lunes, 15 de abril de 2019

Ponencia Inicial de Julio César Clavijo, en el Debate ¿Cuál es la Verdad: Trinidad o Unicidad?, con Dante Urbina


Debate ¿Cuál es la Verdad: Trinidad o Unicidad?


Debido a la solicitud de muchas personas que vieron el debate ¿CUÁL ES LA VERDAD: TRINIDAD O UNICIDAD? que fue llevado a cabo el domingo 14 de abril de 2019 en el Canal de Teología TETELESTAI, he decidido compartir el texto de mi ponencia inicial.

Aún después de terminado el debate, todos los puntos de mi exposición continúan intactos y no pudieron ser refutados por el trinitario Dante Urbina. Mientras tanto, el trinitario Dante partió con una petición de principio desde el modelo extrabíblico de que “Dios es tres personas en una sustancia”, para luego intentar forzar a los textos bíblicos para que se acomodaran a su posición, ignorando de entrada los textos que no encajaban con su “teología”, argumentando que él ya había demostrado que “Dios es tres personas en una sustancia”. ¡El círculo vicioso de Dante Urbina fue evidente! Invito a que cada persona se tome el tiempo para comparar cada palabra dicha con la verdad bíblica. El debate completo puede ser visto en video en este enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=HAGAagEs2fo

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Un saludo para toda la respetable audiencia del Canal de teología Tetelestai, para el moderador de este debate Víctor Troncoso, y para el debatiente católico trinitario Dante Urbina.

El tema en cuestión para este debate es: ¿Cuál es la verdad: Trinidad o Unicidad? El tema a debatir consiste específicamente en demostrar si la verdad bíblica acerca de Dios es la Trinidad o la Unicidad. En esta primera ponencia, conforme a lo acordado previamente, yo debo explicar por qué considero que la Unicidad es la auténtica doctrina cristiana, sin criticar aún lo dicho por Dante Urbina, pues eso lo haré en mis demás turnos.

La Palabra de Dios nos exhorta a que nuestra fe debe ser inteligente, y precisamente el principal de todos los mandamientos nos indica que debemos amar a Dios con TODA NUESTRA MENTE tal como lo indica Mateo 22:37. Hoy me empeñaré por guiar a mi audiencia hacia este mandamiento de Dios, y por eso los invito a que más que dejarse llevar por sus emociones o por sus tradiciones, abran su mente y presten la suficiente atención a mis argumentos para examinar si estos están acordes con la Palabra de Dios.

De manera muy resumida, la doctrina de la Unicidad se puede expresar en las afirmaciones de que hay un solo Dios y que ese único Dios se manifestó en la carne en la forma de un Hijo/hombre/Cordero/Siervo para venir a salvar a la humanidad. Voy a desarrollar mi intervención inicial en 5 puntos, de manera que si Dante Urbina pretende refutar a la Unicidad, él tiene que ser capaz de enfrentar y desvirtuar cada uno de estos 5 puntos.


1. La Escritura Confiesa que Solo Hay un Dios

La Escritura expone de una manera muy clara que SOLO HAY UN DIOS. Incluso está verdad es confesada como el principal de todos los mandamientos para el pueblo de Dios, así que negarla, es negar la fe y es no amar a Dios.

En Marcos 12:28-30, dice: “Acercándose uno de los escribas… le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento”.

Hay otras muchas porciones de la Escritura que confiesan claramente que Dios es uno, pero no los citaré ahora por lo limitado del tiempo, y además porque las palabras del principal de todos los mandamientos son muy contundentes.

Sin embargo, sí quiero citar a Éxodo 20:3, donde Dios nos exhorta: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. Cualquier dios falso, es algo que aborrece el Señor.

Si Dante Urbina quiere intentar refutar a la Unicidad, tendría que ser capaz de negar que la Escritura confiesa claramente que hay un solo Dios.


2. La Escritura Declara que hay Un Solo Dios Personal que es Una Sola Persona Divina

En la Escritura, las palabras hebreas y griegas para alma, corazón (y mente), cuando se aplican a los seres humanos, se han traducido como “persona”. Para alma tenemos el hebreo “néfesh” (Strong # H5315) y el griego “psujé” (Strong # G5590). Para corazón (o mente) tenemos el hebreo “leb” (Strong # H3820) y el griego “kardía” (Strong # G2588). Ejemplos de esto son Génesis 17:14 donde la Reina Valera ha traducido el hebreo “néfesh” como persona, y Hechos 2:43  donde se ha traducido al griego “psujé” como persona.

Pues bien, cuando la Biblia se refiere a Dios de manera antropomórfica, es decir atribuyéndole características humanas para que nosotros podamos comprenderlo, siempre se refiere a Él como poseyendo UNA SOLA ALMA DIVINA, UN SOLO CORAZÓN DIVINO, UNA SOLA MENTE DIVINA, UNA SOLA VOLUNTAD DIVINA Y UN SOLO ESPÍRITU DIVINO,  lo que demuestra sin duda alguna que ÉL ES UNA SOLA PERSONA DIVINA.

Proverbios 6:16, dice: “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina SU ALMA”. (Singular).

Jeremías 7:31, dice: “cosa que yo no les mandé, ni subió EN MI CORAZÓN”. (Singular).

Jeremías 32:35 (LBLA), dice: “…lo cual no les había mandado, ni me pasó por LA MENTE”. (Singular)”.

1. Crónicas 13:2, dice: “Y dijo David a toda la asamblea de Israel: Si os parece bien y si es LA VOLUNTAD (Singular) de Jehová nuestro Dios”.

Joel 2:28, dice: “Y después de esto derramaré MI ESPÍRITU (Singular) sobre toda carne”.

Romanos 1:20 nos informa que la propia creación testifica acerca de la divinidad eterna de nuestro Dios. “Porque las cosas invisibles de Él, SU ETERNO PODER Y DEIDAD, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas HECHAS, de modo que no tienen excusa”.

Recordemos que la Biblia dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó...” (Génesis 1:27). Dios creó a Adán a su propia imagen espiritual, como una persona individual con una sola mente, un solo corazón y una sola alma. Por lo tanto, ASÍ COMO ADÁN FUE CREADO COMO UNA SOLA PERSONA INDIVIDUAL, ASÍ DIOS ES UNA SOLA PERSONA INDIVIDUAL, porque Adán reflejó la imagen de su Hacedor. Ningún hombre ha existido nunca como algo diferente a una sola persona humana individual. Del mismo modo, ningún ángel ha existido nunca como algo distinto a más de una sola persona angélica individual.

Si Dante Urbina pretende refutar la Unicidad, tiene que ser capaz de negar que la Escritura confiesa claramente que hay un solo Dios personal que es una sola persona divina, o tendría que demostrar que existe algún ser creado inteligente que sea más que un individuo personal, ya sea este un ser humano o un ángel.


3. El Dios Unipersonal Puede Cumplir Simultáneamente con Todos sus Atributos o Cualidades sin Dejar de Ser Una Sola Persona Divina

La Escritura declara que Dios se ha revelado (o se ha dado a conocer) al hombre con muchos títulos o cualidades, que reflejan las características de su Ser. Todos estos atributos o cualidades son innatos a su Ser divino, por lo cual Dios no puede perder ni ganar estas cualidades porque Dios es inmutable, Él no cambia. (Malaquías 3:6).

Entre los atributos que Él nos ha revelado en la Escritura, tenemos que Él es Uno (Deuteronomio 6:4; Marcos 12:28-34) y Único (2. Samuel 7:22; Salmo 72:18; Isaías 37:16, 44:8, 45:21-22; Juan 17:3); que es Espíritu (Números 11:29; Salmo 51:11, 139:7-10; Juan 4:24), Eterno (Génesis 21:33; Deuteronomio 33:27; Isaías 9:6, 40:28), Autoexistente (Éxodo 3:14; 1. Samuel 2:6; 1. Timoteo 6:13), Infinito (Salmo 139:7-10; Proverbios 15:3), Perfecto (2. Samuel 22:31; Job 37:16; Mateo 5:48), Bueno (1. Crónicas 16:34; 2. Crónicas 5:13; Salmo 34:8; Mateo 19:17), Santo (Levítico 11:44; 1. Samuel 2:2; Salmo 22:3; Apocalipsis 15:4), Omnisciente (Job 42:2; Salmo 139:1-6; Hechos 2:23; 1. Timoteo 1:17), Omnipresente (1. Reyes 8:27; Salmo 139:7-13; Isaías 66:1), Todopoderoso (Génesis 17:1; 2. Corintios 6:18; Apocalipsis 15:3), Veraz (Jeremías 10:10; Juan 3:33, 17:3; Romanos 3:4; 1. Tesalonicenses 1:9), Justo (Deuteronomio 32:4; Salmo 7:11; 11:7; Apocalipsis 16:5), Soberano (Zacarías 14:9; Hechos 4:24; Judas 1:4), Padre (Salmo 103:13; Efesios 4:6; Filipenses 4:20), Pastor (Salmo 23; 80:1; Ezequiel 34:12), Sanador (Éxodo 15:26; Salmo 6:2; Jeremías 17:14), Salvador (2 Samuel 22:3; Salmos 140:7; Isaías 43:3; 45:21; 49:26; 60:16; Lucas 1:47), etc.

Cuando queremos que Dios nos sane, le decimos: “Tú eres mi Sanador” porque sabemos que ese el nombre o título de Dios que mejor se ajusta a la ocasión. Cuando deseamos que Él haga un milagro asombroso, le decimos: “Tú eres el Todopoderoso” porque sabemos que en ese caso, ese el título que mejor aplica. Cuando queremos ser purificados por Él, le decimos, "Tú eres Santo". Cuando deseamos que nos provea del alimento o cuando necesitamos de su cuidado y protección, le decimos, “Tú eres nuestro Padre”. Sin duda alguna, nosotros podríamos decirle: “Dios Sanador, por favor dame el alimento y la protección”, pero sabemos que en ese caso el nombre o título de Dios que mejor encaja es el del Padre que provee y protege. Y cuando deseamos que Él nos llene y habite en nosotros, le decimos: “Espíritu Santo, lléname”, porque sabemos que esa es la mejor de las cualidades que Dios nos ha revelado para hablar de la habitación de Dios en nosotros. Ciertamente podríamos decirle “Lléname Todopoderoso” pero sabemos que en ese caso es mejor decirle “Lléname, Espíritu Santo”.

Cuando Dios es el Sanador, Él no deja de ser el Todopoderoso o el Padre, y no debemos de pensar que para que Él pueda ser simultáneamente el Sanador, el Todopoderoso, o el Padre, Él tenga que ser más que un solo Dios personal. Asimismo, cuando Dios es el Padre, Él no deja de ser el Espíritu, y por eso no podemos pensar que para que Dios sea simultáneamente el Padre y el Espíritu, Él tenga que ser más de una sola persona. De hecho, la Escritura declara diáfanamente que el Padre es el mismo Espíritu Santo, pues por ejemplo cuando Jesús habló con la mujer samaritana, le dijo que el Padre busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad, porque Dios es Espíritu (Juan 4:21-24).

Así que si Dante Urbina pretende refutar la Unicidad, tiene que ser capaz de mostrarnos de qué manera el Dios unipersonal no podría cumplir simultáneamente con todos sus atributos o cualidades sin dejar de ser una sola persona divina.


4. La Escritura Revela que el Único Dios Vino a Salvar en la Forma de un Hijo/Hombre/Pariente/Cordero

Lucas 3:38 muestra que Dios puso al hombre Adán sobre la tierra como Hijo de Dios, pues este versículo lo llama claramente Hijo de Dios, pero vemos que esa condición de Hijo de Dios la perdió el hombre por causa del pecado. Así que el conflicto entre Dios y Satanás se dio por causa del hombre, pues Dios se propuso recuperar para el hombre la condición gloriosa inicial de “Hijos de Dios” que la humanidad tuvo en el Edén.

En la Ley de Moisés se dio una tipología de la redención que sería efectuada por Cristo, y esa era la figura del PARIENTE REDENTOR  como se ve en Levítico 25:25. Si un judío perdía sus bienes o si era vendido como esclavo, el pariente más cercano que éste tuviera, y que contara con la voluntad y la fuerza económica, debería sacarlo de la ruina y darle la libertad.

Del mismo modo, para lograr la libertad del pecado para todos los hombres, tendría que venir un ser humano, de la simiente humana (Génesis 3:15, 22:18; Gálatas 3:16), que fuera un varón perfecto (Efesios 4:13) y que estuviera libre del pecado, a fin de que pudiera actuar como nuestro pariente redentor, y para constituirse como el nuevo rey sobre el paraíso recuperado (2 Pedro 1:11), en medio de una generación de hombres santos (Apocalipsis 21:26, 22:3) de la cual él como el postrer Adán (1. Corintios 15:45), fuera el hermano mayor (el primogénito) entre muchos hermanos (Romanos 8:29; Hebreos 2:11-13). ASÍ QUE TENÍA QUE EXISTIR EL HIJO, PERO TAMBIÉN OTROS MUCHOS HIJOS, LO QUE DEMUESTRA QUE EL TÍTULO DE HIJO DE DIOS APLICADO A CRISTO, SIGNIFICA QUE ÉL ES EL VARÓN PERFECTO y que ese título se refiere exclusivamente al estado o existencia encarnada que Dios tomó.

Ciertamente la redención de los hombres requería de un hombre santo que no estuviera bajo la esclavitud del pecado, pero por causa de Adán la gente fue constituida pecadora (Romanos 5:19). Así que no había ni un solo ser humano común y corriente al que Dios pudiera elegir para restaurar todas las cosas, ya que todos somos pecadores (Salmos 14:2-3; Isaías 59:12-16; Romanos 3:9-12). Eclesiastés 7:20, dice: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque”. Isaías 59:16 dice: “Y vio [Dios] que no había hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma justicia”. El Hijo es el brazo de Dios (Isaías 52:10, 59:16), es el varón de la diestra de Dios (Salmo 80:17), es la diestra de Dios que hace proezas y valentías (Salmo 118:14-17), y es el poder y la sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24), porque a través del Hijo, Dios pudo traer la salvación a los hombres.

En Isaías 9, Dios prometió que no habría oscuridad en el mundo para siempre, pues el pueblo que andaba en tinieblas y en muerte, vería gran luz y tendría alegría abundante, YA QUE NOS NACERÍA UN PARIENTE REDENTOR: “porque UN NIÑO NOS ES NACIDO, HIJO NOS ES DADO” (Isaías 9:6). Pero ese pariente redentor, es identificado también como el Dios fuerte y el Padre eterno (Isaías 9:6). Como todos los hijos de los hombres nacen en pecado (Salmo 51:5), y como solo Dios es santo (Apocalipsis 15:4), entonces para proporcionarnos un pariente redentor que estuviera libre de la esclavitud del pecado, EL DIOS FUERTE Y PADRE ETERNO PROMETIÓ VENIR COMO EL NIÑO QUE NOS FUE NACIDO Y EL HIJO QUE NOS FUE DADO . Este Niño no sería un niño común y corriente, sino que sería EMANUEL, DIOS MISMO ENTRE NOSOTROS EN LA FORMA DE UN HOMBRE. “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un Hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Isaías 7:14, comparar con Mateo 1:23). 

Dios mismo vino a salvar, y no mandó a otro. Isaías 43:10-11 expresa: “Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; DIOS MISMO VENDRÁ Y OS SALVARÁ”. Nuestro Dios Padre quiere que le conozcamos, que creamos en Él, que le entendamos y que aceptemos que fuera de Él no hay quien salve (Isaías 43:10-11). JESÚS ES EL SALVADOR (Mateo 1:21), PORQUE ÉL ES DIOS MISMO VINIENDO COMO NUESTRO PARIENTE REDENTOR. Por eso EN SU CONDICIÓN DE HIJO, JESÚS ES PRESENTADO COMO NUESTRO HERMANO PRIMOGÉNITO (Romanos 8:29), Y COMO EL HERMANO QUE ANUNCIÓ LA VERDAD (Hebreos 2:12), para que nosotros también fuéramos hijos de Dios.

Si Dante Urbina desea refutar la Unicidad, tendría que ser capaz de negar que Dios mismo vino a salvarnos en la forma de un Hijo (un hombre perfecto), para que nosotros también pudiéramos llegar a ser Hijos de Dios (hombres perfectos).


5. La Distinción Bíblica Entre el Padre y el Hijo se Explica por la Encarnación

Para salvar, Dios mismo vino como Hombre/Hijo/Cordero, pero a la vez Él continuó existiendo como el Padre/Dios/Eterno, etc. Así que las distinciones bíblicas entre el Padre y el Hijo, demuestran una  distinción entre Dios como Dios (en su existencia eterna trascendente que no depende de la encarnación) y Dios como Emanuel (en su existencia humana como el Cordero de Dios que sí depende de la encarnación). 

Las distinciones entre el Padre (Dios como Dios) y el Hijo (Dios como hombre) son las distinciones entre las dos formas de existencia que Dios tiene después de la encarnación. Dios como Dios en su existencia divina trascendente, es mayor que Dios como Emanuel en una existencia humana. Dios como Dios no salió de nadie, pero Dios como Emanuel, como un hombre entre nosotros sí salió de Dios. Dios como Emanuel fue enviado por el Padre y vino al mundo, pero Dios como Dios lo llena todo. Dios como Emanuel nació de la virgen María, pero Dios como Dios no tiene principio. Dios como Dios es Autoexistente, pero Dios como Emanuel vive por el Padre. Dios como Emanuel, como un hombre entre nosotros, puede confesar que tiene un Dios, pero es imposible que Dios como Dios tenga a un Dios por encima de Él. Dios como Dios tiene una voluntad divina, pero Dios como Emanuel tiene una voluntad humana. Dios como Emanuel fue realmente tentado, pero es imposible que Dios como Dios sea tentado. Dios como Emanuel tuvo que orar, pero Dios como Dios no tiene por qué orar. Dios como Emanuel murió en la cruz del Calvario, pero Dios como Dios no puede morir. Dios como Emanuel recibió todo el poder, pero Dios como Dios siempre ha tenido todo el poder y en esa condición claramente se exceptúa de cualquier sometimiento al Hijo (1 Corintios 15:27).

Entonces, por último, si Dante Urbina desea refutar la Unicidad, tiene ser capaz de mostrar que la distinción entre el Padre y el Hijo no se explica por la encarnación sino de alguna forma distinta.


Conclusión

La doctrina de la Unicidad es la predicación del misterio de la piedad, del gran amor y de la misericordia de Dios. Dios mismo ha amado tanto a la humanidad, que Él mismo ha venido a salvarla. La Escritura dice: “E indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad, Dios fue manifestado en la carne” (1. Timoteo 3:16). Y “piedad” significa el amor, la misericordia. Dios ha amado tanto a la humanidad que Él se manifestó en la carne para venir a salvar. Eso es lo que las doctrinas que se oponen a la Unicidad siempre están escondiendo: El gran amor de Dios por la humanidad. 

Nosotros sí tenemos un Padre que nos ama, tenemos un Padre que nos ama verdaderamente. Tanto nos ama nuestro Padre celestial, que Él mismo hizo todo lo necesario para que nosotros llegáramos a tener la redención, manifestándose o tomando la forma de un Hijo, de un Siervo, de un Hombre, similar a como nosotros lo somos. Por eso dice la Escritura en Hebreos 2:14 que así como los Hijos han participado de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para ser un Hijo también, para poder de la misma manera, en esa condición de Hijo, ofrecer un sacrificio puro, limpio y santo, libre de todo pecado, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es al diablo. 

Cuando nosotros venimos al conocimiento del Hijo de Dios, también llegamos a ser Hijos de Dios, llegamos a la condición del Varón Perfecto, llegamos a la condición de ser como nuestro Señor Jesucristo es en su humanidad. Por eso nosotros deseamos en esa condición de Hijos, ser semejantes a nuestro Señor Jesucristo. 

Por eso la Escritura dice que en esa condición de Hijo Él no se avergüenza de llamarnos hermanos, diciendo: “Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación de alabaré” (Hebreos 2:12). Cuando nosotros llegamos a ser Hijos de Dios, entonces podemos llamar a Jesucristo Nuestro Hermano Mayor, el Hermano Primogénito, el que hizo el sacrificio de derramar sangre pura e inocente para nosotros, y se pudo convertir entonces de esta manera en nuestro pariente redentor. Cuando aceptamos su sacrificio, el sacrificio de Cristo Jesús, le decimos “Tú eres mi pariente Redentor”,  “Tú eres mi hermano”, y por eso dice la Escritura que nosotros hemos sido comprados no a precio de oro o de piedras preciosas, sino con la preciosa sangre de Jesucristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18-19). 


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