jueves, 14 de febrero de 2019

Fuentes Envenenadas y Cisternas Rotas ¿Son Dignos de Confianza los Teólogos que Produjeron la Trinidad?


Por Elder Ross Drysdale. © Todos los derechos reservados.
Capítulo 4 del Libro “Cuando Sabes Estas Cosas” (If Ye Know These Things)
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2019.

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Capítulo 2Capítulo 4, Capítulo 8Capítulo 9, Capítulo 21ExtractoObra Completa en Inglés.

Esta es una respuesta a las críticas que hizo el escritor trinitario Gregory A. Boyd contra la Iglesia del Nombre de Jesús, en su libro "Unicidad Pentecostal y Trinidad" publicado en el idioma inglés en el año de 1992.



El Rol de la Tradición de la Iglesia en el Trinitarismo

Martín Lutero, el Gran Paladín de la Reforma, dio este grito de batalla: “La Escritura y la Sola Escritura”. Él veía a la Iglesia Católica como Babilonia la Grande que es mencionada en Apocalipsis 17, y tuvo poca confianza en sus concilios, decretos y dogmas. A él no le preocupaban las agrupaciones confusas ni las habladurías de los “padres” de la Iglesia Católica, sino ¡la Biblia y solo la Biblia! Él aborrecía la idea de que la Iglesia Católica era la “intérprete infalible de la Biblia”, o que nosotros “debíamos seguir” a la Iglesia Católica en todo lo que ella asumía que quería decir la Biblia. Por esta posición fue excomulgado (¡y salió feliz!).

Por lo tanto, es extraño para los oídos protestantes, especialmente para ese segmento conocido como pentecostal, escuchar declaraciones como estas:

“la iglesia siempre ha sostenido la Trinidad, esta no es inconcebible por analogía” (Boyd, p. 173).

“Sin embargo, la iglesia ha seguido una metodología mucho más sabia a lo largo de los siglos” (Boyd, pág. 51).

“Cuando nosotros, siguiendo a la iglesia, hacemos esto, descubrimos que Dios puede ser verdaderamente uno...” (Boyd, p. 52).

“Sólo hay un problema con este retrato de la Trinidad: tiene poco que ver con lo que la iglesia ha creído tradicionalmente...” (Boyd, p. 171).

“La doctrina tradicional de la pericoresis o inhabitación mutua...” (Boyd, p. 171).

“Fueron los primeros en ponerse de pie detrás de la tradición de la iglesia” (Boyd, p. 162).

“Esto es, efectivamente, lo que la iglesia siempre ha hecho” (Boyd, p. 162).

“Por una buena razón, la iglesia siempre ha interpretado la distinción Padre/Hijo... como el centro de la proclamación del Nuevo Testamento” (Boyd, p. 191).

“Como muchos de los mejores pensadores de la iglesia lo han visto a lo largo de los siglos” (Boyd, p. 191).

“Y en lugar de decirle a la Escritura lo que la deidad de Cristo debe implicar, la iglesia ha permitido que la Escritura diga lo que en realidad implica esta verdad” (Boyd, p. 52).

¿Qué es todo lo que se habla sobre la iglesia y la tradición de la iglesia cuando se dice: “La iglesia siempre ha sostenido”; “La iglesia ha seguido una metodología mucho más sabia”; “Cuando nosotros, siguiendo a la iglesia”; “lo que la iglesia ha creído tradicionalmente”; “La doctrina tradicional”; “lo que la iglesia siempre ha hecho”; “la iglesia ha permitido que la Escritura diga”, etc., etc.? ¿A qué iglesia se refiere esto que debemos “seguir” porque ella “siempre [lo] ha sostenido” y lo “ha creído tradicionalmente”, “a lo largo de los siglos?

Todo esto tiene un extraño sonido para los oídos evangélicos (¡o debería tenerlo!). Uno espera encontrar este tipo de apelación a la autoridad de la iglesia y a la tradición de la iglesia en las obras de apologética católica, pero no en escritos evangélicos. Tal vez tengamos una idea de cuál es la iglesia que tiene en mente el Dr. Boyd en su declaración de la página 212: “Los grandes santos de la iglesia: Agustín, Tomás de Aquino, Francisco de Asís, la Madre Teresa...” ¿A qué iglesia pertenecen? ¡Al catolicismo romano, por supuesto! Una iglesia que cree que la autoridad para la doctrina, brota de la iglesia y de la tradición de la iglesia, así como de la Biblia. Inmediatamente después de citar a los “santos de la iglesia” antes mencionados, el Dr. Boyd agrega: “y los grandes reformadores protestantes: Juan Calvino, Martín Lutero...” (Boyd, 212). Subconscientemente, o quizás conscientemente, ha distinguido entre “la iglesia” a la que a menudo apela como autoridad, y al protestantismo. La “iglesia” termina con la Madre Teresa, y el protestantismo comienza con Calvino.

Los pentecostales unicitarios nunca seguirán a los neo-trinitarios en esa dirección. Nuestra mirada está puesta “en el origen”, no “en Roma”. No tenemos la intención de cambiar nuestra revelación bíblica de la unicidad, que surgió desde el fuego espiritual del mayor reavivamiento del Espíritu Santo desde el día del Pentecostés, por el desastre del guisado de Esaú, sin importar desde hace cuántos siglos se lo estén comiendo. Nuestra doctrina fue revelada a hombres santos, temerosos de Dios, que tomaron la Biblia en serio. No hubo entre ellos adoradores de huesos o nigromantes. La luz que recibieron en 1914, vino como cumplimiento de la promesa de Cristo: “Porque cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda verdad” (Juan 16:13). Y no nos guió hacia la “consustancialidad”, a la “pericoresis”, o a las “personas coiguales y coeternas”. Tampoco nos llevó hacia las “teorías de la generación eterna”. Y la guía del Espíritu ciertamente nunca nos reveló “las maneras de subsistencia” o “los modos personalmente distintos”. Sin embargo, lo que obtuvimos fue lo que se prometió, ¡una revelación del Padre en el Hijo, y de Cristo en nosotros! (Juan 14:20).

Sin embargo, en el libro del Dr. Boyd, los “padres” y los “santos” católicos son constantemente llamados como apoyo, tales como los Padres Capadocios (“San” Basilio y los dos Gregorios), “San” Agustín, “San” Aquino, Orígenes y Justino Mártir. (Boyd, p. 173, 161).

Ahora, por supuesto, él argumenta que estos no son realmente “católicos” en el sentido de tener dogmas y prácticas “católico romanos”. ¿Pero será esto así?


Orígenes [185 - 254]

Tomemos de primero a Orígenes. Boyd dice de él, que tenía un “trinitarismo no cualificado” que “estructuraba todo sobre su fe”. Orígenes, junto con otros, “entendió que simplemente estaba transmitiendo la fe que había sido transmitida por los apóstoles. Cuando se propuso algo nuevo... fueron los primeros en levantarse para defender la tradición de la iglesia” (Boyd, 161-162). ¿Pero si fue tan bueno en “entregar” la fe de los apóstoles, por qué la iglesia consideró necesario excomulgarlo por falsa doctrina? Él también enseñó la “preexistencia de las almas humanas”, así como “la doctrina de la apocatástasis”, que establece que todos, incluso el diablo, serán finalmente salvos. Además, Orígenes tiene a su favor la invención del purgatorio con sus “ascensiones del corazón”, argumentando que las almas son purificadas después de la muerte. ¿Es esto lo que le sucedió cuando “estructuró todo” en torno a su fe trinitaria “no cualificada”? ¿Dónde enseñaron los apóstoles la salvación del diablo, la preexistencia de las almas y el purgatorio? ¡Y estos son los hombres que el Dr. Boyd nos dice que “fueron los primeros en levantarse para defender la tradición de la iglesia” “cuando se propuso algo nuevo”! ¡Hubieran hecho mejor, si hubieran permanecido sentados!


“San” Atanasio  [¿300? - 373]

“San” Atanasio, otro teólogo de la Trinidad (Boyd, p. 179), en su obra “Vida de San Antonio”, hizo mucho para promover el monasticismo. ¡Piénselo! Cristo dijo: “¡Id por todo el mundo!”, pero Atanasio, un fundador del trinitarismo, dijo: “¡Escóndete en una cueva!” ¡Fue defensor de un estilo de vida totalmente masoquista! ¡Y sin embargo, se sostiene que él estuvo “transmitiendo” la fe original! También fue uno de los primeros en creer en la transubstanciación, que es la práctica católica romana de adorar a la hostia como si fuera Cristo. ¿Deberíamos seguirlo también en lo de la hostia? ¿Por qué no?


“San” Basilio [¿330? - 379]

Ahora llegamos a “San” Basilio, uno de los Padres Capadocios de los que tanto escuchamos, ya que el Dr. Boyd lo cita en la página 173. Éste fue fundador de conventos y monasterios. ¿Esto no es ser suficientemente católico romano? Gracias a él, los niños preadolescentes se vieron obligados a tener existencias anormales.

“Los niños en la edad de la pubertad no podían dormir en camas que estuvieran una al lado de la otra, pues siempre había un monje mayor ubicado en una cama entre ellos”. (Robert Payne, los Siglos Cristianos, p. 177).

La alegría y la felicidad eran cuestiones ajenas para los internos de Basilio:

“Bajo ninguna condición, los monjes deben dar lugar a la risa” (Payne, p. 177).

Basilio tenía un espíritu arrogante que no era de Cristo:

“Ten en cuenta el último día, ¡y por favor no pienses en enseñarme! Sabemos más que tú, y no estamos tan sofocados por las espinas, ni tenemos la ventaja de poder mezclar algunas virtudes con diez veces más de vicios” (Payne, p. 178).

El espíritu “caritativo” de Basilio, se burló de aquellos que no estaban de acuerdo con él llamándolos: “lagartos y sapos”, “animales de la primavera”, “inmundos”, “mujeres locas”, “afeminados”, “esclavos de sus vientres”, “cazadores de dinero” y “toscos”. (Basilio, Epístola 95; Payne, 178). Y esta agradable alma fue el “primero en fijar la fórmula aceptada de la Trinidad: una sustancia (ousia) y tres personas (hipostaseis)” (H. Dermott McDonald, Basilio el Grande, p. 167).


“San” Gregorio de Nisa [¿335? - 394]

Luego está “San” Gregorio de Nisa, otro padre capadocio que tuvo “una comprensión maravillosa” de la Trinidad. Éste fue universalista, pues creyó que todos los hombres y los demonios serían salvos. Y por supuesto, esto incluía a su amigo el diablo. Si lo seguimos en esa “tradición”, eliminaremos por completo la necesidad de predicar el evangelio.

Leamos acerca de la llamada “conversión” de Gregorio:

“Gregorio se despertó llorando y se dirigió arrepentido al jardín, donde los huesos conservados de los mártires, reunidos en una inmensa urna, estaban siendo adorados por los fieles. Un Gregorio contrito, observó el proceso hasta el final. Él se convirtió en un cristiano practicante” (Payne, p. 182).

¿Practicante de qué, nos preguntamos? Sin embargo, es a partir de esa “urna de huesos” que el creyente debe ser instruido en “revelaciones divinas tan profundas”, como la teoría de la pericoresis y la “inhabitación mutua de las tres personas”.

Gregorio odiaba la institución del matrimonio dada por Dios, y creía que “la mortalidad y el matrimonio eran compañeros de cama; la muerte meditaba sobre el lecho matrimonial” (Payne, 183). Era verdaderamente un individuo morboso y enfermo. Dijo que la única forma en que uno podría esperar la “bienaventuranza” era viviendo en soledad y no tener “enredos humanos” (Payne, 18). ¿No es eso desquiciado? ¡Aquí algo está definitivamente mal! ¡Sin embargo, se metió en enredos financieros! Finalmente fue acusado de malversar fondos de la Iglesia, y “fue atado con cadenas y salió para encontrarse con sus acusadores, y al mismo tiempo durante el viaje, logró escapar” (Payne, 184).

Y de aquellos, el Dr. Boyd escribe:

“De hecho, la frecuente representación unicitaria de los padres de la iglesia primitiva como filósofos siniestros que predicaban una 'filosofía seductora', y que por lo tanto procuraban corromper la fe apostólica con ideas paganas, no podría estar más lejos de la verdad” (Boyd, p. 60).

Boyd dice que en adición a estos “padres”, la comprensión trinitaria recibe un impulso adicional de “un gran número de filósofos a lo largo de la historia” que reconocieron que “la idea de una unidad absoluta o indiferenciada es incoherente” (Boyd, p. 176). ¿Y quiénes fueron estos “filósofos” que se encargaron de decirle a Dios cómo es que Él debe existir? ¡Porque Jehová nos dice que Él estaba solo en la eternidad pasada (Isaías 44:24)! ¡Pero estos “grandes pensadores” han llegado a la conclusión de que Dios debe estar equivocado, porque esa “unidad absoluta” es incoherente para ellos! ¡Así que inventan “compañía” para Dios, y desperdician resmas de papel escribiendo sobre ello!

Dos a quienes nos refiere el Dr. Boyd, son “San” Agustín y “Santo” Tomás de Aquino. ¡Se puede aprender mucho de estos dos importantes teólogos trinitarios!


“San” Agustín [354 - 430]

De “San” Agustín leemos:

“Su mente era un crisol en el que el Nuevo Testamento estaba completamente fusionado con la tradición platónica de la filosofía griega”. (Enciclopedia Británica, Volúmen II, p. 754).

Por supuesto, Platón, el filósofo pagano de Grecia, fue famoso por su invención de la “Trinidad Platónica”. Ahora vemos exactamente lo que era “San” Agustín “fusionado” con la religión del Nuevo Testamento. Esto es exactamente de lo que Pablo nos advirtió en Colosenses 2:8: “filosofías”, “huecas sutilezas” y "tradiciones de los hombres”. Cosas que nos arruinan y nos alejan de Cristo, “en quien habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). ¿No es muy extraño que las cosas contra las que Pablo nos advierte, a saber, la filosofía y la tradición, sean las mismas cosas que los neotrinitarios nos recomiendan para entender mejor a Cristo?

Aparte de su enamoramiento filosófico con Platón, Agustín tenía otras creencias que vale la pena mencionar. Era un predestinacionista extremo, al creer que Dios solo otorga la gracia de su salvación a un grupo de elegidos y se la niega a los demás hombres. Naturalmente creía en el purgatorio y rezaba por el reposo del alma de su madre en cada altar donde ofrecía “el sacrificio más santo y aceptable de la misa”. Creía en la regeneración bautismal para los niños, y vinculaba el pecado original con la sexualidad humana (A “San” Gregorio le hubiera gustado oír eso). “Para estar seguros”, escribe el Dr. Boyd, “uno podría incluso seguir el ejemplo de grandes pensadores como Agustín y C.S. Lewis...” (Boyd, p. 61). ¿Pero dónde está ese Agustín y estos otros “grandes” pensadores que desean guiarnos? Dice Boyd que en “un concepto de Dios o realidad última como poseedora de una 'cierta seriedad'…” (Boyd, p. 61). ¿Entonces deberíamos seguir también a tan “grandes pensadores” en el bautismo de niños, la transubstanciación, el purgatorio y el celibato? ¿No es asombroso cómo estos “grandes pensadores” de la “iglesia” hicieron todo mal, excepto en la doctrina de la Deidad? ¡Al menos eso parece! Pero nadie, excepto los católicos, parecen estar dispuestos a seguir su “guía” en estas otras enseñanzas. Los neotrinitarios los utilizan como taxis: Los toman en el paradero que desean y luego dejan que los guíen.

Si éstas hubieran sido las únicas pesadillas que Agustín fue culpable de traer al mundo, habría sido suficiente. Pero hay más. “Una desgracia ha pasado; y he aquí, hay dos aflicciones más”.

Agustín estaba tan ansioso por hacer volver a los herejes, como los pelagianos y los donatistas a los brazos de Roma, que inventó una justificación teológica para la persecución física, lo que a lo largo de los siglos ha provocado la muerte de millones de personas ¡Él virtualmente hizo derramar la sangre de los mártires!

“Una de las horas más oscuras de toda la historia del pensamiento cristiano, fue cuando Agustín... estableció el terrible principio: Cogite intrare - 'Se les obliga a entrar'. El más grande de los Padres de la Iglesia casi había cometido traición contra el Evangelio... la espada había sido sacada de la vaina. Todos aquellos instrumentales en la feroz represión de los herejes en la Edad Media, podían recurrir a la autoridad de San Agustín: podían y lo hicieron. La violencia y la crueldad desatada por este único hombre, estaban más allá de toda medida” (Walter Niggs, Los Herejes, p. 116-117).

Mientras que Agustín le daba a la iglesia de Roma una justificación para “hacer mártires” de los incrédulos, ¡al mismo tiempo fomentaba el culto pagano de adoración a los huesos y cadáveres de los mártires católicos!

“La competencia por los cuerpos sagrados pronto degeneró en una búsqueda supersticiosa de reliquias... el culto surgió entre la gente, pero fue aprobado por los grandes líderes cristianos de la época: Jerónimo, Ambrosio y Agustín” (Richard A Todd, Constantino y el Imperio Cristiano, p. 67).

Y sin embargo, escuchamos: “Los primeros padres cristianos se preocuparon por nada más que preservar intacta, sin ninguna alteración, 'la fe que una vez fue confiada a los santos'...” (Boyd, p. 61). ¿Ese “preservar intacto” incluye la conservación de huesos y de cadáveres desmembrados? ¡Así parece!


“Santo” Tomás de Aquino [¿1224? - 1274]

Hemos dejado al peor de todos para el final (aunque este juicio es difícil de hacer en este “concurso de leprosos”). En la página 173 de su libro, el Dr. Boyd también evoca a “Santo” Tomás de Aquino para nuestra edificación. Pero él podría habernos ahorrado toda esta labor, al informarnos que dicho “santo” era un títere papal que no puede agregar nada a nuestra comprensión de Dios. Lo fuerte de Aquino, era una mezcla de la filosofía pagana de Aristóteles con el romanismo de su época. Naturalmente, le dio a todo esto un giro único y “desarrolló sus propias conclusiones a partir de premisas aristotélicas” (Enciclopedia Británica, Vol. II, p. 162).

¿Es de extrañar que una iglesia que se mezcla y combina, y que picotea por aquí y por allá para luego armar un pensamiento de todo lo que recogió, posea una rareza doctrinal como la de “las Tres Personas divinas”?

Aquino fue un católico dominico y leal (léase “lacayo”) al Papa. Los alimentos básicos de su dieta teológica fueron la mariolatría, la transubstanciación, la supremacía papal, el purgatorio, etc. Pero incluso eso no fue suficiente para este “santo” muerto, pues ¡incursionó en el espiritismo!

“En otra ocasión, San Pablo entró tranquilamente en su habitación para explicarle un problema de interpretación. Hacia el final de su vida, dijo con frecuencia que vio a la Virgen” (Payne, 370).

¿Pero quiénes son esos espíritus que se hacen pasar por Pablo y María? Pronto lo veremos.

“Cuando describió la aparición de la Virgen en su celda, dijo que era como el más brillante de los espejos brillantes, más pulida y pura que los serafines, de tal pureza que no se puede imaginar nada más puro, excepto Dios” (Payne, 371).

En 2 Corintios 11:14-15, la misma Biblia explica quiénes son estos “visitantes”. “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras”.

Uno solo puede imaginarse la cantidad de ideas trinitarias que recibió Aquino por parte de sus “visitantes espirituales”, y estas son las ideas que el Dr. Boyd y otros neotrinitarios quieren transmitirnos de segunda mano, y que provienen del “grandioso más allá” (Boyd, 212).


Espiritismo

Lo mejor que podríamos esperar, es que el cerebro de Aquino estuviera confundido y sufriera de demencia, en lugar de haber experimentado la concurrencia de espíritus. Todo esto degeneró en sesiones completas, con Aquino viendo todo tipo de apariciones y espectros.

“Él pasó los últimos años de su vida en Nápoles... teniendo visiones y hablando con los muertos. Una vez vio al diablo como un negro... Una visión más convincente, se produjo cuando vio al Padre Romano, el hombre a quien había dejado su cátedra en la Universidad de París. Romano estaba muerto. Al verlo, Tomás le preguntó: “¿Cómo estoy ante Dios y sí le complacen mis obras?”.  “Estás en buen estado”, le respondió Romano, “y tus obras son agradables a Dios” (Payne, 371). ¡Qué noche tan ocupada!

¿Qué piensa Dios de una persona así, que hace contactos con los supuestos espíritus de los muertos?

“No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios”. (Levítico 19:31).

¿Quiénes eran estos espíritus con los que Aquino se entretuvo todas las noches? Pablo los llama “espíritus engañadores” a los cuales prestarán atención quienes hayan apostatado de la fe (1 Timoteo 4:1-3). El resultado de esta asociación con aquellos espíritus, es siempre el mismo: ¡La emisión de doctrinas de demonios! Entonces cuando nuestros amigos trinitarios nos recomiendan las ideas de “maestros” como Aquino, o recurren a los razonamientos que él desarrolló, debemos tener en cuenta la advertencia de Dios:

“Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?” (Isaías 8:19).

Los pentecostales unicitarios nunca se impresionarán con los argumentos que se derivan de las “autoridades” que acabamos de analizar. Y los evangélicos tampoco deberían hacerlo. Aquellos que adoran huesos, que matan con espada, que malversan el dinero y que consultan a los espíritus, no pueden obtener la iluminación. ¿Cómo podrían estos hombres haber desarrollado una verdadera doctrina de la Deidad, al mismo tiempo que abogaban con todas sus fuerzas por las doctrinas del purgatorio, la mariolatría, la adoración de la hostia, y otra serie de enseñanzas extrañas y blasfemas? “¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?” (Santiago 3:11).


Cisternas Rotas

¿El Dr. Boyd, o cualquier trinitario, podrían explicarnos cómo una iglesia que se ha equivocado con todas las demás doctrinas cristianas, logró entregar la verdad central más importante, a saber, la de la Deidad, con perfecta pureza y precisión? ¡Se equivocó en cuanto al bautismo, ya que “regeneran” a los niños por aspersión o vertimiento de agua! ¡Se equivocó en cuanto a la salvación, ya que ésta se gana por obras desde la primera cuenta del rosario hasta la última vela encendida! ¡Se equivocó en cuando al nacimiento virginal, porque catalogó a María como “Madre de Dios”, que también fue milagrosamente concebida y siempre fue pura y sin pecado! ¡Distorsiona la resurrección de Cristo con la fantástica doctrina de la asunción corporal de María hacia el cielo como “Reina del Universo” (sin siquiera haber tenido que esperar tres días)! ¡La obra de la cruz es disminuida horriblemente, porque María también es corredentora y comediadora, e incluso le da órdenes a su hijo en el cielo! ¡Su doctrina de la Biblia es errónea, debido a la adición de los apócrifos no inspirados, no canónicos, con sus historias de ángeles mentirosos! Y sin embargo, con un historial como éste, ella nos pide que confiemos en sus maestros como Agustín, Aquino, Basilio, Gregorio y Atanasio, ya que ellos nos revelan la Trinidad.

Los trinitarios tienen que disculparnos cuando nosotros nos negamos a beber de estos pozos, ya que están contaminados y envenenados. Aunque han excavado cisternas neotrinitarias para revivir la situación, estas también son inútiles.

“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (Jeremías 2:13).

Mientras ellos insistan con las cisternas rotas de “los  tres coiguales” con “la misma sustancia”, ellos todavía no podrán retener el agua.

Para los más eclécticos entre sus lectores, los neotrinitarios tienen algo especial que ofrecer: una “luz” adicional sobre la Trinidad, pero que esta vez proviene de la India y de otros dominios humanos, pues dicen que ellos también tienen para decir cosas útiles pertenecientes a la Trinidad. Al principio, los neotrinitarios se aventuran tímidamente hacia esta peligrosa agua, porque saben lo turbulenta que puede llegar a ser. Pero una vez adentro, comienzan a chapotear bastante mareados.

“Ahora, no estoy argumentando que esta opinión sea correcta o no lo sea”, escribe el Dr. Boyd. “Solo estoy argumentando que la presencia de paralelos trinitarios fuera del cristianismo, ciertamente no tienen ningún efecto negativo sobre la veracidad de esta doctrina. En todo caso, es compatible con su veracidad” (Boyd, p. 61-62).

Esto viene inmediatamente después de una discusión en la que el Dr. Boyd niega que el cristianismo haya incorporado algún concepto de la Trinidad desde los paganos. “La afirmación es simplemente falsa”, dice. Sin embargo, al hablar de los llamados “Padres de la Iglesia”, él dice que ellos “emplearon categorías estoicas y platónicas cuando fue posible, como ayuda para expresar su fe” (Boyd, 161). Aquí vemos algo así como como intentar transportar el Arca de Dios en un carro filisteo. Pareciera que eso está bien, hasta que intentas estabilizarlo.

“San” Agustín y C.S. Lewis, cuya iniciativa uno podría seguir, no fueron tan tímidos como el Dr. Boyd sobre esta cuestión. Ellos pensaron que la prevalencia de las trinidades paganas, era una evidencia más de que la doctrina “cristiana” de la Trinidad era verdadera. En cuanto a la afirmación unicitaria de que estas trinidades paganas de Grecia, Babilonia y la India tienen un vínculo con la Trinidad Católica, el Dr. Boyd siente que nunca hemos comprobado esa afirmación (Boyd, 45).

Nos ahorraremos algo de energía y dejaremos que los mismos trinitarios lo confirmen.

Tengo ante mí, mientras escribo, una polémica popular contra la doctrina unicitaria, escrita por Charles Wm. Walker, D.D., titulada “La Teoría de Solo Jesús”. En las páginas 21 a 22, él escribe:

“Usar material del mundo pagano, no nos convencería necesariamente de la validez de la doctrina de la Trinidad, pero como Pablo, utilizaríamos esto como un argumento ad hominen... Por lo tanto, nos referimos al hecho de que incluso los paganos creían en una Trinidad, como se establece en las siguientes religiones paganas del mundo antiguo:

A. La tríada griega: Zeus, Atenea, Apolo.
B. La tríada egipcia: Osiris, Isis, Horus.
C. La Trinidad de los Vedas: Diaus, Indra, Agní.
D. La Trinidad brahmanista: Brahma (la Fuente), Visnú (el Preservador), Shiva (el Destructor)”.

¡Cuán desesperados deben estar los trinitarios para buscar apoyo para su teoría de parte de “los caminantes sobre fuego”, “los levitadores de cuerdas” y “los encantadores de serpientes” del ocultismo de la India! A estos Faquires, ellos les piden educadamente que contribuyan con sus trinidades para la causa común ¡Qué tan lejos están dispuestos a ir los trinitarios! Ya han cruzado el Océano Índico y están saqueando los registros hallados en los templos de esa tierra, con la esperanza de encontrar algunas gemas trinitarias que puedan haberse pasado por alto. ¡Hermanos, estas cosas no deberían de suceder! Cuán vacío debe estar el arsenal trinitario, que tienen que rebuscar en el viejo caparazón del hinduismo para obtener “poder de fuego” adicional ¡Que Dios tenga misericordia de ellos y que puedan regresar a la Biblia!


¿Qué Pasa con los Primeros Concilios?

Los trinitarios a menudo citan como apoyo, los credos y doctrinas que resultaron de los concilios ecuménicos de la “iglesia” antigua. El Dr. Boyd, menciona que Pablo llegó a la “esencia” de la doctrina de la Deidad, pero señala:

“Por supuesto, se necesitaba de varios cientos de años para que los creyentes y los opositores hicieran preguntas para aclarar todas las implicaciones de esta creencia. Esto fue lo que finalmente produjo la doctrina completamente desarrollada de la Trinidad a principios del siglo cuarto” (Boyd, 122).

Según los trinitarios, la comprensión del Ser interior del Dios eterno, necesitó de cuatrocientos años de refinamiento para que se desarrollara completamente como una doctrina. ¿Pero en qué consistió dicho refinamiento?


El Refinamiento Trinitario de Nicea [325 d.C.]

A menudo, los trinitarios representan al Concilio de Nicea como una ilustre reunión de Obispos perseguidos, repletos de cicatrices y heridas, razonando con calma sobre la naturaleza de la Deidad. Incluso, Carl Brumback comentó que tenemos una gran deuda con estos primeros padres que definieron tan cuidadosamente para nosotros la doctrina de la Trinidad (Brumback, p. 197).

Esta imagen idealista no podría estar más lejos de la verdad. ¡Los obispos que se reunieron, probablemente infligieron tantas heridas como las que trajeron consigo! El historiador H.G. Wells, nos informa que en un momento se dio una pelea entre Arrio y otro obispo, ante los asombrados ojos  del emperador Constantino (H.G. Wells, Esbozo de Historia, p. 552). En un momento dado, los delegados se taparon los oídos con los dedos y salieron corriendo del edificio gritando como niños mimados (Wells, pág. 552). El emperador Constantino presidió y controló todo el concilio a pesar de que no estaba bautizado, y ni siquiera era digno de tomar la comunión ¡pero ni un solo obispo protestó por esa usurpación!

“La diplomacia se manejaba como un arma, y las intrigas a menudo reemplazaban a la inteligencia. Había tantos Obispos ignorantes, que un participante llamó sin rodeos al Concilio: 'un sínodo de nada más que estúpidos'. Constantino, quien trató a las cuestiones religiosas únicamente desde un punto de vista político, aseguró la unanimidad al desterrar a todos los obispos que no firmaran la nueva profesión de Fe. Era totalmente inaudito que un credo universal se instituyera únicamente bajo la autoridad del Emperador, quien como catecúmeno ni siquiera podía ser admitido en el misterio de la eucaristía. Ni un solo obispo dijo una sola palabra contra esta cosa monstruosa” (Walter Nigg, Herejías, p. 127).

Pero los delegados fueron tan “calmados”, así como eran de “inteligentes”.

“La conferencia estaba abierta y de inmediato se hizo evidente que los arrianos y los ortodoxos se atacaban mutuamente. Las denuncias y las enfurecidas acusaciones volaron por el salón. De repente todos estaban discutiendo. El historiador Sócrates escribió: 'fue como una batalla en la oscuridad'. ¡Casi nadie parece conocer los motivos por los cuales esto culminó! Constantino hizo todo lo posible por restablecer el orden, considerándose a sí mismo como el juez-presidente facultado para intervenir. En todos los debates, reprendió a los que hablaban con enojo y severidad. Silenció a aquellos cuyos argumentos le parecían falaces” (Robert Payne, Los Siglos Cristianos, p. 109).

¿Y es a esta pelea de puños, de oídos tapados y de gritos, con la que tenemos una gran deuda por haber definido para nosotros la doctrina de la Trinidad?


El Concilio de los Ladrones 

Haremos un viaje hacia otro concilio trinitario. Este fue apodado “El Concilio de los ladrones” o “El Latrocinio de Éfeso”. Cito de la Enciclopedia Católica:

“La asamblea se tornó en un motín. Las tropas imperiales y las bandas de monjes egipcios fanáticos, intentaron obligar a los 135 obispos presentes a firmar una condena contra la doctrina de las dos naturalezas de Cristo. El Obispo Flaviano, severamente golpeado en el cuerpo a cuerpo, murió algunos días más tarde. Los delegados papales, aunque lograron escapar, también habían sido maltratados. El Papa anuló el proceso de Éfeso describiéndolo como un concilio de ladrones” (Enciclopedia Católica, 1965 ed., Volumen VII, p. 312).

Todo un “refinamiento”, ¿no te parece? ¿Si este es el árbol, qué tan corrupta será la fruta trinitaria que cuelga de sus ramas? Por supuesto, el apóstol Pablo, aunque no tuvo el “beneficio” de estos “Concilios”, según el Dr. Boyd llegó a la “esencia de esta doctrina” (pág. 122). ¡Qué pesar del pobre Pablo, que no pudo vivir cuatrocientos años más tarde para poder disfrutar de la “doctrina completamente desarrollada” que estos teólogos “refinaron” para nosotros! (¡O quizás Pablo se salvó de todo esto, ya que recibió suficientes palizas por parte de los judíos!)

Los pentecostales unicitarios, están bastante satisfechos de que Cristo mismo haya traído a la tierra la doctrina completamente desarrollada de la Deidad. Esta fue dada sin mancha ni arruga, y por lo tanto no necesitó de ser “refinada” para ser percibida con mayor claridad. ¿Qué pueden agregar los cuatrocientos años de peleas a puños sobre la revelación de la naturaleza de Dios que está contenida en las palabras de Cristo, “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”? Pablo no sintió la necesidad de un mayor desarrollo de la esencia a la que llegó, porque él proclamó audazmente: ¡“no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27)! Y esto incluye a su doctrina completamente desarrollada de que en Cristo “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Yo prefiero tener el consejo de Pablo, que al Concilio de Nicea o cualquier otro concilio.

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