sábado, 28 de marzo de 2020

Comentario Sobre el Libro del Profeta Joel y una Aplicación Sobre la Pandemia del Coronovirus (COVID 19)


Por Julio César Clavijo Sierra
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En medio de todo lo que se ha desatado en torno a la pandemia del Coronavirus, recordé que el libro del profeta Joel tiene mucho para enseñarnos. Por esta razón, presentaré primero una panorámica a modo de comentario del libro de Joel, y luego pasaré a una aplicación para el caso que ahora estamos experimentado con el Coronavirus.


Algo Extraordinario ha Ocurrido

Joel 1:2-3. “Oíd esto, ancianos, y escuchad, todos los moradores de la tierra. ¿Ha acontecido esto en vuestros días, o en los días de vuestros padres? De esto contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación”.

En el tiempo de Joel ocurrió algo extraordinario. Por eso él preguntó primero a los ancianos y luego a todos los moradores de la tierra, si alguna vez ellos habían experimentado algo como lo que estaba aconteciendo, o si se tenían registros históricos de un suceso similar. La respuesta fue que no se tenía noticia de que algo similar hubiera ocurrido anteriormente en la tierra de Israel. El impacto de dicho acontecimiento marcó tanto a aquella generación, que el profeta dice que de esto ellos le contarían a la generación venidera, y ésta a la siguiente, y así sucesivamente.


La Tierra Fue Completamente Devastada por una Plaga de Langostas

Joel 1:4. “Lo que quedó de la oruga comió el saltón, y lo que quedó del saltón comió el revoltón; y la langosta comió lo que del revoltón había quedado”.

Las expresiones oruga, saltón, revoltón y langosta, se refieren al mismo insecto, es decir a la misma langosta en sus diferentes fases de desarrollo. La oruga se refiere a la larva que sale del huevo, el saltón se refiere a la ninfa que es el insecto en su etapa inmadura, el revoltón se refiere al insecto en su adolescencia, y la langosta se refiere al insecto adulto.

La langosta devoró todas las hojas y todos los frutos; desnudó, despedazó y secó los árboles; acabó con la higuera y con la vid; el campo quedó asolado porque el trigo y la cebada fueron destruidos y no hubo más aceite; se perdió el granado, la palmera y el manzano (1:7-12); e incluso se secó todo el pasto y escaseó el agua (1:19-20).

Se extinguió todo el gozo de los hombres (1:12) porque el alimento les fue arrebatado (1:16) y lloraron desconsolados como llora una joven cuando se muere su prometido (1:8). El ganado gimió, las vacas y las ovejas vagaron sin rumbo porque no encontraron donde pastar y se murieron de hambre (1:19-20).


Dios Mandó la Langosta para Reprender al Pueblo

Joel 2:11. “Y Jehová dará su orden delante de su ejército; porque muy grande es su campamento; fuerte es el que ejecuta su orden; porque grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo?”.

Las langostas fueron descritas como un gran ejército invasor que vino para destruir, someter y traer hambre y mortandad. Dios se presentó como el general de ese ejército de langostas, y la invasión de langostas fue llamada el día de Jehová, grande y terrible (2:11), el día de la destrucción por parte del Todopoderoso (1:15), un día en que temblaron todos los moradores de la tierra (2:1) y se llenaron de espanto (2:6).

Las langostas fueron tan numerosas (1:6) que formaron una nube que los atacó día y noche, haciendo que el sol y la luna se oscurecieran y que no se viera el resplandor de las estrellas (2:10) trayendo sombra y tinieblas (2:2). Nunca antes se había dado un ataque de langostas como éste, y otro igual no ocurriría sino después de muchas generaciones (2:2).

Las langostas intimidaban como un organizado ejército de valientes hombres de guerra al que la espada no le podía hacer daño, que no rompía sus filas y que marchaba desafiante hacia su destino (2:7-8). El muro de Jerusalén fue como nada para ellas, pues lo subieron y corrieron por encima de él, invadieron la ciudad y entraron por las ventanas de las casas a manera de ladrones (2:9). La nube de langostas hacía un estruendo como de gente a caballo y como carros de guerra (2:4-5). Los dientes de las langostas fueron comparados como los fuertes dientes de un león que despedazan a su presa (1:6), pues antes de su llegada los campos parecían un paraíso, pero a su paso la tierra fue hecha un desierto (2:3).


Un Llamado al Arrepentimiento

Joel 2:12-13. “Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo”.

Dios mandó las langostas a causa de los pecados del pueblo. A los borrachos les dijo que despertaran ya que se habían acabado los ingredientes vegetales con los cuales se hacía el licor (1:5). A todo el pueblo lo exhortó para que se convirtieran a Él de todo corazón y no solamente con una falsa apariencia de piedad (2:12-13). A todo el pueblo lo instó para que clamaran a Dios, proclamaran ayuno y lloraran con arrepentimiento (1:13-14; 2:12), porque Dios es grande, misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y se duele del castigo (2:13). A los sacerdotes, ministros de Jehová, los exhortó para que lideraran el arrepentimiento (1:9) a fin de que volviera la alegría y el placer a la casa de Dios (1:16), y a que rogaran diciendo: “¡Dios nuestro, perdona a tu pueblo! ¡No permitas que las naciones nos desprecien y nos humillen! No permitas que con tono burlón nos pregunten: ‘¿Dónde está su Dios?’” (2:17 - TLA).


La Respuesta de Dios Ante el Arrepentimiento

Joel 2:18-19. “Y Jehová, solícito por su tierra, perdonará a su pueblo. Responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí yo os envío pan, mosto y aceite, y seréis saciados de ellos; y nunca más os pondré en oprobio entre las naciones”.

Al notar un verdadero arrepentimiento, Dios los perdonó y les prometió que iba a llenar sus graneros y sus bodegas de trigo, vino y aceite, para que comieran hasta saciarse (2:19, 2:24, 2:26). Prometió destruir a las langostas, el enemigo que vino del norte, echándolo en tierra seca y desierta donde moriría exhalando su hedor y su pudrición (2:20). Los instó a alegrarse y gozarse en Dios quien haría grandes cosas para el bien de ellos, dándoles la lluvia temprana y tardía para que prosperaran las cosechas (2:21, 2:23, 2:26). También animó a los animales anunciándoles que los pastos del desierto reverdecerían (2:22). Y anunció que el pueblo conocería que solo Jehová es Dios y que no hay otro, que Dios está en medio de su pueblo, y que su pueblo nunca jamás será avergonzado. (2:27).


Profecía Acerca del Derramamiento del Espíritu Santo

Joel 2:28-29. “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días”.

A continuación, el profeta Joel dio una profecía para el tiempo del Nuevo Pacto, prometiendo que vendrían días en los cuales Dios derramaría de su Espíritu sobre toda carne, es decir sobre sus siervos y sobre sus siervas que harían parte de todas las naciones de la tierra. Serían tiempos gloriosos donde habría profecía, palabra y visión de parte de Dios (Joel 2:28-29). El apóstol Pedro dijo que la profecía de Joel se cumplió desde el primer derramamiento del Espíritu Santo que ocurrió durante el Día del Pentecostés en el cual nació la Iglesia (Hechos 2:1-21). 

Joel también profetizó que en esos tiempos postreros Dios daría muestras de su poder tanto en el cielo como en la tierra. Dijo que habría sangre, fuego, columnas de humo, y que el sol se convertiría en tinieblas y la luna en sangre, lo que significa que Dios traería de su ira sobre la tierra pecadora, rememorando a la nube de langostas que ocultó al sol, a la luna y a las estrellas en los días de Joel (restándoles su brillo tal como cuando esos astros están eclipsados), y que dicha plaga causó la muerte de personas y animales, y la destrucción de la vegetación que quedó tan seca como si hubiera sido quemada (2:30-31). Pero en medio del desastre ocasionado por el pecado, se prometió que todo aquel que reconozca a Dios y que invoque su nombre será salvo, porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación (2:32), como ciertamente la hubo tras la muerte y resurrección de Jesucristo en Jerusalén y por el comienzo de la predicación del evangelio desde aquella ciudad, pues Jesucristo dijo: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

Joel dijo que todo esto acontecería antes de que viniera el día grande y espantoso de Jehová (2:31).


El Día de Jehová, Día Espantoso y Terrible

Joel 3:14-16. “Muchos pueblos en el valle de la decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la decisión. El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor. Y Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel”.

Dios prometió que para los días finales, Él vendrá a reinar sobre la tierra desde la ciudad de Jerusalén (3:16-17) y hará volver a la región de Judá y a Jerusalén a todo el pueblo de Israel (3:1). Dios vendrá a gobernar manifestado en carne como Jesucristo el rey de Israel (Marcos 15:32), el rey justo que según la carne desciende de David (Jeremías 23:5), que es también el varón perfecto (Efesios 4:13) por lo cual en esa condición de varón perfecto es llamado el Hijo de Dios (Lucas 1:35) y el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29).

Sin embargo, el libro de Apocalipsis nos dice que para ese entonces el mundo estará gobernado por el Anticristo (o la Bestia), y éste intentará oponerse al establecimiento del reinado del Mesías reuniendo a todos los reyes de la tierra para la batalla del Día del Todopoderoso (Apocalipsis 16:13-16). Dios hará juicio sobre las naciones porque éstas aumentaron la maldad en extremo y se aprovecharon de Israel (3:2-13). Los ejércitos de todas las naciones se congregarán en el Valle de la Decisión, que es también el Valle de Josafat o del Juicio de Jehová (ya que Josafat significa Jehová juzga). (3:2, 3:14). “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con Él son llamados y elegidos y fieles” (Apocalipsis 17:4). “Y la Bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos” (Apocalipsis 19:20-21). Debido a la multitud de aves devorando cuerpos muertos “El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor” (v. 15). “Jehová rugirá (como un león victorioso) desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra, pero Jehová será la esperanza de su pueblo, la fortaleza de los hijos de Israel (v. 16).


Dios Gobernará con un Reino Justo Sobre la Tierra

Joel 3:17. “Y conoceréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que habito en Sion, mi santo monte; y Jerusalén será santa, y extraños no pasarán más por ella”.

Entonces la gente conocerá que este hombre Cristo Jesús, es Jehová Dios manifestado en carne que habita en el santo monte de Sion (3:17, 3:21), y desde allí establecerá un gobierno justo sobre toda la tierra. La tierra de Israel fructificará y se convertirá en tierra de abundancia, una tierra en la que fluye leche y miel, en la que por todos los arroyos correrán aguas, y un río saldrá desde la casa de Jehová para regar el valle (3:18). Jerusalén será santa, y nunca más un ejército extranjero la volverá a invadir (3:17). Este tiempo es el mismo al que Apocalipsis 20 se refiere como los mil años.


La Profecía de Joel y su Aplicación Sobre la Pandemia del Coronavirus (COVID 19)

Al igual que en el tiempo de Joel, hoy a nosotros nos ha tocado experimentar algo asombroso de lo cual nunca se había tenido conocimiento en la historia de la humanidad, y de lo que se seguirá hablando por generaciones. Un virus microscópico conocido como el coronavirus (COVID 19) ha intimidado a todas las naciones, incluso a las potencias del mundo, como ningún ejército lo hubiera podido hacer. Por donde quiera que pasa produce enfermedad, muerte y terror, y tiene en jaque a los habitantes de la tierra y a la economía mundial. Sin duda alguna Dios está usando a este virus para recordarnos que hemos pecado contra Él y que nuestros pecados solo nos conducen a la ruina, ya que la paga del pecado es muerte y condenación (Romanos 6:23). Pero si la humanidad es capaz de temerle al coronavirus, debería temerle más al Día de la Ira de Dios, día espantoso y terrible, porque Dios “ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón (a Jesús) a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:31).

Así como el pueblo de Israel lloró, clamó y se arrepintió de sus pecados, hoy Dios quiere que nosotros nos acordemos de Él y arrepentidos nos volvamos a sus caminos. Hoy es tiempo de que el pueblo de Dios se vuelva a Él y lo busque de todo corazón para que Dios tenga misericordia de nosotros. Aunque algunos persistan en el pecado, nosotros debemos volvernos a Dios para que Él obre con poder en nuestras vidas. En medio de la tragedia de las langostas que trajo espanto, hambre, muerte y oscuridad, Joel profetizó que vendrían días en los que Dios derramaría de su Espíritu sobre todos sus siervos y siervas en todas las naciones del mundo, y que estos serían para ellos tiempos gloriosos donde se gozarían de la palabra, la profecía y la visión divina. Así que más que preocupados por el Coronavirus, hoy nosotros debemos estar preocupados por ser llenos del Espíritu Santo de Dios y de recibir palabra y visión de parte de Dios. “Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria” (Isaías 60:2). Toma para ti la palabra que dice: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti” (Isaías 60:1). Ven hoy a Jesús. “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 4:7). Hoy es día de salvación.

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