martes, 16 de abril de 2019

Los Unicitarios y la Palabra “Persona” Aplicada a Dios


Por Julio César Clavijo Sierra
© 2019. Todos los Derechos Reservados.


Desde hace un tiempo, dos trinitarios, el uno llamado Luis Carlos Reyes, y el otro llamado Mike Latorre, han ignorado estas dos verdades:

1. Que dos grupos de personas pueden utilizar los mismos conceptos con una terminología diferente. Por ejemplo, los narradores de fútbol argentinos etiquetan a un deportista que no le pone ganas al juego, como un “pecho frío”, mientras que los narradores de fútbol colombianos dirían que “no suda la camiseta”.

2. Que una sola persona, en diferentes contextos, puede utilizar la misma terminología para conceptos distintos. Por ejemplo, el Señor Jesucristo utilizó a la misma palabra levadura (Gr. Zumé), con connotaciones negativas y positivas. En Mateo 16:6, el Señor Jesucristo la utilizó con una connotación negativa cuando dijo: “guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos” y en el versículo 12 se aclara que se estaba refiriendo a la mala doctrina de los fariseos y saduceos. Mientras tanto, en Marcos 13:33 Jesucristo la utilizó con una connotación positiva cuando dijo: “El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado”, hablando así del crecimiento del evangelio en medio del mundo.

Por esta falta de cuidado, es que Luis Carlos Reyes y Mike Latorre, han dado rienda suelta a su imaginación, y han inventado dos cosas: (1°) Que los creyentes unicitarios de habla hispana, no creemos lo mismo en cuanto al Ser (u ontología) de Dios que los creyentes unicitarios de habla inglesa, y (2°) que un creyente unicitario cambia su doctrina si antes no utilizaba el término “persona” con respecto a Dios, pero después decide utilizarlo con el significado de “único Ser divino inteligente, que posee una sola mente divina, una sola voluntad divina y una sola conciencia divina”.


¿Los Creyentes Unicitarios de Habla Hispana, No Creemos lo Mismo en Cuanto al Ser (u Ontología) de Dios que los Creyentes Unicitarios de Habla Inglesa? 

Luis Carlos Reyes y Mike Latorre, han dicho que los creyentes unicitarios de habla hispana, no creemos lo mismo en cuanto al Ser (u ontología) de Dios que los creyentes unicitarios de habla inglesa, porque reputados teólogos unicitarios de habla inglesa como David Bernard, Robert Sabin y Jason Dulle, han utilizado el concepto de “persona” aplicándolo a Dios, mientras que por ejemplo, el pastor unicitario Jorge Mendizabal, en su reconocido debate “La Unicidad Vs. La Trinidad”, declaró: “Dice la Palabra de Dios en Juan Capítulo 4 versículo 24 Dios es Espíritu, no persona ni personas, es Espíritu”[1]  y yo escribí en mi libro “Un Dios Falso Llamado Trinidad”, “Llamar a Dios persona es menospreciarlo y limitarlo porque la Biblia dice que Dios es Espíritu (Juan 4:24)”[2]

Al principio del video titulado: “El Problema Unicitario ¿Es, o no Es Dios Una Persona?”, se escucha esta conversación: Dice Luis Carlos Reyes: -“Mire, como usted y yo sabemos, hay muchas cosas teológicas contradictorias que seguidamente se observan con los unicitarios, una de esas cosas es la cuestión de la ontología del Dios unicitario. Como usted sabe, algunos unicitarios más influyentes del mundo habla inglés, abiertamente han declarado que Dios es persona. Pero lo que vemos seguidamente del mundo habla hispana, es que la mayoría de los unicitarios hispanos no creen que Dios es una persona. ¿Tiene algún comentario sobre eso hermano?”-  Ante esto, Mike Latorre responde: -“Bueno, yo en primer lugar, ah, esto demuestra que hay cierta división en el pueblo unicitario que hasta ahora no muchos han mencionado. Creo que nosotros somos de las pocas personas que están sacando esto a la luz”-.  (Sic). (Énfasis mío). [3]

Sin embargo, en el resto de su video, estos dos sujetos, Reyes y Latorre, no dan ni una sola prueba que demuestre que hay diferencia o contradicción entre la ontología de Dios que creemos los unicitarios de habla hispana y los de habla inglesa. Todo lo contario, lo único que Reyes y Latorre  hacen, es demostrar que todos los unicitarios, independientemente de nuestro origen, creemos lo mismo respecto a la ontología divina, aunque en ocasiones utilicemos terminología diferente.

Al mirar en contexto lo dicho por el hermano Jorge Mendizabal en su debate, como lo dicho por mí en mi obra “Un Dios Falso Llamado Trinidad”, cualquiera puede darse cuenta que nosotros estamos utilizando la siguiente definición de “persona” que trae el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: “Individuo de la especie humana”. Por eso es que dentro de ese contexto, nosotros decimos que a Dios no se le debe llamar persona, porque Dios es Espíritu.

De otro lado, Reyes y Latorre citan al teólogo unicitario de habla inglesa Jason Dulle, como mostrando que Él nos contradice al hermano Mendizabal y a mí. El artículo que toman de Jason Dulle, es uno que se titula “Dios es Una Persona”. Curiosamente, al principio de ese artículo, Jason Dulle dice: “Me he encontrado con varios pentecostales unicitarios que no solo objetan el concepto trinitario de Dios como “tres personas”, sino que se oponen a llamar a Dios una “persona”. En mi opinión, sí es apropiado referirse a Dios como una persona”[4] Nótese que aquí el hermano Jason Dulle, no dice que él se ha encontrado solamente con creyentes hispanos que objetan que a Dios se le deba llamar persona, sino que da a entender que eso le ha pasado en el mundo de habla inglesa. Así que aquí se destruye el argumento falaz de Reyes y Latorre, que intenta crear una dicotomía entre el pueblo unicitario de habla hispana y de habla inglesa.

Cuando Reyes y Latorre citan de Jason Dulle el concepto de “persona” aplicado a Dios que aparentemente el hermano Jorge Mendizabal y yo no creemos, leemos que el hermano Jason Dulle dice:

“Personas” es aplicado a algo más que a los seres humanos. Una persona es en concreto una sustancia inmaterial consciente, un individuo de sustancia racional, el conjunto de características que conforman una personalidad individual, un yo, el ego, definiendo quién pertenece a una sustancia genérica particular. Cualquier ser que sea un sujeto consciente, racional, pensante, sujeto de diversas experiencias, es una persona. Tanto los ángeles como Dios se ajustan a esta descripción, y por lo tanto son personas: Dios es una persona divina, los ángeles son personas angelicales, y los humanos son personas humanas. Los humanos son personas encarnadas, mientras que Dios y los ángeles son personas incorpóreas (por lo menos, aparte de Cristo). [5]

La definición dada por el teólogo Jason Dulle, derriba por completo al argumento de Reyes y Latorre, pues cualquier unicitario, independientemente de que acepte que a Dios se le deba llamar o no persona, acepta que Dios es “un sujeto consciente, racional, pensante, sujeto de diversas experiencias”. Así que una distinción en terminología no significa necesariamente una distinción conceptual. La perversión del argumento de Reyes y Latorre, partió del error de crear una caricatura en la que ellos dijeron que “la mayoría de los unicitarios hispanos no creen que Dios es una persona”, cuando lo que realmente debieron decir fue: “la mayoría de los unicitarios hispanos no creen que a Dios se le deba llamar persona, porque la mayoría de ellos toman la definición de persona como individuo de la especie humana”. Como estos señores Reyes y Latorre no quieren hablar con la verdad, entonces por eso han creado argumentos falaces que demuestran en todo sentido su falta de honestidad, y es por esto que no debemos maravillarnos de que otros exponentes trinitarios no los hayan seguido en un argumento tan desdichado.


¿Alguien se Vuelve un Falso Maestro por Utilizar o No el Término “Persona” Aplicado a Dios? 

“Las palabras y el idioma tienen como objetivo y meta primordial comunicar pensamientos, y si esto se logra, entonces la pronunciación pasa a segundo plano”. [6] Así que en los asuntos teológicos más que la utilización de un término, lo que se debe examinar es que el concepto que se está transmitiendo a través de dicho término no contradiga la enseñanza bíblica.

Como ya lo aclaré anteriormente, en mi libro “Un Dios Falso Llamado Trinidad” que fue publicado en el año 2007, yo siempre utilicé “persona” significando “Individuo de la especie humana”, y fue en ese sentido que aclaré que al usar la palabra “persona” bajo ese concepto, este nunca puede ser aplicado a Dios porque Él es Espíritu, no hombre.

Posteriormente, en muchos de mis artículos y de mis videos, he decidido utilizar el concepto de “persona” aplicado a Dios, bajo otro significado que trae el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, que es “Supuesto inteligente”. Así, he dicho que bajo esta definición de “persona”, Dios es Una Sola “Persona” Divina, pues posee una sola Alma Divina (Proverbios 6:16), un solo corazón divino (Jeremías 7:31), una sola mente divina (Jeremías 32:35 LBLA), una sola voluntad divina (1 Crónicas 13:2) y un solo Espíritu divino (Joel 2:28).

Sin embargo, Luis Carlos Reyes ha dicho en un video, que “el señor Julio César Clavijo… ahora a completamente cambiado su punto de vista en cuanto a Dios… Clavijo ahora está enseñando que Dios es una persona… ¿Entonces cuál es la doctrina falsa? ¿La que enseñó antes Clavijo, o la que está enseñando ahora?”[7]

Aparte de la palabrería de Luis Carlos Reyes, él no da una sola prueba de que yo haya cambiado la doctrina que siempre he creído respecto a la Unicidad de Dios, pues nunca podrá demostrar que yo haya dejado de creer que hay un solo Dios/Padre/Eterno/Omnipotente, etc., que se ha manifestado en la carne como un Hijo/Hombre/Pariente/Siervo/Cordero. Así que lo que Luis Carlos Reyes debió decir, pero que su terquedad no lo dejó decirlo, es que “el señor Julio César Clavijo utilizó en su libro “Un Dios Falso Llamado Trinidad” a la palabra “persona” significando “individuo de la especie humana” pero posteriormente lo ha venido utilizando con el significado de “supuesto inteligente”, por lo cual Julio César Clavijo todavía está enseñando la misma doctrina que siempre ha enseñado, aunque últimamente ha decidido incorporar el término “persona” a su teología, para decir que Dios es una sola “Persona” divina, ya que posee una sola Alma divina (Proverbios 6:16), un solo corazón divino (Jeremías 7:31), una sola mente divina (Jeremías 32:35 LBLA), una sola voluntad divina (1 Crónicas 13:2) y un solo Espíritu divino (Joel 2:28)”. Si hubiera hecho eso, Luis Carlos Reyes habría hablado con la verdad, pero él no puede hacerlo. Decir que yo he cambiado mi doctrina, es como si se dijera que el Señor Jesucristo cambió su doctrina porque en cierta ocasión él utilizó el término “levadura” de manera negativa (ver Mateo 16:6) y en otra ocasión de manera positiva (ver Mateo 13:33).


Los Trinitarios y su Problema con el Uso del Término “Persona”

Toda la discusión anterior, demuestra no la falta de rigor académico de Luis Carlos Reyes, pues él no es ningún académico, sino su completa deshonestidad, pues no trata el asunto verdadero sobre el uso del término “persona” en la teología unicitaria, sino que además esconde en sus videos que dentro de la teología trinitaria también se ha dado una controversia milenaria sobre el uso del término “persona” con relación a Dios.

Luis Carlos Reyes no es ignorante de eso, pues precisamente en el debate escrito sobre Juan 1:1, que sostuvo conmigo, él dice en la página 122, que los trinitarios de ayer utilizaron el concepto de persona de una forma distinta a la que se utiliza hoy, y que durante todo el tiempo de existencia de esa doctrina trinitaria, el término “persona” se ha usado por los trinitarios con mucha resistencia, de mala gana y con mucha calificación. Veamos las propias palabras de Luis Carlos Reyes.

“Debería estar claro que el sentido común del término “persona” hoy no comunica el sentido y la intención original por los trinitarios del pasado cuando aplicaban este término a Dios. De hecho muchos trinitarios (ambos pasado y presente) han sido incómodos con la aplicación de este término para describir a Dios, y así han utilizado el término de mala gana, y con mucha calificación. Por ejemplo, dice J. N. D. Kelly de Agustín: “Agustín reconoce que ellos son tradicionalmente designados Personas, pero es claramente infelíz sobre el término; probablemente esto le comunicó la sugerencia de individuos separados… Incluso hoy algunos teólogos trinitarios actualmente han optado ya no usar este término… Esto es de hecho lo que muchos teólogos han hecho en el pasado como Agustín, Aquinas, y Calvino, los cuales todos usaron el término “persona” de mala gana y con mucha calificación. Así que la idea de usar el término “persona” de mala gana no es algo nuevo para los trinitarios.  (Sic). (Énfasis mío). [8]

Si nosotros quisiéramos levantar un falso testimonio como el que Mike Latorre y Luis Carlos Reyes han levantado contra nosotros, podríamos inventar que los trinitarios que usan el término “persona” de mala gana y con mucha resistencia, difieren por completo en cuanto a la ontología del dios trinitario con los que sí usan el término “persona” de buena gana. Pero por supuesto, nosotros no vamos a caer en ese mal ejemplo y en esa demostración de ignorancia tan descomunal.

En la página 123 del mismo debate en línea sobre Juan 1:1, Luis Carlos Reyes reconoce que en el campo trinitario se han dado controversias en cuanto al uso de términos, pero esto no implica que necesariamente se estén tratando conceptos distintos. Veamos:

“En el año 362 DC en el concilio de Alejandría (con Atanasio presente)…  Entre los que precedían en el concilio habían unos que decían que Dios era un solo Dios en “tres hupóstasis” (ὑπόστασις), y otros que creían en un solo Dios que existía como “un hupóstasis.” Al final se clarificó que ningunos de estos grupos realmente negaban la distinción personal en la esencia de Dios, e igualmente ninguno de estos grupos dividían a Dios en “tres partes” ni lo hacían en “tres Dioses”; sino que los dos grupos diferentes estaban utilizando terminología diferente para señalar básicamente la misma idea. En realidad los dos lados creían básicamente igual y la mayoría del problema era de lenguaje. (Sic). (Énfasis mío). [9]

Todo esto indica que Luis Carlos Reyes y Mike Latorre utilizan un doble estándar para medir las controversias respecto al uso de términos o palabras. Si estas se dan dentro del campo unicitario, implican diferencias doctrinales muy serias, y hasta el cambio de posiciones doctrinales. Pero si estas se dan dentro del campo trinitario, solo deben entenderse como el uso de terminología diferente para señalar las mismas ideas. ¡Qué forma tan miope de ver el mundo!


Referencias

[1] Jorge Mendizabal. Ponencia en “El Gran Debate La Unicidad Vs. La Trinidad”.
https://fe-biblica.blogspot.com/2008/07/es-dios-una-trinidad.html
[2] Julio César Clavijo Sierra. Un Dios Falso Llamado Trinidad. © 2007. Pág. 222.
[3] Luis Carlos Reyes y Mike Latorre. Video: El Problema Unicitario ¿Es, o no Es Dios Una Persona?
https://www.youtube.com/watch?v=6NdvL4aeMgI&t=514s
[4] Jason Dulle. Dios Es Una Persona.
http://fe-biblica.blogspot.com/2018/07/dios-es-una-persona.html
[5] Ibidem.
[6] Jason Dulle. Consideraciones Sobre el Uso del Nombre Jehová.
http://fe-biblica.blogspot.com/2011/12/es-jehova-el-nombre-de-dios.html
[7] Luis Carlos Reyes. Video: “Prueba que Julio César Clavijo Sierra ha Enseñado Doctrina Falsa” https://www.youtube.com/watch?v=iHIehJCYR8Q&t=2s
[8] Luis Carlos Reyes. Debate en Línea Sobre Juan 1:1, sostenido con Julio César Clavijo, © 2011, pág. 122.
[9] Ibídem, pág. 123.


lunes, 15 de abril de 2019

Ponencia Inicial de Julio César Clavijo, en el Debate ¿Cuál es la Verdad: Trinidad o Unicidad?, con Dante Urbina


Debate ¿Cuál es la Verdad: Trinidad o Unicidad?


Debido a la solicitud de muchas personas que vieron el debate ¿CUÁL ES LA VERDAD: TRINIDAD O UNICIDAD? que fue llevado a cabo el domingo 14 de abril de 2019 en el Canal de Teología TETELESTAI, he decidido compartir el texto de mi ponencia inicial.

Aún después de terminado el debate, todos los puntos de mi exposición continúan intactos y no pudieron ser refutados por el trinitario Dante Urbina. Mientras tanto, el trinitario Dante partió con una petición de principio desde el modelo extrabíblico de que “Dios es tres personas en una sustancia”, para luego intentar forzar a los textos bíblicos para que se acomodaran a su posición, ignorando de entrada los textos que no encajaban con su “teología”, argumentando que él ya había demostrado que “Dios es tres personas en una sustancia”. ¡El círculo vicioso de Dante Urbina fue evidente! Invito a que cada persona se tome el tiempo para comparar cada palabra dicha con la verdad bíblica. El debate completo puede ser visto en video en este enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=HAGAagEs2fo

*-*-*-

Un saludo para toda la respetable audiencia del Canal de teología Tetelestai, para el moderador de este debate Víctor Troncoso, y para el debatiente católico trinitario Dante Urbina.

El tema en cuestión para este debate es: ¿Cuál es la verdad: Trinidad o Unicidad? El tema a debatir consiste específicamente en demostrar si la verdad bíblica acerca de Dios es la Trinidad o la Unicidad. En esta primera ponencia, conforme a lo acordado previamente, yo debo explicar por qué considero que la Unicidad es la auténtica doctrina cristiana, sin criticar aún lo dicho por Dante Urbina, pues eso lo haré en mis demás turnos.

La Palabra de Dios nos exhorta a que nuestra fe debe ser inteligente, y precisamente el principal de todos los mandamientos nos indica que debemos amar a Dios con TODA NUESTRA MENTE tal como lo indica Mateo 22:37. Hoy me empeñaré por guiar a mi audiencia hacia este mandamiento de Dios, y por eso los invito a que más que dejarse llevar por sus emociones o por sus tradiciones, abran su mente y presten la suficiente atención a mis argumentos para examinar si estos están acordes con la Palabra de Dios.

De manera muy resumida, la doctrina de la Unicidad se puede expresar en las afirmaciones de que hay un solo Dios y que ese único Dios se manifestó en la carne en la forma de un Hijo/hombre/Cordero/Siervo para venir a salvar a la humanidad. Voy a desarrollar mi intervención inicial en 5 puntos, de manera que si Dante Urbina pretende refutar a la Unicidad, él tiene que ser capaz de enfrentar y desvirtuar cada uno de estos 5 puntos.


1. La Escritura Confiesa que Solo Hay un Dios

La Escritura expone de una manera muy clara que SOLO HAY UN DIOS. Incluso está verdad es confesada como el principal de todos los mandamientos para el pueblo de Dios, así que negarla, es negar la fe y es no amar a Dios.

En Marcos 12:28-30, dice: “Acercándose uno de los escribas… le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento”.

Hay otras muchas porciones de la Escritura que confiesan claramente que Dios es uno, pero no los citaré ahora por lo limitado del tiempo, y además porque las palabras del principal de todos los mandamientos son muy contundentes.

Sin embargo, sí quiero citar a Éxodo 20:3, donde Dios nos exhorta: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. Cualquier dios falso, es algo que aborrece el Señor.

Si Dante Urbina quiere intentar refutar a la Unicidad, tendría que ser capaz de negar que la Escritura confiesa claramente que hay un solo Dios.


2. La Escritura Declara que hay Un Solo Dios Personal que es Una Sola Persona Divina

En la Escritura, las palabras hebreas y griegas para alma, corazón (y mente), cuando se aplican a los seres humanos, se han traducido como “persona”. Para alma tenemos el hebreo “néfesh” (Strong # H5315) y el griego “psujé” (Strong # G5590). Para corazón (o mente) tenemos el hebreo “leb” (Strong # H3820) y el griego “kardía” (Strong # G2588). Ejemplos de esto son Génesis 17:14 donde la Reina Valera ha traducido el hebreo “néfesh” como persona, y Hechos 2:43  donde se ha traducido al griego “psujé” como persona.

Pues bien, cuando la Biblia se refiere a Dios de manera antropomórfica, es decir atribuyéndole características humanas para que nosotros podamos comprenderlo, siempre se refiere a Él como poseyendo UNA SOLA ALMA DIVINA, UN SOLO CORAZÓN DIVINO, UNA SOLA MENTE DIVINA, UNA SOLA VOLUNTAD DIVINA Y UN SOLO ESPÍRITU DIVINO,  lo que demuestra sin duda alguna que ÉL ES UNA SOLA PERSONA DIVINA.

Proverbios 6:16, dice: “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina SU ALMA”. (Singular).

Jeremías 7:31, dice: “cosa que yo no les mandé, ni subió EN MI CORAZÓN”. (Singular).

Jeremías 32:35 (LBLA), dice: “…lo cual no les había mandado, ni me pasó por LA MENTE”. (Singular)”.

1. Crónicas 13:2, dice: “Y dijo David a toda la asamblea de Israel: Si os parece bien y si es LA VOLUNTAD (Singular) de Jehová nuestro Dios”.

Joel 2:28, dice: “Y después de esto derramaré MI ESPÍRITU (Singular) sobre toda carne”.

Romanos 1:20 nos informa que la propia creación testifica acerca de la divinidad eterna de nuestro Dios. “Porque las cosas invisibles de Él, SU ETERNO PODER Y DEIDAD, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas HECHAS, de modo que no tienen excusa”.

Recordemos que la Biblia dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó...” (Génesis 1:27). Dios creó a Adán a su propia imagen espiritual, como una persona individual con una sola mente, un solo corazón y una sola alma. Por lo tanto, ASÍ COMO ADÁN FUE CREADO COMO UNA SOLA PERSONA INDIVIDUAL, ASÍ DIOS ES UNA SOLA PERSONA INDIVIDUAL, porque Adán reflejó la imagen de su Hacedor. Ningún hombre ha existido nunca como algo diferente a una sola persona humana individual. Del mismo modo, ningún ángel ha existido nunca como algo distinto a más de una sola persona angélica individual.

Si Dante Urbina pretende refutar la Unicidad, tiene que ser capaz de negar que la Escritura confiesa claramente que hay un solo Dios personal que es una sola persona divina, o tendría que demostrar que existe algún ser creado inteligente que sea más que un individuo personal, ya sea este un ser humano o un ángel.


3. El Dios Unipersonal Puede Cumplir Simultáneamente con Todos sus Atributos o Cualidades sin Dejar de Ser Una Sola Persona Divina

La Escritura declara que Dios se ha revelado (o se ha dado a conocer) al hombre con muchos títulos o cualidades, que reflejan las características de su Ser. Todos estos atributos o cualidades son innatos a su Ser divino, por lo cual Dios no puede perder ni ganar estas cualidades porque Dios es inmutable, Él no cambia. (Malaquías 3:6).

Entre los atributos que Él nos ha revelado en la Escritura, tenemos que Él es Uno (Deuteronomio 6:4; Marcos 12:28-34) y Único (2. Samuel 7:22; Salmo 72:18; Isaías 37:16, 44:8, 45:21-22; Juan 17:3); que es Espíritu (Números 11:29; Salmo 51:11, 139:7-10; Juan 4:24), Eterno (Génesis 21:33; Deuteronomio 33:27; Isaías 9:6, 40:28), Autoexistente (Éxodo 3:14; 1. Samuel 2:6; 1. Timoteo 6:13), Infinito (Salmo 139:7-10; Proverbios 15:3), Perfecto (2. Samuel 22:31; Job 37:16; Mateo 5:48), Bueno (1. Crónicas 16:34; 2. Crónicas 5:13; Salmo 34:8; Mateo 19:17), Santo (Levítico 11:44; 1. Samuel 2:2; Salmo 22:3; Apocalipsis 15:4), Omnisciente (Job 42:2; Salmo 139:1-6; Hechos 2:23; 1. Timoteo 1:17), Omnipresente (1. Reyes 8:27; Salmo 139:7-13; Isaías 66:1), Todopoderoso (Génesis 17:1; 2. Corintios 6:18; Apocalipsis 15:3), Veraz (Jeremías 10:10; Juan 3:33, 17:3; Romanos 3:4; 1. Tesalonicenses 1:9), Justo (Deuteronomio 32:4; Salmo 7:11; 11:7; Apocalipsis 16:5), Soberano (Zacarías 14:9; Hechos 4:24; Judas 1:4), Padre (Salmo 103:13; Efesios 4:6; Filipenses 4:20), Pastor (Salmo 23; 80:1; Ezequiel 34:12), Sanador (Éxodo 15:26; Salmo 6:2; Jeremías 17:14), Salvador (2 Samuel 22:3; Salmos 140:7; Isaías 43:3; 45:21; 49:26; 60:16; Lucas 1:47), etc.

Cuando queremos que Dios nos sane, le decimos: “Tú eres mi Sanador” porque sabemos que ese el nombre o título de Dios que mejor se ajusta a la ocasión. Cuando deseamos que Él haga un milagro asombroso, le decimos: “Tú eres el Todopoderoso” porque sabemos que en ese caso, ese el título que mejor aplica. Cuando queremos ser purificados por Él, le decimos, "Tú eres Santo". Cuando deseamos que nos provea del alimento o cuando necesitamos de su cuidado y protección, le decimos, “Tú eres nuestro Padre”. Sin duda alguna, nosotros podríamos decirle: “Dios Sanador, por favor dame el alimento y la protección”, pero sabemos que en ese caso el nombre o título de Dios que mejor encaja es el del Padre que provee y protege. Y cuando deseamos que Él nos llene y habite en nosotros, le decimos: “Espíritu Santo, lléname”, porque sabemos que esa es la mejor de las cualidades que Dios nos ha revelado para hablar de la habitación de Dios en nosotros. Ciertamente podríamos decirle “Lléname Todopoderoso” pero sabemos que en ese caso es mejor decirle “Lléname, Espíritu Santo”.

Cuando Dios es el Sanador, Él no deja de ser el Todopoderoso o el Padre, y no debemos de pensar que para que Él pueda ser simultáneamente el Sanador, el Todopoderoso, o el Padre, Él tenga que ser más que un solo Dios personal. Asimismo, cuando Dios es el Padre, Él no deja de ser el Espíritu, y por eso no podemos pensar que para que Dios sea simultáneamente el Padre y el Espíritu, Él tenga que ser más de una sola persona. De hecho, la Escritura declara diáfanamente que el Padre es el mismo Espíritu Santo, pues por ejemplo cuando Jesús habló con la mujer samaritana, le dijo que el Padre busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad, porque Dios es Espíritu (Juan 4:21-24).

Así que si Dante Urbina pretende refutar la Unicidad, tiene que ser capaz de mostrarnos de qué manera el Dios unipersonal no podría cumplir simultáneamente con todos sus atributos o cualidades sin dejar de ser una sola persona divina.


4. La Escritura Revela que el Único Dios Vino a Salvar en la Forma de un Hijo/Hombre/Pariente/Cordero

Lucas 3:38 muestra que Dios puso al hombre Adán sobre la tierra como Hijo de Dios, pues este versículo lo llama claramente Hijo de Dios, pero vemos que esa condición de Hijo de Dios la perdió el hombre por causa del pecado. Así que el conflicto entre Dios y Satanás se dio por causa del hombre, pues Dios se propuso recuperar para el hombre la condición gloriosa inicial de “Hijos de Dios” que la humanidad tuvo en el Edén.

En la Ley de Moisés se dio una tipología de la redención que sería efectuada por Cristo, y esa era la figura del PARIENTE REDENTOR  como se ve en Levítico 25:25. Si un judío perdía sus bienes o si era vendido como esclavo, el pariente más cercano que éste tuviera, y que contara con la voluntad y la fuerza económica, debería sacarlo de la ruina y darle la libertad.

Del mismo modo, para lograr la libertad del pecado para todos los hombres, tendría que venir un ser humano, de la simiente humana (Génesis 3:15, 22:18; Gálatas 3:16), que fuera un varón perfecto (Efesios 4:13) y que estuviera libre del pecado, a fin de que pudiera actuar como nuestro pariente redentor, y para constituirse como el nuevo rey sobre el paraíso recuperado (2 Pedro 1:11), en medio de una generación de hombres santos (Apocalipsis 21:26, 22:3) de la cual él como el postrer Adán (1. Corintios 15:45), fuera el hermano mayor (el primogénito) entre muchos hermanos (Romanos 8:29; Hebreos 2:11-13). ASÍ QUE TENÍA QUE EXISTIR EL HIJO, PERO TAMBIÉN OTROS MUCHOS HIJOS, LO QUE DEMUESTRA QUE EL TÍTULO DE HIJO DE DIOS APLICADO A CRISTO, SIGNIFICA QUE ÉL ES EL VARÓN PERFECTO y que ese título se refiere exclusivamente al estado o existencia encarnada que Dios tomó.

Ciertamente la redención de los hombres requería de un hombre santo que no estuviera bajo la esclavitud del pecado, pero por causa de Adán la gente fue constituida pecadora (Romanos 5:19). Así que no había ni un solo ser humano común y corriente al que Dios pudiera elegir para restaurar todas las cosas, ya que todos somos pecadores (Salmos 14:2-3; Isaías 59:12-16; Romanos 3:9-12). Eclesiastés 7:20, dice: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque”. Isaías 59:16 dice: “Y vio [Dios] que no había hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma justicia”. El Hijo es el brazo de Dios (Isaías 52:10, 59:16), es el varón de la diestra de Dios (Salmo 80:17), es la diestra de Dios que hace proezas y valentías (Salmo 118:14-17), y es el poder y la sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24), porque a través del Hijo, Dios pudo traer la salvación a los hombres.

En Isaías 9, Dios prometió que no habría oscuridad en el mundo para siempre, pues el pueblo que andaba en tinieblas y en muerte, vería gran luz y tendría alegría abundante, YA QUE NOS NACERÍA UN PARIENTE REDENTOR: “porque UN NIÑO NOS ES NACIDO, HIJO NOS ES DADO” (Isaías 9:6). Pero ese pariente redentor, es identificado también como el Dios fuerte y el Padre eterno (Isaías 9:6). Como todos los hijos de los hombres nacen en pecado (Salmo 51:5), y como solo Dios es santo (Apocalipsis 15:4), entonces para proporcionarnos un pariente redentor que estuviera libre de la esclavitud del pecado, EL DIOS FUERTE Y PADRE ETERNO PROMETIÓ VENIR COMO EL NIÑO QUE NOS FUE NACIDO Y EL HIJO QUE NOS FUE DADO . Este Niño no sería un niño común y corriente, sino que sería EMANUEL, DIOS MISMO ENTRE NOSOTROS EN LA FORMA DE UN HOMBRE. “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un Hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Isaías 7:14, comparar con Mateo 1:23). 

Dios mismo vino a salvar, y no mandó a otro. Isaías 43:10-11 expresa: “Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; DIOS MISMO VENDRÁ Y OS SALVARÁ”. Nuestro Dios Padre quiere que le conozcamos, que creamos en Él, que le entendamos y que aceptemos que fuera de Él no hay quien salve (Isaías 43:10-11). JESÚS ES EL SALVADOR (Mateo 1:21), PORQUE ÉL ES DIOS MISMO VINIENDO COMO NUESTRO PARIENTE REDENTOR. Por eso EN SU CONDICIÓN DE HIJO, JESÚS ES PRESENTADO COMO NUESTRO HERMANO PRIMOGÉNITO (Romanos 8:29), Y COMO EL HERMANO QUE ANUNCIÓ LA VERDAD (Hebreos 2:12), para que nosotros también fuéramos hijos de Dios.

Si Dante Urbina desea refutar la Unicidad, tendría que ser capaz de negar que Dios mismo vino a salvarnos en la forma de un Hijo (un hombre perfecto), para que nosotros también pudiéramos llegar a ser Hijos de Dios (hombres perfectos).


5. La Distinción Bíblica Entre el Padre y el Hijo se Explica por la Encarnación

Para salvar, Dios mismo vino como Hombre/Hijo/Cordero, pero a la vez Él continuó existiendo como el Padre/Dios/Eterno, etc. Así que las distinciones bíblicas entre el Padre y el Hijo, demuestran una  distinción entre Dios como Dios (en su existencia eterna trascendente que no depende de la encarnación) y Dios como Emanuel (en su existencia humana como el Cordero de Dios que sí depende de la encarnación). 

Las distinciones entre el Padre (Dios como Dios) y el Hijo (Dios como hombre) son las distinciones entre las dos formas de existencia que Dios tiene después de la encarnación. Dios como Dios en su existencia divina trascendente, es mayor que Dios como Emanuel en una existencia humana. Dios como Dios no salió de nadie, pero Dios como Emanuel, como un hombre entre nosotros sí salió de Dios. Dios como Emanuel fue enviado por el Padre y vino al mundo, pero Dios como Dios lo llena todo. Dios como Emanuel nació de la virgen María, pero Dios como Dios no tiene principio. Dios como Dios es Autoexistente, pero Dios como Emanuel vive por el Padre. Dios como Emanuel, como un hombre entre nosotros, puede confesar que tiene un Dios, pero es imposible que Dios como Dios tenga a un Dios por encima de Él. Dios como Dios tiene una voluntad divina, pero Dios como Emanuel tiene una voluntad humana. Dios como Emanuel fue realmente tentado, pero es imposible que Dios como Dios sea tentado. Dios como Emanuel tuvo que orar, pero Dios como Dios no tiene por qué orar. Dios como Emanuel murió en la cruz del Calvario, pero Dios como Dios no puede morir. Dios como Emanuel recibió todo el poder, pero Dios como Dios siempre ha tenido todo el poder y en esa condición claramente se exceptúa de cualquier sometimiento al Hijo (1 Corintios 15:27).

Entonces, por último, si Dante Urbina desea refutar la Unicidad, tiene ser capaz de mostrar que la distinción entre el Padre y el Hijo no se explica por la encarnación sino de alguna forma distinta.


Conclusión

La doctrina de la Unicidad es la predicación del misterio de la piedad, del gran amor y de la misericordia de Dios. Dios mismo ha amado tanto a la humanidad, que Él mismo ha venido a salvarla. La Escritura dice: “E indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad, Dios fue manifestado en la carne” (1. Timoteo 3:16). Y “piedad” significa el amor, la misericordia. Dios ha amado tanto a la humanidad que Él se manifestó en la carne para venir a salvar. Eso es lo que las doctrinas que se oponen a la Unicidad siempre están escondiendo: El gran amor de Dios por la humanidad. 

Nosotros sí tenemos un Padre que nos ama, tenemos un Padre que nos ama verdaderamente. Tanto nos ama nuestro Padre celestial, que Él mismo hizo todo lo necesario para que nosotros llegáramos a tener la redención, manifestándose o tomando la forma de un Hijo, de un Siervo, de un Hombre, similar a como nosotros lo somos. Por eso dice la Escritura en Hebreos 2:14 que así como los Hijos han participado de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para ser un Hijo también, para poder de la misma manera, en esa condición de Hijo, ofrecer un sacrificio puro, limpio y santo, libre de todo pecado, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es al diablo. 

Cuando nosotros venimos al conocimiento del Hijo de Dios, también llegamos a ser Hijos de Dios, llegamos a la condición del Varón Perfecto, llegamos a la condición de ser como nuestro Señor Jesucristo es en su humanidad. Por eso nosotros deseamos en esa condición de Hijos, ser semejantes a nuestro Señor Jesucristo. 

Por eso la Escritura dice que en esa condición de Hijo Él no se avergüenza de llamarnos hermanos, diciendo: “Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación de alabaré” (Hebreos 2:12). Cuando nosotros llegamos a ser Hijos de Dios, entonces podemos llamar a Jesucristo Nuestro Hermano Mayor, el Hermano Primogénito, el que hizo el sacrificio de derramar sangre pura e inocente para nosotros, y se pudo convertir entonces de esta manera en nuestro pariente redentor. Cuando aceptamos su sacrificio, el sacrificio de Cristo Jesús, le decimos “Tú eres mi pariente Redentor”,  “Tú eres mi hermano”, y por eso dice la Escritura que nosotros hemos sido comprados no a precio de oro o de piedras preciosas, sino con la preciosa sangre de Jesucristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18-19). 


lunes, 1 de abril de 2019

¿El Hablar en Lenguas es Para Todos los Creyentes de Hoy?


Por Steven Ritchie
© 2019. Todos los Derechos Reservados
Traducido por Julio César Clavijo Sierra
Más información en www.apostolicchristianfaith.com


Los pentecostales obtienen su nombre del Día Bíblico del Pentecostés, en el que Dios derramó su Espíritu Santo sobre unos 120 discípulos tal como se narra en el capítulo dos de Los Hechos. Los pentecostales creen que el mismo don del Espíritu Santo acompañado del hablar en lenguas según como el Espíritu dé la expresión (Hechos 2:4) tal como se recibió por primera vez en la inauguración de la Iglesia del Nuevo Testamento, se promete todavía para todos los verdaderos creyentes en estos últimos días, incluso hasta la segunda venida de Jesucristo. 

“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. (Hechos 2:39).

Muchas personas piensan que el derramamiento del Espíritu Santo con la evidencia inicial de hablar en lenguas no es para nosotros hoy en día. Otras personas piensan que el hablar en lenguas solo existe como uno de los nueve dones espirituales enumerados en los capítulos 12 a 14 de 1 Corintios. Por lo tanto, ellos sostienen que el hablar en lenguas no es para todos los creyentes. El error de esta afirmación se demuestra por 1 Corintios 14:27, que dice: “Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete” (1 Corintios 14:27).

Primero, debemos reconocer que en 1 Corintios capítulos doce al catorce, el apóstol Pablo estaba abordando contextualmente el don espiritual de las lenguas junto con otros ocho dones del Espíritu Santo, que se reciben después de que alguien haya recibido el don del Espíritu Santo con la señal de hablar en otras lenguas. Por lo tanto, el don de lenguas que algunos reciben después de que haber recibido el don del Espíritu Santo con la señal de hablar en nuevas lenguas, solo puede ser operado en una reunión particular de la iglesia “por dos, o a lo más tres, y por turno (uno a la vez)”. Por lo tanto, de acuerdo con 1 Corintios 14:27, si cuatro personas hubiesen utilizado el don de lenguas en una reunión, alguno(s) estaría(n) fuera de orden.

Sabemos que Dios no es el autor de la confusión (1 Corintios 14:23) y ciertamente esa porción de 1 Corintios 14:27 no se contradice con ninguna otra parte de la Escritura. Sin embargo, en Hechos capítulos 2, 8, 10 y 19, leemos que muchos creyentes hablaron en lenguas simultáneamente durante las mismas reuniones, y estos fueron mucho más que dos o tres y no esperaron a hacerlo por turno. Por lo tanto, es claro que la Biblia está hablando de dos usos diferentes del hablar en lenguas: una, como un lenguaje de oración que se da a todos los creyentes llenos del Espíritu para su edificación personal; y otra, como un don espiritual público que debe interpretarse para la edificación de una asamblea local. Es de este segundo uso, que se conoce como el don de lenguas, del cual el apóstol declara que debe ser interpretado.

“Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como Él quiere” (1. Corintios 12:7-11).

Así como no todos los cristianos tienen la operación del don espiritual de las lenguas, y sin embargo todos los cristianos pueden hablar en lenguas, así mismo esto es cierto para los otros muchos dones del Espíritu. Por ejemplo, todos los cristianos deben tener al menos un cierto grado de fe  (fe para la salvación), pero claramente no todos los cristianos tienen el don de la fe. Todos los cristianos tienen al menos algo de sabiduría, pero claramente no todos los cristianos tienen el don de la palabra de sabiduría. Todos los cristianos tienen un cierto grado de conocimiento, pero claramente no todos tienen el don de la palabra de conocimiento.

En 1 Corintios capítulos 12 a 14, el apóstol Pablo afirmó claramente que se refería a nueve dones del Espíritu, en lugar de referirse al Bautismo del Espíritu Santo que claramente se ha prometido a todos los creyentes. Pablo abrió los capítulos doce y catorce, afirmando que se refería a los dones espirituales (en 1 Corintios 12-14, la palabra griega para “dones” es “carisma”) en lugar de referirse a recibir el don del Espíritu Santo (en el griego, la palabra usada para el “don” del Espíritu Santo siempre es “dorea”, nunca “carisma”).

“No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones (carisma) espirituales” (1 Corintios 12:1).

“Seguid el amor; y procurad los dones (carisma) espirituales…” (1 Corintios 14:1).

Ya que las Escrituras enseñan que la operación de los dones del Espíritu solo ocurre después de que un creyente ha recibido el don del Espíritu Santo con la señal inicial de hablar en lenguas, sabemos que 1 Corintios capítulos 12 al 14 se refieren al hablar en lenguas como un don operativo del Espíritu que solo se otorga a algunos creyentes en lugar de a todos los creyentes. En contraposición al don de lenguas que es solo para algunos creyentes, las Escrituras nos dicen que todos los que recibieron el don del Espíritu Santo hablaron en lenguas, y esto incluye a todos los creyentes que estuvieron presentes en el Día de Pentecostés en Hechos 2 (alrededor de 120 creyentes), a todos los que estuvieron presentes en la ciudad de Samaria en Hechos 8 (cientos de creyentes), a todos los que estuvieron presentes cuando Pedro predicó en Cesarea en Hechos 10 (los parientes y amigos cercanos de Cornelio en Hechos 10:24 debían haber sido al menos 10 personas), y a todos los discípulos de Juan el Bautista a los que Pablo les predicó en Éfeso en Hechos 19 (alrededor de 12 creyentes). ¿Si no hay dos usos diferentes del hablar en lenguas abordado en las Escrituras, entonces por qué las Escrituras inspiradas afirman que un tipo de lenguas debe ser hablada por dos o como máximo tres personas, y por turno, y que alguien interprete (1 Corintios 14:27); mientras que en otras ocasiones vemos que muchas personas hablaron a la vez en otras lenguas, tales como un centenar de personas en el Día de Pentecostés (Hechos 2:1-4), cientos de creyentes presentes en Samaria (Hechos 8), todos los gentiles presentes en Cesarea (Hechos 10), y alrededor de 12 discípulos de Juan el Bautista en Éfeso (Hechos 19)?

Nota: El don de lenguas requiere del don de interpretación (1 Corintios 14:27), mientras que el don del Espíritu Santo con la evidencia de las lenguas no requiere de un intérprete (Hechos 10:44-46). “Mientras Pedro aún hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban el mensaje. Y todos los creyentes que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, se quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, pues les oían hablar en lenguas y exaltar a Dios. (Hechos 10:44-46 - LBLA).

En Hechos 10:44-48, encontramos que muchos gentiles junto con Cornelio, recibieron el mismo don del Espíritu Santo al hablar en lenguas a la vez (siendo mucho más que solo dos o tres personas) tal como también ocurrió con los creyentes judíos en el Día de Pentecostés (Hechos 2:1-4). Lo mismo es cierto en el capítulo 19 de Los Hechos, donde encontramos que los doce discípulos de Juan el Bautista (más de dos o tres) también fueron llenos del Espíritu Santo al hablar en otras lenguas al mismo tiempo, en una reunión particular donde también estuvo Pablo (Hechos 19:1-7).

La palabra griega para “don” o “regalo” es siempre la palabra “dorea”, cuando se refiere al “don” o bautismo del Espíritu Santo con la señal de las otras lenguas. En contraposición, la palabra griega para los “dones” del Espíritu es siempre “carisma”, pero nunca “dorea”. Por lo tanto, las Escrituras separan los dos usos diferentes del hablar en lenguas con dos palabras griegas distintas. No hay lugar en el Nuevo Testamento donde una de estas palabras se sustituya por la otra. La palabra “dorea” nunca se aplica a ninguno de los nueve dones del Espíritu y la palabra “carisma” nunca se aplica al don o bautismo del Espíritu Santo. Por lo tanto, claramente tenemos en la Biblia a dos operaciones diferentes de las lenguas: una operación de las lenguas para todos los creyentes que han recibido el don del Espíritu Santo (lenguas dorea) con la señal inicial de hablar en otras lenguas, y otra operación de las lenguas solo para ciertos creyentes que han recibido el don de lenguas (lenguas carisma) que deben interpretarse en las asambleas de la iglesia local.


Razones Escriturales por las que las Lenguas Deben Continuar Hoy Día

1. ¿Por qué querría Dios desaparecer algo que Él declara que puso (designó o estableció) en la Iglesia? “Y en la iglesia, Dios ha designado…. diversas clases de lenguas” (1. Corintios 12:28 - LBLA).

2. ¿Si Dios hubiera deseado que las iglesias dejaran de hablan en lenguas, por qué en 1 Corintios 14:39 nos ordenó: “y no prohíban que se hable en lenguas” (NVI)?

3. ¿Por qué querría Dios eliminar algo que Él ha declarado que edifica? “El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica” (1. Corintios 14:4).

4. ¿Por qué Dios cambiaría repentinamente su Nuevo Pacto con su pueblo? Cambiar el evangelio de alguna manera no es bíblico y es una completa desobediencia. “Pero, aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que [los apóstoles] les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición! Como ya lo hemos dicho, ahora lo repito: si alguien les anda predicando un evangelio distinto del que recibieron [los cristianos del primer siglo], ¡que caiga bajo maldición!” (Gálatas 1:8-9 - NVI). “…si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida…” (Apocalipsis 22:19). 

Los que dicen que las lenguas no son para nosotros hoy en día, le están quitando o recortando porciones a las Escrituras del Nuevo Testamento. ¿Pero desde cuándo ha cambiado Dios el Nuevo Pacto? Del mismo modo que no se le puede añadir ni disminuir al Antiguo Pacto, al Nuevo Pacto no se le puede agregar ni disminuir legalmente.

Finalmente, es extremadamente difícil creer que cuando el apóstol Juan escribió la palabra “Amén” al final del libro de Apocalipsis, toda la iglesia dejó automáticamente de hablar en lenguas, ya que no hay registro en la historia del cristianismo primitivo que respalde la idea de que todos los cristianos primitivos dejaron de repente de hablar en lenguas tan pronto como se completó el libro neotestamentario del Apocalipsis.

Ireneo, obispo de Lyon entre los años 188 al 202 d.C., fue un prolífico escritor cristiano que se formó bajo las enseñanzas de Policarpo, obispo de Esmirna (Policarpo había conocido bien al apóstol Juan). Ireneo enseñó que aquellos “quienes recibieron el Espíritu de Dios” “hablan en todas las lenguas por el Espíritu de Dios”. Además, Ireneo afirmó que los cristianos que habían recibido el Espíritu de Dios, todavía hablaban en todas las lenguas (idiomas) aproximadamente cien años después de la muerte del último de los apóstoles originales. A finales del segundo siglo, Ireneo afirmó: “Por eso dice el Apóstol: «Hablamos de la sabiduría de los perfectos» (1 Cor. 2,6); llamando perfectos a quienes recibieron el Espíritu de Dios, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu de Dios, como él mismo hablaba. También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la Iglesia, que tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu…” (Ireneo de Lyon. Contra las Herejías, Libro 5, 6:1. http://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=pa_o12766).

Note que Ireneo declaró que para su época, aquellos que recibieron el Espíritu de Dios hablaban en todos los idiomas a través del Espíritu. Luego distinguió entre recibir el Espíritu de Dios con la evidencia inicial de hablar en lenguas y la posesión de los dones espirituales, es decir los dones de profecía y de lenguas, cuando escribió: “También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la Iglesia, que tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu”.

Aquí podemos ver que Ireneo creía que recibir el Espíritu de Dios, significaba “quienes recibieron el Espíritu de Dios, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu de Dios”, y que los dones de profecía y lenguas son otro uso u operación del  hablar en todo tipo de idiomas.

Ireneo continuó escribiendo: “éstos son espirituales, porque participan del Espíritu… Si le faltase el Espíritu al alma, entonces seguiría como tal, siendo animado; pero quedaría carnal…” (Ireneo de Lyon. Contra las Herejías, Libro 5, 6:1. http://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=pa_o12766).

Aquellos que enseñan que la experiencia bíblica de hablar en lenguas terminó cuando desapareció la iglesia del primer siglo y murieron los apóstoles originales, a menudo intentan justificar su posición afirmando que la frase “mas cuando venga lo perfecto” de 1 Corintios 13:10, debe interpretarse como significando “cuando la Escritura del Nuevo Testamento esté completada”. Por lo tanto, afirman que 1 Corintios 13:10 implica que todas las lenguas, el don de profecía y la ciencia (o conocimiento) desaparecieron repentinamente cuando el libro neotestamentario del Apocalipsis fue terminado. Sin embargo, esta suposición es demostrada como errónea, porque la palabra griega que en 1 Corintios 13:10 se traduce como “perfecto” es “teleion”, que es neutra, pero la lengua griega siempre se refiere a las Escrituras en plural femenino. Por lo tanto, debemos leer a 1 Corintios 13:8-12  en contexto: “…pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará… Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido”.

¿Cuál ciencia (o conocimiento) “desaparecerá” cuando venga lo que es perfecto? ¿Y qué quiso decir Pablo cuando dijo, “lo que es en parte se acabará” “cuando venga lo perfecto”? Cuando comparamos las palabras del versículo 9, que dice que “en parte conocemos, y en parte profetizamos”, con las palabras del versículo 12 que dice que “Ahora vemos por espejo, oscuramente”, encontramos que el apóstol está hablando sobre el mismo conocimiento espiritual “parcial” o “tenue” que tenemos a través de los dones espirituales de la profecía y de las lenguas que serán “eliminados” cuando Jesús vuelva para establecer su reino sobre toda la tierra. El apóstol explica claramente que este conocimiento parcial y oscuro cesará, (desaparecerá y se eliminará), cuando veamos a Cristo cara a cara. En el momento en que nuestro Señor Jesús regrese, nosotros conoceremos como fuimos conocidos por Dios desde el principio (1 Corintios 13:12). Algunos dicen que el ver cara a cara no tiene relación con Cristo, sino con ver presencialmente al libro del Apocalipsis (o al Nuevo Testamento) completo ¿Pero podríamos decir con algún fundamento, que desde que se completó el libro del Apocalipsis, la iglesia está viendo la completa perfección a la que quiere llevarla Cristo?

1 Juan 3:2 explica claramente que cuando nuestros cuerpos finitos hayan sido redimidos en la perfección, “seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es”.

¿Cómo seremos nosotros, cuando nuestros cuerpos se conviertan en cuerpos incorruptibles? ¿Seremos como el libro del Apocalipsis o seremos como Jesús que ya tiene un cuerpo resucitado incorruptible? ¿Y a quién veremos exactamente como Él es, a la Biblia o Jesús? La evidencia apunta abrumadoramente hacia Jesús. Eso es indiscutiblemente lo que Pablo quiso decir en 1 Corintios 13:12, cuando dijo que podremos ver “cara a cara”.

“Amados, ahora somos hijos de Dios, Y AÚN NO SE HA MANIFESTADO LO QUE HEMOS DE SER; PERO SABEMOS QUE CUANDO ÉL SE MANIFIESTE, SEREMOS SEMEJANTES A ÉL, PORQUE LE VEREMOS TAL COMO ÉL ES. (1 Juan 3:2).

¿A quién veremos “cara a cara”, a la Biblia o a Jesús? Jesús iniciará una nueva era de perfección, en la que nuestras mentes y cuerpos serán transformados para ser como el cuerpo glorificado de Jesucristo. Jesucristo es llamado las “primicias de los que durmieron” (1 Corintios 15:20), porque a sus seguidores también se les otorgarán cuerpos glorificados al igual que el cuerpo resucitado de nuestro Señor Jesucristo. (“La gloria que me diste, yo les he dado” - Juan 17:22). Por lo tanto, seremos como Jesús al saber todas las cosas que Jesús sabe y quiere revelarnos. Así como Pedro le dijo a Jesús en Juan 21:17: “Señor, tú lo sabes todo”, así mismo nosotros pasaremos de ver en parte y oscuramente, y por el poder del Espíritu pasaremos a ser como Él, como nuestro Señor Jesús, en el sentido de que también podremos conocer todas las cosas que el Señor Jesús conoce en el estado que posee con su cuerpo glorificado.

Además, si uno realmente cree que 1 Corintios 13:8-12 prueba que la profecía y las lenguas han cesado y se han desvanecido desde cuando se completó la Biblia, uno debe buscar que nada en la Biblia contradiga ese punto de vista. Ya que la Biblia es inspirada [Dios la Sopló], esta no puede mentir ni contradecirse de ninguna manera. Si decimos que la profecía cesó o desapareció, entonces la Palabra de Dios debería mostrarnos que la profecía nunca podrá funcionar por más tiempo ni bajo ninguna circunstancia. Pero ninguno puede demostrar eso.

Si queremos ser coherentes con la Escritura inspirada, notaremos que ésta profetiza acerca de un día venidero, antes de la segunda venida de Cristo, cuando Cristo enviará a dos profetas que profetizarán durante 1260 días. “Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio” (Apocalipsis 11:3).

Ya que las Escrituras inspiradas nos informan que la profecía aún no ha dejado de existir, podemos concluir que lo que es perfecto todavía no ha llegado. Por lo tanto, no hay pruebas bíblicas para afirmar que las lenguas no son para la Iglesia de hoy, ni que los dones de sanidad, de milagros, de palabras de sabiduría, de conocimiento, de fe, de discernimiento de espíritus, o de interpretación de lenguas no sean para este tiempo. ¡Sí! ¡Estos maravillosos dones son para nosotros hoy todavía!

“Y estas señales SEGUIRÁN a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; HABLARÁN NUEVAS LENGUAS… sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17-18).

El mismo Jesús dijo que las señales específicas seguirían a sus verdaderos creyentes, incluida la señal de hablar en nuevas lenguas (nuevos idiomas). Jesús derramó su sangre sin pecado, para que tú pudieras recibir esta misma promesa del Espíritu con las mismas señales milagrosas que los creyentes del primer siglo experimentaron y disfrutaron. Aquellos que afirman que la promesa del derramamiento del Espíritu con el hablar en otras lenguas según como el Espíritu dé la expresión (Hechos 2:1-4) no es para nosotros hoy en día, “andan equivocados porque desconocen las Escrituras y el poder de Dios” (Mateo 22:19 – NVI).

Prestemos atención para no descuidar una salvación tan grande “La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron” (Hebreos 2:3). Todos sabemos que los apóstoles originales de Jesucristo fueron los que confirmaron la verdadera salvación para los judíos (Hechos 2), los samaritanos (Hechos 8) y los gentiles (Hechos 10). ¿Entonces cómo escaparemos si descuidamos el prestar atención a sus palabras?

“Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo. En efecto, la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los extranjeros, es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar. Y con muchas otras razones les exhortaba insistentemente: —¡Sálvense de esta generación perversa!” (Hechos 2:38-40 – NVI).

Las Escrituras afirman que la misma promesa del don del Espíritu Santo que los creyentes del primer siglo experimentaron y disfrutaron dentro de la iglesia del primer siglo, todavía está disponible en estos últimos días.

“Sucederá que en los últimos días —dice Dios—, derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán visiones los jóvenes y sueños los ancianos. En esos días derramaré mi Espíritu aun sobre mis siervos y mis siervas, y profetizarán. Arriba en el cielo y abajo en la tierra mostraré prodigios: sangre, fuego y nubes de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre antes que llegue el día del Señor, día grande y esplendoroso. (Hechos 2:17-20 – NVI).

Dios mismo prometió derramar de su Espíritu durante los últimos días en que profetizarían los hijos y las hijas de Dios. La palabra griega para “profetizar” no significa necesariamente profecía predictiva. Ayuda Para el Estudio de Palabras (Helps Word Studies), afirma que el verbo griego prophēteúō  (de pró = 'antes de' y phēmí = 'afirmar elevando una afirmación sobre otra') 'habla' propiamente de una declaración o predicción con poder divino. Se puede ver que “profetizar” en el capítulo 2 de Los Hechos, puede significar “declaraciones” inspiradas o “predicciones” inspiradas. Por lo tanto, hablar en lenguas según como el Espíritu dé la expresión, puede significar declaraciones inspiradas (no predictivas) y predictivas inspiradas.

Thayer escribió que el verbo griego profeteúo (προφητεύω) significa “pronunciar, declarar una cosa que solo se puede conocer por revelación divina”. La concordancia exhaustiva de Strong, dice que el verbo griego prophéteuó puede significar “Hablar bajo inspiración”, lo que no es necesariamente una profecía predictiva. Por lo tanto, cuando los creyentes “comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:1-4), ellos hablaron bajo la inspiración del Espíritu que estaba profetizado, pero no necesariamente predijeron cosas. Lo mismo es cierto para todos los creyentes que tienen fe en la promesa del derramamiento del Espíritu durante estos últimos días.

El comienzo de la Era de la Iglesia del Nuevo Testamento, fue claramente el comienzo de “los últimos días” en el calendario profético de Dios. Note también que Dios dijo a través de uno de sus apóstoles (Hechos 2:20) y uno de sus profetas (Joel 2:31), “El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto”. Dado que Dios mismo prometió derramar de su Espíritu sobre toda carne durante los últimos días (Hechos 2:17-18), es difícil imaginar que todavía no estemos viviendo en esos últimos días en los que Dios estaría derramando de su Espíritu sobre toda carne (todas las naciones), antes de que Jesús regrese por su esposa en su segunda venida.

lunes, 25 de marzo de 2019

El Don Pentecostal del Espíritu Santo con la Señal de las Lenguas


Por Steven Ritchie
© 2019. Todos los Derechos Reservados
Traducido por Julio César Clavijo Sierra
Más información en www.apostolicchristianfaith.com


Los pentecostales obtienen su nombre del día bíblico del Pentecostés, en el que Dios derramó de su Espíritu Santo sobre unos 120 discípulos tal como se informa en el capítulo 2 del libro de Los Hechos. Los pentecostales creen que ese mismo don del Espíritu Santo que se expresó con el hablar en lenguas “según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4) tal como se recibió por primera vez en la inauguración de la Iglesia del Nuevo Testamento en el día de Pentecostés, todavía se promete para todos los verdaderos creyentes de los últimos días, incluso hasta la segunda venida de Jesucristo. 

 
El Día de Pentecostés, El Nacimiento de la Iglesia del Nuevo Testamento

Es de gran importancia que Dios haya hecho esperar a sus discípulos hasta el día de Pentecostés para recibir la nueva experiencia del nacimiento “del agua y del Espíritu” (Juan 3:5). Pentecostés significa literalmente cincuenta. En las Escrituras, el número cincuenta se usa para representar simbólicamente la libertad como en el año del Jubileo. Cada quincuagésimo año los esclavos debían ser liberados, las deudas debían ser canceladas y la libertad debía ser proclamada en toda la tierra (Levítico 25, 27). Pablo escribió: “... donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17).

Además, fue en Pentecostés que Israel recibió por primera vez la Ley de Dios en el Monte Sinaí, apenas cincuenta días después de celebrar la Pascua en su salida de Egipto. De la misma manera, los discípulos del Nuevo Testamento recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés para escribir sus leyes en sus corazones, justo cincuenta días después de la Pascua cuando ocurrió la muerte de Cristo. Por lo tanto, la Ley fue dada físicamente en el primer Día de Pentecostés del Antiguo Pacto, como un tipo de lo que vendría cuando la Ley se otorgara espiritualmente en el Día del Pentecostés del Nuevo Pacto. ¡Grande y maravillosa es la sabiduría de Dios, quien ideó una salvación tan grande para su pueblo!

“Pero este es el pacto que haré… dice Yahvé: DARÉ MI LEY EN SU MENTE, Y LA ESCRIBIRÉ EN SU CORAZÓN”. (Jeremías 31:33).

“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y PONDRÉ DENTRO DE VOSOTROS MI ESPÍRITU, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”. (Ezequiel 36:26-27).

Los judíos siempre se han referido al Día de Pentecostés como “La fiesta de la entrega de la ley” o “El cumpleaños del judaísmo”. Del mismo modo, el Día de Pentecostés habla a los creyentes del Nuevo Testamento como el primer día del anuncio de “La Ley de Libertad” (Ver Santiago 1:25) y el cumpleaños de la Iglesia del Nuevo Testamento.
 
Pentecostés se conocía como “La fiesta de la cosecha” (Ver Éxodo 23:16; 34:22), es decir de la “cosecha de trigo”. Espiritualmente hablando, Pentecostés denota un momento de celebración y gran alegría por la gran cosecha de almas humanas que dieron nacimiento a la Iglesia del Nuevo Testamento.


La Necesidad de Recibir el Espíritu Santo con la Señal de las Lenguas
 
El profeta Isaías habló de la promesa del Espíritu Santo cuando profetizó en Isaías 28:9-12:

“¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender doctrina? ¿A los destetados? ¿A los arrancados de los pechos? Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo, a los cuales Él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír” (Isaías 28:9-12).

Cuando comparamos la profecía de Isaías con las palabras de Jesús en Mateo 11:28-29, encontramos una maravillosa correlación de las Escrituras. Jesús es el que causa “EL REPOSO AL CANSADO” a través de la experiencia sobrenatural de hablar en lengua de tartamudos y en extraña lengua.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y HALLARÉIS DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS” (Mateo 11:28-29).

El reposo y refrigerio de Dios, hablando a su pueblo con lengua de tartamudos y una lengua extraña, es consistente con la descripción de Jesús acerca del nacimiento del Espíritu en Juan 3:5-8:

“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios… No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. EL VIENTO sopla de donde quiere, Y OYES SU SONIDO; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; ASÍ ES TODO AQUEL QUE ES NACIDO DEL ESPÍRITU” (Juan 3:5-8).

La palabra griega original, que se traduce como “viento”, es pneuma. La palabra pneuma significa literalmente “Espíritu”, “viento” o “aliento”. En todos los demás lugares del Nuevo Testamento donde aparece la palabra pneuma, se ha traducido al español como “Espíritu”, excepto en este caso. En el Griego Enfático Interlineal (Emphatic Greek Diaglott), se encuentra una traducción más consistente y literal del griego, que en Juan 3:8 dice: “El Espíritu respira (pneuma) donde quiere, y OYES SU VOZ... ASÍ ES CON TODOS LOS QUE NACEN DEL ESPÍRITU”.

La Biblia Interlineal de J. P. Green (que es consistente con la mayoría de las demás palabras literales del Interlineal) presenta así a Juan 3:8: “El Espíritu respira donde desea, y OYES SU VOZ pero no sabes de dónde viene ni adónde va. ASÍ SON TODOS LOS QUE HAN RECIBIDO EL NACIMIENTO DEL ESPÍRITU”.

¿De qué habló Jesús cuando dijo que “el Espíritu respira... y oyes su voz”? Sin duda alguna no está hablando de un creyente que hace una confesión verbal de fe. De esto no se puede decir que sea la Voz del Espíritu. Hay algo más de lo que Jesús está hablando, y que deben experimentar todos los que reciben el nacimiento del Espíritu. El único fenómeno sobrenatural que se encuentra en la Biblia, en el que vemos que el Espíritu de Dios sopla o respira sobre su pueblo, y le permite escuchar a la gente el sonido o la voz del Espíritu, es el hablar en otras lenguas según como el Espíritu dé la expresión.

Hechos 2:1-4 dice: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”.

En el día de Pentecostés, los primeros creyentes en Jesús escucharon el sonido de “un viento recio que soplaba” (Hechos 2:2), que obviamente era una señal sobrenatural de que el Espíritu de Dios estaba antropomórficamente respirando la presencia de su Espíritu en sus seguidores. Luego los versículos siguientes dicen: “y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:3-4).

Aquí encontramos que el Espíritu de Dios “respiró” o “sopló” su Divina Presencia sobre los creyentes, y que la voz del Espíritu se escuchó cuando los creyentes comenzaron a hablar en otras lenguas “según el Espíritu les daba que hablasen”. Fue el Espíritu quien les dio la expresión, por lo que sabemos que el Espíritu Santo de Dios vino a habitar en ellos y habló a través de sus discípulos. Por lo tanto, podemos vincular claramente a “la voz del Espíritu” que se escuchó, con el momento cuando los creyentes del Nuevo Testamento recibieron el nuevo nacimiento del Espíritu en el Día de Pentecostés.

El Espíritu respira (pneuma) donde quiere, y OYES SU VOZ... ASÍ ES CON TODOS LOS QUE NACEN DEL ESPÍRITU”. (Juan 3:8, Griego Enfático Interlineal - Emphatic Greek Diaglott)

“El Espíritu respira donde desea, y OYES SU VOZ pero no sabes de dónde viene ni adónde va. ASÍ SON TODOS LOS QUE HAN RECIBIDO EL NACIMIENTO DEL ESPÍRITU”. (Juan 3:8, La Biblia Interlineal de J. P. Green).

Jesús declaró en Marcos 16:17 que una de las señales que seguirán a los que verdaderamente creen en Cristo como las Escrituras lo han dicho, es que "HABLARÁN NUEVAS LENGUAS".

“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas” (Marcos 16:17).

Posteriormente, Pedro le informó a los hermanos judíos que un ángel le dijo a Cornelio acerca de Pedro, que “ÉL TE HABLARÁ PALABRAS POR LAS CUALES SERÁS SALVO TÚ, Y TODA TU CASA” (Hechos 11:14).     

Cornelio y aquellos que estaban con él obedecieron las instrucciones del ángel y enviaron por Pedro, quien les predicó la salvación a través del creer en el nombre de Jesucristo.

Hechos 10:43-47 nos da el siguiente relato de la conversión de Cornelio, su familia y su cohorte:

“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre. Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, EL ESPÍRITU SANTO CAYÓ SOBRE TODOS LOS QUE OÍAN EL DISCURSO. Y los fieles de la circuncisión (los judíos) que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que TAMBIÉN SOBRE LOS GENTILES SE DERRAMASE EL DON DEL ESPÍRITU SANTO. PORQUE LOS OÍAN QUE HABLABAN EN LENGUAS, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados ESTOS QUE HAN RECIBIDO EL ESPÍRITU SANTO también como nosotros?” (Hechos 10:43-47).

Hallamos que los judíos supieron que los gentiles romanos habían recibido el don del Espíritu Santo porque los oyeron hablar en lenguas. En el relato de conversión de los gentiles romanos, no hay nada que justifique la creencia de que ellos recibieron el nuevo nacimiento del Espíritu antes de que recibieran el don del Espíritu Santo. Entonces, ¿cómo fue que los judíos creyentes que habían venido con Pedro, supieron que los gentiles habían recibido el don del Espíritu Santo? La única respuesta bíblica que es consistente con la declaración de Jesús de que “El Espíritu respira donde quiere, y oyes su voz… así es con todos los que nacen del Espíritu”, es cuando “comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:4). Por lo tanto, no puede haber duda de que los judíos creyentes quedaron convencidos de que los gentiles habían recibido el Espíritu Santo cuando los oyeron hablar en lenguas y magnificar a Dios. Los cristianos creyentes en la Biblia deben tener la misma fe en las palabras de Jesús y en la Biblia, y así cuando crean en el Señor Jesucristo, recibirán el mismo don que Dios les dio a los apóstoles y a los primeros conversos judíos y gentiles.

Aquellos que dicen que una sola confesión verbal hace que uno automáticamente reciba el Espíritu Santo, deben preguntarse por qué la Biblia guarda silencio acerca de tal creencia. Las Escrituras dicen que un creyente debe arrepentirse, ser bautizado y recibir el don del Espíritu Santo (Hechos 2:28). Cuando comparamos Hechos 2:38 con Hechos 8:12-16, encontramos que los creyentes samaritanos fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús, pero no recibieron el Espíritu Santo hasta que Pedro y Juan bajaron de Jerusalén.

“los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo” (Hechos 8:15-17).

Las Escrituras inspiradas no dicen que en el momento en que uno cree recibe automáticamente el Espíritu Santo. Las Escrituras declaran rotundamente que todos los que legalmente entran al Reino de Dios, deben arrepentirse, ser bautizados y recibir el don del Espíritu Santo. Esto concuerda con las propias palabras de Jesús que se encuentran en Lucas 11:5-13.

“Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes… Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo POR SU PERSISTENCIA se levantará y le dará todo lo que necesite. Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá… Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:5-13).

El contexto de Lucas capítulo once, indica que una confesión de Jesucristo como Señor o el arrepentimiento, no imparten automáticamente el Espíritu Santo. Jesús instruyó a sus seguidores para que tuvieran fe y persistencia en pedirle a Dios su Padre el don del Espíritu Santo, lo que implica que recibir el don del Espíritu no viene automáticamente por una oración de arrepentimiento.

La enseñanza del apóstol Pablo, confirma que recibir el don del Espíritu Santo no se imparte automáticamente a través de la fe y del arrepentimiento, porque nuestra fe en Jesucristo se demuestra cuando creemos y somos bautizados en su nombre. (Marcos 16:16, “El que creyere y fuere bautizado será salvo”).

“Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿RECIBISTEIS EL ESPÍRITU SANTO CUANDO CREÍSTEIS? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban” (Hechos 19:1-6).

De acuerdo con Hechos 19, no puede haber duda de que es posible creer en Jesús sin haber recibido el Espíritu Santo. Los efesios que eran discípulos de Juan el Bautista, habían creído en Cristo hasta tal punto que disciplinaron sus vidas según el conocimiento que habían recibido acerca de Cristo por parte de Juan el Bautista. Las Escrituras no habrían llamado “discípulos” a los creyentes de Éfeso si éstos no se hubieran arrepentido y se hubieran adherido a las enseñanzas del discipulado de Juan. Por lo tanto, ellos previamente debieron arrepentirse de sus pecados antes de ser bautizados en el bautismo de Juan.

Pablo abordó dos cosas que los discípulos de Éfeso necesitaban para la salvación. Pablo los dirigió al bautismo en agua en el nombre de Jesucristo y a recibir el bautismo del Espíritu Santo. Debemos entender que el libro de Hechos es el único libro del Nuevo Testamento que nos da un relato histórico real, textualmente palabra por palabra, donde las personas fueron realmente salvas bajo la predicación apostólica. Al igual que en los cuatro evangelios, cada relato del libro de Los Hechos no siempre explica cada detalle de cada evento histórico. Por lo tanto, debemos examinar cuidadosamente cada relato de conversión hallado en el libro de Los Hechos, y compararlos juntos para descubrir todo lo que debemos hacer para recibir la salvación completa del Nuevo Testamento.

Por ejemplo, Hechos capítulo ocho no declara directamente que los samaritanos hablaron en lenguas como evidencia de haber recibido el Espíritu Santo. Sin embargo, el contexto lo exige.

“Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos PARA QUE RECIBIESEN EL ESPÍRITU SANTO; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero” (Hechos 8:14-18).

Note que la gente de Samaria había recibido la palabra de Dios y había sido bautizada en agua, pero el Espíritu Santo todavía “no había descendido sobre ninguno de ellos”. El contexto de Hechos 8:14-18, demuestra que luego se contó con evidencia absoluta que probó que los samaritanos recibieron el Espíritu Santo, al igual que hubo evidencia absoluta en otros de los relatos de conversión hallados en el libro de Los Hechos. Felipe el evangelista podría haberles dicho fácilmente: “repita las siguientes palabras de esta confesión de fe” y les podría haber dicho que al hacer esa confesión ya habían recibido el Espíritu Santo. Sin embargo, ninguna redacción en las Escrituras da lugar a la creencia de que uno ha recibido el Espíritu Santo sin la señal inicial de hablar en lenguas. Simón el hechicero, no hubiera ofrecido dinero si todo consistiera en repetir una oración, y si la sola confesión verbal trajera consigo el recibimiento del Espíritu Santo.

El Espíritu respira donde desea, y OYES SU VOZ pero no sabes de dónde viene ni adónde va. ASÍ SON TODOS LOS QUE HAN RECIBIDO EL NACIMIENTO DEL ESPÍRITU”. (Juan 3:8, La Biblia Interlineal de J. P. Green).

Todo aquel que verdaderamente haya nacido del Espíritu, habrá contado con la experiencia de que el Espíritu de Dios habrá respirado o soplado su presencia divina sobre ellos, y ellos habrán escuchado su voz (la Voz del Espíritu) por medio del hablar en lenguas según como el Espíritu les haya dado la expresión, tal como lo hicieron los primeros creyentes del Nuevo Testamento en el día de Pentecostés, cuando ocurrió el nacimiento oficial de la Iglesia del Nuevo Testamento (Lucas 24:47-49; Hechos 1:8; Hechos 2:1-4).


El Evangelio de Salvación Completo

De ninguna manera estamos sugiriendo que nosotros no llegamos  a ser salvos por gracia a través de la fe. La fe y la gracia son vitales para la salvación, pero enseñar que la fe y la gracia excluyen del plan de salvación al arrepentimiento, al bautismo en agua en el nombre de Jesús y al bautismo del Espíritu Santo, no está fundamentado en las Escrituras.

Santiago dijo en su epístola: “¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan” (Santiago 2:19 – NVI).   

Romanos 10:16 dice: “Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?”

Hechos 6:7 dice: “…también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe”.

La verdadera creencia lo llevará a uno a creer en Cristo tal como lo ha proclamado la Escritura, para que broten desde nuestro interior Ríos de Agua Viva, los cuales se refieren al Espíritu que reciben los que creen en Él (Juan 7:37-38).

La fe genuina en Cristo, nos impulsará a obedecer todo el mensaje del evangelio de arrepentimiento y remisión de pecados a través de la fe en el nombre de Jesús. (Hechos 2:38 – “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Lucas 24:47 – “y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones”). Por lo tanto, la verdadera fe bíblica conduce al verdadero arrepentimiento, al verdadero bautismo en agua y al verdadero bautismo en el Espíritu.

En ninguna parte la Biblia se da crédito a la noción de que la sola creencia o la sola confesión es la salvación completa. Mientras que las Escrituras afirman que la creencia y la confesión son requisitos que nos llevan a la salvación completa, una mera profesión de fe no es la salvación completa en sí misma.

“que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9-10).

Romanos 10:10 no dice que la confesión es la salvación completa; lo que dice es que la confesión es para salvación.

No hay desarmonía entre las Escrituras que hablan de la necesidad de creer, de la gracia y de la confesión; con las Escrituras de Juan 3:3-5 que hablan de la necesidad de nacer del agua y del Espíritu.

Hebreos 6:1-2 (NVI) dice: “…los fundamentos, tales como el arrepentimiento de las obras que conducen a la muerte, la fe en Dios, 2 la instrucción sobre bautismos, la imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno”.

Hebreos 6:1-2, declara que la Iglesia de Jesucristo está construida sobre la doctrina fundamental de los BAUTISMOS, es decir, el de agua y el del Espíritu. Hebreos 6:1-2 enumera la fe en Dios, el arrepentimiento de las obras que conducen a la muerte, y la creencia en la resurrección, que son todas necesarias para la salvación, porque nadie puede ser salvo sin una fe genuina hacia Dios (lo que incluye la fe en Cristo como Emanuel, Dios con nosotros en una existencia humana plena), el arrepentimiento y una creencia genuina en la resurrección de Jesucristo. Por lo tanto, al igual que son necesarios para la salvación la fe en Dios, el arrepentimiento y la fe en la resurrección, también es necesaria para la salvación la doctrina de los bautismos (es decir, el del agua y el del espíritu).

El capítulo seis de Hebreos, no establece la doctrina del bautismo (singular), sino que dice la doctrina de los BAUTISMOS (plural), lo que significa que hay más de una clase de bautismo. El Nuevo Testamento solo habla de dos bautismos, uno del agua y otro del Espíritu. Por lo tanto, ambos son necesarios y deben recibirlos todos los verdaderos creyentes.


lunes, 18 de marzo de 2019

La Doctrina de Bautismos - Hebreos 6:1-3


Por Steven Ritchie
© 2019. Todos los Derechos Reservados
Traducido por Julio César Clavijo Sierra
Más información en www.apostolicchristianfaith.com


Hebreos 6:1-3. “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite”.

Las Escrituras inspiradas, identifican a las seis doctrinas que constituyen LOS FUNDAMENTOS (o rudimentos) de la doctrina de Cristo, sobre la cual los cristianos deben edificar sus vidas. Aquí, Dios nunca está diciendo que debemos abandonar a estas seis doctrinas fundamentales para construir sobre otra base. Lo que la Palabra de Dios nos está diciendo, es que cuando logremos basarnos de manera segura en estos primeros principios de la doctrina de Cristo, debemos continuar hacia la perfección y la madurez de nuestras vidas espirituales.
 
Note que la doctrina de los bautismos, está categorizada con otras cinco doctrinas fundamentales de la doctrina de Cristo. ¿Alguno de nosotros podría ser salvo sin tener fe en Dios, sin arrepentirse de sus obras muertas, y sin creer en la resurrección de entre los muertos a través de Jesucristo? ¡Ciertamente no! También debemos tener en cuenta que las doctrinas de la imposición de manos y del juicio eterno, igualmente forman parte de nuestra fundación. Por lo tanto, también debemos creer que Dios contesta las oraciones por la imposición de manos, y que Dios juzgará al mundo con justicia en los dos juicios eternos por venir: (1) El juicio del gran trono blanco (para los que no son salvos – Apocalipsis 20:11-15), y (2) El tribunal de Cristo (para los salvados - 2 Corintios 5:10).

Efesios 2:20 prueba que somos “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”.

Hebreos 6:1-3. “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez EL FUNDAMENTO del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite”.

¡Observe que la doctrina de la fe en Dios (que incluye la fe en la deidad de Cristo) y la resurrección, se enumeran con la doctrina de los bautismos y la imposición de manos!

Dado que la fe en Jesús y la fe en la resurrección son doctrinas esenciales que todos los cristianos deben creer, también lo es la fe en la doctrina de los bautismos y la imposición de manos. Del mismo modo, nadie puede ser salvo a menos que se arrepienta de sus pecados, por lo que la doctrina del “arrepentimiento de obras muertas” es claramente una doctrina esencial en la que todos los cristianos deben creer y obedecer.

Por lo tanto, el capítulo seis de Hebreos, demuestra que la doctrina de los BAUTISMOS y la doctrina de la IMPOSICIÓN DE MANOS, son tan esenciales para que los cristianos construyan sus vidas, como lo son su fe en Dios y su fe en la resurrección de Jesucristo.

La Escritura dice: “la doctrina de BAUTISMOS”, en plural. En la Biblia solo se mencionan dos bautismos que son esenciales y deben recibir todos los cristianos: el bautismo en agua y el bautismo en el Espíritu. Vea Juan 3:5, Hechos 1:8, Hechos 2:38, 1 Pedro 3:20-21, Hechos 10:44-48, Hechos 19:1-7.

Juan 3:5-8. “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios... No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, Y OYES SU SONIDO; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; ASÍ ES TODO AQUEL QUE ES NACIDO DEL ESPÍRITU”.

La palabra griega original, que se traduce como “viento”, es pneuma. La palabra pneuma significa literalmente “Espíritu”, “viento” o “aliento”. En todos los demás lugares del Nuevo Testamento donde aparece la palabra pneuma, se ha traducido al español como “Espíritu”, excepto en este caso.

En el Griego Enfático Interlineal (Emphatic Greek Diaglott), se encuentra una traducción más consistente y literal del griego. Este dice: “El Espíritu respira donde quiere, y OYES SU VOZ... ASÍ ES CON TODOS LOS QUE NACEN DEL ESPÍRITU”.

La Biblia Interlineal de J. P. Green (que es consistente con la mayoría de las demás palabras literales del Interlineal) presenta así a Juan 3:8: “El Espíritu respira donde desea, y OYES SU VOZ pero no sabes de dónde viene ni adónde va. ASÍ SON TODOS LOS QUE HAN RECIBIDO EL NACIMIENTO DEL ESPÍRITU”.

¿De qué habló Jesús cuando dijo que “el Espíritu respira... y oyes su voz”? Sin duda alguna no está hablando de un creyente que hace una confesión verbal de fe. De esto no se puede decir que sea la Voz del Espíritu. Hay algo más de lo que Jesús está hablando, y que deben experimentar todos los que reciben el nacimiento del Espíritu. El único fenómeno sobrenatural que se encuentra en la Biblia, en el que vemos que el Espíritu de Dios sopla o respira sobre su pueblo, y le permite escuchar a la gente el sonido o la voz del Espíritu, es el hablar en otras lenguas según como el Espíritu dé la expresión.


El Bautismo del Agua y del Espíritu

1 Corintios 10:1-2. “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron BAUTIZADOS en la nube [el bautismo del Espíritu] y en el mar [el bautismo en agua]”.

Aquí tenemos dos bautismos mencionados en las Escrituras: el bautismo del Espíritu y el bautismo en agua. Dado que la doctrina de los bautismos se clasifica junto con las doctrinas cristianas esenciales como la fe en Dios, la resurrección de Cristo y el arrepentimiento de las obras muertas, debemos comprender que la doctrina de los bautismos es igualmente esencial, siendo una doctrina fundamental de la fe cristiana. ¿Puede alguien ser salvo sin tener fe en Dios? ¿Puede alguien ser salvo sin tener fe en la resurrección de Cristo? ¿Puede alguien ser salvo sin arrepentirse de sus pecados? Por supuesto que no, y del mismo modo nadie puede ser salvo sin creer y obedecer la doctrina de los bautismos; es decir, de los bautismos de agua y del Espíritu.

Mateo 3:11. “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego”.

1 Corintios 12:13. “Porque por UN SOLO ESPÍRITU [el bautismo del Espíritu] fuimos todos bautizados en UN CUERPO [la Iglesia], sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de UN MISMO ESPÍRITU”.

Hechos 2:1-4. “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen [el bautismo del Espíritu]”.

Hechos 8:12-17. “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban [el bautismo en agua] hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito. Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo [el bautismo del Espíritu]; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo [el bautismo del Espíritu]”.

Hechos 19:1-6. “Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús [el bautismo en agua]. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas [el bautismo del Espíritu], y profetizaban”.

Hechos 10:44-48. “Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios [el bautismo del Espíritu]. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús [el bautismo en agua]. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días”.

Gálatas 3:26-29. “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”.

¿Cómo podemos realmente pertenecer a Cristo sin estar vestidos de Cristo? Esta Escritura me recuerda al hombre que trató de entrar en el Reino de Dios sin tener una ropa de boda.

Mateo 22:11-14. “Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”.

Gálatas 3:26-29 - NVI. “Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Y, si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa”.

¡La única manera de ser revestidos de Cristo, es a través de ser bautizados en Cristo! Por lo tanto, el bautismo en agua en el nombre de Jesucristo, claramente nos reviste de Cristo y nos hace descendientes de Abraham y herederos legales según la promesa.

Las Escrituras del Nuevo Testamento están repletas de ejemplos que muestran la necesidad del bautismo en agua y en el Espíritu. Pablo les preguntó a los discípulos de Juan: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?” (Hechos 19:1-6).

Cuando el apóstol Pablo se encontró con el Señor Jesús en su camino a Damasco, él creyó en el Señor y se arrepintió de sus pecados. Pero Jesús le ordenó: “Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos 9:6). Esto demuestra que nuestra creencia en Jesús y nuestro arrepentimiento, están incompletos sin la doctrina de los bautismos [es decir, del bautismo en agua y del Espíritu].

Hechos 9:3-6. “Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer”.

Hechos 22:10. “Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas”.

Hechos 9:17-18. “Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo [el bautismo del Espíritu]. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado [el bautismo en agua]”.

En Hechos 22:10-16, Pablo dio más información sobre su testimonio: “Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas. Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco. Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban, vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré. Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre [el bautismo en agua]”.

Jesús mismo le dijo a Saulo que fuera a la ciudad de Damasco porque allí se le diría todo lo que estaba ordenado que él debía hacer (Hechos 9:6; 22:10). Obviamente Saulo creyó en Jesús, porque le dijo: “¿Qué haré, Señor?”. Saulo no desobedeció a las palabras de Jesús, porque él fue a la ciudad de Damasco y oró, esperando instrucciones sobre lo que debía hacer para seguir a Jesús. Las acciones de Saulo demuestran que él ya tenía que haber creído y ya se tenía que haber arrepentido de sus pecados, antes de que Ananías le dijera lo otro que debía hacer. Hubo dos cosas más que le dijeron a Saulo que hiciera. (1) “Sé lleno del Espíritu Santo” [el bautismo del Espíritu] y (2) “Sé bautizado y lava tus pecados invocando su nombre [el bautismo en agua]”.

Saulo fue el nombre hebreo de Pablo. Pablo escribió la mayoría de las epístolas del Nuevo Testamento. ¿Somos nosotros más grandes que el apóstol Pablo? ¡Si Pablo, aún como un gran y santo apóstol necesitó ser lleno del Espíritu Santo y ser bautizado en agua en el nombre de Jesús para lavar sus pecados, cuánto más nosotros debemos ser llenos del Espíritu Santo y ser bautizados en agua en el nombre de Jesús para lavar nuestros pecados!

¡Los que rechazan el bautismo en agua y en el Espíritu, rechazan la clara enseñanza fundamental de la Palabra de Dios!