miércoles, 11 de julio de 2018

El Testimonio de Dos, Del Padre y el Hijo. (Juan 8:15-18)


Por Steven Ritchie, © 2017. Todos los Derechos Reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra.
Más información en: Global Impact Ministries. www.apostolicchristianfaith.com


Juan 8:15-18. “Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo [Dios con nosotros como un hombre], sino yo y el que me envió, el Padre [Dios como Dios]. Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy [Dios como hombre] el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre [Dios como Dios] que me envió da testimonio de mí”.

Juan 5:26. “Porque como el Padre [Dios como Dios] tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo [Dios con nosotros como un hombre] el tener vida en sí mismo”.

Aunque el Padre siempre ha sido el eterno Espíritu Santo sin un comienzo en el tiempo, al Hijo de Dios se le concedió el tener vida en sí mismo la cual consiste en una vida humana distinta con un comienzo específico en el tiempo, pues Juan 5:26 dice que al Hijo le fue OTORGADA (didómi significa “dar”) VIDA (zoe significa “vida”) en sí mismo al ser “HECHO (homoioó: “hacer”)... completamente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 - NIV). Esto explica el por qué el Salmo 2:7 dice: "Mi hijo eres tú; Yo te engendré [Heb. Yalad] hoy”. “Yalad” es la misma palabra que se usa para los nacimientos de Caín y Abel en Génesis 4:1-2, y esta es la razón por la cual Dios el Padre anunció durante el período del Antiguo Testamento para un futuro profético: “Yo le seré a Él Padre, y Él me será a mí Hijo” (2 Samuel 7:14, Hebreos 1:5).

Así como el Padre omnipresente tiene una vida en Sí mismo (Juan 5:26) por fuera de la encarnación, así también el Padre viviente le concedió al Hijo el tener una vida humana en sí mismo dentro de la encarnación a través de la concepción y el nacimiento virginales. De manera que como producto de la encarnación seguimos teniendo a Un Solo Dios que es el Padre omnipresente, pero además a un mediador entre Dios y los hombres quien es Jesucristo hombre (1 Timoteo 2:5), o el Hijo al que se le otorgó una vida humana distinta dentro de la virgen. Esto explica cómo la vida humana distinta del Hijo de Dios en la encarnación podía dar testimonio como un testigo humano distinto, mientras que el Padre en su condición de Padre permaneció inmutable en los cielos para dar testimonio como un testigo divino distinto. Esto es precisamente lo que esperaríamos si aceptamos la enseñanza bíblica de que Dios el Padre se hizo hombre a través de la concepción y el nacimiento virginales.

Cuando el Dios omnipresente se convirtió en un hombre dentro de la virgen, entró en una vida humana distinta dentro de la encarnación. Esto explica el por qué Jesús pudo poseer los atributos humanos dentro de la encarnación como un hijo humano distinto, mientras que simultáneamente permaneció con sus atributos divinos distintos por fuera de la encarnación como el Padre omnipotente, pues Dios como Dios siempre ha permanecido inmutable en los cielos (Malaquías 3:6 - “Porque yo Yahvé no cambio”), aunque Dios también se convirtió simultáneamente en un hombre (Hebreos 1:3 KJV – que es “el resplandor de su gloria y la imagen expresa de su Persona” – de la Persona del Padre – Hebreos 2:14-17; Hebreos 13:8) para salvar a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:18-23). Por lo tanto, Jesús como el niño que nos fue nacido y el Hijo que nos fue dado, fue “hecho... completamente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 - NIV) aunque Él mismo siempre ha existido sin la necesidad de tener un principio como el Dios Fuerte y el Padre Eterno (Isaías 9:6; Juan 14:7-9) que permanece en su divinidad como “el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8).

Dado que Números 23:19 prueba que Dios no es un hombre, sabemos entonces que Jesús no es literalmente Dios con nosotros como Dios, sino más bien Emanuel (Dios con nosotros) como un hombre verdadero que tenía la capacidad de orar, sufrir y ser tentado. Santiago 1:13 dice que “Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie”, por lo cual sabemos que Jesús no es Dios con nosotros como Dios, sino que Él es Dios con nosotros como un hombre distinto que ha vivido una vida humana auténtica. Por lo tanto, solo el Dios omnipresente que es nuestro Padre Celestial es el único Ser que pudo convertirse simultáneamente en un hombre con una vida humana distinta (como el Hijo) para salvarnos, permaneciendo inmutable en los cielos con su vida divina distintiva (como el Padre). Esto explica el por qué el único Dios ha podido permanecer siendo Uno en su Esencia del Ser con un distintivo testimonio divino dentro de Sí mismo, mientras que a la vez se ha convertido en un Hijo humano distinto con un testimonio humano distinto dentro de sí mismo.