lunes, 1 de abril de 2019

¿El Hablar en Lenguas es Para Todos los Creyentes de Hoy?


Por Steven Ritchie
© 2019. Todos los Derechos Reservados
Traducido por Julio César Clavijo Sierra
Más información en www.apostolicchristianfaith.com


Los pentecostales obtienen su nombre del Día Bíblico del Pentecostés, en el que Dios derramó su Espíritu Santo sobre unos 120 discípulos tal como se narra en el capítulo dos de Los Hechos. Los pentecostales creen que el mismo don del Espíritu Santo acompañado del hablar en lenguas según como el Espíritu dé la expresión (Hechos 2:4) tal como se recibió por primera vez en la inauguración de la Iglesia del Nuevo Testamento, se promete todavía para todos los verdaderos creyentes en estos últimos días, incluso hasta la segunda venida de Jesucristo. 

“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. (Hechos 2:39).

Muchas personas piensan que el derramamiento del Espíritu Santo con la evidencia inicial de hablar en lenguas no es para nosotros hoy en día. Otras personas piensan que el hablar en lenguas solo existe como uno de los nueve dones espirituales enumerados en los capítulos 12 a 14 de 1 Corintios. Por lo tanto, ellos sostienen que el hablar en lenguas no es para todos los creyentes. El error de esta afirmación se demuestra por 1 Corintios 14:27, que dice: “Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete” (1 Corintios 14:27).

Primero, debemos reconocer que en 1 Corintios capítulos doce al catorce, el apóstol Pablo estaba abordando contextualmente el don espiritual de las lenguas junto con otros ocho dones del Espíritu Santo, que se reciben después de que alguien haya recibido el don del Espíritu Santo con la señal de hablar en otras lenguas. Por lo tanto, el don de lenguas que algunos reciben después de que haber recibido el don del Espíritu Santo con la señal de hablar en nuevas lenguas, solo puede ser operado en una reunión particular de la iglesia “por dos, o a lo más tres, y por turno (uno a la vez)”. Por lo tanto, de acuerdo con 1 Corintios 14:27, si cuatro personas hubiesen utilizado el don de lenguas en una reunión, alguno(s) estaría(n) fuera de orden.

Sabemos que Dios no es el autor de la confusión (1 Corintios 14:23) y ciertamente esa porción de 1 Corintios 14:27 no se contradice con ninguna otra parte de la Escritura. Sin embargo, en Hechos capítulos 2, 8, 10 y 19, leemos que muchos creyentes hablaron en lenguas simultáneamente durante las mismas reuniones, y estos fueron mucho más que dos o tres y no esperaron a hacerlo por turno. Por lo tanto, es claro que la Biblia está hablando de dos usos diferentes del hablar en lenguas: una, como un lenguaje de oración que se da a todos los creyentes llenos del Espíritu para su edificación personal; y otra, como un don espiritual público que debe interpretarse para la edificación de una asamblea local. Es de este segundo uso, que se conoce como el don de lenguas, del cual el apóstol declara que debe ser interpretado.

“Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como Él quiere” (1. Corintios 12:7-11).

Así como no todos los cristianos tienen la operación del don espiritual de las lenguas, y sin embargo todos los cristianos pueden hablar en lenguas, así mismo esto es cierto para los otros muchos dones del Espíritu. Por ejemplo, todos los cristianos deben tener al menos un cierto grado de fe  (fe para la salvación), pero claramente no todos los cristianos tienen el don de la fe. Todos los cristianos tienen al menos algo de sabiduría, pero claramente no todos los cristianos tienen el don de la palabra de sabiduría. Todos los cristianos tienen un cierto grado de conocimiento, pero claramente no todos tienen el don de la palabra de conocimiento.

En 1 Corintios capítulos 12 a 14, el apóstol Pablo afirmó claramente que se refería a nueve dones del Espíritu, en lugar de referirse al Bautismo del Espíritu Santo que claramente se ha prometido a todos los creyentes. Pablo abrió los capítulos doce y catorce, afirmando que se refería a los dones espirituales (en 1 Corintios 12-14, la palabra griega para “dones” es “carisma”) en lugar de referirse a recibir el don del Espíritu Santo (en el griego, la palabra usada para el “don” del Espíritu Santo siempre es “dorea”, nunca “carisma”).

“No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones (carisma) espirituales” (1 Corintios 12:1).

“Seguid el amor; y procurad los dones (carisma) espirituales…” (1 Corintios 14:1).

Ya que las Escrituras enseñan que la operación de los dones del Espíritu solo ocurre después de que un creyente ha recibido el don del Espíritu Santo con la señal inicial de hablar en lenguas, sabemos que 1 Corintios capítulos 12 al 14 se refieren al hablar en lenguas como un don operativo del Espíritu que solo se otorga a algunos creyentes en lugar de a todos los creyentes. En contraposición al don de lenguas que es solo para algunos creyentes, las Escrituras nos dicen que todos los que recibieron el don del Espíritu Santo hablaron en lenguas, y esto incluye a todos los creyentes que estuvieron presentes en el Día de Pentecostés en Hechos 2 (alrededor de 120 creyentes), a todos los que estuvieron presentes en la ciudad de Samaria en Hechos 8 (cientos de creyentes), a todos los que estuvieron presentes cuando Pedro predicó en Cesarea en Hechos 10 (los parientes y amigos cercanos de Cornelio en Hechos 10:24 debían haber sido al menos 10 personas), y a todos los discípulos de Juan el Bautista a los que Pablo les predicó en Éfeso en Hechos 19 (alrededor de 12 creyentes). ¿Si no hay dos usos diferentes del hablar en lenguas abordado en las Escrituras, entonces por qué las Escrituras inspiradas afirman que un tipo de lenguas debe ser hablada por dos o como máximo tres personas, y por turno, y que alguien interprete (1 Corintios 14:27); mientras que en otras ocasiones vemos que muchas personas hablaron a la vez en otras lenguas, tales como un centenar de personas en el Día de Pentecostés (Hechos 2:1-4), cientos de creyentes presentes en Samaria (Hechos 8), todos los gentiles presentes en Cesarea (Hechos 10), y alrededor de 12 discípulos de Juan el Bautista en Éfeso (Hechos 19)?

Nota: El don de lenguas requiere del don de interpretación (1 Corintios 14:27), mientras que el don del Espíritu Santo con la evidencia de las lenguas no requiere de un intérprete (Hechos 10:44-46). “Mientras Pedro aún hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban el mensaje. Y todos los creyentes que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, se quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, pues les oían hablar en lenguas y exaltar a Dios. (Hechos 10:44-46 - LBLA).

En Hechos 10:44-48, encontramos que muchos gentiles junto con Cornelio, recibieron el mismo don del Espíritu Santo al hablar en lenguas a la vez (siendo mucho más que solo dos o tres personas) tal como también ocurrió con los creyentes judíos en el Día de Pentecostés (Hechos 2:1-4). Lo mismo es cierto en el capítulo 19 de Los Hechos, donde encontramos que los doce discípulos de Juan el Bautista (más de dos o tres) también fueron llenos del Espíritu Santo al hablar en otras lenguas al mismo tiempo, en una reunión particular donde también estuvo Pablo (Hechos 19:1-7).

La palabra griega para “don” o “regalo” es siempre la palabra “dorea”, cuando se refiere al “don” o bautismo del Espíritu Santo con la señal de las otras lenguas. En contraposición, la palabra griega para los “dones” del Espíritu es siempre “carisma”, pero nunca “dorea”. Por lo tanto, las Escrituras separan los dos usos diferentes del hablar en lenguas con dos palabras griegas distintas. No hay lugar en el Nuevo Testamento donde una de estas palabras se sustituya por la otra. La palabra “dorea” nunca se aplica a ninguno de los nueve dones del Espíritu y la palabra “carisma” nunca se aplica al don o bautismo del Espíritu Santo. Por lo tanto, claramente tenemos en la Biblia a dos operaciones diferentes de las lenguas: una operación de las lenguas para todos los creyentes que han recibido el don del Espíritu Santo (lenguas dorea) con la señal inicial de hablar en otras lenguas, y otra operación de las lenguas solo para ciertos creyentes que han recibido el don de lenguas (lenguas carisma) que deben interpretarse en las asambleas de la iglesia local.


Razones Escriturales por las que las Lenguas Deben Continuar Hoy Día

1. ¿Por qué querría Dios desaparecer algo que Él declara que puso (designó o estableció) en la Iglesia? “Y en la iglesia, Dios ha designado…. diversas clases de lenguas” (1. Corintios 12:28 - LBLA).

2. ¿Si Dios hubiera deseado que las iglesias dejaran de hablan en lenguas, por qué en 1 Corintios 14:39 nos ordenó: “y no prohíban que se hable en lenguas” (NVI)?

3. ¿Por qué querría Dios eliminar algo que Él ha declarado que edifica? “El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica” (1. Corintios 14:4).

4. ¿Por qué Dios cambiaría repentinamente su Nuevo Pacto con su pueblo? Cambiar el evangelio de alguna manera no es bíblico y es una completa desobediencia. “Pero, aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que [los apóstoles] les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición! Como ya lo hemos dicho, ahora lo repito: si alguien les anda predicando un evangelio distinto del que recibieron [los cristianos del primer siglo], ¡que caiga bajo maldición!” (Gálatas 1:8-9 - NVI). “…si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida…” (Apocalipsis 22:19). 

Los que dicen que las lenguas no son para nosotros hoy en día, le están quitando o recortando porciones a las Escrituras del Nuevo Testamento. ¿Pero desde cuándo ha cambiado Dios el Nuevo Pacto? Del mismo modo que no se le puede añadir ni disminuir al Antiguo Pacto, al Nuevo Pacto no se le puede agregar ni disminuir legalmente.

Finalmente, es extremadamente difícil creer que cuando el apóstol Juan escribió la palabra “Amén” al final del libro de Apocalipsis, toda la iglesia dejó automáticamente de hablar en lenguas, ya que no hay registro en la historia del cristianismo primitivo que respalde la idea de que todos los cristianos primitivos dejaron de repente de hablar en lenguas tan pronto como se completó el libro neotestamentario del Apocalipsis.

Ireneo, obispo de Lyon entre los años 188 al 202 d.C., fue un prolífico escritor cristiano que se formó bajo las enseñanzas de Policarpo, obispo de Esmirna (Policarpo había conocido bien al apóstol Juan). Ireneo enseñó que aquellos “quienes recibieron el Espíritu de Dios” “hablan en todas las lenguas por el Espíritu de Dios”. Además, Ireneo afirmó que los cristianos que habían recibido el Espíritu de Dios, todavía hablaban en todas las lenguas (idiomas) aproximadamente cien años después de la muerte del último de los apóstoles originales. A finales del segundo siglo, Ireneo afirmó: “Por eso dice el Apóstol: «Hablamos de la sabiduría de los perfectos» (1 Cor. 2,6); llamando perfectos a quienes recibieron el Espíritu de Dios, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu de Dios, como él mismo hablaba. También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la Iglesia, que tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu…” (Ireneo de Lyon. Contra las Herejías, Libro 5, 6:1. http://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=pa_o12766).

Note que Ireneo declaró que para su época, aquellos que recibieron el Espíritu de Dios hablaban en todos los idiomas a través del Espíritu. Luego distinguió entre recibir el Espíritu de Dios con la evidencia inicial de hablar en lenguas y la posesión de los dones espirituales, es decir los dones de profecía y de lenguas, cuando escribió: “También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la Iglesia, que tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu”.

Aquí podemos ver que Ireneo creía que recibir el Espíritu de Dios, significaba “quienes recibieron el Espíritu de Dios, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu de Dios”, y que los dones de profecía y lenguas son otro uso u operación del  hablar en todo tipo de idiomas.

Ireneo continuó escribiendo: “éstos son espirituales, porque participan del Espíritu… Si le faltase el Espíritu al alma, entonces seguiría como tal, siendo animado; pero quedaría carnal…” (Ireneo de Lyon. Contra las Herejías, Libro 5, 6:1. http://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=pa_o12766).

Aquellos que enseñan que la experiencia bíblica de hablar en lenguas terminó cuando desapareció la iglesia del primer siglo y murieron los apóstoles originales, a menudo intentan justificar su posición afirmando que la frase “mas cuando venga lo perfecto” de 1 Corintios 13:10, debe interpretarse como significando “cuando la Escritura del Nuevo Testamento esté completada”. Por lo tanto, afirman que 1 Corintios 13:10 implica que todas las lenguas, el don de profecía y la ciencia (o conocimiento) desaparecieron repentinamente cuando el libro neotestamentario del Apocalipsis fue terminado. Sin embargo, esta suposición es demostrada como errónea, porque la palabra griega que en 1 Corintios 13:10 se traduce como “perfecto” es “teleion”, que es neutra, pero la lengua griega siempre se refiere a las Escrituras en plural femenino. Por lo tanto, debemos leer a 1 Corintios 13:8-12  en contexto: “…pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará… Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido”.

¿Cuál ciencia (o conocimiento) “desaparecerá” cuando venga lo que es perfecto? ¿Y qué quiso decir Pablo cuando dijo, “lo que es en parte se acabará” “cuando venga lo perfecto”? Cuando comparamos las palabras del versículo 9, que dice que “en parte conocemos, y en parte profetizamos”, con las palabras del versículo 12 que dice que “Ahora vemos por espejo, oscuramente”, encontramos que el apóstol está hablando sobre el mismo conocimiento espiritual “parcial” o “tenue” que tenemos a través de los dones espirituales de la profecía y de las lenguas que serán “eliminados” cuando Jesús vuelva para establecer su reino sobre toda la tierra. El apóstol explica claramente que este conocimiento parcial y oscuro cesará, (desaparecerá y se eliminará), cuando veamos a Cristo cara a cara. En el momento en que nuestro Señor Jesús regrese, nosotros conoceremos como fuimos conocidos por Dios desde el principio (1 Corintios 13:12). Algunos dicen que el ver cara a cara no tiene relación con Cristo, sino con ver presencialmente al libro del Apocalipsis (o al Nuevo Testamento) completo ¿Pero podríamos decir con algún fundamento, que desde que se completó el libro del Apocalipsis, la iglesia está viendo la completa perfección a la que quiere llevarla Cristo?

1 Juan 3:2 explica claramente que cuando nuestros cuerpos finitos hayan sido redimidos en la perfección, “seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es”.

¿Cómo seremos nosotros, cuando nuestros cuerpos se conviertan en cuerpos incorruptibles? ¿Seremos como el libro del Apocalipsis o seremos como Jesús que ya tiene un cuerpo resucitado incorruptible? ¿Y a quién veremos exactamente como Él es, a la Biblia o Jesús? La evidencia apunta abrumadoramente hacia Jesús. Eso es indiscutiblemente lo que Pablo quiso decir en 1 Corintios 13:12, cuando dijo que podremos ver “cara a cara”.

“Amados, ahora somos hijos de Dios, Y AÚN NO SE HA MANIFESTADO LO QUE HEMOS DE SER; PERO SABEMOS QUE CUANDO ÉL SE MANIFIESTE, SEREMOS SEMEJANTES A ÉL, PORQUE LE VEREMOS TAL COMO ÉL ES. (1 Juan 3:2).

¿A quién veremos “cara a cara”, a la Biblia o a Jesús? Jesús iniciará una nueva era de perfección, en la que nuestras mentes y cuerpos serán transformados para ser como el cuerpo glorificado de Jesucristo. Jesucristo es llamado las “primicias de los que durmieron” (1 Corintios 15:20), porque a sus seguidores también se les otorgarán cuerpos glorificados al igual que el cuerpo resucitado de nuestro Señor Jesucristo. (“La gloria que me diste, yo les he dado” - Juan 17:22). Por lo tanto, seremos como Jesús al saber todas las cosas que Jesús sabe y quiere revelarnos. Así como Pedro le dijo a Jesús en Juan 21:17: “Señor, tú lo sabes todo”, así mismo nosotros pasaremos de ver en parte y oscuramente, y por el poder del Espíritu pasaremos a ser como Él, como nuestro Señor Jesús, en el sentido de que también podremos conocer todas las cosas que el Señor Jesús conoce en el estado que posee con su cuerpo glorificado.

Además, si uno realmente cree que 1 Corintios 13:8-12 prueba que la profecía y las lenguas han cesado y se han desvanecido desde cuando se completó la Biblia, uno debe buscar que nada en la Biblia contradiga ese punto de vista. Ya que la Biblia es inspirada [Dios la Sopló], esta no puede mentir ni contradecirse de ninguna manera. Si decimos que la profecía cesó o desapareció, entonces la Palabra de Dios debería mostrarnos que la profecía nunca podrá funcionar por más tiempo ni bajo ninguna circunstancia. Pero ninguno puede demostrar eso.

Si queremos ser coherentes con la Escritura inspirada, notaremos que ésta profetiza acerca de un día venidero, antes de la segunda venida de Cristo, cuando Cristo enviará a dos profetas que profetizarán durante 1260 días. “Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio” (Apocalipsis 11:3).

Ya que las Escrituras inspiradas nos informan que la profecía aún no ha dejado de existir, podemos concluir que lo que es perfecto todavía no ha llegado. Por lo tanto, no hay pruebas bíblicas para afirmar que las lenguas no son para la Iglesia de hoy, ni que los dones de sanidad, de milagros, de palabras de sabiduría, de conocimiento, de fe, de discernimiento de espíritus, o de interpretación de lenguas no sean para este tiempo. ¡Sí! ¡Estos maravillosos dones son para nosotros hoy todavía!

“Y estas señales SEGUIRÁN a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; HABLARÁN NUEVAS LENGUAS… sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17-18).

El mismo Jesús dijo que las señales específicas seguirían a sus verdaderos creyentes, incluida la señal de hablar en nuevas lenguas (nuevos idiomas). Jesús derramó su sangre sin pecado, para que tú pudieras recibir esta misma promesa del Espíritu con las mismas señales milagrosas que los creyentes del primer siglo experimentaron y disfrutaron. Aquellos que afirman que la promesa del derramamiento del Espíritu con el hablar en otras lenguas según como el Espíritu dé la expresión (Hechos 2:1-4) no es para nosotros hoy en día, “andan equivocados porque desconocen las Escrituras y el poder de Dios” (Mateo 22:19 – NVI).

Prestemos atención para no descuidar una salvación tan grande “La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron” (Hebreos 2:3). Todos sabemos que los apóstoles originales de Jesucristo fueron los que confirmaron la verdadera salvación para los judíos (Hechos 2), los samaritanos (Hechos 8) y los gentiles (Hechos 10). ¿Entonces cómo escaparemos si descuidamos el prestar atención a sus palabras?

“Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo. En efecto, la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los extranjeros, es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar. Y con muchas otras razones les exhortaba insistentemente: —¡Sálvense de esta generación perversa!” (Hechos 2:38-40 – NVI).

Las Escrituras afirman que la misma promesa del don del Espíritu Santo que los creyentes del primer siglo experimentaron y disfrutaron dentro de la iglesia del primer siglo, todavía está disponible en estos últimos días.

“Sucederá que en los últimos días —dice Dios—, derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán visiones los jóvenes y sueños los ancianos. En esos días derramaré mi Espíritu aun sobre mis siervos y mis siervas, y profetizarán. Arriba en el cielo y abajo en la tierra mostraré prodigios: sangre, fuego y nubes de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre antes que llegue el día del Señor, día grande y esplendoroso. (Hechos 2:17-20 – NVI).

Dios mismo prometió derramar de su Espíritu durante los últimos días en que profetizarían los hijos y las hijas de Dios. La palabra griega para “profetizar” no significa necesariamente profecía predictiva. Ayuda Para el Estudio de Palabras (Helps Word Studies), afirma que el verbo griego prophēteúō  (de pró = 'antes de' y phēmí = 'afirmar elevando una afirmación sobre otra') 'habla' propiamente de una declaración o predicción con poder divino. Se puede ver que “profetizar” en el capítulo 2 de Los Hechos, puede significar “declaraciones” inspiradas o “predicciones” inspiradas. Por lo tanto, hablar en lenguas según como el Espíritu dé la expresión, puede significar declaraciones inspiradas (no predictivas) y predictivas inspiradas.

Thayer escribió que el verbo griego profeteúo (προφητεύω) significa “pronunciar, declarar una cosa que solo se puede conocer por revelación divina”. La concordancia exhaustiva de Strong, dice que el verbo griego prophéteuó puede significar “Hablar bajo inspiración”, lo que no es necesariamente una profecía predictiva. Por lo tanto, cuando los creyentes “comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:1-4), ellos hablaron bajo la inspiración del Espíritu que estaba profetizado, pero no necesariamente predijeron cosas. Lo mismo es cierto para todos los creyentes que tienen fe en la promesa del derramamiento del Espíritu durante estos últimos días.

El comienzo de la Era de la Iglesia del Nuevo Testamento, fue claramente el comienzo de “los últimos días” en el calendario profético de Dios. Note también que Dios dijo a través de uno de sus apóstoles (Hechos 2:20) y uno de sus profetas (Joel 2:31), “El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto”. Dado que Dios mismo prometió derramar de su Espíritu sobre toda carne durante los últimos días (Hechos 2:17-18), es difícil imaginar que todavía no estemos viviendo en esos últimos días en los que Dios estaría derramando de su Espíritu sobre toda carne (todas las naciones), antes de que Jesús regrese por su esposa en su segunda venida.

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