lunes, 11 de diciembre de 2017

La Teología de Clemente de Roma (50-97 d.C.). Su Punto de Vista: El Modalismo / La Unicidad


Por Steven Ritchie, © 2017. Todos los Derechos Reservados.
Capítulo 9, del libro: “El Caso de la Teología de la Unicidad”.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra.
Más información en: Global Impact Ministries. www.apostolicchristianfaith.com

Para ver otros capítulos de esta obra de clic aquí:
(Capítulo 1), (Capítulo 2), (Capítulo 3), (Capítulo 4), (Capítulo 5), (Capítulo 6), (Capítulo 7), (Capítulo 8), (Capítulo 9).



Punto de Vista Teológico: El Modalismo

La evidencia histórica, prueba que Clemente de Roma fue un anciano líder de la iglesia del primer siglo en Roma, mucho antes de convertirse en el obispo principal de la ciudad. La palabra “obispo” simplemente significa “superintendente”. La literatura cristiana primitiva existente, dice que Clemente conoció personalmente tanto a Pedro como a Pablo antes de convertirse en el obispo de la ciudad de Roma. De hecho, la literatura cristiana más antigua, reconoció unánimemente que Clemente fue el reputado autor de 1ª y 2ª de Clemente durante el primer siglo.


¿Exactamente, Cuándo Fue Escrita 1ª Clemente?

1ª Clemente capítulo 41:1-3, prueba que la Primera Epístola de Clemente, fue escrita antes de la destrucción del templo en Jerusalén.

“Hermanos, los sacrificios diarios continuos no son ofrecidos en cualquier lugar, o las ofrendas voluntarias, o las ofrendas por el pecado y las faltas, sino que son ofrecidos sólo en Jerusalén. E incluso allí, la ofrenda no es presentada en cualquier lugar, sino ante el santuario en el patio del altar; y esto además por medio del sumo sacerdote y los ministros mencionados, después que la víctima a ofrecer ha sido inspeccionada por si tiene algún defecto. Los que hacen algo contrario a la ordenanza debida, dada por su voluntad, reciben como castigo la muerte”. (1ª Clemente 41:1-3. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE. http://escrituras.tripod.com/Textos/EpClemente1.htm).

¿Por qué escribiría Clemente: “los sacrificios diarios continuos no son ofrecidos en cualquier lugar” y que “por medio del sumo sacerdote… la víctima a ofrecer ha sido inspeccionada, si el templo en Jerusalén ya había sido destruido? Si el templo en Jerusalén ya hubiera sido destruido cuando Clemente escribió su epístola, entonces él debería haber escrito que los sacrificios diarios “fueron” ofrecidos y que esas ofrendas “fueron” primero inspeccionadas por el sumo sacerdote en un tiempo pasado, en lugar de declarar que esos sacrificios y esas ofrendas son ofrecidas en el tiempo presente. Este es un fuerte argumento a favor de que 1ª Clemente fue escrita en algún momento antes de la destrucción del Templo en el año 70 d.C.

Los historiadores y los eruditos que sostienen que 1ª Clemente fue escrita antes del año 70 d.C., hacen referencia a las citas que Clemente hace del Evangelio de Mateo, como una prueba de que dicho Evangelio fue escrito antes del 70 d.C. (Según E. Massaux, Clemente de Roma cita frecuentemente a Mateo en esta epístola (EM 35)). Entonces, si aceptamos que esta epístola fue escrita antes del 70, se confirma nuevamente la composición temprana del Evangelio de Mateo.

Jacob J. Prahlow (PhD), escribió que Clemente y otros escritores cristianos primitivos, a menudo citaban las Escrituras de memoria con alguna “modificación retórica”, en lugar de citar a cada porción de la Escritura con un rollo en la mano.

“Para Clemente, la información sobre citas específicas (direcciones, autores, oradores) no importaba tanto, pero sí que aquellos que hablaban hubieran sido inspirados por el Espíritu de Dios para pronunciar la verdad. Incluso entonces, el contenido de lo que citaba no estaba más allá del estilo de la modificación retórica o la citación de memoria. Como se señaló anteriormente, estas prácticas colocan a Clemente muy en línea con otros escritores de este periodo... La práctica de la composición de citas por parte de Clemente, arroja luz sobre las concepciones post-apostólicas de las Escrituras, mostrando un método de citación literaria y apuntando hacia lo que realmente les importó a los cristianos durante este periodo. La práctica de la composición de citas —de ninguna manera limitaba a Clemente, sino que al ser ciertamente muy evidente en su carta— indica que el significado más que la forma, fue el ímpetu principal para la citación de las fuentes durante este periodo. Nuestros estándares de copyright y atribución, simplemente no existían en el mundo antiguo, y la práctica de la composición de citas es una consecuencia de este hecho. Además, debemos reconocer cómo las motivaciones afectaron los enfoques de aquellos escritos. Clemente estuvo principalmente interesado en resolver un cisma en la iglesia de Corinto, apelando a la autoridad de Cristo pero no tratando de crear el canon del Nuevo Testamento. Si bien su uso de las Escrituras puede proporcionar evidencia para su amplia teología de las Escrituras, estas preocupaciones siempre deben considerarse a la luz de los asuntos teológicos prácticos que se abordan en los primeros escritos cristianos”. (Jacob J. Prahlow, PhD. https://pursuingveritas.com/2016/10/03/scripture-in-1-clement-composite-implications).

1ª Clemente 23, cita además el Evangelio de los Egipcios, lo que demostraría que este evangelio perdido también fue escrito antes de la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 d.C. Dado que Clemente citó frecuentemente la Escritura del Nuevo Testamento (Clemente citó al Evangelio de los Egipcios como “la Escritura”), tenemos evidencia del primer siglo confirmando que el Evangelio de Mateo y el Evangelio de los Egipcios fueron escritos antes del año 70 d.C. Por lo tanto, podemos ver cuán importante es el estudio de la literatura cristiana más antigua.


¿Clemente Escribió Como el Obispo Universal Sobre Todas las Iglesias?

La Epístola de 1ª Clemente a los Corintios, no nos da ninguna razón para creer que un solo obispo romano gobernó sobre la Iglesia universal de Dios, como lo proclama ahora la Iglesia Católica Romana. Clemente fue un líder del primer siglo en la Iglesia de Roma, mucho antes de que fuera nombrado su obispo principal. Eusebio registró que “Clemente de Roma escribió en nombre de la iglesia de los romanos (EH 3:38,1)”. Eusebio nunca afirmó que Clemente escribió como el obispo principal de Roma. Los datos históricos nos informan que el apóstol Pedro había ordenado a Lino, Cleto y Clemente como supervisores de la Iglesia de Dios en Roma. Lino sucedió a Pedro en el año 67 d.C., por lo que Clemente habría actuado como obispo asistente mucho antes de convertirse en el principal obispo de la ciudad de Roma en la última parte del primer siglo.

Las primeras palabras de la Primera Epístola de Clemente a los Corintios, no dicen nada acerca de que Clemente fuera el obispo principal de la Iglesia Romana. Clemente abrió su Epístola a los Corintios diciendo: “La Iglesia de Dios que reside en Roma a la Iglesia de Dios que reside en Corinto, a los que son llamados y santificados por la voluntad de Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Gracia a vosotros y paz del Dios Todopoderoso os sea multiplicada por medio de Jesucristo. Por causa de las calamidades y reveses, súbitos y repetidos, que nos han acaecido, hermanos, consideramos que hemos sido algo tardos en dedicar atención a las cuestiones en disputa que han surgido entre vosotros (los corintios)…”. (1ª Clemente. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE. http://escrituras.tripod.com/Textos/EpClemente1.htm).

Observe que Clemente no escribió su epístola como el obispo principal de Roma, sino como un representante de la iglesia romana diciendo: “consideramos” y “hemos”. Dado que Pedro ordenó a Lino como el obispo principal, y a Cleto y Clemente como obispos asistentes, tiene sentido creer que Clemente escribió su epístola a los corintios como uno de los ancianos de la iglesia de Dios en Roma, en lugar de como su obispo principal. Por lo tanto, es muy poco probable que Clemente escribiera su primera epístola como el obispo principal de Roma.

Denis Barton escribió: “Clemente no afirma estar escribiendo como el obispo de Roma, sino en nombre de la comunidad romana. Eusebio registró que ‘Clemente de Roma escribió en nombre de la iglesia de los romanos’ (EH 3:38,1). Él no dijo que Clemente escribió como el singular obispo de Roma. Pedro había ordenado a Lino, Cleto y Clemente como obispos. Lino sucedió a Pedro en el año 67 d.C., por lo que Clemente habría actuado como un obispo asistente durante al menos tres años antes de la destrucción del Templo en el año 70 d.C. Por lo tanto, durante este periodo escribiría en el tiempo presente acerca de Jerusalén”. (La Tradición del Evangelio Clementino - Los autores de los Evangelios, por Dennis Barton. www.churchinhistory.org).

El Pastor de Hermas, dice que Clemente sirvió como un contemporáneo de Hermas, en la dignidad de uno de los líderes prominentes de la vasta Iglesia Romana.

“Por tanto, tú escribirás dos libritos, y enviarás uno a Clemente, y uno a Grapte. Y Clemente lo enviará a las ciudades extranjeras, porque éste es su deber; en tanto que Grapte lo enseñará a las viudas y huérfanos. Pero tú leerás (el libro) a esta ciudad junto con los ancianos que presiden sobre la Iglesia”. (Pastor de Hermas II.4. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE. http://escrituras.tripod.com/Textos/Hermas.htm).

Dennis Barton, escribió: “Así que aprendemos que era deber de una persona llamada Clemente relacionarse con las ciudades extranjeras. Lightfoot lo llamó: ‘el secretario de los asuntos exteriores de la iglesia romana’ (JATR 321), y Robinson lo describió como: ‘el corresponsal de las relaciones externas de la Iglesia Romana’. Edmundson, en su prestigiosa Conferencia Bampton de 1913, señaló que Clemente era: ‘solo el servidor, no el jefe de la Iglesia actuando por su propia iniciativa’.” (JATR 333). (Dennis Barton, “La Tradición Evangélica Clementina” - Los Autores de los Evangelios. www.churchinhistory.org).

No fue sino hasta el 88-97 d.C., que Clemente sirvió como el obispo principal de Roma en la sucesión apostólica de Pedro. Clemente es listado en la Epístola a los Filipenses como un colaborador en el ministerio del apóstol Pablo (Filipenses 4:3). Por lo tanto, es muy poco probable que la teología de Clemente hubiera sido diferente a la de los apóstoles del primer siglo.


La Teología de Clemente en La Primera Epístola de Clemente

El obispo romano del primer siglo, escribió en 1ª Clemente, capítulo dos:

“…contentos con las provisiones que Dios os proveía. Y prestando atención a SUS PALABRAS, las depositabais diligentemente en vuestros corazones, y teníais SUS SUFRIMIENTOS delante de los ojos”. (1ª Clemente 2).

Alrededor del año 200 d.C., en su polémica Contra Práxeas, Tertuliano denunció la idea de que Dios podría sufrir. Sin embargo, Clemente, que estaba familiarizado con las enseñanzas de los apóstoles del primer siglo, enseñó que DIOS SUFRIÓ como Jesucristo (como un hombre en la carne) cien años antes de la época de Práxeas y Tertuliano. Por lo tanto, podemos ver claramente que Clemente enseñó que Dios (el único Dios verdadero el Padre - Juan 17:3) sufrió como el hombre Cristo Jesús, tal como Práxeas y los modalistas lo enseñaron un siglo más tarde.

Clemente de Roma citó el mismo pasaje particular del perdido Evangelio de los Egipcios, tanto en 1ª Clemente 23 como en 2ª Clemente 11. Dado que a lo largo de 2ª Clemente, él citó regularmente el Evangelio de los Egipcios como “la palabra profética”, podemos ver que Clemente citó la misma cita del Evangelio de los Egipcios en 1ª y 2ª Clemente como Escritura. ¿Cómo podría Clemente haber citado la misma porción del Evangelio de los Egipcios en 1ª y 2ª de Clemente, si Clemente de Roma no hubiera sido el mismo autor de ambas epístolas?

Además, ¿cómo podría el Evangelio de los Egipcios haber sido un documento del siglo segundo, cuando Clemente lo citó en el primer siglo dentro de su primera epístola? Dado que el Evangelio de los Egipcios es el único libro perdido de la Biblia que se citó en 2ª Clemente, la misteriosa cita bíblica que aparece tanto en 1ª como en 2ª Clemente, debe haberse originado del perdido Evangelio de los Egipcios. Esto significaría que el Evangelio de los Egipcios fue escrito antes del año 70 d.C., mientras que los apóstoles originales todavía estaban vivos. El Evangelio de los Egipcios declaró claramente que Jesús es la misma Persona Divina que el Espíritu Santo del Padre.

Epifanio (340-403), escribió en Panarion 62, que el Evangelio de los Egipcios establece que Jesús “deja claro a los discípulos que Él mismo es el Padre, que Él mismo es el Hijo, y que Él mismo es el Espíritu Santo”. (Epifanio, Panarion, 62 - Contra los Sabelianos, 2,4-2,5. Fuente: Traducción de Frank Williams. El Panarion de Epifanio de Salamina, Libros II y III De la Fe. Segunda Edición Revisada. Copyright 2013 por Koninklijke Brill NV, Leiden, The Netherlands. Página 124).

Si el obispo romano del primer siglo hubiera sido trinitario, ¿por qué habría de citar al manifiestamente modalista Evangelio de los Egipcios como Escritura inspirada? El Evangelio de los Egipcios establece claramente que Jesús “deja claro a los discípulos que Él mismo es el Padre, que Él mismo es el Hijo, y que Él mismo es el Espíritu Santo”. (Epifanio, Panarion 62 - Contra los Sabelianos;2,4-2,5). Por lo tanto, tenemos evidencia histórica clara para probar que Clemente de Roma era un obispo monarquiano modalista o unicitario dentro del primer siglo.

Los eruditos Roberts y Donaldson, no incluyeron el último pasaje interpolado en la versión de Leo en 1056 sobre 1ª Clemente, capítulo 58, porque el pasaje no se encuentra en el primer manuscrito existente del cual parecen haberse hecho las copias posteriores. J. B. Lightfoot había traducido el manuscrito del Códice H [o Hierosolimitano] escrito por Leo en 1056, que contiene una aparente adición interpolada a 1ª Clemente que no aparece en el anterior Códice Alejandrino del siglo V. Por lo tanto, 1ª Clemente 58 es probablemente una adición interpolada posterior.

La adición del siglo XI a 1ª Clemente (capítulo 58), dice: “Porque tal como Dios vive, y vive el Señor Jesucristo, y el Espíritu Santo…”. Los trinitarios citan a menudo este último pasaje del manuscrito de Leo del siglo XI, que no aparece en el manuscrito más confiable del siglo V que se encontró adjunto a las Escrituras del Nuevo Testamento en el Códice Alejandrino. Como los eruditos creen que el manuscrito de Leo del siglo XI fue compuesto desde el manuscrito alejandrino del siglo V como su fuente, es probable que Leo interpolara el pasaje en 1ª Clemente 58, ya que no aparece en el antiguo manuscrito de 1ª Clemente del siglo V.

La 2ª Epístola de Clemente, también aparece con 1ª Clemente en el Códice Alejandrino con las palabras, “La Segunda Epístola de Clemente” en el manuscrito. Asimismo, cada manuscrito de 1ª Clemente, siempre ha sido encontrado con 2ª Clemente adjunto a él, con las palabras: “La Segunda Epístola de Clemente” escritas dentro del manuscrito. Desde los primeros días de la historia cristiana, Clemente siempre fue conocido como el autor original de Primera y Segunda de Clemente. Por lo tanto, es absurdo negar la autoría clementina de ambos manuscritos, o que el mismo autor haya sostenido consistentemente la misma teología en ambas epístolas.

El obispo romano del primer siglo, nunca escribió nada sobre un supuesto “Dios el Hijo” pre-encarnado, distinto de Dios el Padre. Incluso, los historiadores trinitarios han notado que Orígenes fue el primero que enseñó la idea de un Hijo eterno a principios del siglo III, y que los oponentes de los modalistas eran semiarrianos en su teología, y entre estos semiarrianos estuvieron Tertuliano, Hipólito y Orígenes (Johannes Quasten, Patrología, Volumen II: Págs. 78, 200, 326-327 – Jaroslav Pelikan, El Surgimiento de la Tradición Católica, Vol I, pg. 191 – Jaroslav Pelikan, Princiipis 4:4:1), antes de que la doctrina de la trinidad estuviera completamente desarrollada. Por lo tanto, los modalistas/unicitarios fueron los primeros cristianos que creyeron en la deidad completa de Cristo, antes de que la doctrina trinitaria fuera desarrollada más tarde.


La Teología de Clemente en la Segunda Epístola de Clemente

El Códice Alejandrino, es un códice o  libro encuadernado del quinto siglo, que incluye toda la Escritura del Nuevo Testamento junto con las dos Epístolas de Clemente. Wikipedia dice que el Códice Alejandrino, “...contiene todos los libros del Nuevo Testamento (aunque las páginas que contenían a Mateo 1:1-25:5 no existen). Además, el códice contiene a 1. Clemente (falta 57:7-63) y la homilía conocida como 2. Clemente (hasta 12:5a)”.

Como tanto 1ª y 2ª de Clemente se encontraron adheridas al Códice Alejandrino que contiene todos los libros del Nuevo Testamento, es difícil imaginar que los primeros cristianos no creyeran que el obispo romano del primer siglo fuera el autor de ambos documentos. ¿Por cuál otra razón, tanto 1ª y 2ª de Clemente fueron unidas al final del Nuevo Testamento, si los primeros cristianos no creyeron que tanto la 1ª y la 2ª Epístolas de Clemente fueron escritas en el siglo primero? Por lo tanto, 2ª Clemente también debe haber sido escrita en el primer siglo por el mismo obispo romano, es decir, Clemente.

El Obispo Clemente, escribió en 2ª Clemente, capítulo 1:

“HERMANOS, tendríamos que pensar en Jesucristo como Dios y como Juez de los vivos y los muertos. Y no deberíamos pensar cosas mediocres de la salvación; porque, cuando pensamos cosas mediocres, esperamos también recibir cosas mediocres. Y los que escuchan como si se tratara de cosas mediocres hacen mal; y nosotros también hacemos mal no sabiendo de dónde y por quién y para qué lugar somos llamados, y cuántas cosas ha sufrido JESUCRISTO por causa nuestra. ¿Qué recompensa, pues, le daremos?, o ¿qué fruto digno de su don hacia nosotros? ¡Y cuántas misericordias le debemos! Porque Él nos ha concedido la luz; nos ha hablado como un PADRE a sus hijos; nos ha salvado cuando perecíamos. [Observe que no hay nada en el texto que indique que el tema ha cambiado de Jesucristo a Dios el Padre, por lo que Clemente de Roma identificó a Jesucristo como el Padre]. ¿Qué alabanza le rendiremos?, o ¿qué pago de recompensa por las cosas que hemos recibido nosotros, que éramos ciegos en nuestro entendimiento, y rendíamos culto a palos y piedras y oro y plata y bronce, obras de los hombres; y toda nuestra vida no era otra cosa que muerte?....” (2ª Clemente. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE. http://escrituras.tripod.com/Textos/EpClemente2.htm).

Observe que Clemente identifica a Jesucristo “como Dios y como Juez de los vivos y los muertos”. Luego Clemente continúa identificando a Jesucristo como el que “nos ha concedido la luz; nos ha hablado como un PADRE a sus hijos”. Si la teología de Clemente hubiera sido trinitaria, entonces él no habría llamado a Jesucristo “un Padre a sus hijos”. De acuerdo con la posterior teología trinitaria, Clemente debería haber llamado a Jesucristo “Dios el Hijo”, en lugar de identificarlo como el Dios Padre de su pueblo, que nos ha llamado sus hijos.

2ª Clemente 9:5-6: “Si Cristo el Señor que nos salvó, siendo primero Espíritu, luego se hizo carne, y en ella nos llamó, de la misma manera también nosotros recibiremos nuestra recompensa en esta carne”. (2ª Clemente. Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE. http://escrituras.tripod.com/Textos/EpClemente2.htm).

Note que Clemente nunca habló de “Cristo el Señor” como “Dios el Hijo” que “se hizo carne”. Según Clemente, “Cristo el Señor que nos salvó” fue “primero Espíritu”. En el capítulo ocho, Clemente parece decir que Cristo fue primero el Espíritu, o sea “el Espíritu Santo”; pero en el capítulo 14:3-4 no dejó lugar a dudas de que se estaba dirigiendo a Cristo como el Espíritu Santo.

“...el Espíritu Santo... Guardad la carne para que podáis participar del Espíritu. Pero si decimos que la carne es la Iglesia y el Espíritu es Cristo, entonces el que haya obrado de modo inexcusable con la carne ha obrado de modo inexcusable con la Iglesia. Este, pues, no participará del Espíritu, que es Cristo”.

2ª Clemente afirma claramente que el Espíritu Santo es el Espíritu que es Cristo.

Los trinitarios suponen la creencia de que “el Hijo no es el Espíritu Santo” y que “el Espíritu Santo no es el Hijo”. Sin embargo, Clemente escribió que “el Espíritu Santo... es Cristo”.

Por otra parte, Clemente citó con frecuencia el ahora no existente Evangelio de los Egipcios, que contiene expresamente un contenido monarquiano modalista. 2ª Clemente cita repetidamente textos del Evangelio de los Egipcios, al que consideraba como Escritura. Esto presenta un problema para los eruditos trinitarios, porque los datos históricos prueban que el Evangelio de los Egipcios fue considerado como Escritura Sagrada por los primeros monarquianos modalistas. Epifanio (340-403), escribió que el Evangelio de los Egipcios afirma que Jesús “deja claro a los discípulos que Él mismo es el Padre, que Él mismo es el Hijo, y que Él mismo es el Espíritu Santo”. (Epifanio, Panarion 62 - Contra los Sabelianos; 2,4-2,5).

Si Clemente no creía que Jesús era el Padre y el Espíritu Santo, ¿por qué habría de citar repetidamente al Evangelio de los Egipcios como Escritura inspirada autoritativa? Es aparente que la enseñanza modalista de Clemente de que Jesús sea llamado el Padre, y que el Espíritu Santo sea llamado Cristo, es la verdadera razón por la cual la mayoría de los eruditos trinitarios rechazan el aceptar a 2ª Clemente como un documento escrito por el obispo romano del siglo primero. La teología trinitaria supone la creencia de que el Padre y el Espíritu Santo no son el Hijo. ¡Por lo tanto, los trinitarios no pueden reclamar la “sucesión apostólica” a través de los obispos romanos, porque los obispos romanos del primer siglo fueron modalistas!


martes, 5 de diciembre de 2017

Una Voluntad Divina y Una Voluntad Humana en Juan 6:38. "He Descendido del Cielo, No Para Hacer mi Voluntad, Sino la Voluntad del que me Envió"


Por Steven Ritchie, © 2016. Todos los Derechos Reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2017
Más información en: Global Impact Ministries. www.apostolicchristianfaith.com


Jesús dijo en Juan 6:38, “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”.

El Dios que se hizo hombre, descendió del cielo. Después de descender del cielo, se convirtió en un Hijo humano total y completo, con una naturaleza y voluntad humanas totales y completas. Por lo tanto, Jesús pudo decir que no vino para hacer su propia voluntad (su voluntad humana), sino la voluntad del Padre (la divina).

El apologista trinitario Luis Carlos Reyes, me envió varios correos electrónicos (fechados en septiembre de 2016) en los que describió cuidadosamente las tres cláusulas de Juan 6:38, respecto a las cuales él cree que se refieren a dos Personas divinas dentro de una trinidad. Sin embargo, éste pasaje no solo no respalda la visión trinitaria común, sino que la contradice. Aquí están mis respuestas condensadas que envié al Sr. Reyes por correo electrónico.

Tú escribiste: “Este es el texto de Juan 6:38: ‛Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió’”.

A lo que te respondí: Has mencionado las tres cláusulas de Juan 6:38, cuando escribiste: “Primero, observo que hay una cláusula independiente A, y que hay otras dos cláusulas B y C que dependen de esta cláusula independiente A.

(A) Porque he descendido del cielo.
(B) No para hacer mi voluntad.
(C) Sino la voluntad del que me envió.”

Luego formulaste estas tres preguntas:

“(1) ¿Quién es el 'yo' que está hablando en A? ¿Es el Padre (la naturaleza divina) o es el Hijo (la naturaleza humana)?

(2) ¿Quién es el orador en B? ¿Es el Padre (la naturaleza divina) o es el Hijo (la naturaleza humana)?

(3) ¿Quién es el orador en C? ¿Es el Padre (la naturaleza divina) o es el Hijo (la naturaleza humana)?”.


Respuestas Condensadas a los Comentarios del Sr. Reyes

Las únicas distinciones de voluntades, mentes y centros de autoconciencia personal, comenzaron después de que el Espíritu Santo de Dios el Padre descendió sobre la virgen para convertirse en un verdadero hombre con una verdadera voluntad humana. Dios como Dios no puede tener tres voluntades divinas, pues estas potencialmente podrían estar en desacuerdo entre sí. Es por eso que la teología de la unicidad es el único punto de vista que defiende la verdadera deidad de Cristo, al mismo tiempo que trae armonía a todas las porciones de las Escrituras.

Veo que Juan 6:38 es problemático para los trinitarios, ya que no hay ninguna porción de la Escritura que justifique que Dios tenga más de una voluntad divina, ya sea en las Escrituras hebreas o en las griegas. Si un supuesto “Dios el Hijo” pudiera tener una voluntad divina que potencialmente pudiera estar en desacuerdo con la voluntad del Padre, entonces Dios ya no podría ser llamado un solo Dios, pues poseería tres mentes divinas y tres voluntades divinas. Por lo tanto, los trinitarios no pueden defender el monoteísmo verdadero cuando creen que Dios tiene tres centros personales de conciencia del Ser, con cada persona divina poseyendo su propia mente y voluntad distinta.

Además, es ridículo pensar que el hombre Cristo Jesús tiene más de una conciencia. Porque si Cristo Jesús tuviera una conciencia divina distinta y una conciencia humana distinta dentro de sí mismo, entonces tendríamos a un Cristo nestoriano esquizofrénico que sería dos personas en lugar de una sola persona. 1. Corintios 11:3 dice claramente que Dios es la cabeza de Cristo. Por lo tanto, Dios como Dios no puede tener una cabeza [un superior] sobre él, pero Dios con nosotros como un verdadero hombre sí puede tener una cabeza [un superior] sobre él. ¿Si Cristo Jesús tiene una mente divina coigual y una voluntad divina coigual, cómo podría tener una cabeza sobre Él?

Jesús como un verdadero ser humano, solo pudo hablar desde su conciencia humana cuando dijo en Juan 6:38: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”. Cuando Jesús dijo: “he descendido”, (en tiempo pasado), esto significa que cuando pronunció estas palabras, Dios ya había descendido, y que estaba hablando como un verdadero ser humano en la tierra.

La explicación trinitaria alternativa, es que una supuesta “Segunda Persona Divina” bajó del cielo, no para hacer su propia voluntad divina, sino la voluntad de la “Primera Persona Divina”. Sin embargo, ¿cómo podrían estos dos llamados “Dios”, tener cada uno la capacidad de tener su propia voluntad pudiendo entrar en conflicto el uno con el otro, mientras que permanecen como un solo Dios? Si la explicación trinitaria fuera verdadera, entonces esto de más de una voluntad divina significaría que hay una capacidad dentro de Dios para tender hacia tres voluntades conflictivas, en razón a cada una de las supuestas voluntades individuales de las “Personas Divinas” dentro de Sí mismo. Tal visión contradice las palabras de las Escrituras inspiradas y es completamente insostenible.

Si bien es cierto que la identidad divina de Aquel que descendió del cielo es el Espíritu Santo de Dios el Padre (Lucas 1:35), se debe recordar que para el momento cuando Jesús pronunció estas palabras, Dios ya se había hecho hombre, por lo que en su condición del Hijo, Dios solo podía hablar a través de una conciencia humana, y por eso cuando Jesús hablaba sobre la tierra lo hacía como un hombre genuino.

Jesús como el Niño nacido y el Hijo dado (Isaías 9:6), recibió por revelación divina la conciencia de su existencia como Dios antes de convertirse en un hombre, cuando dijo “Antes que Abraham fuese, YO SOY” en Juan 8:58, e incluso “el Hijo del Hombre, que está en el cielo” en Juan 3:13. Por lo tanto, Jesús tuvo que haber conocido su identidad divina, porque el Padre le reveló esto como a un verdadero hombre.

El título “Hijo del Hombre” literalmente significa un hijo de la humanidad a través de la humanidad de María. Por lo tanto, Jesús como un verdadero ser humano sabía que Él no solo existía en la tierra como un hombre, sino que Él también existía en el cielo como Dios. (Nota: Jesús usó a menudo sus títulos de encarnación, para ocultar su verdadera identidad como Dios. Isaías 45:14-15, Juan 16:25). Así, la persona llamada Jesucristo de Nazaret es 100% hombre, pero su verdadera identidad también es 100% Dios con nosotros como un verdadero hombre entre los hombres, que también existe como el Dios fuerte y el Padre eterno (Isaías 9:6) por fuera de su nueva existencia como un verdadero hombre a través de la encarnación por medio de la virgen.

Por lo tanto, el Espíritu Santo del Padre descendió del cielo para convertirse en un verdadero hombre entre los hombres, para no hacer su voluntad humana recién asumida (dentro de la encarnación), sino la voluntad del único Dios verdadero que es el Padre (por fuera de la encarnación). Como lo indiqué anteriormente, las Escrituras prueban que el Hijo fue enviado en semejanza de carne de pecado (Romanos 8:3) solo después de que nació de mujer (Gálatas 4:4). Así como Jesús envió a sus discípulos al mundo después de que ellos hubieron nacido de mujeres, así también el Padre envió al Hijo al mundo después de que Él nació de una mujer (Juan 17:18; Gálatas 4:4).

Hebreos 1:3 nos informa que Jesús como el niño  humano nacido y el Hijo dado, es el resplandor (“apaugasma” significa “brillo reflejado” - Thayer) de su gloria (el contexto indica que se está hablando de la gloria del Padre) y la imagen expresa (“karaktér” significa “la estampa, la copia impresa”) de su persona (La persona del Padre - 'Hipóstasis' = Sustancia del Ser/Persona). Si Jesús fuera una segunda persona divina eterna y coigual, Él no hubiera podido llegar a ser el brillo reflejado de la gloria del Padre y la imagen impresa de la persona divina del Padre mientras hubiera persistido en ser eterno y coigual. Pero si la supuesta segunda persona divina hubiera dejado de ser eterna y coigual, entonces hubiera dejado de ser Dios. Por lo tanto, desde cualquier lado que se le mire, la teología trinitaria es insostenible. Aún más, la teología trinitaria no puede evitar el hecho de que la divinidad del Hijo de Dios es la imagen impresa (la copia) de la Persona del Padre como una persona humana total y completa.

Mientras que sin alguna justificación bíblica, los arrianos (como por ejemplo los llamados Testigos de Jehová) creen que el Hijo fue reproducido como la imagen de la persona del Padre antes de la encarnación, los trinitarios no cuentan con ninguna forma sensata para explicar cómo un supuesto Hijo eterno podría haber sido “reproducido” como “la copia impresa” de la persona del Padre mientras que aún permanece como eterno. El Salmo 2:7 y Hebreos 1:5, señalan específicamente el comienzo del Hijo por su engendramiento en la virgen.

“Mi hijo eres tú; YO TE ENGENDRÉ HOY”.  (Salmo 2:7).

“Yo seré a él Padre, y él me será a mí Hijo”. (Hebreos 1:5, 2. Samuel 7:14).

Note que las palabras “hoy”, “engendrado” y “será”, están haciendo referencia al Hijo como un hombre con un comienzo en el tiempo. Dios como Dios no puede ser engendrado (engendrado significa “nacido”) en un día específico, porque Dios como Dios no puede nacer, ni Dios como Dios tiene algún comienzo en el tiempo. Es por eso que Dios como Dios, hablando para el futuro profético, dijo: “YO SERÉ un Padre para el Hijo”, y “el Hijo SERÁ un Hijo para su Padre”.

Hebreos 2:17 indica que el Dios que participó de la carne y de la sangre fue “hecho completamente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 - NIV), al igual en que están hechos todos sus hermanos humanos. Por lo tanto, Dios se manifestó en la carne (1. Timoteo 3:16) para participar de la carne y la sangre, a fin de hacerse completamente humano. Dado que ningún ser humano puede ser completamente humano sin tener un espíritu humano y una naturaleza humana, sabemos que el Dios que se nos manifestó como Jesucristo tuvo que haberse convertido en un verdadero hombre a través de su concepción y nacimiento virginal. Por lo tanto, el Hijo de Dios tiene que tener un espíritu humano total y completo, una mente humana total y completa, y una naturaleza y voluntad humanas totales y completas, o si no, no habría sido en lo absoluto un verdadero Hijo, es decir un verdadero hombre.


Respuesta a la Primera Pregunta Relacionada con la Cláusula A, “Porque he Descendido del Cielo”

En Juan 6:38, Cláusula A (Porque he descendido del cielo), Luis Carlos Reyes preguntó: “¿Quién es el 'yo' que está hablando en A? ¿Es el Padre (la naturaleza divina) o es el Hijo (la naturaleza humana)?”.

A lo que le respondí:

Antes que nada, usted debe tener presente que las naturalezas no hablan ni piensan, son las personas las que hablan y piensan. Jesús tampoco puede dividirse en dos personas, como lo enseña el nestorianismo. Aunque Jesús poseía la naturaleza divina en su condición de Dios con nosotros encarnado como un verdadero hombre, ciertamente Él no habló como dos personas con dos voluntades, ya que las Escrituras afirman que el hombre Cristo Jesús (1. Timoteo 2:5) fue la conciencia humana que dijo: “He descendido (tiempo pasado) del cielo”, en razón a que su conciencia humana en la tierra también poseía una conciencia divina a través de la revelación de su verdadera identidad como el Dios fuerte y el Padre eterno (Isaías 9:6), que también se convirtió en un verdadero Hijo que fue nacido y dado  a través de la virgen (Isaías 9:6).

Mateo 1:20 indica claramente que la sustancia del Ser (Hebreos 1:3) de la deidad del Mesías, SALIÓ DEL (“Ek”) ESPÍRITU SANTO. El texto no dice SALIÓ DE Dios el Hijo, sino SALIÓ DEL ESPÍRITU SANTO del Padre mismo (comparar Mateo 1:20 con Hebreos 1:3). Si los trinitarios pudieran señalar alguna porción de la Escritura que mostrara que quien descendió sobre la virgen hebrea fue el Hijo en lugar del Espíritu Santo, estaría de acuerdo en que el título de Hijo prueba que tuvo que haber un Hijo viviente antes de la encarnación. Sin embargo, Lucas 1:35 nos informa que el Hijo de Dios fue llamado así, debido a su concepción virginal, ya que “Respondiendo el ángel [a María], le dijo: EL ESPÍRITU SANTO VENDRÁ SOBRE TI, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también EL SANTO SER QUE NACERÁ, SERÁ LLAMADO HIJO DE DIOS”.

He tenido varios debates con apologistas trinitarios, y ninguno de ellos ha podido citar jamás alguna porción de la Escritura que nos de alguna otra razón bíblica por la cual el Hijo es llamado así, aparte de su concepción y nacimiento virginal. Por lo tanto, el Hijo es el hombre y el hombre es el Hijo que fue engendrado (nacido o salido) del Padre en un día específico (ver Salmo 2:7, Hebreos 1:5, 2. Samuel 7:14).


Respuesta a la Segunda Pregunta Relacionada con la Cláusula B, “No Para Hacer Mi Voluntad”

En la Cláusula B (No para hacer mi voluntad), el Sr. Reyes preguntó: ¿Quién es el orador en B? ¿Es el Padre (la naturaleza divina) o es el Hijo (la naturaleza humana)? 

Ante esto le respondí:

Nuevamente, está claro que el hombre Cristo Jesús estaba hablando de no hacer su propia voluntad humana (pues la encarnación ya había ocurrido), sino de hacer solamente la voluntad del Padre, porque Dios como Dios solo tiene una voluntad divina, mientras que Emanuel, Dios con nosotros como un verdadero hombre, también tiene una voluntad humana distinta después de que la encarnación tuvo lugar. Por lo tanto, hay una distinción ontológica de voluntades entre el Padre y el Hijo, que solo ocurrió desde el comienzo del Hijo por medio de su engendramiento virginal (Salmo 2:7; Colosenses 1:15; Apocalipsis 3:14), ya que Juan 5:26 establece claramente que el Padre le “ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo”, lo que se trata de una vida humana distinta en lugar de una vida divina distinta. Por lo tanto, la vida del Hijo fue concedida dentro de la encarnación, mientras que la vida del Padre que no depende de la encarnación nunca le podría haber sido concedida.

La típica eiségesis trinitaria de Juan 6:38, afirma que un “Dios el Hijo” coigual, tiene una voluntad divina y distinta a la de Dios el Padre. Sin embargo, ni una sola porción de la Escritura dice que Dios tenga dos o tres voluntades divinas, dos o tres mentes divinas, o más de una conciencia divina. Si Dios tuviera más de una voluntad divina, entonces no podría haber un verdadero monoteísmo. Por lo tanto, los trinitarios no pueden explicar cómo un único Dios podría tener más de una mente divina, más de una conciencia divina y más de una voluntad divina, siendo un solo Dios verdadero. Juan 17:3, Malaquías 2:10, Isaías 64:8 y el Salmo 8:6, prueban que el Padre es el único Dios verdadero que creó todas las cosas por sus propias manos, en vez de por otra persona divina.


Respuesta a la Tercera Pregunta Relacionada con la Cláusula C, “Sino la voluntad del que me envió”

En Juan 6:38, Cláusula C (Sino la voluntad del que me envió), Luis Carlos Reyes preguntó: ¿Quién es el orador en C? ¿Es el Padre (la naturaleza divina) o es el Hijo (la naturaleza humana)?”.

Esta es mi respuesta:

Una vez más, el que habla es el Hijo de Dios, quien habló desde su conciencia humana después de que ya estaba en el mundo. Romanos 8:2 dice claramente que el Hijo de Dios fue enviado en semejanza de carne de pecado. Gálatas 4:4 declara que el Hijo de Dios fue enviado después de que nació (o salió) de una mujer. Jesús también explicó claramente que así como Él fue enviado al mundo, así los discípulos fueron enviados al mundo (Juan 17:18).

Jesús oró: “Como TÚ ME ENVIASTE AL MUNDO, así YO LOS HE ENVIADO AL MUNDO” (Juan 17:18).

¡Es difícil imaginar cómo una supuesta persona divina de Yahvé Dios podría ser enviada desde el cielo por su Padre, siendo verdaderamente coigual y coeterna! Esto, porque el que envía es mayor que el enviado, y el que unge es mayor que el ungido (Hebreos 1:8-9). Dado que el título “Cristo” significa “el Ungido”, es difícil imaginar cómo Jesucristo pudo haber sido ungido eterna y coherentemente por su Padre, sin que exista un tiempo específico en el que fue ungido. Por lo tanto, las palabras de la Escritura inspirada apuntan a que el Hijo tuvo un principio en el tiempo (Juan 1:1, Apocalipsis 3:14, Hebreos 1:5), y una posición subordinada al Padre (1. Corintios 11:3 dice que Dios es la cabeza de Cristo) en lugar de ser coeterno y coigual.

Muchos pasajes que los trinitarios citan para un supuesto Hijo pre-encarnado, solo prueban que el Hijo ya estaba “ungido” (1. Corintios 8:9; Filipenses 2:5) en el pensamiento expresado de Dios (Su Logos - Juan 1:1; Romanos 4:17), así como Él ya había “nacido” (Salmo 2:7; Proverbios 8:22-26; Colosenses 1:15) y había sido “asesinado” (Apocalipsis 13:8) en el plan preordenado de Dios (1. Pedro 1:20; Isaías 43:10-11; Efesios 1:4, 11). Dado que Dios llama a las cosas que no son como si fuesen (Romanos 4:17), es fácil ver el sentido en el que Dios habló de que Cristo ya había “nacido”, ya había sido “ungido” y ya había “muerto” desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8), antes de que Cristo realmente hubiera nacido, hubiera sido ungido y hubiera sido asesinado en la tierra. Por lo tanto, la única exégesis viable de Juan 6:38 que trae armonía a todos los datos bíblicos, y que a la vez defiende la verdadera deidad de Jesucristo, es la teología de la unicidad.

Por favor, responde a esta pregunta: -“¿Crees tú que una voluntad divina coigual (una voluntad es lo mismo que una conciencia) podría orar y ser tentada como una voluntad divina número dos? ¿O no tiene todo el sentido bíblico creer que la voluntad humana (la conciencia humana) de Cristo era la que podía orar y ser tentada? (Luis Carlos Reyes evadió por completo esta pregunta).

No importa cómo tratemos de explicarlo, la encarnación requiere de una voluntad divina de la única Persona divina (en nuestro entendimiento el Padre) que permaneció inmutable en los cielos con todos sus atributos divinos intactos (Malaquías 3:6, Hebreos 13:8), mientras que a la vez la propia sustancia de su ser también asumió una nueva voluntad humana (Hebreos 1: 3) cuando él se volvió “completamente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 NIV) dentro de la virgen.

Tú has ignorado el hecho bíblico de que Dios participó de carne y sangre para volverse completamente humano en todo sentido (1. Timoteo 3:16; Hebreos 2:14-17). Dios como Dios no puede tener una voluntad humana (Números 23:19 dice que Dios no es hombre), así que después de la encarnación encontramos una voluntad divina (la del Padre) y una voluntad humana distinta (la del Hijo). Cuando la sustancia del Ser de Dios fue “copiada” en la virgen como “la imagen expresa de su persona” (el contexto en Hebreos 1:3 prueba que se trata de la única persona divina que es el Padre), el niño Cristo fue “hecho completamente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 NIV). Por lo tanto, Hebreos 1:3 demuestra que las posiciones trinitaria, arriana y sociniana son erróneas, porque la única persona divina que es el Padre, es claramente la “sustancia del ser” del Padre (Hebreos 1:3 - hipóstasis) que fue “reproducida” como una “copia impresa” de la única persona divina del Padre como una persona humana absolutamente completa dentro de la virgen.

En contraposición, tu posición alega que un “Dios el Hijo” descendió del cielo, no para hacer su propia voluntad divina, sino la voluntad divina de “otra Persona de Dios”. Pregunta: ¿Cómo es posible que una voluntad de Dios, pueda ser diferente de otra voluntad de Dios, sin tener DOS DIOSES? (Luis Carlos Reyes ignoró esta pregunta, al igual que ignoró la mayoría de mis preguntas).

La voluntad del Hijo es una voluntad humana absolutamente completa, y la voluntad del Padre es la voluntad divina absolutamente completa. Estas son dos voluntades, porque la única persona divina del Padre (quien tiene una voluntad divina y sin dejar de ser lo que siempre ha sido) también se convirtió en una persona humana absolutamente completa como “la imagen expresa de su Persona” (Hebreos 1:3) por medio de la encarnación a través de la virgen (con una voluntad humana distinta - Hebreos 2:17). Para los hombres y los ángeles esto es imposible, ya que solamente el Dios omnipresente es el único que pudo convertirse en un verdadero hombre revelado como su propio brazo (Isaías 53:1), mientras que aún ha permanecido inmutable en los cielos (Jeremías 23:24; Malaquías 3:6).

No creemos que el hombre Cristo Jesús sea otra entidad distinta del Padre (arrianismo / socinianismo), porque nosotros creemos que el Padre entró en una nueva existencia cuando también se convirtió en un hombre absolutamente completo. Por lo tanto, nuestra posición es compatible con el antiguo monarquianismo modalista que una vez fue la visión predominante dentro de los primeros tres siglos de la era cristiana. (Ver a Tertuliano en Contra Práxeas 3, y a Orígenes en Comentario del Evangelio de Juan, libro 1, capítulo 23. Ver también mis folletos y videos sobre la teología de Clemente de Roma, Hermas de Roma, Ignacio de Antioquía y Aristides de Atenas, en ApostolicChristianFaith.com).

Yo no estoy evitando ninguna verdad en el contexto de Juan 6:38. La exégesis adecuada de cualquier texto debe comenzar primero con el texto mismo; solo después es que necesitamos pasar a comparar con otras porciones para asegurarnos de que nuestra interpretación de ese texto particular trae armonía a todos los datos bíblicos. Las interpretaciones privadas siempre quedan expuestas, pues  dichas interpretaciones privadas no están en armonía con “toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).


El Dilema Trinitario de las Tres Voluntades Divinas 

El Sr. Reyes escribió: “No es que ambas voluntades fueran contradictorias como incorrectamente se infiere, sino que el Hijo voluntariamente no aspiró a hacer su propia voluntad de una manera egoísta, sin considerar primero la voluntad del Padre”.

Aquí mi respuesta:

Repetidamente has alegado que yo dije que la voluntad del Hijo era contradictoria con la del Padre. Pero yo nunca deduje que la voluntad humana del Hijo fuera alguna vez contradictoria o que estuviera en desacuerdo con la voluntad divina del Padre. Todo lo que señalé fue que la voluntad del Hijo no anheló hacer su propia voluntad, lo que demuestra que la voluntad del Hijo contaba con el potencial de estar en desacuerdo con la voluntad del Padre. Esto es problemático para los trinitarios porque ellos creen que Dios tiene dos y tres voluntades divinas que potencialmente podrían estar en desacuerdo entre sí, y esto porque Juan 6:38 implica que la voluntad del Hijo de Dios tenía la capacidad de estar en conflicto con la del Padre. Ahora bien, si en Juan 6:38 la voluntad del Hijo es la voluntad divina de un supuesto “Dios el Hijo” celestial, entonces Dios como Dios podría potencialmente estar en desacuerdo consigo mismo, lo que traería el caos a toda la creación. Por lo tanto, pasajes como Juan 6:38 solamente afirman que la voluntad humana del Hijo de Dios, podría entrar en conflicto con la única y sola voluntad divina (la del Padre).

Usted escribió: “Si la voluntad de mi padre para mí, es que yo le lave su carro, y si yo no ansío hacer mi propia voluntad (no se trata de mí, como ustedes dicen, sino de mi padre; y por así decirlo, yo no busco ser el centro de atención); sino que si en realidad yo 'intencionalmente' quise hacer la 'voluntad' de mi padre en lugar de mi propia voluntad egoísta, entonces la lógica simple te dirá que en última instancia nuestras dos voluntades están en perfecta unidad, porque yo haré mi voluntad que es la voluntad del padre; y si mi voluntad es la voluntad de mi padre, por lo tanto tenemos un acuerdo perfecto de voluntades, sin contradicción alguna”.

Esta es mi respuesta:

Es completamente ridículo pensar que una supuesta “verdadera persona divina” que se supone que es copartícipe con otras dos supuestas “verdaderas personas de Dios”, no aspire a hacer su propia voluntad divina, sino que en lugar de hacer su propia coigual “voluntad divina egoísta” haya sucumbido ante la supuesta voluntad coigual de su Padre (el de la voluntad divina número uno). ¿De verdad crees que una voluntad divina de una verdadera “Persona de Dios” tendría la capacidad de rechazar su propia “voluntad egoísta” para rendirse ante otra coigual voluntad divina distinta? ¿Cómo podría una verdadera persona divina, rendir su supuesta voluntad divina distinta para someterla a la voluntad de otra persona divina coigual, mientras que aún sigue siendo una persona divina verdadera y diferente? (Luis Carlos Reyes ignoró por completo estas preguntas)

El único entendimiento bíblico, es que la voluntad del hombre Cristo Jesús se sometió a la voluntad de su Padre que es su cabeza, pues 1. Corintios 11:3 declara que “Dios es la cabeza de Cristo”. Es bajo esta luz que la voluntad humana del Hijo se sometió a la voluntad de su Padre.

Si tu teoría trinitaria fuera correcta, entonces deberíamos encontrar algunos ejemplos de un “Dios el Hijo” pre-encarnado, que tuvo una voluntad distinta en el cielo antes de que se produjera la encarnación. Lo mismo debería ser cierto para tu supuesta tercera Persona divina del “Espíritu Santo” trinitario. Por lo tanto, te desafío a presentar un solo ejemplo que muestre que el Hijo y el Espíritu tienen dos voluntades divinas distintas, aparte de la voluntad divina del Padre, antes de que el Hijo de Dios fuera formado en la virgen (Mateo 1:20; Lucas 1:35). (El Sr. Reyes nunca respondió). El solo hecho de que los trinitarios no puedan encontrar tales ejemplos, prueba que la voluntad del Hijo era la voluntad humana distinta del hombre Cristo Jesús, que fue hecho “completamente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 - NIV) dentro de la virgen hebrea.

Por lo tanto, en Juan 6:38 no puede haber una supuesta “variación” o cambio en las voluntades, ya que la voluntad del Hijo es la voluntad de la persona humana distinta que fue enviada al mundo (Juan 17:18), así como los discípulos fueron enviados al mundo después de que nacieron de mujeres (Gálatas 4:4). A los trinitarios les encanta aislar los textos individuales para distorsionar su significado original, sin compararlos con otros pasajes relacionados para asegurar que sus interpretaciones estén en armonía con todo el consejo de Dios.

Las Escrituras están repletas de ejemplos que nos muestran que Dios tiene una mente, un corazón y un alma, tal como un hombre tiene una sola mente, un solo corazón y una sola alma. De hecho, las mismas palabras hebreas y griegas que se usan en la Biblia para designar a la mente, el corazón y el alma de Dios, se usan para designar la mente, el corazón y el alma de un hombre.

Dios dijo en Jeremías 32:35 (LBLA), “…lo cual no les había mandado, ni me pasó por LA MENTE que ellos cometieran esta abominación, para hacer que Judá pecara”.

Génesis 8:21, “dijo JEHOVÁ EN SU CORAZÓN (LEB “labe”): No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento DEL CORAZÓN DEL HOMBRE (LEB “labe”) es malo desde su juventud”.

Dios dijo en Levítico 26:30, “Destruiré vuestros lugares altos, y derribaré vuestras imágenes, y pondré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y MI ALMA os abominará”.

Así como las Escrituras dicen que Dios tiene una mente, un corazón y un alma, así también las Escrituras dicen que los seres humanos individuales tienen una mente, un corazón y un alma. Pero si la doctrina trinitaria fuera verdadera, entonces Dios debería tener tres mentes, tres corazones y tres almas: una para cada persona divina. Dado que las palabras hebreas y griegas para “alma” tienen el mismo significado que nuestra palabra española “persona”, Dios como una sola “alma” tiene que ser una sola “persona”. Los trinitarios no pueden presentar una sola Escritura que demuestre que Dios ha tenido más de una conciencia mental, más de un corazón consciente, o más que un alma consciente. Por lo tanto, Dios debe ser una sola mónada (una sola entidad sin división) con una sola mente, un solo corazón, una sola alma y una sola voluntad divina, en lugar de tres personas divinas con tres mentes, tres corazones y tres almas.


martes, 28 de noviembre de 2017

Jesús Siendo en la Forma de Dios, Se Despojó a Sí Mismo (Filipenses 2:5-7)


Por Steven Ritchie, © 2017. Todos los Derechos Reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2017
Más información en: Global Impact Ministries. www.apostolicchristianfaith.com


“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, SIENDO [Gr. Jupárjo; ὑπάρχω] en FORMA [Gr. Morfé; μορφή] de Dios, no estimó el ser IGUAL [Gr. Isos; ἴσος] a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se DESPOJÓ [Gr. kenóo; κενόω] a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:5-7).


El Griego Jupárjo (ὑπάρχω), Significa Llegar a Ser, o Comenzar a Existir en una Condición Particular

El término griego jupárjo (ὑπάρχω), se ha traducido como “EXISTÍA”, en Filipenses 2:6.

Filipenses 2:6 (LBLA).  “El cual, aunque EXISTÍA (jupárjo = “comenzar bajo” o “entrar en existencia”) en forma de Dios, no consideró el ser IGUAL (isos) a Dios como algo a qué aferrarse...”.

Algunos trinitarios han alegado que en Filipenses 2:6, la palabra griega jupárjo significa “eternamente existente”. Pero según la Concordancia Exhaustiva de Strong (G-5225), éste es el  sentido de “EXISTE” que transmite jupárjo.

“de 5259 [juperaíromai] y 756 [árjomai]; ESTAR BAJO (calladamente), i.e. LLEGAR A EXISTIR (estar presente o a mano); como interjección, existir (como cópula o subordinado a un adjetivo, participio, adverbio o preposición, o como auxiliar al verbo principal):—tener, vivir”.

Observe las palabras: “ESTAR BAJO”, “LLEGAR A EXISTIR”.

Por lo tanto, los eruditos griegos podrían haber traducido Filipenses 2:6, como: “el cual, aunque comenzó a existir en la forma de Dios”. Tal traducción refuta a la teología trinitaria, pero está perfectamente de acuerdo con la teología de la unicidad. Les pido a nuestros amigos trinitarios, que muestren cómo la palabra jupárjo tiene algo que ver con “existir eternamente”. Tal punto de vista solo cabe en las ilusiones trinitarias.

Esta es la definición de jupárjo, según el Léxico Griego de Thayer

“STRONG NT 5225: ὑπάρχω; imperfecto ὑπῆρχον;
1. Propiamente, PARA COMENZAR abajo, para hacer UN PRINCIPIO; universalmente, PARA PRINCIPIAR; (Homero, Esquilo, Heródoto y siguientes).
2. PARA VENIR, por lo tanto, para estar allí, estar listo, estar a la mano (Esquilo, Heródoto, Píndaro y siguientes)”.

El Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento de W.E. Vine, define jupárjo en la página 390, así:

“hacer [producir] un comienzo” (jupo, 'bajo'; arjé, 'un principio')”.

El Léxico Intermediario Griego-Inglés [Intermediate Greek-English Lexicon] de Liddell y Scott (que son trinitarios) dice:

“[jupárjo] ...comenzar, producir un comienzo... 2. Producir un principio de... 3. Comenzar a hacer... 4. Comenzar [haciéndose] benevolente con uno...”- (p. 831, Oxford University Press, impreso en 1994).

Aunque el verbo griego jupárjo se puede traducir como “existió”, el matiz completo de su significado, es que jupárjo significa algo que ha llegado a existir en algún punto del tiempo.

El Dr. Alfred Marshall, un trinitario experto en el Griego del Nuevo Testamento, escribió:

“[Gínomai] denota la llegada a la existencia de lo que no existía antes... Este verbo [como el jupárjo] por lo tanto no se usa para Dios...”. (Página 106, de la Cartilla del Nuevo Testamento Griego [New Testament Greek Primer], Zondervan Publishing House, impreso en 1978).

Lucas 16:23. “alzó sus ojos, estando [jupárjo] en tormentos”.

El hombre rico no pudo haber existido eternamente en un estado de tormento, porque el jupárjo prueba que el hombre rico había “venido a ser” atormentado en un punto del tiempo.

De la misma manera, en Filipenses 2:6, Cristo Jesús jupárjo, “comenzó a existir”, o “vino a existir”; ¡lo que demuestra que el Hijo, como Hijo, no pudo haber existido por siempre desde la eternidad pasada!

Además de Lucas 16:23, otros ejemplos donde jupárjo se usa para probar que las personas “comenzaron” o “llegaron a ser” en una condición particular, son: Hechos 2:30; Hechos 7:55; Romanos 4:19; 2. Corintios 8:17; Santiago 2:15 (en forma plural).

Veamos el caso de Santiago 2:15, que dice: “Y si un hermano o una hermana están [jupárjo] desnudos ['sin ropa']…”. Obviamente, un hermano o una hermana no podrían haber existido siempre y eternamente en una condición desnuda durante toda la eternidad pasada. Esto prueba que el verbo griego jupárjo, significa que una persona ha “comenzado” o ha “entrado” en una condición particular, en lugar de haber estado por siempre en esa condición.

El Dr. Robert Young, quien es un erudito bíblico trinitario, notó el significado correcto y completo para jupárjo en este versículo: “COMENZARON a estar [jupárjo] desnudos” – (Comentario Crítico Conciso de la Biblia por Young, [Young's Concise Critical Bible Commentary], Baker Book House, 1977 ed.)

Por lo tanto, jupárjo no significa “preexistencia eterna”, como lo afirman algunos trinitarios.


El Griego Isos (ἴσος) Significa Igual o lo Mismo Que, Por lo Tanto Igual a Dios, Significa Ser el Mismo Dios

Filipenses 2:6. “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser IGUAL [Gr. Isos; ἴσος] a Dios como cosa a que aferrarse”.

La verdadera identidad del Hijo es igual a la del Padre omnipresente, en el mismo sentido en que la palabra griega isos significa “idéntico” o “igual que”, en Hechos 11:17.

“Si Dios, pues, les concedió [a los gentiles] también el mismo [Gr. Isos; ἴσος] don que a nosotros [los judíos] que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?”

Así como el don del Espíritu Santo que se derramó sobre los creyentes gentiles es “idéntico”, o es el mismo don del Espíritu Santo que se derramó sobre los judíos, así también la deidad del Hijo es idéntica, o es la misma deidad del Padre.

La misma palabra griega isos es usada en Filipenses 2:6, y se puede traducir como “igual, idéntico o lo mismo”. Por lo tanto, el hombre Cristo Jesús no consideró el ser “igual”, “idéntico”, o “el mismo” Dios, como una cosa para ser retenida (Filipenses 2:6). Por lo tanto, la deidad del Hijo es la misma deidad de Dios el Padre por la vía de la encarnación (como un hombre verdadero), así como el don del Espíritu que ha sido derramado sobre los gentiles, es el mismo Espíritu que ha sido derramado sobre los hermanos judíos.


El Griego Morfé (μορφή), Significa la Apariencia Externa

Pablo escribió en el tiempo pasado, “el cual, siendo en forma de Dios”, porque el hombre Cristo Jesús comenzó a existir “en la forma de Dios”, cuando apareció sobre la tierra como un hombre.

La palabra “forma” en el griego original es morfé, que significa “forma” o “apariencia externa”. Por lo tanto, Filipenses 2:5-9 no está hablando de una forma espiritual invisible que existe con Dios desde antes de la encarnación, sino más bien, de una imagen física y tangible del Dios invisible (Colosenses 1:15) que se hizo visible para que todos lo vieran después de haber sido “hecho de una mujer” (Gálatas 4:4, Lucas 1:35, Hebreos 2:9, Romanos 1:3-4). Por lo tanto, la “forma” (morfé) de Dios en Filipenses 2:6-7, debe ser una “forma externa” o una “imagen física” (Colosenses 1:15) como “la palabra hecha carne” (Juan 1:14), en lugar de una supuesta imagen invisible antes de la encarnación.

Marcos 16:12, es el otro único lugar en el Nuevo Testamento Griego, que usa la palabra griega morfé. El texto dice que Jesús “se apareció en forma distinta [la morfé del resucitado] a dos de ellos cuando iban de camino al campo”. Sabemos que Jesús no pudo haber aparecido en una forma invisible después de su resurrección, o si no el docetismo sería verdad. Por lo tanto, el significado de la palabra griega morfé, traducido como “forma” en Filipenses 2:6, prueba que una forma visible o tangible, o la imagen del Dios invisible ya estaba en la carne, en lugar de una supuesta forma o imagen pre-encarnada.

Ignacio de Antioquía, quien vivió en el primer siglo y fue enseñado por los apóstoles, escribió a Policarpo 3:2.

“Espera en Aquel que está por encima de toda estación, el Eterno, el Invisible, que se hizo visible por amor a nosotros, el Impalpable, el Impasible, que sufrió por amor a nosotros, que sufrió en todas formas por amor a nosotros.” (Epístola de Ignacio a Policarpo, 3:2. http://escrituras.tripod.com/Textos/EpIgnacio.htm).

Observe que Ignacio escribió que el Dios que se hizo visible en la encarnación, fue primero invisible antes de su nacimiento. Esto arroja luz sobre el significado que Pablo quiso transmitir en la frase de Filipenses 2:6 de que Cristo existía en la forma de Dios. Jesús llegó a existir en la forma visible de Dios en la tierra como el Hijo; pero antes de hacerse visible, primero fue el único Dios invisible. Esto demuestra que el Hijo no pudo haber existido eternamente en una supuesta forma visible de Dios antes de su nacimiento.

Los trinitarios se equivocan mucho, cuando alegan que según el registro de la Biblia hebrea, el Hijo fue visto anteriormente, mientras que el Padre nunca ha podido ser visto. Sin embargo, Ignacio de Antioquía escribió que el Dios que se encarnó fue primero el “el INVISIBLE, que se hizo VISIBLE por amor a nosotros”. Por lo tanto, Ignacio creía que el único Padre invisible se convirtió en el Hijo visible, “que sufrió por amor a nosotros”.

Del mismo modo, Matetes, quien también fue enseñado por los apóstoles en el primer siglo, escribió en su Epístola a Diogneto, Capítulo 11: “Él, que es siempre [eterno], que es hoy reconocido como Hijo” (Epístola de Matetes a Diogneto, https://edificandofiladelfia.es.tl/Ep%EDstola-a-Diogneto.htm). Por lo tanto, sabemos que el Hijo realmente no fue llamado Hijo, antes de su nacimiento en Belén.

Cuando comparamos a Colosenses 1:15 con Filipenses 2:6, encontramos que también se habla de Jesús como “La imagen DEL DIOS INVISIBLE”. Sabemos que Jesús realmente existió en la forma o imagen del Dios invisible cuando nació en Belén, porque hubiera sido imposible que Jesús hubiera existido en la forma o “imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15) si esa forma o imagen también fuera invisible.

Sería absurdo si Colosenses 1:15 dijera: “Él es la imagen (invisible) del Dios invisible”, con la palabra “invisible” siendo interpolada entre las palabras “imagen del Dios invisible”. Jesús no pudo haber existido siempre como una imagen invisible del Dios invisible, y aun así ser esa imagen.

Si Filipenses 2:6 hablara de una forma o imagen invisible del Dios invisible, entonces en Colosenses 1:15 tendría que leerse algo como esto: “Él es la imagen (invisible) del Dios invisible...”. Pero una imagen invisible del Dios invisible es algo absurdo y contradictorio. Debemos trazar correctamente la Palabra de Verdad, creyendo que Jesús existió en la forma física o en la imagen del Dios invisible al nacer por la vía de la encarnación a través de la virgen sobre la tierra.


El Griego Kenóo (κενόω), Significa Vaciarse o Despojarse. El Hombre Cristo Jesús se Despojó (o Vació) de sus Derechos y Privilegios Divinos Aunque era Dios con Nosotros

Aunque se habla de Jesús como la “forma de Dios” visible (“la imagen del Dios invisible” - Colosenses 1:15), él “no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse”. Las palabras, “NO ESTIMÓ EL SER IGUAL A DIOS COMO COSA A QUE AFERRARSE”, prueban en primer lugar que Filipenses 2:6 no está hablando de una supuesta segunda Persona divina no-encarnada en el cielo (antes de la encarnación), que ya era completamente Dios y existía con Dios, pues para empezar no tiene ningún sentido creer que una supuesta persona divina coigual y no-encarnada, que no era humana, pudo haber estimado el no ser igual a otra verdadera persona divina coigual, si esa Persona divina ya era una verdadera Persona divina.

Versículos 7-8. “…sino que se despojó [kenóo = se vació] a sí mismo, tomando forma [morfé = “apariencia exterior”] de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

La conservadora Biblia Apostólica Políglota Interlineal de la Fundación Lockman (por Charles Van Der Pool), tradujo a Filipenses 2:7-8 desde el texto griego de la siguiente manera:

“Pero se vació, tomando la forma de un siervo, habiendo sido hecho a semejanza de los hombres. Y habiendo sido encontrado en apariencia como un hombre, se humilló a sí mismo...”.

La traducción literal interlineal del texto griego, indica que Jesús “se vació a sí mismo”, “tomando la forma de un siervo”. En otras palabras, él se vació a sí mismo después de tomar la forma de un siervo, porque había sido hecho a la semejanza de los hombres. Por lo tanto, él ya era un hombre cuando se despojó (o vació) de sus derechos y privilegios divinos como “Dios con nosotros” como un hombre.

Además, un supuesto Yahvé Dios el Hijo pre-encarnado, no podría haberse vaciado de sus atributos divinos sin violar a Malaquías 3:6, que dice: “Porque Yo YAHVÉ, NO CAMBIO”. Si Jesús no se despojó de sus atributos divinos, ¿entonces exactamente de qué se despojó en Filipenses 2:7?

Filipenses 2:8 nos proporciona la respuesta.

“estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

Aunque Jesús conocía su verdadera identidad como Dios con nosotros como un verdadero hombre, no usó sus prerrogativas divinas como Dios, sino que se humilló a sí mismo al dejar de lado de manera permanente sus derechos y privilegios divinos durante su ministerio terrenal. ¡Es en este sentido que Jesús se vació continuamente de sus derechos divinos mientras estuvo en la tierra como un hombre! Como un hombre verdadero, se humilló a sí mismo al ser obediente hasta la muerte, incluso la muerte de la cruz.


Conclusión

Citaré a la Biblia Textual (BTX), y a continuación publicaré mi interpretación del pasaje entre corchetes.

2:5. Considerad entre vosotros lo que hubo también en Jesús el Mesías. [Que la mente, la forma de pensar del Mesías, el hombre Ungido Cristo Jesús, esté en ustedes. El Mesías o el Ungido, es la nueva existencia del Dios Padre como el Hijo, es decir como un hombre en una vida humana auténtica].

2:6. el cual [Dios el Padre encarnado como un verdadero hombre ungido, el Hijo], existiendo en forma de Dios [Dios el Padre encarnado como un hombre que existió en la forma visible del Padre invisible en la tierra como el Mesías ungido, el Hijo], no quiso por usurpación ser igual con Dios, [Dios el Padre con nosotros en la tierra como el Hijo, un verdadero hombre con una vida humana auténtica, no consideró la igualdad con Dios].

2:7. sino que se despojó a sí mismo [Dios el Padre que se convirtió en un hombre verdadero en la encarnación, se despojó de sus derechos y privilegios divinos como Dios con nosotros en una vida humana auténtica como el Hijo] tomando forma de siervo [La nueva existencia del Padre como un Hijo, tomó la forma de un sirviente],  hecho semejante a los hombres [Dios el Padre encarnado como un hombre, fue hecho a semejanza de los hombres a través de su concepción virginal como el Hijo];

2:8. y hallándose en la condición de hombre [Dios el Padre encarnado como un hombre, se encontró en la forma visible del Padre invisible a través de su concepción virginal como el Hijo, como un verdadero hombre en un auténtica vida humana], se humilló a sí mismo al hacerse obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. [Dios el Padre encarnado como un verdadero hombre se humilló a sí mismo, y entregó su vida humana en rescate por muchos].

2:9. Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio el nombre que es sobre todo nombre [Dios en su condición trascendente como el Padre eterno, exaltó hasta lo sumo al hombre Cristo Jesús el Hijo, quien es Dios mismo en su condición de hombre];

2:10. para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra [Jesús es el nombre supremo que Dios ha revelado a la humanidad, cuando Él mismo se manifestó en la carne],

2:11. y toda lengua confiese que Jesús el Mesías es el Señor para gloria de Dios Padre [Jesús como el Mesías, el Hijo, Dios manifestado en carne; es el Supremo Rey del linaje de David, que será rey para siempre entre los hombres, lo cual glorificará al único Dios, quien es el Padre].


sábado, 25 de noviembre de 2017

La Controversia Trinitaria en el Siglo Cuatro


Por David K. Bernard, © 1993. Todos los Derechos Reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, 2017




Prefacio

Este libro examina la doctrina de Dios en la cristiandad durante el cuarto siglo d.C. Tiene dos propósitos principales: (1) Rastrear el desarrollo del trinitarismo y (2) encontrar y evaluar la evidencia de las creencias de la unicidad durante este periodo de tiempo.

La controversia trinitaria en el Cuarto Siglo, es una secuencia del libro Unicidad y Trinidad 100-300 d.C. por David K. Bernard, que Word Aflame Press publicó en 1991. Ese libro se basa en la evidencia respecto a las creencias y desarrollos doctrinales durante los siglos segundo y tercero. (Ver el capítulo 11 de Unicidad y Trinidad para las conclusiones). También supone que el lector entiende la doctrina de la Unicidad y cómo ésta difiere del trinitarismo. (Para una explicación, vea el capítulo 1 de Unicidad y Trinidad. Para un tratamiento bíblico completo, vea La Unicidad de Dios por David K. Bernard).

Este libro es una expansión de un documento dado en el Simposio Sobre el Pentecostalismo Unicitario en enero de 1992, en San Luis, Misuri, titulado: “De Nicea a Constantinopla: La Controversia Trinitaria en el Cuarto Siglo”. Debido a la naturaleza del tema y el foro original de su presentación, algunos de los términos en este libro son técnicos y  especializados. Para ayudar a la comprensión del lector, se ha incluido un glosario.

La historia no puede alterar o reemplazar la verdad bíblica, ni puede establecer o repudiar la doctrina apostólica. La clara enseñanza de la Escritura debe ser la única base para nuestra creencia y práctica. Mi esperanza es que esta investigación histórica ayudará al lector a superar la tradición no bíblica, viendo la Palabra de Dios más claramente.


Capítulo 1. El Camino a Nicea

En la Edad Católica Antigua (c. 170 al 325 d.C.), la cristiandad se desplazó desde la creencia bíblica en un Dios hacia una forma de trinitarismo. [1] Los trinitarios de aquella época, dividieron la personalidad de Dios en una manera triteísta, y negaron la deidad completa de Jesucristo subordinando a la segunda persona de su trinidad ante la primera persona. [2]

Para el año 300, una forma de trinitarismo y el bautismo trinitario se habían vuelto dominantes en la cristiandad, pero el trinitarismo ortodoxo tal y como lo conocemos hoy, aún no se había formulado claramente ni se había establecido sólidamente. Explicaremos cómo tal formulación se produjo en el siglo cuarto, centrándonos en este proceso particularmente en los dos concilios ecuménicos cruciales: el Concilio de Nicea del año 325 d.C. y el Concilio de Constantinopla del año 381 d.C.

Durante los siglos segundo y tercero, la mayoría de los cristianos afirmaron la absoluta unicidad de Dios y la deidad completa de Jesucristo, y no pensaron en categorías trinitarias. [3] Genéricamente, podemos etiquetar a esta creencia por el término de modalismo. El maestro más destacado del modalismo durante el siglo tercero fue Sabelio, quien sostuvo que el Padre, el Hijo y el Santo Espíritu son modos (designaciones, manifestaciones, no personas) del único Dios, y que Jesús es la encarnación de la deidad indivisa. [4]

Según la opinión de prominentes historiadores de la iglesia como Adolph Harnack, el modalismo fue una vez el punto de vista mayoritario y el rival más importante del trinitarismo alrededor de  los años  180 al 300 d.C. [5] Aunque “el proceso es bastante oscuro”, [6] parece que hacia el final del tercer siglo, la mayoría de los líderes de la iglesia habían rechazado al modalismo a favor de una distinción personal entre Dios el Padre y Jesucristo. Sin embargo, la naturaleza de esta distinción no estaba clara.

Los apologistas griegos, destacados filósofos y escritores cristianos del siglo segundo, habían hablado de Jesús principalmente como el Logos (la Palabra). Ellos en general, vieron al Logos como una segunda persona divina subordinada al Padre. Llamaron a ambas personas Dios, pero no vieron al Logos como coigual o coeterno con el Padre.

Tertuliano y Orígenes fueron los principales formadores de opinión durante el siglo tercero, aunque la iglesia institucional finalmente los había condenado como herejes. Ellos discutieron a favor de una trinidad de personas en la deidad, pero ellos también subordinaron a Jesús ante el Padre. Sin embargo, de alguna manera se acercaron a la formulación trinitaria posterior: Tertuliano al hacer hincapié en que las tres personas son de una sola sustancia, y Orígenes al presentar la doctrina de que el Padre y el Hijo fueron coeternos.

Alrededor del 318 estalló una controversia en Alejandría, Egipto, sobre la naturaleza de la segunda persona. El conflicto surgió sobre las enseñanzas de Arrio (280?-336), un presbítero (predicador) en Alejandría, quien derivó gran parte de su pensamiento de su maestro, Luciano de Antioquía.

Al igual que los cristianos de los primeros tiempos, Arrio enfatizó la unicidad absoluta de Dios, usando pasajes bíblicos como Deuteronomio 6:4, y por lo tanto rechazó el trinitarismo pensando que éste se estaba volviendo predominante. Sin embargo, al igual que los trinitarios utilizó una fórmula bautismal triple, y creyó que Jesús es una segunda persona llamada el Logos o Hijo. Su forma de reconciliar estos puntos de vista conflictivos, fue negando que Jesús sea Dios. Él sostuvo, en palabras de Louis Berkhof, que el Hijo fue “creado a partir de la nada antes de que el mundo fuera llamado a la existencia, y por esa misma razón no era eterno ni de la esencia divina”. [7] Para Arrio, Jesús fue el primero y el más exaltado ser creado, el agente supremo de Dios, en efecto un semidiós. Hoy en día, los Testigos de Jehová abrazan esencialmente este punto de vista.

La opinión de Arrio era similar a la de los apologistas griegos del siglo segundo, y a la de los monarquianos dinámicos, un grupo disidente del siglo tercero. Esta era una extensión lógica de la idea de subordinación que era inherente al trinitarismo hasta ese momento, porque reconocía que Jesús era divino pero no deidad.

Aunque Arrio fue devoto del monoteísmo, se opuso con vehemencia al modalismo (sabelianismo), y “protestó contra lo que él creyó que era el sabelianismo de su obispo Alejandro”. [8] Objetó el énfasis de Alejandro en la deidad de Cristo, aunque Alejandro era en realidad un trinitario en lugar de un modalista.

La causa inmediata de la disputa entre ellos, fue la interpretación que Arrio hacía de Proverbios 8:22-31, un pasaje que personifica a la sabiduría como un atributo de Dios. Comenzando con los apologistas del siglo segundo, los teólogos identificaron comúnmente a la sabiduría en Proverbios como una segunda persona divina, el Hijo-Logos. El versículo 22 dice: “Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras”. Dado que la palabra hebrea traducida como “poseía” puede significar “creado” o “manifestado”, Arrio interpretó el pasaje para significar que Dios creó al Hijo en cierto punto del tiempo antes de la creación del mundo.

En el 321, Alejandro convocó a un sínodo en Alejandría, que excomulgó a Arrio y a sus colegas. Sin embargo, Arrio obtuvo el apoyo del Obispo Eusebio de Nicomedia, y continuó la controversia. Tanto Alejandro como Arrio, reclutaron a varios obispos en sus respectivos bandos, y la disputa amenazaba con perturbar a la iglesia cristiana a lo largo del Imperio Romano.

La noticia de la controversia llegó hasta el emperador Constantino, quien tenía poco interés o comprensión del crucial tema teológico que estaba en juego, a saber la deidad de Jesús, pero sí estaba preocupado de que la disputa pudiera causar división en su imperio. Constantino se había dado cuenta de que el paganismo estaba muriendo, y que solo el cristianismo podía proporcionar la unidad religiosa, cultural y filosófica necesaria para su diverso imperio. En el 313, después de haber derrotado a su rival Majencio en el 312, él y su coemperador Licinio, concedieron la libertad de culto a los cristianos. En el 324 derrotó a Licinio, se convirtió en el único emperador romano, y ese mismo año abrazó públicamente al cristianismo. Sin embargo, retrasó su bautismo como cristiano hasta poco antes de su muerte en el año 337, confiado en la teoría de que él podría seguir pecando para recibir la remisión de sus pecados al final. Como un ejemplo de su moral, en el año 326 ejecutó a su hijo, a su sobrino y a su esposa, por razones que no están claras.

Will Durant explicó los intereses políticos de Constantino:

“Poco le importaban las diferencias teológicas que agitaban a la cristiandad, aunque estaba dispuesto a suprimir la disidencia en interés de la unidad imperial. A lo largo de su reinado trató a los obispos como sus ayudantes políticos; los convocó, presidió sus concilios, y acordaron hacer cumplir cualquier opinión que la mayoría formulara… El cristianismo era para él un medio, no un fin”. [9]

Walter Nigg concluyó de manera similar. “Constantino… trató a las cuestiones religiosas únicamente desde un punto de vista político”. [10]

Inicialmente, Constantino buscó resolver la disputa entre Arrio y Alejandro apelando a ambas partes a perdonarse los unos a los otros y buscar la paz y la unanimidad. Les dijo que la controversia era “de una naturaleza verdaderamente insignificante, totalmente indigna de semejante enconada contención”, “una cuestión improductiva”, que “en primera instancia era equivocado proponerla” y era un “caso muy sublime y abstruso”. [11]

Finalmente, se dio cuenta de que el problema no podía ser resuelto tan fácilmente. A instancias de su cercano asesor, el obispo Osio de Córdoba, convocó al primer concilio ecuménico de la cristiandad post-apostólica para tratar el asunto, y pagó los gastos de los delegados.


Capítulo 2. El Concilio de Nicea

El concilio se reunió en el año 325 en Nicea (también conocido como Nicaea; ahora Íznik, Turquía), una encrucijada de comercio en Bitinia (al noroeste de Asia Menor) a treinta y dos millas de la corte imperial en Nicomedia. Asistieron alrededor de 250 o 300 obispos, [12] que eran alrededor de la sexta parte del número total en la cristiandad, y casi todos ellos eran de las tierras de habla griega que bordeaban el Mediterráneo oriental. Solo asistieron siete delegados occidentales, incluidos dos representantes del obispo de Roma quien no estuvo presente. Cada obispo tenía a varias personas en su séquito, por lo que el número total de asistentes fue aproximadamente de mil quinientos a dos mil personas. El concilio duró alrededor de seis semanas.

Constantino dio apertura al concilio en su residencia de verano, como presidente honorario. Su consejero Osio, el delegado occidental más prominente, se desempeñó como presidente. El obispo Eusebio de Cesarea, se sentó a la mano derecha del emperador, que era una posición de honor.

Pronto se hicieron evidentes tres facciones. La primera fue la de los homoousianos, que fueron una minoría liderada por Alejandro de Alejandría y Atanasio (300? -373). Atanasio era ayudante de Alejandro y más tarde llegó a ser su sucesor como obispo. Aunque Atanasio era un hombre joven (de alrededor de unos 25 años) y de bajo rango eclesiástico (archidiácono), se convirtió en el adalid de esta facción debido a su brillantez, su elocuencia y a su decisivo liderazgo en la era postnicena. Los Homoousianos argumentaron que el Padre y el Hijo eran homoousios, o “de la misma sustancia”, y para apoyar este punto de vista, Alejandro y Atanasio defendieron la generación eterna del Hijo como fue enseñada por Orígenes.

Una segunda facción fue la minoría arriana, que fue dirigida por el obispo Eusebio de Nicomedia y Arrio. Eusebio propuso un credo arriano, que fue firmado por dieciocho obispos, y que el concilio rechazó de inmediato. Los arrianos encontraron apoyo en algunas declaraciones de Orígenes, que indicaban que el Hijo era de diferente sustancia a la del Padre.

El tercer grupo, que eran la mayoría, no entendían el problema del todo, pero querían la paz. En general, tomaron una posición intermedia, pero es difícil caracterizarlos a ellos como un todo. Philip Schaff explicó: “Muchos de ellos tenían un instinto ortodoxo, pero poco discernimiento; otros eran discípulos de Orígenes, o preferían la simple expresión bíblica en vez de una terminología escolástica; otros no tenían convicciones firmes, sino solo opiniones inciertas”. [13] Muchos de ellos fueron reacios en condenar a Arrio o de adoptar la posición homoousiana. Muchos parecían abrazar las dos hebras de la enseñanza de Orígenes: que el Hijo es una segunda persona eterna en la deidad y que el Hijo está subordinado al Padre. Debido a estas opiniones, a veces los historiadores caracterizan a muchos de los de este grupo como semiarrianos u origenistas.

El obispo Eusebio de Cesarea, un líder de este tercer grupo, propuso un credo de compromiso que era utilizado como una confesión bautismal en su ciudad. Éste simplemente decía que Jesús es “la Palabra de Dios, Dios de Dios… el primogénito de todas las criaturas, engendrado del Padre antes de todos los tiempos”. [14] La mayoría de los obispos estaban contentos con esta fórmula, Constantino la aprobó, y los arrianos estuvieron dispuestos a suscribirse a la misma, pero Alejandro y Atanasio la objetaron fuertemente, por eso no se resolvió el problema en cuestión.

Finalmente Constantino, quien deseaba obtener la mayor unanimidad posible en la decisión, y evidentemente motivado por Osio, abogó por la inclusión de la palabra clave: homoousios. Este término contaba con una historia accidentada. Se había originado con el gnóstico Valentín, según fue citado por Ireneo. Orígenes lo usó de una manera trinitaria, mientras que algunos Sabelianos lo usaron contra el trinitarismo. En un sínodo en Antioquía, que fue celebrado en el año 264, y que depuso a Pablo de Samosata que era un monarquiano dinámico, los seguidores de Orígenes condenaron este término debido al uso que le dio Pablo. [15]

La palabra era inaceptable para los arrianos. Los origenistas también estaban incómodos con ésta, porque para ellos implicaba sabelianismo, a saber, que en cuanto a su deidad Jesús fue en realidad el Padre mismo. [16] Algunos de ellos propusieron en cambio la palabra homoiousios, que significa “de sustancia similar”. La diferencia entre las dos posiciones era literalmente una iota, una letra griega.

Al final, prevaleció la posición de Atanasio. Osio anunció una versión modificada del credo de Eusebio de Cesarea, que incluyó el lenguaje requerido por el grupo de Atanasio, y el concilio lo adoptó. Otto Heick concluyó sobre Atanasio diciendo que “En Nicea su elocuencia fue tan convincente, que la pequeña minoría de los homoousianos prevaleció sobre la gran e influyente mayoría de arrianos y semiarrianos”. [17]

La intervención de Constantino también fue decisiva. Según Berkhof, “después de un debate considerable, el emperador finalmente lanzó el peso de su autoridad sobre la balanza, y por lo tanto aseguró la victoria para el partido de Atanasio”. [18]

Constantino hizo cumplir la decisión del concilio amenazando con desterrar a todos los disidentes. Al final, solo Arrio y dos obispos se negaron a firmar el credo aprobado por el concilio, y se fueron para el exilio. Otros dos obispos, incluido Eusebio de Nicomedia, se negaron a firmar la cláusula condenatoria adjunta y fueron depuestos. Pero como lo señaló Jaroslav Pelikan, autor de la historia de la iglesia más exhaustiva en el siglo XX, “Todo el resto saludó al emperador, firmó la fórmula, y siguieron enseñando como siempre lo habían hecho. Para el caso de la mayoría de ellos, esto significaba una doctrina de Cristo que estaba en algún lugar entre la de Arrio y la de Alejandro”. [19]

El concilio también decidió sobre varios asuntos de la disciplina de la iglesia y el clero, y estableció un método uniforme para determinar la fecha de la Pascua. Algunos obispos propusieron una regla de celibato para todos los predicadores, incluyendo a los hombres casados. El concilio decidió que los hombres que se habían casado antes de ingresar al ministerio, podrían continuar viviendo con sus esposas, pero que los hombres solteros no se debían casar después de la ordenación.

El Concilio de Nicea tiene un significado histórico inmenso como (1) el primer concilio ecuménico de la cristiandad post-apostólica, (2) el primer paso oficial (pero no el definitivo) en la formulación del trinitarismo ortodoxo, y (3) el primer desarrollo en la fusión de la iglesia y el Estado. El emperador romano pronunció los decretos del concilio como divinamente inspirados, los promulgó como leyes del imperio, y castigó la desobediencia con la muerte. Por primera vez un gobernante político convocó a un concilio eclesiástico, se convirtió en un factor decisivo para determinar la doctrina, e instituyó un credo eclesiástico. Por primera vez la cristiandad adoptó un credo escrito aparte de las Escrituras, e hizo obligatoria la suscripción a éste. Y por primera vez el Estado infligió sanciones civiles a las personas que no se ajustaran al dogma de la iglesia.


Capítulo 3. La Fórmula Nicena Original

Debido a su importancia histórica, es importante examinar lo que realmente aprobó el Concilio de Nicea. La fórmula nicena original, no es el Credo de Nicea que se usa hoy en día. Ésta decía:

“Creemos en un Dios, el Padre omnipotente, creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles.
Y en un solo Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre; es decir, de la esencia del Padre. Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consubstancial [homoousios] al Padre; por quien todas las cosas fueron hechas en el cielo y en la tierra, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación descendió y se encarnó, y fue hecho hombre, padeció y resucitó al tercer día, subió a los cielos y de allí él vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.
Y en el Espíritu Santo.
Pero la iglesia católica santa y apostólica anatematiza a aquellos que dicen que “hubo un tiempo cuando él no existía” y que “él no existía antes de que fuera hecho”; y que “él fue hecho de la nada”, o que “él es de otra sustancia” o “esencia”, o que “el Hijo de Dios es creado” o “modificable” o “alterable”. [20]     

Si bien esta confesión fue triple, no fue explícitamente trinitaria, porque no decía eso de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas distintas. Más bien, su propósito fundamental fue el de afirmar la deidad de Jesucristo contra los arrianos. Las palabras “de la esencia del Padre” (ek tes ousias tou patros) y “consubstancial al Padre” (homoousion to patri), refutan claramente al arrianismo, y la cláusula condenatoria pronuncia un anatema contra varias formulaciones arrianas.

Sin embargo, este credo no tomó una posición clara relativa al modalismo, porque sus frases claves permitían una interpretación sabeliana. Mientras que Atanasio mismo no quiso darles un sentido sabeliano, muchos firmantes tuvieron sus reservas sobre el credo, porque precisamente parecía demasiado sabeliano. Si bien no hubo un grupo sabeliano organizado en el concilio, es plausible que algunos obispos que se adhirieron al credo eran esencialmente modalistas en su pensamiento. Como señaló Archibald Robertson en Los Padres Nicenos y Postnicenos, el Concilio de Nicea no se distinguió claramente del modalismo. [21]

La frase “Dios de Dios… Dios verdadero de Dios verdadero”, puede implicar a dos personas divinas, pero también se puede entender refiriéndose simplemente a la encarnación. A partir de una perspectiva de la unicidad, quizás la frase más cuestionable sea el anatema para aquellos que dicen que el “Hijo de Dios” es “modificable” o “alterable”, ya que implica la doctrina del Hijo eterno. Los modalistas y creyentes unicitarios, estarían de acuerdo en que “la Palabra” o “la deidad de Jesús” no es modificable o alterable, lo que es la intención de la declaración, pero técnicamente argumentarían que “el Hijo” se refiere a la encarnación y así tuvo un comienzo. [22] Aunque esta frase no fue parte del credo en sí, el credo afirma fuertemente la deidad de Jesús; y como la intención del credo era condenar la posición arriana, entonces un pensador modalista que se encontrara en el concilio probablemente habría tenido poca dificultad con esto.

Irónicamente, otra frase en el mismo anatema no armoniza con el trinitarismo moderno, pues condena a aquellos que dicen que el Hijo es de otra “sustancia” o “esencia”, usando dos palabras griegas que básicamente eran sinónimos en ese momento: hipóstasis y ousia. Pero como se verá adelante, la formulación trinitaria oficial del tardío siglo cuarto, es: “una ousia (sustancia) y tres hipóstasis (personas)”. Por supuesto, los participantes de Nicea no usaron estos términos en su sentido técnico posterior, pero si la terminología de la fórmula de Nicea es inconsistente con la unicidad moderna, también es inconsistente con el trinitarismo moderno.


Capítulo 4. La Controversia Post-Nicena

En retrospectiva, Nicea fue un hito en la historia, pero en ese momento no se resolvió nada. La controversia arriana continuó sin disminución; de hecho, se intensificó. Los siguientes cincuenta años fueron una batalla oscilante entre los atanasianos y los arrianos, y durante gran parte de este tiempo los arrianos parecían prevalecer. Los factores políticos, eclesiásticos y teológicos, fueron todos parte integral de la controversia, así como de su resultado final.

En la arena política, los arrianos convencieron a Constantino para que reabriera el asunto. Arrio envió al emperador una carta conciliadora, con una confesión de fe ambigua que lo satisfizo. A instancias de Constantino, otro concilio celebrado en Nicea en el año 327, pronunció que Arrio y Eusebio de Nicomedia eran ortodoxos. En el año 328, Eusebio de Nicomedia regresó del exilio y fue uno de los consejeros del emperador. De hecho, el obispo arriano Eusebio fue quien bautizó a Constantino en el año 337.

Constantino convocó a un concilio en Tiro en el año 335, el cual revirtió el Concilio de Nicea, depuso a Atanasio (quien se había convertido en el obispo de Alejandría en el año 328), lo envió al exilio, y reinstaló a Arrio. Eusebio de Cesarea jugó un papel principal en este concilio; de acuerdo con Epifanio, él lo presidió. La noche antes de que Arrio fuera oficialmente aceptado en comunión en la iglesia de Constantinopla, murió a sus ochenta años de un ataque como el cólera, mientras atendía a un llamado de la naturaleza. Atanasio consideró que este evento era el juicio de Dios, y circuló una historia espantosa sobre la forma de su muerte, comparándola a la de Judas.

Cuando Constantino murió en el año 337, sus tres hijos le sucedieron, y les permitieron a los obispos exiliados, incluido Atanasio, que regresaran. En occidente, Constantino II y Constante siguieron la doctrina de Nicea, que prevaleció allí; en el este, Constancio fue un fuerte defensor del arrianismo, el cual prevaleció allí.

En el año 339, Eusebio de Nicomedia se convirtió en obispo de Constantinopla, la capital imperial, y los arrianos dominaron la ciudad por los próximos cuarenta años. Atanasio fue depuesto una segunda vez y huyó a Roma, cuyo obispo lo apoyó a él.

Obispo se enfrentó contra obispo, concilio contra concilio, credo contra credo. Los enfrentamientos entre las facciones rivales resultaron con frecuencia en derramamiento de sangre. Por ejemplo, tres mil personas murieron en un motín en Constantinopla  a causa del nombramiento imperial de un obispo arriano. Will Durant comentó: “Probablemente más cristianos fueron masacrados por cristianos en… dos años (342-3), que por todas las persecuciones de cristianos por paganos en la historia de Roma”. [23]

En el año 353, Constancio se convirtió en el único gobernante pues sus dos hermanos fueron eliminados en la guerra, y el imperio se convirtió oficialmente en arriano. Atanasio fue exiliado una vez más, y bajo coacción, el anciano Osio firmó un credo arriano. Liberio, obispo de Roma, fue depuesto y reemplazado por Félix II, un arriano. Liberio firmó un credo arriano para recuperar su posición, pero luego regresó al punto de vista de Nicea.

Los victoriosos arrianos pronto se dividieron en facciones, lo que los condujo a su ruina. Los extremistas siguieron las implicaciones lógicas de la posición de Arrio, y dijeron que Cristo era “de una sustancia diferente” (heterousios) a la del Padre, o “diferente” (anomoios) al Padre siendo falible y capaz de pecar. La mayoría dijo que era “como” (homois) el Padre. Algunos estuvieron dispuestos a decir que Cristo era homoiousios con el padre, lo que significa “de sustancia similar” o “parecido en todos los aspectos”. Estos a veces son llamados semiarrianos, pero Atanasio percibió que en realidad estaban más cerca de la posición de Nicea que del arrianismo, y les hizo propuestas conciliatorias. La formulación doctrinal de los tres capadocios, proporcionó una base para el acuerdo, y aunque Atanasio murió en el año 373, la alianza resultante condujo al triunfo final de sus puntos de vista básicos en el Concilio de Constantinopla en el año 381.


Capítulo 5. El Rol de Atanasio

Los historiadores dan mucho crédito a la victoria de la posición de Nicea, por la personalidad de Atanasio. Él fue exiliado no menos de cinco veces, pero se mantuvo firme en sus convicciones. Citando su firmeza a través de todas las batallas teológicas, Durant dijo: “Por él, sobre todo, la Iglesia debe su doctrina de la Trinidad”. [24] De la misma manera, Heick dijo: “El factor decisivo en la victoria del homoousianismo, fue la determinación inflexible de Atanasio durante un larga vida de persecución y opresión”. [25]

Atanasio presentó cuatro argumentos principales para la verdadera deidad de Cristo. Primero, las Escrituras enseñan claramente la deidad de Jesús. Algunas de sus pruebas favoritas fueron Juan 10:30; 14:9; 14:10. En segundo lugar, los cristianos siempre han adorado a Jesús. Tercero, el plan de salvación lo requiere. Solamente si Jesús es verdaderamente Dios, puede salvarnos. Solo si él es a la vez Dios y hombre, puede unir a la humanidad con Dios. Finalmente, Atanasio usó la filosofía griega para argumentar que el Logos debe participar en la esencia de Dios.

Para contrarrestar los argumentos arrianos que utilizaban los versículos de la Escritura donde Cristo es presentado como inferior al Padre, Atanasio dijo constantemente que dichos ejemplos bíblicos, tales como la oración de Cristo en el Getsemaní y la declaración de que el Hijo no sabía todas las cosas, estaban relacionados solamente con la humanidad de Cristo, no con su divinidad. Él interpretó el texto arriano clave, Proverbios 8:22, como una referencia al plan preordenado para la encarnación: “Es cierto decir que el Hijo también fue creado, pero esto tuvo lugar cuando se hizo hombre; pues la creación le pertenece al hombre”. [26]  Explicó que cuando la Biblia dice que Cristo está a la diestra del Padre, significa que “La deidad del Padre es la misma que la del Hijo”, y en este sentido, el Padre también está a la mano derecha del Hijo. “El Hijo reina en el reino de su Padre, está sentado sobre el mismo trono que el Padre, y es contemplado en la deidad del Padre”. [27]

Atanasio dijo: “La deidad del Padre pasa al Hijo sin flujo y sin división”. [28] Además, “la plenitud de la deidad del Padre es el Ser del Hijo, y el Hijo es Dios completo… La deidad del Hijo es la del Padre, y está en el Hijo… porque en el Hijo está contemplaba la deidad del Padre”. [29]

En una analogía modalista, Atanasio comparó al Padre y al Hijo con el emperador romano y la imagen del emperador. Así como adorar la imagen del emperador es adorar al mismo emperador, entonces adorar al Hijo es adorar el Padre, porque el Hijo es la imagen del Padre. De forma similar, comparó al Padre y al Hijo con la luz y el resplandor de la luz.

Por otro lado, Atanasio insistió en diferenciar a las tres personas, y basado en Mateo 28:19, abogó por una triple fórmula bautismal. Para distinguir al Padre del Hijo, los comparó con una fuente y un río producido desde esa fuente. La misma agua está presente en ambos, pero la fuente no es el río, ni el río es la fuente. No están separados, y sin embargo son dos objetos visibles y tienen dos nombres.

La principal preocupación de Atanasio era la de reivindicar la deidad de Jesucristo. Él creyó que el Padre y el Hijo son dos personas distintas, pero no pudo expresar satisfactoriamente dicha distinción ante sus oponentes debido a su exaltación de Cristo.


Capítulo 6. El Rol del Modalismo

Aunque a finales del siglo tercero el modalismo ya no era aceptado mayoritariamente, tuvo gran importancia en los debates del siglo cuatro. Para este momento, los teólogos contaban solamente con una comprensión superficial del modalismo. Atanasio, por ejemplo, pensó que podría refutar el sabelianismo, al simplemente demostrar la humanidad de Cristo y al mostrar que Él era el Hijo. [30] Aunque Atanasio denunció al sabelianismo, sus oponentes, tanto en Nicea como después, objetaron que su formulación abogaba por el sabelianismo. Este cargo, fue quizás la razón principal por la cual los arrianos fueron tan exitosos para encender tan grande controversia después de Nicea. [31]

De hecho, algunos miembros del partido de Nicea aparentemente eran modalistas, lo que dio credibilidad a las acusaciones de los arrianos y los semiarrianos. Un sínodo celebrado en Antioquía en el año 330, depuso a Eustaquio, obispo de Antioquía, bajo la acusación de sabelianismo, y un sínodo realizado en Constantinopla en el año 336, depuso a Marcelo, obispo de Ancira, por los mismos cargos. Ambos hombres fueron acérrimos oponentes del arrianismo, amigos personales de Atanasio, y líderes homoousianos en el Concilio de Nicea.

No podemos estar seguros de las verdaderas opiniones de Eustaquio, pero parece que él y muchos cristianos de Antioquía eran de hecho modalistas en sus creencias. [32] Él atacó las enseñanzas de Orígenes, Arrio y Eusebio de Cesarea.

Marcelo abogó claramente por los puntos de vista modalistas. Él afirmó fuertemente el monoteísmo, sostuvo que el Logos no era una persona distinta, sino que era eternamente inmanente en Dios, rechazó la generación eterna del Hijo, enseñó que el término Hijo se refiere solamente a la encarnación, y dijo que el Padre estaba en Cristo. [33] Archibald Robertson lo describió como “un representante de la teología tradicional de Asia Menor, como la encontramos en Ignacio e Ireneo… [participando de] un conservadurismo arcaico similar al ‘modalismo ingenuo’ de la Iglesia primitiva. [34] Sin embargo, su alumno Fotino, obispo de Sirmio, viró en dirección al monarquianismo dinámico, hablando de Cristo como un hombre deificado por el Logos que habitó en él.

Atanasio defendió vigorosamente tanto a Eustaquio como a Marcelo. [35] Para él, todos los que se oponían a Arrio eran partidarios de la posición de Nicea. [36] Julio, el obispo de Roma, apoyó tanto  a Atanasio como a Marcelo, acogiéndoles a ambos durante su exilio. Un concilio en Serdica, (la moderna Sofía, en Bulgaria) celebrado en el año 343, catalogó a Marcelo como ortodoxo.

De acuerdo con Hilary, Atanasio sin embargo habló finalmente en contra de Marcelo. Atanasio también informó que un concilio realizado en Sirmio en el año 351, pronunció anatemas contra los siguientes puntos de vista modalistas: el Hijo fue antes de María solamente en el conocimiento previo de Dios; el Hijo es la mente o la Palabra pronunciada de Dios; en Génesis 1:26 Dios estaba hablando consigo mismo en vez de hablarle al Hijo; Jacob luchó con el Dios no-generado en lugar de con el Hijo; Génesis 19:24 no habla del Padre y del Hijo; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una sola persona; y el Espíritu Santo es el Dios no-generado. [37] Una tradición dice que en su vejez, Marcelo confesó la trinidad eterna y a la persona del Hijo preexistente. [38]

La Cuarta Oración Contra los Arrianos por Pseudo-Atanasio, busca refutar los puntos de vista modalistas, aparentemente aquellos que eran retenidos por Marcelo y sus seguidores. [39] Habla contra aquellos que usan a Juan 10:30 para enseñar que “las dos cosas son uno, o que el uno tiene dos nombres” (9). Registra tres puntos de vista en contra de la doctrina del Hijo eterno: “Algunos dicen que el hombre que el Salvador asumió es el Hijo; y otros que tanto el hombre y la Palabra se convirtieron en el Hijo, cuando se unieron. Y otros dicen que la misma Palabra se hizo Hijo cuando se hizo hombre” (15). El autor afirmó que la Palabra es el Hijo eterno, y negó que Dios sea el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo solamente en el sentido de operar diferentes roles (25).

Eusebio de Cesarea, un líder semiarriano después del Concilio de Nicea, el primer historiador de la iglesia, y el biógrafo adulador de Constantino, fue motivado por un fuerte antisabelianismo. Al explicar la oposición de Eusebio contra Atanasio, Arthur Cushman declaró:

“El sabelianismo estuvo en el principio, y se mantuvo a lo largo de su vida como la herejía que él más temía, y sobre la que quizás tenía más razones para temer. Él tuvo, incluso en el Concilio de Nicea, que sospechar de Atanasio, quien puso tanto énfasis en la unidad de la esencia del Padre y el Hijo, como inclinado hacia los principios sabelianos; y esta sospecha debe haber aumentado cuando descubrió, como él creía, que el partidario más firme de Atanasio, Eustaquio, era un genuino sabeliano. [40]

Aunque Eusebio firmó la fórmula de Nicea, la interpretó contraria a su intención. Sostuvo que “de una sustancia con el Padre” significaba que “el Hijo era desde el Padre, sin embargo, no parte de su esencia… que el Hijo de Dios no se parece a las criaturas originadas, sino que solo a su Padre que lo engendró Él es similar en toda forma… [El Hijo] era de una esencia… generado por el Padre”. [41] Habló de “dos esencias”, diciendo que Jesús tenía una “segunda esencia” y que era “otro Dios”, un “segundo Dios” y un “segundo Señor”. [42]

No mucho antes del Concilio de Constantinopla en el año 381, Basilio, obispo de Cesarea, habló de un renacimiento del sabelianismo. [43] El Canon 7 de dicho concilio, confirmó la existencia de muchos modalistas en su día y rechazó su bautismo. Significativamente, Basilio reconoció que algunos modalistas apelaron al lenguaje del Concilio de Nicea para apoyar sus puntos de vista. [44]

Basilio denunció a Sabelio como un ateo, un hereje, y un insano. Como veremos, Basilio defendió el bautismo trinitario apelando a Mateo 28:19, y rechazó la idea de que éste versículo se refiere a un nombre en lugar de tres. Es probable que con esto, estuviera respondiendo a personas que en su tiempo bautizaban en el nombre de Jesucristo.

Claramente entonces, algunas personas del siglo cuarto abrazaron el punto de vista modalista. Estos fueron algunos de los más vigorosos oponentes del arrianismo, y como resultado, se aliaron originalmente con el partido de Atanasio. Esta asociación con el modalismo, que algunas veces es solo percibida y algunas veces es real, ocasionó que los semiarrianos atacaran a la fórmula nicena. Sin embargo, eventualmente los atanasianos pudieron triunfar al ganarse para su lado a los semiarrianos, y las personas con ideas modalistas fueron aisladas y rechazadas.


Capítulo 7. El Debate Sobre el Espíritu Santo

El debate sobre el Padre y el Hijo, eventualmente se extendió al Espíritu Santo. Durante la mayor parte del siglo cuarto, el estatus del Espíritu Santo no estaba claro en las mentes de muchos. Tan tarde como el año 380, Gregorio Nacianceno escribió que entre los defensores de Nicea “algunos lo han concebido como una actividad, algunos como una criatura, algunos como Dios; y algunos no sabían cómo llamarlo”. [45] Los arrianos hablaron de tres personas divinas, citando a Mateo 28:19, pero para ellos, solo el Padre era Dios, y el Hijo y el Espíritu eran seres creados menores. De manera similar, Macedonio, obispo de Constantinopla, enseñó que el Espíritu era una criatura subordinada, y él tuvo muchos seguidores.

Atanasio fue el primer teólogo en dedicar una extensa atención al Espíritu Santo como una persona distinta, y así fue el primero en desarrollar una teología verdaderamente trinitaria. El usó a Mateo 28:19 para apoyar su punto de vista.

Los tres Capadocios también fueron poderosos defensores de la personalidad y la deidad distintas del Espíritu Santo. Gregorio Nacianceno afirmó que la deidad del Espíritu Santo estuvo originalmente escondida de los discípulos, pero  que gradualmente fue revelada a la iglesia. Citando a Juan 16:12-13, aseguró que el Señor no podía enseñarles todo a sus discípulos, pero prometió que el Espíritu Santo les guiaría hacia toda la verdad. De acuerdo con Gregorio, una de las verdades que el Espíritu Santo reveló posteriormente, fue la personalidad y la deidad propias del Espíritu. [46]

La definición de la trinidad por parte de los Capadocios, condujo finalmente a las controversias sobre el Hijo y el Espíritu. Pasaremos ahora a un examen de sus puntos de vista.


Capítulo 8. La Formulación Capadocia

La provincia de Capadocia en el Asia Menor, produjo a tres prominentes teólogos nacidos después de Nicea, quienes diseñaron el dogma trinitario que finalmente prevaleció: Basilio (330? - 379), obispo de Cesarea; su hermano menor Gregorio (335? - 394), obispo de Nisa; y su cercano amigo, Gregorio Nacianceno (murió en el 390), quien sirvió por un corto tiempo como obispo de Constantinopla. Con la ayuda de los prevalecientes conceptos filosóficos griegos, refinaron la terminología del trinitarismo atanasiano para hacerlo aceptable de manera amplia. Su síntesis doctrinal es la base del trinitarismo de hoy.

La clave de su formulación fue una distinción entre persona y sustancia. El filósofo griego Platón, enseñó que todo en el mundo físico era una proyección particular de una forma ideal intangible o universal en el mundo de las ideas, que era el mundo real. Por lo tanto, cada persona era una expresión individual del ideal eterno e inmutable de la humanidad.

Los capadocios aplicaron este concepto a la deidad, haciendo una distinción entre dos palabras griegas, hipóstasis y ousia, que hasta ahora significaban ser, sustancia o esencia. Explicaron que la deidad consistía de una esencia o sustancia (ousia) pero que subsistía en tres particularizaciones individualizadas (hipóstasis). La fórmula latina equivalente era una substantia y tres personae, terminología que Tertuliano ya había acuñado en el siglo tres. En español se convirtió en una sustancia y tres personas. Como alternativa, los capadocios permitieron el uso de prósopon por persona, pero este término no fue tan atractivo, ya que originalmente significaba cara, semblante, o máscara, y Sabelio lo había usado para significar manifestación o función.

La fórmula de Capadocia superó la renuencia de muchas personas a las que no les gustaba homoousios (“de la misma sustancia”), porque esto sonaba a sabeliano. Atanasio había intentado disipar los temores de estos semiarrianos etiquetando a los sabelianos como monoousios (“una sustancia”), pero esta terminología no parecía hacer alguna diferencia. Hasta el final, Atanasio se aferró tercamente al lenguaje de Nicea, equiparando ousia e hipóstasis. Argumentó que tres prósopa no hacían suficiente distinción, pero tres hipóstasis hacían una distinción demasiado grande. Después de todo, los arrianos eran aficionados en hablar de tres hipóstasis, y contra ellos el Concilio de Nicea había dicho que el Padre e Hijo tienen la misma hipóstasis.

Finalmente, Atanasio aceptó a regañadientes que la fórmula de los capadocios era aceptable. Él presidió un Concilio en Alejandría en el año 362, que condenó tanto al sabelianismo como al arrianismo, abogó por el uso del lenguaje de Nicea, pero también reconoció que el lenguaje de las tres hipóstasis era ortodoxo. Comentando sobre este concilio, Gregorio Nacianceno explicó:

“Usamos en un sentido ortodoxo los términos una Esencia y tres Hipóstasis; el uno denota la naturaleza de la deidad, el otro las propiedades de los Tres. Los italianos entienden lo mismo, pero debido a la escasez de su vocabulario y a su pobreza de términos, son incapaces de distinguir entre Esencia e Hipóstasis, y por lo tanto introducen el término Personas [prósopa], para evitar ser interpretados como afirmando tres Esencias… El sabelianismo fue sospechoso en la doctrina de tres personas, y el arrianismo en el de tres hipóstasis… [Atanasio] descubrió que tenían el mismo sentido, y… permitiendo a cada parte el uso de sus propios términos, los juntó en unidad de acción”. [47]

Mientras que la formulación capadocia obtuvo apoyo tanto de los atanasianos como de los semiarrianos, se enfrentó con alguna “resistencia cuasi sabeliana respecto a la noción de distintas hipóstasis”. Esto “eliminó efectivamente la mancha de sabelianismo de la confesión de Nicea, pero lo hizo levantando otro espectro… la amenaza del triteísmo… La confesión monoteísta de Deuteronomio 6:4… parecía estar en juego una vez más”. [48]

Los opositores de los capadocios los denunciaron como creyentes en tres dioses, pero ellos negaron la acusación. Sin embargo, para todos los propósitos prácticos, su punto de vista es indistinguible del triteísmo. Atanasio preparó el escenario para este problema, al decir que todos los hombres poseen la misma sustancia (homoousios). Los capadocios siguieron esta implicación, y consistentemente compararon a la Deidad con tres hombres. Al igual que Pedro, Santiago y Juan eran tres personas que tenían la misma naturaleza humana, entonces el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo eran tres personas que tenían la misma naturaleza divina. [49] Tony Lane, observó:

“Su explicación los expone a la carga de triteísmo (la creencia en tres dioses). Si la relación entre la sustancia común de la deidad y la hipóstasis individual, es así como entre la humanidad y las personas individuales, entonces seguramente debe haber tres dioses. El problema se complica por el hecho de que la comparación con tres personas humanas no está basada en la mera analogía. Basilio la ofrece como parte de su definición de los términos sustancia e hipostasis. [50]

Al tratar de responder a esta objeción, Gregorio de Nisa admitió: “La cuestión es… muy difícil de tratar”. Procedió a explicar que el término “muchos hombres” es un abuso habitual del lenguaje, que todos entienden para referirse a una naturaleza, no a muchos, pero ya que el término “tres dioses” implica tres naturalezas diferentes, sería incorrecto usarlo. Para la precisión técnica, dijo, deberíamos hablar de “un hombre” y “un Dios”. También señaló que a diferencia de tres hombres, los miembros de la trinidad siempre participan en la obra de los demás. “Cada operación que se extiende desde Dios hasta la creación… tiene su origen en el Padre, y procede a través del Hijo, y se perfecciona en el Espíritu Santo”. [51]

El renombrado historiador doctrinal Reinhold Seeberg, señaló el cambio de énfasis desde Atanasio a los Capadocios:

“La modificación que se hizo a la antigua doctrina de Nicea es muy evidente. Atanasio (y Marcelo) enseñaron que existe un solo Dios, llevando una vida personal triple, que se revela a sí mismo como tal. Los capadocios pensaron en tres hipóstasis divinas, que como manifiestan la misma dignidad, son reconocidas como poseyendo una naturaleza y la misma dignidad… Los capadocios interpretaron la doctrina de Atanasio de acuerdo con las concepciones y principios subyacentes de la cristología del Logos de Orígenes. Pagaron un alto precio por su logro, de cuya magnitud no se dieron cuenta — la idea del Dios personal. Tres personalidades y una resultante esencia abstracta impersonal… Por lo tanto, en lugar de la concepción de la naturaleza-única, el Dios triple había venido con la doctrina de la naturaleza-semejante, el Dios triuno”. [52]

Aunque los capadocios afirmaron la coigualdad de personas en la deidad, no se despojaron totalmente de las ideas subordinacionistas trasladadas desde el trinitarismo del siglo tercero. Para retener un concepto personal de Dios a pesar de la esencia impersonal que su teoría demandaba, identificaron al Padre como la fuente, el origen y el jefe de la deidad.

Una vez más, el problema ya había surgido con Atanasio. Él comparó al Padre y al Hijo con una fuente y un río producido a partir de ésta, diciendo: “Así que la deidad del Padre se pasa al Hijo”. [53] También registró que un concilio en Sirmio, dijo que Cristo era Dios verdadero, pero con todo estaba “subordinado al Padre”. [54]

En los escritos de los capadocios, esta subordinación de Jesús y el Espíritu es prominente. Basilio enseñó: “Por lo tanto, debes percibir a tres: el Señor que da la orden, la Palabra que crea y el Espíritu que confirma” y “la bondad natural y la inherente santidad y la dignidad real, se extienden desde el Padre a través del Unigénito hacia el Espíritu”, y el Padre es el “origen de Dios”. [55]

Gregorio de Nisa escribió: "La gracia fluye en forma de una corriente ininterrumpida desde el Padre, a través del Hijo y el Espíritu, sobre las personas dignas de ella”. “La idea de causa, diferencia a las personas de la Santísima Trinidad”: “Una es la Causa, y la otra es de la Causa… Una es directamente la primera Causa, y la otra es directamente desde la primera Causa”. [56]

Gregorio Nacianceno llegó a decir: “Me gustaría llamar al Padre el mayor, porque de él fluye tanto la Igualdad como el Ser de los Iguales (esto se concederá a todos los integrantes), pero tengo miedo de usar la palabra origen, no sea que lo convierta en el origen de los inferiores… La palabra Mayor… no se aplica a la naturaleza, sino solamente al Originador”. [57]

Como Atanasio, los capadocios respondieron a los argumentos arrianos sobre las Escrituras que hablan de la inferioridad del Hijo, al decir que estos pasajes están relacionados con su humanidad. Así trató Basilio con Proverbios 8:22; Mateo 28:18; Juan 14:28; 17:5; Filipenses 2:9; 1. Corintios 15:28; y así explicó Gregorio Nacianceno a Mateo 27:46; Marcos 13:32; Lucas 22:42; 1. Timoteo 2:5. [58]

Si bien esta respuesta fue una manera efectiva y precisa de refutar el arrianismo, socava la distinción personal entre el Padre y el Hijo, así como el uso de estos pasajes por los apologistas trinitarios contra los creyentes unicitarios de hoy día. Por ejemplo, Gregorio dijo concerniente a la oración de cristo en Lucas 22:42, que la deidad tiene una voluntad común a todas las personas, mientras que los trinitarios de hoy día, a menudo intentan probar a dos personas en este pasaje al decir que alude a dos voluntades divinas.

Los opositores de los capadocios argumentaron que las Escrituras no usaron su terminología y que incluso la contradijeron. Citaron a Hebreos 1:3, que dice que el Hijo es la imagen expresa de la única hipóstasis de Dios, no una segunda hipóstasis. Basilio respondió que Hebreos 1:3 no niega una pluralidad de personas, sino que solo muestra la relación del Hijo con el Padre. En otras palabras, cuando nosotros vemos al Hijo también somos conscientes del Padre. [59]

Basilio también respondió a la objeción de que los apóstoles solo bautizaron en el nombre de Jesús. Él argumentó que algunos pasajes mencionan el bautismo en el nombre de Jesús, mientras que otros mencionan el bautismo del Espíritu Santo, pero todos son una referencia abreviada a la misma cosa: el bautismo en los nombres de las tres personas. [60] Insistió en que Mateo 28:19 se refiere a tres nombres, no a uno, y por eso el nombre supremo de Hechos 4:12 es “Hijo de Dios”. [61]

En resumen, los capadocios enseñaron que la única deidad subsiste en tres personas coiguales, coeternas, coesenciales, y que esta verdad es un misterio incomprensible. Hay comunión de sustancia pero distinción de personas. Esta trinidad es una unión perfecta, inseparable e indivisible, y las personas trabajan juntas en todas las cosas. El único distintivo de las características de las personas son las siguientes: el Padre no es engendrado, el Hijo es engendrado (generado), y el Espíritu Santo es procedente (espirado). Sin embargo, la generación del Hijo y la procesión del Espíritu Santo son misterios. Mientras que las personas son coiguales y coeternas, el Padre es en cierto sentido la cabeza y el origen. [62]

Gran parte de esta formulación suena como el doble discurso orwelliano sin significado objetivo. Por ejemplo, si las únicas distinciones claras entre las tres personas son la generación y la procesión, y si estos procesos son incomprensibles para nosotros, entonces ¿de qué manera significativa podemos hablar o incluso pensar en Dios como tres personas? Pelikan comentó con precisión sobre esta confusión y evasiva:

Esta desconcertante, de hecho frustrante combinación de terminología filosófica para la relación de uno y tres, con una negativa para ir hacia una genuina solución racional, fue simultáneamente típica en la teología de los capadocios y normativa para la historia posterior de la doctrina trinitaria… La respuesta de Basilio fue que… era difícil declarar lo que era común a los Tres, y lo que era distintivo entre ellos yacía más allá del habla y la comprensión, y por lo tanto más allá del análisis o la conceptualización. [63]

Otro erudito trinitario, Harold O. J. Brown, describió de manera similar la vaguedad, la ambigüedad y la especulación filosófica inherente a la doctrina de los capadocios:

“El lenguaje era tan abstracto e intangible, que realmente no ayudó a los creyentes a formar una imagen clara de cómo es cada una de las tres personas. Por su abstracción, la teología de Capadocia parece bastante alejada del proceso dinámico por el cual la primera comunidad cristiana logró la convicción de la deidad de Cristo… El trinitarismo parece reemplazar la fe viva con la dogmática metafísica”. [64]

En la elaboración de estos problemas, Brown citó a Seeberg, pero trató de moderar las críticas de Seeberg para ofrecer una defensa del trinitarismo:

“No es posible observar a las diferentes Personas en acción. Su distinción solo puede aprenderse de la autorrevelación de Dios en las Escrituras. Se encuentra en las relaciones internas o propiedades de las personas: ingeneración, engendramiento y procesión. Esto suena muy teórico. Reinhold Seeberg lo dijo cáusticamente: “Así uno llega a una metafísica vacía o mitología conceptual; el Padre engendra al Hijo y causa que el Espíritu proceda de sí mismo. De esta manera, las personas que se supone que se distinguen la una de las otras, también están unidas la una a las otras”… Pero hablar de propiedades y luego decir que no podemos saber lo que éstas significan es exasperante. Puede ser útil recordar que las propiedades no explican nada; por el contrario, son meramente herramientas conceptuales o símbolos para impresionarnos de que las tres Personas son y permanecen eternamente distintas, aunque también permanecen eternamente como un solo Dios. [65]

Este punto de vista es esencialmente la posición del trinitarismo de hoy.


Capítulo 9. El Concilio de Constantinopla

La doctrina de Capadocia finalmente prevaleció sobre el arrianismo en lo que ahora se conoce como el segundo concilio ecuménico. El emperador Teodosio, un occidental que afirmó firmemente la visión de Nicea y quién se convirtió en el gobernante del oriente en el año 379, convocó a este concilio en la capital del imperio, Constantinopla, en el año 381. La intervención del emperador fue crucial. “Como era el poder imperial el que había otorgado la victoria a la fe de Nicea y luego al arrianismo, entonces ahora fue la influencia imperial la que actuó decisivamente a favor de la fe Neo-Nicena”. [66]

El concilio no fue verdaderamente ecuménico. Solo participaron alrededor de 150 obispos, y ninguno era del occidente. Los dos Gregorios fueron participantes prominentes, y Basilio ya había muerto en el año 379. Gregorio Nacianceno presidió una parte del tiempo.

El Canon 1 del concilio, afirmó el Concilio de Nicea y denunció a los “eunomianos [anomianos, o extremistas arrianos], eudoxianos [arrianos de la línea principal], semiarrianos o pneumatómacos [los que negaron la deidad del Espíritu Santo], sabelianos, marcelianos, fotinianos y apolinarianos [aquellos que enseñaron que Cristo tenía una naturaleza humana incompleta]”. El Canon 7, repudió específicamente tanto el bautismo de los eunomianos como el de los sabelianos. Curiosamente, identificó a los sabelianos con los montanistas y los frigios, y declaró que eran particularmente numerosos en Galacia. Los montanistas, que se originaron en Frigia, se hicieron notar por su énfasis en el Espíritu Santo, por el hablar en lenguas, por la profecía y por un estilo de vida estricto.

La carta sinodal de los obispos reunidos, resume su decisión como sigue: “Hay una Deidad, Poder y Sustancia del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; la dignidad es igual y la majestad es igual en tres hipóstasis perfectas, es decir, tres personas perfectas”. [67] El emperador respaldó las decisiones del concilio y las hizo cumplir como ley.

La tradición dice que el concilio modificó la fórmula original de Nicea y produjo el Credo Niceno que se usa hoy, por lo cual éste es a veces llamado el credo Niceno-Constantinopolitano. Sin embargo, los eruditos han establecido que el presente Credo de Nicea se deriva en realidad de un credo bautismal que era usado en Jerusalén en el siglo cuarto, que fue influenciado por el original credo de Nicea. “Todo lo que sabemos, es que desde aproximadamente el año 500, esta forma llegó a ser utilizada en lugar del original Credo de Nicea”.  [68]

El Credo de Nicea utilizado hoy, omite la cláusula condenatoria del original, así como la frase importante: “de la esencia del Padre” y algunas frases menores. Su adición más importante es la siguiente: “Y [yo creo] en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida; quien procede del Padre [y del Hijo]; quien junto con el Padre y el Hijo son adorados y glorificados”. También confiesa “un bautismo para la remisión de los pecados”. [69] Las frase “y del Hijo”, que está entre corchetes, compone la cláusula filioque, que fue agregada en el Sínodo de Toledo del año 589. El occidente aceptó esta enseñanza, pero el oriente no; y ésta se convirtió en el principal factor doctrinal del cisma perdurable entre los dos.

La importancia del Concilio de Constantinopla es que marcó (1) el triunfo final de la doctrina de la trinidad atanasiana (pero refinada por los capadocios), (2) la derrota final del arrianismo, (3) el establecimiento del Espíritu Santo como el tercer miembro coigual de la trinidad, y (4) el rechazo del apolinarismo (la creencia de que Cristo tenía una naturaleza humana incompleta).


Capítulo 10. Después de Constantinopla

Para el año 381, la doctrina de la trinidad estaba casi completa. En el oriente, Juan Damasceno hizo algunos refinamientos durante el siglo octavo: rechazó la mayoría de los elementos restantes del subordinacionismo, dijo que las personas no estaban relacionados la una con las otras como se relacionan tres hombres, y describió su interrelación como “interpenetración mutua” (circumincesión) sin mezclarse. [70]

En el occidente, Agustín (354-430) hizo mayor énfasis en la unidad de la esencia y en la igualdad de la persona, diciendo que cada persona posee la esencia completa pero bajo un punto de vista diferente. Él estuvo incómodo con la palabra persona, porque él no pensó que la trinidad fuera como tres personas humanas, que poseen en común solo una naturaleza genérica.

Algunas de sus analogías sugieren el modalismo: el comparó a la trinidad con la memoria, la inteligencia y la voluntad en el espíritu del ser humano; a algo visto, la visión y la voluntad que une a ambos; y a algo en la memoria, la visión interior, y la voluntad que une a estas dos. Su última analogía fue la mente humana en tres acciones: recordando, entendiendo y amando a Dios.

Sin embargo, Agustín continuó hablando de tres personas y defendió a la doctrina de la trinidad. Una de sus analogías más famosas incluso suena triteísta: la trinidad es como un amante, el amado, y el amor que los une a ambos.

Heick describió estos aspectos contrastantes en la enseñanza de Agustín sobre la deidad:

Las personas de la Trinidad no son diferentes la una de las otras; con respecto a toda la sustancia divina son idénticas la una a las otras… Cada una de las tres personas es igual a la Trinidad entera, y toda la Trinidad no es más que una de las personas. Después de todo, Agustín habló como si la esencia del Ser fuera una Persona. Sin embargo, Agustín, de acuerdo con la tradición de la Iglesia, insistió en las tres personas de la Trinidad. ¿Cómo entonces fue capaz de hacer esto, después de sus declaraciones anteriores sobre la unidad? Simplemente al introducir la categoría lógica de relación. En el único Dios, hay tres formas de existencia, y la una no puede ser sin la otra… Está la relación de dependencia mutua entre las personas. El Padre, el Hijo y el Espíritu contemplan en sí mismos toda la unidad indivisa que pertenece a cada uno de ellos bajo un diferente punto de vista, como generando, siendo generado o existiendo a través de la espiración. [71]

El credo trinitario definitivo es el llamado Credo de Atanasio o Símbolo Quicumque, que surgió durante los siglos quinto al octavo, alcanzando su forma definitiva hacia el final del siglo octavo. Por supuesto, Atanasio no tuvo nada que ver con la redacción de este. Incluye la cláusula filioque, y al igual que Agustín, excluye expresamente el subordinacionismo. También pronuncia condenación sobre cualquier persona que no acepte la doctrina de la trinidad según sus términos. Los católicos romanos y protestantes, incluyendo a muchos evangélicos, lo usan hoy todavía.

El arrianismo fue derrotado teológicamente en el año 381, pero se mantuvo como una amenaza política en el sentido de que algunas de las tribus bárbaras que lograron invadir al oeste, fueron arrianas. Ese peligro terminó en el siglo sexto, con la conversión de dichas tribus al trinitarismo.


Capítulo 11. Conclusiones

Como un asunto histórico, el trinitarismo ortodoxo no provino a nosotros de la Biblia o de la primitiva iglesia post-apostólica. Este procede directamente de Tertuliano y Orígenes, herejes del siglo tres, quienes introdujeron por primera vez los términos y conceptos trinitarios claves, sobre los que fue erigida su teología. Tampoco alcanzó su plenitud en el Concilio de Nicea. Por el contrario, se desarrolló gradualmente a lo largo del siglo cuatro. Los personajes claves en este proceso, fueron Atanasio, los tres Capadocios y por último, los participantes del Concilio de Constantinopla del año 381.

Los eruditos son unánimes en esta apreciación, tal como se muestra por las siguientes declaraciones del historiador de la iglesia el protestante Jaroslav Pelikan, de La Nueva Enciclopedia Católica, y de la Enciclopedia de Religión y Ética, respectivamente:

“Usted no tiene derecho a abrigar las creencias acerca de cosas tales como la Santísima Trinidad, sin el sentido de que se lo debemos a aquellos que resolvieron esto para nosotros. Si eludimos a San Atanasio, en el supuesto de que yo me encontrara sólo en una habitación con el Nuevo Testamento, es ingenuo que vaya a llegar a la doctrina de la Trinidad… El dogma de la Trinidad… se elaboró durante el tercer trimestre del siglo cuatro... [La palabra clave es homoousios] que fue acuñada por herejes gnósticos, dictada por un emperador que no era bautizado, comprometida por defensores ingenuos, pero con el tiempo vindicada por sus oponentes ortodoxos”. [72]

“Cuando uno habla de un trinitarismo inequívoco, uno ha pasado del período de los orígenes del cristianismo, a digamos el último cuarto del siglo cuatro. Fue sólo entonces cuando lo que podría llamarse el dogma trinitario definitivo de “un Dios en tres Personas” fue intensivamente asimilado dentro de la vida y pensamiento cristiano… La formulación de “un Dios en tres personas” no fue sólidamente establecido, y ciertamente no fue totalmente asimilado en la vida cristiana y su profesión fe, antes del final del siglo cuatro”. [73]

“En principio, la fe cristiana no era trinitaria en un sentido estrictamente ontológico. No fue así en la época apostólica y en la sub-apostólica, como se refleja en el Nuevo Testamento y en otros escritos cristianos primitivos. Tampoco fue así, inclusive en la edad de los apologistas cristianos. E incluso Tertuliano, quien estableció la terminología de la doctrina ortodoxa, sabía muy poco de la Trinidad ontológica al igual que los apologistas, siguiendo el concepto económico o relativo de la concepción Juanina y la teología paulina. Por lo tanto, Harnack sostiene y dice además, que toda la historia del dogma cristológico y trinitario desde Atanasio hasta Agustín, es la historia del desplazamiento del concepto del Logos por el de Hijo, de la sustitución de la Trinidad económica y relativa por la inmanente y absoluta… La doctrina ortodoxa en su forma desarrollada, es una Trinidad de esencia en lugar de manifestación”. [74]

Muchos creyentes unicitarios tienen una visión imprecisa del Concilio de Nicea, a causa del tratamiento simplista y popular de la historia, y el error común de atribuir el Credo Niceno [o Niceno-Constatinopolitano] a este concilio. La controversia no se dio entre el trinitarismo y el modalismo, ni tampoco se dio sobre la fórmula bautismal trinitaria: Estos enfrentamientos ya se habían decidido en el tercer siglo. Por otra parte, la Iglesia Católica Romana no organizó el concilio, ya que ésta aún no se había desarrollado teológica o eclesiásticamente.

En el momento, Nicea fue una victoria para la deidad de Cristo; no se trató de un rechazo claro de la Unicidad. Algunos participantes pudieron haber sido esencialmente unicitarios en su forma de pensar, y la mayoría no eran trinitarios en el sentido ortodoxo moderno. Algunos partidarios de la facción ganadora eran modalistas o fueron acusados de ser modalistas. Muchos de los opositores de Nicea, así como algunos seguidores, interpretaron la fórmula original de Nicea de una forma modalista. Asimismo, los modalistas continuaron con la enseñanza de sus puntos de vista y bautizando a los convertidos cuando el trinitarismo triunfó finalmente en el Concilio de Constantinopla.

Cuando los herederos teológicos de Nicea se distanciaron finalmente del modalismo, ellos lo tuvieron que hacer a expensas de la corrupción de su doctrina con el subordinacionismo y el triteismo, a pesar de sus negaciones. Y estos problemas siguen aquejando al trinitarismo actualmente.

Muchos factores contribuyeron para la eventual victoria del trinitarismo a finales del siglo cuatro. La maniobra política, tanto en el Estado como en la Iglesia, fue un factor crucial. Teológicamente, lo esencial es esto: considerando el contexto filosófico, religioso y político, y habida cuenta de la percepción de alternativas, el trinitarismo les pareció la mejor manera de defender lo que los cristianos siempre creyeron — la deidad de Jesús.

¿Pero qué habría ocurrido si la mayoría de la cristiandad de aquel entonces no hubiera perdido la experiencia del arrepentimiento y de la efusión del Espíritu? ¿Qué habría pasado si los teólogos hubieran utilizado la Escritura y no la filosofía o la tradición, como su principal marco de referencia? ¿Qué habría pasado si los obispos hubieran rechazado la fusión de la Iglesia y el Estado, y protegido de este modo a la Iglesia de la contaminación del pensamiento y estilo de vida pagano y político? ¿Qué habría pasado si los dirigentes eclesiásticos del tercer siglo no hubieran abandonado al modalismo histórico de la mayoría de los cristianos? ¿Qué habría pasado si los teólogos del cuarto siglo hubieran recibido una clara exposición del modalismo y entendido a fondo sus principios? Entonces tal vez, aquellos líderes del cuarto siglo podrían haber encontrado una manera más bíblica para defender la deidad de Cristo, en contra de la herejía arriana.

De hecho, destacados teólogos del siglo veinte, han llegado a esta conclusión. Claude Welch, explicó su pensamiento, como ejemplificado por John Baillie (un editor de la Librería de Clásicos Cristianos) y A. C. McGiffert:

“[Baillie] etiqueta la afirmación de la Trinidad como la idea cristiana de Dios como “seriamente engañosa”. “Lo que es cierto, es que a partir del tercer siglo, la distintiva idea cristiana de Dios comenzó a encajar en un molde trinitario”. Este molde fue aprobado y adaptado a partir de la filosofía helenística…
[McGiffert] reconoce que los opositores del arrianismo, estaban interesados en la afirmación de la deidad de Cristo, a fin de garantizar la unión del hombre a Dios, pero creyeron que era sólo la filosofía predominantemente platónica, la que era necesaria para mantener la deidad de Cristo a través de la teoría de la pre-existencia y la doctrina del logos. “Si… la inmanencia de Dios, o la unicidad de la naturaleza divina y humana, hubiera sido reconocida por los teólogos de Nicea, la doctrina de la Trinidad habría sido innecesaria; el interés religioso para encontrar a Dios en Cristo, podría entonces haberse conservado como lo hicieran los modalistas, sin distinguir al Hijo pre-existente de Dios el Padre”. [75]

Los creyentes unicitarios del día de hoy, hacen precisamente eso. Saltan más atrás de todos los siglos de la especulación filosófica, de la formulación de los credos y de la tradición provocada por el hombre, para procurar entender lo que la Biblia dice por sí misma acerca de Dios. Ellos han descubierto que el único Dios verdadero se ha manifestado y revelado a sí mismo en la persona humana de su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.


Notas

[1] Ver David K. Bernard, Oneness and Trinity, A.D. 100-300 (Hazelwood, MO: Word Aflame Press, 1991), 165-72.
[2] Ibíd., 172-73.
[3] Ibíd., 129-32, 134-36, 160.
[4] Ibíd., 134-36, 154-62.
[5] Adolph Harnack, A History of Christian Thought (London: Williams and Norgate, 1897), 3:51-54; Otto Heick, A History of Christian Thought (Philadelphia: Fortress Press, 1965) 1:149.
[6] Archibald Robertson, “Prolegomena,” in Philip Schaff and Henry Wace, eds., The Nicene and Post-Nicene Fathers, 2d ser. [De aquí en adelante NPNF] (Reprint, Grand Rapids: Eerdmans, 1976), 4:xxv.
[7] Louis Berkhof, The History of Christian Doctrines (Grand Rapids: Baker, 1937), 84.
[8] Kenneth Scott Latourette, A History of Christianity, rev. ed. (San Francisco: Harper & Row, 1953, 1975), 1:153.
[9] Will and Ariel Durant, The Story of Civilization (New York: Simon & Schuster, 1935-75), 3:658.
[10] Walter Nigg, The Heretics (New York: Alfred A. Knopf, 1962), 126-27.
[11] Eusebio de Cesarea, Life of Constantine 2:63-71, NPNF 1:516-18.
[12] Eusebio de Cesarea dijo que asistieron más de 250 obispos, mientras que Atanasio y la tradición posterior colocaron la cifra de 318. Los registros existentes solo muestran unos 220 nombres.
[13] Philip Schaff, Nicene and Post-Nicene Christianity, vol. 3 of History of the Christian Church, 5th rev. ed. (1910; Reprint, Grand Rapids: Eerdmans), 628.
[14] NPNF 4:74; 14:3.
[15] Schaff, History 3:655 nn. 2, 3.
[16] Ver Heick 1:159-60.
[17] Ibíd., 157.
[18] Berkhof, 87.
[19] Jaroslav Pelikan, The Emergence of the Catholic Tradition (100-600), vol. I of The Christian Tradition: A History of the Development of Doctrine (Chicago: University of Chicago Press, 1971), 203.
[20] Philip Schaff, ed., The Creeds of Christendom, 6th ed., 1931 (Reprint, Grand Rapids: Baker), 1:28-29 (English), 2:60 (Greek).
[21] NPNF 4:xxxii-xxxiii.
[22] Algunos trinitarios también han llegado a este punto, incluidos Adam Clarke, Finis Dake y Walter Martin.
[23] Durant 4:8.
[24] Ibíd.
[25] Heick 1:157.
[26] Atanasio, Defense of the Nicene Definition 3:13, NPNF 4:158-59.
[27] Ídem, Orations against the Arians 1:13:61, NPNF 4:341.
[28] Ídem, Statement of Faith, 2, NPNF 4:84.
[29] Ídem, Discourse against the Arians 3:23:5, NPNF 4:396.
[30] Ídem, On the Opinion of Dionysius, 5-10, 27, NPNF 4:178-79, 187.
[31] Ver Latourette 1:157; Archibald Robertson, “Prolegomena,” in NPNF 4:xxxiii.
[32] Latourette 1:158; Tony Lane, Harper’s Concise Book of Christian Faith (San Francisco: Harper and Row, 1984), 29.
[33] Basilio, Letters; 69, NPNF 8:165-66; Klotsche, 67; Schaff, History 3:651-53.
[34] NPNF 4:xxxv-xxxvi.
[35] Ver Atanasio, Defense against the Arians 3:47 and History of the Arians 1:4, 6, NPNF 4:125, 271.
[36] Ídem, Defense of the Nicene Definition 5:20, NPNF 4:164.
[37] Ídem, Councils of Arminium and Seleuca [On Synods] 2:27, NPNF 4:465.
[38] Henry Percival, ed., The Seven Ecumenical Councils, vol. 14 of NPNF, 176.
[39] NPNF 4:436-443.
[40] NPNF 1:24.
[41] Eusebio de Cesarea, Letter to His Diocese, NPNF 4:75-76.
[42] NPNF 4:76, n. 7.
[43] Basilio, Letters, 210, NPNF 8:250.
[44] Ibíd., 125, NPNF 8:194.
[45] Gregorio Nacianceno, Orations 31:5, quoted in Pelikan, 213.
[46] Ídem, On the Holy Spirit, 27, NPNF 7:326.
[47] Ídem, On the Great Athanasius, 35, NPNF 7:274.
[48] Pelikan, 219-21.
[49] Ver, por ejemplo, Basilio, Letters, 38, NPNF 8:137.
[50] Lane, 34.
[51] Gregorio de Nisa, On “Not Three Gods,” NPNF 5:331-34.
[52] Heick 1:160-61, citando a Reinhold Seeberg, Textbook of the History of Doctrines, trans. Charles E. Hay (Philadelphia: Lutheran Pub. Soc., 1904), 1:232-33.
[53] Atanasio, Statement of Faith, 2, NPNF 4:84.
[54] Ídem, Councils of Arminium and Seleuca [On Synods] 2:26, NPNF 4:463.
[55] Basilio, On the Spirit 16:38, 47, and Letters, 105, NPNF 8:24, 29, 186.
[56] Gregorio de Nisa, On the Holy Spirit and On “Not Three Gods,” NPNF 5:323, 336
[57] Gregorio Nacianceno, Oration on Holy Baptism, 43, NPNF 7:375-76. Como los cerdos gobernantes en la Granja Animal de George Orwell finalmente proclamaron, “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros” (Harmondsworth, Middlesex, England: Penguin Books, 1945), 114.
[58] NPNF 8:xxxviii-xli; Gregory of Nazianzus, Fourth Theological Oration, The Second Concerning the Son, 5-15, NPNF 7:311-15.
[59] Basilio, Letters, 38, NPNF 8:140-41.
[60] Ídem, On the Spirit 12:28, NPNF 8:18.
[61] Ídem, Letters, 210, NPNF 8:250.
[62] Ver Basilio, On the Spirit 16:37-38 and Letters, 38, NPNF 8:23-24, 137-40; Gregorio de Nisa, On the Holy Spirit and On the Holy Trinity, NPNF; Gregorio Nacianceno, Third Theological Oration, On the Son 29:3 and Fifth Theological Oration, On the Holy Spirit, 8-10, NPNF 7:301-2, 320-21.
[63] Pelikan, 223.
[64] Brown, Harold O. J., Heresies: The Image of Christ in the Mirror of Heresy and Orthodoxy from the Apostles to the Present (Garden City, N.Y.: Doubleday, 1984), 153-54.
[65] Ibíd., 151. The quote of Reinhold Seeburg is from Lehrbuch der Dogmengeschichte, 4th ed. (Tubigen: Mohr, 1909), 2:295. Emphasis is original.
[66] Heick 1:163.
[67] NPNF 14:173, 185, 382.
[68] Heick 1:163.
[69] Schaff, Creeds 2:58-59.
[70] Berkhof, 91.
[71] Heick 1:164-65.
[72] Mark A. Noll, “The Doctrine Doctor,” Christianity Today, 10 September 1990, 26; Pelikan, 210-11.
[73] The New Catholic Encyclopedia (1967), s.v. “Trinity, Holy.”
[74] W. Fulton, “Trinity,” Encyclopedia of Religion and Ethics, James Hastings, et al., eds. (New York: Charles Scribner’s Sons, 1951), 12:461.
[75] Claude Welch, In This Name: The Doctrine of the Trinity in Contemporary Theology (New York: Charles Scribner’s Sons, 1952), 48-49, quoting John Baillie, The Place of Jesus Christ in Modern Theology (1929), 185, and A. C. McGiffert, History of Christian Thought.