lunes, 25 de marzo de 2019

El Don Pentecostal del Espíritu Santo con la Señal de las Lenguas


Por Steven Ritchie
© 2019. Todos los Derechos Reservados
Traducido por Julio César Clavijo Sierra
Más información en www.apostolicchristianfaith.com


Los pentecostales obtienen su nombre del día bíblico del Pentecostés, en el que Dios derramó de su Espíritu Santo sobre unos 120 discípulos tal como se informa en el capítulo 2 del libro de Los Hechos. Los pentecostales creen que ese mismo don del Espíritu Santo que se expresó con el hablar en lenguas “según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4) tal como se recibió por primera vez en la inauguración de la Iglesia del Nuevo Testamento en el día de Pentecostés, todavía se promete para todos los verdaderos creyentes de los últimos días, incluso hasta la segunda venida de Jesucristo. 

 
El Día de Pentecostés, El Nacimiento de la Iglesia del Nuevo Testamento

Es de gran importancia que Dios haya hecho esperar a sus discípulos hasta el día de Pentecostés para recibir la nueva experiencia del nacimiento “del agua y del Espíritu” (Juan 3:5). Pentecostés significa literalmente cincuenta. En las Escrituras, el número cincuenta se usa para representar simbólicamente la libertad como en el año del Jubileo. Cada quincuagésimo año los esclavos debían ser liberados, las deudas debían ser canceladas y la libertad debía ser proclamada en toda la tierra (Levítico 25, 27). Pablo escribió: “... donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17).

Además, fue en Pentecostés que Israel recibió por primera vez la Ley de Dios en el Monte Sinaí, apenas cincuenta días después de celebrar la Pascua en su salida de Egipto. De la misma manera, los discípulos del Nuevo Testamento recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés para escribir sus leyes en sus corazones, justo cincuenta días después de la Pascua cuando ocurrió la muerte de Cristo. Por lo tanto, la Ley fue dada físicamente en el primer Día de Pentecostés del Antiguo Pacto, como un tipo de lo que vendría cuando la Ley se otorgara espiritualmente en el Día del Pentecostés del Nuevo Pacto. ¡Grande y maravillosa es la sabiduría de Dios, quien ideó una salvación tan grande para su pueblo!

“Pero este es el pacto que haré… dice Yahvé: DARÉ MI LEY EN SU MENTE, Y LA ESCRIBIRÉ EN SU CORAZÓN”. (Jeremías 31:33).

“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y PONDRÉ DENTRO DE VOSOTROS MI ESPÍRITU, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”. (Ezequiel 36:26-27).

Los judíos siempre se han referido al Día de Pentecostés como “La fiesta de la entrega de la ley” o “El cumpleaños del judaísmo”. Del mismo modo, el Día de Pentecostés habla a los creyentes del Nuevo Testamento como el primer día del anuncio de “La Ley de Libertad” (Ver Santiago 1:25) y el cumpleaños de la Iglesia del Nuevo Testamento.
 
Pentecostés se conocía como “La fiesta de la cosecha” (Ver Éxodo 23:16; 34:22), es decir de la “cosecha de trigo”. Espiritualmente hablando, Pentecostés denota un momento de celebración y gran alegría por la gran cosecha de almas humanas que dieron nacimiento a la Iglesia del Nuevo Testamento.


La Necesidad de Recibir el Espíritu Santo con la Señal de las Lenguas
 
El profeta Isaías habló de la promesa del Espíritu Santo cuando profetizó en Isaías 28:9-12:

“¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender doctrina? ¿A los destetados? ¿A los arrancados de los pechos? Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo, a los cuales Él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír” (Isaías 28:9-12).

Cuando comparamos la profecía de Isaías con las palabras de Jesús en Mateo 11:28-29, encontramos una maravillosa correlación de las Escrituras. Jesús es el que causa “EL REPOSO AL CANSADO” a través de la experiencia sobrenatural de hablar en lengua de tartamudos y en extraña lengua.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y HALLARÉIS DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS” (Mateo 11:28-29).

El reposo y refrigerio de Dios, hablando a su pueblo con lengua de tartamudos y una lengua extraña, es consistente con la descripción de Jesús acerca del nacimiento del Espíritu en Juan 3:5-8:

“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios… No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. EL VIENTO sopla de donde quiere, Y OYES SU SONIDO; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; ASÍ ES TODO AQUEL QUE ES NACIDO DEL ESPÍRITU” (Juan 3:5-8).

La palabra griega original, que se traduce como “viento”, es pneuma. La palabra pneuma significa literalmente “Espíritu”, “viento” o “aliento”. En todos los demás lugares del Nuevo Testamento donde aparece la palabra pneuma, se ha traducido al español como “Espíritu”, excepto en este caso. En el Griego Enfático Interlineal (Emphatic Greek Diaglott), se encuentra una traducción más consistente y literal del griego, que en Juan 3:8 dice: “El Espíritu respira (pneuma) donde quiere, y OYES SU VOZ... ASÍ ES CON TODOS LOS QUE NACEN DEL ESPÍRITU”.

La Biblia Interlineal de J. P. Green (que es consistente con la mayoría de las demás palabras literales del Interlineal) presenta así a Juan 3:8: “El Espíritu respira donde desea, y OYES SU VOZ pero no sabes de dónde viene ni adónde va. ASÍ SON TODOS LOS QUE HAN RECIBIDO EL NACIMIENTO DEL ESPÍRITU”.

¿De qué habló Jesús cuando dijo que “el Espíritu respira... y oyes su voz”? Sin duda alguna no está hablando de un creyente que hace una confesión verbal de fe. De esto no se puede decir que sea la Voz del Espíritu. Hay algo más de lo que Jesús está hablando, y que deben experimentar todos los que reciben el nacimiento del Espíritu. El único fenómeno sobrenatural que se encuentra en la Biblia, en el que vemos que el Espíritu de Dios sopla o respira sobre su pueblo, y le permite escuchar a la gente el sonido o la voz del Espíritu, es el hablar en otras lenguas según como el Espíritu dé la expresión.

Hechos 2:1-4 dice: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”.

En el día de Pentecostés, los primeros creyentes en Jesús escucharon el sonido de “un viento recio que soplaba” (Hechos 2:2), que obviamente era una señal sobrenatural de que el Espíritu de Dios estaba antropomórficamente respirando la presencia de su Espíritu en sus seguidores. Luego los versículos siguientes dicen: “y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:3-4).

Aquí encontramos que el Espíritu de Dios “respiró” o “sopló” su Divina Presencia sobre los creyentes, y que la voz del Espíritu se escuchó cuando los creyentes comenzaron a hablar en otras lenguas “según el Espíritu les daba que hablasen”. Fue el Espíritu quien les dio la expresión, por lo que sabemos que el Espíritu Santo de Dios vino a habitar en ellos y habló a través de sus discípulos. Por lo tanto, podemos vincular claramente a “la voz del Espíritu” que se escuchó, con el momento cuando los creyentes del Nuevo Testamento recibieron el nuevo nacimiento del Espíritu en el Día de Pentecostés.

El Espíritu respira (pneuma) donde quiere, y OYES SU VOZ... ASÍ ES CON TODOS LOS QUE NACEN DEL ESPÍRITU”. (Juan 3:8, Griego Enfático Interlineal - Emphatic Greek Diaglott)

“El Espíritu respira donde desea, y OYES SU VOZ pero no sabes de dónde viene ni adónde va. ASÍ SON TODOS LOS QUE HAN RECIBIDO EL NACIMIENTO DEL ESPÍRITU”. (Juan 3:8, La Biblia Interlineal de J. P. Green).

Jesús declaró en Marcos 16:17 que una de las señales que seguirán a los que verdaderamente creen en Cristo como las Escrituras lo han dicho, es que "HABLARÁN NUEVAS LENGUAS".

“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas” (Marcos 16:17).

Posteriormente, Pedro le informó a los hermanos judíos que un ángel le dijo a Cornelio acerca de Pedro, que “ÉL TE HABLARÁ PALABRAS POR LAS CUALES SERÁS SALVO TÚ, Y TODA TU CASA” (Hechos 11:14).     

Cornelio y aquellos que estaban con él obedecieron las instrucciones del ángel y enviaron por Pedro, quien les predicó la salvación a través del creer en el nombre de Jesucristo.

Hechos 10:43-47 nos da el siguiente relato de la conversión de Cornelio, su familia y su cohorte:

“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre. Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, EL ESPÍRITU SANTO CAYÓ SOBRE TODOS LOS QUE OÍAN EL DISCURSO. Y los fieles de la circuncisión (los judíos) que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que TAMBIÉN SOBRE LOS GENTILES SE DERRAMASE EL DON DEL ESPÍRITU SANTO. PORQUE LOS OÍAN QUE HABLABAN EN LENGUAS, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados ESTOS QUE HAN RECIBIDO EL ESPÍRITU SANTO también como nosotros?” (Hechos 10:43-47).

Hallamos que los judíos supieron que los gentiles romanos habían recibido el don del Espíritu Santo porque los oyeron hablar en lenguas. En el relato de conversión de los gentiles romanos, no hay nada que justifique la creencia de que ellos recibieron el nuevo nacimiento del Espíritu antes de que recibieran el don del Espíritu Santo. Entonces, ¿cómo fue que los judíos creyentes que habían venido con Pedro, supieron que los gentiles habían recibido el don del Espíritu Santo? La única respuesta bíblica que es consistente con la declaración de Jesús de que “El Espíritu respira donde quiere, y oyes su voz… así es con todos los que nacen del Espíritu”, es cuando “comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4). Por lo tanto, no puede haber duda de que los judíos creyentes quedaron convencidos de que los gentiles habían recibido el Espíritu Santo cuando los oyeron hablar en lenguas y magnificar a Dios. Los cristianos creyentes en la Biblia deben tener la misma fe en las palabras de Jesús y en la Biblia, y así cuando crean en el Señor Jesucristo, recibirán el mismo don que Dios les dio a los apóstoles y a los primeros conversos judíos y gentiles.

Aquellos que dicen que una sola confesión verbal hace que uno automáticamente reciba el Espíritu Santo, deben preguntarse por qué la Biblia guarda silencio acerca de tal creencia. Las Escrituras dicen que un creyente debe arrepentirse, ser bautizado y recibir el don del Espíritu Santo (Hechos 2:28). Cuando comparamos Hechos 2:38 con Hechos 8:12-16, encontramos que los creyentes samaritanos fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús, pero no recibieron el Espíritu Santo hasta que Pedro y Juan bajaron de Jerusalén.

“los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo” (Hechos 8:15-17).

Las Escrituras inspiradas no dicen que en el momento en que uno cree recibe automáticamente el Espíritu Santo. Las Escrituras declaran rotundamente que todos los que legalmente entran al Reino de Dios, deben arrepentirse, ser bautizados y recibir el don del Espíritu Santo. Esto concuerda con las propias palabras de Jesús que se encuentran en Lucas 11:5-13.

“Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes… Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo POR SU PERSISTENCIA se levantará y le dará todo lo que necesite. Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá… Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:5-13).

El contexto de Lucas capítulo once, indica que una confesión de Jesucristo como Señor o el arrepentimiento, no imparten automáticamente el Espíritu Santo. Jesús instruyó a sus seguidores para que tuvieran fe y persistencia en pedirle a Dios su Padre el don del Espíritu Santo, lo que implica que recibir el don del Espíritu no viene automáticamente por una oración de arrepentimiento.

La enseñanza del apóstol Pablo, confirma que recibir el don del Espíritu Santo no se imparte automáticamente a través de la fe y del arrepentimiento, porque nuestra fe en Jesucristo se demuestra cuando creemos y somos bautizados en su nombre. (Marcos 16:16, “El que creyere y fuere bautizado será salvo”).

“Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿RECIBISTEIS EL ESPÍRITU SANTO CUANDO CREÍSTEIS? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban” (Hechos 19:1-6).

De acuerdo con Hechos 19, no puede haber duda de que es posible creer en Jesús sin haber recibido el Espíritu Santo. Los efesios que eran discípulos de Juan el Bautista, habían creído en Cristo hasta tal punto que disciplinaron sus vidas según el conocimiento que habían recibido acerca de Cristo por parte de Juan el Bautista. Las Escrituras no habrían llamado “discípulos” a los creyentes de Éfeso si éstos no se hubieran arrepentido y se hubieran adherido a las enseñanzas del discipulado de Juan. Por lo tanto, ellos previamente debieron arrepentirse de sus pecados antes de ser bautizados en el bautismo de Juan.

Pablo abordó dos cosas que los discípulos de Éfeso necesitaban para la salvación. Pablo los dirigió al bautismo en agua en el nombre de Jesucristo y a recibir el bautismo del Espíritu Santo. Debemos entender que el libro de Hechos es el único libro del Nuevo Testamento que nos da un relato histórico real, textualmente palabra por palabra, donde las personas fueron realmente salvas bajo la predicación apostólica. Al igual que en los cuatro evangelios, cada relato del libro de Los Hechos no siempre explica cada detalle de cada evento histórico. Por lo tanto, debemos examinar cuidadosamente cada relato de conversión hallado en el libro de Los Hechos, y compararlos juntos para descubrir todo lo que debemos hacer para recibir la salvación completa del Nuevo Testamento.

Por ejemplo, Hechos capítulo ocho no declara directamente que los samaritanos hablaron en lenguas como evidencia de haber recibido el Espíritu Santo. Sin embargo, el contexto lo exige.

“Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos PARA QUE RECIBIESEN EL ESPÍRITU SANTO; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero” (Hechos 8:14-18).

Note que la gente de Samaria había recibido la palabra de Dios y había sido bautizada en agua, pero el Espíritu Santo todavía “no había descendido sobre ninguno de ellos”. El contexto de Hechos 8:14-18, demuestra que luego se contó con evidencia absoluta que probó que los samaritanos recibieron el Espíritu Santo, al igual que hubo evidencia absoluta en otros de los relatos de conversión hallados en el libro de Los Hechos. Felipe el evangelista podría haberles dicho fácilmente: “repita las siguientes palabras de esta confesión de fe” y les podría haber dicho que al hacer esa confesión ya habían recibido el Espíritu Santo. Sin embargo, ninguna redacción en las Escrituras da lugar a la creencia de que uno ha recibido el Espíritu Santo sin la señal inicial de hablar en lenguas. Simón el hechicero, no hubiera ofrecido dinero si todo consistiera en repetir una oración, y si la sola confesión verbal trajera consigo el recibimiento del Espíritu Santo.

El Espíritu respira donde desea, y OYES SU VOZ pero no sabes de dónde viene ni adónde va. ASÍ SON TODOS LOS QUE HAN RECIBIDO EL NACIMIENTO DEL ESPÍRITU”. (Juan 3:8, La Biblia Interlineal de J. P. Green).

Todo aquel que verdaderamente haya nacido del Espíritu, habrá contado con la experiencia de que el Espíritu de Dios habrá respirado o soplado su presencia divina sobre ellos, y ellos habrán escuchado su voz (la Voz del Espíritu) por medio del hablar en lenguas según como el Espíritu les haya dado la expresión, tal como lo hicieron los primeros creyentes del Nuevo Testamento en el día de Pentecostés, cuando ocurrió el nacimiento oficial de la Iglesia del Nuevo Testamento (Lucas 24:47-49; Hechos 1:8; Hechos 2:1-4).


El Evangelio de Salvación Completo

De ninguna manera estamos sugiriendo que nosotros no llegamos  a ser salvos por gracia a través de la fe. La fe y la gracia son vitales para la salvación, pero enseñar que la fe y la gracia excluyen del plan de salvación al arrepentimiento, al bautismo en agua en el nombre de Jesús y al bautismo del Espíritu Santo, no está fundamentado en las Escrituras.

Santiago dijo en su epístola: “¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan” (Santiago 2:19 – NVI).   

Romanos 10:16 dice: “Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?”

Hechos 6:7 dice: “…también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe”.

La verdadera creencia lo llevará a uno a creer en Cristo tal como lo ha proclamado la Escritura, para que broten desde nuestro interior Ríos de Agua Viva, los cuales se refieren al Espíritu que reciben los que creen en Él (Juan 7:37-38).

La fe genuina en Cristo, nos impulsará a obedecer todo el mensaje del evangelio de arrepentimiento y remisión de pecados a través de la fe en el nombre de Jesús. (Hechos 2:38 – “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Lucas 24:47 – “y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones”). Por lo tanto, la verdadera fe bíblica conduce al verdadero arrepentimiento, al verdadero bautismo en agua y al verdadero bautismo en el Espíritu.

En ninguna parte la Biblia se da crédito a la noción de que la sola creencia o la sola confesión es la salvación completa. Mientras que las Escrituras afirman que la creencia y la confesión son requisitos que nos llevan a la salvación completa, una mera profesión de fe no es la salvación completa en sí misma.

“que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9-10).

Romanos 10:10 no dice que la confesión es la salvación completa; lo que dice es que la confesión es para salvación.

No hay desarmonía entre las Escrituras que hablan de la necesidad de creer, de la gracia y de la confesión; con las Escrituras de Juan 3:3-5 que hablan de la necesidad de nacer del agua y del Espíritu.

Hebreos 6:1-2 (NVI) dice: “…los fundamentos, tales como el arrepentimiento de las obras que conducen a la muerte, la fe en Dios, 2 la instrucción sobre bautismos, la imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno”.

Hebreos 6:1-2, declara que la Iglesia de Jesucristo está construida sobre la doctrina fundamental de los BAUTISMOS, es decir, el de agua y el del Espíritu. Hebreos 6:1-2 enumera la fe en Dios, el arrepentimiento de las obras que conducen a la muerte, y la creencia en la resurrección, que son todas necesarias para la salvación, porque nadie puede ser salvo sin una fe genuina hacia Dios (lo que incluye la fe en Cristo como Emanuel, Dios con nosotros en una existencia humana plena), el arrepentimiento y una creencia genuina en la resurrección de Jesucristo. Por lo tanto, al igual que son necesarios para la salvación la fe en Dios, el arrepentimiento y la fe en la resurrección, también es necesaria para la salvación la doctrina de los bautismos (es decir, el del agua y el del espíritu).

El capítulo seis de Hebreos, no establece la doctrina del bautismo (singular), sino que dice la doctrina de los BAUTISMOS (plural), lo que significa que hay más de una clase de bautismo. El Nuevo Testamento solo habla de dos bautismos, uno del agua y otro del Espíritu. Por lo tanto, ambos son necesarios y deben recibirlos todos los verdaderos creyentes.


lunes, 18 de marzo de 2019

La Doctrina de Bautismos - Hebreos 6:1-3


Por Steven Ritchie
© 2019. Todos los Derechos Reservados
Traducido por Julio César Clavijo Sierra
Más información en www.apostolicchristianfaith.com


Hebreos 6:1-3. “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite”.

Las Escrituras inspiradas, identifican a las seis doctrinas que constituyen LOS FUNDAMENTOS (o rudimentos) de la doctrina de Cristo, sobre la cual los cristianos deben edificar sus vidas. Aquí, Dios nunca está diciendo que debemos abandonar a estas seis doctrinas fundamentales para construir sobre otra base. Lo que la Palabra de Dios nos está diciendo, es que cuando logremos basarnos de manera segura en estos primeros principios de la doctrina de Cristo, debemos continuar hacia la perfección y la madurez de nuestras vidas espirituales.
 
Note que la doctrina de los bautismos, está categorizada con otras cinco doctrinas fundamentales de la doctrina de Cristo. ¿Alguno de nosotros podría ser salvo sin tener fe en Dios, sin arrepentirse de sus obras muertas, y sin creer en la resurrección de entre los muertos a través de Jesucristo? ¡Ciertamente no! También debemos tener en cuenta que las doctrinas de la imposición de manos y del juicio eterno, igualmente forman parte de nuestra fundación. Por lo tanto, también debemos creer que Dios contesta las oraciones por la imposición de manos, y que Dios juzgará al mundo con justicia en los dos juicios eternos por venir: (1) El juicio del gran trono blanco (para los que no son salvos – Apocalipsis 20:11-15), y (2) El tribunal de Cristo (para los salvados - 2 Corintios 5:10).

Efesios 2:20 prueba que somos “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”.

Hebreos 6:1-3. “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez EL FUNDAMENTO del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite”.

¡Observe que la doctrina de la fe en Dios (que incluye la fe en la deidad de Cristo) y la resurrección, se enumeran con la doctrina de los bautismos y la imposición de manos!

Dado que la fe en Jesús y la fe en la resurrección son doctrinas esenciales que todos los cristianos deben creer, también lo es la fe en la doctrina de los bautismos y la imposición de manos. Del mismo modo, nadie puede ser salvo a menos que se arrepienta de sus pecados, por lo que la doctrina del “arrepentimiento de obras muertas” es claramente una doctrina esencial en la que todos los cristianos deben creer y obedecer.

Por lo tanto, el capítulo seis de Hebreos, demuestra que la doctrina de los BAUTISMOS y la doctrina de la IMPOSICIÓN DE MANOS, son tan esenciales para que los cristianos construyan sus vidas, como lo son su fe en Dios y su fe en la resurrección de Jesucristo.

La Escritura dice: “la doctrina de BAUTISMOS”, en plural. En la Biblia solo se mencionan dos bautismos que son esenciales y deben recibir todos los cristianos: el bautismo en agua y el bautismo en el Espíritu. Vea Juan 3:5, Hechos 1:8, Hechos 2:38, 1 Pedro 3:20-21, Hechos 10:44-48, Hechos 19:1-7.

Juan 3:5-8. “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios... No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, Y OYES SU SONIDO; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; ASÍ ES TODO AQUEL QUE ES NACIDO DEL ESPÍRITU”.

La palabra griega original, que se traduce como “viento”, es pneuma. La palabra pneuma significa literalmente “Espíritu”, “viento” o “aliento”. En todos los demás lugares del Nuevo Testamento donde aparece la palabra pneuma, se ha traducido al español como “Espíritu”, excepto en este caso.

En el Griego Enfático Interlineal (Emphatic Greek Diaglott), se encuentra una traducción más consistente y literal del griego. Este dice: “El Espíritu respira donde quiere, y OYES SU VOZ... ASÍ ES CON TODOS LOS QUE NACEN DEL ESPÍRITU”.

La Biblia Interlineal de J. P. Green (que es consistente con la mayoría de las demás palabras literales del Interlineal) presenta así a Juan 3:8: “El Espíritu respira donde desea, y OYES SU VOZ pero no sabes de dónde viene ni adónde va. ASÍ SON TODOS LOS QUE HAN RECIBIDO EL NACIMIENTO DEL ESPÍRITU”.

¿De qué habló Jesús cuando dijo que “el Espíritu respira... y oyes su voz”? Sin duda alguna no está hablando de un creyente que hace una confesión verbal de fe. De esto no se puede decir que sea la Voz del Espíritu. Hay algo más de lo que Jesús está hablando, y que deben experimentar todos los que reciben el nacimiento del Espíritu. El único fenómeno sobrenatural que se encuentra en la Biblia, en el que vemos que el Espíritu de Dios sopla o respira sobre su pueblo, y le permite escuchar a la gente el sonido o la voz del Espíritu, es el hablar en otras lenguas según como el Espíritu dé la expresión.


El Bautismo del Agua y del Espíritu

1 Corintios 10:1-2. “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron BAUTIZADOS en la nube [el bautismo del Espíritu] y en el mar [el bautismo en agua]”.

Aquí tenemos dos bautismos mencionados en las Escrituras: el bautismo del Espíritu y el bautismo en agua. Dado que la doctrina de los bautismos se clasifica junto con las doctrinas cristianas esenciales como la fe en Dios, la resurrección de Cristo y el arrepentimiento de las obras muertas, debemos comprender que la doctrina de los bautismos es igualmente esencial, siendo una doctrina fundamental de la fe cristiana. ¿Puede alguien ser salvo sin tener fe en Dios? ¿Puede alguien ser salvo sin tener fe en la resurrección de Cristo? ¿Puede alguien ser salvo sin arrepentirse de sus pecados? Por supuesto que no, y del mismo modo nadie puede ser salvo sin creer y obedecer la doctrina de los bautismos; es decir, de los bautismos de agua y del Espíritu.

Mateo 3:11. “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego”.

1 Corintios 12:13. “Porque por UN SOLO ESPÍRITU [el bautismo del Espíritu] fuimos todos bautizados en UN CUERPO [la Iglesia], sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de UN MISMO ESPÍRITU”.

Hechos 2:1-4. “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen [el bautismo del Espíritu]”.

Hechos 8:12-17. “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban [el bautismo en agua] hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito. Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo [el bautismo del Espíritu]; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo [el bautismo del Espíritu]”.

Hechos 19:1-6. “Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús [el bautismo en agua]. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas [el bautismo del Espíritu], y profetizaban”.

Hechos 10:44-48. “Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios [el bautismo del Espíritu]. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús [el bautismo en agua]. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días”.

Gálatas 3:26-29. “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”.

¿Cómo podemos realmente pertenecer a Cristo sin estar vestidos de Cristo? Esta Escritura me recuerda al hombre que trató de entrar en el Reino de Dios sin tener una ropa de boda.

Mateo 22:11-14. “Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”.

Gálatas 3:26-29 - NVI. “Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Y, si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa”.

¡La única manera de ser revestidos de Cristo, es a través de ser bautizados en Cristo! Por lo tanto, el bautismo en agua en el nombre de Jesucristo, claramente nos reviste de Cristo y nos hace descendientes de Abraham y herederos legales según la promesa.

Las Escrituras del Nuevo Testamento están repletas de ejemplos que muestran la necesidad del bautismo en agua y en el Espíritu. Pablo les preguntó a los discípulos de Juan: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?” (Hechos 19:1-6).

Cuando el apóstol Pablo se encontró con el Señor Jesús en su camino a Damasco, él creyó en el Señor y se arrepintió de sus pecados. Pero Jesús le ordenó: “Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos 9:6). Esto demuestra que nuestra creencia en Jesús y nuestro arrepentimiento, están incompletos sin la doctrina de los bautismos [es decir, del bautismo en agua y del Espíritu].

Hechos 9:3-6. “Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer”.

Hechos 22:10. “Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas”.

Hechos 9:17-18. “Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo [el bautismo del Espíritu]. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado [el bautismo en agua]”.

En Hechos 22:10-16, Pablo dio más información sobre su testimonio: “Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas. Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco. Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré. Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre [el bautismo en agua]”.

Jesús mismo le dijo a Saulo que fuera a la ciudad de Damasco porque allí se le diría todo lo que estaba ordenado que él debía hacer (Hechos 9:6; 22:10). Obviamente Saulo creyó en Jesús, porque le dijo: “¿Qué haré, Señor?”. Saulo no desobedeció a las palabras de Jesús, porque él fue a la ciudad de Damasco y oró, esperando instrucciones sobre lo que debía hacer para seguir a Jesús. Las acciones de Saulo demuestran que él ya tenía que haber creído y ya se tenía que haber arrepentido de sus pecados, antes de que Ananías le dijera lo otro que debía hacer. Hubo dos cosas más que le dijeron a Saulo que hiciera. (1) “Sé lleno del Espíritu Santo” [el bautismo del Espíritu] y (2) “Sé bautizado y lava tus pecados invocando su nombre [el bautismo en agua]”.

Saulo fue el nombre hebreo de Pablo. Pablo escribió la mayoría de las epístolas del Nuevo Testamento. ¿Somos nosotros más grandes que el apóstol Pablo? ¡Si Pablo, aún como un gran y santo apóstol necesitó ser lleno del Espíritu Santo y ser bautizado en agua en el nombre de Jesús para lavar sus pecados, cuánto más nosotros debemos ser llenos del Espíritu Santo y ser bautizados en agua en el nombre de Jesús para lavar nuestros pecados!

¡Los que rechazan el bautismo en agua y en el Espíritu, rechazan la clara enseñanza fundamental de la Palabra de Dios!


miércoles, 13 de marzo de 2019

Dividiendo Correctamente a la Palabra. ¿Por Qué los No-Pentecostales Quieren Censurar al Libro de Los Hechos de los Apóstoles?


Por Elder Ross Drysdale. © Todos los derechos reservados.
Capítulo 21 del Libro “Cuando Sabes Estas Cosas” (If Ye Know These Things)
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2019.

Para ver más capítulos de esta obra, siga estos enlaces:
Capítulo 2Capítulo 4, Capítulo 8Capítulo 9Capítulo 21ExtractoObra Completa en Inglés.

Esta es una respuesta a las críticas que hizo el escritor trinitario Gregory A. Boyd contra la Iglesia del Nombre de Jesús, en su libro "Unicidad Pentecostal y Trinidad" publicado en el idioma inglés en el año de 1992.




¿Por qué los no-pentecostales quieren censurar al libro de Los Hechos?
¿En realidad la salvación no se fundamenta en el libro de Los Hechos?
¿Seremos "llevados por mal camino", o seremos conducidos a Cristo si leemos el libro de Los Hechos?
¿Qué nos pasará?


El Libro de los Hechos - ¿Podemos Confiar en Él?

El Dr. Boyd presenta varios argumentos en contra de la doctrina de las lenguas como evidencia inicial de recibir el Espíritu Santo, la mayoría de los cuales han existido por un tiempo y ahora son bastante obsoletos, ya que han sido probados y devueltos al armario muchas veces. Otros son tan descabezados, que incluso parecen tontos; sin embargo, le responderemos según su insensatez. Además, él presenta el conjunto habitual de afirmaciones contradictorias que señalaremos a nuestros lectores. Pero el argumento en el que Boyd invierte más energía, es en el que se refiere al Libro de los Hechos.

Al ver que en el Libro de Los Hechos se muestra de manera tan abrumadora la evidencia de las lenguas como la señal del bautismo del Espíritu, lo primero que intentan hacer nuestros oponentes es desacreditar a ese libro. Esto lo hacen sutilmente para que nadie se atreva a decir que no es inspirado, pero sí intentando demostrar que no es confiable en manera alguna. ¡Las tácticas disimuladas son la constante que utilizan! ¡Es un trabajo sucio, pero alguien debe hacerlo!

Los modernistas y los liberales, han evitado de manera constante cumplir con los estándares apostólicos, al afirmar que no podemos extraer "doctrina del Libro de los Hechos". Ellos dicen que el libro es "narrativa histórica", por lo que no fue diseñado para enseñar doctrina. Insisten en que debemos ir a las epístolas, y que si algo no se enseña o confirma allí, entonces es altamente sospechoso y debe ser archivado. El Dr. Boyd sigue obedientemente este patrón. Él dice que es "precario en el mejor de los casos, basar cualquier doctrina en el registro histórico de Los Hechos, a menos que esta doctrina se confirme en alguna parte didáctica de las Escrituras" (Boyd, p. 201). Él argumenta que el uso doctrinal de Los Hechos "es realmente erróneo" (Boyd, p. 206), pues "No podemos derivar una prescripción doctrinal o de comportamiento desde una descripción histórica" (Boyd, p. 206). A pesar de que Los Hechos sea un registro de comportamiento, se nos advierte que debemos recordar que Lucas "está escribiendo como un historiador, no como un teólogo sistemático", por lo tanto allí no se debe buscar teología. Parece que el Dr. Boyd no puede controlarse a sí mismo en esta polémica de amputar a Los Hechos, y dice:

"Por lo tanto, si nos fijamos en Los Hechos para que nos enseñe el Evangelio, -cómo debemos ser salvos- estamos obligados a desviarnos, ya que esta obra nunca se escribió con ese propósito". (p. 207).

Según Boyd, si usted fija su vista en Los Hechos va por mal camino, así que según él, la Palabra de Dios le llevará por mal camino. Por ejemplo, según Boyd, cuando en Hechos 16:30 el carcelero de Filipos clamó: -"¿Qué debo hacer para ser salvo?"-, esa debería ser una señal para que cerremos el libro de golpe, porque "estamos obligados a desviarnos". Según Boyd, la respuesta de Pablo: -"Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo"-, ciertamente nos engañará porque no tiene nada que ver con la salvación. Y así el Dr. Boyd nos advierte: ¡Cuidado con esa "prescripción de comportamiento"! Igualmente, según Boyd, cuando en Hechos 22:16 se le dice a Pablo que lave sus pecados invocando el nombre del Señor, debemos descartarlo porque no tiene nada que ver con la salvación. De acuerdo con Boyd, lo que debemos hacer es apresurarnos y correr hacia las epístolas para encontrar un antídoto "didáctico", antes de que nos extraviemos.

De hecho, es extraño que a pesar de que el Dr. Boyd no cree que el libro de Los Hechos enseñe la salvación, lo cita con frecuencia sobre ese tema, ¡y de una manera "didáctica"! En la página 136 dice:

"La insistencia continua en el Nuevo Testamento de que es la fe, y solo la fe lo que salva a una persona, es suficiente para demostrar esto" (p. 136).

A continuación presenta un listado de referencias, de las cuales casi la mitad son del Libro de los Hechos. Estas son Hechos 2:21, Hechos 10:43, Hechos 15:9 y Hechos 16:31. ¡Pero es bastante extraño que las use, cuando según él, ese libro "no fue escrito para ese propósito"! En la parte inferior de la misma página, cita nuevamente a Los Hechos tres veces, para intentar probar que la salvación no está relacionada con el bautismo: Hechos 3:17-26, Hechos 4:8-12 y Hechos 16:31. ¡Y todo esto del libro del cual "estamos obligados a desviarnos" pues no podemos usarlo para descubrir "cómo debemos ser salvos"! ¿Entonces por qué él sí lo usa así? ¿Por qué él no está tratando de desviar a sus lectores, según como confesó que debía hacerse con el Libro de Los Hechos?

Cita a Hechos 20:28, para probar que "en la teología trinitaria" el sufrimiento de Jesús en la cruz es el sufrimiento de Dios (p.187), a pesar de que declara que Lucas "no es un teólogo sistemático" (p. 207). ¡Así que la teología "no sistemática" de Lucas es suficientemente buena cuando el Dr. Boyd la necesita! En la página 137 nos dice que debemos "aprender de Los Hechos" que el Espíritu Santo "a veces se da de manera dramática antes de que los individuos sean bautizados en agua" (Hechos 10:44-48). ¡Así que aquí está derivando una "prescripción doctrinal o de comportamiento" directamente de la descripción histórica! Pero esto es justamente lo que él condena que hagan los creyentes de la Unicidad, argumentando que nuestro "intento de usar Los Hechos de esta manera es realmente erróneo" (p. 206). Es como si él pensara que posee “los derechos de autor” del Libro de los Hechos, pues se lo apropia para sus propios propósitos (teológicos, prescriptivos, de salvación y otros), mientras que le niega a los creyentes unicitarios cualquier derecho a citarlo como apoyo doctrinal. Dice que tal esfuerzo de nuestra parte, solo puede llevar a nada más que "daño y herejía" (p. 209). ¡Oh coherencia, eres una joya rara!


Una Dieta Muy Rica

El Dr. Boyd ha cavado tan profundo, que no tiene más hacia dónde ir sino hacia abajo. Dice que:

"Establecer esta obra como una norma para toda la experiencia de la iglesia, es por lo tanto establecer una dieta muy rica, pero en realidad poco saludable para uno mismo, ya que nada más que daño y herejía puede provenir de tal esfuerzo" (p. 209).

Por lo tanto, según él, el Libro de los Hechos debe ser puesto en cuarentena, no sea que los nuevos conversos se enfermen. Quizás el Dr. Boyd sienta que es necesario ponerle una etiqueta de advertencia al libro, que diga: -"¡Peligro! ¡Cuando este producto se toma en serio, es peligroso para la salud espiritual!"-. No debe maravillarnos que el Dr. Boyd haya seguido el ejemplo de Thomas Jefferson, quien recortó de la Biblia aquellas porciones que él pensó que eran peligrosas. Por eso, Boyd sostiene que alinearse con las prescripciones del Nuevo Testamento que se establecen en Los Hechos, es algo que solo puede ser "dañino" o incluso "herético". Es mucho más "seguro" seguir la dieta moderna, no nutricional, de "creer fácilmente", que dice: “¡Levante su mano!”, “¡simplemente firme una tarjeta!”, “¡tome una decisión!”, “¡acepte a Cristo como su Salvador personal!”, “¡permita que Jesús entre en su corazón!”, etc. “¡No se preocupe por las condiciones, todo está "incondicionalmente garantizado"!”. “¡Solo haga estas cosas y olvídese de esa dieta dañina del Libro de los Hechos!” “¡De cualquier manera ese libro es demasiado rico para usted!” Ese evangelio de las mil y una galletas parece mucho más fácil de digerir, y parece bajar muy suavemente. ¡Pero nosotros los pentecostales no podemos aceptar eso! Admitimos que la dieta de Los Hechos es rica, ya que no se trata de las porciones de la pastelería del neo-evangelicalismo, y por eso nos deleitamos al alimentarnos de la dieta de Los Hechos. Estamos bastante acostumbrados a las riquezas de su bondad (Romanos 2:4). Perseveramos "en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2:42).


¿Una Historia Irrepetible?

El Dr. Boyd encuentra que Los Hechos no es deseable incluso como historia. Hasta lo describe como casi sin valor. Por ejemplo, dice:

"De hecho, tan oscuro es el informe objetivo de Lucas, que no nos permite a nosotros inferir el por qué él incluyó estos cuatro relatos en su obra [Hechos Cap. 2 – Los judíos de día de Pentecostés, Cap. 8 – Los Samaritanos, Cap. 10 – Los gentiles en la casa de Cornelio, Cap. 19 – Los discípulos de Juan en Éfeso], en lugar de otras ocurrencias del derramamiento inicial del Espíritu" (p. 208).

Según Boyd, tenemos que "inferir" porque todo es tan "oscuro". También debemos hacer algunas "adivinanzas". En la página 209, nos dice:

"... parece que la mejor conjetura, es que Lucas incluyó sólo estas cuatro ocurrencias del derramamiento del Espíritu, porque no fueron normativas".

Según Boyd, solo tenemos que adivinar. ¡Pero cuál "conjetura" es la que él hace! De acuerdo con Boyd, Lucas registró estas historias de casos del bautismo en el Espíritu, para mostrarnos que no debemos esperar recibir este bautismo. Él dice que solo tenemos ante nosotros unos casos anormales, pero no un ejemplo de lo que es "normativo" cuando alguien recibe el derramamiento inicial del Espíritu. Lo único que debemos hacer ahora, es depender de teólogos como el Dr. Boyd en cuanto a lo que deberíamos esperar, porque  según él, Lucas nos ha "llevado por mal camino" con estos relatos de "cosas raras que son muy espectaculares e inusuales" (p. 209). Según el Dr. Boyd, Lucas deja muchas preguntas "abiertas", y plantea más preguntas que respuestas:

"Quedan abiertas las preguntas del por qué Pedro y Juan tuvieron que venir [a Samaria] en razón a que el Espíritu Santo aún no había venido, del por qué la imposición de manos fue significativa, y del cómo todos supieron que el Espíritu llegó cuando Él finalmente vino" (p. 208).

¡Qué lista de preguntas sin respuesta! Pero esto no debe preocuparnos, porque según Boyd:

"Lucas no estaba tratando de enseñarle a Teófilo que la respuesta a cualquiera de estas preguntas, sea la que sea, era normativa y necesaria para todos los tiempos".

¡Piensa sobre estas cosas que según Boyd no son "necesarias"! Estas cosas incluyen el
"cómo todos supieron que el Espíritu llegó cuando Él finalmente vino", pero según Boyd no debemos caer en estas preocupaciones innecesarias, porque "sea lo que sea" esto no está "relacionado con lo que Lucas quería que aprendiera Teófilo" (p. 209). Si así fuera, entonces uno tendría que preguntarse para qué fue escrito el libro de Los Hechos. ¿Si en verdad no hubiera en él alguna enseñanza acerca de la salvación, y en caso de que creyéramos eso lo que tenemos que hacer es "desviarnos", si el libro en realidad no contiene información que nos permita saber cómo vino el Espíritu porque eso no es necesario, si solo presenta unas pocas "cosas raras" y "muy espectaculares" inmersas en una historia por lo demás "común" y "mundana", y si estas cosas "ciertamente no se vislumbran en el funcionamiento cotidiano de la iglesia", ni como una "norma para toda la experiencia de la iglesia", entonces para qué un libro así? El Dr. Boyd también nos dice que no podemos citarlo ya que eso sería "poco saludable", que no podemos usarlo para buscar la salvación porque nos "llevaría por mal camino", y que desde el punto de vista histórico nos deja en la oscuridad en tantos puntos que a nosotros nos toca "inferir" a fin de  que hagamos "la mejor conjetura" que podamos. Finalmente, el Dr. Boyd corona toda su diatriba ilógica y sin sentido, con la conclusión absolutamente ridícula de que Lucas no respondió a las preguntas que él mismo planteó, pues en caso de haberlo hecho,  "¿qué tipo de pedagogía sería esa?" (p. 208).

Cuando uno lee completo el libro del Dr. Boyd, se hace bastante evidente que de manera repetida él usa al libro de Los Hechos para enseñar doctrina, especialmente la de la salvación, citándolo como autoridad y con frecuencia. Es solo cuando Los Hechos enseña la doctrina pentecostal, con la que él no está de acuerdo, que repentinamente el libro se vuelve para él no-didáctico, insalubre, demasiado rico, no-pertinente, apto para extraviarse, etc. ¡Esta ciertamente es la cuestión!


Contradicciones

Un buen ejemplo de la "obsesión pentecostal" del Dr. Boyd, son sus dos declaraciones mutuamente contradictorias sobre las señales y las maravillas. En la página 204, dice:

"Por lo tanto, los fenómenos sobrenaturales (por ejemplo la profecía, las visiones, las curaciones) que siempre se han asociado con el Espíritu, estarán disponibles después de Pentecostés no solo para uno o dos grandes hombres de Dios, sino para todo el pueblo de Dios" (p. 204).

En otras palabras, los fenómenos sobrenaturales serán normativos para todos los creyentes en la era de la iglesia ¡Qué bien! Pero luego, en la página 209, se contradice completamente cuando escribe:

"Realmente, dado el lapso de tiempo que Lucas busca cubrir con su volumen de Los Hechos, no es sorprendente si tiende a destacar de la historia mundana ordinaria de la iglesia primitiva, aquellas cosas raras que son más espectaculares e inusuales... Pero establecer esta obra como una norma para toda la experiencia de la iglesia, es por lo tanto establecer una dieta muy rica -y poco saludable- para uno mismo".

Así que los fenómenos sobrenaturales que en la página 204 Boyd caracterizó como disponibles "para todo el pueblo de Dios", en la página 209 se vuelven "raros", "inusuales" y "poco saludables" si se consideran "una norma" para todo el pueblo de Dios. ¿Pero por qué esta contradicción? Si uno va a la página 204, los fenómenos sobrenaturales que él dice que están disponibles para todos, son: profecía, visiones, curaciones, dejando completamente por fuera a las lenguas. Entonces, cuando los pentecostales tratan de incluir a las lenguas como un "fenómeno sobrenatural" que también está disponible para todos, su posición cambia repentinamente, y nos dice que ninguna de estas cosas es "normativa", y que de hecho es "poco saludable" esperarlas. ¡Todo estaba bien y era "disponible" hasta que las lenguas se agregaron a la lista! Si las lenguas se incluyen, entonces Boyd ya no tendrá a ninguna de ellas.

Este razonamiento contradictorio es repetido. En la página 202, se describe a la Iglesia poseyendo una unción que "sobrenaturalmente capacita a las personas para llevar a cabo la voluntad de Dios de manera dinámica". Pero en la página 207, cuando las lenguas están bajo consideración, encontramos que son "cosas raras" sacadas de la "historia mundana ordinaria de la iglesia primitiva". ¡Para Boyd, una gente dinámica, sobrenaturalmente ungida y empoderada, produce una historia ordinaria y mundana! ¿Pero cómo se las habrán arreglado para hacerlo? Estimado lector, piense por un momento acerca de esta Iglesia que según Boyd fue "ordinaria" y "mundana". ¿Se acuerda usted de ese incidente "mundano" cuando Pedro y Juan sanaron al cojo que se sentaba a la puerta del Templo? ¿O de aquella reunión de oración "ordinaria" que estremeció toda la casa? ¿Qué hay de esa "mundana" y "ordinaria" resurrección de Dorcas? ¿Y qué del terremoto absolutamente monótono que liberó a Pablo y a Silas de la cárcel? ¡Ojalá que hoy estuviéramos haciendo una historia tan "ordinaria" y "mundana" como esa!


Los Hechos son Para la Doctrina

Cuando el Dr. Boyd y otros, plantean que el Libro de los Hechos no debe usarse con fines doctrinales, en realidad más que enfrentarse contra los creyentes de la Unicidad, se están enfrentando es contra el Espíritu Santo, porque ellos se atreven a contradecir claramente lo que el Espíritu ha dicho acerca de Los Hechos.

"Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Timoteo 3:16).

"Toda la Escritura", que incluye a Los Hechos, "es útil para enseñar". Ahora, ¿a quién le creeremos, al Espíritu Santo o al Dr. Boyd? El Espíritu Santo dice que Los Hechos es útil para adoctrinar, pero el Dr. Boyd dice que es "precario" para la doctrina. Pero toda la Escritura, incluso Los Hechos, es provechosa "para instruir en justicia". ¡Eso tiene que incluir la salvación! Pero el Dr. Boyd vuelve a contradecir al Espíritu Santo, y nos dice que no busquemos "en Los Hechos para que nos enseñe el Evangelio, -cómo debemos ser salvos-", pues si lo hacemos, "estamos obligados a desviarnos" (Boyd, p. 207). Así que mientras el Espíritu Santo nos dice que en Los Hechos podemos encontrar instrucción en justicia, el Dr. Boyd dice que ni siquiera la busquemos para que no nos extraviemos. De nuevo, ¿a quién le creeremos? ¿A la instrucción o al desvío? ¿Cuál nos convendrá?

Desafortunadamente, el Dr. Boyd se coloca en la misma categoría que los modernistas y religiosos liberales cuando dice que es "precario en el mejor de los casos, basar cualquier doctrina en el registro histórico de Los Hechos, a menos que esta doctrina se confirme en alguna parte didáctica de las Escrituras" (Boyd, p. 201). Por lo tanto, él divide a las Escrituras entre aquellas "porciones" que pueden tomarse para la doctrina y aquellas que no se pueden tomar con tal fin. En los círculos liberales, los evangelios y los Hechos que son narraciones históricas, no se consideran confiables para la doctrina, y solo las epístolas son usadas para esto. De hecho, el Dr. Boyd rechaza nuestra enseñanza de la evidencia inicial, porque siente que "no hay evidencia que lo corrobore en las Epístolas..." (p. 209). Pero la doctrina del nacimiento virginal solo se encuentra en las llamadas "porciones narrativas", en este caso en los evangelios, y no es mencionado, confirmado o corroborado alguna vez en las epístolas. ¿Entonces deberíamos clasificar a esta doctrina como "precaria"? Es debido a un razonamiento tan herético como este, que se atreve a dividir a la Biblia en "porciones" doctrinales y no doctrinales, que tantos liberales rechazan abiertamente el Nacimiento Virginal. ¡No está "corroborado"!, dicen. Los neotrinitarios también se inclinan hacia esta dirección. ¡Shirley Guthrie siente que ellos aún se pueden salvar mientras que rechazan la doctrina del nacimiento virginal! ¡Algunos sugieren que Pablo y la iglesia primitiva no conocían esta doctrina! ¡Y estos son parte de los autores que el Dr. Boyd nos recomienda en sus notas al pie! La Biblia nos habla acerca de cómo dividir correctamente la Palabra, pero contiene una advertencia horrenda contra el que reste de ella (Apocalipsis 22:19).


Divisiones del Nuevo Testamento

Dada la posición teológica del Dr. Boyd, es comprensible su oposición hacia el libro de Los Hechos. Todo grupo religioso se siente incómodo con este libro, excepto los pentecostales unicitarios. La razón es porque el Libro de los Hechos es la vara de medir, una pluma divina por la cual deben probarse todas las predicaciones y los "planes" de salvación. Es solamente en el Libro de Hechos que leemos los sermones reales que fueron expuestos por los predicadores del Nuevo Testamento para declarar culpables a los pecadores, y solamente en el Libro de los Hechos observamos lo que los pecadores hicieron realmente para ser salvos. El verdadero patrón se encuentra exclusivamente en el libro de Los Hechos, porque es el informe en el sitio de los acontecimientos.

En el Libro de Los Hechos nunca leemos que los apóstoles le hubieran pedido a alguno que para ser salvo leyera la revista "La Atalaya" o que se preparara para el Armagedón; eso elimina a "los Testigos de Jehová". "Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema" (Gálatas 1:9). Los que predican otro evangelio son maldecidos por eso. En el Libro de Los Hechos tampoco leemos que los apóstoles hubieran instruido a alguno para que fuera "bautizado por los muertos" o para que "contrajeron matrimonios celestiales para el tiempo y la eternidad"; esto elimina a los mormones, porque predican otro evangelio y así también están bajo maldición. En Los Hechos, nunca se instruyó a ningún converso para que "guardara el séptimo día" tal como insisten los adventistas; ese es otro evangelio y también están bajo maldición. Y lo que es igualmente significativo, ninguno le dijo a otro que todo lo que tenía que hacer para ser salvo, era "permitir que Jesús entrara en su corazón". Tampoco leemos que los apóstoles hubieran entregado a algunos "tarjetas de decisión" o que le pidieran a la gente que "levantaran una mano". Los apóstoles no supieron nada acerca de este "método simplificado ACC" (aceptar, creer, confesar) y nunca lo predicaron. Ninguno de estos esquemas de "creencia fácil" hechos por el hombre, se atestiguan en el Libro de los Hechos. Son inventos modernos que se arrastran en carros filisteos diseñados para eludir la verdad. No es de extrañar que estos predicadores de "otros evangelios" degraden al Libro de los Hechos. Ahora entendemos el por qué le ordenan a su gente que no lo usen para salvación, para que según ellos, no se extravíen. ¡Cuánta sangre hay en sus manos!

¡Los pentecostales unicitarios son los únicos que se alinean con la divina vara de medir del Libro de Los Hechos! Nos ajustamos a los puntos de referencia antiguos, en lugar de intentar reorganizarlos o eliminarlos. Nos sentimos muy cómodos con el Libro de los Hechos. La predicación del Nuevo Testamento basada en Los Hechos, instruye constantemente a los pecadores a que se arrepientan de sus pecados, sean bautizados en agua en el Nombre de Jesús para la remisión de los pecados y reciban el Bautismo prometido del Espíritu Santo. Este es el mensaje exacto que predican los pentecostales de la unicidad (Hechos 2:38; Hechos 2:4; Hechos 8:36-39; Hechos 10:44-48; Hechos 11:14-18, Hechos 16:14-15; Hechos 16:32- 33; Hechos 19:1-6; Hechos 9:17-18; Hechos 22:16).

Aunque no se dan los detalles de cada relato, y algunos enfatizan en un aspecto más que en otro, el panorama general que surge al considerarlos a todos, es un evangelio de arrepentimiento que siempre estuvo acompañado por el bautismo en agua y una dotación sobrenatural de poder espiritual que se caracterizó por una expresión carismática. Lejos de ser "sin condiciones", como lo sostiene el Dr. Boyd (p. 23), los apóstoles y otros predicadores del Nuevo Testamento establecieron condiciones muy definidas: el arrepentimiento, acompañado por un cambio de estilo de vida (Hechos 19:18-19) y el bautismo en agua en el nombre de Jesús. En realidad, el libro de Los Hechos avergüenza a los que predican "otro evangelio", y ese es el verdadero espíritu que está detrás de comentarios como "esta obra nunca se escribió con ese propósito" (Boyd, p. 207).

Por el contrario, el Libro de Los Hechos fue escrito específicamente para ese propósito de salvación. En realidad, Los Hechos es el único libro del Nuevo Testamento donde podemos aprender lo que debemos hacer para ser salvos (Hechos 2:37; Hechos 16:30). El Dr. Boyd dice que no debemos mirar a Los Hechos para que nos enseñe "cómo debemos ser salvos". Sin embargo, en todo el libro encontramos a personas que claman: -"¿Qué debo hacer para ser salvo?"- ¿Deberíamos ignorar las respuestas que ellos recibieron, porque supuestamente no tienen nada que ver con la salvación? ¡Qué completo insulto para la inteligencia de los lectores de Boyd, debido a esa suposición tan infundada! ¡Quizás ese fenómeno doctrinal se produjo durante el cabeceo a altas horas de la noche en una máquina de escribir! ¡O quizás se sofocó al nacer!


Las Cuatro Divisiones del Nuevo Testamento

El apóstol Pablo nos exhorta a usar bien la Palabra de Verdad (2. Timoteo 2:15). Y el Nuevo Testamento tiene cuatro divisiones principales, que son: Los evangelios, el libro de Los Hechos, las epístolas y el libro del Apocalipsis.


Los Evangelios

Mateo, Marcos, Lucas y Juan, son los cuatro evangelios. Registran la vida y el ministerio de Cristo. Incluyen su nacimiento, su enseñanza, su muerte, sepultura y resurrección. En los últimos capítulos de los evangelios, Cristo derramó su sangre "que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Los Evangelios no contienen los requisitos para obtener la Salvación del Nuevo Testamento, porque:

1. Cristo dijo que el arrepentimiento y el perdón de los pecados se predicarían en su nombre a partir de Jerusalén (Lucas 24:47). Esto ocurrió en Hechos 2 en el día de Pentecostés (Hechos 2:38). Por lo tanto, la predicación de la salvación comienza en Los Hechos, no en los Evangelios.

2. El Espíritu no sería dado a los creyentes sino hasta que Cristo fuera glorificado (Juan 7:38-39). Esto también ocurrió en Hechos 2, en el día de Pentecostés.

3. No podía haber perdón de los pecados sino hasta que la sangre de Cristo se derramara y fuera rociada en el propiciatorio del Cielo (Hebreos 9:12; 24-26). Esto ocurrió después de la ascensión de Cristo.

4. El que hizo el Nuevo Testamento (el Nuevo Pacto) tuvo que morir primero, y tuvo que resucitar antes de que el Nuevo Testamento entrara en vigor (Hebreos 9:17). Mientras que Él vivía en la tierra, el Nuevo Testamento no estaba vigente, porque no tenía ninguna fuerza si el testador no moría (Hebreos 9:17). La muerte y resurrección de Cristo solo está narrada en el final de los evangelios. El Nuevo Testamento solo entró en vigencia en el período del Libro de los Hechos, después de la resurrección de Cristo.

De todo esto, queda muy claro que el plan de salvación del Nuevo Testamento, que incluye el perdón de los pecados y la promesa del Espíritu, no pudo comenzar sino hasta que el Testador (Cristo) murió, resucitó, ascendió (al cielo), entró en el tabernáculo celestial, roció el altar y envió a su Espíritu Santo de regreso a la tierra. Por lo tanto, los evangelios apuntan hacia la salvación del Nuevo Testamento, pero no la contienen. No podemos buscar el plan de salvación del Nuevo Testamento en los evangelios, pues primero el Cristo debía morir y derramar su sangre.

Ahora algunos nos preguntarán: -"¿Pero acaso no se perdonaron los pecados de algunas personas en los evangelios?"- ¡Sí, claro que se perdonaron!, pero fue de la misma manera en que fueron perdonados los de la dispensación del Antiguo Testamento. En realidad fueron cubiertos y rodados hacia adelante, hacia a la cruz. Fueron perdonados con miras al sacrificio expiatorio de Cristo. Cuando Jesús derramó su sangre y la aplicó en el cielo, estos pecados fueron cancelados del registro de los libros. En otras palabras, estas personas fueron perdonadas por el crédito o la fe en que el Mesías moriría y pagaría el precio.


El Libro de Los Hechos

Este es el libro correcto para encontrar el verdadero plan de salvación del Nuevo Testamento. Fue escrito y contiene eventos que tuvieron lugar después de que Jesús murió, derramó su sangre y regresó al cielo para conceder su Espíritu a los creyentes. La predicación de la salvación debía comenzar en Jerusalén, y ahí es precisamente donde inicia como lo narra el libro de Los Hechos. En este libro también tenemos el primer sermón cristiano que se predicó sobre el evangelio (Hechos 2:14-39). En él encontramos a los primeros conversos siendo salvos (Hechos 2:41). En él se narra la formación de la primera iglesia cristiana (Hechos 2:42-47). En Los Hechos comienza la salvación, se empieza a predicar y se hace efectiva. Es un informe en el sitio, de cómo fueron salvas las personas de la iglesia del siglo I.

El libro de Los Hechos es el único libro que realmente muestra a las personas siendo salvas en el tiempo del Nuevo Testamento. Por lo cual, en este libro tenemos la manera más segura de evaluar lo que constituye una verdadera experiencia bíblica de salvación completa. 



Las Profecías de Jesús Cumplidas en Los Hechos

En el libro de Los Hechos, es también donde se cumplió la profecía y la comisión de Jesús a los apóstoles, de que "a quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos" (Juan 20:23), pues en este libro vemos que los apóstoles le ordenaron a la gente que se bautizara en el nombre de Jesús para la remisión de los pecados (Hechos 2:38). En el Libro de los Hechos, también se cumple la profecía de Jesús sobre Pedro y la futura iglesia: "Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" (Mateo 16:18-19). Fue en el día de Pentecostés, como se narra en el libro de Los Hechos, que Pedro se puso de pie con los once (Hechos 2:14), comenzando la construcción de la iglesia con el primer sermón del evangelio completo. También es en Los Hechos, donde vemos que Pedro comenzó a usar las "llaves del reino" al "atar" el mandato del arrepentimiento y el bautismo a las multitudes para "liberarlos" de sus pecados. Pedro usó estas llaves en Los Hechos, y solamente en Los Hechos, para abrir la puerta de salvación a los judíos (Hechos 2:38-39), a los samaritanos (Hechos 8:14-17) y a los gentiles (Hechos 10:34-48).


Hechos – El Libro de Conversión

El libro de Los Hechos, es por lo tanto el libro de "Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados..." (Hechos 3:19). Es el libro que nos informa: "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12). Es el libro en el que las personas preguntan "¿Qué debo hacer para ser salvo?" (Hechos 2:37; 16:30), y es el libro en el que los apóstoles les predicaron a las gentes las palabras con las cuales ellos podían ser salvos (Hechos 2:38, 11:14, 16:31). Sin embargo, el Dr. Boyd dice de este libro:

"Por lo tanto, si nos fijamos en Los Hechos para que nos enseñe el Evangelio, -cómo debemos ser salvos- estamos obligados a desviarnos, ya que esta obra nunca se escribió con ese propósito" (p. 207).

¡El lector debe decidir! Personalmente creo que si nos encontramos con los argumentos del Dr. Boyd, es cuando "estamos obligados a desviarnos".


Las Epístolas

Las epístolas son cartas escritas por los apóstoles, principalmente por Pablo, a personas que ya eran salvas. El registro de cómo fueron salvas, está en el libro de Los Hechos. Por ejemplo, Pablo escribió a los efesios y los describió como creyentes ya salvos:

"A los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso… Bendito sea el Dios y Padre… que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo" (Efesios 1:1-3).

Si usted desea saber cómo se salvaron los efesios, el registro está en Hechos 19:1-6. Ellos se arrepintieron, se bautizaron en el nombre de Jesucristo, Pablo les impuso las manos y recibieron el bautismo del Espíritu Santo, hablaron en lenguas y profetizaron. Así que vemos que las epístolas están escritas a personas que ya habían sido salvadas. ¡Sería absurdo para Pablo o para cualquier otro escritor, darles instrucciones sobre cómo ser salvos, cuando ya lo eran! ¿Si yo acabara de ganar las 500 Millas de Indianápolis, tendría que recibir lecciones sobre cómo encender el auto con el que gané? ¿Si un hombre acabara de ganar el campeonato mundial de peso pesado, tendría sentido tratar de enseñarle a usar el saco de boxeo? ¡Por supuesto que no! Del mismo modo, tampoco tiene sentido enseñar que el plan de salvación se encuentra en las epístolas. No es necesario instruir sobre cómo deben ser salvos, a las personas que ya están salvadas, santificadas y sentadas en lugares celestiales con Cristo Jesús. Se les puede instruir sobre lo que deben hacer para mantenerse salvos, o sobre cómo adorar o testificar. Se les puede enseñar acerca de la resurrección, la deidad de Cristo o cómo resolver los problemas de la iglesia. Esto sería comprensible, y esto es, de hecho, exactamente lo que contienen las epístolas: ¡instrucciones para personas que ya eran salvas, sobre cómo vivir la vida cristiana, que fue la vida que adquirieron a través del Libro de los Hechos!

El Dr. Boyd dice que la doctrina debe ser "confirmada en alguna parte didáctica de las Escrituras" (p. 201), por lo que asumimos que se refiere principalmente a las epístolas, ya que él dice que nuestra doctrina de las lenguas como señal de recibir el Espíritu Santo, no tiene "evidencia que se corrobore en las Epístolas" (p. 209). Así que es de las epístolas de donde él quiere que saquemos la doctrina y que renunciemos al libro de Los Hechos. Pero cuando los escritores de la Unicidad enseñan la doctrina de que las mujeres deben tener el cabello largo, la cual es una enseñanza que se encuentra en la Epístola de 1 Corintios capítulo 11, que es una parte didáctica de las Escrituras, el Dr. Boyd no escatima esfuerzos para descartar todo esto catalogándolo como un requisito "cultural" no vinculante para los cristianos. Boyd escribe que "Ya sea que Pablo esté hablando en este pasaje sobre mujeres que usan velos o un peinado particular, o incluso sobre mujeres que tienen el cabello largo, no hay una buena razón para suponer que esto sea algo más que un problema cultural" (p. 226). Según Boyd, "No hay una buena razón para suponer", aunque se encuentra en la inspirada palabra de Dios, se encuentra en una epístola escrita a "todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo" (1 Corintios 1:2), y fue escrita por un apóstol que dijo: "Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor" (1. Corintios 14:37). Pero el consejo del Dr. Boyd, es -“esto solo habla de un problema cultural. Déjelo a un lado y obedézcalo solo si lo desea”-. ¡Si siguiéramos este mismo patrón, podríamos descartar muchas otras cosas! Sobre esta misma base, los homosexuales rechazan la condena que Pablo hace de su estilo de vida: -"¡Fue sólo un problema cultural!"-. Las feministas radicales y los abortistas, aplican la misma interpretación "cultural" a la Biblia, y continúan con sus asesinatos de bebés. Creo que podemos decir que ese argumento "cultural" es el que configura la confianza real que el Dr. Boyd coloca en las epístolas, a las que él llama las "porciones didácticas" de las Escrituras. ¡Para él las epístolas solo son "didácticas" cuando le es conveniente! Solamente las utiliza para "corroborar" lo que él ya quiere "corroborar".

¡En cambio, nosotros los pentecostales apostólicos, obtenemos nuestra Unicidad de los Evangelios, nuestra salvación de los Hechos y nuestra Santidad de las Epístolas! ¡Es por eso que somos del evangelio completo! ¡Y también disfrutamos de nuestra rica dieta!


El libro de Apocalipsis (o Revelación)

El último libro en la división del Nuevo Testamento, es el libro profético de Apocalipsis. Este es un libro escrito en "código apocalíptico" y dirigido originalmente a las "siete iglesias de Asia". En él se despliegan, no solo manifestaciones adicionales de la deidad de Cristo, sino todo el curso de esta era que culminará con el Juicio del Gran Trono Blanco. No contiene instrucciones sobre cómo salvarse, porque que se escribe a personas ya salvadas. Pero sí muestra las recompensas que recibirán los salvados. No debemos buscar el plan de salvación en los cuernos y las cabezas de las bestias que salen del mar y de la tierra. Ese no es el propósito de ese libro.

lunes, 11 de marzo de 2019

¿A Quién Fue Dada la Ley?


Por John Largo
© 2019. Todos los derechos reservados



En 1 Corintios 10:32, la Biblia hace una triple división de la humanidad en JUDÍOS, GENTILES y la IGLESIA DE DIOS.

LOS JUDÍOS: Conocidos como hebreos e israelitas. La ley fue dada a este pueblo. Comenzó a imperar en el monte Sinaí y nunca fue impuesta sobre ningún otro pueblo o generación ni antes ni después de que fuese dada a Israel por medio de Moisés. (Deuteronomio 5:1-3; Nehemías 9:13-14; Romanos 9:4).

Todos los mandamientos de Dios en el Antiguo Testamento tienen un único receptor, que es el pueblo de Israel (Éxodo 31:16-17, 35:1-3; Levítico 10:11, 11:2; Deuteronomio 5:1-3, 6:1-4).

LOS GENTILES: Todos los demás pueblos de la tierra que no pertenecen a la estirpe judía. De estos dice la Biblia que están sin ley divina (Romanos 2:14; 1 Corintios 9:20).

LA IGLESIA DE DIOS: Es un grupo de personas de toda nación, tribu, lengua y pueblo, reunidos en uno por el evangelio de la GRACIA de Dios. El mensaje para este tercer grupo es la gracia de Dios  (Tito 2:11-14). En síntesis, la iglesia es la unión del pueblo judío y el pueblo gentil al ser derribada la pared intermedia de separación que causaba enemistad (la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas). De este modo Jesús creó de los dos un solo y nuevo hombre, y mediante la cruz (su muerte) reconcilió con Dios a ambos (judíos y gentiles) en un solo cuerpo que es LA IGLESIA DE DIOS. (Lea con mucha atención Efesios 2:11-22).


1. LA UNIDAD DE LA LEY

Algunos argumentan que en el Sinaí se promulgaron dos leyes: la ley de Dios consistente en los diez mandamientos (el decálogo) y la ley de Moisés (la parte ceremonial). Tal argumento esta fuera de todo contexto bíblico.

La frase “la ley” aparece en la Biblia más de 400 veces. En algunos pasajes se refiere a un aspecto de la ley, pero por regla general cuando los escritores hablan de la ley, se refieren a los 5 libros de Moisés que abarcan toda la legislación del Sinaí y otros aspectos históricos.

Los israelitas dividían el Antiguo Testamento en tres partes: la ley de Moisés, los profetas y los salmos (Lucas 24:44). Dentro del término ley, se menciona la ley del holocausto (Levítico 14:2), la ley de los celos (Números 5:29), la ley del Nazareo (Números 6:13) y otros. Pero estas leyes o preceptos constituyen una unidad: “la ley promulgada por Dios en el Sinaí”. Las expresiones “ley de Dios” y “ley de Moisés”, se refieren a una misma ley. Al decálogo lo conocemos por el libro de la ley, pues ya no tenemos las tablas de piedra (Josué 24:26). Josué no escribió  en las tablas de piedra, sino en el libro de la ley de Dios. En Esdras 7:9-12 se le llama ley de Moisés (verso 6), ley de Jehová (verso 8) y ley del Dios del cielo (verso 12). Marcos 7:10 dice que Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”. Este es uno de los 10 mandamientos y aquí se le atribuye a Moisés. Esto prueba que a la misma ley se le llama ley de Dios y ley de Moisés. Es ley de Dios porque fue dictada por Él, y es ley de Moisés porque fue Moisés quien la escribió por orden de Dios (Nehemías 10:29). La ley de Moisés no es estrictamente ceremonial, pues gran parte de ella es de carácter moral.

El primero y más grande mandamiento de la ley, está escrito en el libro de la ley y no en las tablas de piedra del decálogo (Deuteronomio 6:4). Este mandamiento fue luego confirmado por el Señor Jesucristo en Marcos 12:29. En Mateo. 5:17-18, Jesús dijo que Él no vino a abrogar la ley o los profetas, lo cual es una expresión que se refiere a todo el Antiguo Testamento y no solo al decálogo. Jesús dijo que Él vino a cumplir la ley, y esto lo confirma Lucas 24:44 donde se incluye su muerte como parte del cumplimiento de la ley.

El único hombre que cumplió cabalmente la ley fue el Señor Jesucristo. Él no vino a hacer que los humanos cumpliéramos la ley, Él la cumplió por nosotros. En Mateo 5:29, Jesús habló de unos mandamientos muy pequeños ¿El decálogo tiene mandamientos muy pequeños? ¡No! Entonces no se refería al decálogo únicamente sino a toda la ley.

Concluimos pues que la ley es una unidad.


2. LA LEY Y LA GRACIA

LEY: Regla obligatoria

GRACIA: favor que hace uno sin estar obligado a ello. Es el favor inmerecido de Dios hacia El pecador.

Algunos pretenden fusionar (unir) los dos pactos, pretendiendo hacer depender la salvación del hombre de una combinación entre la fe en la obra redentora de Cristo y del cumplimiento de la ley. Pero tal pretensión resulta contraria a los propósitos de Dios y a las enseñanzas del Nuevo Testamento.

La ley exponía las normas por las cuales se debía regir todo el que quería agradar a Dios (1. Timoteo 1:8-10). Si fuera posible que el ser humano llegara a obedecer la ley de Dios en su verdadero sentido espiritual, desde el primer día hasta el último, y desde el primer mandamiento hasta el  último, entonces alcanzaría la vida en virtud de su obediencia (Romanos 10:5), pero la Escritura afirma que no hay hombre justo en la tierra que haga el bien y nunca peque (Eclesiastés 7:20; Romanos 3:10).

¿Con que propósito fue promulgada la ley?  ¿Tuvo Dios la esperanza de que los hombres se salvaran por su obediencia a los mandamientos de la ley? Dios nunca tuvo tal esperanza. La ley fue introducida como un paréntesis en la relación de Dios con los hombres (Gálatas 3:16-19) hasta que viniera el mejor pacto establecido sobre mejores promesas (Hebreos 8:6).

La ley es como un espejo que tiene por finalidad revelar al hombre su pecaminosidad, y  mostrarle la necesidad de un salvador. Por medio de la ley  es el conocimiento del pecado (Romanos 3:20; 7:7).

La ley muestra el pecado, pero no da poder para vencerlo. La ley condena al transgresor, pues dice “maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerla” (Deuteronomio 27:26). Todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición (Gálatas 3:10). Cualquiera que guardare toda la ley pero ofendiere en un punto se hace culpable de todos (Santiago 2:10).  El que viola la ley de Moisés, muera irremisiblemente (Hebreos 10:28).

La ley enfrenta al hombre al juicio de condenación y lo deja sin excusa delante del supremo juez (Romanos 3:19-20). El pacto de la ley fue promulgado en medio de oscuridad y tempestad, relámpagos y fuego, truenos y voces. Todo esto nos revela el carácter y propósito de la ley. El Creador se manifestó en el Sinaí como un Ser Santo que aborrece el pecado y truena sobre la cabeza del pecador. Como un Juez Justo que descarga los rayos de la justicia divina sobre los transgresores de su ley (Éxodo 9:12-19; Hebreos 12:18-21).

La ley es como un acreedor que demanda el pago de  la deuda en su totalidad sin perdonar o rebajar la cantidad. Algunos pretenden despojar a la ley de su dura e inflexible majestad, y restarle a la gracia su amplia y perfecta virtud salvadora. Y así desfiguran el carácter justiciero de la ley y la naturaleza perdonadora de la gracia.

No podemos pretender salvarnos por la ley y por la gracia. El que pretende  salvarse por la ley desecha la gracia de Dios (Gálatas 2:21), pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo. No pretendamos hacer de la ley y de la gracia el camino de nuestra redención. La Biblia dice que la salvación es por gracia, y si es por gracia ya no es por obras; y si fuera por obras ya no sería por gracia (Romanos 11:6; 4:1-6).

Las diferencias entre la ley y la gracia están bien  marcadas en las inspiradas palabras del apóstol Pedro cuando dice: “¿Por qué tentáis a Dios poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo (la ley) que ni nuestros padres y ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos” (los gentiles). (Hechos 15:10-11). La ley, como medio de salvación, era un yugo imposible de llevar, antes, ahora, y siempre. 
 
Sabemos que por la ley no podemos alcanzar la justificación (Gálatas 3:11, 3:16). “¿Cómo se justificara el hombre delante de Dios?” (Job 9:2) ¿Por qué plan, método o camino? La escritura responde a la interrogación de Job, diciendo: “justificados, pues, por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro señor Jesucristo” (Romanos 5:1; Gálatas 2:16, 2:21; Efesios 2:8). “Concluimos pues, que el hombre es justiciado por la fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:28). Mediante la fe en el Señor Jesucristo, el creyente se halla bajo la cubierta de tan perfecta y bendita justicia, que la ley fulminante del Sinaí no se compara para nada con ella y no puede hallar la menor falta en ella. Esta justicia es llamada la justicia de Dios por la fe (Romanos 3:21). Cuando la ley es quebrantada trae la maldición al transgresor (Gálatas 3:13) y demanda la muerte del culpable (Números 15:32-36; Romanos 3:26; Hebreos 10:28).




El plan de justificación reconoce todos estos aspectos de la ley, que fueron confirmados y/o cumplidos al morir Jesucristo, el justo por nosotros los injustos (1 Pedro 3:18). Jesús, el sustituto de los pecadores, aceptó las demandas de la ley y murió en cumplimiento o vindicación  de tales demandas.

La ley quedó satisfecha al morir el justo por lo injustos, y de este modo se alcanzó el fin o propósito que la ley perseguía: La obediencia y santidad del hombre (Romanos 3:31).
                                             

3. CONTRASTES ENTRE LA LEY Y LA GRACIA     




Ley
Gracia
Fue dada a un solo pueblo, el pueblo de Israel. (Romanos 9:4; Deuteronomio 5:1-3; Nehemías 9:13-14).
Esta dada a toda la humanidad (Romanos 1:16-17; Tito 2:11).
Condena al pecador  (Deuteronomio 27:26; Gálatas 3:10; Hebreos 10:28; Santiago 2:10).
Salva a todos y los que creen y los justifica (Tito 2:11-14; Romanos 3:24; Efesios 1:7).
Demandaba justicia de parte del hombre (Romanos 9:31-32).
La gracia otorga como una dádiva la justicia divina al pecador (Romanos 3:21-25).
La ley no perfeccionó nada (Hebreos 7:19).               
Dios por su gracia  perfecciona al creyente (Efesios 4:12; Hebreos 10:14).
La ley bendice solo al bueno (Éxodo 19:5).
La gracia salva al malo (Efesios 2:1-9).
La palabra clave de la ley es hacer  (Gálatas 3:12). La ley  nos ordena que hagamos, que cumplamos sus preceptos sin violarlos jamás (Romanos 10:5).
La palabra clave de la gracia es creer. Romanos 10:6-9, nos dice  que creamos en la obra redentora consumada por Cristo en la cruz.
Por la ley nadie será justificado (Gálatas 3:11; Hechos 13:39).
Por la gracia somos justificados (Gálatas 2:16; Romanos 5:1, 3:28).
La ley maldice (Gálatas 3:10).
La gracia bendice y redime de la maldición (Gálatas 3:9; Romanos 3:13).
La ley no puede vivificar (Gálatas 3:21).
La gracia da vida (Efesios 2:5; 2 Timoteo 1:9-10).


4. EN 2 CORINTIOS 3:1-18, SE VE UN MARCADO CONTRASTE ENTRE EL PACTO DE LA LEY Y EL DE LA GRACIA


LA LEY
LA GRACIA
Escrita con tinta (2 Corintios 3:3).
Escrita con el Espíritu del Dios vivo (2 Corintios 3:3).
Fue un ministerio de condenación (2 Corintios 3:9).
Es un ministerio de justificación (2 Corintios 3:9).
Fue un ministerio de muerte (2 Corintios 3:7).
Llamado aquí ministerio del Espíritu el cual da vida (2 Corintios 3:6).
Su gloria fue limitada y temporal (2 Corintios 3:9-13).
Es un ministerio permanente (2 Corintios 3:11) y su gloria es más eminente (2 Corintios 3:9-11).
Fue con gloria, pero no se podía ni siquiera mirar (2 Corintios 3:7).
Nos permite ver a cara descubierta la gloria del Señor  (2 Corintios 3:18).
Pone un velo en el corazón (2 Corintios 3:13-15).
Quita el velo y da libertad (2 Corintios 3:16-17).
Fue escrita en tablas de piedra (2 Corintios 3:3, 3:7).
Es escrita en nuestro corazón (2 Corintios 3:3)