sábado, 25 de noviembre de 2017

La Controversia Trinitaria en el Siglo Cuatro


Por David K. Bernard, © 1993. Todos los Derechos Reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, 2017




Prefacio

Este libro examina la doctrina de Dios en la cristiandad durante el cuarto siglo d.C. Tiene dos propósitos principales: (1) Rastrear el desarrollo del trinitarismo y (2) encontrar y evaluar la evidencia de las creencias de la unicidad durante este periodo de tiempo.

La controversia trinitaria en el Cuarto Siglo, es una secuencia del libro Unicidad y Trinidad 100-300 d.C. por David K. Bernard, que Word Aflame Press publicó en 1991. Ese libro se basa en la evidencia respecto a las creencias y desarrollos doctrinales durante los siglos segundo y tercero. (Ver el capítulo 11 de Unicidad y Trinidad para las conclusiones). También supone que el lector entiende la doctrina de la Unicidad y cómo ésta difiere del trinitarismo. (Para una explicación, vea el capítulo 1 de Unicidad y Trinidad. Para un tratamiento bíblico completo, vea La Unicidad de Dios por David K. Bernard).

Este libro es una expansión de un documento dado en el Simposio Sobre el Pentecostalismo Unicitario en enero de 1992, en San Luis, Misuri, titulado: “De Nicea a Constantinopla: La Controversia Trinitaria en el Cuarto Siglo”. Debido a la naturaleza del tema y el foro original de su presentación, algunos de los términos en este libro son técnicos y  especializados. Para ayudar a la comprensión del lector, se ha incluido un glosario.

La historia no puede alterar o reemplazar la verdad bíblica, ni puede establecer o repudiar la doctrina apostólica. La clara enseñanza de la Escritura debe ser la única base para nuestra creencia y práctica. Mi esperanza es que esta investigación histórica ayudará al lector a superar la tradición no bíblica, viendo la Palabra de Dios más claramente.


Capítulo 1. El Camino a Nicea

En la Edad Católica Antigua (c. 170 al 325 d.C.), la cristiandad se desplazó desde la creencia bíblica en un Dios hacia una forma de trinitarismo. [1] Los trinitarios de aquella época, dividieron la personalidad de Dios en una manera triteísta, y negaron la deidad completa de Jesucristo subordinando a la segunda persona de su trinidad ante la primera persona. [2]

Para el año 300, una forma de trinitarismo y el bautismo trinitario se habían vuelto dominantes en la cristiandad, pero el trinitarismo ortodoxo tal y como lo conocemos hoy, aún no se había formulado claramente ni se había establecido sólidamente. Explicaremos cómo tal formulación se produjo en el siglo cuarto, centrándonos en este proceso particularmente en los dos concilios ecuménicos cruciales: el Concilio de Nicea del año 325 d.C. y el Concilio de Constantinopla del año 381 d.C.

Durante los siglos segundo y tercero, la mayoría de los cristianos afirmaron la absoluta unicidad de Dios y la deidad completa de Jesucristo, y no pensaron en categorías trinitarias. [3] Genéricamente, podemos etiquetar a esta creencia por el término de modalismo. El maestro más destacado del modalismo durante el siglo tercero fue Sabelio, quien sostuvo que el Padre, el Hijo y el Santo Espíritu son modos (designaciones, manifestaciones, no personas) del único Dios, y que Jesús es la encarnación de la deidad indivisa. [4]

Según la opinión de prominentes historiadores de la iglesia como Adolph Harnack, el modalismo fue una vez el punto de vista mayoritario y el rival más importante del trinitarismo alrededor de  los años  180 al 300 d.C. [5] Aunque “el proceso es bastante oscuro”, [6] parece que hacia el final del tercer siglo, la mayoría de los líderes de la iglesia habían rechazado al modalismo a favor de una distinción personal entre Dios el Padre y Jesucristo. Sin embargo, la naturaleza de esta distinción no estaba clara.

Los apologistas griegos, destacados filósofos y escritores cristianos del siglo segundo, habían hablado de Jesús principalmente como el Logos (la Palabra). Ellos en general, vieron al Logos como una segunda persona divina subordinada al Padre. Llamaron a ambas personas Dios, pero no vieron al Logos como coigual o coeterno con el Padre.

Tertuliano y Orígenes fueron los principales formadores de opinión durante el siglo tercero, aunque la iglesia institucional finalmente los había condenado como herejes. Ellos discutieron a favor de una trinidad de personas en la deidad, pero ellos también subordinaron a Jesús ante el Padre. Sin embargo, de alguna manera se acercaron a la formulación trinitaria posterior: Tertuliano al hacer hincapié en que las tres personas son de una sola sustancia, y Orígenes al presentar la doctrina de que el Padre y el Hijo fueron coeternos.

Alrededor del 318 estalló una controversia en Alejandría, Egipto, sobre la naturaleza de la segunda persona. El conflicto surgió sobre las enseñanzas de Arrio (280?-336), un presbítero (predicador) en Alejandría, quien derivó gran parte de su pensamiento de su maestro, Luciano de Antioquía.

Al igual que los cristianos de los primeros tiempos, Arrio enfatizó la unicidad absoluta de Dios, usando pasajes bíblicos como Deuteronomio 6:4, y por lo tanto rechazó el trinitarismo pensando que éste se estaba volviendo predominante. Sin embargo, al igual que los trinitarios utilizó una fórmula bautismal triple, y creyó que Jesús es una segunda persona llamada el Logos o Hijo. Su forma de reconciliar estos puntos de vista conflictivos, fue negando que Jesús sea Dios. Él sostuvo, en palabras de Louis Berkhof, que el Hijo fue “creado a partir de la nada antes de que el mundo fuera llamado a la existencia, y por esa misma razón no era eterno ni de la esencia divina”. [7] Para Arrio, Jesús fue el primero y el más exaltado ser creado, el agente supremo de Dios, en efecto un semidiós. Hoy en día, los Testigos de Jehová abrazan esencialmente este punto de vista.

La opinión de Arrio era similar a la de los apologistas griegos del siglo segundo, y a la de los monarquianos dinámicos, un grupo disidente del siglo tercero. Esta era una extensión lógica de la idea de subordinación que era inherente al trinitarismo hasta ese momento, porque reconocía que Jesús era divino pero no deidad.

Aunque Arrio fue devoto del monoteísmo, se opuso con vehemencia al modalismo (sabelianismo), y “protestó contra lo que él creyó que era el sabelianismo de su obispo Alejandro”. [8] Objetó el énfasis de Alejandro en la deidad de Cristo, aunque Alejandro era en realidad un trinitario en lugar de un modalista.

La causa inmediata de la disputa entre ellos, fue la interpretación que Arrio hacía de Proverbios 8:22-31, un pasaje que personifica a la sabiduría como un atributo de Dios. Comenzando con los apologistas del siglo segundo, los teólogos identificaron comúnmente a la sabiduría en Proverbios como una segunda persona divina, el Hijo-Logos. El versículo 22 dice: “Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras”. Dado que la palabra hebrea traducida como “poseía” puede significar “creado” o “manifestado”, Arrio interpretó el pasaje para significar que Dios creó al Hijo en cierto punto del tiempo antes de la creación del mundo.

En el 321, Alejandro convocó a un sínodo en Alejandría, que excomulgó a Arrio y a sus colegas. Sin embargo, Arrio obtuvo el apoyo del Obispo Eusebio de Nicomedia, y continuó la controversia. Tanto Alejandro como Arrio, reclutaron a varios obispos en sus respectivos bandos, y la disputa amenazaba con perturbar a la iglesia cristiana a lo largo del Imperio Romano.

La noticia de la controversia llegó hasta el emperador Constantino, quien tenía poco interés o comprensión del crucial tema teológico que estaba en juego, a saber la deidad de Jesús, pero sí estaba preocupado de que la disputa pudiera causar división en su imperio. Constantino se había dado cuenta de que el paganismo estaba muriendo, y que solo el cristianismo podía proporcionar la unidad religiosa, cultural y filosófica necesaria para su diverso imperio. En el 313, después de haber derrotado a su rival Majencio en el 312, él y su coemperador Licinio, concedieron la libertad de culto a los cristianos. En el 324 derrotó a Licinio, se convirtió en el único emperador romano, y ese mismo año abrazó públicamente al cristianismo. Sin embargo, retrasó su bautismo como cristiano hasta poco antes de su muerte en el año 337, confiado en la teoría de que él podría seguir pecando para recibir la remisión de sus pecados al final. Como un ejemplo de su moral, en el año 326 ejecutó a su hijo, a su sobrino y a su esposa, por razones que no están claras.

Will Durant explicó los intereses políticos de Constantino:

“Poco le importaban las diferencias teológicas que agitaban a la cristiandad, aunque estaba dispuesto a suprimir la disidencia en interés de la unidad imperial. A lo largo de su reinado trató a los obispos como sus ayudantes políticos; los convocó, presidió sus concilios, y acordaron hacer cumplir cualquier opinión que la mayoría formulara… El cristianismo era para él un medio, no un fin”. [9]

Walter Nigg concluyó de manera similar. “Constantino… trató a las cuestiones religiosas únicamente desde un punto de vista político”. [10]

Inicialmente, Constantino buscó resolver la disputa entre Arrio y Alejandro apelando a ambas partes a perdonarse los unos a los otros y buscar la paz y la unanimidad. Les dijo que la controversia era “de una naturaleza verdaderamente insignificante, totalmente indigna de semejante enconada contención”, “una cuestión improductiva”, que “en primera instancia era equivocado proponerla” y era un “caso muy sublime y abstruso”. [11]

Finalmente, se dio cuenta de que el problema no podía ser resuelto tan fácilmente. A instancias de su cercano asesor, el obispo Osio de Córdoba, convocó al primer concilio ecuménico de la cristiandad post-apostólica para tratar el asunto, y pagó los gastos de los delegados.


Capítulo 2. El Concilio de Nicea

El concilio se reunió en el año 325 en Nicea (también conocido como Nicaea; ahora Íznik, Turquía), una encrucijada de comercio en Bitinia (al noroeste de Asia Menor) a treinta y dos millas de la corte imperial en Nicomedia. Asistieron alrededor de 250 o 300 obispos, [12] que eran alrededor de la sexta parte del número total en la cristiandad, y casi todos ellos eran de las tierras de habla griega que bordeaban el Mediterráneo oriental. Solo asistieron siete delegados occidentales, incluidos dos representantes del obispo de Roma quien no estuvo presente. Cada obispo tenía a varias personas en su séquito, por lo que el número total de asistentes fue aproximadamente de mil quinientos a dos mil personas. El concilio duró alrededor de seis semanas.

Constantino dio apertura al concilio en su residencia de verano, como presidente honorario. Su consejero Osio, el delegado occidental más prominente, se desempeñó como presidente. El obispo Eusebio de Cesarea, se sentó a la mano derecha del emperador, que era una posición de honor.

Pronto se hicieron evidentes tres facciones. La primera fue la de los homoousianos, que fueron una minoría liderada por Alejandro de Alejandría y Atanasio (300? -373). Atanasio era ayudante de Alejandro y más tarde llegó a ser su sucesor como obispo. Aunque Atanasio era un hombre joven (de alrededor de unos 25 años) y de bajo rango eclesiástico (archidiácono), se convirtió en el adalid de esta facción debido a su brillantez, su elocuencia y a su decisivo liderazgo en la era postnicena. Los Homoousianos argumentaron que el Padre y el Hijo eran homoousios, o “de la misma sustancia”, y para apoyar este punto de vista, Alejandro y Atanasio defendieron la generación eterna del Hijo como fue enseñada por Orígenes.

Una segunda facción fue la minoría arriana, que fue dirigida por el obispo Eusebio de Nicomedia y Arrio. Eusebio propuso un credo arriano, que fue firmado por dieciocho obispos, y que el concilio rechazó de inmediato. Los arrianos encontraron apoyo en algunas declaraciones de Orígenes, que indicaban que el Hijo era de diferente sustancia a la del Padre.

El tercer grupo, que eran la mayoría, no entendían el problema del todo, pero querían la paz. En general, tomaron una posición intermedia, pero es difícil caracterizarlos a ellos como un todo. Philip Schaff explicó: “Muchos de ellos tenían un instinto ortodoxo, pero poco discernimiento; otros eran discípulos de Orígenes, o preferían la simple expresión bíblica en vez de una terminología escolástica; otros no tenían convicciones firmes, sino solo opiniones inciertas”. [13] Muchos de ellos fueron reacios en condenar a Arrio o de adoptar la posición homoousiana. Muchos parecían abrazar las dos hebras de la enseñanza de Orígenes: que el Hijo es una segunda persona eterna en la deidad y que el Hijo está subordinado al Padre. Debido a estas opiniones, a veces los historiadores caracterizan a muchos de los de este grupo como semiarrianos u origenistas.

El obispo Eusebio de Cesarea, un líder de este tercer grupo, propuso un credo de compromiso que era utilizado como una confesión bautismal en su ciudad. Éste simplemente decía que Jesús es “la Palabra de Dios, Dios de Dios… el primogénito de todas las criaturas, engendrado del Padre antes de todos los tiempos”. [14] La mayoría de los obispos estaban contentos con esta fórmula, Constantino la aprobó, y los arrianos estuvieron dispuestos a suscribirse a la misma, pero Alejandro y Atanasio la objetaron fuertemente, por eso no se resolvió el problema en cuestión.

Finalmente Constantino, quien deseaba obtener la mayor unanimidad posible en la decisión, y evidentemente motivado por Osio, abogó por la inclusión de la palabra clave: homoousios. Este término contaba con una historia accidentada. Se había originado con el gnóstico Valentín, según fue citado por Ireneo. Orígenes lo usó de una manera trinitaria, mientras que algunos Sabelianos lo usaron contra el trinitarismo. En un sínodo en Antioquía, que fue celebrado en el año 264, y que depuso a Pablo de Samosata que era un monarquiano dinámico, los seguidores de Orígenes condenaron este término debido al uso que le dio Pablo. [15]

La palabra era inaceptable para los arrianos. Los origenistas también estaban incómodos con ésta, porque para ellos implicaba sabelianismo, a saber, que en cuanto a su deidad Jesús fue en realidad el Padre mismo. [16] Algunos de ellos propusieron en cambio la palabra homoiousios, que significa “de sustancia similar”. La diferencia entre las dos posiciones era literalmente una iota, una letra griega.

Al final, prevaleció la posición de Atanasio. Osio anunció una versión modificada del credo de Eusebio de Cesarea, que incluyó el lenguaje requerido por el grupo de Atanasio, y el concilio lo adoptó. Otto Heick concluyó sobre Atanasio diciendo que “En Nicea su elocuencia fue tan convincente, que la pequeña minoría de los homoousianos prevaleció sobre la gran e influyente mayoría de arrianos y semiarrianos”. [17]

La intervención de Constantino también fue decisiva. Según Berkhof, “después de un debate considerable, el emperador finalmente lanzó el peso de su autoridad sobre la balanza, y por lo tanto aseguró la victoria para el partido de Atanasio”. [18]

Constantino hizo cumplir la decisión del concilio amenazando con desterrar a todos los disidentes. Al final, solo Arrio y dos obispos se negaron a firmar el credo aprobado por el concilio, y se fueron para el exilio. Otros dos obispos, incluido Eusebio de Nicomedia, se negaron a firmar la cláusula condenatoria adjunta y fueron depuestos. Pero como lo señaló Jaroslav Pelikan, autor de la historia de la iglesia más exhaustiva en el siglo XX, “Todo el resto saludó al emperador, firmó la fórmula, y siguieron enseñando como siempre lo habían hecho. Para el caso de la mayoría de ellos, esto significaba una doctrina de Cristo que estaba en algún lugar entre la de Arrio y la de Alejandro”. [19]

El concilio también decidió sobre varios asuntos de la disciplina de la iglesia y el clero, y estableció un método uniforme para determinar la fecha de la Pascua. Algunos obispos propusieron una regla de celibato para todos los predicadores, incluyendo a los hombres casados. El concilio decidió que los hombres que se habían casado antes de ingresar al ministerio, podrían continuar viviendo con sus esposas, pero que los hombres solteros no se debían casar después de la ordenación.

El Concilio de Nicea tiene un significado histórico inmenso como (1) el primer concilio ecuménico de la cristiandad post-apostólica, (2) el primer paso oficial (pero no el definitivo) en la formulación del trinitarismo ortodoxo, y (3) el primer desarrollo en la fusión de la iglesia y el Estado. El emperador romano pronunció los decretos del concilio como divinamente inspirados, los promulgó como leyes del imperio, y castigó la desobediencia con la muerte. Por primera vez un gobernante político convocó a un concilio eclesiástico, se convirtió en un factor decisivo para determinar la doctrina, e instituyó un credo eclesiástico. Por primera vez la cristiandad adoptó un credo escrito aparte de las Escrituras, e hizo obligatoria la suscripción a éste. Y por primera vez el Estado infligió sanciones civiles a las personas que no se ajustaran al dogma de la iglesia.


Capítulo 3. La Fórmula Nicena Original

Debido a su importancia histórica, es importante examinar lo que realmente aprobó el Concilio de Nicea. La fórmula nicena original, no es el Credo de Nicea que se usa hoy en día. Ésta decía:

“Creemos en un Dios, el Padre omnipotente, creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles.
Y en un solo Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre; es decir, de la esencia del Padre. Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consubstancial [homoousios] al Padre; por quien todas las cosas fueron hechas en el cielo y en la tierra, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió y se encarnó, y fue hecho hombre, padeció y resucitó al tercer día, subió a los cielos y de allí él vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.
Y en el Espíritu Santo.
Pero la iglesia católica santa y apostólica anatematiza a aquellos que dicen que “hubo un tiempo cuando él no existía” y que “él no existía antes de que fuera hecho”; y que “él fue hecho de la nada”, o que “él es de otra sustancia” o “esencia”, o que “el Hijo de Dios es creado” o “modificable” o “alterable”. [20]     

Si bien esta confesión fue triple, no fue explícitamente trinitaria, porque no decía eso de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas distintas. Más bien, su propósito fundamental fue el de afirmar la deidad de Jesucristo contra los arrianos. Las palabras “de la esencia del Padre” (ek tes ousias tou patros) y “consubstancial al Padre” (homoousion to patri), refutan claramente al arrianismo, y la cláusula condenatoria pronuncia un anatema contra varias formulaciones arrianas.

Sin embargo, este credo no tomó una posición clara relativa al modalismo, porque sus frases claves permitían una interpretación sabeliana. Mientras que Atanasio mismo no quiso darles un sentido sabeliano, muchos firmantes tuvieron sus reservas sobre el credo, porque precisamente parecía demasiado sabeliano. Si bien no hubo un grupo sabeliano organizado en el concilio, es plausible que algunos obispos que se adhirieron al credo eran esencialmente modalistas en su pensamiento. Como señaló Archibald Robertson en Los Padres Nicenos y Postnicenos, el Concilio de Nicea no se distinguió claramente del modalismo. [21]

La frase “Dios de Dios… Dios verdadero de Dios verdadero”, puede implicar a dos personas divinas, pero también se puede entender refiriéndose simplemente a la encarnación. A partir de una perspectiva de la unicidad, quizás la frase más cuestionable sea el anatema para aquellos que dicen que el “Hijo de Dios” es “modificable” o “alterable”, ya que implica la doctrina del Hijo eterno. Los modalistas y creyentes unicitarios, estarían de acuerdo en que “la Palabra” o “la deidad de Jesús” no es modificable o alterable, lo que es la intención de la declaración, pero técnicamente argumentarían que “el Hijo” se refiere a la encarnación y así tuvo un comienzo. [22] Aunque esta frase no fue parte del credo en sí, el credo afirma fuertemente la deidad de Jesús; y como la intención del credo era condenar la posición arriana, entonces un pensador modalista que se encontrara en el concilio probablemente habría tenido poca dificultad con esto.

Irónicamente, otra frase en el mismo anatema no armoniza con el trinitarismo moderno, pues condena a aquellos que dicen que el Hijo es de otra “sustancia” o “esencia”, usando dos palabras griegas que básicamente eran sinónimos en ese momento: hipóstasis y ousia. Pero como se verá adelante, la formulación trinitaria oficial del tardío siglo cuarto, es: “una ousia (sustancia) y tres hipóstasis (personas)”. Por supuesto, los participantes de Nicea no usaron estos términos en su sentido técnico posterior, pero si la terminología de la fórmula de Nicea es inconsistente con la unicidad moderna, también es inconsistente con el trinitarismo moderno.


Capítulo 4. La Controversia Post-Nicena

En retrospectiva, Nicea fue un hito en la historia, pero en ese momento no se resolvió nada. La controversia arriana continuó sin disminución; de hecho, se intensificó. Los siguientes cincuenta años fueron una batalla oscilante entre los atanasianos y los arrianos, y durante gran parte de este tiempo los arrianos parecían prevalecer. Los factores políticos, eclesiásticos y teológicos, fueron todos parte integral de la controversia, así como de su resultado final.

En la arena política, los arrianos convencieron a Constantino para que reabriera el asunto. Arrio envió al emperador una carta conciliadora, con una confesión de fe ambigua que lo satisfizo. A instancias de Constantino, otro concilio celebrado en Nicea en el año 327, pronunció que Arrio y Eusebio de Nicomedia eran ortodoxos. En el año 328, Eusebio de Nicomedia regresó del exilio y fue uno de los consejeros del emperador. De hecho, el obispo arriano Eusebio fue quien bautizó a Constantino en el año 337.

Constantino convocó a un concilio en Tiro en el año 335, el cual revirtió el Concilio de Nicea, depuso a Atanasio (quien se había convertido en el obispo de Alejandría en el año 328), lo envió al exilio, y reinstaló a Arrio. Eusebio de Cesarea jugó un papel principal en este concilio; de acuerdo con Epifanio, él lo presidió. La noche antes de que Arrio fuera oficialmente aceptado en comunión en la iglesia de Constantinopla, murió a sus ochenta años de un ataque como el cólera, mientras atendía a un llamado de la naturaleza. Atanasio consideró que este evento era el juicio de Dios, y circuló una historia espantosa sobre la forma de su muerte, comparándola a la de Judas.

Cuando Constantino murió en el año 337, sus tres hijos le sucedieron, y les permitieron a los obispos exiliados, incluido Atanasio, que regresaran. En occidente, Constantino II y Constante siguieron la doctrina de Nicea, que prevaleció allí; en el este, Constancio fue un fuerte defensor del arrianismo, el cual prevaleció allí.

En el año 339, Eusebio de Nicomedia se convirtió en obispo de Constantinopla, la capital imperial, y los arrianos dominaron la ciudad por los próximos cuarenta años. Atanasio fue depuesto una segunda vez y huyó a Roma, cuyo obispo lo apoyó a él.

Obispo se enfrentó contra obispo, concilio contra concilio, credo contra credo. Los enfrentamientos entre las facciones rivales resultaron con frecuencia en derramamiento de sangre. Por ejemplo, tres mil personas murieron en un motín en Constantinopla  a causa del nombramiento imperial de un obispo arriano. Will Durant comentó: “Probablemente más cristianos fueron masacrados por cristianos en… dos años (342-3), que por todas las persecuciones de cristianos por paganos en la historia de Roma”. [23]

En el año 353, Constancio se convirtió en el único gobernante pues sus dos hermanos fueron eliminados en la guerra, y el imperio se convirtió oficialmente en arriano. Atanasio fue exiliado una vez más, y bajo coacción, el anciano Osio firmó un credo arriano. Liberio, obispo de Roma, fue depuesto y reemplazado por Félix II, un arriano. Liberio firmó un credo arriano para recuperar su posición, pero luego regresó al punto de vista de Nicea.

Los victoriosos arrianos pronto se dividieron en facciones, lo que los condujo a su ruina. Los extremistas siguieron las implicaciones lógicas de la posición de Arrio, y dijeron que Cristo era “de una sustancia diferente” (heterousios) a la del Padre, o “diferente” (anomoios) al Padre siendo falible y capaz de pecar. La mayoría dijo que era “como” (homois) el Padre. Algunos estuvieron dispuestos a decir que Cristo era homoiousios con el padre, lo que significa “de sustancia similar” o “parecido en todos los aspectos”. Estos a veces son llamados semiarrianos, pero Atanasio percibió que en realidad estaban más cerca de la posición de Nicea que del arrianismo, y les hizo propuestas conciliatorias. La formulación doctrinal de los tres capadocios, proporcionó una base para el acuerdo, y aunque Atanasio murió en el año 373, la alianza resultante condujo al triunfo final de sus puntos de vista básicos en el Concilio de Constantinopla en el año 381.


Capítulo 5. El Rol de Atanasio

Los historiadores dan mucho crédito a la victoria de la posición de Nicea, por la personalidad de Atanasio. Él fue exiliado no menos de cinco veces, pero se mantuvo firme en sus convicciones. Citando su firmeza a través de todas las batallas teológicas, Durant dijo: “Por él, sobre todo, la Iglesia debe su doctrina de la Trinidad”. [24] De la misma manera, Heick dijo: “El factor decisivo en la victoria del homoousianismo, fue la determinación inflexible de Atanasio durante un larga vida de persecución y opresión”. [25]

Atanasio presentó cuatro argumentos principales para la verdadera deidad de Cristo. Primero, las Escrituras enseñan claramente la deidad de Jesús. Algunas de sus pruebas favoritas fueron Juan 10:30; 14:9; 14:10. En segundo lugar, los cristianos siempre han adorado a Jesús. Tercero, el plan de salvación lo requiere. Solamente si Jesús es verdaderamente Dios, puede salvarnos. Solo si él es a la vez Dios y hombre, puede unir a la humanidad con Dios. Finalmente, Atanasio usó la filosofía griega para argumentar que el Logos debe participar en la esencia de Dios.

Para contrarrestar los argumentos arrianos que utilizaban los versículos de la Escritura donde Cristo es presentado como inferior al Padre, Atanasio dijo constantemente que dichos ejemplos bíblicos, tales como la oración de Cristo en el Getsemaní y la declaración de que el Hijo no sabía todas las cosas, estaban relacionados solamente con la humanidad de Cristo, no con su divinidad. Él interpretó el texto arriano clave, Proverbios 8:22, como una referencia al plan preordenado para la encarnación: “Es cierto decir que el Hijo también fue creado, pero esto tuvo lugar cuando se hizo hombre; pues la creación le pertenece al hombre”. [26]  Explicó que cuando la Biblia dice que Cristo está a la diestra del Padre, significa que “La deidad del Padre es la misma que la del Hijo”, y en este sentido, el Padre también está a la mano derecha del Hijo. “El Hijo reina en el reino de su Padre, está sentado sobre el mismo trono que el Padre, y es contemplado en la deidad del Padre”. [27]

Atanasio dijo: “La deidad del Padre pasa al Hijo sin flujo y sin división”. [28] Además, “la plenitud de la deidad del Padre es el Ser del Hijo, y el Hijo es Dios completo… La deidad del Hijo es la del Padre, y está en el Hijo… porque en el Hijo está contemplaba la deidad del Padre”. [29]

En una analogía modalista, Atanasio comparó al Padre y al Hijo con el emperador romano y la imagen del emperador. Así como adorar la imagen del emperador es adorar al mismo emperador, entonces adorar al Hijo es adorar el Padre, porque el Hijo es la imagen del Padre. De forma similar, comparó al Padre y al Hijo con la luz y el resplandor de la luz.

Por otro lado, Atanasio insistió en diferenciar a las tres personas, y basado en Mateo 28:19, abogó por una triple fórmula bautismal. Para distinguir al Padre del Hijo, los comparó con una fuente y un río producido desde esa fuente. La misma agua está presente en ambos, pero la fuente no es el río, ni el río es la fuente. No están separados, y sin embargo son dos objetos visibles y tienen dos nombres.

La principal preocupación de Atanasio era la de reivindicar la deidad de Jesucristo. Él creyó que el Padre y el Hijo son dos personas distintas, pero no pudo expresar satisfactoriamente dicha distinción ante sus oponentes debido a su exaltación de Cristo.


Capítulo 6. El Rol del Modalismo

Aunque a finales del siglo tercero el modalismo ya no era aceptado mayoritariamente, tuvo gran importancia en los debates del siglo cuatro. Para este momento, los teólogos contaban solamente con una comprensión superficial del modalismo. Atanasio, por ejemplo, pensó que podría refutar el sabelianismo, al simplemente demostrar la humanidad de Cristo y al mostrar que Él era el Hijo. [30] Aunque Atanasio denunció al sabelianismo, sus oponentes, tanto en Nicea como después, objetaron que su formulación abogaba por el sabelianismo. Este cargo, fue quizás la razón principal por la cual los arrianos fueron tan exitosos para encender tan grande controversia después de Nicea. [31]

De hecho, algunos miembros del partido de Nicea aparentemente eran modalistas, lo que dio credibilidad a las acusaciones de los arrianos y los semiarrianos. Un sínodo celebrado en Antioquía en el año 330, depuso a Eustaquio, obispo de Antioquía, bajo la acusación de sabelianismo, y un sínodo realizado en Constantinopla en el año 336, depuso a Marcelo, obispo de Ancira, por los mismos cargos. Ambos hombres fueron acérrimos oponentes del arrianismo, amigos personales de Atanasio, y líderes homoousianos en el Concilio de Nicea.

No podemos estar seguros de las verdaderas opiniones de Eustaquio, pero parece que él y muchos cristianos de Antioquía eran de hecho modalistas en sus creencias. [32] Él atacó las enseñanzas de Orígenes, Arrio y Eusebio de Cesarea.

Marcelo abogó claramente por los puntos de vista modalistas. Él afirmó fuertemente el monoteísmo, sostuvo que el Logos no era una persona distinta, sino que era eternamente inmanente en Dios, rechazó la generación eterna del Hijo, enseñó que el término Hijo se refiere solamente a la encarnación, y dijo que el Padre estaba en Cristo. [33] Archibald Robertson lo describió como “un representante de la teología tradicional de Asia Menor, como la encontramos en Ignacio e Ireneo… [participando de] un conservadurismo arcaico similar al ‘modalismo ingenuo’ de la Iglesia primitiva. [34] Sin embargo, su alumno Fotino, obispo de Sirmio, viró en dirección al monarquianismo dinámico, hablando de Cristo como un hombre deificado por el Logos que habitó en él.

Atanasio defendió vigorosamente tanto a Eustaquio como a Marcelo. [35] Para él, todos los que se oponían a Arrio eran partidarios de la posición de Nicea. [36] Julio, el obispo de Roma, apoyó tanto  a Atanasio como a Marcelo, acogiéndoles a ambos durante su exilio. Un concilio en Serdica, (la moderna Sofía, en Bulgaria) celebrado en el año 343, catalogó a Marcelo como ortodoxo.

De acuerdo con Hilary, Atanasio sin embargo habló finalmente en contra de Marcelo. Atanasio también informó que un concilio realizado en Sirmio en el año 351, pronunció anatemas contra los siguientes puntos de vista modalistas: el Hijo fue antes de María solamente en el conocimiento previo de Dios; el Hijo es la mente o la Palabra pronunciada de Dios; en Génesis 1:26 Dios estaba hablando consigo mismo en vez de hablarle al Hijo; Jacob luchó con el Dios no-generado en lugar de con el Hijo; Génesis 19:24 no habla del Padre y del Hijo; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una sola persona; y el Espíritu Santo es el Dios no-generado. [37] Una tradición dice que en su vejez, Marcelo confesó la trinidad eterna y a la persona del Hijo preexistente. [38]

La Cuarta Oración Contra los Arrianos por Pseudo-Atanasio, busca refutar los puntos de vista modalistas, aparentemente aquellos que eran retenidos por Marcelo y sus seguidores. [39] Habla contra aquellos que usan a Juan 10:30 para enseñar que “las dos cosas son uno, o que el uno tiene dos nombres” (9). Registra tres puntos de vista en contra de la doctrina del Hijo eterno: “Algunos dicen que el hombre que el Salvador asumió es el Hijo; y otros que tanto el hombre y la Palabra se convirtieron en el Hijo, cuando se unieron. Y otros dicen que la misma Palabra se hizo Hijo cuando se hizo hombre” (15). El autor afirmó que la Palabra es el Hijo eterno, y negó que Dios sea el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo solamente en el sentido de operar diferentes roles (25).

Eusebio de Cesarea, un líder semiarriano después del Concilio de Nicea, el primer historiador de la iglesia, y el biógrafo adulador de Constantino, fue motivado por un fuerte antisabelianismo. Al explicar la oposición de Eusebio contra Atanasio, Arthur Cushman declaró:

“El sabelianismo estuvo en el principio, y se mantuvo a lo largo de su vida como la herejía que él más temía, y sobre la que quizás tenía más razones para temer. Él tuvo, incluso en el Concilio de Nicea, que sospechar de Atanasio, quien puso tanto énfasis en la unidad de la esencia del Padre y el Hijo, como inclinado hacia los principios sabelianos; y esta sospecha debe haber aumentado cuando descubrió, como él creía, que el partidario más firme de Atanasio, Eustaquio, era un genuino sabeliano. [40]

Aunque Eusebio firmó la fórmula de Nicea, la interpretó contraria a su intención. Sostuvo que “de una sustancia con el Padre” significaba que “el Hijo era desde el Padre, sin embargo, no parte de su esencia… que el Hijo de Dios no se parece a las criaturas originadas, sino que solo a su Padre que lo engendró Él es similar en toda forma… [El Hijo] era de una esencia… generado por el Padre”. [41] Habló de “dos esencias”, diciendo que Jesús tenía una “segunda esencia” y que era “otro Dios”, un “segundo Dios” y un “segundo Señor”. [42]

No mucho antes del Concilio de Constantinopla en el año 381, Basilio, obispo de Cesarea, habló de un renacimiento del sabelianismo. [43] El Canon 7 de dicho concilio, confirmó la existencia de muchos modalistas en su día y rechazó su bautismo. Significativamente, Basilio reconoció que algunos modalistas apelaron al lenguaje del Concilio de Nicea para apoyar sus puntos de vista. [44]

Basilio denunció a Sabelio como un ateo, un hereje, y un insano. Como veremos, Basilio defendió el bautismo trinitario apelando a Mateo 28:19, y rechazó la idea de que éste versículo se refiere a un nombre en lugar de tres. Es probable que con esto, estuviera respondiendo a personas que en su tiempo bautizaban en el nombre de Jesucristo.

Claramente entonces, algunas personas del siglo cuarto abrazaron el punto de vista modalista. Estos fueron algunos de los más vigorosos oponentes del arrianismo, y como resultado, se aliaron originalmente con el partido de Atanasio. Esta asociación con el modalismo, que algunas veces es solo percibida y algunas veces es real, ocasionó que los semiarrianos atacaran a la fórmula nicena. Sin embargo, eventualmente los atanasianos pudieron triunfar al ganarse para su lado a los semiarrianos, y las personas con ideas modalistas fueron aisladas y rechazadas.


Capítulo 7. El Debate Sobre el Espíritu Santo

El debate sobre el Padre y el Hijo, eventualmente se extendió al Espíritu Santo. Durante la mayor parte del siglo cuarto, el estatus del Espíritu Santo no estaba claro en las mentes de muchos. Tan tarde como el año 380, Gregorio Nacianceno escribió que entre los defensores de Nicea “algunos lo han concebido como una actividad, algunos como una criatura, algunos como Dios; y algunos no sabían cómo llamarlo”. [45] Los arrianos hablaron de tres personas divinas, citando a Mateo 28:19, pero para ellos, solo el Padre era Dios, y el Hijo y el Espíritu eran seres creados menores. De manera similar, Macedonio, obispo de Constantinopla, enseñó que el Espíritu era una criatura subordinada, y él tuvo muchos seguidores.

Atanasio fue el primer teólogo en dedicar una extensa atención al Espíritu Santo como una persona distinta, y así fue el primero en desarrollar una teología verdaderamente trinitaria. El usó a Mateo 28:19 para apoyar su punto de vista.

Los tres Capadocios también fueron poderosos defensores de la personalidad y la deidad distintas del Espíritu Santo. Gregorio Nacianceno afirmó que la deidad del Espíritu Santo estuvo originalmente escondida de los discípulos, pero  que gradualmente fue revelada a la iglesia. Citando a Juan 16:12-13, aseguró que el Señor no podía enseñarles todo a sus discípulos, pero prometió que el Espíritu Santo les guiaría hacia toda la verdad. De acuerdo con Gregorio, una de las verdades que el Espíritu Santo reveló posteriormente, fue la personalidad y la deidad propias del Espíritu. [46]

La definición de la trinidad por parte de los Capadocios, condujo finalmente a las controversias sobre el Hijo y el Espíritu. Pasaremos ahora a un examen de sus puntos de vista.


Capítulo 8. La Formulación Capadocia

La provincia de Capadocia en el Asia Menor, produjo a tres prominentes teólogos nacidos después de Nicea, quienes diseñaron el dogma trinitario que finalmente prevaleció: Basilio (330? - 379), obispo de Cesarea; su hermano menor Gregorio (335? - 394), obispo de Nisa; y su cercano amigo, Gregorio Nacianceno (murió en el 390), quien sirvió por un corto tiempo como obispo de Constantinopla. Con la ayuda de los prevalecientes conceptos filosóficos griegos, refinaron la terminología del trinitarismo atanasiano para hacerlo aceptable de manera amplia. Su síntesis doctrinal es la base del trinitarismo de hoy.

La clave de su formulación fue una distinción entre persona y sustancia. El filósofo griego Platón, enseñó que todo en el mundo físico era una proyección particular de una forma ideal intangible o universal en el mundo de las ideas, que era el mundo real. Por lo tanto, cada persona era una expresión individual del ideal eterno e inmutable de la humanidad.

Los capadocios aplicaron este concepto a la deidad, haciendo una distinción entre dos palabras griegas, hipóstasis y ousia, que hasta ahora significaban ser, sustancia o esencia. Explicaron que la deidad consistía de una esencia o sustancia (ousia) pero que subsistía en tres particularizaciones individualizadas (hipóstasis). La fórmula latina equivalente era una substantia y tres personae, terminología que Tertuliano ya había acuñado en el siglo tres. En español se convirtió en una sustancia y tres personas. Como alternativa, los capadocios permitieron el uso de prósopon por persona, pero este término no fue tan atractivo, ya que originalmente significaba cara, semblante, o máscara, y Sabelio lo había usado para significar manifestación o función.

La fórmula de Capadocia superó la renuencia de muchas personas a las que no les gustaba homoousios (“de la misma sustancia”), porque esto sonaba a sabeliano. Atanasio había intentado disipar los temores de estos semiarrianos etiquetando a los sabelianos como monoousios (“una sustancia”), pero esta terminología no parecía hacer alguna diferencia. Hasta el final, Atanasio se aferró tercamente al lenguaje de Nicea, equiparando ousia e hipóstasis. Argumentó que tres prósopa no hacían suficiente distinción, pero tres hipóstasis hacían una distinción demasiado grande. Después de todo, los arrianos eran aficionados en hablar de tres hipóstasis, y contra ellos el Concilio de Nicea había dicho que el Padre e Hijo tienen la misma hipóstasis.

Finalmente, Atanasio aceptó a regañadientes que la fórmula de los capadocios era aceptable. Él presidió un Concilio en Alejandría en el año 362, que condenó tanto al sabelianismo como al arrianismo, abogó por el uso del lenguaje de Nicea, pero también reconoció que el lenguaje de las tres hipóstasis era ortodoxo. Comentando sobre este concilio, Gregorio Nacianceno explicó:

“Usamos en un sentido ortodoxo los términos una Esencia y tres Hipóstasis; el uno denota la naturaleza de la deidad, el otro las propiedades de los Tres. Los italianos entienden lo mismo, pero debido a la escasez de su vocabulario y a su pobreza de términos, son incapaces de distinguir entre Esencia e Hipóstasis, y por lo tanto introducen el término Personas [prósopa], para evitar ser interpretados como afirmando tres Esencias… El sabelianismo fue sospechoso en la doctrina de tres personas, y el arrianismo en el de tres hipóstasis… [Atanasio] descubrió que tenían el mismo sentido, y… permitiendo a cada parte el uso de sus propios términos, los juntó en unidad de acción”. [47]

Mientras que la formulación capadocia obtuvo apoyo tanto de los atanasianos como de los semiarrianos, se enfrentó con alguna “resistencia cuasi sabeliana respecto a la noción de distintas hipóstasis”. Esto “eliminó efectivamente la mancha de sabelianismo de la confesión de Nicea, pero lo hizo levantando otro espectro… la amenaza del triteísmo… La confesión monoteísta de Deuteronomio 6:4… parecía estar en juego una vez más”. [48]

Los opositores de los capadocios los denunciaron como creyentes en tres dioses, pero ellos negaron la acusación. Sin embargo, para todos los propósitos prácticos, su punto de vista es indistinguible del triteísmo. Atanasio preparó el escenario para este problema, al decir que todos los hombres poseen la misma sustancia (homoousios). Los capadocios siguieron esta implicación, y consistentemente compararon a la Deidad con tres hombres. Al igual que Pedro, Santiago y Juan eran tres personas que tenían la misma naturaleza humana, entonces el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo eran tres personas que tenían la misma naturaleza divina. [49] Tony Lane, observó:

“Su explicación los expone a la carga de triteísmo (la creencia en tres dioses). Si la relación entre la sustancia común de la deidad y la hipóstasis individual, es así como entre la humanidad y las personas individuales, entonces seguramente debe haber tres dioses. El problema se complica por el hecho de que la comparación con tres personas humanas no está basada en la mera analogía. Basilio la ofrece como parte de su definición de los términos sustancia e hipostasis. [50]

Al tratar de responder a esta objeción, Gregorio de Nisa admitió: “La cuestión es… muy difícil de tratar”. Procedió a explicar que el término “muchos hombres” es un abuso habitual del lenguaje, que todos entienden para referirse a una naturaleza, no a muchos, pero ya que el término “tres dioses” implica tres naturalezas diferentes, sería incorrecto usarlo. Para la precisión técnica, dijo, deberíamos hablar de “un hombre” y “un Dios”. También señaló que a diferencia de tres hombres, los miembros de la trinidad siempre participan en la obra de los demás. “Cada operación que se extiende desde Dios hasta la creación… tiene su origen en el Padre, y procede a través del Hijo, y se perfecciona en el Espíritu Santo”. [51]

El renombrado historiador doctrinal Reinhold Seeberg, señaló el cambio de énfasis desde Atanasio a los Capadocios:

“La modificación que se hizo a la antigua doctrina de Nicea es muy evidente. Atanasio (y Marcelo) enseñaron que existe un solo Dios, llevando una vida personal triple, que se revela a sí mismo como tal. Los capadocios pensaron en tres hipóstasis divinas, que como manifiestan la misma dignidad, son reconocidas como poseyendo una naturaleza y la misma dignidad… Los capadocios interpretaron la doctrina de Atanasio de acuerdo con las concepciones y principios subyacentes de la cristología del Logos de Orígenes. Pagaron un alto precio por su logro, de cuya magnitud no se dieron cuenta — la idea del Dios personal. Tres personalidades y una resultante esencia abstracta impersonal… Por lo tanto, en lugar de la concepción de la naturaleza-única, el Dios triple había venido con la doctrina de la naturaleza-semejante, el Dios triuno”. [52]

Aunque los capadocios afirmaron la coigualdad de personas en la deidad, no se despojaron totalmente de las ideas subordinacionistas trasladadas desde el trinitarismo del siglo tercero. Para retener un concepto personal de Dios a pesar de la esencia impersonal que su teoría demandaba, identificaron al Padre como la fuente, el origen y el jefe de la deidad.

Una vez más, el problema ya había surgido con Atanasio. Él comparó al Padre y al Hijo con una fuente y un río producido a partir de ésta, diciendo: “Así que la deidad del Padre se pasa al Hijo”. [53] También registró que un concilio en Sirmio, dijo que Cristo era Dios verdadero, pero con todo estaba “subordinado al Padre”. [54]

En los escritos de los capadocios, esta subordinación de Jesús y el Espíritu es prominente. Basilio enseñó: “Por lo tanto, debes percibir a tres: el Señor que da la orden, la Palabra que crea y el Espíritu que confirma” y “la bondad natural y la inherente santidad y la dignidad real, se extienden desde el Padre a través del Unigénito hacia el Espíritu”, y el Padre es el “origen de Dios”. [55]

Gregorio de Nisa escribió: "La gracia fluye en forma de una corriente ininterrumpida desde el Padre, a través del Hijo y el Espíritu, sobre las personas dignas de ella”. “La idea de causa, diferencia a las personas de la Santísima Trinidad”: “Una es la Causa, y la otra es de la Causa… Una es directamente la primera Causa, y la otra es directamente desde la primera Causa”. [56]

Gregorio Nacianceno llegó a decir: “Me gustaría llamar al Padre el mayor, porque de él fluye tanto la Igualdad como el Ser de los Iguales (esto se concederá a todos los integrantes), pero tengo miedo de usar la palabra origen, no sea que lo convierta en el origen de los inferiores… La palabra Mayor… no se aplica a la naturaleza, sino solamente al Originador”. [57]

Como Atanasio, los capadocios respondieron a los argumentos arrianos sobre las Escrituras que hablan de la inferioridad del Hijo, al decir que estos pasajes están relacionados con su humanidad. Así trató Basilio con Proverbios 8:22; Mateo 28:18; Juan 14:28; 17:5; Filipenses 2:9; 1. Corintios 15:28; y así explicó Gregorio Nacianceno a Mateo 27:46; Marcos 13:32; Lucas 22:42; 1. Timoteo 2:5. [58]

Si bien esta respuesta fue una manera efectiva y precisa de refutar el arrianismo, socava la distinción personal entre el Padre y el Hijo, así como el uso de estos pasajes por los apologistas trinitarios contra los creyentes unicitarios de hoy día. Por ejemplo, Gregorio dijo concerniente a la oración de cristo en Lucas 22:42, que la deidad tiene una voluntad común a todas las personas, mientras que los trinitarios de hoy día, a menudo intentan probar a dos personas en este pasaje al decir que alude a dos voluntades divinas.

Los opositores de los capadocios argumentaron que las Escrituras no usaron su terminología y que incluso la contradijeron. Citaron a Hebreos 1:3, que dice que el Hijo es la imagen expresa de la única hipóstasis de Dios, no una segunda hipóstasis. Basilio respondió que Hebreos 1:3 no niega una pluralidad de personas, sino que solo muestra la relación del Hijo con el Padre. En otras palabras, cuando nosotros vemos al Hijo también somos conscientes del Padre. [59]

Basilio también respondió a la objeción de que los apóstoles solo bautizaron en el nombre de Jesús. Él argumentó que algunos pasajes mencionan el bautismo en el nombre de Jesús, mientras que otros mencionan el bautismo del Espíritu Santo, pero todos son una referencia abreviada a la misma cosa: el bautismo en los nombres de las tres personas. [60] Insistió en que Mateo 28:19 se refiere a tres nombres, no a uno, y por eso el nombre supremo de Hechos 4:12 es “Hijo de Dios”. [61]

En resumen, los capadocios enseñaron que la única deidad subsiste en tres personas coiguales, coeternas, coesenciales, y que esta verdad es un misterio incomprensible. Hay comunión de sustancia pero distinción de personas. Esta trinidad es una unión perfecta, inseparable e indivisible, y las personas trabajan juntas en todas las cosas. El único distintivo de las características de las personas son las siguientes: el Padre no es engendrado, el Hijo es engendrado (generado), y el Espíritu Santo es procedente (espirado). Sin embargo, la generación del Hijo y la procesión del Espíritu Santo son misterios. Mientras que las personas son coiguales y coeternas, el Padre es en cierto sentido la cabeza y el origen. [62]

Gran parte de esta formulación suena como el doble discurso orwelliano sin significado objetivo. Por ejemplo, si las únicas distinciones claras entre las tres personas son la generación y la procesión, y si estos procesos son incomprensibles para nosotros, entonces ¿de qué manera significativa podemos hablar o incluso pensar en Dios como tres personas? Pelikan comentó con precisión sobre esta confusión y evasiva:

Esta desconcertante, de hecho frustrante combinación de terminología filosófica para la relación de uno y tres, con una negativa para ir hacia una genuina solución racional, fue simultáneamente típica en la teología de los capadocios y normativa para la historia posterior de la doctrina trinitaria… La respuesta de Basilio fue que… era difícil declarar lo que era común a los Tres, y lo que era distintivo entre ellos yacía más allá del habla y la comprensión, y por lo tanto más allá del análisis o la conceptualización. [63]

Otro erudito trinitario, Harold O. J. Brown, describió de manera similar la vaguedad, la ambigüedad y la especulación filosófica inherente a la doctrina de los capadocios:

“El lenguaje era tan abstracto e intangible, que realmente no ayudó a los creyentes a formar una imagen clara de cómo es cada una de las tres personas. Por su abstracción, la teología de Capadocia parece bastante alejada del proceso dinámico por el cual la primera comunidad cristiana logró la convicción de la deidad de Cristo… El trinitarismo parece reemplazar la fe viva con la dogmática metafísica”. [64]

En la elaboración de estos problemas, Brown citó a Seeberg, pero trató de moderar las críticas de Seeberg para ofrecer una defensa del trinitarismo:

“No es posible observar a las diferentes Personas en acción. Su distinción solo puede aprenderse de la autorrevelación de Dios en las Escrituras. Se encuentra en las relaciones internas o propiedades de las personas: ingeneración, engendramiento y procesión. Esto suena muy teórico. Reinhold Seeberg lo dijo cáusticamente: “Así uno llega a una metafísica vacía o mitología conceptual; el Padre engendra al Hijo y causa que el Espíritu proceda de sí mismo. De esta manera, las personas que se supone que se distinguen la una de las otras, también están unidas la una a las otras”… Pero hablar de propiedades y luego decir que no podemos saber lo que éstas significan es exasperante. Puede ser útil recordar que las propiedades no explican nada; por el contrario, son meramente herramientas conceptuales o símbolos para impresionarnos de que las tres Personas son y permanecen eternamente distintas, aunque también permanecen eternamente como un solo Dios. [65]

Este punto de vista es esencialmente la posición del trinitarismo de hoy.


Capítulo 9. El Concilio de Constantinopla

La doctrina de Capadocia finalmente prevaleció sobre el arrianismo en lo que ahora se conoce como el segundo concilio ecuménico. El emperador Teodosio, un occidental que afirmó firmemente la visión de Nicea y quién se convirtió en el gobernante del oriente en el año 379, convocó a este concilio en la capital del imperio, Constantinopla, en el año 381. La intervención del emperador fue crucial. “Como era el poder imperial el que había otorgado la victoria a la fe de Nicea y luego al arrianismo, entonces ahora fue la influencia imperial la que actuó decisivamente a favor de la fe Neo-Nicena”. [66]

El concilio no fue verdaderamente ecuménico. Solo participaron alrededor de 150 obispos, y ninguno era del occidente. Los dos Gregorios fueron participantes prominentes, y Basilio ya había muerto en el año 379. Gregorio Nacianceno presidió una parte del tiempo.

El Canon 1 del concilio, afirmó el Concilio de Nicea y denunció a los “eunomianos [anomianos, o extremistas arrianos], eudoxianos [arrianos de la línea principal], semiarrianos o pneumatómacos [los que negaron la deidad del Espíritu Santo], sabelianos, marcelianos, fotinianos y apolinarianos [aquellos que enseñaron que Cristo tenía una naturaleza humana incompleta]”. El Canon 7, repudió específicamente tanto el bautismo de los eunomianos como el de los sabelianos. Curiosamente, identificó a los sabelianos con los montanistas y los frigios, y declaró que eran particularmente numerosos en Galacia. Los montanistas, que se originaron en Frigia, se hicieron notar por su énfasis en el Espíritu Santo, por el hablar en lenguas, por la profecía y por un estilo de vida estricto.

La carta sinodal de los obispos reunidos, resume su decisión como sigue: “Hay una Deidad, Poder y Sustancia del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; la dignidad es igual y la majestad es igual en tres hipóstasis perfectas, es decir, tres personas perfectas”. [67] El emperador respaldó las decisiones del concilio y las hizo cumplir como ley.

La tradición dice que el concilio modificó la fórmula original de Nicea y produjo el Credo Niceno que se usa hoy, por lo cual éste es a veces llamado el credo Niceno-Constantinopolitano. Sin embargo, los eruditos han establecido que el presente Credo de Nicea se deriva en realidad de un credo bautismal que era usado en Jerusalén en el siglo cuarto, que fue influenciado por el original credo de Nicea. “Todo lo que sabemos, es que desde aproximadamente el año 500, esta forma llegó a ser utilizada en lugar del original Credo de Nicea”.  [68]

El Credo de Nicea utilizado hoy, omite la cláusula condenatoria del original, así como la frase importante: “de la esencia del Padre” y algunas frases menores. Su adición más importante es la siguiente: “Y [yo creo] en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida; quien procede del Padre [y del Hijo]; quien junto con el Padre y el Hijo son adorados y glorificados”. También confiesa “un bautismo para la remisión de los pecados”. [69] Las frase “y del Hijo”, que está entre corchetes, compone la cláusula filioque, que fue agregada en el Sínodo de Toledo del año 589. El occidente aceptó esta enseñanza, pero el oriente no; y ésta se convirtió en el principal factor doctrinal del cisma perdurable entre los dos.

La importancia del Concilio de Constantinopla es que marcó (1) el triunfo final de la doctrina de la trinidad atanasiana (pero refinada por los capadocios), (2) la derrota final del arrianismo, (3) el establecimiento del Espíritu Santo como el tercer miembro coigual de la trinidad, y (4) el rechazo del apolinarismo (la creencia de que Cristo tenía una naturaleza humana incompleta).


Capítulo 10. Después de Constantinopla

Para el año 381, la doctrina de la trinidad estaba casi completa. En el oriente, Juan Damasceno hizo algunos refinamientos durante el siglo octavo: rechazó la mayoría de los elementos restantes del subordinacionismo, dijo que las personas no estaban relacionados la una con las otras como se relacionan tres hombres, y describió su interrelación como “interpenetración mutua” (circumincesión) sin mezclarse. [70]

En el occidente, Agustín (354-430) hizo mayor énfasis en la unidad de la esencia y en la igualdad de la persona, diciendo que cada persona posee la esencia completa pero bajo un punto de vista diferente. Él estuvo incómodo con la palabra persona, porque él no pensó que la trinidad fuera como tres personas humanas, que poseen en común solo una naturaleza genérica.

Algunas de sus analogías sugieren el modalismo: el comparó a la trinidad con la memoria, la inteligencia y la voluntad en el espíritu del ser humano; a algo visto, la visión y la voluntad que une a ambos; y a algo en la memoria, la visión interior, y la voluntad que une a estas dos. Su última analogía fue la mente humana en tres acciones: recordando, entendiendo y amando a Dios.

Sin embargo, Agustín continuó hablando de tres personas y defendió a la doctrina de la trinidad. Una de sus analogías más famosas incluso suena triteísta: la trinidad es como un amante, el amado, y el amor que los une a ambos.

Heick describió estos aspectos contrastantes en la enseñanza de Agustín sobre la deidad:

Las personas de la Trinidad no son diferentes la una de las otras; con respecto a toda la sustancia divina son idénticas la una a las otras… Cada una de las tres personas es igual a la Trinidad entera, y toda la Trinidad no es más que una de las personas. Después de todo, Agustín habló como si la esencia del Ser fuera una Persona. Sin embargo, Agustín, de acuerdo con la tradición de la Iglesia, insistió en las tres personas de la Trinidad. ¿Cómo entonces fue capaz de hacer esto, después de sus declaraciones anteriores sobre la unidad? Simplemente al introducir la categoría lógica de relación. En el único Dios, hay tres formas de existencia, y la una no puede ser sin la otra… Está la relación de dependencia mutua entre las personas. El Padre, el Hijo y el Espíritu contemplan en sí mismos toda la unidad indivisa que pertenece a cada uno de ellos bajo un diferente punto de vista, como generando, siendo generado o existiendo a través de la espiración. [71]

El credo trinitario definitivo es el llamado Credo de Atanasio o Símbolo Quicumque, que surgió durante los siglos quinto al octavo, alcanzando su forma definitiva hacia el final del siglo octavo. Por supuesto, Atanasio no tuvo nada que ver con la redacción de este. Incluye la cláusula filioque, y al igual que Agustín, excluye expresamente el subordinacionismo. También pronuncia condenación sobre cualquier persona que no acepte la doctrina de la trinidad según sus términos. Los católicos romanos y protestantes, incluyendo a muchos evangélicos, lo usan hoy todavía.

El arrianismo fue derrotado teológicamente en el año 381, pero se mantuvo como una amenaza política en el sentido de que algunas de las tribus bárbaras que lograron invadir al oeste, fueron arrianas. Ese peligro terminó en el siglo sexto, con la conversión de dichas tribus al trinitarismo.


Capítulo 11. Conclusiones

Como un asunto histórico, el trinitarismo ortodoxo no provino a nosotros de la Biblia o de la primitiva iglesia post-apostólica. Este procede directamente de Tertuliano y Orígenes, herejes del siglo tres, quienes introdujeron por primera vez los términos y conceptos trinitarios claves, sobre los que fue erigida su teología. Tampoco alcanzó su plenitud en el Concilio de Nicea. Por el contrario, se desarrolló gradualmente a lo largo del siglo cuatro. Los personajes claves en este proceso, fueron Atanasio, los tres Capadocios y por último, los participantes del Concilio de Constantinopla del año 381.

Los eruditos son unánimes en esta apreciación, tal como se muestra por las siguientes declaraciones del historiador de la iglesia el protestante Jaroslav Pelikan, de La Nueva Enciclopedia Católica, y de la Enciclopedia de Religión y Ética, respectivamente:

“Usted no tiene derecho a abrigar las creencias acerca de cosas tales como la Santísima Trinidad, sin el sentido de que se lo debemos a aquellos que resolvieron esto para nosotros. Si eludimos a San Atanasio, en el supuesto de que yo me encontrara sólo en una habitación con el Nuevo Testamento, es ingenuo que vaya a llegar a la doctrina de la Trinidad… El dogma de la Trinidad… se elaboró durante el tercer trimestre del siglo cuatro... [La palabra clave es homoousios] que fue acuñada por herejes gnósticos, dictada por un emperador que no era bautizado, comprometida por defensores ingenuos, pero con el tiempo vindicada por sus oponentes ortodoxos”. [72]

“Cuando uno habla de un trinitarismo inequívoco, uno ha pasado del período de los orígenes del cristianismo, a digamos el último cuarto del siglo cuatro. Fue sólo entonces cuando lo que podría llamarse el dogma trinitario definitivo de “un Dios en tres Personas” fue intensivamente asimilado dentro de la vida y pensamiento cristiano… La formulación de “un Dios en tres personas” no fue sólidamente establecido, y ciertamente no fue totalmente asimilado en la vida cristiana y su profesión fe, antes del final del siglo cuatro”. [73]

“En principio, la fe cristiana no era trinitaria en un sentido estrictamente ontológico. No fue así en la época apostólica y en la sub-apostólica, como se refleja en el Nuevo Testamento y en otros escritos cristianos primitivos. Tampoco fue así, inclusive en la edad de los apologistas cristianos. E incluso Tertuliano, quien estableció la terminología de la doctrina ortodoxa, sabía muy poco de la Trinidad ontológica al igual que los apologistas, siguiendo el concepto económico o relativo de la concepción Juanina y la teología paulina. Por lo tanto, Harnack sostiene y dice además, que toda la historia del dogma cristológico y trinitario desde Atanasio hasta Agustín, es la historia del desplazamiento del concepto del Logos por el de Hijo, de la sustitución de la Trinidad económica y relativa por la inmanente y absoluta… La doctrina ortodoxa en su forma desarrollada, es una Trinidad de esencia en lugar de manifestación”. [74]

Muchos creyentes unicitarios tienen una visión imprecisa del Concilio de Nicea, a causa del tratamiento simplista y popular de la historia, y el error común de atribuir el Credo Niceno [o Niceno-Constatinopolitano] a este concilio. La controversia no se dio entre el trinitarismo y el modalismo, ni tampoco se dio sobre la fórmula bautismal trinitaria: Estos enfrentamientos ya se habían decidido en el tercer siglo. Por otra parte, la Iglesia Católica Romana no organizó el concilio, ya que ésta aún no se había desarrollado teológica o eclesiásticamente.

En el momento, Nicea fue una victoria para la deidad de Cristo; no se trató de un rechazo claro de la Unicidad. Algunos participantes pudieron haber sido esencialmente unicitarios en su forma de pensar, y la mayoría no eran trinitarios en el sentido ortodoxo moderno. Algunos partidarios de la facción ganadora eran modalistas o fueron acusados de ser modalistas. Muchos de los opositores de Nicea, así como algunos seguidores, interpretaron la fórmula original de Nicea de una forma modalista. Asimismo, los modalistas continuaron con la enseñanza de sus puntos de vista y bautizando a los convertidos cuando el trinitarismo triunfó finalmente en el Concilio de Constantinopla.

Cuando los herederos teológicos de Nicea se distanciaron finalmente del modalismo, ellos lo tuvieron que hacer a expensas de la corrupción de su doctrina con el subordinacionismo y el triteismo, a pesar de sus negaciones. Y estos problemas siguen aquejando al trinitarismo actualmente.

Muchos factores contribuyeron para la eventual victoria del trinitarismo a finales del siglo cuatro. La maniobra política, tanto en el Estado como en la Iglesia, fue un factor crucial. Teológicamente, lo esencial es esto: considerando el contexto filosófico, religioso y político, y habida cuenta de la percepción de alternativas, el trinitarismo les pareció la mejor manera de defender lo que los cristianos siempre creyeron — la deidad de Jesús.

¿Pero qué habría ocurrido si la mayoría de la cristiandad de aquel entonces no hubiera perdido la experiencia del arrepentimiento y de la efusión del Espíritu? ¿Qué habría pasado si los teólogos hubieran utilizado la Escritura y no la filosofía o la tradición, como su principal marco de referencia? ¿Qué habría pasado si los obispos hubieran rechazado la fusión de la Iglesia y el Estado, y protegido de este modo a la Iglesia de la contaminación del pensamiento y estilo de vida pagano y político? ¿Qué habría pasado si los dirigentes eclesiásticos del tercer siglo no hubieran abandonado al modalismo histórico de la mayoría de los cristianos? ¿Qué habría pasado si los teólogos del cuarto siglo hubieran recibido una clara exposición del modalismo y entendido a fondo sus principios? Entonces tal vez, aquellos líderes del cuarto siglo podrían haber encontrado una manera más bíblica para defender la deidad de Cristo, en contra de la herejía arriana.

De hecho, destacados teólogos del siglo veinte, han llegado a esta conclusión. Claude Welch, explicó su pensamiento, como ejemplificado por John Baillie (un editor de la Librería de Clásicos Cristianos) y A. C. McGiffert:

“[Baillie] etiqueta la afirmación de la Trinidad como la idea cristiana de Dios como “seriamente engañosa”. “Lo que es cierto, es que a partir del tercer siglo, la distintiva idea cristiana de Dios comenzó a encajar en un molde trinitario”. Este molde fue aprobado y adaptado a partir de la filosofía helenística…
[McGiffert] reconoce que los opositores del arrianismo, estaban interesados en la afirmación de la deidad de Cristo, a fin de garantizar la unión del hombre a Dios, pero creyeron que era sólo la filosofía predominantemente platónica, la que era necesaria para mantener la deidad de Cristo a través de la teoría de la pre-existencia y la doctrina del logos. “Si… la inmanencia de Dios, o la unicidad de la naturaleza divina y humana, hubiera sido reconocida por los teólogos de Nicea, la doctrina de la Trinidad habría sido innecesaria; el interés religioso para encontrar a Dios en Cristo, podría entonces haberse conservado como lo hicieran los modalistas, sin distinguir al Hijo pre-existente de Dios el Padre”. [75]

Los creyentes unicitarios del día de hoy, hacen precisamente eso. Saltan más atrás de todos los siglos de la especulación filosófica, de la formulación de los credos y de la tradición provocada por el hombre, para procurar entender lo que la Biblia dice por sí misma acerca de Dios. Ellos han descubierto que el único Dios verdadero se ha manifestado y revelado a sí mismo en la persona humana de su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.


Notas

[1] Ver David K. Bernard, Oneness and Trinity, A.D. 100-300 (Hazelwood, MO: Word Aflame Press, 1991), 165-72.
[2] Ibíd., 172-73.
[3] Ibíd., 129-32, 134-36, 160.
[4] Ibíd., 134-36, 154-62.
[5] Adolph Harnack, A History of Christian Thought (London: Williams and Norgate, 1897), 3:51-54; Otto Heick, A History of Christian Thought (Philadelphia: Fortress Press, 1965) 1:149.
[6] Archibald Robertson, “Prolegomena,” in Philip Schaff and Henry Wace, eds., The Nicene and Post-Nicene Fathers, 2d ser. [De aquí en adelante NPNF] (Reprint, Grand Rapids: Eerdmans, 1976), 4:xxv.
[7] Louis Berkhof, The History of Christian Doctrines (Grand Rapids: Baker, 1937), 84.
[8] Kenneth Scott Latourette, A History of Christianity, rev. ed. (San Francisco: Harper & Row, 1953, 1975), 1:153.
[9] Will and Ariel Durant, The Story of Civilization (New York: Simon & Schuster, 1935-75), 3:658.
[10] Walter Nigg, The Heretics (New York: Alfred A. Knopf, 1962), 126-27.
[11] Eusebio de Cesarea, Life of Constantine 2:63-71, NPNF 1:516-18.
[12] Eusebio de Cesarea dijo que asistieron más de 250 obispos, mientras que Atanasio y la tradición posterior colocaron la cifra de 318. Los registros existentes solo muestran unos 220 nombres.
[13] Philip Schaff, Nicene and Post-Nicene Christianity, vol. 3 of History of the Christian Church, 5th rev. ed. (1910; Reprint, Grand Rapids: Eerdmans), 628.
[14] NPNF 4:74; 14:3.
[15] Schaff, History 3:655 nn. 2, 3.
[16] Ver Heick 1:159-60.
[17] Ibíd., 157.
[18] Berkhof, 87.
[19] Jaroslav Pelikan, The Emergence of the Catholic Tradition (100-600), vol. I of The Christian Tradition: A History of the Development of Doctrine (Chicago: University of Chicago Press, 1971), 203.
[20] Philip Schaff, ed., The Creeds of Christendom, 6th ed., 1931 (Reprint, Grand Rapids: Baker), 1:28-29 (English), 2:60 (Greek).
[21] NPNF 4:xxxii-xxxiii.
[22] Algunos trinitarios también han llegado a este punto, incluidos Adam Clarke, Finis Dake y Walter Martin.
[23] Durant 4:8.
[24] Ibíd.
[25] Heick 1:157.
[26] Atanasio, Defense of the Nicene Definition 3:13, NPNF 4:158-59.
[27] Ídem, Orations against the Arians 1:13:61, NPNF 4:341.
[28] Ídem, Statement of Faith, 2, NPNF 4:84.
[29] Ídem, Discourse against the Arians 3:23:5, NPNF 4:396.
[30] Ídem, On the Opinion of Dionysius, 5-10, 27, NPNF 4:178-79, 187.
[31] Ver Latourette 1:157; Archibald Robertson, “Prolegomena,” in NPNF 4:xxxiii.
[32] Latourette 1:158; Tony Lane, Harper’s Concise Book of Christian Faith (San Francisco: Harper and Row, 1984), 29.
[33] Basilio, Letters; 69, NPNF 8:165-66; Klotsche, 67; Schaff, History 3:651-53.
[34] NPNF 4:xxxv-xxxvi.
[35] Ver Atanasio, Defense against the Arians 3:47 and History of the Arians 1:4, 6, NPNF 4:125, 271.
[36] Ídem, Defense of the Nicene Definition 5:20, NPNF 4:164.
[37] Ídem, Councils of Arminium and Seleuca [On Synods] 2:27, NPNF 4:465.
[38] Henry Percival, ed., The Seven Ecumenical Councils, vol. 14 of NPNF, 176.
[39] NPNF 4:436-443.
[40] NPNF 1:24.
[41] Eusebio de Cesarea, Letter to His Diocese, NPNF 4:75-76.
[42] NPNF 4:76, n. 7.
[43] Basilio, Letters, 210, NPNF 8:250.
[44] Ibíd., 125, NPNF 8:194.
[45] Gregorio Nacianceno, Orations 31:5, quoted in Pelikan, 213.
[46] Ídem, On the Holy Spirit, 27, NPNF 7:326.
[47] Ídem, On the Great Athanasius, 35, NPNF 7:274.
[48] Pelikan, 219-21.
[49] Ver, por ejemplo, Basilio, Letters, 38, NPNF 8:137.
[50] Lane, 34.
[51] Gregorio de Nisa, On “Not Three Gods,” NPNF 5:331-34.
[52] Heick 1:160-61, citando a Reinhold Seeberg, Textbook of the History of Doctrines, trans. Charles E. Hay (Philadelphia: Lutheran Pub. Soc., 1904), 1:232-33.
[53] Atanasio, Statement of Faith, 2, NPNF 4:84.
[54] Ídem, Councils of Arminium and Seleuca [On Synods] 2:26, NPNF 4:463.
[55] Basilio, On the Spirit 16:38, 47, and Letters, 105, NPNF 8:24, 29, 186.
[56] Gregorio de Nisa, On the Holy Spirit and On “Not Three Gods,” NPNF 5:323, 336
[57] Gregorio Nacianceno, Oration on Holy Baptism, 43, NPNF 7:375-76. Como los cerdos gobernantes en la Granja Animal de George Orwell finalmente proclamaron, “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros” (Harmondsworth, Middlesex, England: Penguin Books, 1945), 114.
[58] NPNF 8:xxxviii-xli; Gregory of Nazianzus, Fourth Theological Oration, The Second Concerning the Son, 5-15, NPNF 7:311-15.
[59] Basilio, Letters, 38, NPNF 8:140-41.
[60] Ídem, On the Spirit 12:28, NPNF 8:18.
[61] Ídem, Letters, 210, NPNF 8:250.
[62] Ver Basilio, On the Spirit 16:37-38 and Letters, 38, NPNF 8:23-24, 137-40; Gregorio de Nisa, On the Holy Spirit and On the Holy Trinity, NPNF; Gregorio Nacianceno, Third Theological Oration, On the Son 29:3 and Fifth Theological Oration, On the Holy Spirit, 8-10, NPNF 7:301-2, 320-21.
[63] Pelikan, 223.
[64] Brown, Harold O. J., Heresies: The Image of Christ in the Mirror of Heresy and Orthodoxy from the Apostles to the Present (Garden City, N.Y.: Doubleday, 1984), 153-54.
[65] Ibíd., 151. The quote of Reinhold Seeburg is from Lehrbuch der Dogmengeschichte, 4th ed. (Tubigen: Mohr, 1909), 2:295. Emphasis is original.
[66] Heick 1:163.
[67] NPNF 14:173, 185, 382.
[68] Heick 1:163.
[69] Schaff, Creeds 2:58-59.
[70] Berkhof, 91.
[71] Heick 1:164-65.
[72] Mark A. Noll, “The Doctrine Doctor,” Christianity Today, 10 September 1990, 26; Pelikan, 210-11.
[73] The New Catholic Encyclopedia (1967), s.v. “Trinity, Holy.”
[74] W. Fulton, “Trinity,” Encyclopedia of Religion and Ethics, James Hastings, et al., eds. (New York: Charles Scribner’s Sons, 1951), 12:461.
[75] Claude Welch, In This Name: The Doctrine of the Trinity in Contemporary Theology (New York: Charles Scribner’s Sons, 1952), 48-49, quoting John Baillie, The Place of Jesus Christ in Modern Theology (1929), 185, and A. C. McGiffert, History of Christian Thought.