encontramos las palabras griegas psujé (G5590) que significa alma, aliento, vida, espíritu, corazón; pneuma (G4151) que significa espíritu, aliento; kardía (G2588) que significa corazón, sentimientos, pensamientos; noús (G3563) que significa voluntad, intelecto, mente, pensar; splánjnon (G4698) que significa intestino, corazón, entraña; y nefrós (G3510) que significa riñón, mente, lo más íntimo. Muchas veces, todos estos conceptos también se utilizan para hablar de la totalidad del ser humano.                

Al narrar la creación de Adán, encontramos que Génesis 2:7 dice: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo [Hb. afár] de la tierra [le hizo un cuerpo de materia], y sopló en su nariz aliento [Hb. neshamá: espíritu o alma] de vida, y fue el hombre UN SER [Hb. néfesh: persona, ser, alma] viviente”. El ser real del hombre incluye su parte física y su parte espiritual. El apóstol Pablo habló del cuerpo como el hombre exterior, y del espíritu como el hombre interior (2. Corintios 4:16), pero aun así se refirió a cada hombre como un yo. El cuerpo contiene a la parte espiritual (Job 19:27, 32:18; Salmo 39:3, 42:4-5, 55:4, 94:19, 109:22, 142:3, 143:4; Proverbios 20:27, 23:7; Cantares 5:4; Isaías 26:9; Jeremías 4:19, 23:9; Lamentaciones 1:20, 3:20; Oseas 11:8; Habacuc 3:16; Mateo 23:27-28; Romanos 7:22). El cuerpo, a través de los cinco sentidos, nos conecta con el mundo físico que nos rodea, mientras que el espíritu nos conecta con el mundo espiritual y por ende con Dios (Marcos 14:38, Juan 4:24). Sin embargo en cada acto del hombre, es el hombre completo el que lo hace. Nuestros pensamientos, creencias, valores y nuestra forma de ver la realidad se expresan a través de nuestro cuerpo e influyen en nuestro cuerpo, y el funcionamiento de nuestro cuerpo (glándulas endocrinas, sistema nervioso autónomo, procesos bioquímicos, etc.) afecta nuestro funcionamiento espiritual. De manera que si el hombre desea tener una personalidad sana, debe cuidar su integridad psicofísica. Por esta razón Dios se quiere glorificar en el ser completo del hombre, y en consecuencia 1 Corintios 6:20 dice: “glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo [Gr. sóma]  y en vuestro espíritu [Gr. pneuma], los cuales son de Dios”. 

Todo el ser del hombre (espíritu y cuerpo) fue infectado por el pecado, y así la salvación en Cristo Jesús renueva todo lo que somos. Dios nos insta a que presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable delante de Él (Romanos 12:1-2), y desea que nuestros cuerpos sean templos de su Espíritu Santo (1 Corintios 3:16, 6:19). También desea la renovación de nuestro espíritu, y por eso dice que en espíritu sirvamos a Dios (Filipenses 3:3), que el Señor Jesucristo esté con nuestro espíritu (2 Timoteo 4:22), que nuestros espíritus sean hechos  perfectos (Hebreos 12:23) y que le adoremos en espíritu y en verdad (Juan 4:24). El que tiene cuidado de las cosas del Señor, es santo así en cuerpo como en espíritu (1 Corintios 7:34), y por lo tanto estamos llamados a limpiarnos “de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1). De igual manera en Efesios 4:22-24 se nos ordena: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Los dos elementos constitutivos del hombre solo se pueden separar en el momento de la muerte, donde el cuerpo queda inerte pero el alma continúa en una existencia consciente. A esto se le ha llamado “el estado intermedio”, que es un estado de existencia sin cuerpo, puramente inmaterial. Eclesiastés 12:7 dice: “el polvo [Hb. afár] vuelve a la tierra, como era, y el espíritu [Gr. rúakj] vuelve a Dios que lo dio”. Santiago 2:26 dice que “el cuerpo [Gr. sóma] sin espíritu [Gr. pneuma] está muerto”. Mateo 10:28 dice: “Y no temáis a los que matan el cuerpo [Gr. sóma], más el alma [Gr. psujé] no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”. El estado intermedio es un estado incompleto pues el yo real incluye también nuestro cuerpo (2 Corintios 5:1-4), y por esto se ha prometido que los creyentes recibirán un cuerpo glorioso en la resurrección (1 Corintios 15:42-54, Filipenses 3:20-21) para poder vivir en un mundo material perfecto en los cielos nuevos y la tierra nueva (2 Pedro 3:13, Apocalipsis 21:1). Dentro del plan de redención de Dios para nosotros, es tan importante la regeneración de nuestro espíritu como la de nuestro cuerpo. 


Refutando al Dualismo Gnóstico

En el mundo greco-romano de la época de Cristo y de la iglesia primitiva, el gnosticismo era una idea filosófica y religiosa muy popular. Esta doctrina, basada en las ideas de Platón, enseña que existe un dualismo entre el mundo material que es malo y perverso, y el mundo espiritual que es bueno, perfecto y puro. El mundo material es solo una sombra o un residuo imperfecto de un mundo espiritual que es el real. 

Desde el punto de vista gnóstico, el yo real es solo el alma que está encerrada como castigo en una cárcel de materia que es el cuerpo malo del cual debe ser liberada. Así que el cuerpo es solo un cascarón donde vive el alma, pero no hace parte del yo real. Tomando además ideas de la filosofía estoica, el gnosticismo enseñó que el cuerpo al ser por naturaleza malo, debe ser castigado para que el alma reciba bienestar. Esta idea dominó el pensamiento de los sujetos que propiciaron la aparición de la herejía trinitaria y del catolicismo romano, tales como Orígenes de Alejandría, Atanasio de Alejandría, los Tres Capadocios (Basilio de Cesarea, Gregoria de Nisa y Gregorio de Nacianzo) y Agustín de Hipona, quienes se caracterizaron también por promover la vida monástica como una supuesta vida de santidad más elevada. Mientras que Cristo nos dijo: “id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15), ellos enseñaron “métete en un convento”. Mientras que la Biblia enseña que el matrimonio es un estado honroso (Hebreos 13:4) y que un obispo debe ser marido de una sola mujer (1 Timoteo 3:2, Tito 1:5-6), ellos enseñaron que el sexo siempre es perverso y que el celibato conduce a la santidad más elevada, por lo que promovieron la doctrina demoniaca de la prohibición de casarse para los curas y monjas (1 Corintios 4:1-5). 

En la Escritura, el ser humano jamás es tratado como un ser dualista, por lo que se enseña que el cuerpo humano debe ser resucitado y glorificado en la resurrección (1 Corintios 15:42-54, Filipenses 3:20-21), para vivir en un mundo material perfeccionado, con cielos nuevos y tierra nueva (2 Pedro 3:13, Apocalipsis 21:1).


Refutando al Tricotomismo

Actualmente el tricotomismo es una posición muy popular que asegura que el ser humano está compuesto por tres partes que son el espíritu, el alma y el cuerpo. Para esto se apoya en el texto de 1 Tesalonicenses 5:23 que dice: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”. Es importante destacar que este texto no dice que las partes constituyentes del ser humano sean tres, sino que su énfasis está puesto en que la totalidad del ser humano debe ser guardada irreprensible, del mismo modo en que cuando en Mateo 12:30 se dice que amemos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas, no se está diciendo que las partes constituyentes del ser humano sean cuatro, sino que se enfatiza en que debemos amar a Dios con todo lo que somos. Asimismo Hebreos 4:12 dice que la Palabra de Dios influye en nuestra alma, en nuestro espíritu, en nuestras coyunturas, en nuestros tuétanos, en nuestros pensamientos y en nuestro corazón, lo cual no significa que las partes constituyentes de nuestro ser sean seis, sino que enfatiza en que la Palabra de Dios conmueve a toda nuestra persona. 

El tricotomismo ha sostenido que el alma y el espíritu son diferentes, porque el alma es el elemento psicológico base de la razón y la emoción, mientras que el espíritu es el elemento religioso que permite a los seres humanos percibir los asuntos espirituales y comunicarse con Dios. Sin embargo, la Biblia no hace ninguna distinción entre el alma y el espíritu. 

Es indiferente decir que el intelecto es una capacidad propia del alma (Génesis 49:6, Salmo 94:19, Proverbios 2:10, 19:2) o del espíritu (Salmos 77:6, 1 Corintios 2:11, Efesios 4:23). Algunos tricotomistas intentan responder a esta refutación, diciendo que el espíritu utiliza la conciencia que fue generada en el alma, pero ninguna parte de la Biblia dice una cosa semejante. Incluso, otros tricotomistas han hablado de que hay dos conciencias, una en el alma y otra en el espíritu, pero esto conduciría a hablar del espíritu y del alma como dos seres independientes, cuando en realidad el ser humano es un solo ser.  

Da lo mismo decir que nuestro espíritu percibe los asuntos espirituales y nos conecta con Dios (Juan 4:24, Marcos 14:38) o que nuestra alma es la que lo hace (1 Samuel 1:15, Salmo 25:1, 34:2, 42:2, 63:1, 146:1). “María dijo: Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:46-47). 

Del mismo modo, da igual decir que las emociones se sienten en el espíritu o en el alma. Por ejemplo Job 7:11 dice: “Hablaré en la angustia de mi espíritu, y me quejaré con la amargura de mi alma”, pero esto no quiere decir que hay un elemento llamado espíritu que es el que se angustia mientras que hay otro elemento llamado alma que es el que se amarga, sino que más bien se está refiriendo de manera indiferente como espíritu o alma al mismo componente que es el centro de nuestras emociones. Varias citas bíblicas dicen que el espíritu percibe las emociones (Génesis 41:8, 1 Samuel 1:15, Isaías 61:3, Lucas 10:21, Juan 13:21), mientras que en otras se dice que el alma es la que las percibe (Salmo 42:6, 86:4, Mateo 26:38, Juan 12:27). Algunos tricotomistas intentan contestar a esta refutación diciendo que el espíritu también expresa las emociones porque utiliza las emociones del alma, pero la Biblia no dice eso por ninguna parte. 

También vemos que la muerte se describe como la salida del alma (Génesis 35:18; 1 Reyes 17:21) o la salida del espíritu (Isaías 26:9, Lucas 23:46, Santiago 2:26). El espíritu vuelve a Dios (Eclesiastés 12:7) y va al lugar de los muertos (Isaías 14:9-10, Lucas 16:22-23). Por eso da lo mismo decir que el alma de los difuntos está en el lugar de los muertos (Hechos 2:27) o que el espíritu de los difuntos está en el lugar de los muertos (1 Pedro 3:19-20). 

Una de las razones por las cuales se ha defendido al tricotomismo, es para buscar darle algún peso a la idea de que Dios es una trinidad (o tres personas divinas en un solo ser). Se ha dicho que como el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27), y como supuestamente el hombre es tripartito, entonces eso prueba que Dios es una trinidad. Sin embargo, nada en la Escritura prueba que el hombre sea tripartito, así como nada prueba que Dios sea una trinidad. 

La Biblia enseña que cada ser humano es una sola persona humana, no tres. Ya hemos visto que los términos hebreos y griegos para alma (Hb. néfesh y Gr. psujé), corazón o mente (Hb. leb y Gr. kardía) y espíritu (Hb. rúakj y Gr. pneuma), cuando se aplican al ser humano se han traducido como persona. Pues bien, cuando la Biblia se refiere a Dios de manera antropomórfica, es decir atribuyéndole características humanas para que nosotros podamos comprenderlo, siempre se refiere a Él como poseyendo UNA SOLA ALMA DIVINA (Proverbios 6:16), UN SOLO CORAZÓN DIVINO (Jeremías 7:31), UNA SOLA MENTE DIVINA (Jeremías 32:35 - LBLA), UNA SOLA VOLUNTAD DIVINA (1. Crónicas 13:2) y UN SOLO ESPÍRITU DIVINO (Joel 2:28),  lo que demuestra sin duda alguna que DIOS ES UNA SOLA PERSONA DIVINA. Dado que según Génesis 1:27 Adán fue creado como una sola persona individual, así Dios es una sola persona individual, porque Adán reflejó la imagen de su Hacedor

Ningún hombre ha existido nunca como algo diferente a una sola persona humana individual. Del mismo modo, ningún ángel ha existido nunca como algo distinto a más de una sola persona angélica individual. Si algún trinitario pretende refutar esto, tendría que demostrar que existe algún ser creado inteligente que sea más que un individuo personal, ya sea éste un ser humano o un ángel, pero ellos no tienen cómo hacerlo porque los seres tripersonales son pura mitología. Las cosas hechas testifican claramente que Dios es un solo ser personal, de modo que los trinitarios no tienen excusa (Romanos 1:20). 


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