miércoles, 7 de agosto de 2019

El Canon de la Escritura


Por David K. Bernard. © Todos los derechos reservados
Capítulo 7 del libro Una Historia de la Doctrina Cristiana Volumen 1, Desde la Edad Apostólica Hasta la Edad Media 100-1500 d.C.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2019




El canon es la lista de libros aceptados como Escritura, los libros inspirados por Dios. Jesús y los apóstoles aceptaron las Escrituras hebreas, nuestro Antiguo Testamento, como la Palabra de Dios. Después de la fundación de la iglesia en el Día del Pentecostés, el Espíritu Santo inspiró a los apóstoles y sus asociados para escribir nuestro Nuevo Testamento. Es evidente que la iglesia primitiva aceptó estos escritos como inspirados tan pronto como fueron escritos.

Los primeros escritores post-apostólicos citaron tanto los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento como la Palabra autoritativa de Dios. Al principio, no intentaron justificar el uso de diversos libros, pero a medida que pasó el tiempo, reconocieron la necesidad de establecer exactamente cuáles deberían ser considerados como Escritura. Varios factores los motivaron a considerar El canon.

El primero y más apremiante, en razón a que algunas personas, particularmente aquellas pertenecientes a movimientos heréticos, comenzaron a desafiar algunos puntos de vista generalmente aceptados de lo que constituía la Escritura. Algunos grupos heréticos, particularmente los gnósticos, comenzaron a proponer sus propios libros para incluirlos en la Escritura. Otros grupos, particularmente los marcionistas, comenzaron a rechazar porciones de las Escrituras que ya habían sido aceptadas históricamente. También comenzaron a circular libros espurios, que afirmaban falsamente tener autoría apostólica.

Segundo, la iglesia comenzó a reconocer la necesidad de asegurar el uso de la literatura apropiada para la instrucción doctrinal, para combatir a las falsas doctrinas y para el evangelismo.

Tercero, en tiempos de persecución, las autoridades paganas se esforzaron por confiscar y destruir la Escritura. Los libros eran muy preciados ya que tenían que ser copiados a mano, y una congregación local a menudo tenía una sola copia de la Biblia. Los cristianos hicieron grandes esfuerzos, e incluso arriesgaron sus vidas, para proteger copias de la Escrituras en nombre de la iglesia. Aquellos que entregaron a las autoridades porciones de la Escritura, incluso bajo coacción, fueron considerados traidores. Así, los primeros cristianos necesitaban saber más allá de toda duda, cuáles eran los libros que valía la pena preservar a toda costa.

El canon realmente fue reconocido desde el principio, en las primeras comunidades cristianas. En las iglesias locales por todos los lugares donde estaba extendido el cristianismo, había una casi aceptación universal de los libros de la Escritura. No deberíamos mirar primariamente a los listados formales o a los concilios como los definidores de la Escritura, porque estos simplemente ratificaron lo que ya había sido aceptado desde hacía muchos años. Desde los primeros tiempos del cristianismo, las iglesias locales y los pastores ya habían usado estos libros como Sagrada Escritura.

El Antiguo Testamento

Con respecto al Antiguo Testamento, los escritores post-apostólicos tuvieron una guía clara. Ellos aceptaron los libros que los judíos históricamente habían considerado la Palabra de Dios. (Ver Romanos 3:1-2). En esto siguieron el ejemplo de Jesús y los escritores del Nuevo Testamento, que usaron al Antiguo Testamento para establecer su enseñanza, sin dar alguna indicación de que sus Escrituras fueran diferentes de las que los judíos ya habían aceptado universalmente.

El Nuevo Testamento cita definitivamente como Escritura, o alude como autoritativos, a 29 de nuestros 39 libros del Antiguo Testamento, o usando la enumeración hebrea a 19 de 24 libros. De los cinco libros hebreos restantes, Esdras-Nehemías y Eclesiastés, posiblemente se citan o aluden, y Lamentaciones a veces se consideraba como un apéndice de Jeremías que sí es citado, por lo que solamente Ester y el Cantar de los Cantares de Salomón definitivamente no son mencionados, y esto solamente significa que los autores del Nuevo Testamento no tuvieron ocasión para usarlos en los propósitos específicos de sus escritos. [1]

Melitón, obispo de Sardes hacia el año 170 d. C., produjo el listado cristiano más antiguo que tenemos del Antiguo Testamento, e incluyó a todos los libros menos el de Ester. Otra lista de casi el mismo tiempo o de un poco más tarde (MS 54, publicado por Bryennios) enumera a todos los libros, incluido Ester. La siguiente lista fue elaborada por Orígenes a principios del siglo III, y era idéntica a la Biblia Hebrea excepto por una Adición a Ester. [2]

Algunos grupos cristianos aceptaron como canónicos o semicanónicos a una serie de escritos judíos que datan del 200 al 30 a.C. y uno de aproximadamente el 100 d.C. Estos son comúnmente llamados Los Apócrifos. Algunos son adiciones a los libros bíblicos. En el Concilio de Trento en 1546, la Iglesia Católica Romana aceptó oficialmente a 11 de ellos como Escritura, mientras que los protestantes no los consideran canónicos.

Algunos escritores en la cristiandad temprana, notablemente tertuliano y Agustín, dieron su aprobación total o parcial a algunos de los apócrifos. Bajo la influencia de Agustín, unos concilios regionales celebrados en el norte de África a finales del siglo IV y principios Siglo V, avalaron los apócrifos. Otros escritores, como Orígenes y Atanasio, no los consideraron como Escritura. Algunos no los consideraron canónicos, pero los usaron para el estudio y la enseñanza. Jerónimo, el traductor de la Vulgata (la Biblia en Latín), insistió firmemente en que éstos no eran Palabra de Dios.

Hay muchas razones por las cuales la iglesia en su conjunto no aceptó estos escritos. [3] (1) Los judíos nunca los aceptaron. (2) Fueron escritos elaborados después de Malaquías, el último de los profetas inspirados del Antiguo Testamento. (3) Los autores eran hombres desconocidos que no reclamaban inspiración, y algunos de los libros afirman falsamente ser de la autoría de hombres de la Biblia que vivieron mucho antes de que estos libros fueran compuestos. (4) Ni Jesús ni los escritores del Nuevo Testamento los citaron o se refirieron a ellos como Escritura. (5) Contienen errores doctrinales como la oración por los muertos, la salvación por obras, la limosna como expiación por los pecados y la preexistencia de las almas. (6) Contienen una enseñanza moral inferior, al ensalzar el consumo del vino, al elogiar el suicidio en algunos casos, y al justificar la seducción y el engaño por una causa loable. (7) Contienen errores históricos, cronológicos y geográficos. (8) Contienen muchos pasajes imaginarios.

Para resumir, los libros que recibieron la aceptación universal o casi-universal como parte del Antiguo Testamento, son los mismos libros que los judíos reconocieron históricamente, y son los mismos libros que los protestantes reconocen hoy.

El Nuevo Testamento

Volviendo al Nuevo Testamento, la iglesia post-apostólica aceptó como inspirados los libros que vinieron con autoridad apostólica —que fueron escritos por los propios apóstoles o por asociados que recibieron la aprobación apostólica de sus escritos—. Los primeros cristianos se dieron cuenta de que los apóstoles tenían autoridad única como testigos oculares y como personas encargadas específicamente por Jesús para este propósito. [4] Los cristianos del primer siglo tuvieron calificaciones especiales para reconocer el canon, porque ellos recibieron la sana doctrina personalmente de los apóstoles y conocieron personalmente a los escritores del Nuevo Testamento. Ellos tuvieron la capacidad única de juzgar la autenticidad y la validez de los libros que estaban en circulación en ese momento.

F. F. Bruce identificó cinco criterios utilizados en los primeros siglos de la era cristiana para reconocer qué libros había inspirado Dios: autoridad apostólica, antigüedad (edad), ortodoxia (exactitud doctrinal), catolicidad (uso universal), y uso tradicional. [5] La antigüedad y la ortodoxia fueron criterios subsidiarios para ayudar a determinar la autoridad apostólica.

El Nuevo Testamento contiene en sí mismo evidencia de la lectura, circulación, recopilación y citación de los escritos inspirados. Las epístolas de Pablo fueron leídas a los creyentes y circularon entre las iglesias (1 Corintios 1:2; Colosenses 4:16; 1 Tesalonicenses 5:27). Juan pretendió que Apocalipsis se leyera por todos en general (Apocalipsis 1:3). Pablo citó del Evangelio de Lucas (Lucas 10:7; 1 Timoteo 5:18). Peter reconoció todas las epístolas de Pablo como Escritura (II Pedro 3:15-16). Judas  aparentemente citó a Pedro (2 Pedro 3:2-3; Judas 17-18).

Los autores post-apostólicos citaron extensamente a los Libros del Nuevo Testamento, confiando en ellos como Escritura autoritativa. Cuando examinamos los escritos de Clemente de Roma, Policarpo, Ignacio, Hermas, Pseudo-Bernabé, Papías, y los autores anónimos de la Didajé y la Epístola a Diogneto, encontramos que desde aproximadamente los años 95-150 d.C. los escritores cristianos primitivos citaron definitivamente a 23 libros del Nuevo Testamento. Estos incluyen todos, excepto cuatro libros muy cortos —Filemón, 2 y 3 Juan y Judas— y hay posibles referencias a todos estos, excepto a 3 Juan. Cerca del final del siglo II, Ireneo citó a todos los libros excepto Filemón y 3 Juan. [6]

La primera lista canónica que tenemos es la del Fragmento Muratoriano (c. 170). Se refiere al menos a 22 de los Libros del Nuevo Testamento y probablemente a 23. [7] No enumera a Hebreos, Santiago, 1 Pedro y 2 Pedro, pero esto podría deberse a una ruptura en el manuscrito. Mirando hacia las primeras traducciones de la Escritura, la Antigua Versión Latina (Vetus Latina), traducida alrededor del año 200, incluyó todos los libros excepto Filemón, 2 y 3 Juan y Judas. La Antigua Versión Siríaca, que estuvo en circulación alrededor del año 400 pero que se basó en un texto de aproximadamente el año 200, incluyó cada libro excepto 2 Pedro, 2 y 3 Juan, Judas y Apocalipsis.

En resumen, alrededor del año 150 encontramos numerosas citas representando a cada libro del Nuevo Testamento, exceptuando las cuatro cortas cartas de Filemón, 2 y 3 Juan y Judas. Alrededor del año 200 tenemos claros testigos post-apostólicos de cada libro del Nuevo Testamento.

A principios del siglo III, Orígenes se refirió a los 27 libros, identificando algunos como cuestionados. A principios del siglo IV, Eusebio enumeró los veintisiete libros con comentarios similares. Atanasio, en el año 367, es el primer escritor conocido en enumerar nuestro canon del Nuevo Testamento exactamente y sin ninguna calificación. Los concilios regionales de Hipona (393) y Cartago (397 y 419) en el Norte de África, bajo la influencia de Agustín, confirmaron la misma lista.

Es importante tener en cuenta que estos concilios simplemente ratificaron lo que los creyentes de base, en su conjunto, habían practicado por siglos:

Las decisiones de los concilios de los siglos IV y V no determinaron el canon, y ni siquiera lo descubrieron o reconocieron. En ningún sentido hubo una autoridad contingente puesta sobre los concilios posteriores para canonizar los libros. Todos esos concilios lo que hicieron fue dar un reconocimiento posterior, más amplio y final a lo que ya era un hecho, es decir, que Dios los había inspirado y que el pueblo de Dios los había aceptado desde el primer siglo. [8]

Veinte de nuestros libros del Nuevo Testamento nunca fueron seriamente cuestionados o disputados. Estos son los cuatro evangelios, Hechos, las trece epístolas paulinas, 1 Pedro, y 1 Juan. Nosotros tenemos evidencia clara de los primeros tiempos post-apostólicos, que aquellos que conocieron a los apóstoles personalmente y escucharon sus enseñanzas, aceptaron estos libros. Estos veinte libros comprenden 7/8 del texto del Nuevo Testamento, y enseñan en su totalidad todas las doctrinas del Nuevo Testamento. Había algunos cuestionamientos u oposición de varios sectores sobre los siete libros restantes: Hebreos, Santiago, 2 Pedro, 2 Juan, 3 Juan, Judas y Apocalipsis. [9]

Hebreos no lleva el nombre de su autor, y por esa razón algunas personas eran reacias en aceptarlo. Gradualmente esa oposición fue superada sobre la base de la tradición alejandrina, que decía que Pablo era el autor. Los eruditos modernos generalmente dicen que Pablo no fue el autor, porque el estilo de Hebreos es significativamente diferente al de las trece epístolas que llevan el nombre de Pablo. Sin embargo, reconocen que sus temas son tan similares a los de los escritos de Pablo, que el autor debe haber sido colega o compañero de trabajo de Pablo. Esto explicaría la aceptación del libro en los primeros tiempos por tener la aprobación de Pablo, y sin embargo contar con diferencias de estilo respecto a Pablo.

Algunos cuestionaron la Epístola de Santiago debido a su énfasis en las obras, pensando que contradecía a la doctrina de la justificación por fe como se expresa particularmente en las cartas de Pablo. Sin embargo, bien entendido, no hay contradicción, sino una armonía. La Biblia enseña claramente la salvación por gracia a través de la fe. El libro de Santiago simplemente enfatiza que cuando la Biblia habla sobre la fe genuina, no habla de un mero asentimiento mental o profesión verbal, sino que más bien requiere de una fe activa y obediente que tiene un efecto visible en nuestras vidas. La única forma de demostrar la fe y mostrar su validez, es por las obras.

Algunas personas cuestionaron la autenticidad de 2 Pedro debido a las diferencias de estilo con 1 Pedro. Probablemente la forma más sencilla de explicar la discrepancia, es observar que un escriba llamado Silvano grabó la primera epístola (1 Peter 5:12). Es probable que el apóstol Pedro dictó a la epístola de 1 Pedro, que Silvano suavizó la gramática y ofreció una elegante fraseología, y que Pedro aprobó el resultado final. Por el contrario, Pedro evidentemente escribió 2 Pedro con su propia mano y sin asistencia.

2 y 3 Juan también fueron cuestionadas sobre su originalidad. Ambas son cartas muy pequeñas y se enviaron originalmente a individuos, por lo que es fácil ver el por qué no tuvieron una circulación generalizada al principio. Después de la muerte de Juan a finales del siglo I, las personas cercanas a los lectores originales probablemente comenzaron a darse cuenta de la importancia de lo que tenían y comenzaron a distribuirlas más ampliamente. A medida que otras iglesias comenzaron a recibirlas, algunos se preguntaron: ¿Si esas cartas son auténticas, por qué no las habíamos visto antes? La fuerte similitud con el Evangelio de Juan y con 1 Juan en estilo y contenido, resolvió en última instancia esta pregunta a favor de la autoría de Juan.

Judas fue cuestionado por citar al Libro de Enoc. La cita aparece en un libro apócrifo llamado 1 Enoc, por lo que surgió el cuestionamiento de si Judas respaldaba a un libro espurio. Pero tanto 1 Enoc como Judas, pueden haber obtenido esta información de una fuente común más antigua. Si Judas realmente citó a 1 Enoc, él simplemente reconoció que dicho libro conservó con precisión una tradición o registró una profecía veraz, pero esto no significa necesariamente una aprobación de todos los contenidos de 1 Enoc.

Finalmente, algunos objetaron al Libro de Apocalipsis. En realidad, Apocalipsis fue uno de los primeros libros en ser citado como Escritura. Las objeciones más serias se dieron en el siglo III por personas que se resistieron a la doctrina del milenio, al sentir que esta enseñanza le daba mucho apoyo a los judíos. La respuesta que se dio a este ataque, es que nosotros no tenemos derecho a desacreditar a un libro apostólico inspirado, simplemente porque no nos gustan algunas de sus enseñanzas.

Cuando analizamos los escritos cristianos de los siglos II y III, encontramos que reproducen todos menos once versículos del Nuevo Testamento. [10] Ese es un testimonio sorprendente de cuánto los primeros cristianos usaron los libros del Nuevo Testamento, del alto valor que les daban, y de cómo se ha conservado el texto a lo largo de los siglos.

Muchos libros escritos en los primeros tiempos post-apostólicos, fueron prácticamente rechazados por todos, por no estar inspirados por Dios. Estos incluyeron a numerosos supuestos evangelios, como también algunos hechos, epístolas y apocalipsis. La iglesia primitiva no los consideró canónicos porque no tenían la aprobación apostólica. La mayoría eran falsificaciones obvias, y típicamente contenían historias fantasiosas y doctrinas heréticas. Además, casi no contenían teología o historia valiosa, pero revelaban varias ideas y pensamientos populares de la época.

Algunos de estos libros fueron aceptados por algunos, recibiendo un reconocimiento temporal y local. Como ejemplo tenemos las epístolas de Clemente de Roma, de Policarpo y de Ignacio. Otros libros eran anónimos o seudónimos. Incluso cuando alguna gente aceptó a estos libros como inspirados, por lo general le dieron la categoría de semicanónicos, en un estatus secundario, ubicándolos como un apéndice de las Escrituras o colocándolos al final de una lista. Por lo general, su aceptación limitada se produjo debido a una creencia errónea de que tenían autoridad apostólica.

Finalmente fueron rechazados como canónicos por varias razones. Algunos obviamente solamente tenían una aplicación temporal o local. Algunos eran falsificaciones, como la Epístola a Los Laodicenses. En algunos casos, como el Pastor de Hermas, la Epístola de Seudo-Bernabé y la Didajé, la gente se dio cuenta de que los autores no eran apóstoles o sus asociados, como algunos lo suponían. También quedó claro que por el solo hecho de que un libro hubiera sido escrito cerca del final de la era apostólica, o poco después de la edad apostólica, o por alguien que había conocido a los apóstoles, eso no significaba que tuviera autoridad apostólica.

Ningún canon o concilio importante en la historia del cristianismo ha respaldado a estos otros libros. Ocasionalmente el día de hoy, alguien reclamará el publicar los llamados libros perdidos del Nuevo Testamento, pero estos libros nunca fueron aceptados por cualquier grupo significativo durante un período de tiempo significativo. Los libros de nuestro Nuevo Testamento son los que los creyentes históricamente aceptaron desde los primeros tiempos y son los que las diversas ramas del cristianismo han ratificado constantemente a lo largo de la historia.


Referencias

[1] David K. Bernard, God’s Infallible Word. Hazelwood, MO: Word Aflame Press. 1992. 80-81, 191-192
[2] F. F. Bruce, The Canon of Scripture (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1988), 70-75.
[3] Para mayor información, ver Bernard, God’s Infallible Word, 84-86.
[4] Ver Mateo 10:40; 16:19; 18:18; 28:19-20; Lucas 6:13; 9:1-2; 10:16; 24:46-49; Juan 14:26; 16:13; 15:27; 17:20; 20:23; Hechos 1:21-22; 1 Corintios 11:2, Efesios 2:20; 2 Tesalonicenses 2:15.
[5] Bruce, Canon, 256-63.
[6] Alexander Roberts, James Donaldson, y A. Cleveland Coxe, eds., The Ante-Nicene Fathers (ANF) (1885; reprint, Grand Rapids: Eerdmans, 1981). Vols. 1, 2 y 7.
[7] Ante-Nicene Fathers 5:603-4.
[8] Norman Geisler y William Nix, A General Introduction to the Bible, rev. ed. (Chicago: Moody Press, 1986), 231.
[9] Ibíd., 298-301.
[10] Ibíd., 430-31.


jueves, 20 de junio de 2019

Dios se Hizo un Hombre (Sin dejar de ser Dios). Examinado el Error del Nestorianismo


Por Steven Ritchie
© 2018. Todos los Derechos Reservados
Traducido por Julio César Clavijo Sierra
Más información en www.apostolicchristianfaith.com



“...un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es” (Mateo 1:20).

El niño Jesús no fue engendrado por José o por algún otro hombre, sino que el niño Jesús fue sobrenaturalmente engendrado en María del Espíritu Santo.

“un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:4-6).

Observe que UN ESPÍRITU de UN SEÑOR es ese Espíritu de UN DIOS Y PADRE DE TODOS el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Por lo tanto, el Espíritu Santo es el mismo Espíritu del único Dios verdadero que es el Padre (Juan 17:3) y que se convirtió en el niño Jesús en la virgen. “…porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es” (Mateo 1:20).

Hebreos 1:3: “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma (griego jaraktér, 'huella' o 'copia reproducida') de su sustancia (griego jupóstasiss, sustancia del ser o persona)…”.

Cuando el Espíritu Santo de Dios el Padre se hizo hombre a través de la encarnación, su sustancia del Ser (jupóstasis - Hebreos 1:3) fue “impresa” (jaraktér - Hebreos 1:3) para unirse con una naturaleza humana total y completa en la persona llamada el Mesías que posee una sola personalidad, no dos. La verdadera teología de la Unicidad no enseña que Jesús es el Padre y el Hijo como dos personalidades que viven juntas en un cuerpo. El apologista unicitario Jason Dulle y yo, hemos señalado que Jesús no puede existir como dos personalidades, el Padre y el Hijo, que viven lado a lado (un lado divino y un lado humano) porque en la encarnación el único Dios verdadero no se convirtió en mitad Dios y mitad hombre. En la encarnación, Dios claramente se volvió “completamente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 - NIV),  con una personalidad humana, no dos. Por lo tanto, el Padre Omnipresente también se convirtió en un verdadero hombre a través de la virgen, con un espíritu humano, una mente humana, una voluntad humana y un cuerpo humano.

El apologista unicitario Jason Dulle escribió en su artículo “Evitando los Talones de Aquiles del Trinitarismo… y el Nestorianismo”.

“En el modelo internalista, Jesús se convierte en dos seres que residen en un solo cuerpo, como dos compañeros de habitación que comparten un apartamento. Si la distinción entre el Padre y el Hijo es una distinción entre las naturalezas divina y humana de Jesús, entonces cuando Jesús habló, Él debería haber hecho referencia a "nosotros" y "nosotros", no a "yo" y "yo". Sin embargo Jesús nunca habló en esos términos, porque era una sola persona con un solo centro de conciencia. Una naturaleza no habla, ora, sana; son las personas las que lo hacen”. (https://fe-biblica.blogspot.com/2012/02/la-doble-naturaleza-de-cristo-evitando.html)

Por lo tanto, Jesucristo de Nazaret no hablaba a veces como el Padre y otras veces hablaba como el Hijo; ya que eso sería un Mesías como dos personas con dos conciencias –una divina y una humana–, ya que una persona como una persona no puede hablar con más de una conciencia. Por lo tanto, Jesucristo como Dios con nosotros como un verdadero hombre, habló claramente con una sola conciencia humana, aunque Él tuvo conocimiento de su verdadera identidad como Dios con nosotros como un hombre, por la revelación de su Padre.

Estoy 100% de acuerdo con el apologista unicitario Jason Dulle, quien escribió que “Dividir a Cristo en dos” es un error nestoriano que estropea la verdadera identidad de Cristo como Dios que se convirtió en un verdadero hombre en la encarnación. Jason Dulle escribió además en su artículo “Evitando los Talones de Aquiles del Trinitarismo… y el Nestorianismo”:

“Sería imposible que algunas de las acciones de Cristo sean las de un hombre y otras las de Dios, ya que tal noción plantea dos personas en Cristo: una que es Dios y una que es hombre. Esto es imposible a la luz de una verdadera encarnación de Dios. Jesús es el mismo Dios existiendo como hombre, pero no Dios y un hombre que existen juntos en un mismo lugar geográfico, no es una persona divina y un ser humano que coexisten lado a lado. Como Jesús es el modo humano de la existencia de Dios, necesariamente debe haber un solo sujeto personal en Cristo -no dos-, y ese sujeto personal es Dios”.

Jason Dulle continuó escribiendo: “A diferencia de Jesús quien es Dios que existe como hombre, nosotros somos hombres que existimos como hombres. Del mismo modo en que nosotros somos los sujetos de todas nuestras acciones, así Dios es el sujeto de todas las acciones de Cristo. Dios es quien experimentó el sueño, el hambre, la sed y el dolor. La humanidad de Cristo es la humanidad de Dios en virtud de la ley de la encarnación por la que Él mismo se hizo hombre, y por lo tanto todos los actos de Cristo son los de Dios mismo en una existencia humana auténtica. Por lo tanto, Jesús no es la combinación de Dios actuando y conociendo como Dios y un hombre que actúa y conoce como hombre -uno al lado del otro-, sino Dios actuando y conociendo como hombre a través de su modo humano de existencia”.

El hombre Cristo Jesús no pudo haber hablado a veces como Dios y otras veces como un Hijo, porque el único Dios verdadero se convirtió simultáneamente en un verdadero hombre en la encarnación a través de la virgen. Esto explica el por qué Marcos 13:32 nos informa que Jesucristo hombre no sabe el día ni la hora de su segunda venida, sino solamente el Padre. Jesús es el modo de existencia de Dios como un hombre total y completo que dentro de la encarnación pudo orar, ser tentado y no saber todas las cosas. En contraposición al Padre Celestial Omnipresente que al estar por fuera de la encarnación no puede orar o ser tentado como el Dios que todo lo sabe, ese mismo Dios también puede existir simultáneamente en la encarnación como un verdadero hombre, Jesús nuestro Mesías.

La visión nestoriana socava el entendimiento bíblico de que Jesús es Emanuel, Dios mismo con nosotros como un verdadero hombre en la encarnación que se dio a través de la virgen. El Mesías no consiste de dos personas –una persona divina y una persona humana– que viven juntas o coexisten en un cuerpo físico. La verdadera teología de la Unicidad rechaza la idea de que Jesús tenía un lado divino y un lado humano como dos personalidades dentro de su ser, pues así como ningún hombre verdadero puede existir como dos personas dentro de un cuerpo, así también el único Dios verdadero se convirtió en un hombre verdadero a través de la concepción y el nacimiento virginal.

Hebreos 2:14, dice: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”.

Hebreos 2:14-17 prueba que el Dios que participó de carne y sangre para compartir en nuestra humanidad, también fue hecho como todos los hombres, “completamente humano en todos los sentidos”.

“Por esta razón, tuvo que ser hecho como ellos, completamente humano en todos los sentidos...” (Hebreos 2:17 NIV).

La teología de la Unicidad rechaza cualquier idea de que Jesucristo sea otra cosa que Dios que se hizo un verdadero hombre en la encarnación con un espíritu humano total y completo, una voluntad humana total y completa, y un cuerpo humano total y completo. Por lo tanto, Dios como hombre en la encarnación tiene una sola voluntad humana, mientras que Dios como Dios por fuera de la encarnación tiene una sola voluntad divina como nuestro Padre Celestial.


sábado, 25 de mayo de 2019

¿De Dónde Proviene la Llamada Trinidad Ortodoxa?


Por Julio César Clavijo Sierra
© 2019. Todos los Derechos Reservados



Desde el punto de vista histórico, la llamada "Trinidad Ortodoxa" que proclama que Dios es la unidad de tres personas divinas, distintas, consustanciales, coeternas y coiguales, no proviene de la Biblia. Ninguna parte de la Biblia da semejante declaración, ni tampoco la sugiere.

Esta llamada "Trinidad Ortodoxa", tampoco proviene de Tertuliano de Cartago, hereje del S. III que desarrolló una primera idea trinitaria a la que él llamó la distribución, por medio de la cual argumentó que en un principio el “Padre trinitario” estaba solo, pero luego extendió su deidad en otras dos personas divinas que no eran eternas, pero que fueron apareciendo como el río que proviene de una fuente. para Tertuliano, el "Hijo trinitario" y el "Espíritu trinitario" estaban subordinados al "Padre trinitario". [1]

La llamada "Trinidad Ortodoxa" tampoco proviene de Orígenes de Alejandría, hereje del S. III, quien partiendo desde la trinidad emanada (o distribuida) que inventó Tertuliano, fue el primero en proponer la idea del "Hijo eterno". Orígenes también dijo que "el Hijo trinitario" y "el Espíritu trinitario" eran dioses de menor categoría que el "Padre trinitario". [2]

Incluso, la llamada "Trinidad Ortodoxa" tampoco proviene del Concilio de Nicea del año 325 d.C., donde se dijo que el Hijo es consubstancial al Padre (o de la misma sustancia que el Padre), pero en dicho Concilio no se habló de ninguna Trinidad. [3]

El tipo de trinitarismo llamado Ortodoxo, fue desarrollado en el S. IV a partir de personajes claves como Atanasio de Alejandría y los tres Capadocios (Gregorio de Nisa, Basilio de Cesarea y Gregorio Nacianceno). Dicho trinitarismo fue impuesto a la fuerza por el emperador Teodosio después del Concilio de Constantinopla del año 381 d.C. y tomó su forma definitiva en el Credo de Atanasio que comenzó a ser fabricado a finales del Siglo V pero que solo quedó listo hasta finales del siglo VIII.

“Conoce entonces, mi amigo, que la Trinidad nació más de trescientos años después de que el Antiguo Evangelio fue declarado; ella fue concebida en la ignorancia, y traída y sostenida por medio de la crueldad.” — William Penn


Referencias

[1] Tertuliano de Cartago. Adversus Praxeam - Contra Práxeas. Vea el capítulo 1 de esta obra, como una prueba de que cuando Tertuliano desarrolló su idea trinitaria, él se había apartado del cristianismo y se había unido a una secta conocida como el montanismo, o seguidores de Montano. Para ver la forma en que Tertuliano explica la emanación (o distribución) de la segunda y tercera personas a partir de la primera, vea los capítulos 3,4, 8 y 13. Para ver sobre la subordinación de la segunda y tercera personas a la primera, vea los capítulos XII, XV, XXI, XXII
http://fe-biblica.blogspot.com/2017/01/contra-praxeas-adversus-praxeam-por.html
[2] Orígenes de Alejandría. Tratado de los Principios. Vea el Libro I, 2 para constatar que allí Orígenes dijo que el Hijo deriva de Dios "pero sin comienzo ni principio" y "se trata, en efecto, de una generación desde siempre y eterna". En el Libro II, 2, Orígenes dijo: "el Padre engendra al Hijo eterno".
http://escriturayverdad.cl/wp-content/uploads/Historia/Origenes.pdf
[3] La controversia que se dio en el Concilio de Nicea fue cristológica, no trinitaria. La discusión se concentró en si Cristo era de la misma naturaleza/esencia/substancia del Padre (homoousios), o de una naturaleza distinta (heteroousios). En el Credo de Nicea quedó registrado que se cree en un solo Dios que es el Padre Todopoderoso, y en en solo Señor el cual es Jesucristo, el Hijo de Dios, quien es consubstancial al Padre.  
https://ec.aciprensa.com/wiki/Primer_Concilio_de_Nicea


jueves, 9 de mayo de 2019

¿En Realidad Jesús Habló Como Hijo en el Antiguo Testamento? – Un Análisis de las Profecías Mesiánicas


Por Steven Ritchie
© 2018. Todos los Derechos Reservados
Traducido y aumentado por Julio César Clavijo Sierra
Más información en www.apostolicchristianfaith.com


Es difícil imaginar cómo un supuesto "Dios el Hijo" podría haber dicho en el Salmo 22:1, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" y cómo un supuesto "Dios el Hijo pre-encarnado" podría haber dicho en el Salmo 22:10, "...Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios". El propio Salmo 22:16 habla del Hijo teniendo perforados sus manos y sus pies, por lo cual sabemos que todas estas declaraciones del Salmo 22, son declaraciones proféticas que no pudieron haber sido cumplidas en el Mesías antes de su engendramiento.

El Niño nacido y el Hijo dado (Isaías 9:6) es llamado "el primogénito entre muchos hermanos" (Romanos 8:29). En el plan profético de Dios, Jesús fue llamado "el primogénito de toda creación" (Colosenses 1:15), "el principio de la creación de Dios"  (Apocalipsis 3:14) y "el Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" (Apocalipsis 13:8), mucho antes de que Él realmente hubiera nacido y hubiera sido asesinado. Del mismo modo, los elegidos de Dios nacimos en el plan profético de Dios, mucho antes de que nuestra creación real tuviera lugar "según nos escogió en Él [o sea en Cristo] antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad" (Efesios 1:4-5).

Esto explica por qué Hebreos 1:6 declara: "Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios".  Si los ángeles de Dios ya estaban adorando al Hijo de Dios en esa condición de Hijo desde toda la eternidad pasada, ¿entonces por qué Dios ordenó a los ángeles que adoraran al Hijo cuando dijo: "Adórenle todos los ángeles de Dios"? La única respuesta sensata, es que los ángeles de Dios no adoraron al Hijo como un Hijo sino hasta que realmente nació en el mundo, porque el Hijo no existió como Hijo hasta que fue concebido dentro de la virgen. Esto explica por qué Dios tuvo que decirles a los ángeles que adoraran al Niño recién nacido y al Hijo dado (Isaías 9:6) luego de que fue concebido y formado dentro de la virgen.

Si enfatizamos en la verdadera humanidad de Cristo como el Hijo del Dios viviente, debemos entender que el que nació como el Hijo dado (Isaías 9:6), preexistió a su nacimiento como el Dios Fuerte y Padre Eterno (Isaías 9:6) antes de que se convirtiera en el Hijo, lo que solo se dio cuando el Espíritu Santo de Dios descendió sobre la virgen (Lucas 1:35) para convertirse en un verdadero hombre como el Niño Jesús. Esto explica por qué Jesús pudo decir a los fariseos, "Antes que Abraham fuese, Yo Soy" (Juan 8:58), por qué Hebreos 1:10 cita al Salmo 102:25 para decir de Jesús, "Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos" (Hebreos 1:10), y por qué el escritor a los Hebreos presenta a Jesús como superior a Moisés, atribuyéndole ser el Dios que hizo todas las cosas. "Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste [o sea Jesús], cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo. Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios" (Hebreos 3:3-4). La Escritura enseña que Dios el Padre creó todas las cosas por medio de sus manos. "Ahora pues, Yahvé, Tú eres nuestro Padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros" (Isaías 64:8), por lo cual bíblicamente hablando es insostenible que otra supuesta "persona divina" que no sea el Padre, haya creado todas las cosas actuando como un agente del Padre.

Las Escrituras del Nuevo Testamento, citan a menudo a las Escrituras hebreas para probar que el Hijo no pudo haber hablado como un Hijo antes de su concepción sobrenatural en la virgen y su nacimiento en Belén, ya que en el Salmo 2:7 Dios el Padre le dijo proféticamente a su futuro Hijo: "Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy", y así se cita en Hebreos 1:5. Cuando consideramos el hecho de que Hebreos 1:5 cita al Salmo 2:7 asociándolo con 2 Samuel 7:14 donde Dios el Padre dijo: "Yo le seré a Él padre, y Él me será a mí hijo", nos damos cuenta que el Hijo no pudo ser desde siempre un Hijo engendrado sin principio, porque el Hijo realmente sería engendrado en un día específico. Observe cómo el autor inspirado de Hebreos, conectó al Salmo 2:7 con el engendramiento del Mesías y su introducción en el mundo. Hebreos 1:6, declara: "Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios". Hebreos 1:5 expresa, "Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy", y a continuación dice "y otra vez", para referirse a la relación entre el Padre y el Hijo que comenzó a existir en el futuro profético, añadiendo: "Yo seré a Él Padre, y Él me será a mí Hijo".     

Agustín de Hipona distorsionó el claro significado del Salmo 2:7 y de Hebreos 1:5, al decir que el Hijo fue "eternamente engendrado" en un "día eterno". En su obra Confesiones, Libro 11, Agustín escribió: “Tus años son un día, y tu día no es un cada día, sino un hoy, porque tu hoy no cede el paso al mañana ni sucede al día de ayer. Tu hoy es la eternidad; por eso engendraste coeterno a ti a aquel a quien dijiste: Yo te he engendrado hoy”. (Agustín de Hipona, Confesiones, Libro Undécimo, Traducción de Ángel Custodio Vega Rodríguez. https://www.augustinus.it/spagnolo/confessioni/conf_11.htm). Por lo tanto, los teólogos trinitarios que han seguido las afirmaciones de Agustín, también han deformado el sentido del Salmo 2:7 y Hebreos 1:5.

Los trinitarios son de los peores infractores al momento de leer los textos sagrados, porque leen lo que quieren en lugar de considerar cuidadosamente todo el contexto de cada pasaje en particular. El Salmo 2:7 anuncia la profecía de que Cristo sería engendrado en un día específico del tiempo, y esto se cumplió cuando el Niño Jesús fue engendrado en la virgen María. Sin embargo, para negar esta verdad, Edward Dalcour y otros apologistas trinitarios, han pretendido hacer parecer como sinónimos a dos conceptos totalmente distintos que son "engendramiento" y "resurrección". Para intentar lograr su cometido, han aislado al texto de Hechos 13:33 que cita al Salmo 2, de todo el sermón de Pablo a los judíos de Antioquía de Pisidia (Ver Hechos 13:13-52). El texto de Hechos 13:33 dice: "la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy". Pero Dalcour y otros, tuercen a este texto trocando los conceptos, para decir que esta porción en realidad quiere decir algo así: "la cual Dios ha cumplido… engendrando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he resucitado hoy". No obstante, cuando observamos esta declaración dentro de su contexto, notamos que el apóstol Pablo primeramente identificó a Jesús como el Hijo de Dios profetizado, para luego abordar el hecho de su resurrección. Por lo anterior, es absurdo afirmar que la palabra "engendrado", que en el Salmo 2:7 es el hebreo yalád, significa "la resurrección de Jesús". Veamos a este versículo en una porción más extensa para contextualizar.

Hechos 13:22-35. "(22)…les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero. (23) De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel… (28) Y sin hallar en Él causa digna de muerte, pidieron a Pilato que se le matase. (29) Y habiendo cumplido todas las cosas que de Él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro. (30) Mas Dios le levantó de los muertos… (32) Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, (33) la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. (34) Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David. (35) Por eso dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción".

Todos los trinitarios han cometido un gran error al torcer el claro significado de la Palabra de Dios, ya que no hay manera de evitar el hecho de que la relación entre el Padre y el Hijo solo empezó después de la concepción en la virgen y el nacimiento del Mesías en Belén. 

Si Hebreos 1:5 no citara a 2 Samuel 7:14 como una profecía acerca de Jesús, los trinitarios podrían afirmar que 2 Samuel 7:14 solo se dirigía a Salomón y no a Cristo. Sin embargo, Hebreos 1:5 demuestra claramente que la relación entre el Padre y el Hijo no pudo haber ocurrido en la eternidad pasada. 2 Samuel 7:14 declara que Dios el Padre dijo: "Yo le seré a Él Padre, y Él me será a mí Hijo".

Hebreos 1:5 cita a 2 Samuel 7:14 como: "Yo seré a Él Padre, y Él me será a mí Hijo". Por lo tanto, Dios el Padre habló proféticamente sobre Salomón antes de que él naciera físicamente, como un tipo del futuro Niño nacido e Hijo dado (Isaías 9:6) que se daría en el futuro profético. Dios claramente habló de su futura relación con su Hijo cuando dijo: "Yo seré a Él Padre, y Él me será a mí hijo". Estas palabras exactas también aparecen en Hebreos 1:5 para mostrar que Jesucristo es el futuro Hijo que tendría un Padre. Por lo tanto, la Escritura misma testifica que la relación entre el Padre y el Hijo no pudo haber comenzado sino hasta después de que la encarnación tuvo lugar.

En Proverbios 30:4, se habla del nombre de Dios el Padre y se pregunta también por el nombre de su Hijo. Esta es otra profecía mesiánica, pues el Hijo siendo un hombre heredó el nombre del Padre (Hebreos 1:4) y dio a conocer ese nombre a todos los hijos de Dios. El Hijo, dijo: "Yo he venido en nombre de mi Padre" (Juan 5:43), y en una oración en su obvia condición de hombre, dijo: "Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún" (Juan 17:26).

De la misma manera, el Salmo 110:1 dice: "Oráculo de Yahvé a mi Señor [Aquí 'Señor' se traduce desde la palabra hebrea 'Adón' = Un Señor/Rey humano], siéntate a mi diestra, hasta que haga a tus enemigos estrado para tus pies". Este oráculo o profecía para el tiempo futuro, se cita en Mateo 22:44 para probar que Dios el Padre ya había hablado desde mucho antes estas palabras sobre su futuro Niño nacido e Hijo dado. Recordemos que Romanos 4:17 dice que Dios "llama las cosas que no son, como si fuesen", y Juan 1:1 dice que la Palabra (o el plan) del Padre ya estaba con Él desde el principio. Sin embargo, el cumplimiento real de esta profecía solo se dio cuando Cristo ascendió al cielo. "Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo" (Hechos 2:33-36). Esta es la gloria a la que se refiere el Hijo en Juan 17:5, cuando oró pidiendo la gloria que tuvo con el Padre antes que el mundo fuese, que se trataba de una gloria en el futuro profético que recibiría cuando resucitara y ascendiera a los cielos, y que incluso prometió compartir con los creyentes (o sea con los demás Hijos), pues dijo: "La gloria que me diste, yo les he dado" (Juan 17:22).

Los estudiosos han notado que muchas profecías mesiánicas fueron dadas con una doble aplicación. Por ejemplo, al principio 2 Samuel 7:14 parece hacer referencia solamente a Salomón, pero Hebreos 1:5 demuestra que también se refiere a Cristo. 2 Samuel 7:14 registra lo que Dios proféticamente dijo acerca de Salomón: "Yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo". Pero Hebreos 1:5 dice que Dios el Padre también se refirió a la futura filiación de Cristo Jesús cuando dijo: "Yo seré a Él Padre, y Él me será a mí Hijo".

De la misma manera, el Salmo 8:5-6 parece referirse a la humanidad en general, cuando dice: "Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies". Pero Hebreos 2:6-8 cita al Salmo 8:5-6 para mostrar que este pasaje también se aplica a Jesucristo. "Pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el Hijo del hombre, para que le visites? Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos; todo lo sujetaste bajo sus pies" (Hebreos 2:6-8). Hebreos 2:9 nos informa claramente que el Salmo 8:5-6 también es una profecía mesiánica. "Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra…".

Aquí podemos ver claramente que el Hijo como Hijo nunca creó nada, porque el Hijo es el hombre Jesucristo que fue preordinado desde antes de los tiempos, desde antes de que la creación física tuviera lugar, para ser puesto en el futuro sobre las obras de las manos del Padre. La Escritura declara que solo el Padre es el Creador. Isaías 64:8, dice: "Ahora pues, Yahvé, tú eres nuestro Padre; nosotros barro, y Tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros". Isaías 44:24, dice: "Así dice Yahvé, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo Yahvé, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo". Malaquías 2:10, dice: "¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres?". En cambio del Hijo se dice: "sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros" (1 Pedro 1:18-20). Como ya vimos, en Efesios 1:4-5, se habla incluso de la preordinación de los salvos por medio del Hijo. "según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad". Por esto, el Hijo es llamado "el principio de la creación de Dios" (Apocalipsis 3:14), aunque el Hijo solo vino a la existencia hasta su engendramiento en la virgen María.

Por lo tanto, Dios habló proféticamente sobre el futuro Niño nacido e Hijo dado (Isaías 9:6), como si ya hubiera sido puesto sobre las obras de las manos del Padre (Salmo 8:5-6), antes de que el Hijo realmente hubiera sido puesto sobre las obras de las manos del Padre durante su segunda venida, debido a que Dios el Padre "llama las cosas que no son, como si fuesen" (Romanos 4:17). Es parte de la naturaleza milagrosa de Dios, el poder hablar de cosas que aún no existen como si ya existieran. Por ejemplo, en Daniel 7:14 se dice que a Aquel que era como un Hijo de hombre, "le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido". Sin embargo, en Apocalipsis 19:15 se muestra que ese dominio solo le será dado a Cristo hasta su segunda venida. "De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y Él las regirá con vara de hierro". Por lo tanto, sabemos que Cristo como el Niño nacido y el Hijo dado, no actuó literalmente ni habló dentro de las Escrituras hebreas.

De la misma manera, el Salmo 22 se refiere claramente al Rey David y a Cristo. Aunque el rey David sintió que Dios lo abandonó en su clamor, encontramos que en el versículo 22:1 David también profetizó acerca de los padecimientos de Cristo en la cruz, cuando escribió: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?", que son palabras que Cristo dijo en la cruz logrando su verdadero cumplimiento, tal como se registra en Mateo 27:46. Por lo tanto, sabemos que el Hijo como Hijo, no habló realmente como un Mesías viviente en las Escrituras hebreas antes de su nacimiento real en Belén.

Ningún pasaje de la Escritura hebrea muestra una supuesta relación amorosa entre el Padre y el Hijo ocurriendo literalmente, porque todas las Escrituras del Antiguo Testamento que muestran al Mesías actuando o hablando, fueron escritas para el cumplimiento profético futuro en el Niño nacido y el Hijo dado. En Juan 17:24 vemos que Jesús oró a su Padre, diciéndole: "porque me has amado desde antes de la fundación del mundo", pero ningún pasaje, ya sea en el Antiguo o en el Nuevo Testamento, dice que el Hijo pudo amar a su Padre antes de que la encarnación tuviera lugar. En Juan 1:18 se dice que el Hijo unigénito (es decir el único Hijo engendrado) está en el seno (Gr. kólpos) del Padre, mostrando que actualmente el Hijo resucitado y glorificado sostiene una relación íntima con el Padre, la cual de manera obvia comenzó cuando el único Hijo fue engendrado en la virgen María como una persona humana, que en esa condición de hombre puede sostener una relación íntima con la única persona divina que es el Padre. Por lo tanto, ningún trinitario puede encontrar una sola porción de la Escritura, desde Génesis hasta Apocalipsis, que le sirva para mostrar que el Padre y el Hijo tuvieron alguna relación real antes de la concepción virginal y el nacimiento de Cristo.

Ningún teólogo o apologista trinitario, ha podido citar un solo ejemplo de las Escrituras hebreas, en el que veamos que el Hijo como Hijo habló realmente como un presunto Mesías pre-encarnado. Tampoco han podido presentar un solo ejemplo, para demostrar que la relación entre el Padre y el Hijo es anterior a la relación entre el Padre y el Hijo que comenzó en la tierra después de que el Hijo nació en Belén. Lo que siempre vemos en las Escrituras del Antiguo Testamento, es que Dios el Padre habló proféticamente acerca de su Hijo, y por lo tanto en anticipación profética habló de amar al futuro Niño que nacería y al futuro Hijo que sería dado (Isaías 9:6). Por lo tanto, las Escrituras inspiradas prueban que el Hijo como Hijo solo pudo hablar como el hombre Jesucristo (Marcos 15:39, Romanos 5:15, 1 Timoteo 2:5), a quien se le concedió por su Padre "el tener vida [humana] en sí mismo" (Juan 5:26), en lugar de tener por siempre una vida eterna en sí mismo antes de su nacimiento. Miqueas 5:2 dice que el origen del que será Señor/Rey en Israel es desde la eternidad, porque el Mesías es producto del plan eterno de Dios a favor del hombre, y porque el Mesías es el mismo Dios eterno manifestado en la carne como un Hombre/Hijo.


martes, 7 de mayo de 2019

Comentario al Salmo 110 ¡Jesucristo, Nuestro Rey y Sacerdote para Siempre!


Por Julio César Clavijo Sierra
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El Salmo 110 es claramente mesiánico, y profetiza la entronización de Jesucristo como el Hijo de David, el heredero legítimo sobre el reinado de justicia que tendrá como sede la ciudad de Jerusalén y se extenderá por todo el mundo. También profetiza el ministerio del hombre Jesucristo como nuestro sacerdote mediador, que intercede por nosotros ante Dios.

Para obtener una panorámica completa de esta porción de la Escritura, citaré este Salmo tal como aparece en el Antiguo Testamento Interlineal Hebreo-Español de la Editorial Clie, cuyo texto hebreo es de la Biblia Hebraica Stuttgartensia.

“(1) Salmo de David. Oráculo de Yahweh a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que haga a tus enemigos estrado para tus pies. (2) (El) cetro de tu poder enviará Yahweh desde Sión: Domina en medio de tus enemigos. (3) Tu pueblo (será) ofrecimientos voluntarios en el día de tu ejército; en esplendores de santidad, desde el seno de (la) aurora; tuyo (es el) rocío de tu juventud. (4) Ha jurado Yahweh y no se arrepentirá: Tú (eres) sacerdote para siempre según (el) orden de Melquisedec. (5)  El Señor (está) a tu diestra; quebrantó en el día de su ira reyes. (6) Juzgará entre las naciones; llenó (el suelo) de cadáveres, quebrantó cabeza(s) sobre territorio extenso. (7) Del arroyo en el camino beberá; por tanto, levantará (la) cabeza”. [1]


Versículo 1. “Salmo de David. Oráculo de Yahweh a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que haga a tus enemigos estrado para tus pies”.

La expresión “Oráculo de Yahweh”, con la que inicia el Salmo, demuestra claramente que se trata de algo que ocurrirá en el futuro. La palabra hebrea para oráculo es neúm, que según el léxico Brown–Driver–Briggs, tiene estos significados:

“1. Anuncio, declaración, revelación del profeta en estado de éxtasis… hablando con voz profética...
2. Antes de los nombres divinos… anuncio, declaración de (profeta que cita la palabra divina dada a través de él)”.  [2]
 
Aunque David es el portavoz humano, la palabra es de Yahvé, por lo cual éste oráculo profético obtiene todo el respaldo y la autoridad de Dios quien siempre es fiel a su Palabra. Este oráculo (o palabra profética) de Yahvé, es dirigido hacia el futuro Señor/Rey Mesías, el hombre de la diestra de Dios, el hijo de hombre que Dios afirmó (Salmo 80:17) para reinar con poder sobre su creación (Salmo 8:6). La palabra hebrea que en el versículo 1 se traduce Señor es Adón, que significa gobernador, soberano, controlador, amo, dueño, señor. [3] En el Antiguo Testamento, este término se aplica a los hombres que ejercen poder (por ejemplo Génesis 31:35; 42:10; Éxodo 21:5), y pocas veces a Dios (por ejemplo Josué 3:11, Jueces 13:8). Por el contexto en que el apóstol Pedro citó al Salmo 110 durante el día de Pentecostés, podemos entender que Adón se está refiriendo a la condición humana de Cristo.

“Pero [el patriarca David] siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor [Yahvé] a mi Señor [Adón]: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor [Adón] y Cristo” (Hechos 2:30-35).

Esto nos indica que el cumplimiento de la profecía del Salmo 110, comenzó cuando el hombre Cristo Jesús resucitó venciendo a la muerte y ascendió a los cielos para ser hecho Señor/Adón y Cristo. Debido a su resurrección, el hombre Jesucristo también fue declarado Hijo de Dios con poder.

“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que Él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:1-4).

Lo anterior nos indica que Jesús como Hijo, nunca había poseído el poder y el señorío que recibió después de resucitar ascendiendo a los cielos. Jesús fue Hijo desde su engendramiento en la virgen María (Mateo 1:20-21, Lucas 1:35), pero solo fue Hijo de Dios con poder, cuando resucitó con su cuerpo glorificado.

“Siéntate a mi diestra” es una metáfora sobre el Hijo, el hombre Jesucristo, el varón de la diestra de Dios (Salmo 80:17), que significa: “toma una posición de honor y autoridad” rigiendo con el poder de Dios, en razón a tu victoria sobre el pecado en la cruz del Calvario y por tu resurrección gloriosa. Como Dios es el Espíritu omnipresente, Él no tiene ningún lado derecho corporal. La “diestra de Dios” es una expresión figurada que significa la fuerza, el poder, la autoridad o la majestad de Dios. Por ejemplo, el pueblo de Israel no fue el que derrotó a los egipcios sino la diestra y el brazo de Yahvé (Salmo 44:3), lo que significa que el poder y la fuerza de Dios fueron los que le dieron la victoria. Además, el pueblo de Israel fue la vid que plantó la diestra de Dios (Salmo 80:8-11, 80:15). La diestra de Dios nos salva (Salmo 17:7, 98:1), nos ayuda (Isaías 41:10), nos sustenta (Salmo 18:35, Isaías 41:10), nos sostiene (Salmo 63:8), nos oye desde los cielos y nos da la victoria (Salmo 20:6). En un sentido más específico, Jesucristo es la diestra y el brazo de Dios manifestado (Isaías 53:1), y por eso el Salmo 118 hablando proféticamente acerca de la victoria que Jesucristo logró para sus hijos, dice: “Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos; la diestra de Yahvé hace proezas. La diestra de Yahvé es sublime; la diestra de Yahvé hace valentías. No moriré, sino que viviré, y contaré las obras de Yah” (Salmo 118:15-17). (Para una exposición más completa sobre la diestra de Dios, vaya a mi artículo titulado La Diestra de Dios, en http://fe-biblica.blogspot.com/2011/07/la-diestra-de-dios.html).

“Hasta que haga a tus enemigos estrado para tus pies”, es una metáfora que significa que el hombre Jesucristo aplastará a todos los enemigos que intentaron estorbar el plan de Dios para con la humanidad. En la antigüedad se tenía la costumbre de que el vencedor ponía el pie en el cuello del rey o general vencido, como se observa en Josué 10:24. El apóstol Pedro escribió que Jesucristo resucitado “habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a Él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1 Pedro 3:22). El apóstol Pablo también escribió que el poder de la fuerza de Dios “operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:19-23). Sin embargo, el escritor a los Hebreos nos dice que “todavía no vemos que [a Jesucristo] todas las cosas le sean sujetas” (Hebreos 2:8). El apóstol Pablo nos indica que la sujeción completa de todas las cosas a Cristo, se dará cuando sea destruido el último enemigo, que es la muerte (1 Corintios 15:26), y entonces la obra de Jesucristo como Hijo, como el varón perfecto (Efesios 4:13) que fue preordinado para derrotar a los enemigos de Dios para con la humanidad, llegará a su plenitud para que Dios sea todo en todos.

Hay un punto adicional que tiene que ser tratado, y es que por medio de esta profecía, Jesucristo reclamó que el Mesías es más que un simple hombre. Según la antigua cultura oriental, un padre era considerado superior a sus descendientes. Era bien sabido que el Mesías debía ser Hijo (o descendiente) de David, por lo cual Jesucristo preguntó a los escribas y fariseos: -“Si David mismo le llama Señor [a Cristo], ¿cómo, pues, es su Hijo?”- (Ver Mateo 22:41-46;  Marcos 12:35-37; Lucas 20:41-44). Esta paradoja solo puede resolverse cuando uno comprende que el Mesías es Dios mismo manifestado en la carne.

La herejía trinitaria comete una gran arbitrariedad al torcer la profecía del Salmo 110:1, para inventar que dicha porción está hablando de dos “personas divinas y distintas” que hablaban entre sí desde la eternidad, ignorando que la profecía se refiere a un tiempo futuro cuando el Hombre Cristo vencerá. Los trinitarios también han dicho que el texto está hablando de “dos Señores divinos”, cuando en realidad en el hebreo se distingue bien entre Yahvé (el único Señor divino) y Adón (el único Señor divino manifestado en la carne como un Señor -o Rey- humano que gobierna con justicia entre los hombres).


Versículo 2. “(El) cetro de tu poder enviará Yahweh desde Sión: Domina en medio de tus enemigos”.

En el oráculo divino se profetiza que el Rey Mesías gobernará desde la ciudad de Jerusalén (o Sion), sobre un reino que se extenderá sobre toda la tierra. Jesucristo vendrá otra vez a la tierra, pero no en humillación como la primera vez, sino glorioso. Cuando en el juicio, el sumo sacerdote sometió a Jesucristo a juramento para que les dijera si Él era el Cristo, el Hijo de Dios, “Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Mateo 26:64). El ángel Gabriel profetizó que a Jesucristo, Dios le dará el trono de David su padre -en cuanto a la carne- (Lucas 1:32).

Cuando Jesucristo vuelva a la tierra, derrotará al Anticristo (o la Bestia), y también a los reyes de la tierra que se reunieron para pelear del lado del Anticristo (Apocalipsis 19:11-21). Entonces empezará un tiempo al que el libro de Apocalipsis llama los mil años (o Milenio), y durante todo ese tiempo Satanás estará atado en el abismo (Apocalipsis 20:1-3). Aunque habrá alguna resistencia, Jesucristo dominará sobre sus enemigos.   

“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Yahvé como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a Él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Yahvé, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Yahvé. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra”. (Isaías 2:2-4. Ver también Miqueas 4:1-5).

Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto, y engañará a un gran número de personas, pero Jesucristo los vencerá y arrojará a Satanás al Lago de Fuego y Azufre (Apocalipsis 20:7-10). De igual manera Jesucristo juzgará a todos los hombres, “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al Lago de Fuego” (Apocalipsis 20:15).

Entonces aparecerán “un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más” (Apocalipsis 21:1. Ver también Isaías 65:17). En ese paraíso recuperado, se establecerá una ciudad que se llamará La Nueva Jerusalén, desde donde Cristo reinará para siempre sobre los vencedores (2 Pedro 1:10-11), los que fueron salvos por la obra de Jesucristo (Apocalipsis 21:24). “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27). Dios prometió: “Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor” (Isaías 65:19). Habrá un solo trono que será conocido como el trono de Dios y del Cordero (Apocalipsis 22:3), pues todos los que estén presentes allí, entenderán que Jesucristo es el único Dios manifestado en la carne, y que donde se sienta el Cordero se sienta Dios mismo en la manera en la cual Él determinó estar con nosotros para siempre. Dios y el Cordero son uno y el mismo, y por eso la Biblia habla de un solo trono, de un solo rostro y de un solo nombre para Dios y el Cordero, y dice que sus siervos le (en singular) servirán (Apocalipsis 22:3-4). En la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:2) no habrá necesidad de una construcción que sirva como templo (o tabernáculo), “porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero” (Apocalipsis 21:22. Ver también 21:3).


Versículo 3. “Tu pueblo (será) ofrecimientos voluntarios en el día de tu ejército; en esplendores de santidad, desde el seno de (la) aurora; tuyo (es el) rocío de tu juventud”.

Cuando el Señor Jesucristo convoque a su ejército, su pueblo se le ofrecerá de manera voluntaria y de buena gana. El ejército de Jesucristo se vestirá con esplendor de santidad. 

Así como el rocío se renueva cada día desde el amanecer, así se renueva permanentemente la vitalidad y la fuerza del Mesías, porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:6). Y nosotros no nos apartaremos de Él, vida nos dará e invocaremos su nombre (Salmo 80:18).


Versículo 4. “Ha jurado Yahweh y no se arrepentirá: Tú (eres) sacerdote para siempre según (el) orden de Melquisedec”.

En el oráculo del Salmo 110, Yahvé declaró con juramento inquebrantable, y no va a romper su promesa ni va a cambiar de parecer, que el Hombre Cristo será sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

El Señor Jesucristo, para poder ser nuestro sumo sacerdote, tiene que ser verdadera y completamente un hombre. “Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres, es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados”. (Hebreos 5:1). “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo… Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto Él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. (Hebreos 2:14-18). El hombre Cristo, es el resplandor de la gloria del Padre y la imagen misma de la sustancia del Padre, porque Él es Dios Padre manifestado en la carne. En su condición de hombre sacerdote, efectuó la purificación de nuestros pecados y se sentó a la diestra de la majestad, como el varón de la diestra de Dios (Salmo 80:17). “El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1:3). “El punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos” (Hebreos 8:1).

Al decir que Jesucristo es nuestro sumo sacerdote según el orden de Melquisedec, se está declarando que el sacerdocio de la tribu de Leví tendría un fin. Jesús, pudo llegar a ser nuestro sumo sacerdote perpetuo, no en razón a su genealogía, sino al poder de la vida indestructible que tomó tras su resurrección, a fin de que pudiera interceder para siempre a favor de nosotros como el varón perfecto (Efesios 4:13). De manera que Jesús puso fin al sacerdocio levítico, y al cambiar el sacerdocio hubo también cambio de ley (Hebreos 7:11-28), por lo cual se quitó de en medio el antiguo pacto de la ley de Moisés, y se estableció un mejor pacto establecido sobre mejores promesas, que es conocido también como el pacto de la gracia (ver Gálatas 5:4, Hebreos 12:15). (Para una exposición más completa sobre Melquisedec, vaya a mi artículo titulado El Misterio de Melquisedec, Rey de Salem y Sacerdote del Dios Altísimo, en http://fe-biblica.blogspot.com/2017/05/el-misterio-de-melquisedec-rey-de-salem.html).       

Como sumo sacerdote, Jesucristo ofreció un solo sacrificio que fue la ofrenda de su cuerpo y de su sangre sin pecado, y esta perfecta ofrenda efectúa la remisión de los pecados, por lo que no se requiere de más sacrificios.

“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado. Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”  (Hebreos 10:10-23).

“…pero ahora, en la consumación de los siglos, [Cristo] se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:26-28).

En su ministerio de sumo sacerdote, Jesucristo es nuestro Paráclito (abogado/intercesor) ante el Padre, y el único mediador entre Dios y los hombres. Al igual que 1 Timoteo 2:5-6 dice que “hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos”, así mismo el Salmo 110 dice que hay un solo Yahvé (el Padre) y un solo Señor/Sacerdote humano (el Hijo). Jesucristo puede “salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25). El sacerdocio de Jesús es el sacerdocio superior y permanente que los hombres necesitábamos. Por lo cual debemos poner “los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).

“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:33-34).

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria” (Colosenses 3:1-4).


Versículos 5-7. “(5) El Señor (está) a tu diestra; quebrantó en el día de su ira reyes. (6) Juzgará entre las naciones; llenó (el suelo) de cadáveres, quebrantó cabeza(s) sobre territorio extenso. (7) Del arroyo en el camino beberá;  por tanto, levantará (la) cabeza”.

Los versículos 5-7, retoman el tema de Jesucristo como el Adón humano, el Rey de reyes y Señor de señores (1 Timoteo 6:14-16; Apocalipsis 17:14), que en el día de su ira hará pedazos a los reyes y al resto de los hombres que se le opongan, y dictará sentencia contra las naciones emitiendo un justo juicio.

Sin embargo, 1 Timoteo 6:14-16, nos aclara que el Rey humano Jesucristo, es el mismo Dios manifestado en carne, pues la aparición del hombre Jesucristo glorificado, mostrará al único Dios invisible en la forma en la que Él ha decidido hacerse visible ante nosotros, que es en la faz (o rostro) de Jesucristo.

“que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén” (1 Timoteo 6:14-16).

“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:6).

La victoria del Adón humano Jesucristo está asegurada, porque Adonay (el Padre) está a su diestra, lo que significa que Dios el Padre (Adonay) protege al Hijo/Adón y siempre lo ayudará para alcanzar el triunfo. El Salmo 16 habla proféticamente de una oración que hizo Jesucristo hombre, y que dice: “A Yahvé he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; mi carne también reposará confiadamente; porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción. Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.” (Salmo 16:8-11; comparar con Hechos 2:22-28).

El versículo 7 dice que durante el día de su ira, el Adón/Rey/Señor Jesucristo, beberá agua de un arroyo que se encontrará en el camino, y saldrá vencedor.


Referencias:

[1] Antiguo Testamento Interlineal Hebreo-Español. Tomo III – Libros Históricos II y Libros Poéticos. © 1997, Editorial Clie, págs. 701-702. (El texto hebreo es de la Biblia Hebraica Stuttgartensia, conocida como Biblia de Stuttgart).
[2] Brown–Driver–Briggs. A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament. Versión en Línea.
https://bibliaparalela.com/hebrew/5002.htm
[3] James Strong. Nueva Concordancia Exhaustiva de Strong. © 2002 Editorial Caribe, Inc. #H113, Adón.


martes, 16 de abril de 2019

Los Unicitarios y la Palabra “Persona” Aplicada a Dios


Por Julio César Clavijo Sierra
© 2019. Todos los Derechos Reservados.


Desde hace un tiempo, dos trinitarios, el uno llamado Luis Carlos Reyes, y el otro llamado Mike Latorre, han ignorado estas dos verdades:

1. Que dos grupos de personas pueden utilizar los mismos conceptos con una terminología diferente. Por ejemplo, los narradores de fútbol argentinos etiquetan a un deportista que no le pone ganas al juego, como un “pecho frío”, mientras que los narradores de fútbol colombianos dirían que “no suda la camiseta”.

2. Que una sola persona, en diferentes contextos, puede utilizar la misma terminología para conceptos distintos. Por ejemplo, el Señor Jesucristo utilizó a la misma palabra levadura (Gr. Zumé), con connotaciones negativas y positivas. En Mateo 16:6, el Señor Jesucristo la utilizó con una connotación negativa cuando dijo: “guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos” y en el versículo 12 se aclara que se estaba refiriendo a la mala doctrina de los fariseos y saduceos. Mientras tanto, en Marcos 13:33 Jesucristo la utilizó con una connotación positiva cuando dijo: “El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado”, hablando así del crecimiento del evangelio en medio del mundo.

Por esta falta de cuidado, es que Luis Carlos Reyes y Mike Latorre, han dado rienda suelta a su imaginación, y han inventado dos cosas: (1°) Que los creyentes unicitarios de habla hispana, no creemos lo mismo en cuanto al Ser (u ontología) de Dios que los creyentes unicitarios de habla inglesa, y (2°) que un creyente unicitario cambia su doctrina si antes no utilizaba el término “persona” con respecto a Dios, pero después decide utilizarlo con el significado de “único Ser divino inteligente, que posee una sola mente divina, una sola voluntad divina y una sola conciencia divina”.


¿Los Creyentes Unicitarios de Habla Hispana, No Creemos lo Mismo en Cuanto al Ser (u Ontología) de Dios que los Creyentes Unicitarios de Habla Inglesa? 

Luis Carlos Reyes y Mike Latorre, han dicho que los creyentes unicitarios de habla hispana, no creemos lo mismo en cuanto al Ser (u ontología) de Dios que los creyentes unicitarios de habla inglesa, porque reputados teólogos unicitarios de habla inglesa como David Bernard, Robert Sabin y Jason Dulle, han utilizado el concepto de “persona” aplicándolo a Dios, mientras que por ejemplo, el pastor unicitario Jorge Mendizabal, en su reconocido debate “La Unicidad Vs. La Trinidad”, declaró: “Dice la Palabra de Dios en Juan Capítulo 4 versículo 24 Dios es Espíritu, no persona ni personas, es Espíritu”[1]  y yo escribí en mi libro “Un Dios Falso Llamado Trinidad”, “Llamar a Dios persona es menospreciarlo y limitarlo porque la Biblia dice que Dios es Espíritu (Juan 4:24)”[2]

Al principio del video titulado: “El Problema Unicitario ¿Es, o no Es Dios Una Persona?”, se escucha esta conversación: Dice Luis Carlos Reyes: -“Mire, como usted y yo sabemos, hay muchas cosas teológicas contradictorias que seguidamente se observan con los unicitarios, una de esas cosas es la cuestión de la ontología del Dios unicitario. Como usted sabe, algunos unicitarios más influyentes del mundo habla inglés, abiertamente han declarado que Dios es persona. Pero lo que vemos seguidamente del mundo habla hispana, es que la mayoría de los unicitarios hispanos no creen que Dios es una persona. ¿Tiene algún comentario sobre eso hermano?”-  Ante esto, Mike Latorre responde: -“Bueno, yo en primer lugar, ah, esto demuestra que hay cierta división en el pueblo unicitario que hasta ahora no muchos han mencionado. Creo que nosotros somos de las pocas personas que están sacando esto a la luz”-.  (Sic). (Énfasis mío). [3]

Sin embargo, en el resto de su video, estos dos sujetos, Reyes y Latorre, no dan ni una sola prueba que demuestre que hay diferencia o contradicción entre la ontología de Dios que creemos los unicitarios de habla hispana y los de habla inglesa. Todo lo contario, lo único que Reyes y Latorre  hacen, es demostrar que todos los unicitarios, independientemente de nuestro origen, creemos lo mismo respecto a la ontología divina, aunque en ocasiones utilicemos terminología diferente.

Al mirar en contexto lo dicho por el hermano Jorge Mendizabal en su debate, como lo dicho por mí en mi obra “Un Dios Falso Llamado Trinidad”, cualquiera puede darse cuenta que nosotros estamos utilizando la siguiente definición de “persona” que trae el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: “Individuo de la especie humana”. Por eso es que dentro de ese contexto, nosotros decimos que a Dios no se le debe llamar persona, porque Dios es Espíritu.

De otro lado, Reyes y Latorre citan al teólogo unicitario de habla inglesa Jason Dulle, como mostrando que Él nos contradice al hermano Mendizabal y a mí. El artículo que toman de Jason Dulle, es uno que se titula “Dios es Una Persona”. Curiosamente, al principio de ese artículo, Jason Dulle dice: “Me he encontrado con varios pentecostales unicitarios que no solo objetan el concepto trinitario de Dios como “tres personas”, sino que se oponen a llamar a Dios una “persona”. En mi opinión, sí es apropiado referirse a Dios como una persona”[4] Nótese que aquí el hermano Jason Dulle, no dice que él se ha encontrado solamente con creyentes hispanos que objetan que a Dios se le deba llamar persona, sino que da a entender que eso le ha pasado en el mundo de habla inglesa. Así que aquí se destruye el argumento falaz de Reyes y Latorre, que intenta crear una dicotomía entre el pueblo unicitario de habla hispana y de habla inglesa.

Cuando Reyes y Latorre citan de Jason Dulle el concepto de “persona” aplicado a Dios que aparentemente el hermano Jorge Mendizabal y yo no creemos, leemos que el hermano Jason Dulle dice:

“Personas” es aplicado a algo más que a los seres humanos. Una persona es en concreto una sustancia inmaterial consciente, un individuo de sustancia racional, el conjunto de características que conforman una personalidad individual, un yo, el ego, definiendo quién pertenece a una sustancia genérica particular. Cualquier ser que sea un sujeto consciente, racional, pensante, sujeto de diversas experiencias, es una persona. Tanto los ángeles como Dios se ajustan a esta descripción, y por lo tanto son personas: Dios es una persona divina, los ángeles son personas angelicales, y los humanos son personas humanas. Los humanos son personas encarnadas, mientras que Dios y los ángeles son personas incorpóreas (por lo menos, aparte de Cristo). [5]

La definición dada por el teólogo Jason Dulle, derriba por completo al argumento de Reyes y Latorre, pues cualquier unicitario, independientemente de que acepte que a Dios se le deba llamar o no persona, acepta que Dios es “un sujeto consciente, racional, pensante, sujeto de diversas experiencias”. Así que una distinción en terminología no significa necesariamente una distinción conceptual. La perversión del argumento de Reyes y Latorre, partió del error de crear una caricatura en la que ellos dijeron que “la mayoría de los unicitarios hispanos no creen que Dios es una persona”, cuando lo que realmente debieron decir fue: “la mayoría de los unicitarios hispanos no creen que a Dios se le deba llamar persona, porque la mayoría de ellos toman la definición de persona como individuo de la especie humana”. Como estos señores Reyes y Latorre no quieren hablar con la verdad, entonces por eso han creado argumentos falaces que demuestran en todo sentido su falta de honestidad, y es por esto que no debemos maravillarnos de que otros exponentes trinitarios no los hayan seguido en un argumento tan desdichado.


¿Alguien se Vuelve un Falso Maestro por Utilizar o No el Término “Persona” Aplicado a Dios? 

“Las palabras y el idioma tienen como objetivo y meta primordial comunicar pensamientos, y si esto se logra, entonces la pronunciación pasa a segundo plano”. [6] Así que en los asuntos teológicos más que la utilización de un término, lo que se debe examinar es que el concepto que se está transmitiendo a través de dicho término no contradiga la enseñanza bíblica.

Como ya lo aclaré anteriormente, en mi libro “Un Dios Falso Llamado Trinidad” que fue publicado en el año 2007, yo siempre utilicé “persona” significando “Individuo de la especie humana”, y fue en ese sentido que aclaré que al usar la palabra “persona” bajo ese concepto, este nunca puede ser aplicado a Dios porque Él es Espíritu, no hombre.

Posteriormente, en muchos de mis artículos y de mis videos, he decidido utilizar el concepto de “persona” aplicado a Dios, bajo otro significado que trae el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, que es “Supuesto inteligente”. Así, he dicho que bajo esta definición de “persona”, Dios es Una Sola “Persona” Divina, pues posee una sola Alma Divina (Proverbios 6:16), un solo corazón divino (Jeremías 7:31), una sola mente divina (Jeremías 32:35 LBLA), una sola voluntad divina (1 Crónicas 13:2) y un solo Espíritu divino (Joel 2:28).

Sin embargo, Luis Carlos Reyes ha dicho en un video, que “el señor Julio César Clavijo… ahora a completamente cambiado su punto de vista en cuanto a Dios… Clavijo ahora está enseñando que Dios es una persona… ¿Entonces cuál es la doctrina falsa? ¿La que enseñó antes Clavijo, o la que está enseñando ahora?”[7]

Aparte de la palabrería de Luis Carlos Reyes, él no da una sola prueba de que yo haya cambiado la doctrina que siempre he creído respecto a la Unicidad de Dios, pues nunca podrá demostrar que yo haya dejado de creer que hay un solo Dios/Padre/Eterno/Omnipotente, etc., que se ha manifestado en la carne como un Hijo/Hombre/Pariente/Siervo/Cordero. Así que lo que Luis Carlos Reyes debió decir, pero que su terquedad no lo dejó decirlo, es que “el señor Julio César Clavijo utilizó en su libro “Un Dios Falso Llamado Trinidad” a la palabra “persona” significando “individuo de la especie humana” pero posteriormente lo ha venido utilizando con el significado de “supuesto inteligente”, por lo cual Julio César Clavijo todavía está enseñando la misma doctrina que siempre ha enseñado, aunque últimamente ha decidido incorporar el término “persona” a su teología, para decir que Dios es una sola “Persona” divina, ya que posee una sola Alma divina (Proverbios 6:16), un solo corazón divino (Jeremías 7:31), una sola mente divina (Jeremías 32:35 LBLA), una sola voluntad divina (1 Crónicas 13:2) y un solo Espíritu divino (Joel 2:28)”. Si hubiera hecho eso, Luis Carlos Reyes habría hablado con la verdad, pero él no puede hacerlo. Decir que yo he cambiado mi doctrina, es como si se dijera que el Señor Jesucristo cambió su doctrina porque en cierta ocasión él utilizó el término “levadura” de manera negativa (ver Mateo 16:6) y en otra ocasión de manera positiva (ver Mateo 13:33).


Los Trinitarios y su Problema con el Uso del Término “Persona”

Toda la discusión anterior, demuestra no la falta de rigor académico de Luis Carlos Reyes, pues él no es ningún académico, sino su completa deshonestidad, pues no trata el asunto verdadero sobre el uso del término “persona” en la teología unicitaria, sino que además esconde en sus videos que dentro de la teología trinitaria también se ha dado una controversia milenaria sobre el uso del término “persona” con relación a Dios.

Luis Carlos Reyes no es ignorante de eso, pues precisamente en el debate escrito sobre Juan 1:1, que sostuvo conmigo, él dice en la página 122, que los trinitarios de ayer utilizaron el concepto de persona de una forma distinta a la que se utiliza hoy, y que durante todo el tiempo de existencia de esa doctrina trinitaria, el término “persona” se ha usado por los trinitarios con mucha resistencia, de mala gana y con mucha calificación. Veamos las propias palabras de Luis Carlos Reyes.

“Debería estar claro que el sentido común del término “persona” hoy no comunica el sentido y la intención original por los trinitarios del pasado cuando aplicaban este término a Dios. De hecho muchos trinitarios (ambos pasado y presente) han sido incómodos con la aplicación de este término para describir a Dios, y así han utilizado el término de mala gana, y con mucha calificación. Por ejemplo, dice J. N. D. Kelly de Agustín: “Agustín reconoce que ellos son tradicionalmente designados Personas, pero es claramente infelíz sobre el término; probablemente esto le comunicó la sugerencia de individuos separados… Incluso hoy algunos teólogos trinitarios actualmente han optado ya no usar este término… Esto es de hecho lo que muchos teólogos han hecho en el pasado como Agustín, Aquinas, y Calvino, los cuales todos usaron el término “persona” de mala gana y con mucha calificación. Así que la idea de usar el término “persona” de mala gana no es algo nuevo para los trinitarios.  (Sic). (Énfasis mío). [8]

Si nosotros quisiéramos levantar un falso testimonio como el que Mike Latorre y Luis Carlos Reyes han levantado contra nosotros, podríamos inventar que los trinitarios que usan el término “persona” de mala gana y con mucha resistencia, difieren por completo en cuanto a la ontología del dios trinitario con los que sí usan el término “persona” de buena gana. Pero por supuesto, nosotros no vamos a caer en ese mal ejemplo y en esa demostración de ignorancia tan descomunal.

En la página 123 del mismo debate en línea sobre Juan 1:1, Luis Carlos Reyes reconoce que en el campo trinitario se han dado controversias en cuanto al uso de términos, pero esto no implica que necesariamente se estén tratando conceptos distintos. Veamos:

“En el año 362 DC en el concilio de Alejandría (con Atanasio presente)…  Entre los que precedían en el concilio habían unos que decían que Dios era un solo Dios en “tres hupóstasis” (ὑπόστασις), y otros que creían en un solo Dios que existía como “un hupóstasis.” Al final se clarificó que ningunos de estos grupos realmente negaban la distinción personal en la esencia de Dios, e igualmente ninguno de estos grupos dividían a Dios en “tres partes” ni lo hacían en “tres Dioses”; sino que los dos grupos diferentes estaban utilizando terminología diferente para señalar básicamente la misma idea. En realidad los dos lados creían básicamente igual y la mayoría del problema era de lenguaje. (Sic). (Énfasis mío). [9]

Todo esto indica que Luis Carlos Reyes y Mike Latorre utilizan un doble estándar para medir las controversias respecto al uso de términos o palabras. Si estas se dan dentro del campo unicitario, implican diferencias doctrinales muy serias, y hasta el cambio de posiciones doctrinales. Pero si estas se dan dentro del campo trinitario, solo deben entenderse como el uso de terminología diferente para señalar las mismas ideas. ¡Qué forma tan miope de ver el mundo!


Referencias

[1] Jorge Mendizabal. Ponencia en “El Gran Debate La Unicidad Vs. La Trinidad”.
https://fe-biblica.blogspot.com/2008/07/es-dios-una-trinidad.html
[2] Julio César Clavijo Sierra. Un Dios Falso Llamado Trinidad. © 2007. Pág. 222.
[3] Luis Carlos Reyes y Mike Latorre. Video: El Problema Unicitario ¿Es, o no Es Dios Una Persona?
https://www.youtube.com/watch?v=6NdvL4aeMgI&t=514s
[4] Jason Dulle. Dios Es Una Persona.
http://fe-biblica.blogspot.com/2018/07/dios-es-una-persona.html
[5] Ibidem.
[6] Jason Dulle. Consideraciones Sobre el Uso del Nombre Jehová.
http://fe-biblica.blogspot.com/2011/12/es-jehova-el-nombre-de-dios.html
[7] Luis Carlos Reyes. Video: “Prueba que Julio César Clavijo Sierra ha Enseñado Doctrina Falsa” https://www.youtube.com/watch?v=iHIehJCYR8Q&t=2s
[8] Luis Carlos Reyes. Debate en Línea Sobre Juan 1:1, sostenido con Julio César Clavijo, © 2011, pág. 122.
[9] Ibídem, pág. 123.


lunes, 15 de abril de 2019

Ponencia Inicial de Julio César Clavijo, en el Debate ¿Cuál es la Verdad: Trinidad o Unicidad?, con Dante Urbina


Debate ¿Cuál es la Verdad: Trinidad o Unicidad?


Debido a la solicitud de muchas personas que vieron el debate ¿CUÁL ES LA VERDAD: TRINIDAD O UNICIDAD? que fue llevado a cabo el domingo 14 de abril de 2019 en el Canal de Teología TETELESTAI, he decidido compartir el texto de mi ponencia inicial.

Aún después de terminado el debate, todos los puntos de mi exposición continúan intactos y no pudieron ser refutados por el trinitario Dante Urbina. Mientras tanto, el trinitario Dante partió con una petición de principio desde el modelo extrabíblico de que “Dios es tres personas en una sustancia”, para luego intentar forzar a los textos bíblicos para que se acomodaran a su posición, ignorando de entrada los textos que no encajaban con su “teología”, argumentando que él ya había demostrado que “Dios es tres personas en una sustancia”. ¡El círculo vicioso de Dante Urbina fue evidente! Invito a que cada persona se tome el tiempo para comparar cada palabra dicha con la verdad bíblica. El debate completo puede ser visto en video en este enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=HAGAagEs2fo

*-*-*-

Un saludo para toda la respetable audiencia del Canal de teología Tetelestai, para el moderador de este debate Víctor Troncoso, y para el debatiente católico trinitario Dante Urbina.

El tema en cuestión para este debate es: ¿Cuál es la verdad: Trinidad o Unicidad? El tema a debatir consiste específicamente en demostrar si la verdad bíblica acerca de Dios es la Trinidad o la Unicidad. En esta primera ponencia, conforme a lo acordado previamente, yo debo explicar por qué considero que la Unicidad es la auténtica doctrina cristiana, sin criticar aún lo dicho por Dante Urbina, pues eso lo haré en mis demás turnos.

La Palabra de Dios nos exhorta a que nuestra fe debe ser inteligente, y precisamente el principal de todos los mandamientos nos indica que debemos amar a Dios con TODA NUESTRA MENTE tal como lo indica Mateo 22:37. Hoy me empeñaré por guiar a mi audiencia hacia este mandamiento de Dios, y por eso los invito a que más que dejarse llevar por sus emociones o por sus tradiciones, abran su mente y presten la suficiente atención a mis argumentos para examinar si estos están acordes con la Palabra de Dios.

De manera muy resumida, la doctrina de la Unicidad se puede expresar en las afirmaciones de que hay un solo Dios y que ese único Dios se manifestó en la carne en la forma de un Hijo/hombre/Cordero/Siervo para venir a salvar a la humanidad. Voy a desarrollar mi intervención inicial en 5 puntos, de manera que si Dante Urbina pretende refutar a la Unicidad, él tiene que ser capaz de enfrentar y desvirtuar cada uno de estos 5 puntos.


1. La Escritura Confiesa que Solo Hay un Dios

La Escritura expone de una manera muy clara que SOLO HAY UN DIOS. Incluso está verdad es confesada como el principal de todos los mandamientos para el pueblo de Dios, así que negarla, es negar la fe y es no amar a Dios.

En Marcos 12:28-30, dice: “Acercándose uno de los escribas… le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento”.

Hay otras muchas porciones de la Escritura que confiesan claramente que Dios es uno, pero no los citaré ahora por lo limitado del tiempo, y además porque las palabras del principal de todos los mandamientos son muy contundentes.

Sin embargo, sí quiero citar a Éxodo 20:3, donde Dios nos exhorta: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. Cualquier dios falso, es algo que aborrece el Señor.

Si Dante Urbina quiere intentar refutar a la Unicidad, tendría que ser capaz de negar que la Escritura confiesa claramente que hay un solo Dios.


2. La Escritura Declara que hay Un Solo Dios Personal que es Una Sola Persona Divina

En la Escritura, las palabras hebreas y griegas para alma, corazón (y mente), cuando se aplican a los seres humanos, se han traducido como “persona”. Para alma tenemos el hebreo “néfesh” (Strong # H5315) y el griego “psujé” (Strong # G5590). Para corazón (o mente) tenemos el hebreo “leb” (Strong # H3820) y el griego “kardía” (Strong # G2588). Ejemplos de esto son Génesis 17:14 donde la Reina Valera ha traducido el hebreo “néfesh” como persona, y Hechos 2:43  donde se ha traducido al griego “psujé” como persona.

Pues bien, cuando la Biblia se refiere a Dios de manera antropomórfica, es decir atribuyéndole características humanas para que nosotros podamos comprenderlo, siempre se refiere a Él como poseyendo UNA SOLA ALMA DIVINA, UN SOLO CORAZÓN DIVINO, UNA SOLA MENTE DIVINA, UNA SOLA VOLUNTAD DIVINA Y UN SOLO ESPÍRITU DIVINO,  lo que demuestra sin duda alguna que ÉL ES UNA SOLA PERSONA DIVINA.

Proverbios 6:16, dice: “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina SU ALMA”. (Singular).

Jeremías 7:31, dice: “cosa que yo no les mandé, ni subió EN MI CORAZÓN”. (Singular).

Jeremías 32:35 (LBLA), dice: “…lo cual no les había mandado, ni me pasó por LA MENTE”. (Singular)”.

1. Crónicas 13:2, dice: “Y dijo David a toda la asamblea de Israel: Si os parece bien y si es LA VOLUNTAD (Singular) de Jehová nuestro Dios”.

Joel 2:28, dice: “Y después de esto derramaré MI ESPÍRITU (Singular) sobre toda carne”.

Romanos 1:20 nos informa que la propia creación testifica acerca de la divinidad eterna de nuestro Dios. “Porque las cosas invisibles de Él, SU ETERNO PODER Y DEIDAD, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas HECHAS, de modo que no tienen excusa”.

Recordemos que la Biblia dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó...” (Génesis 1:27). Dios creó a Adán a su propia imagen espiritual, como una persona individual con una sola mente, un solo corazón y una sola alma. Por lo tanto, ASÍ COMO ADÁN FUE CREADO COMO UNA SOLA PERSONA INDIVIDUAL, ASÍ DIOS ES UNA SOLA PERSONA INDIVIDUAL, porque Adán reflejó la imagen de su Hacedor. Ningún hombre ha existido nunca como algo diferente a una sola persona humana individual. Del mismo modo, ningún ángel ha existido nunca como algo distinto a más de una sola persona angélica individual.

Si Dante Urbina pretende refutar la Unicidad, tiene que ser capaz de negar que la Escritura confiesa claramente que hay un solo Dios personal que es una sola persona divina, o tendría que demostrar que existe algún ser creado inteligente que sea más que un individuo personal, ya sea este un ser humano o un ángel.


3. El Dios Unipersonal Puede Cumplir Simultáneamente con Todos sus Atributos o Cualidades sin Dejar de Ser Una Sola Persona Divina

La Escritura declara que Dios se ha revelado (o se ha dado a conocer) al hombre con muchos títulos o cualidades, que reflejan las características de su Ser. Todos estos atributos o cualidades son innatos a su Ser divino, por lo cual Dios no puede perder ni ganar estas cualidades porque Dios es inmutable, Él no cambia. (Malaquías 3:6).

Entre los atributos que Él nos ha revelado en la Escritura, tenemos que Él es Uno (Deuteronomio 6:4; Marcos 12:28-34) y Único (2. Samuel 7:22; Salmo 72:18; Isaías 37:16, 44:8, 45:21-22; Juan 17:3); que es Espíritu (Números 11:29; Salmo 51:11, 139:7-10; Juan 4:24), Eterno (Génesis 21:33; Deuteronomio 33:27; Isaías 9:6, 40:28), Autoexistente (Éxodo 3:14; 1. Samuel 2:6; 1. Timoteo 6:13), Infinito (Salmo 139:7-10; Proverbios 15:3), Perfecto (2. Samuel 22:31; Job 37:16; Mateo 5:48), Bueno (1. Crónicas 16:34; 2. Crónicas 5:13; Salmo 34:8; Mateo 19:17), Santo (Levítico 11:44; 1. Samuel 2:2; Salmo 22:3; Apocalipsis 15:4), Omnisciente (Job 42:2; Salmo 139:1-6; Hechos 2:23; 1. Timoteo 1:17), Omnipresente (1. Reyes 8:27; Salmo 139:7-13; Isaías 66:1), Todopoderoso (Génesis 17:1; 2. Corintios 6:18; Apocalipsis 15:3), Veraz (Jeremías 10:10; Juan 3:33, 17:3; Romanos 3:4; 1. Tesalonicenses 1:9), Justo (Deuteronomio 32:4; Salmo 7:11; 11:7; Apocalipsis 16:5), Soberano (Zacarías 14:9; Hechos 4:24; Judas 1:4), Padre (Salmo 103:13; Efesios 4:6; Filipenses 4:20), Pastor (Salmo 23; 80:1; Ezequiel 34:12), Sanador (Éxodo 15:26; Salmo 6:2; Jeremías 17:14), Salvador (2 Samuel 22:3; Salmos 140:7; Isaías 43:3; 45:21; 49:26; 60:16; Lucas 1:47), etc.

Cuando queremos que Dios nos sane, le decimos: “Tú eres mi Sanador” porque sabemos que ese el nombre o título de Dios que mejor se ajusta a la ocasión. Cuando deseamos que Él haga un milagro asombroso, le decimos: “Tú eres el Todopoderoso” porque sabemos que en ese caso, ese el título que mejor aplica. Cuando queremos ser purificados por Él, le decimos, "Tú eres Santo". Cuando deseamos que nos provea del alimento o cuando necesitamos de su cuidado y protección, le decimos, “Tú eres nuestro Padre”. Sin duda alguna, nosotros podríamos decirle: “Dios Sanador, por favor dame el alimento y la protección”, pero sabemos que en ese caso el nombre o título de Dios que mejor encaja es el del Padre que provee y protege. Y cuando deseamos que Él nos llene y habite en nosotros, le decimos: “Espíritu Santo, lléname”, porque sabemos que esa es la mejor de las cualidades que Dios nos ha revelado para hablar de la habitación de Dios en nosotros. Ciertamente podríamos decirle “Lléname Todopoderoso” pero sabemos que en ese caso es mejor decirle “Lléname, Espíritu Santo”.

Cuando Dios es el Sanador, Él no deja de ser el Todopoderoso o el Padre, y no debemos de pensar que para que Él pueda ser simultáneamente el Sanador, el Todopoderoso, o el Padre, Él tenga que ser más que un solo Dios personal. Asimismo, cuando Dios es el Padre, Él no deja de ser el Espíritu, y por eso no podemos pensar que para que Dios sea simultáneamente el Padre y el Espíritu, Él tenga que ser más de una sola persona. De hecho, la Escritura declara diáfanamente que el Padre es el mismo Espíritu Santo, pues por ejemplo cuando Jesús habló con la mujer samaritana, le dijo que el Padre busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad, porque Dios es Espíritu (Juan 4:21-24).

Así que si Dante Urbina pretende refutar la Unicidad, tiene que ser capaz de mostrarnos de qué manera el Dios unipersonal no podría cumplir simultáneamente con todos sus atributos o cualidades sin dejar de ser una sola persona divina.


4. La Escritura Revela que el Único Dios Vino a Salvar en la Forma de un Hijo/Hombre/Pariente/Cordero

Lucas 3:38 muestra que Dios puso al hombre Adán sobre la tierra como Hijo de Dios, pues este versículo lo llama claramente Hijo de Dios, pero vemos que esa condición de Hijo de Dios la perdió el hombre por causa del pecado. Así que el conflicto entre Dios y Satanás se dio por causa del hombre, pues Dios se propuso recuperar para el hombre la condición gloriosa inicial de “Hijos de Dios” que la humanidad tuvo en el Edén.

En la Ley de Moisés se dio una tipología de la redención que sería efectuada por Cristo, y esa era la figura del PARIENTE REDENTOR  como se ve en Levítico 25:25. Si un judío perdía sus bienes o si era vendido como esclavo, el pariente más cercano que éste tuviera, y que contara con la voluntad y la fuerza económica, debería sacarlo de la ruina y darle la libertad.

Del mismo modo, para lograr la libertad del pecado para todos los hombres, tendría que venir un ser humano, de la simiente humana (Génesis 3:15, 22:18; Gálatas 3:16), que fuera un varón perfecto (Efesios 4:13) y que estuviera libre del pecado, a fin de que pudiera actuar como nuestro pariente redentor, y para constituirse como el nuevo rey sobre el paraíso recuperado (2 Pedro 1:11), en medio de una generación de hombres santos (Apocalipsis 21:26, 22:3) de la cual él como el postrer Adán (1. Corintios 15:45), fuera el hermano mayor (el primogénito) entre muchos hermanos (Romanos 8:29; Hebreos 2:11-13). ASÍ QUE TENÍA QUE EXISTIR EL HIJO, PERO TAMBIÉN OTROS MUCHOS HIJOS, LO QUE DEMUESTRA QUE EL TÍTULO DE HIJO DE DIOS APLICADO A CRISTO, SIGNIFICA QUE ÉL ES EL VARÓN PERFECTO y que ese título se refiere exclusivamente al estado o existencia encarnada que Dios tomó.

Ciertamente la redención de los hombres requería de un hombre santo que no estuviera bajo la esclavitud del pecado, pero por causa de Adán la gente fue constituida pecadora (Romanos 5:19). Así que no había ni un solo ser humano común y corriente al que Dios pudiera elegir para restaurar todas las cosas, ya que todos somos pecadores (Salmos 14:2-3; Isaías 59:12-16; Romanos 3:9-12). Eclesiastés 7:20, dice: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque”. Isaías 59:16 dice: “Y vio [Dios] que no había hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma justicia”. El Hijo es el brazo de Dios (Isaías 52:10, 59:16), es el varón de la diestra de Dios (Salmo 80:17), es la diestra de Dios que hace proezas y valentías (Salmo 118:14-17), y es el poder y la sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24), porque a través del Hijo, Dios pudo traer la salvación a los hombres.

En Isaías 9, Dios prometió que no habría oscuridad en el mundo para siempre, pues el pueblo que andaba en tinieblas y en muerte, vería gran luz y tendría alegría abundante, YA QUE NOS NACERÍA UN PARIENTE REDENTOR: “porque UN NIÑO NOS ES NACIDO, HIJO NOS ES DADO” (Isaías 9:6). Pero ese pariente redentor, es identificado también como el Dios fuerte y el Padre eterno (Isaías 9:6). Como todos los hijos de los hombres nacen en pecado (Salmo 51:5), y como solo Dios es santo (Apocalipsis 15:4), entonces para proporcionarnos un pariente redentor que estuviera libre de la esclavitud del pecado, EL DIOS FUERTE Y PADRE ETERNO PROMETIÓ VENIR COMO EL NIÑO QUE NOS FUE NACIDO Y EL HIJO QUE NOS FUE DADO . Este Niño no sería un niño común y corriente, sino que sería EMANUEL, DIOS MISMO ENTRE NOSOTROS EN LA FORMA DE UN HOMBRE. “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un Hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Isaías 7:14, comparar con Mateo 1:23). 

Dios mismo vino a salvar, y no mandó a otro. Isaías 43:10-11 expresa: “Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; DIOS MISMO VENDRÁ Y OS SALVARÁ”. Nuestro Dios Padre quiere que le conozcamos, que creamos en Él, que le entendamos y que aceptemos que fuera de Él no hay quien salve (Isaías 43:10-11). JESÚS ES EL SALVADOR (Mateo 1:21), PORQUE ÉL ES DIOS MISMO VINIENDO COMO NUESTRO PARIENTE REDENTOR. Por eso EN SU CONDICIÓN DE HIJO, JESÚS ES PRESENTADO COMO NUESTRO HERMANO PRIMOGÉNITO (Romanos 8:29), Y COMO EL HERMANO QUE ANUNCIÓ LA VERDAD (Hebreos 2:12), para que nosotros también fuéramos hijos de Dios.

Si Dante Urbina desea refutar la Unicidad, tendría que ser capaz de negar que Dios mismo vino a salvarnos en la forma de un Hijo (un hombre perfecto), para que nosotros también pudiéramos llegar a ser Hijos de Dios (hombres perfectos).


5. La Distinción Bíblica Entre el Padre y el Hijo se Explica por la Encarnación

Para salvar, Dios mismo vino como Hombre/Hijo/Cordero, pero a la vez Él continuó existiendo como el Padre/Dios/Eterno, etc. Así que las distinciones bíblicas entre el Padre y el Hijo, demuestran una  distinción entre Dios como Dios (en su existencia eterna trascendente que no depende de la encarnación) y Dios como Emanuel (en su existencia humana como el Cordero de Dios que sí depende de la encarnación). 

Las distinciones entre el Padre (Dios como Dios) y el Hijo (Dios como hombre) son las distinciones entre las dos formas de existencia que Dios tiene después de la encarnación. Dios como Dios en su existencia divina trascendente, es mayor que Dios como Emanuel en una existencia humana. Dios como Dios no salió de nadie, pero Dios como Emanuel, como un hombre entre nosotros sí salió de Dios. Dios como Emanuel fue enviado por el Padre y vino al mundo, pero Dios como Dios lo llena todo. Dios como Emanuel nació de la virgen María, pero Dios como Dios no tiene principio. Dios como Dios es Autoexistente, pero Dios como Emanuel vive por el Padre. Dios como Emanuel, como un hombre entre nosotros, puede confesar que tiene un Dios, pero es imposible que Dios como Dios tenga a un Dios por encima de Él. Dios como Dios tiene una voluntad divina, pero Dios como Emanuel tiene una voluntad humana. Dios como Emanuel fue realmente tentado, pero es imposible que Dios como Dios sea tentado. Dios como Emanuel tuvo que orar, pero Dios como Dios no tiene por qué orar. Dios como Emanuel murió en la cruz del Calvario, pero Dios como Dios no puede morir. Dios como Emanuel recibió todo el poder, pero Dios como Dios siempre ha tenido todo el poder y en esa condición claramente se exceptúa de cualquier sometimiento al Hijo (1 Corintios 15:27).

Entonces, por último, si Dante Urbina desea refutar la Unicidad, tiene ser capaz de mostrar que la distinción entre el Padre y el Hijo no se explica por la encarnación sino de alguna forma distinta.


Conclusión

La doctrina de la Unicidad es la predicación del misterio de la piedad, del gran amor y de la misericordia de Dios. Dios mismo ha amado tanto a la humanidad, que Él mismo ha venido a salvarla. La Escritura dice: “E indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad, Dios fue manifestado en la carne” (1. Timoteo 3:16). Y “piedad” significa el amor, la misericordia. Dios ha amado tanto a la humanidad que Él se manifestó en la carne para venir a salvar. Eso es lo que las doctrinas que se oponen a la Unicidad siempre están escondiendo: El gran amor de Dios por la humanidad. 

Nosotros sí tenemos un Padre que nos ama, tenemos un Padre que nos ama verdaderamente. Tanto nos ama nuestro Padre celestial, que Él mismo hizo todo lo necesario para que nosotros llegáramos a tener la redención, manifestándose o tomando la forma de un Hijo, de un Siervo, de un Hombre, similar a como nosotros lo somos. Por eso dice la Escritura en Hebreos 2:14 que así como los Hijos han participado de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para ser un Hijo también, para poder de la misma manera, en esa condición de Hijo, ofrecer un sacrificio puro, limpio y santo, libre de todo pecado, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es al diablo. 

Cuando nosotros venimos al conocimiento del Hijo de Dios, también llegamos a ser Hijos de Dios, llegamos a la condición del Varón Perfecto, llegamos a la condición de ser como nuestro Señor Jesucristo es en su humanidad. Por eso nosotros deseamos en esa condición de Hijos, ser semejantes a nuestro Señor Jesucristo. 

Por eso la Escritura dice que en esa condición de Hijo Él no se avergüenza de llamarnos hermanos, diciendo: “Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación de alabaré” (Hebreos 2:12). Cuando nosotros llegamos a ser Hijos de Dios, entonces podemos llamar a Jesucristo Nuestro Hermano Mayor, el Hermano Primogénito, el que hizo el sacrificio de derramar sangre pura e inocente para nosotros, y se pudo convertir entonces de esta manera en nuestro pariente redentor. Cuando aceptamos su sacrificio, el sacrificio de Cristo Jesús, le decimos “Tú eres mi pariente Redentor”,  “Tú eres mi hermano”, y por eso dice la Escritura que nosotros hemos sido comprados no a precio de oro o de piedras preciosas, sino con la preciosa sangre de Jesucristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18-19).