lunes, 27 de julio de 2009

Errores Frecuentes que no Permiten Entender La Unicidad de Dios


Por Julio César Clavijo Sierra
© 2009. Todos los Derechos Reservados.
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Uno de los mayores problemas que tiene la gente para no entender el misterio de la Piedad (del amor, de la misericordia) : Dios fue manifestado en carne, es no poder diferenciar entre lo humano y lo divino de Jesús.

Por ejemplo, cuando nosotros decimos que Jesús es Dios, los seguidores de los dogmas unitarios (que niegan la Divinidad de Jesús) frecuentemente piensan que nosotros estamos diciendo que Dios es un Dios de carne y hueso. Ese es un error gravísimo. Nosotros entendemos claramente que Dios es Espíritu y adoramos al Dios que es Espíritu, pero la carne y la sangre fueron algo que el Dios Espiritual tomó para poder mostrarse o darse a conocer en medio de la humanidad (Hebreos 2:14). Así que LOS UNITARIOS NO PUEDEN REFUTAR NUESTRA CREENCIA BIBLICA por mostrarnos textos de la Escritura que expresan que Jesús es un hombre de carne y hueso, pues eso lo creemos nosotros. Por el contrario, al hacer eso, nos dan toda la razón. La gran diferencia que nosotros tenemos con ellos, es que nosotros entendemos que más que un simple hombre (o un semidiós), Jesús es Dios mismo manifestado en carne (Isaías 9:6, Mateo 1:23, 1. Timoteo 3:16).

Por otro lado, cuando nosotros decimos que Jesús es Dios el Padre, el Único Dios que Existe (1. Corintios 8:6), entonces los seguidores del dogma trinitario, por lo general piensan que nosotros estamos diciendo que Padre es lo mismo que Hijo, lo que también es un muy mal entendimiento de lo que nosotros enseñamos conforme a la Biblia. Por eso LOS TRINITARIOS NO PUEDEN REFUTAR NUESTRA CREENCIA BIBLICA cuando nos muestran textos de la Escritura que nos enseñan que hay diferencias entre el Hijo y el Padre, porque eso lo creemos nosotros. Por el contrario, cuando hacen eso, lo que están haciendo es dándonos toda la razón. Nosotros sabemos muy bien que Hijo no es lo mismo que Padre, pero sí sabemos muy bien y conforme a la Escritura, que Jesús llegó a ser SIMULTANEAMENTE Dios y hombre, Padre e Hijo, Espíritu y carne. Bíblicamente hablando, Padre es una referencia a lo divino de Jesús, mientras que Hijo es una referencia a la manifestación en carne de Dios, incluyendo lo humano de Jesús. Nosotros sí distinguimos entre estos dos aspectos de la identidad de Cristo, pero no los separamos, porque Jesús es Dios manifestado en carne.

Es importante tener esto siempre presente en nuestras conversaciones con los unitarios y/o con los trinitarios, pues la mentalidad de ellos ha sido tan confundida, que los primeros piensan que el Padre y el Hijo son dos seres distintos, mientras que los otros piensan que son dos personas distintas, al punto que ninguno de ellos puede entender que el único Dios y Padre se manifestó en carne, y que por tanto el Hijo es Emanuel o el único Dios con nosotros en la forma y la condición de un hombre,  pero sin dejar de ser el Dios que siempre ha sido. Ellos piensan que Dios es muy limitado, de tal manera que para ellos es imposible aceptar que a partir de la encarnación, el único Dios ha podido existir simultáneamente como Padre y como Hijo, como Dios y como hombre, y que por lo tanto actúa simultáneamente como Padre y como Hijo. Por eso los unitarios separan a Jesús de Dios, pensando en dos seres distintos, mientras que los trinitarios piensan en dos personas divinas y distintas, y ambos frecuentemente confunden lo divino de Jesús con lo humano de Jesús.

Nosotros debemos tener cuidado de no caer en el mismo pecado que ellos (negando la completa deidad de Jesús, o pensando en un dios compuesto de divinas personas), y debemos saber estas cosas para ayudarlos a salir de su engaño.

Respondiendo Acusaciones del Unitarismo Contra la Unicidad de Dios

Por Julio César Clavijo Sierra


En nuestro foro Pentecostales Apostólicos del Nombre, recibimos algunas objeciones de la posición unitaria (dogma que niega que Jesús sea Dios) contra la doctrina de la Unicidad de Dios. Hemos sentido publicar nuestras respuestas en este sitio web, para ayudar a desenmascarar esa doctrina de error.

Respetado señor... lo saludo en el nombre de Jesucristo el único Dios manifestado en carne por amor de nosotros.

Antes de que usted siga haciendo y haciendo más preguntas y expresando conclusiones erróneas acerca de nuestra creencia bíblica, primero debe enterarse bien de qué es lo que creemos los pentecostales del nombre de Jesús. En realidad usted está atacando una idea ficticia pero no lo que nosotros verdaderamente creemos. todos sus interrogantes son de tal naturaleza que confunde lo humano y lo divino de Jesús.

1. Lo primero que usted tiene que saber, es que nosotros declaramos juntamente con los apóstoles y con los profetas, que Dios fue manifestado en carne. Nunca hemos dicho que Dios dejó de ser Dios para convertirse o transmutarse en un hombre, sino que Dios sin dejar de ser Dios, fue manifestado en carne.

Si desea tener una visión rápida y general de lo que nosotros creemos, por favor revise la siguiente presentación en powerpoint.

www.pentecostalesdelnombre.com/Unicidad_de_Dios.pps

2. En consecuencia, nunca confundimos lo divino de Jesús con lo humano de Jesús, ni lo humano de Jesús con lo divino de Jesús (como usted lo está haciendo), porque lo divino no es lo humano de Jesús, ni lo humano es lo divino de Jesús.

3. Isaías 9:6 dice proféticamente que Jesús es un niño que es nacido a nuestro favor, un Hijo que nos es dado para salvación. Pero también dice que es el Padre Eterno y el Dios Fuerte. Niño e Hijo, hacen referencia a su humanidad. Padre Eterno y Dios fuerte hacen referencia a su divinidad porque no hay más Dios que el Padre (1. Corintios 8:6). Por eso el evangelista Mateo en el capítulo 1:23, llama a Jesús Emanuel, o Dios con nosotros, y esto concuera con el resto de la Escritura que en el Antiguo Testamento profetizó que Dios mismo (y no otro) vendría a salvar, y en el Nuevo Testamento muestra el cumplimiento de esta gran promesa.

4. El gnoticismo, corriente filosófica que existía en los tiempos en que se escribió el Nuevo Testamento, basada en la filosofía de Platón de que el mundo espiritual (o ideal) era lo único bueno, afirmó que todo lo material era perverso y malo (algo que no es bíblico, pues Dios vio todo lo que había hecho y he aquí que era bueno en gran manera, Génesis 1:31). Por esta razón, el gnosticismo afirmó que Dios el Padre no pudo manifestarse en carne, porque el Dios Santo no se mezclaría jamás con la materia mala. De ahí surgieron las primeras ideas filosóficas (y no bíblicas) que negaron que Jesús es Dios el Padre (el único Dios) manifestado en carne. Entre ellas la idea gnóstica que el unitarismo expone, pero luego el trinitarismo que surgió del gnosticismo, para inventar que Jesús es uno entre tres coiguales todos llamados Dios.

Luego de estas consideraciones, paso a responder sus preguntas desde la enseñanza bíblica:

1. Las Tentaciones de Jesús
(1) La Biblia dice que Jesús fue tentado. (2) La Biblia dice que Dios no puede ser tentado.

Conclusión Bíblica: Ya que Dios fue manifestado en carne como un verdadero ser humano, entendemos que Jesús fue tentado en su verdadera humanidad (como hombre), nunca en su divinidad (como Dios).

Cuando usted concluye que porque Jesús fue tentado entonces es porque Jesús no es Dios, está demostrando que no conoce el misterio de la Piedad: Dios fue manifestado en carne, y está siguiendo la filosofía gnóstica.

2. María, Madre de Jesús
(1) Jesús es Dios. (2) María es la madre de Jesús.

Conclusión Bíblica: Ya que Dios fue manifestado en carne, María es la madre del verdadero ser humano (El Hijo) por medio del cual Dios fue manifestado en carne.

Cuando usted concluye que nuestra posición es que María es la madre de Dios, está demostrando que no entiende lo que la Biblia enseña y que no conoce nuestra doctrina bíblica. Dios es eterno y no tiene principio ni fin. Ese único Dios eterno fue manifestado en carne como un verdadero ser humano, por lo cual como todos los verdaderos seres humanos, esa humanidad tuvo que nacer de mujer.

3. Jesús y su Dios
(1) Jesús habló de su Dios. (2) Sólo hay un Dios verdadero.

Conclusión Bíblica: Ya que Dios fue manifestado en carne, Jesús desde su humanidad podía hablar de su Dios, porque Él era un ser humano verdadero, un ser humano en todo el sentido de la Palabra. Desde su humanidad, nos estaba enseñando y dando el ejemplo completo y perfecto de cómo debemos vivir los seres humanos (Juan 13:15, 1. Pedro 2:21).

Cuando usted concluye que Jesús es diferente a Dios, lo hace por confundir su humanidad con su divinidad y por no entender el misterio de la propia voluntad de Dios, que hizo consigo mismo desde la eternidad (Efesios 1:9), de que Él mismo, un día se iba a manifestar en carne para venir a salvar (Oseas 13:4).

4. El Amor Entre el Padre y el Hijo
(1) El Padre ama al Hijo (Juan 3:35), (2) El Hijo ama al Padre (Juan 14:31).

Conclusión Bíblica: Ya que Dios fue manifestado en carne como el Hijo, con el propósito de traer muchos hijos a su Reino, entonces Jesús como Hijo se comportó de tal manera que nosotros entendiéramos lo que Dios espera de sus hijos. Dios desea amar a sus hijos y también desea que sus hijos lo amemos a Él.

Cuando usted concluye que por el amor mostrado entre el Padre y el Hijo hay dos personas diferentes, está actuando como si fuera un trinitario (aunque contradictoriamente usted dice aborrecer el trinitarismo). También está demostrando que no ha entendido que Dios fue manifestado en carne como un verdadero ser humano, y que por haberse manifestado en carne Él pudo expresarse SIMULTANEAMENTE como Dios y como hombre, como Padre y como Hijo.

El Señor Jesús los bendiga,
Julio César Clavijo Sierra

domingo, 5 de julio de 2009

La Teoría del Big Bang y Nuestra Fe en Dios

Por Edwing López
En nuestro foro Pentecostales Apostólicos del Nombre, http://www.pentecostales.notlong.com/ recibimos la siguiente pregunta:

"Hemos visto que por estos días (octubre de 2008), un grupo de científicos del CERN (Centro Europeo de Investigaciones Nucleares) congregados en la frontera entre Suiza y Francia, están intentando recrear la teoría del Big Bang, por medio de una máquina llamada LHC (Gran Colisionador de Hadrones), para tratar de demostrar así el origen del universo por medio de la llamada gran explosión. Algunos están seguros de que este experimento será un éxito, mientras que otros no lo creen. ¿En caso de que aquel experimento tuviera éxito, esto podría afectar la fe cristiana y la fe hacia la Biblia?"

Estimados hermanos y amigos, reciban mi saludo en el Nombre de Jesucristo, Nombre que es sobre todo nombre. Dios manifestado en carne, Único Dios y Salvador.

La Palabra de Dios nos enseña:


"Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía" (Hebreos 11:3).

Muy interesante la pregunta. Sabemos que el hombre ha tratado de encontrar y explicar el origen de todas las cosas fuera de la Biblia, o como llaman ellos fuera de la religión. Lo cierto es que sus descubrimientos de basan en cálculos y mediciones matemáticas en las que ellos no se ponen de acuerdo y las tratan de explicar con teorías. Las teorías son solo especulaciones, suposiciones de la mente y curiosidad del hombre. Son solamente teorías.

La teoría del Big Bang, trata de explicar el origen del Universo a partir de un gran estallido (literalmente), constituyendo el momento en que "de la nada" emerge toda la materia, es decir, el origen del Universo. Ellos dicen que la materia, hasta ese momento, era un punto de densidad infinita, que en un momento explotó generando la expansión de la materia en todas las direcciones y creando lo que conocemos como nuestro universo.

Ellos dicen que inmediatamente después del momento de la explosión, cada partícula de materia comenzó a alejarse muy rápidamente la una de las otras, de la misma manera que al inflar un globo éste va ocupando espacio expandiendo su superficie. Los físicos en su teoría han reconstruido una cronología de los supuestos hechos a partir de un 1/100 de segundo después del Big Bang. La materia lanzada por la explosión en todas las direcciones está constituida exclusivamente por partículas elementales como: Electrones, Positrones, Mesones, Bariones, Neutrinos, Fotones, y un total de 89 partículas conocidas hasta hoy.

Bueno, acabo de explicar lo que supuestamente ellos han descubierto hasta hoy para explicar el origen del Universo, pero ¿Qué de la pregunta sobre el último experimento que se está haciendo para probar que el Universo ha sido formado por sí solo y no por la obra de un Creador llamado Dios? Si los científicos tuvieran éxito: ¿Puede afectar la fe cristiana y la fe hacia la Biblia?

Si ellos aceptan que había una materia como un punto de densidad infinita que explota, y de ahí se expande esa materia en todas las direcciones formando el universo, la pregunta sería; ¿Quién puso esa materia ahí para que explotara? Tiene que haber una mano, una mente superdotada, una autoridad que creó esa materia, de la cual se formaron todas las demás cosas. ¿No es curioso que lo que los científicos tratan de explicar con sus teorías lo que la Biblia narra con detalles? En caso de que hubiera una explosión, esa explosión surgió por orden del Creador, al cual ellos tratan de negar.

Mi contestación a la pregunta de los estudiantes universitarios de que si dichos descubrimientos podrían afectar la fe cristiana y la fe hacia la Biblia, es no. NO va afectar a los que estamos cimentados en la Palabra de Dios, NO va afectar a los que hemos tenido una experiencia real con el Dios Creador de los cielos, la tierra y el universo. Es probable que afecte a los cristianos apáticos, insípidos, sin compromiso, sin disciplina espiritual, de doble ánimo e inconstantes en todos sus caminos. La Biblia dice en Santiago 1:6-8: "porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos".

Nuestra fe no esta basada en teorías, especulaciones o experimentos humanos. Nuestra fe está basada en la Palabra de Dios la cual es inspirada. "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos" (Salmos 19:1). La formación del Universo y el orden del planeta tierra, no sucedió como una casualidad. El verdadero creyente rechaza las explicaciones humanas que quieran sacar a Dios del origen de todas las cosas descubiertas por el hombre. El verdadero creyente acepta la revelación bíblica sobre el Universo y por eso se inclina a alabar al Hacedor.

El Dios de la creación se revela en la Biblia como un ser infinito y eterno, que existe por sí mismo y que es la Primera Causa de todo lo que existe. En la creación del Universo y la Tierra nunca hubo un momento en que Dios no existiera. "Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios" (Salmos 90:2). En otras palabras, Dios existió eterna e infinitamente antes de crear el universo finito. Él es anterior a todas las cosas creadas en el cielo y en la tierra. El universo fue ordenado por Dios y nuestro planeta tierra también fue ordenado por Dios.

Dios creó materia y sustancia que no tenía existencia alguna anteriormente. Vea los pasos de la creación, todo fue ordenado por el poder de su Palabra. Dios tiene derechos soberanos sobre toda la creación en virtud de ser su Creador. "En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas" (Génesis 1:1-2). Al contemplar e investigar todo el cosmos creado, vemos desde el inmenso espacio del universo la belleza y el orden de la naturaleza. No podemos menospreciar, sino admirar la majestad del Señor Dios, el Creador.

No es casualidad que el planeta tierra sea el único que tiene vida, mares, vegetación y esté ordenado. Todos los demás planetas están exactamente como estaba el planeta tierra antes de ser ordenado por Dios. Los científicos envían naves espaciales, toman fotos, recogen muestras del suelo y solo encuentran planetas desordenados y vacíos. ¿Por qué será que el planeta tierra es el único que está ordenado? La contestación es clara, la Palabra de Dios nos narra como fueron creadas todas las cosas, pero el hombre en su intento de negar a Dios y a su Palabra, quiere buscar otras explicaciones fuera de la Biblia. El resultado final de las investigaciones científicas, se conocen hoy por el nombre de teorías, sí solo teorías.

Las teorías de los científicos tratan de explicar el origen y desarrollo del universo con la suposición de que no hay ningún Creador personal y divino que hizo y formó el Universo y la Tierra. Solo pueden decir, que todo comenzó a existir por una serie de sucesos casuales que ocurrieron durante miles de millones de años. Estas conclusiones no son verdaderamente científicas. Digo esto, porque según el método científico, deben basarse todas las conclusiones en la prueba irrefutable deducida de experimentos que puedan reproducirse en cualquier laboratorio. Sin embargo, no se ha ideado ni puede idearse ningún experimento que pruebe y verifique las teorías en cuanto al origen de la materia a partir de una supuesta explosión gigantesca conocida hoy como el Big Bang.

Por último, puedo decir con mucha seguridad que las explicaciones científicas sobre el Big Bang son solo unas hipótesis sin prueba científica. Lo más curioso de todo esto, es que según ellos estas hipótesis deben de ser aceptadas por fe en sus teorías humanas. Esto es lo que están enseñando en las escuelas y universidades a los estudiantes. Digo y repito que jamás dichas teorías afectarán mi fe cristiana y mi fe en la Biblia. La fe del pueblo de Dios, está en el Señor y en su revelación inspirada, la cual afirma que Él es quien hizo todas las cosas de la nada. "Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía" (Hebreos 11:3).

La Santidad


Por David K. Bernard. © 1998. Todos los Derechos Reservados.
Capítulo 1 del Libro En Busca de la Santidad



“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” Hebreos 12:14.


La santidad definida

La santidad es una de las características básicas de Dios. En lo que se refiere a Él, la palabra denota pureza y perfección absoluta. Solo Dios es santo en sí mismo. Cuando la palabra se aplica a personas u objetos, hace referencia a lo que ha sido separado o puesto aparte para Dios. Para los Hebreos del Antiguo Testamento, la santidad incluía tanto el concepto negativo de la “separación” como el concepto positivo de la “dedicación.” Para los cristianos que han nacido de nuevo significa específicamente la separación del pecado y del mundo, y la dedicación a Dios. Puesto que hemos recibido del Espíritu Santo de Dios, hemos recibido poder sobre el pecado, la enfermedad y el diablo (Marcos 16:15-18). Este poder sobre el pecado nos permite llegar a ser testigos de que verdaderamente hemos nacido de nuevo (Hechos 1:8). Podemos decir, “Dios me ha salvado del pecado. Él me ha sacado del pecado.”


La santidad es esencial para la salvación 

Hebreos 12:14 es tan fuerte, tan cierto y tan pertinente a la salvación, como las palabras: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:3, 5). Después de la experiencia del nuevo nacimiento, un conflicto surge entre la carne y el espíritu que ha nacido de nuevo. Esta batalla es una batalla para la santidad y debemos ganarla a fin de ser salvos.


La necesidad de la separación

Dios es santo y demanda que su pueblo sea santo como Él (I Pedro 1:15-16). Comenzando con el pecado de Adán y Eva, el pecado del hombre lo ha separado de un Dios santo. La única manera para restaurar la comunión original entre el hombre y Dios, es que el hombre se separe del pecado. La decisión es, o la separación de Dios o la separación del pecado. Hay solamente dos familias: la familia de Dios, y la familia de Satanás quien es el dios de este sistema mundial (I Juan 3:10; II Corintios 4:4). No hay terreno neutro. Estas dos familias son distintas y separadas. Una es una familia santa—un sacerdocio santo (I Pedro 2:9). La otra es una familia profana. El llamado a la separación de este mundo profano es claro y explícito. “Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré,” (II Corintios 6:17).


Un sacrificio vivo

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:1-2). Esta Escritura da más significado a las ideas de la santidad y de la separación. La santidad incluye un sacrificio de nuestros deseos y voluntades. Debemos presentarnos a nosotros mismos en una manera que sea aceptable a Dios. Simplemente es nuestro deber razonable hacerlo. Esto significa que deberíamos estar dispuestos a hacer cualquier cosa para que seamos aceptables a Dios, sin considerar el sacrificio. Debemos ser santos y separados a fin de ser aceptables.


La santidad es impartida por el Espíritu Santo

Solamente por medio de la ayuda divina, el hombre puede llegar a ser santo. La santificación (la separación) comienza cuando uno oye el evangelio y continúa mediante la fe, el arrepentimiento y el bautismo en agua en el nombre de Jesús; pero se realiza principalmente por medio del Espíritu Santo que nos llena y mora en nosotros (I Pedro 1:2). En esta edad, las leyes de Dios no están escritas en tablas de piedra. Sin embargo, esto no significa que Dios no tenga algunas leyes; porque Él aún tuvo leyes en el Huerto del Edén. Lo que sí significa, es que hoy Dios escoge escribir sus leyes en nuestros corazones mediante la fe por el Espíritu Santo (Jeremías 31:33, Hebreos 10:15-17). Por lo tanto, todas las personas que están llenas del Espíritu Santo y que permiten que el Espíritu les guíe, tienen las leyes de Dios escritas en sus corazones. Esto significa que podemos ser guiados por una conciencia, y por las impresiones y convicciones del Espíritu Santo. Tenemos una base fundamental de la santidad morando en nosotros.


La santidad es enseñada directamente por el Espíritu Santo en nosotros 

De lo que acabamos de decir, esto es evidente y es apoyado por Jesús mismo. “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26).


La santidad es enseñada por pastores y maestros llenos del Espíritu Santo

¿Qué significa I Juan 2:27 que dice, “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él”. Esta Escritura simplemente habla de la santidad básica que mora en todos los que han recibido el Espíritu Santo. No significa que no es necesario ser enseñado por un maestro lleno del Espíritu Santo y llamado por Dios. Según Efesios 4:11-12, un maestro es una dádiva de Dios, a fin de perfeccionar a los santos. La lucha para la perfección abarca todo lo que significa la santidad, y Dios nos ha dado el ministerio de los pastores y maestros para ayudar que los santos triunfen en aquella lucha.


La santidad es enseñada por la Biblia

La Biblia no trata de dar respuestas específicas a las situaciones incontables que un individuo puede encarar. Con este fin Dios nos ha dado el Espíritu Santo y el ministerio. La Biblia sí da directivas básicas que se aplican a hombres y a mujeres de todas las culturas, edades y situaciones. La Biblia nos declara lo que a Dios le gusta y lo que no le gusta. Nos declara las prácticas y las actitudes que Dios no acepta, y las que él espera de su gente.


La santidad es un asunto individual

Filipenses 2:12 dice, “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.” Esto no permite que cada individuo cree sus propias reglas para ser salvo, pero sí significa que cada uno debe hacer efectiva, o debe ocuparse de su propia salvación con temor y reverencia. En últimas, la salvación es la responsabilidad propia del individuo. Después de recibir la experiencia del nuevo nacimiento, cada individuo tiene que asegurarse de perseverar hasta el fin de la carrera. Él debe quedarse con lo que Dios le ha dado. (Hebreos 3:14).


Las convicciones personales

Puesto que cada persona es responsable individualmente ante Dios, cada uno debe tener convicciones propias. Desde el momento en que recibimos el Espíritu Santo, tenemos la necesidad de ser enseñados por los maestros llenos del Espíritu Santo que Dios ha puesto en la iglesia, y también por el Espíritu Santo directamente. A la vez, debemos tener convicciones personales. No podemos confiar en las convicciones o la falta de convicciones de otros, sino que debemos buscar una respuesta para nosotros mismos sobre puntos específicos. Por supuesto, cualquier enseñanza clara y definitiva de la Escritura es una convicción suficiente en sí misma, y una persona no la puede evitar simplemente porque diga que no se siente condenado al quebrantarla.

A veces, Dios da a una persona unas ciertas convicciones que no son compartidas por algunos otros creyentes. Quizás esto es necesario debido al trasfondo de aquella persona o por sus debilidades en ciertas áreas; o quizás Dios le está guiando a una relación más cercana a Él. En esta situación, la persona debería ser leal a sus convicciones propias en cuanto a su conformidad con la Escritura. “Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente… y todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Romanos 14:5, 23). A la vez, él no debería tratar de exigir que otros las respeten. Asimismo, otros creyentes deberían respetar sus convicciones y no lo deben menospreciar (Romanos 14:2-6). Dios siempre honra y bendice a aquellos que hacen consagraciones personales. Hay bendiciones especiales y relaciones especiales con Dios que vienen mediante estas consagraciones especiales.


La santidad no puede ser legislada

La santidad debe ser motivada por el Espíritu Santo que mora dentro de uno. Los ministros tienen la autoridad espiritual, y desde luego la responsabilidad de pedir normas de conducta y de vestirse entre los creyentes. Ellos tendrán que responder ante Dios en lo que le concierne a cada uno (Hebreos 13:17). Sin embargo, los ministros pueden rogar: “Vístase modestamente”, pero si la santidad no está en el corazón, la persona no obedecerá. La santidad no puede ser legislada –o está en el corazón, o no lo está. Después de que uno haya nacido de nuevo, debe ser una cosa sencilla tomar el instinto básico de la santidad impartido por el Espíritu Santo, y combinarlo con la Palabra de Dios como se enseña por un pastor lleno del Espíritu Santo a fin de vivir una vida santa. En cambio, hay mucha gente rebelde, y muchos intentan comparar denominaciones e iglesias. Las denominaciones nunca han salvado a nadie, porque solamente la Palabra de Dios puede traer la salvación.


La santidad es mantenida por el amor que uno le tiene a Dios

Por esta razón las Escrituras enseñan: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (I Juan 2:15). Podemos vivir una vida santa solamente por medio de amar a Dios, y no al mundo que está bajo el dominio de Satanás. La ley o el temor puede obligarnos a evitar el pecado hasta cierto punto, pero solamente el amor creará un deseo en nosotros de evitar todo lo que no es como Dios y todo lo que no es propicio para su presencia en nuestras vidas. Cuando alguien realmente ama a otra persona, trata de agradarle a aquella persona sin considerar su propia conveniencia y preferencia personal. Asimismo, cuando amamos a Dios nuestro Padre y Salvador, queremos obedecer a su Palabra. Cuando leemos sus cartas para nosotros, queremos vivir según ellas porque le amamos. Su Espíritu en nosotros nos ayuda a ser obedientes. Él nos ayuda a ser alegres en nuestra obediencia, aunque la carne no quiera ser obediente. Como dijo Jesús: “El que me ama, mi palabra guardará” (Juan 14:23. Véase también Juan 14:15, I Juan 2:3). Por otra parte, “Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (I Juan 2:15).


Algunos principios básicos de la santidad

La Biblia nos enseña los elementos esenciales de la verdadera santidad. “No os conforméis a este siglo” (Romanos 12:2). “Absteneos de toda especie de mal” (I Tesalonicenses 5:22). “Todo aquel que lucha, de todo se abstiene” (I Corintios 9:25). Estas tres Escrituras describen la esencia de la santidad práctica. El propósito fundamental de cualquier norma específica de la santidad es ayudarnos a vivir por aquellos principios básicos. En primer lugar, no debemos actuar como el mundo pecaminoso ni tener la apariencia de éste. Aún debemos evitar aquellas cosas que tienen una sugerencia de, o una semejanza a la maldad. La pregunta no debería ser, “¿Hasta qué punto podemos tener la apariencia del mundo y siempre estar bien?” o “¿Qué es lo menos que podemos hacer y siempre agradar a Dios?” Más bien, deberíamos preguntarnos “¿Qué podemos hacer para acercarnos lo más posible a Dios? ¿Cómo podemos vivir para que no haya ninguna duda que estamos identificados con Jesucristo?” Además, debemos ser templados en todas las cosas. Esto significa que siempre debemos ejercer siempre una restricción sobre nosotros mismos, y el dominio propio. Nuestra carne siempre debe estar sujeta al Espíritu. La templanza también significa que todo debe hacerse con moderación y no hacia extremos o con exceso. No debemos ir hacia el extremo de la tolerancia, el compromiso y la mundanalidad, ni hacia el otro extremo de la justicia propia, la hipocresía y la ostentación. Los principios de no conformidad con el mundo y la templanza en todas las cosas, son las claves para comprender cada una de las áreas de la santidad que se tratan en este libro.


La actitud de un cristiano hacia el pecado

Un cristiano no es un pecador. Hemos nacido de nuevo, y tenemos poder sobre el pecado (Hechos 1:8, Romanos 8:4). Hemos nacido en la familia de Dios y hemos recibido el carácter de Jesucristo (Romanos 8:29). Somos los discípulos de Cristo, y vivimos según sus enseñanzas. Si somos verdaderamente cristianos, es decir, si somos como Cristo, entonces a la vez no podemos ser pecadores. De hecho, debemos odiar al pecado. “Los que amáis a Jehová, aborreced el mal” (Salmo 97:10). “El temor de Jehová es aborrecer el mal” (Proverbios 8:13). Por lo tanto, si verdaderamente amamos a Dios, entonces automáticamente odiamos a la maldad. Ahora, como seres humanos todos tenemos personalidades diferentes. Algunas personas son naturalmente más agresivas, francas o sociables, mientras que otras son más reservadas o tolerantes. Esto producirá lo mismo en nuestras actitudes hacia el pecado, si no permitimos que el Espíritu Santo reine como Rey en nuestras vidas. Sin considerar nuestras personalidades originales, cada uno de nosotros odiará la maldad. Esto permite que un ministro hable enérgicamente en contra del pecado. Sin considerar su personalidad básica, él es capaz de identificar al pecado y de predicar en contra de éste.


La actitud de un ministro hacia el pecado

Un ministro tiene la responsabilidad de predicar en contra del pecado (Ezequiel 3:17-19). Al nombrar el pecado, él también ayuda a la gente a saber en qué consiste. Él tiene el deber de establecer las normas necesarias para mantener la santidad. Estas normas no son para los visitantes sino para los miembros, particularmente para los que son usados como líderes y ejemplos. No importa cuáles sean las inclinaciones personales del ministro, el Espíritu Santo en él no puede tolerar el pecado y le obligará a denunciar el pecado. El Espíritu Santo le dará la valentía de reprender y de exhortar a la gente cuando sea necesario. El Espíritu Santo debe reinar como Rey en su vida, para que la unción y la inspiración del Espíritu le den la fuerza espiritual que necesita. El hombre que es pronto para reprender, que es pronto para mostrar el enojo, o que no es tolerante, también será cambiado por el Espíritu Santo. Él llegará a ser bondadoso y tierno en sus admoniciones, y predicará con compasión cuando vea los pecados de la gente. El ministro debe estar totalmente lleno del Espíritu Santo. De ese modo, el Espíritu de Dios predicará por medio de él (Joel 2:28). Puesto que Dios odia al pecado, el ministro también odiará al pecado y recibirá la capacidad de predicar en contra de éste. A la vez, él tendrá en su corazón el amor genuino de Dios para el pecador.

Algunos ministros son tan tolerantes y están tan poco dispuestos a lastimar los sentimientos, que ellos no pueden predicar en contra del pecado de una manera específica. Algunos dicen, “Mi personalidad no me permite predicar en contra del pecado. Yo solo puedo predicar el amor”. Sin embargo, si usted realmente ama a alguien que está en el pecado, tiene que predicar en contra del pecado, porque es el pecado el que hace que la gente se pierda eternamente. El amor verdadero significa más que la ternura. Si yo realmente amo a alguien, entonces yo lo amo lo suficiente para decirle la verdad, aun cuando esa persona me odie porque lo hago. El ministro debe predicar la verdad, no importa si el mantiene el agrado de los oyentes o no; porque esta es la única esperanza que ellos tienen de ser salvos. Puede ser que el oyente no se dé cuenta qué es el amor el que habla, pero sí es el amor. Un ministro que hace menos de esto, no es digno de ser un mensajero de Cristo.

Un ministro verdadero no predica simplemente lo que a la gente le gusta oír. El no predica lo que quiere la gente, ni es un bromista. Por supuesto, el humor y la imaginación se permiten en el púlpito, pero el llamamiento básico del ministro es el de decirle a la gente lo que Dios quiere que ellos oigan. Si un ministro deja que una persona siga en el pecado, simplemente porque tiene una personalidad débil y porque tiene miedo de lastimar sus sentimientos, entonces él debe ser llenado de nuevo por el Espíritu. Aquel hombre es un cristiano débil, y definitivamente no es un líder.


Los ministros son los mensajeros y no el autor

Un ministro no es Dios, y él no puede tomar el cargo del Gran Pastor. Él no puede cambiar la Palabra de Dios para agradar a la gente. Él es meramente un mensajero. Es ilegal que un cartero cambie el contenido de una carta. El receptor de una carta no tiene ningún derecho de reprender al cartero a causa del contenido de la carta, ni puede pedir que el cartero lo cambie. El cartero no es el autor, y no tiene el derecho de alterar el mensaje. Del mismo modo, un ministro simplemente entrega el mensaje de Dios a la gente. Él no se atreve a cambiar la Palabra de Dios.


Unas Escrituras que un cristiano victorioso debe comprender

Hay varias Escrituras claves, que son básicas a fin de conocer la posición del cristiano con respecto al pecado y la santidad. Los capítulos 6 y 8 de Romanos, tienen una buena explicación de este tema de la vida cristiana.


La ley del pecado (Romanos 7:20)

Pablo nos enseña que hay una ley del pecado en este mundo, que es más fuerte que la ley de Moisés y más fuerte que la ley de la mente. Es decir, ni la ley del Antiguo Testamento, ni el proceso del razonamiento y asentimiento mental, tienen el poder de superar la naturaleza básica pecadora que está en el hombre. Esta ley del pecado se llama también la naturaleza del pecado, el viejo hombre, la naturaleza vieja, el primer Adán, y la carne.


La ley del Espíritu (Romanos 8:2)

La ley del Espíritu Santo es la única ley que es más fuerte que la ley del pecado. Es la única ley que puede librar a los hombres del poder del pecado, porque el hombre recibe una nueva naturaleza cuando es lleno con el Espíritu Santo. Esta nueva naturaleza no desea pecar, sino que tiene las leyes y los deseos de Dios implantados en ella. Es importante darse cuenta de que las obras buenas no pueden suplantar o reemplazar a la ley del Espíritu.


“Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado” (I Juan 3:9)

Esta escritura simplemente significa que el hijo de Dios no practica el pecado. El no desea pecar porque ha recibido una nueva naturaleza. “Porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”. Esto significa que tal como su Padre Dios, el cristiano odia el pecado y no lo puede tolerar en su vida. Por cierto, no significa que el cristiano carezca de la capacidad de pecar; porque eso contradeciría las enseñanzas de I Juan 1:8 y 2:1. Aquí tenemos algunos ejemplos que ilustran lo que esta Escritura significa. Si a usted le enferma un cierto alimento, entonces usted diría: “Lo siento, pero yo no puedo comer este alimento”. Si una cierta acción no está en sus mejores intereses o está en contra de sus principios, entonces usted diría: “Yo no puedo hacer eso”. En ambos casos, las palabras “no puedo” no significan que usted sea físicamente incapaz de desempeñar la acción, sino que usted está restringido por su naturaleza o por su conocimiento. De igual modo, los cristianos por su nueva naturaleza son restringidos de pecar. Mientras esa naturaleza está en control, el cristiano no pecará. El Espíritu Santo da poder y victoria sobre el pecado. “La palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno” (I Juan 2:14).


Muerto al pecado (Romanos 6:2)

“Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” Los próximos versículos dicen que nuestro viejo hombre ha sido crucificado con Cristo (mediante el arrepentimiento), para que no sirvamos más al pecado. “Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado” (Romanos 6:7). El cristiano deber comprender que él está muerto al pecado, y que ha sido librado del pecado. ¿Qué quiere decir morir al pecado? A manera de ilustración, ¿qué emociones tiene una persona muerta? ¿Qué reacción tendría un hombre muerto si usted le abofeteara su cara, o le mostrara unos millones de dólares? Por supuesto, no habría reacción porque el hombre está muerto. Por lo tanto si estamos muertos al pecado, cualquier tentación de pecar no debería provocar ninguna reacción de parte de nosotros. Si realmente hemos muerto, y hemos resuelto el problema del pecado en nuestras vidas, entonces vivir una vida cristiana santa será fácil. Sin embargo, cuando estamos medio muertos y medio vivos, es difícil, y eventualmente es imposible vivir para Dios.


Nada nos puede separar de Dios (Romanos 8:38-39)

Absolutamente nada nos puede separar del amor de Dios. Los demonios, los ángeles, los hombres, las pruebas, las tribulaciones, el tiempo o las circunstancias, no tienen el poder de separarnos de Dios. Nadie nos puede sacar de la mano del Padre, ni siquiera Satanás mismo (Juan 10:29, I Juan 5:18). Sin embargo, el cristiano mismo puede romper su relación íntima con Dios por medio de su incredulidad y su desobediencia, y puede apartarse de Dios. (Véase Romanos 11:20-22; II Pedro 2:20-22).


“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos” (I Juan 1:8)

Esta Escritura ha sido abusada muchas veces con el propósito de enseñar doctrinas falsas. No habla de un hecho del pecado, pero habla de la naturaleza pecaminosa que es residente en cada ser humano. Aunque un individuo haya nacido de nuevo, la vieja naturaleza queda subyugada en él. No ha sido trasladado todavía, pero espera la redención de su cuerpo (Romanos 8:23). Entonces, Juan está enseñando que la capacidad de pecar todavía mora en nosotros. Cualquier persona que retiene la teoría de que su naturaleza pecaminosa ha sido erradicada en un cierto punto en su experiencia cristiana, solo está engañándose a sí mismo. Mientras que hay una separación definitiva entre el creyente y su naturaleza pecaminosa, esa naturaleza, o la capacidad de pecar, está siempre allí. Es por esto que es tan importante que el creyente mantenga una actitud de “muerto al pecado”.

La idea es que Dios ha creado de tal manera al creyente que ha nacido de nuevo, que no hay necesidad de pecar. El pecador-santo no existe. Dios le ha dado al creyente una naturaleza divina que hace que él odie el pecado. El Espíritu Santo asume una residencia permanente para ayudar al cristiano en su batalla contra el pecado. Para ilustrar, podemos decir que el cristiano tiene el mismo poder sobre la naturaleza perversa (o viejo hombre) que tiene sobre un radio. Si en la radio se transmite un programa que un cristiano no debe oír, él simplemente apaga el aparato. Él tiene el poder de impedir que la radio imparta la maldad en sus pensamientos. De igual modo, el cristiano tiene poder sobre el pecado. Si el Espíritu Santo reina en su vida, él será capaz de “apagar” el pecado cuando trata de entrar en él. Entonces, si un cristiano peca, es solamente porque él no ha dado todo el dominio en aquella área al Espíritu Santo. Se está rindiendo a sí mismo ante otro amo, y entonces llega a ser el siervo de aquel amo (Romanos 6:16). No existe un cristiano de noventa por ciento no más. “El que practica el pecado es del diablo” (I Juan 3:8).


¿Es pecador el cristiano? 

A la luz de la Escritura antes citada, la respuesta a esta pregunta debe ser, “No”. Como cristianos, no somos pecadores. Éramos pecadores en el pasado, pero hemos sido librados y ahora somos los hijos de Dios. ¿Cuál es la posición de un cristiano que comete un pecado? Como ya hemos visto, aquella persona se ha permitido a sí mismo el caer bajo la influencia de Satanás y la naturaleza pecaminosa. Él debe acercarse inmediatamente a nuestro Abogado y Defensor, Jesucristo (I Juan 2:1). Puesto que Jesús ahora ocupa la posición de nuestro sumo sacerdote, podemos confesar nuestros pecados directamente a Él, y Él nos perdonará (Hebreos 4:14, I Juan 1:9).


La oración personal

Puesto que la confesión a Jesús es la manera en que un cristiano obtiene el perdón de un pecado que haya cometido, la oración personal es muy importante. Un cristiano nunca debe esperar hasta que llegue a la iglesia para confesar sus pecados, sino que debe confesar un pecado inmediatamente y pedir perdón. La oración privada y personal es nuestra comunicación con Dios, no importa si el Espíritu en nosotros hace intercesión, o si nosotros la hacemos verbalmente. Todos debemos examinar nuestros corazones y pedir que Dios nos limpie de los pecados y faltas ocultas (I Corintios 11:31). Debemos buscar la enseñanza y la dirección del Espíritu. Estas oraciones no tienen que ser expresadas delante de la congregación, porque esto es un asunto entre el individuo y Dios. También la oración es nuestro medio de explotar el poder de vencer que Dios nos ha provisto.


La contaminación de la carne y del espíritu (II Corintios 7:1)

Pablo nos exhorta, diciendo, “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. En esta Escritura, “la carne” se refiere al elemento físico, mientras que “el espíritu” se refiere al elemento espiritual en el hombre. La primera cosa que debemos notar, es que en este mundo no podemos separar al espíritu de la carne. Por ejemplo, Mateo 5:28 clasifica a la lujuria por una mujer, como el adulterio cometido en el corazón. Este es un pecado del espíritu, en el que la carne no cometió realmente el hecho de adulterio. Pero ante los ojos de Dios siempre es un pecado. Para Dios, el odio en el corazón es lo mismo que el hecho actual de homicidio. Entonces, Pablo nos dice que debemos limpiar nuestros pensamientos así como también las acciones de nuestra carne. Debemos limpiar tanto la carne como el espíritu, para ser santos ante los ojos de Dios.

La carne es la única casa en que mora el espíritu. Cuando uno nace de nuevo, inmediatamente entra un conflicto entre la carne y el espíritu. Es necesario comprender aquella guerra que existe en la vida cristiana. Si vivimos de acuerdo con las directivas que Dios ha dado, el Espíritu Santo ganará aquella guerra para nosotros (II Timoteo 2:5).


El mensaje de Satanás

El diablo trata de convencernos de que puesto que estamos en la carne, y la carne es débil, no podemos vivir una vida santa. Él quiere que creamos que tenemos que pecar todos los días. La verdad es que Dios ha mandado que seamos santos. Es cierto que la carne es débil, pero también es cierto que Jesús condenó al pecado en la carne (Romanos 8:3). Cristo se encarnó para que mediante la muerte, él pudiera destruir al que tenía poder sobre la muerte, es decir a Satanás (Hebreos 2:14). Jesús venció al pecado en la carne, y él es nuestro ejemplo. También podemos vencer al pecado en la carne, porque tenemos el Espíritu de Cristo en nosotros.


La perfección

La Biblia nos enseña que crecemos hacia la perfección. Hebreos 6:1 dice, “vamos adelante a la perfección”, y Filipenses 3:15 habla de “todos los que somos perfectos.” Efesios 4:12 enseña que Dios constituyó el ministerio neotestamentario a “fin de perfeccionar a los santos.” Es posible distinguir entre la perfección absoluta y la perfección relativa. Todos estamos esforzándonos en lograr la perfección absoluta tal como se ve exhibida en la persona de Jesucristo. Aun mientras que estamos en medio de aquel proceso de crecimiento hacia la perfección, puede ser que seamos considerados perfectos en un sentido relativo si estamos creciendo correctamente. Por ejemplo, un infante de un mes puede ser un niño perfecto aunque todavía no tenga dientes, no pueda razonar completamente, no pueda caminar, y no pueda hablar. Está perfecto en un sentido relativo, porque se está desarrollando adecuadamente en relación con su edad. Dentro de diez años, si este niño no puede caminar ni hablar, entonces no puede ser considerado como un ser humano perfecto. Una manzana en cierne en la primavera no es una manzana, pero eso no quiere decir que está imperfecta.
Más tarde el capullo se desarrollará en una pequeña bola verde, y finalmente madurará. En cada etapa está perfecta. Esto nos enseña que sí podemos obedecer la exhortación de ser perfectos. Para lograr esto tenemos que aprender, crecer y corregir nuestras faltas constantemente. No podemos mantenernos en la misma posición en que nos encontrábamos cuando primeramente recibimos nuestra experiencia del nuevo nacimiento.


La tolerancia debida a los diferentes niveles de la perfección

Algunos individuos tienen la capacidad de desarrollarse más rápidamente que otros. Cuando los individuos de un trasfondo cristiano nacen de nuevo, ellos comienzan con un buen fundamento y así pueden crecer más rápidamente. Otros que vienen de un trasfondo pagano o ateo, tienen que cambiar por completo todos sus conceptos e ideas. Entonces dos personas pueden tener niveles diferentes de perfección, aunque hayan recibido el Espíritu Santo a la vez. No debemos juzgarles (Mateo 7:1). En particular, los creyentes deben tener cuidado de no reprender a otros si éstos no cumplen con ciertas normas de santidad. Es principalmente el deber del ministerio y del Espíritu Santo, el de supervisar la obra de perfección de un nuevo creyente.

Los creyentes no solo tendrán diferentes niveles de perfección, sino que las iglesias también tendrán diferentes niveles de perfección. Eso depende del trasfondo y del fundamento de los creyentes. También depende del ministro. Algunos ministros no enseñan en contra de nada. A causa de esto, su rebaño no puede crecer hacia la perfección. Otros edifican a las iglesias encima de la Palabra de Dios, y no encima de sus propias personalidades, y sus miembros pueden crecer hacia la perfección.


Sigamos adelante a la perfección

El propósito de este capítulo es el de probar que la santidad es un mandamiento que debe ser obedecido a diario en la vida de cada cristiano. “Sed santos, porque yo soy santo” (I Pedro 1: 16). Puesto que Dios ha mandado que seamos santos, sabemos que él nos dará la capacidad de hacerlo; porque él no requeriría algo que no fuéramos capaces de cumplir. El Espíritu Santo nos da la santidad y la justicia. “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (I Corintios 6:11). Debemos seguir viviendo una vida santa a fin de permanecer sin mancha ni arruga (Efesios 5:27). Si conseguimos una arruga o una mancha, debe ser limpiada inmediatamente por la sangre de Jesús mediante nuestro arrepentimiento (I Juan 2:1).

El Espíritu Santo nos da la capacidad de vivir una vida separada. Por lo tanto, es nuestra responsabilidad la de permitir que el Espíritu Santo reine en nuestras vidas, y que enclaustre a la vieja naturaleza muerta al pecado y al mundo. ¡Somos justificados (hecho justos ante los ojos de Dios)! ¡Podemos vivir una vida santa! Sigamos adelante hacia la perfección. No debemos meramente recibir la experiencia del nuevo nacimiento y descansar sobre aquel fundamento básico, sino debemos crecer y edificarnos. Debemos estar llenos completamente del Espíritu y estar limpios de cada mancha. ¡Avancemos hacia la perfección!

El Pastor Pentecostal Apostólico

Por Ralph Vincent Reynolds

El Pastor es el Pastor del rebaño: El significado de la palabra, "pastor" es "pastor de animales" o "apacentador." Jeremías habló de este oficio. "Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia e inteligencia" (Jeremías 3:15). "Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten" (Jeremías 23:4).

Su trabajo es principalmente dentro de la iglesia. Su primera obligación es apacentar las ovejas. Jesús mandó a Pedro una vez a apacentar sus corderos y dos veces a apacentar sus ovejas. Pedro se sentía lastimado porque Jesús le preguntó tres veces, "¿Me amas?, pero había una verdad que Jesús quiso impresionar en el corazón de Pedro, por eso lo repitió tres veces. "Apacienta (o pastorea) mis ovejas." Pedro aprendió su lección bien y más tarde le era posible exhortar a los ancianos; "Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros" (1Pedro 5:2). La gran obra del pastor es enseñar, instruir y ser como un padre a la grey; su responsabilidad es asegurar que la iglesia sea una iglesia sana y espiritual (Efesios 4:11-16).

Para apacentar las ovejas, él debe ser un estudiante constante. Una persona no puede apacentar a otros hasta que él primero haya sido apacentado; él no puede dar a otros lo que él primero no ha aprendido.

Una de las más grandes necesidades en la iglesia de hoy, es de pastores con un llamamiento divino para pastorear o apacentar la grey de Dios. Predicadores hay muchos; entre ellos hay unos con habilidad, talento y enseñanza, hombres que pueden entretener y mover una audiencia con elocuencia y personalidad; pero pocos son los hombres que están dispuestos a poner su vida por las ovejas. Los pastores según el corazón de Dios mismo, quienes sacrifican sus propias vidas para pastorear el rebaño, no son numerosos. Feliz es aquella congregación que tiene por su pastor a un hombre que será más que un predicador y un líder, pero combinará estas cualidades con aquella cualidad dada por Dios de ser un "padre espiritual" a su pueblo. "Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres" (1 Corintios 4:15).

El Ministerio del Pastor es principalmente dentro de la iglesia: "Y él mismo constituyo a unos apóstoles; a otros profetas; a otros evangelistas; a otros, pastores y maestros" (Efesios 4:11). De los muchos aspectos y llamamientos del ministerio cristiano, la obra y ministerio del pastor resalta como una de vital importancia. Jesús mismo ha puesto pastores en la iglesia para ministrar a la iglesia. En Efesios 4:11-16 su trabajo es definido como: (1) Perfeccionando a los santos; (2) La obra del ministerio; (3) Edificando el cuerpo de Cristo.

La iglesia en una condición saludable, naturalmente aumentara en amor. En otras palabras, si el pastor logra traer a la iglesia a una condición espiritual apropiada en Cristo, naturalmente almas nacerán dentro de la familia, y el Señor añadirá a la iglesia cada día los que han de ser salvos (Hechos 2:47). Muchas veces se requiere un esfuerzo grande, tiempo y oración para mantener a los creyentes andando en el camino derecho y angosto, guiarles a una vida espiritual más profunda y velar por sus almas que no sean desviadas por el enemigo. Mantener un alma en el rebaño fiel al Señor es más importante que ganar un converso nuevo.

Es la reincidencia del pueblo de Dios que torna blanco el cabello del pastor y pone arrugas en su frente. Es por las ovejas que se han extraviado que él se queda despierto en las noches y por las cuales agoniza en oración muchas largas horas. Cuando los creyentes son rectos con Dios es una cosa fácil persuadir a los pecadores para que rindan sus corazones al Señor, porque cada hijo de Dios es una influencia para el bien. Al contrario, cada reincidente lleva al abismo consigo a muchas almas quienes pudieron haber sido salvos si él hubiera permanecido fiel.

El Pastor debe amar a la grey: "El buen pastor su vida da por las ovejas" (Juan 10:11). La característica más importante de un pastor es el amor y sacrificio. El pastor es solo un pastor subordinado, siendo dirigido por el Espíritu y ejemplo del gran pastor. El gran pastor murió por la grey, y es este espíritu de sacrificio que debe agarrar el corazón de cada pastor. "El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará" (Mateo 10:39). "De cierto, de cierto, os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere lleva mucho fruto" (Juan 12:24).

El autor ha tenido algunas experiencias en este asunto, por las cuales él da gracias al Señor. El pastor debe tener un corazón que está lleno de amor para su pueblo. El "poder del corazón" le ayudará más que cualquier otra cosa. La mayoría de toda la gente es alcanzada con más facilidad por las afecciones que por el intelecto. Ellos están buscando amor, simpatía, entendimiento y paciencia. Es el propósito del ministro tratar de entender sus batallas y luchas, para que él pueda ayudarles más fácilmente con todos sus problemas.

Por esta razón, un pastor debe vivir en el mismo nivel y norma de vida que la gente en su iglesia. Por razones que son muy claras, él debe ser casado y tener por lo menos un hijo. Si fueran tan desafortunados de no poder tener hijos propios, deben adoptar un hijo, o dos. Sólo un padre puede entender los problemas de los padres, y poder aconsejar e instruir en un espíritu de amor y simpatía.

El Pastor debe estar bien enterado de cada detalle de la iglesia: Cuando un pastor es recién instalado en una iglesia, las primeras semanas son muy críticas. Las caras nuevas y la gente nueva le dará una nueva inspiración. Sin embargo, junto con ésta nueva inspiración vendrán nuevos desafíos y nuevos problemas para ser resueltos. Habrá un tiempo de "luna de miel" el cual puede ser muy engañoso. Durante este tiempo él puede permitir ser influenciado por las personas dañosas, y él puede cometer errores en juzgar, que la gente nunca olvidará. Él debe recordar que las primeras impresiones a veces son permanentes. Él debe estar mucho en oración y mirar siempre hacia el Espíritu Santo para guiarle en todas las decisiones. Hasta que él conozca la iglesia a fondo, debe proceder lentamente en hacer decisiones que afectarían el gobierno de la iglesia.

El nuevo pastor debe de familiarizarse con todos los departamentos y obreros en la iglesia. Él debe averiguar si hay una lista de miembros de la iglesia o no, y si la hay, averiguar si está completa y al día. Si no hay lista de miembros, él debe tomar inmediatamente acciones para conseguir una lista completa de todos los miembros con sus direcciones. Ahora él puede proceder a visitar sistemáticamente a toda la congregación para que pueda familiarizarse con cada familia y hogar. Después de haber sido instalado, y haberse familiarizado con cada departamento, los obreros y los miembros mismos, su gran obra siguiente es ganar la confianza, el respeto y el amor de su grey. Muchas veces el pastor es llamado para redargüir y reprender, y esto es seguramente una parte de su ministerio como un "padre" a su grey (2 Timoteo 4:2).

Sin embargo, que el nuevo pastor tenga cuidado en las libertades que toma antes de ganar el respeto y la confianza de su gente. "Mas al extraño no seguirán" (Juan 10:5). El hecho de que él es un buen predicador no hace su voz la voz de su pastor. Las ovejas tienen que aprender a conocer su voz. El debe de ser firme pero con esa firmeza debe tener un gran cuidado y ternura hasta que conozcan su voz. Si no, él puede crear disensión y oposición que tal vez él nunca pueda vencer totalmente.

El Pastor debe mantener actitudes correctas: Un pastor nuevo debe recordar que el pastor anterior tiene el cariño y la confianza de la iglesia que ha sido ganado tal vez por años de un ministerio fiel y sacrificado. Nunca debe permitir que brote un espíritu de envidia o celo en su corazón contra el ministro anterior. Nunca debe levantarse un espíritu de competencia entre los dos ministros, ni la comparación de su ministerio para la desventaja de uno de ellos. Recuerden que ambos son ministros en el mismo cuerpo y están trabajando para el mismo fin, no para sí mismos, sino para el establecimiento del reino de Dios. Un ministerio siembra, otro riega, y todavía un tercero puede cosechar, "pero es Dios quien da el crecimiento" (1 Corintios 3:6-7).

Sin embargo, puede ser prudente añadir que el pastor que sale, debe dar a su sucesor toda la oportunidad y la única cosa justa que él debe hacer, es cortar cualquier conexión posible con la iglesia. Una vez que él se ha despedido de la iglesia, su responsabilidad ha terminado, y él nunca debe ser influenciado a dar consejo, ni intervenir en la manera más pequeña con su grey anterior. Hay un principio que el pastor recién llegado haría bien en recordar. Si los creyentes hablan bien de su pastor anterior, probablemente hablarán bien de él cuando salga algún día. Si son críticos de su pastor anterior, probablemente serán críticos de él cuando salga. Por eso, él debe estar alegre de oír las alabanzas hacia el pastor anterior. El debe recordar que no puede esconder su actitud hacia sus hermanos ministros. Sus ovejas averiguarán su actitud verdadera y le juzgarán en conformidad.

La Biblia en Audio, Versión Reina Valera 1960

Los saludo en el nombre de nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo.

Les dejo un enlace donde podrán escuchar en línea La Biblia Hablada Reina Valera 1960, (RV60). Está completa desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

Este material es de tremenda bendición, y muy útil para todos aquellos que desean contar con un recurso práctico que les permita conocer el contenido de las Sagradas Escrituras, y para contar con otra forma de dar a conocer la Palabra de Dios a la humanidad.


miércoles, 1 de julio de 2009

Libro: La Vida Familiar, por Linda R. Poitras

Descargue el libro titulado "La Vida Familiar", escrito por Linda R. Poitras, dando clic en el siguiente enlace:
http://www.pentecostalesdelnombre.com/wp-content/uploads/2012/07/la_vida_familiar.pdf



La Vida Familiar es un excelente libro de consejería familiar, que nos permitirá entender el plan de Dios para la familia. Al entender la Palabra de Dios claramente y al conocer el diseño original de Dios, contaremos con un arma poderosa, que podremos usar para contrarrestar el ataque contra las familias en todas partes.