sábado, 8 de diciembre de 2018

El Hombre que Cayó en un Pozo (Salmo 40:2)


(Autor Desconocido)



Un hombre cayó en un pozo y no podía salir.

Pasó un optimista y dijo: “No estás tan mal. Podrás salir”.

Pasó un pesimista y dijo: “¡Qué horror! ¡Nunca saldrás de allí!”

Pasó una persona objetiva y dijo: “Es lógico que alguien caiga allá dentro”.

Pasó una persona autocompasiva y dijo: “¡Usted no ha visto nada hasta que vea mi pozo!”

Pasó un legalista y dijo: “Probablemente mereces estar en ese pozo”.

Pasó un fariseo y dijo: “Solo gente mala cae en los pozos”.

Pasó un carismático y dijo: “Solo confiesa que no estás en el pozo.”

Pasó un oportunista y dijo: “¿Cuánto estás dispuesto a pagar por salir?”

Pasó un siquiatra y dijo: “Vamos a platicar acerca de tu pozo”.

Pasó un psicólogo y dijo: “A lo mejor es culpa de tus padres que estés ahí”.

Pasó un moralista y dijo: “Ahora que te has manchado en ese pozo ¿Quién te va a querer?”

Pasó un matemático y dijo: “Quiero calcular como caíste en el pozo”.

Pasó un periodista y dijo: “Quiero una entrevista exclusiva sobre tu experiencia en el pozo”.

Pasó un cienciólogo y dijo: “El pozo solo está en tu mente”.

Pasó un terapeuta y dijo: “Cree en ti mismo, y podrás salir del pozo”.

Entonces vino Dios. “Y me sacó del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre suelo firme, y a medida que yo caminaba, me estabilizó”. (Salmo 40:2).

miércoles, 19 de septiembre de 2018

¡Seis Millones (6.000.000) de Visitas en el Blog Fe Bíblica!



Doy muchas gracias a Dios y a los lectores de mi blog, porque el 19 de septiembre de 2018, el blog Fe Bíblica ha alcanzado los 6 Millones de visitas.

FE BÍBLICA, es un sitio en Internet, que tiene como fin el de proclamar el Evangelio del Nombre de Jesús por todo el mundo, constituyéndose en un espacio para reflexionar sobre la vida humana a partir de la enseñanza de la Sagrada Escritura, la Biblia.

Los artículos están organizados en estas secciones (siga los enlaces):


Agradezco a todos los visitantes de las publicaciones de FE BÍBLICA, porque son quienes han contribuido para que este trabajo no se haga en vano. Los invito para que den a conocer este sitio web a más personas.


domingo, 16 de septiembre de 2018

Un Recuento Histórico Sobre la Corrupción de 1. Juan 5:7-8 (La Coma Juanina), por Isaac Newton


Por Isaac Newton.
Parte 1 de la obra: Un Recuento Histórico de Dos Notables Corrupciones de la Escritura, con publicación póstuma en 1785 por el Obispo Anglicano Samuel Horsley.
Traducido en el año 2018 por Julio César Clavijo Sierra (teólogo e ingeniero civil)

Isaac Newton, es considerado por muchos como el científico más grande que jamás haya existido. Sus contribuciones incluyen la ley de la gravitación universal, las tres leyes del movimiento, la invención del cálculo, y los estudios de la luz y el color. Sin embargo la ciencia no fue el principal interés de Isaac Newton. Se la pasó más tiempo estudiando la Biblia de lo que se dedicó a investigar la naturaleza. Un análisis de todo lo que escribió Newton revela que de unas 3.600.000 palabras solo 1.000.000 se dedicaron a las ciencias, mientras que 1.400.000 tuvieron que ver con la teología.


I. Señor, puesto que los discursos de algunos escritores tardíos han suscitado en ti una curiosidad por conocer la verdad sobre ese texto de la Escritura concerniente al testimonio de los Tres en el Cielo, 1. Juan 5:7, aquí os envío un recuento de lo que ha sido su lectura en todas las épocas, y del por qué el pasaje ha sido modificado, hasta donde puedo determinarlo por los registros. Lo he hecho muy libremente, porque tú entiendes los muchos abusos que la Iglesia Romana ha hecho al mundo, por lo cual no te será ingrato convencerte de uno más de los que comúnmente se afirman. Pues aunque los hombres más eruditos y claros (como Lutero, Erasmo, Bullinger, Grocio y otros) no pudieron disimular que lo supieron, sin embargo ellos por lo general estuvieron inclinados a pronunciarse contra la herejía. Pero mientras nos pronunciamos contra los fraudes piadosos de la Iglesia Romana, y hacemos parte de nuestra religión la de detectar y renunciar a todas las cosas de esa clase, debemos reconocer que es un crimen mayor para nosotros favorecer tales prácticas, pues seremos tan culpables como los Papistas en este asunto, ya que ellos actúan según su religión, pero nosotros en contra de la nuestra. En las naciones orientales y durante mucho tiempo en el occidente, la fe subsistió sin este texto que es más bien un peligro para la religión, pues da una ventaja para que ahora se apoyen sobre una caña quebrada. Por lo tanto, no puede hacerse mejor servicio a la verdad que purgarla de las cosas espurias, y conociendo tu prudencia y tu temperamento calmado, estoy seguro de que no te ofenderé al decirte claramente mis pensamientos, sobre todo porque no es sobre un artículo de fe ni sobre un punto de disciplina, sino que es solamente una crítica concerniente a un texto de la Escritura sobre lo que voy a escribir.

II. En resumen, la historia de la corrupción es esta. Primero, algunos latinos interpretaron el Espíritu, el agua y la sangre, como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, a fin de probar que son uno. Entonces Jerónimo [c.340–420] con el mismo fin, insertó la Trinidad con esas palabras expresas en su versión [La Vulgata Latina]. Después de él, unos 64 años después de su muerte, los africanos comenzaron a justificarla contra los vándalos. Luego, los latinos la anotaron en las márgenes de sus libros, y desde allí empezó a meterse en el texto por medio de la transcripción, y eso principalmente en el siglo duodécimo, y en los siglos subsiguientes cuando fue revivida por los escolásticos. Y cuando llegó la imprenta, saltó del latín al griego impreso, aun en contra de la autoridad de todos los manuscritos griegos y de las versiones antiguas, por las prensas venecianas que un poco después la adentraron en Grecia. Ahora se presenta la verdad de esta historia, considerando los argumentos de ambos lados.

III. Los argumentos alegados para el testimonio de los Tres en el Cielo, son la autoridad de Cipriano [c.200–c.258], Atanasio [c.296–373] y Jerónimo [c.340–420], y de muchos manuscritos griegos, y de casi todos los latinos.

IV. Las palabras de Cipriano [de Cartago] corren así. “El Señor dijo: ʻYo y el Padre, uno somosʼ; y de nuevo del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo está escrito. ʻY estos tres son unoʼ”. [1] Aquí los socinianos han sido muy injuriosos contra Cipriano, pues mientras ellos han deformado su cita en este lugar, en otro pasaje Cipriano repite casi lo mismo. “Si”, dice él, “[alguien pudiera ser bautizado por los herejes] él fuera hecho templo de Dios – ahora yo te pregunto: ¿De qué Dios?... ¿Del Espíritu Santo? Ya que tres son uno, ¿cómo puede el Espíritu Santo ser reconciliado con el que es un enemigo del Padre o del Hijo?” [2] Estos pasajes de Cipriano, son en mi opinión genuinos, y parecen tan apropiados para probar el testimonio de los Tres en el Cielo, que nunca he sospechado errores en ellos, pero yo los he reconciliado con la ignorancia que sobre esta lectura he encontrado en la próxima época entre los latinos de África y Europa, así como entre los griegos. Pues si hubiera sido en la Biblia de Cipriano, los latinos de la próxima edad, (cuando todo el mundo estaba involucrado en disputar sobre la Trinidad, y todos los argumentos que se podrían pensar fueron diligentemente buscados y llevados diariamente al escenario), nunca podrían haber sido ignorantes de un texto en el cual se insiste sobre todo ahora en nuestra época, cuando la disputa ha terminado. Al reconciliar esta dificultad, yo considero que las únicas palabras del texto que citó Cipriano en ambos lugares fueron: “Y estos tres son uno”, y estas palabras pueden pertenecer tanto al octavo versículo como al séptimo. Euquerio [c.380–c.449], obispo de Lyon en Francia, y contemporáneo de San Agustín [354–430], leyó el texto sin el séptimo versículo, lo que nos dice que muchos caracterizaron al Espíritu, el agua y la sangre significando la Trinidad. [3] Y San Agustín es uno de esos muchos, como se puede ver en su tercer libro contra Maximino, donde nos dice que “el Espíritu es el Padre, porque Dios es un espíritu; el agua el Espíritu Santo, porque Él es el agua que Cristo les da a aquellos que tienen sed; y la sangre el Hijo, porque la Palabra fue hecha carne”. [4] Ahora bien, si por aquellas épocas la opinión de muchos en las iglesias occidentales era que el espíritu, el agua y la sangre significaban el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es evidente que el testimonio de los Tres en el Cielo, en palabras expresas, aún no se había metido en sus libros, y aun sin este testimonio era obvio que Cipriano o cualquier otro hombre de esa opinión, podría decir que del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo “está escrito: ‛Y estos tres son uno’”. Facundo, un obispo africano del siglo sexto, es el autor en el que me baso para decir que éste era el significado de Cipriano, porque él nos dice expresamente que Cipriano en el lugar mencionado lo interpretó así, representando al agua, el Espíritu y la sangre como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y afirmando entonces que Juan dijo del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, “estos tres son uno”. Esto, al menos, puede deducirse del pasaje de Facundo, [5] que algunos durante esos siglos tempranos interpretaron a Cipriano de esta manera, pues yo no veo cómo alguno de esos muchos que tomaron al Espíritu, el agua y la sangre como un tipo de la Trinidad, o cualquier otro hombre que fuera ignorante del testimonio de los Tres en el Cielo (como la generalidad de las iglesias de los tiempos de la controversia arriana) pudieron entenderlo de esa manera. E incluso las propias palabras de Cipriano explican claramente esta interpretación, porque él no dijo: “el Padre, la Palabra y el Espíritu Santo”, como está ahora en el séptimo versículo, sino: “el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo” son como en el bautismo, por el pasaje que primero utilizaron para derivar la Trinidad [es decir, Mateo 28:19]. Si se alega que las palabras citadas por Cipriano se sacan del séptimo versículo más bien que del octavo, porque él no lee “Hi tres in unum sunt”, sino “Hi tres unum sunt”, yo respondo que los latinos generalmente leen “Hi tres unum sunt”, tanto en el octavo versículo como en el séptimo, como se puede ver en los pasajes recién citados de San Agustín y Facundo, y en los de Ambrosio, el Papa León, Beda y Casiodoro [el Senador] que seguirán, y en el actual latín vulgar. Así pues, el testimonio de Cipriano respeta al octavo, o al menos es aplicable a ese versículo como al séptimo, y por lo tanto no tiene fuerza para probar la verdad del séptimo. Por el contrario, para refutarlo, tenemos aquí los testimonios de Facundo, San Agustín, Euquerio, y de esos otros muchos que Euquerio menciona. Si los de esa edad se hubieran encontrado con aquello en sus libros, nunca hubieran interpretado al Espíritu, el agua y la sangre como las tres personas de la Trinidad, a fin de probarlos como un solo Dios.

V. Estos pasajes en Cipriano [de Cartago], pueden recibir luz adicional por un pasaje similar en Tertuliano [c.150–c.225], de donde Cipriano parece haberlos prestado, porque es bien sabido que Cipriano fue un gran admirador de los escritos de Tertuliano, y los leyó con frecuencia, llamando a Tertuliano su maestro. El pasaje es este: “Así que la estrecha conexión del Padre en el Hijo, y del Hijo en el Paráclito, produce tres Personas coherentes, que aún son distintas la una de las otras. Estos tres son uno (una esencia, no una sola persona), como fue dicho, ʻYo y el Padre uno somosʼ, en relación con la sustancia no con la singularidad de número”. [6] Aquí puedes ver que Tertuliano no dice: “el Padre, la Palabra y el Espíritu Santo”, como lo tiene el texto ahora, sino: “el Padre, el Hijo y el Paráclito”, y no cita nada más del texto que las palabras: “Estos tres son uno”. Aunque este tratado contra San Práxeas se gasta enteramente en discursos sobre la Trinidad, y todos los textos de la Escritura son citados para probarla, este texto de San Juan (tal como lo hemos leído) hubiera sido uno de los más obvios para ser citado completo, pero Tertuliano no pudo encontrar palabras más obvias para su propósito que “estos tres son uno”. Aquí, por lo tanto, él interpreta la Trinidad, y fuerza su interpretación recurriendo al otro texto: “Yo y el Padre uno somos”, como si la frase fuera de la misma importancia en ambos pasajes.

VI. Así pues, esta interpretación parece haber sido inventada por los montanistas para darle fisonomía a su Trinidad. Debido a que Tertuliano era un montanista cuando escribió esto, es muy probable que una interpretación tan corrupta y forzada tuviera su origen en aquella secta de hombres acostumbrados a ser insolentes con las Escrituras. Cipriano, estando acostumbrado a ello en los escritos de su maestro, parece que desde allí lo introdujo en los suyos, pues esto puede deducirse de la semejanza entre sus citas. Y por los discípulos de estos dos hombres influyentes, parece haber sido propagada entre los muchos latinos, que (como nos dice Euquerio) la recibieron en la siguiente época, interpretando la Trinidad por “el Espíritu, el agua y la sangre”, pues yo no veo como, sin el semblante de alguna autoridad semejante, una interpretación tan corrupta y forzada pudo llegar a ser recibida en esa época de una forma tan general.

VII. Y aún más de lo que se dijo del testimonio de Tertuliano y Cipriano, se puede decir de la disputa fingida de Atanasio con Arrio en Nicea. Porque allí las palabras citadas son “και οἱ τρεις το ἐν εισιν”, “y estos tres son uno”, y son sacadas del séptimo versículo sin nombrar antes a las personas de la Trinidad. Al igual que los latinos, los griegos interpretaban el Espíritu, el agua y la sangre por la Trinidad, como lo manifiestan las anotaciones que hicieron en las márgenes de algunos de sus manuscritos sobre este texto. El Padre Simón, [7] nos informa que uno de los manuscritos de la Biblioteca del Rey de Francia, marcado con el numeral 2247, contiene estas palabras al margen: “ὁτι τεις εισιν οί μαρτυρουντες εν τῃ γῃ [8] τὸ πνευμα και το ύδωρ και το αἱμα”, “Porque hay tres que testifican [en la tierra] el Espíritu, el agua y la sangre”; y hay esta observación: “τουτεστι, το πνευμα το ἁγιον, και ὁ πατηρ, και αύτος ἑαυτου”, “es decir, el Espíritu Santo, y el Padre, y Él de sí mismo”. Y en la misma copia enfrente estas palabras: “και οί τρεις εις το ἐν εισι”, “y estos tres son uno”. Esta nota añade: “τουτεστι, μία θεοτης, είς θεός”, “es decir, una Deidad, un Dios”. Este manuscrito tiene unos 500 años.

VIII. También en el margen de uno de los manuscritos de la Biblioteca de Monsieur Colbert, numeral 871, nos dice el Padre Simón que hay un comentario similar. Porque además de estas palabras: “είς θεος μια θεοτης”, “un Dios, una Deidad”, se añaden: “μαρτυρια του θεου του πατρος, και του ἁγιου πνευματος”, “El testimonio de Dios, del Padre, y del Espíritu Santo”. Estas notas marginales muestran suficientemente cómo los griegos solían aplicar este texto a la Trinidad, y por consiguiente cómo debe entenderse al autor de esa disputa. Pero debo decirte también, que esa disputa no fue escrita por Atanasio sino por un autor posterior, y por lo tanto como una pieza espuria, no se debe insistir mucho en ella.

IX. Ahora bien, esta aplicación mística del Espíritu, el agua y la sangre para significar la Trinidad, me parece a mí que dio ocasión para que alguien fraudulentamente insertara el testimonio de los Tres en el Cielo en palabras expresas dentro del texto para probar la Trinidad, o quizás en una nota en el margen de su libro por la vía de la interpretación, desde donde luego se deslizó dentro del texto en la transcripción. Y el primero del que tenemos registro de que lo insertó es Jerónimo, si es que el prefacio a las epístolas canónicas que pasa bajo su nombre es suyo. [9] Él no compuso una nueva traducción del Nuevo Testamento, sino que sólo corrigió el antiguo latín vulgar (como creen los eruditos), y entre sus enmiendas (escritas tal vez al principio en el margen de su libro) insertó este testimonio. Sin embargo, él se queja en dicho prefacio de cómo fue acusado por algunos latinos de falsificar la Escritura, y responde que los antiguos traductores latinos habían errado mucho de la fe, al poner en sus ediciones solamente el Espíritu, el agua y la sangre, omitiendo el testimonio de “los Tres en el Cielo” por el cual la fe católica es establecida. Para su defensa, parece decir que él corrigió la traducción latina vulgar con el griego original, y este es el gran testimonio sobre el cual el texto se apoya.

X. Pero mientras confiesa que no estaba anteriormente en el latín, y acusa a los antiguos traductores de falsificar las Escrituras al omitirlo, él nos está garantizando que se metió en el latín desde su tiempo, y así corta con toda la autoridad del presente latín vulgar para justificarlo. Y ya que al insertarlo fue acusado por sus contemporáneos de falsificar las Escrituras, esta acusación también nos confirma que él alteró la lectura pública. Porque si la lectura hubiera sido dudosa antes de que él la hiciera así, nadie le habría acusado de falsificación por seguir a cualquiera de las partes. Asimismo, mientras que en esta acusación él recomienda la alteración debido a su utilidad para establecer la fe católica, esto la hace más sospechosa al descubrir tanto la intención de su creación, como el fundamento de su esperanza de éxito. Sin embargo, el hecho de que fue acusado por sus contemporáneos, nos da la oportunidad de examinar la cuestión entre él y sus acusadores. Y así llamándolo a juicio, no debemos poner el énfasis sobre el testimonio que él da sobre sí mismo, (porque ningún hombre es un testigo en su propia causa), sino que dejando de lado todo prejuicio, debemos de acuerdo con las reglas ordinarias de la justicia, examinar el asunto entre él y sus acusadores por medio de otros testigos.

XI. Aquellos que han estado familiarizados con sus escritos, observan una extraña libertad que él asume al afirmar las cosas. Muchos ejemplos notables de esto, los ha dejado al componer esas vidas fabulosas de Pablo e Hilario, por no mencionar lo que ha escrito en otras ocasiones. Por esto Erasmo dijo que él afirmó cosas “frecuentemente violentas e impudentes, y a menudo en contra de sí mismo”. [10] Pero yo no lo acuso. Es posible que a veces se le imponga, o que por inadvertencia se cometa un error. Sin embargo, como sus contemporáneos lo acusaron, es justo que dejemos de lado el prejuicio de su gran nombre y escuchemos la causa imparcialmente entre ellos.

XII. Ahora, los testigos entre ellos son en parte los antiguos traductores de las Escrituras en varios idiomas, en parte los escritores de su propia época y de las edades anteriores y después de él, y en parte los escribas que han copiado los manuscritos griegos de las Escrituras en todas las edades. Y los tres están contra él. Pues por la evidencia unánime de todos estos, aparecerá que el testimonio de “los Tres en el Cielo” no estaba en los manuscritos griegos de donde Jerónimo, o quien fuera el autor de ese prefacio a las epístolas canónicas, fingió haberlo tomado prestado.

XIII. Los antiguos intérpretes que yo cito como testigos contra él, son principalmente los autores del antiguo latín vulgar, del siríaco y de las versiones etíopes. Pues como él nos ha dicho que antes de su tiempo los latinos omitieron en su versión el testimonio de los “tres en el cielo”, así también para su día en las versiones siríacas y etíopes (ambas que según el relato de Walton son mucho más antiguas al tiempo de Jerónimo, siendo las versiones que las naciones orientales y etíopes recibieron desde el principio, y usualmente se usaron tal como los latinos con sus versiones en el latín vulgar) falta dicho testimonio; y al omitirlo los autores de estas tres más antiguas, más famosas y más recibidas versiones, son testigos concurrentes de lo que encontraron en los manuscritos griegos originales de su época. También faltan en otras versiones antiguas, como en la arábiga egipcia publicada en la Poliglota de Walton, en la versión armeniana [11] usada desde la época de Crisóstomo por las naciones armenias, y en la Ilírica de Cirilo usada en Rascia, Bulgaria, Moldavia, Rusia, Muscovia y otros países que utilizan la lengua esclavónica. En una copia [12] de esta versión impresa en Ostroh en Volinia en el año 1581, yo he visto que falta, y un Camilo [13] relata lo mismo de los manuscritos antiguos de esta versión que fueron vistos por él. El Padre Simón señala que falta también en una cierta versión de la Iglesia Francesa, que (dice él) es por lo menos de mil años de antigüedad y que fue publicada por el Padre Mabillon, un monje benedictino. Tampoco sé de alguna otra versión en la que exista, excepto en el moderno latín vulgar, y en las versiones modernas de las naciones occidentales que han sido influenciadas por ella. Así pues, con el consentimiento unánime de todos los antiguos y fieles intérpretes que hemos encontrado hasta ahora (que sin duda hicieron uso de los mejores manuscritos que pudieron obtener), el testimonio de “los Tres en el Cielo” no estaba originalmente en el griego.

XIV. Y que no estaba en las versiones antiguas ni en el griego, sino que era totalmente desconocido para las primeras iglesias, es más cierto por el argumento aludido más arriba, es decir, que en toda esa vehemente controversia universal y duradera acerca de la Trinidad en el tiempo de Jerónimo, en el tiempo anterior, y por un largo tiempo después de él, éste texto de “los Tres en el Cielo” nunca fue referido. Éste que ahora está en la boca de todos y es considerado el texto principal para el asunto, habría sido igualmente importante para ser incluido en sus libros, pero no es hallado ni una sola vez en todas las disputas, epístolas, oraciones y otros escritos de los griegos y latinos (Alejandro de Alejandría, Atanasio, el Concilio de Sárdica, Basilio, Nacianceno, Niceno, Epifanio, Crisóstomo, Cirilo, Teodoreto, Hilario, Ambrosio, Agustín, Victorino el africano, Filastrio de Brescia, Foebadio de Agen, Gregorio Bético, Diácono Faustino, Pascasio, Arnobio el Joven, Cereal y otros) en los tiempos de esas controversias; incluso ni en el propio Jerónimo, si se exceptúa su versión y prefacio a las epístolas canónicas. Los escritos de aquellos tiempos fueron muy numerosos y abundantes, pero no hay ningún argumento o texto de la Escritura para este propósito, con el que ellos dejen de exhortar una y otra vez. El del Evangelio de Juan, “yo y el Padre uno somos”, es inculcado por todas partes, pero no se encuentra éste de los “tres en el cielo” y los “tres son uno”. Solo hasta cuando finalmente llegaron las épocas de la ignorancia, comenzó a introducirse poco a poco en las copias de la versión latina de Jerónimo. Hasta ahora hemos mencionado que el testimonio de “los Tres en el Cielo”, que podría haber sido citado muy a menudo y en muchos lugares, es por el contrario omitido, e incluso después de la época de Jerónimo, como en y antes de ella. Hesiquio cita el pasaje así: “Audi Iohannem dicentem, Tria sunt qui testimonium præbent, et Tres Unum sunt, spiritus, et sanguis, et aqua”. [14] El omite las palabras “in terrâ”, que nunca se pone en las copias donde falta el testimonio de “los Tres en el Cielo”. Casiodoro [c. 485 – c. 580], o quien fuera alguna vez el autor de la versión latina del discurso de Clemente de Alejandría sobre las Epístolas de San Juan, lo lee así: “Quia tres sunt, qui testificantur, spiritus, et aqua, et sanguis; et hi Tres Unum sunt”. [15] Beda [c. 672 – 735], en su comentario sobre el pasaje, lo lee así: “Et spiritus est qui testificatur, quoniam Christus est veritas. Quoniam Tres sunt, qui testimonium dant in terrâ, spiritus, aqua, et sanguis, et Tres Unum sunt. Si testimonium”, etc. Pero aquí las palabras “in terrâ”, hasta donde puedo apreciar por su comentario sobre este texto, han sido insertadas por alguna mano posterior. El autor de la primera epístola adscrita al Papa Eusebio lo lee como Beda, omitiendo solamente las palabras in terrâ. Y si la autoridad de los Papas es valiosa, el Papa León el Grande, en su décima Epístola, cita el pasaje así: “Et spiritus est qui testificatur, quoniam spiritus est veritas; quia Tres sunt qui testimonium dant, spiritus, et aqua, et sanguis; et hi Tres Unum sunt”. San Ambrosio [c. 340 – 397], en el capítulo sexto de su primer libro De Spiritu Sancto, disputando por la unidad de las Tres Personas, dice: “Hi Tres Unum sunt, Johannes dixit, aqua, sanguis, et spiritus: Unum in mysterio, non in naturâ”. Esto es todo lo que él pudo encontrar del texto mientras discutía acerca de la Trinidad, y por lo tanto demuestra la unidad de las personas por la unidad mística del Espíritu, el agua y la sangre, interpretando estas por la Trinidad con Cipriano y otros. Así, en el capítulo 11 de su tercer libro, él recita completamente el texto así: “Per aquam et sanguinem venit Christus Jesus, non solum in aquâ, sed in aquâ et sanguine; et spiritus testimonium dat, quoniam spiritus est veritas. Quia tres sunt testes, spiritus, aqua, et sanguis, et hi Tres Unum sunt in Christo Jesu”. [16] Facundo, Euquerio y S. Agustín, tienen lecturas similares a los pasajes citados arriba. Estos son los latinos del tiempo, o un tiempo después de Jerónimo, pues Jerónimo no prevaleció sobre las Iglesias de su tiempo para que recibieran el testimonio de “los Tres en el Cielo”. Y para ellos conocer su versión, y no recibir este testimonio, fue en efecto condenarla.

XV. Y en cuanto a los griegos, Cirilo de Alejandría [c.370–444] lee el texto sin este testimonio en el libro 14 de su Thesaurus, capítulo 5; y de nuevo en su primer libro De Fide ad Reginas, un poco después de la mitad. Y así lo hace Ecumenio, un griego posterior, en su comentario sobre este pasaje de la epístola de San Juan. También Dídimo de Alejandría [c.310– c.395], en su comentario sobre el mismo pasaje, lee: “el Espíritu, el agua y la sangre” sin mencionar a “los Tres en el Cielo”, y lo mismo hace en su libro del Espíritu Santo, donde él parece no omitir nada que pudiera encontrar para su propósito. Igualmente Gregorio Nacianceno [c.325–389] en su 37ª oración concerniente al Espíritu Santo, y también Nicetas [c.335– c.414] en su comentario sobre la 44ª oración de Gregorio Nacianceno. Y aquí también se observa que los eusebianos sostuvieron que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, no debían ser enumerados junto a cosas de otro tipo, y Nacianceno y Nicetas respondieron que sí podían serlo, porque San Juan enumera juntas tres cosas no consustanciales: “el Espíritu, el agua y la sangre”. Por la objeción de los eusebianos, parece que el testimonio de “los Tres en el Cielo” no estaba en sus libros, y por la respuesta de los católicos es muy evidente que no estaba en los suyos, pues ellos responden pretendiendo que “el Espíritu, el agua y la sangre” no podrían haber eludido “al Padre, la Palabra y al Espíritu Santo” si hubieran sido enumerados juntos y llamados uno por uno en las palabras inmediatamente anteriores, y responden exigiendo que esto habría sido muy a propósito, porque la misma cosa está en cuestión. De la misma manera los eunomianos en disputa contra los católicos, objetaron que el Espíritu Santo no está en ninguna parte de las Escrituras unido al Padre y al Hijo, excepto en el bautismo, que es tanto como decir que el testimonio de “los Tres en el Cielo” no estaba en sus libros. San Basilio [c.329– c.379] fue muy diligente en devolverles una respuesta, pero desorientado cita pasajes que no tienen nada que ver con este propósito, e incluso no produce este texto de “los Tres en el Cielo” que sería lo más obvio, pues sería el único pasaje apropiado en caso de que hubiera estado entonces en las Escrituras, y por lo tanto él no supo nada del mismo. [17] La objeción de los eunomianos y la respuesta de los católicos, muestra suficientemente que no estaba en los libros de ninguno de los dos partidos. Además de la décima Epístola del Papa León mencionada arriba, fue esa muy famosa Epístola del Patriarca Flaviano de Constantinopla [?– c.449] contra Eutiquio, la cual pasó por todas las Iglesias tanto orientales como occidentales, siendo traducida al griego y enviada al oriente por Flaviano. Ésta fue generalmente aplaudida en el oeste, y leída en el Concilio de Calcedonia [451] fue solemnemente aprobada y suscrita por todos los obispos. En esta Epístola el texto fue citado así: “Et spiritus est qui testificatur, quoniam Christus est veritas; quia Tres sunt, qui testimonium dant, spiritus, aqua, et sanguis; et hi Tres Unum sunt”. Y poniendo πνευμα (según la lectura griega) para Christus, que sigue siendo el latín vulgar, fue así traducido por los griegos: “και το πνευμα εστιν το μαρτυρουν επειδη το πνευμα εστιν ἡ αληθεια. Τρεις γαρ εισιν οί μαρτυρουντες, το πνευμα, και το ὑδωρ, και το αίμα, και οί τρεις το ἑν εισι”. Así pues, tenemos esta lectura citada por el Papa, reconocida en el occidente y solemnemente suscrita en el oriente por el cuarto concilio general, y por lo tanto continuó como la lectura pública recibida en ambos, en el este y el oeste, hasta después de la época de ese Concilio.

XVI. Así que el testimonio de “los Tres en el Cielo”, que en los tiempos de esas controversias habría estado en boca de todos los partidos si hubiera estado en sus libros, era totalmente desconocido para las Iglesias de esas épocas. Todo lo que podían encontrar en sus libros era el testimonio del agua, del Espíritu y de la sangre. ¿Dirás ahora que el testimonio de “los Tres en el Cielo” fue eliminado de sus libros por los arrianos prevalecientes? ¡Sí! ¡Verdaderamente esos arrianos fueron unos pícaros malvados que conspiraron con toda la astucia y el  ingenio, y a la vez por todo el mundo (como la palabra de Mitrídates) durante la última parte del reinado del emperador Constancio, al tomar en sus manos todos los libros de los hombres para modificarlos sin ser percibidos! ¡Sí! ¡Y también hechiceros, para hacerlo sin dejar alguna mancha o hendidura en los libros para que el fraude no pudiera ser sospechado y descubierto, y para borrar la memoria de los cerebros de todos los hombres, de modo que ni Atanasio ni algún otro grupo pudieran recordar más tarde que anteriormente lo habían visto en sus libros! ¡E incluso también de sus propios libros, de modo que cuando ellos se convirtieron a la fe de los consubstanciales, como lo hicieron generalmente en el oeste poco después de la muerte de Constancio, no pudieran recordar esto, ni ningún otro grupo! ¡Bueno! Entonces estuvo por fuera de los libros de la época de Jerónimo, aunque él finge que ese es el punto que debemos probar, pero cualquier grupo pudo demostrarle a él que nunca antes lo estuvo, por lo cual podría ser pertinente considerar también este punto. Pero hasta aquí sólo debemos preguntarnos cómo, puesto que estaba por fuera, entró en las copias que ahora existen. Pues aquellos que sin pruebas acusan a los herejes de corromper los libros, y sobre esa pretensión los modifican a su antojo sin la autoridad de manuscritos antiguos (como lo solían hacer algunos eruditos de los siglos cuarto y quinto), son falsarios según su propia confesión, y yo no necesito hacer ninguna otra refutación. Por lo tanto, si esta lectura estuvo por fuera alguna vez, en justicia estamos obligados a creer que estuvo por fuera desde el principio, a menos de que pueda probrarse lo contrario por algún argumento mejor que los de la pretensión y el clamor.

XVII. ¿Dirás ahora que Jerónimo siguió alguna copia diferente de las que conocían los griegos? Esto es derrocar la autoridad de su versión haciéndolo apartarse del griego recibido, y además es contrario a lo que él mismo parece representar, pues estaría censurando a las copias griegas vulgares, y a los intérpretes latinos que fueron antes de él como si hubieran variado el griego recibido, que él manifiesta que siguió. Él no se excusa y se justifica a sí mismo por alejarse del griego recibido para seguir una copia privada, pero acusa a los antiguos intérpretes como si al dejar de lado el testimonio de “los Tres en el Cielo” no hubieran seguido al griego recibido como él lo hizo. Y por lo tanto, puesto que los griegos no sabían nada de este testimonio, la autoridad de su versión se hundió, ya que fue acusado de corromper el texto, y no pudo persuadir ni a los griegos ni a los latinos de esos tiempos para que recibieran su lectura. Pero los latinos no la recibieron hasta muchos años después de su muerte, y los griegos nunca hasta la época presente, pues cuando los venecianos la enviaron a ellos entre sus libros impresos, ellos no la recibieron probando la acusación.

XVIII. La autoridad de esta versión siendo así hasta ahora discustida, sigue haciendo que nosotros enjuiciemos la autoridad de los manuscritos en donde ahora leemos el testimonio de “los Tres en el Cielo”. Por la mejor investigación que he sido capaz de hacer, está faltando en los manuscritos de todos los idiomas, salvo en el latín. Como hemos establecido, las versiones etíopes, siríacas, árabes, armenias y esclavonianas, que están todavía en uso en las diferentes naciones orientales como Etiopía, Egipto, Siria, Mesopotamia, Armenia, Moscovia y otras, son ajenas a esta lectura. Antiguamente también faltaba en el francés. Los que han estado en Turquía, me han dicho que está faltando en este día en los manuscritos griegos de esas partes, así como en los manuscritos que han sido traídos allí desde el oeste. Los griegos ahora lo tienen en la impresión de los venecianos, sabiendo que sus propios manuscritos lo objetan, pero fingiendo que los arrianos lo eliminaron. Una lectura que no se encuentra en ningún manuscrito sino en el latín, e incluso que no se encuentra en ningún manuscrito del latín anterior a la época de Jerónimo, tal como el propio Jerónimo lo confiesa, puede ser de poca autoridad; y esa autoridad se hunde porque ya hemos probado la lectura espuria, al demostrar que ésta era desconocida tanto en las iglesias occidentales y orientales durante los tiempos de las grandes controversias sobre la Trinidad. Sin embargo, para mayor satisfacción, ahora te daremos un recuento sobre los manuscritos latinos y griegos, demostrando primero cómo en las épocas oscuras se introdujo en los manuscritos latinos de la versión de Jerónimo, y cómo últimamente fue arrastrado desde el latín hacia el griego impreso sin la autoridad de ningún manuscrito, pues los que primero lo publicaron en griego, nunca antes lo habían visto en cualquier manuscrito griego.

XIX. La opinión recibida, es que el latín vulgar que ahora está en uso, se ha mezclado con el antiguo latín vulgar y con el de la versión de Jerónimo. Pocos de estos manuscritos tienen más de 400 o 500 años de antigüedad. Los últimos generalmente tienen el testimonio de “los Tres en el Cielo”; los más antiguos por lo general lo omiten, lo que demuestra que se infiltró gradualmente. Erasmo observa que falta en tres muy antiguos, uno de los cuales está en la Biblioteca de los Papas de Roma, y los otros dos en Brujas, y añade que en otro manuscrito perteneciente al obispo de los Minoritas de Amberes, el testimonio de “los Tres en el Cielo” fue anotado en el margen por una mano reciente. Pedro Colino, señala en el margen de su Edición Latina de las Escrituras, impresa entre 1543 y 1544, que éste faltaba en el manuscrito más antiguo de la Biblioteca Tigurina. El Dr. Burnet, ha señalado últimamente en la Primera Carta de sus Viajes, que falta en otros cinco manuscritos antiguos, uno de unos mil años y los otros cuatro de alrededor de 800 años. El Padre Simón ha notado que falta en otros cinco, en las Bibliotecas del Rey de Francia, de Monsieur Colbert y de los Benedictinos de la Abadía de Saint Germain. Un antiguo y diligente recopilador de manuscritos citado por Lucas de Brujas [1549–1619]  con el nombre de Epanortotes, señala que en general faltaba en los antiguos manuscritos latinos. El propio Lucas, que recopila muchos latinos, observa que falta en solo cinco, esto es, en los pocos antiguos que tenía, siendo casi todos sus manuscritos nuevos. Por lo que él elogia el Codex Lobiensis [18] escrito en 1084 y el Codex Tornacensis escrito en 1105, como los más antiguos y venerables por su antigüedad, y usa otros mucho más nuevos, de los cuales un gran número era fácil de obtener, como fue el Codex Buslidianus escrito en 1432, que es de ocho años antes de la invención de la imprenta. El Concilio de Letrán reunido bajo Inocencio Tercero en 1215, en el Canon 2, menciona a Joaquín el Abad citando el texto con estas palabras: “Quoniam In canonicâ Johannis epistolâ [legitur], Quia Tres sunt qui testimonium dant in cælo, Pater, et Verbum, et Spiritus; et hi Tres Unum sunt: Statimque subjungitur: Et Tres sunt qui testimonium dant in terrâ, Spiritus, Aqua, et Sanguis, et Tres Unum sunt: sicut in codicibus quibusdam invenitur”. [Debido a que en el quinto capítulo de la epístola canónica de Juan se lee: ʻTres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, la Palabra, y el Espíritu; y estos Tres son Unoʼ, de inmediato agrega: ʻY Tres son los que dan testimonio en la tierra, el Espíritu, el Agua y la Sangre, y estos Tres son Unoʼ, tal como se encuentra en algunas copias]. Esto fue escrito por Joaquín [19] durante el Papado de Alejandro Tercero, en o antes del año 1180, y por lo tanto esta lectura se hallaba entonces en algunos libros. Las palabras “sicut in codicibus quibusdam invenitur” [tal como se encuentra en algunas copias], se refieren también a las primeras palabras de Joaquín: “Quoniam in canonicâ Johannis epistolâ legitur” [Debido a que en el quinto capítulo de la epístola canónica de Juan se lee] en cuanto al texto [que sigue]: “Statimque subjungitur” [de inmediato agrega], y más a las primeras que al texto [siguiente], porque la primera parte de la cita estaba entonces así en algunos libros, como aparece en los manuscritos antiguos, pero la segunda parte estaba en casi todos. Las palabras “Tres Unum sunt” [estos Tres son Uno] estaban [en el octavo versículo] en todos los libros en los que faltaba el testimonio de “los Tres en el Cielo” y en la mayoría de los que lo tuvieron, aunque luego fueron dejadas afuera en muchos, cuando fueron tildadas de haber sido incluidas por académicos arrianos.

XX. Pero para ir a lo original de la corrupción, Gregorio el Grande [c.540–604] escribe que la versión de Jerónimo estaba en uso en su tiempo, [20] y por lo tanto no es de extrañar si el testimonio de “los Tres en el Cielo” comenzó a ser citado desde antes por fuera de ella. Eugenio, Obispo de Cartago, en el séptimo año de Hunerico rey de los Vándalos, en el 484, en el resumen de su fe exhibida a ese rey, es el primero de cualquiera de los hombres que lo citó en la medida de lo que yo pude encontrar. Un tiempo después, Fulgencio [c.468–c.533], otro obispo africano que disputó contra los mismos vándalos, lo citó de nuevo, y se apoyó en el pasaje antes mencionado de Cipriano aplicado al testimonio de “los Tres en el Cielo”. Y así es probable que por esa abusada autoridad de Cipriano, comenzó a obtener algún crédito primero en el África, en las disputas contra los vándalos ignorantes, y de ahí por fin se adentró en Europa. Ocurre también con frecuencia en Vigilio de Tapso, otro obispo africano contemporáneo de Fulgencio. En su defensa, algunos citan a escritores antiguos, nombrando la primera epístola del Papa Higino [obispo c.138–c.142], la primera epístola del Papa Juan II [obispo c.533–c.535], el libro de Idacio Claro contra Varimado y el libro De Unitâ Deitate Trinitatis atribuido a Atanasio. Pero Chiflet, que publicó las obras de Victor de Vita y Vigilio de Tapso, demuestra suficientemente que el libro contra Varimado es de Vigilio pero ha sido erróneamente atribuido a Idacio. Al mismo Vigilio él atribuye también el libro De Unitâ Deitate Trinitatis. Ciertamente Atanasio no fue su autor. Toda la Epístola de Higino, excepto el principio y el final, y la primera parte de la Epístola del Papa Juan, donde se cita el testimonio de “los Tres en el Cielo”, no son nada más que fragmentos del libro contra Varimado relatado palabra por palabra por algún falsificador de Epístolas Decretales Papales, como puede demostrarse por comparación. Así que Eugenio es el primero en el registro que lo cita.

XXI. Pero aunque se puso en marcha entre los africanos, sin embargo yo no puedo encontrar que haya llegado a ser de autoridad en Europa antes del renacimiento del aprendizaje en los siglos XII y XIII. En esas edades, San Barnard, los Escolásticos, Joaquín y el Concilio de Letrán lo difundieron en el extranjero, y los escribas comenzaron a insertarlo generalmente en el texto; pero en los manuscritos latinos y en los escritores europeos que son más antiguos a esos tiempos, es raro encontrarlo.

XXII. Que se insertó en el latín vulgar fuera de la versión de Jerónimo, se manifiesta por la forma en la que el latín vulgar y esa versión llegaron a mezclarse. Pues se está de acuerdo en que los latinos, después de que la versión de Jerónimo comenzó a estar en uso, notaron sus correcciones del latín vulgar en los márgenes de sus libros, y luego los transcriptores los insertaron en el texto. Por este medio el antiguo latín ha sido corregido de manera tan general, que no hay donde encontrarlo genuino. Es a Jerónimo al que ahora leemos y no al antiguo latín vulgar. ¿Y qué asombroso es si en Jerónimo leemos el testimonio de “los Tres en el Cielo”? Pues quién insertó el resto de Jerónimo en el texto, ¿dejaría por fuera tal pasaje para la Trinidad, como éste ha sido considerado?

XXIII. Pero para poner la cuestión por fuera de toda disputa, hay rastros de la inserción que aún nos quedan. Pues en algunos manuscritos antiguos se ha observado en el margen, y en otros las lecturas son tan variadas que tuvieron que surgir al transcribirlas desde una anotación en el margen hacia dentro del texto. Sólo mencionaré las tres siguientes variantes. De los manuscritos que no tienen el testimonio de “los Tres en el Cielo”, algunos tienen las palabras “in terrâ” en el octavo versículo, pero faltan en la mayoría. Lo cual parece indicar que algunos, antes de que se permitiera una adición tan grande al texto como el testimonio de “los Tres en el Cielo”, notaron solo “in terrâ” en los márgenes de sus libros, para insertarlo dentro del testimonio del Espíritu, el agua y la sangre. De los manuscritos que tienen el testimonio de “los Tres en el Cielo”, algunos tienen en el versículo octavo: “Hi Tres Unum sunt”, otros no. La razón de esto parece ser, que de aquellos que notaron este testimonio en el margen, algunos borraron “et hi Tres Unum sunt” del octavo versículo para estar de acuerdo con Jerónimo, pero otros no lo hicieron. Y por último, el testimonio de “los Tres en el Cielo” está en la mayoría de los libros puesto antes del testimonio de “los tres en la Tierra”, y en algunos en una serie posterior. Así Erasmo señala dos libros antiguos en los que se coloca después, Lucas de Brujas un tercero, y Heselio (si la memoria no no me falla) un cuarto, e igualmente Vigilio de Tapso [21] lo pone después, lo que parece indicar que algunas veces éste fue anotado en el margen, al punto de que el lector o el transcriptor no sabían si iba a venir antes o después. Ahora bien, estas discordias en los manuscritos latinos disminuyen su autoridad, pues nos confirman que el antiguo latín vulgar ha sido manipulado en estas cosas, y modificado por la versión de Jerónimo.

XXIV. En el siguiente pasaje, voy a mostrar cómo y cuando el testimonio de “los Tres en el Cielo” salió del latín para introducirse en el griego. Aquellos que imprimieron por primera vez el Testamento griego, generalmente siguiendo sus manuscritos, omitieron el testimonio de “los Tres en el Cielo”, excepto en España. Por ello fue omitido en la primera y segunda ediciones de Erasmo en 1516 y 1519, en la edición de Francis Asulan impresa en Venecia en 1518 por Aldo, en la de Nicolás Gerbelio impresa en Haguenau en 1521, y poco después en la de Wolfio Cefalio impresa en Estrasburgo en 1524, y otra vez en 1526 en la edición de Badian como lo señala Erasmo, y en la de Simon Colina en Paris en 1534. [22] Al mismo tiempo se omitió en algunas ediciones de otras lenguas occidentales, como en las ediciones sajona y alemana de Lutero, y en la edición tigurina latina de Pedro Colino de 1543 y 1544. La primera edición en griego que tiene el testimonio de “los Tres en el Cielo”, fue la del Cardenal Jiménez, impresa en Complutum, España, en 1515, pero que no fue publicada antes del año 1521. El Cardenal en su edición, utilizó la ayuda de varios teólogos que reunió en Complutum, fundando allí una universidad en 1517, o un poco antes. Dos de esos teólogos fueron Antonio de Nebrija y [Diego López de] Zúñiga. Para entonces Zúñiga residió en Complutum, y en el prefacio de un tratado que escribió contra Erasmo da este testimonio de sí mismo: Que había pasado algunos años en la lectura de las Sagradas Escrituras en hebreo, griego y latín, y había cotejado diligentemente ejemplares hebreos y griegos con las copias latinas. [23] Dicho tratado que desagradaba al Cardenal, no fue impreso hasta después de su muerte, y entonces salió en Complutum en 1520. El año anterior, un hombre inglés llamado [Edward] Lee, escribió también contra Erasmo. Ambos, Zúñiga y Lee, entre otras cosas lo reprendieron por omitir el testimonio de “los Tres en el Cielo”. Después, Erasmo halló a los españoles y a algunos otros de la Iglesia Romana en un fuego contra él, e imprimió el testimonio en su tercera edición de 1522, indicando que en sus ediciones anteriores había impreso el texto tal como lo vio en sus manuscritos, pero ahora que se había hallado en Inglaterra un manuscrito que tenía el testimonio de “los Tres en el Cielo”, él lo había insertado de acuerdo con ese manuscrito para evitar las calumnias levantadas contra él, y así lo continuó en sus dos siguientes ediciones. Al final, Roberto Estéfano [o Robert Estienne] en 1550, reimprimió la edición de Erasmo con algunas alteraciones y varias lecturas tomadas de la edición Complutense, y 15 manuscritos griegos que él nombró después con las letras numéricas α, β, γ, δ, ε, etc., poniendo α para la edición Complutense, y β, γ, δ, ε, etc., para los manuscritos en orden, y advirtiendo en el margen que faltaba el testimonio de “los Tres en el Cielo” en los siete manuscritos δ, ε, ζ, θ, ι, ια, ιγ, de donde [Teodoro de] Beza nos dice que él lo había leído en el resto. Sus palabras son: “Legit Hieronymus, legit Erasmus in Britannico códice, et in Complutensi editione. Legimus et nos in nonnullis Roberti nostri veteribus libris” [Leemos a Jerónimo, leemos a Erasmo del códice Británico, en la edición Complutense. Leemos también en algunos de nuestros libros antiguos de Roberto]. [24] Y este es el origen y la autoridad de las ediciones impresas, pues desde entonces estas ediciones le han seguido por todo el oeste, y en los últimos años se propagó dentro del griego por las Prensas Venecianas, y no hay nada más que yo sepa, que se haya descubierto en algún manuscrito a favor de estas ediciones.

XXV. Ahora le quitaremos la careta, pero en primer lugar yo no puedo menos que quejarme por la falta de modestia y precaución de Beza al expresarse. [25] En el prefacio de sus anotaciones describe qué tipo de ayuda tuvo para la composición de su primera edición, y nos dice que él tuvo las anotaciones de Valla, Stapulensis y Erasmo, y de escritos antiguos y modernos que él mismo cotejó, y fuera de la Biblioteca de Estéfano, el ejemplar que Estéfano había cotejado con cerca de 25 manuscritos, de los cuales casi todos fueron impresos. Pero debería haber dicho 17 por el número que pone en otros pasajes, y porque en su Anotaciones no cita más. Así entonces, él contó con la comparación de dos manuscritos más de los que Estéfano nos ha dado en la impresión, y este fue todo su mobiliario. Aquí él pretende tener los manuscritos originales que no tuvo ni podía tener,  porque no eran manuscritos de Estéfano, sino que pertenecían a varias bibliotecas de Francia e Italia. El propio Estéfano nunca vio el manuscrito β, pero sólo tenía varias lecturas compiladas  por sus amigos en Italia. Los manuscritos γ, δ, ε, στ, ζ, η, ι, ιε, no eran de Estéfano sino que pertenecían a la Biblioteca del Rey de Francia, de quien Estéfano fue impresor. Los otros seis libros θ, ια, ιβ, ιγ, ιδ, ιστ no eran de la propia biblioteca de Estéfano, sino que le fueron prestados por un tiempo por sus amigos estudiosos desde varios lugares para que los clasificara, facilitándole el diseño de su edición. Y sin embargo Beza en su Anotaciones, cuando apoyaba a cualquier texto, citaba de las clasificaciones de Estéfano de tal manera como si tuviera en Ginebra y ante sus ojos los manuscritos originales. Y donde Estéfano no citó varias clasificaciones, allí él consideró que en el texto de la clasificación de Estéfano leía todos los manuscritos. Así que en Marcos 6:11, cuando Estéfano nota que para un cierto período no son suficientes las copias manuscritas ß y η, Beza dice: “Hæc periodus in omnibus exemplaribus græcis legitur, exceptis secundo et octavo” [“Durante este periodo, leemos en todos los ejemplares griegos, con excepción del segundo y octavo”]. Sobre Hechos 13:33, del que Estéfano no había observado diversas lecturas, Beza afirma del texto griego: “Ita scriptum invenimus in omnibus vetustis codicibus” [“Así está escrito, como lo hemos encontrado en todos los códices antiguos”]. En 1. Juan 4:3, donde Estéfano es silencioso, Beza dice: “sic legitur in omnibus Græcis exemplaribus, quæ quidem mihi inspicere licuit” [“se lee en todas las copias griegas, que se me permitió inspeccionar”]. En Santiago 1:2 donde Estéfano es nuevamente silencioso, Beza nos dice de la palabra μόνον, “Ego in omnibus nostris vetustis libris inveni” [Yo la encontré en todos nuestros viejos libros]. Y así, donde Estéfano había observado que el testimonio de “los Tres en el Cielo” faltaba en el margen de siete manuscritos, él creyó que la lectura del texto de la clasificación de Estéfano lo tenía en el resto, y así nos dice: “Legimus et nos in nonnullis Roberti Stephani codicibus” [“Leemos también en algunos códices de Roberto Estéfano”]. Así lo hizo en la primera edición de sus Anotaciones. Después consiguió dos manuscritos reales: el Claromontano y el que al fin él presentó a la Universidad de Cambridge, (y en ambos faltan las epístolas canónicas). En la epístola a su cuarta edición, dando cuenta de los libros que utilizó, él pone solamente estos dos y los 17 de Estéfano. Y en su quinta edición, escribe sumariamente que usó diecinueve manuscritos, uniéndo a esos dos reales las clasificaciones de Estéfano, contando en aquellos los otros 17, lo que explica suficientemente su forma de hablar en sus anotaciones. Pero aún mientras él no contó con los manuscritos mismos para leerlos con sus propios ojos, fue demasiado duro e injustificable en su forma de hablar para decirnos: “Legimus et nos in nonnullis Roberti Stephani codicibus” [“Leemos también en algunos códices de Roberto Estéfano”], y por lo tanto en sus ediciones posteriores se corrige a sí mismo, y nos dice solamente que la lectura: “extare in nonnullis Stephani veteribus libris” [“existe en algunos libros antiguos de Estéfano”]. Por lo tanto Beza argumenta desde el libro de clasificaciones de Estéfano, y la misma inferencia fue hecha por Lucas de Brujas y otros desde entonces, desde la mencionada edición de ese libro de Estéfano. “Ya que”, dice él, “Estéfano tuvo quince manuscritos en total, y encontró que el testimonio de ‛los Tres en el cielo’ faltaba en siete, y por ende estaba en los otros ocho; y dado que se encuentra en la mayor parte de sus manuscritos, tiene la autoridad de los manuscritos de su lado”. Así argumentan, y este es el gran argumento por medio del cual el griego impreso se ha justificado hasta ahora.

XXVI. Pero si quieren considerar el asunto un poco mejor, encontrarán que ellos están muy equivocados. Porque Estéfano tuvo quince manuscritos en total, pero todos ellos no contenían todo el Testamento Griego. Cuatro de ellos, llamados γ, στ, ιβ, ιδ, solo tenían los cuatro Evangelios. Dos, llamados β y η, solo contenían los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles. Uno llamado ιστ sólo contenía el Apocalipsis. Uno llamado ιε tenía solamente el Apocalipsis junto con las Epístolas de San Pablo a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses y a los Colosenses. Los otros siete llamados δ, ε, ζ, θ, ι, ια, ιγ contenían tanto las Epístolas de San Pablo y las Canónicas, además de otros libros; así el llamado manuscrito ζ contenía las Epístolas y los Evangelios; los manuscritos ι, ια, ιγ las Epístolas y los Hechos de los Apóstoles; y los manuscritos δ, ε, θ las Epístolas, los Evangelios y los Hechos. Y así cualquiera puede agruparlos anotando los manuscritos de las diversas lecturas que se citan en cada libro del Nuevo Testamento. Pues en las diversas lecturas de las Epístolas canónicas y aquellas de Tesalonicenses, Timoteo, Tito y Hebreos, se encuentran estos siete manuscritos: δ, ε, ζ, θ, ι, ια, ιγ, cada vez que se citan, y no más que éstos. Los mismos también y no más, son citados en las Epístolas a los Tesalonicenses, a Timoteo, a Tito y a los Hebreos, exceptuando un error numeral (ya sea del escribano o tipógrafo). Estéfano, por lo tanto, recolectó varias Lecturas de las Epístolas de solamente estos siete manuscritos: δ, ε, ζ, θ, ι, ια ιγ, y en todos estos siete encontró que faltaba el testimonio de “los Tres en el Cielo”, y como se puede ver, lo anotó en la margen de su edición.

XXVII. Y que este testimonio faltaba también en todos los manuscritos de Estéfano, es también aparente porque generalmente falta en los manuscritos que ahora existen en Francia. El Padre Simón [26] nos dice que después de una búsqueda diligente en la Biblioteca del Rey de Francia y también en la de Monsieur Colbert, no lo pudo encontrar en ningún manuscrito, aunque él consultó siete manuscritos en la Biblioteca del Rey y uno en la de Colbert. Y dado que Estéfano tuvo algunas de las diversas lecturas de Italia, yo añadiré que un caballero que en sus viajes consultó doce manuscritos en varias bibliotecas de Italia, me aseguró que lo encontró carente en todos ellos. Uno de los doce fue el manuscrito más antiguo y más famoso de la Biblioteca de los Papas, escrito en letras mayúsculas. 

XXVIII. Así pues, la autoridad de los libros impresos se basa únicamente en la autoridad de las ediciones de Erasmo y del cardenal Jiménez. Pero Erasmo lo omitió en sus dos primeras ediciones y lo insertó contra la autoridad de sus manuscritos en sus tres últimas, por lo que la autoridad de estas tres no puede ser ninguna en absoluto. Cuando Lee hostigó a Erasmo, porque en la publicación de su segunda edición dejó de lado el testimonio de “los Tres en el Cielo”, Erasmo le respondió que había consultado más de siete manuscritos griegos y faltaba en todos ellos, pero que si lo hubiera podido encontrar, así fuera en un solo manuscrito, hubiera seguido a favor de la Latina. [27] Por lo tanto se le aviso a Erasmo que allí en Inglaterra había un manuscrito; [28] y entonces para evitar las calumnias (como lo dice él), lo imprimió en sus siguientes ediciones, a pesar de que sospechaba que el manuscrito era nuevo y corregido desde el latín. Pero al investigar, [29] yo no pude hallar que en Inglaterra hayan oído hablar alguna vez del tal manuscrito sino a partir de Erasmo, y ya que sólo se le informó de tal manuscrito en el tiempo de la controversia entre él y Lee, pero nunca lo vio él mismo, yo no puedo dejar de sospechar que solo fue un truco por parte del clero papista, para probarlo haber si él hacía lo que había ofrecido, de imprimir el testimonio de “los Tres en el Cielo” por la autoridad de cualquier copia griega, y por lo tanto para introducirlo en su edición. Los manuscritos griegos de las Escrituras son cosas de valor, y no se usan para ser desechados. El tal manuscrito del testimonio de “los Tres en el Cielo”, habría hecho un ruido más grande que el resto que lo han hecho en contra. ¡Que los que tengan el tal manuscrito, nos digan dónde está!

XXIX. Así también los que insisten en la edición del cardenal Jiménez, deben decirnos por cuál manuscrito él imprimió este testimonio, o al menos proporcionarnos una buena nota de dónde puede encontrarse. Si no hacen esto, entonces yo estoy en la libertad de creer que él no imprimió nada más que una traducción del latín, por estas razones:

Primero, porque en el prefacio a su edición del Nuevo Testamento, se nos dice que este Testamento fue impreso desde manuscritos sacados de la Biblioteca de los Papas, y a éstos el Cardenal solo los tomó prestados [30], por lo que los devolvió tan pronto como terminó su edición. Y Cariófilo, algún tiempo después, por encargo de los Papas cotejó los manuscritos del Vaticano, encontrando que el testimonio de “los Tres en el Cielo” faltaba en todos ellos. Yo no digo que el Cardenal no tuviera otros manuscritos, pero éstos eran los principales y los únicos que él pensó que valía la pena mencionarles a sus lectores.

En segundo lugar, asombra la nota marginal en este lugar de la edición del Cardenal, pues además del uso de esta edición, él pone notas en el margen del texto griego. Yo no las he encontrado sino tres veces en toda esta edición del Nuevo Testamento, y por lo tanto debe haber algo extraordinario en ellas, y ésto respecto del griego, porque está en el margen de dicho texto. En 1. Corintios 15, se observa en este margen una notable variación en la lectura griega. En Mateo 6:13, donde su edición se aleja de las copias griegas y la corrige con la latina, hace una nota marginal para justificar su actuar. Y así, aquí donde el testimonio de “los Tres en el Cielo” generalmente falta en las copias griegas, hace una tercera nota marginal para protegerse de ser culpado por la impresión. Ahora bien, en este caso no hay duda de que harían la mejor defensa posible, y sin embargo no habla de ningunas varias lecturas en sus manuscritos griegos, ni produce ningún manuscrito griego que esté de su lado, sino que recurre a la autoridad de Tomás de Aquino. Los manuscritos griegos tienen el texto así: “Porque hay tres que dan testimonio, el Espíritu, el agua y la sangre, y estos Tres son Uno”. En muchos de los manuscritos latinos, las palabras “estos Tres son Uno” son omitidas aquí [en el versículo 8], y aparecen solamente al final del testimonio de “los Tres en el Cielo” [en el versículo 7], y antes del Espíritu, el agua, y la sangre. En otros se ponen después de ambos testimonios. En la edición Complutense se siguen las copias que solamente las tienen antes [o sea, sólo en el versículo 7], y lo justifican diciendo que lo hacen por la autoridad de Tomás de Aquino. [31] “Tomás”, dicen ellos, “al tratar de los Tres que dan testimonio en el Cielo, enseña que las palabras ‛estos tres son uno’ son añadidas para insinuar la unidad de la esencia de las Tres personas. Y aunque un Joaquín interpretó que esta unidad es sólo en amor y consentimiento, por lo que en algunas copias se dice del Espíritu, el agua y la sangre que ‛estos Tres son Uno’, Tomás respondió que ‛esta última cláusula no existe en las copias verdaderas, sino que fue añadida por los arrianos para pervertir el sentido”. Hasta aquí dicha nota. Ahora, esto claramente respecta a las copias latinas (porque Tomás no entendía el griego), y por lo tanto parte del propósito de esta anotación fue para poner a la derecha la lectura latina, pero éste no fue el propósito principal. Dicha anotación debió haber sido establecida en la margen de la versión latina, pero al fijarla en la margen del texto griego, se evidencia que su principal propósito fue justificar al griego por el latín así rectificado y confirmado. Ahora bien, esta manera de utilizar a Tomás, hace que en pocas palabras todo el trabajo haya sido muy artificial; pero en España, donde Tomás es de autoridad apostólica, esto pasó como una defensa muy juiciosa y sustancial del griego impreso. Sin embargo, para nosotros Tomás de Aquino no es apóstol, y aquí estamos buscando es la autoridad de los manuscritos griegos.

Una tercera razón por la que yo concibo que el griego complutense es en este lugar una traducción del latín, es porque Zúñiga, que como te dije fue uno de los teólogos que el Cardenal empleó para esta edición, y que por ese mismo tiempo escribió contra Erasmo, cuando en sus objeciones llega a este texto del testimonio de “los Tres en el Cielo”, no cita ni un manuscrito griego contra Erasmo, sino que arguye por completo la autoridad de los latinos. Por el contrario, establece en forma de concesión la lectura común de los manuscritos griegos (de los suyos y otros) por medio de estas palabras: “ὁτι τρεις εισιν oἱ μαρτυρουντες το πνευμα, και το ὑδωρ, και το αιμα˙ και οἱ τρεις εις το ἑν εισι” [porque tres son los testigos, el Espíritu, el agua y la sangre, y estos tres concuerdan], pero entonces los condena a todos sin excepción, y justifica a los latinos contra ellos por la autoridad de Jerónimo. [32] “Saben”, dice él, “que en este lugar los manuscritos griegos están muy evidentemente corrompidos, pero los nuestros (que son los latinos) contienen la verdad, tal como se traduce desde el primer original, como es manifiesto por el prólogo de San Jerónimo a las Epístolas, etc.”. Y este prólogo (que él cita extensamente y del cual dimos cuenta arriba) es todo lo que él insta a favor del testimonio de “los Tres en Cielo”. En otros pasajes de la Escritura, donde él tuvo a los manuscritos griegos de su lado, él los produjo fácilmente. Así que en 1. Tesalonicenses 2:7 “Ita quidem legitur” [En este sentido leemos], él dice: “in græcis codicibus quos ego viderim” [“lo que yo he visto en los mejores códices griegos”]. En Santiago 1:1 él dice: “Sciendum in omnibus græcis codicibus πορείας hîc legi per ei diphthongum” [“Es claro por todos los manuscritos griegos que πορείας aquí se lee a través del diptongo”]. En 1. Tesalonicenses 5:23, él dice: “Cum in græcis exemplaribus quotquot sunt, ὁλόκληρον, et in Latinis integer hîc legatur, per nemine discrepante, nescio cur Erasmus dixerit” [“Mientras que en las muchas copias griegas, ὁλόκληρον, en toda la lectura latina discreparon por una, Erasmo dijo ignorarla”], etc. En Filipenses 4:9: “Si quidem in ómnibus” [“Si de hecho, en todos”], dice él, “græcis codicibus, тαυτα λογίζεσθε hîc legitur; neque græci sunt libri, qui πρασσετε hoc loco, neque Latini, qui agite; nisi mendosos utriusque, linguæ codices, cum hæc commentaretur Erasmus, per legit” [en los manuscritos griegos leemos тαυτα λογίζεσθε, pero no πρασσετε en los libros griegos, ni tampoco concuerdan aquí los latinos sino solo dos defectuosos manuscritos de esta lengua, como comentó Erasmo que él leyó]. De esta manera, Zúñiga presenta los manuscritos utilizados en la edición Complutense cuando lo hace para él, y aquí también los presenta para Erasmo y en contra de sí mismo. “Saben”, dice él, “que en este lugar los manuscritos griegos están muy evidentemente corrompidos”. En otros pasajes, aun si él solamente cuenta con un manuscrito de su lado, lo presenta magníficamente, como con el Códice Rodiense en su discurso sobre 2. Corintios 2:3, Santiago 1:22, 2 Pedro 2:2 y otros textos. Pero aquí él presenta a todos los manuscritos en contra de sí mismo, sin exceptuar a ninguno. Por eso Erasmo en su respuesta a Zúñiga, se gloriaba por el consentimiento de los manuscritos españoles con los suyos. Sancho Carranza (otro de los teólogos complutenses) que escribió después en defensa de Zúñiga, no tuvo nada que replicar en este punto. Ni Sepúlveda, ni los monjes españoles que siguieron la controversia, encontraron algún manuscrito griego que pudieran citar aquí contra Erasmo. Tampoco tuvo éxito Marco Velesio, que en aquella ocasión recopiló 16 manuscritos griegos, ocho de los cuales pertenecían a la biblioteca del Rey de España y los otros ocho a otras bibliotecas de España, y lo hizo a propósito para recoger de ellos lo que pudiera obtener a favor del presente latín vulgar. Tampoco la reimpresión de la Biblia Complutense por Arias Montano, presentó la notificación de cualquier manuscrito, aunque él en esa ocasión contó con muchos manuscritos griegos como latinos obtenidos de Complutum y de otros lugares, que fueron recopilados por Arias, Lucas de Brujas, Canter y otros.

XXX. Entonces para resumir el argumento, a veces los teólogos complutenses modificaron el griego desde los manuscritos latinos sin la autoridad de ningún manuscrito griego, como aparece por su práctica en Mateo 6:13, y por lo tanto su impresión del testimonio de “los Tres en el Cielo” no es evidencia de que lo hicieron con base en algún manuscrito. Antes por el contrario, por falta de alguno se contentaron con la autoridad de Tomás de Aquino, y aun Zúñiga confesó que no tenían ninguno. Tampoco se ha podido descubrir tanto celo por este texto, ya sea en España o en cualquier otro lugar.

XXXI. Y ahora tú puedes comprender de dónde es que la edición Complutense y la lectura del pretendido manuscrito inglés establecido por Erasmo en sus anotaciones, difieren tanto entre sí. Pues mientras la Complutense tiene el texto así: “Ὁτι τρεις εισιν οἱ μαρτυρουν τες εν τῳ ουρανῳ˙ ὁ πατηρ, ὁ λογος, και το ἁγιον πνευμα˙ και οἱ τρεις εις το ἐν εισι. και τρεις εισιν οἱ μαρτυρουντες επι της γης, το πνευμα, και το ύδωρ, και το αἱμα”, el pretendido manuscrito inglés, dice: “Ὁτι τρεις εισιν οἱ μαρτυρουντες εν τῳ ουρανῳ, πατηρ, λόγος, και πνευμα˙ και ούτοι οἱ τρεις ἐν εισιν. και τρεις μαρτυρουντες εν τῃ γῃ, πνευμα, και ύδωρ, και αἱμα”. Las diferencias son demasiado grandes para surgir de los errores de los escribas, y surgen más bien de la traducción del pasaje desde el latín al griego por dos grupos de personas.

XXXII. Pero mientras estas dos lecturas por su desacuerdo se refutan entre sí, las lecturas de los manuscritos griegos reales se confirman las unas a las otras por su acuerdo. Para Cariófilo, que por mandato de Papa Urbano VIII cotejó el Vaticano y otros manuscritos tomados de las principales bibliotecas de Roma, se encuentra una lectura común en todos ellos sin el testimonio de “los Tres en el Cielo”, como se puede ver en su compilación impresa en el año de 1673 por Pedro Possino al final de su Cadena de los Padres griegos sobre Marcos. Él se encontró con ocho manuscritos en todas las epístolas y anotó su lectura así: “1 Joan. v.7, Manuscripti octo (omnes nempe) legunt [1 Juan. v.7, manuscrito ocho (todos a saber) leen], Ὁτι τρεις εισιν οἱ μαρτυρουντες, το πνευμα, και το ύδωρ, και τὸ αἱμα˙ και οἱ τρεις εις το ἑν εισι”. “Porro totus septimus versus hujus capitis desideratur in octo manuscriptis codicibus Græcis” [Por otra parte, el conjunto del séptimo y el octavo versículos de este capítulo, falta en los códices de los manuscritos griegos], etc. Así lo indica Cariófilo.

XXXIII. La misma lectura de Erasmo en sus Anotaciones sobre este pasaje, nos dice que todos sus manuscritos fueron más de siete, y así Estéfano por todos siete sin anotar varias lecturas en ellos. Sólo la comma que en la Edición de Estéfano es (seguramente por error) puesta después de οὐρανωι, debe ser puesta en su lugar correcto. Zúñiga hace también esa misma lectura en su libro contra Erasmo a partir de los manuscritos que había visto en España, como se ha señalado anteriormente. Ni siquiera Velesio en su recopilación de los dieciséis manuscritos españoles, nota varias lecturas en este texto. La misma lectura exacta la tienen también los manuscritos en Inglaterra, a saber el más antiguo y más famoso de la Biblioteca de los Reyes, que fue transportado allí desde Egipto a través de Grecia, y publicado en la Biblia Políglota de Walton; y los cuatro en Oxford: uno en el Colegio Nuevo, otro en el Colegio Magdalena (ambos muy antiguos), y otros dos en el Colegio Lincoln; y otros cinco antiguos traídos últimamente desde Turquía por el Sr. Covel y cotejados por el Dr. Mills. La misma lectura la tienen también los tres manuscritos de Monsieur Petavio Gachon, senador de París, cuyas diversas lecturas recogidas por su hijo Juan Gachon, fueron impresas en la edición de Oxford del Nuevo Testamento en 1675. La misma lectura sin ninguna variación, fue publicada por Francis Asulan en su edición impresa en 1518 en Venecia por Aldo, y que estaba por fuera de los manuscritos de esas partes. La misma lectura de Ecumenio hace seiscientos años se encuentra en los Manuscritos de Grecia, como se puede ver en el texto de su Comentario sobre esta Epístola de Juan. La misma lectura que Cirilo de Alejandría encontró en los manuscritos de Egipto hace más de ochocientos años, como se puede ver en sus citaciones del texto, tanto en su Tesauro libro 14 capítulo 5, y en su primer libro De Fide ad Reginas, con la excepción de que en la última de estas dos citas omitió la partícula ἐις y escribió μαρτυρουσι por οἱ μαρτυρουντες. Y que la misma lectura estuvo también en los manuscritos de las primeras edades, se puede recoger de la conformidad de esta lectura en todas las versiones antiguas.

XXXIV. Por lo que se ha dicho hasta ahora, puede parecer que este testimonio no se encuentra en los manuscritos griegos. Un Epanortotes a quien Lucas de Brujas describe como un antiguo, preciso e íntegro compilador de manuscritos, encontró que no estaba en todos los que conoció. “Epanortotes”, [33] dice Lucas, “deesse hæc eadem Græcis libris, et antiquis Latinis annotat” [dice que el mismo falta en todos los libros griegos, y anota que en todos los antiguos latinos]. Ningunos otros compiladores han hecho algún descubrimiento adicional hasta el día de hoy. Lee, Zúñiga, y el resto de los que conspiraron contra Erasmo en Inglaterra, España, Flandes, Francia e Italia, no pudieron encontrar nada en su contra en los manuscritos de esas partes, si se exceptúa el que alguna vez se le apareció a ciertos hombres aquí en Inglaterra, y que desde entonces nunca ha sido visto. Después de las disputas de aquellos tiempos, Hessels, [34] un profesor de teología en Lovaina, cerca del año 1565 en su Comentario sobre este pasaje, confiesa ingeniosamente que falta en todos los manuscritos griegos hasta entonces conocidos, excepto dos, el uno en España y el otro en Inglaterra, es decir, aquellos por los que los teólogos complutenses y Erasmo lo imprimeron, que como hemos demostrado no existen en absoluto, a menos que algún Annio haya desenterrado uno en Inglaterra. Desde entonces no se ha producido nada más allá de los libros imaginarios del soñador Beza. Y sin embargo, no diré sino que pueda ser encontrado en el futuro en alguna otra parte en algunas copias griegas. Porque en los tiempos de la guerra santa, los latinos tuvieron mucho que hacer en el oriente. Ellos estuvieron unidos por mucho tiempo a la Iglesia Griega, ellos pusieron a los patriarcas latinos de Jerusalén y Antioquía; ellos reinaron en Constantinopla sobre los griegos a partir del año 1204 por más de 50 años consecutivos, y durante éste su Reino, en el año 1215 se reunió el Concilio de Letrán que constó de 415 obispos griegos y latinos juntos, y en éste el testimonio de “los Tres en el Cielo” fue citado de algunos de los manuscritos latinos como te lo dijimos arriba. Todo esto pudo ocasionar que algunos griegos y latinos lo anotaran en los márgenes de sus libros y que luego lo insertaran en el texto durante la transcripción. Además, es muy cierto que algunos manuscritos griegos han sido corregidos por los latinos. Al tal libro, Erasmo [35] nos dice que una vez lo conoció, y que había otro en la Biblioteca de los Papas. Él sospechaba también que el libro en Inglaterra, del cual imprimió el testimonio de “los Tres en el Cielo” era de la misma clase, aunque yo creo que no había ninguno, a menos que algunos italianos de esa época hubieran realizado el gran esfuerzo de transcribir uno o dos de las Epístolas de San Pablo. Ese otro libro fue uno de los de los cuales Velesio compiló de sus diversas lecturas. De donde Mariana, en cuyas manos sucumbió el manuscrito de esas lecturas, nos dice que por eso en sus anotaciones sobre el Nuevo Testamento utilizó esas lecturas con moderación y cautela. Que Velesio se encontró con un manuscrito tan modificado, es evidente por las mismas lecturas. Así en Apocalipsis 18:17 donde en el griego se lee: “επι τοπον” [“en el lugar”], en el latín se traduce “in locum” [“en el lugar”] y por el error de una letra “in lacum” [“en el lago”] como los libros ahora lo tienen, y así algunos griegos han modificado aquí sus libros por el latín y han escrito: “επι λιμνην” [“en el lago”] como está en las lecturas de Velesio sacadas de este manuscrito. Nuevamente en Apocalipsis 9:11, donde el traductor latino al exponer los nombres de “Abaddon et Apollyon” añade: “Et latinè habens nomen exterminans” [“En latin su nombre es extermininador”], Velesio anota la lectura en su copia griega para ser: “ρωμαιστὶ εχων ονομα εξτερμινανς” [“para los romanos este nombre es exterminador”], lo cual ciertamente es una traducción del latín. Nuevamente en Apocalipsis 21:12 donde el griego tiene αγγελους, y algunas antiguas copias latinas angelos, pero la mayor parte de las copias latinas en la actualidad angulos, Velesio en su manuscrito lee γωνιας [“ángulos”]. Así que en Apocalipsis 19:6 donde el griego es “οχλου πολλου” [“gran estruendo”] y el latín “turbæ magnæ” [“gran estruendo”], y en copias posteriores, “tubæ magnæ” [“gran trompeta”], Velesio en su manuscrito lee: “σαλπιγγος μεγαλης” [“gran trompeta”]. En Hebreos 13:2 para ελαθον, latuerunt, [“sin saberlo”]; y en las copias posteriores placuerunt [“agradablemente”], Velesio lee ηρεσαν [“agradablemente”]. Y en 1. Pedro 3:8, para το δε τελος, in fine, [“al final”], y por error in fide [“en la fe”], Velesio lee εν τῃ πιστει δε [“en la fe”]. Estos y otros ejemplos similares ponen la cosa fuera de disputa. Ahora bien, Velesio no encontró el testimonio de “los Tres en el Cielo” en este manuscrito, y Erasmo nos dice que nunca lo vio en ningún manuscrito griego, y por consiguiente no en aquel corregido que cayó en sus manos; sin embargo puede haber salido del latín hacia algunos otros libros de los que aún no se ha tenido noticia, e incluso en algunos manuscritos que en otros pasajes no han sido corregidos por el latín, puede haber sido insertado por algunos de los obispos griegos del Concilio de Letrán, donde el testimonio de “los Tres en el Cielo” fue leído. Por lo tanto, el que de ahora en adelante se encuentre con éste en cualquier libro, primero debe insistir en la autoridad de ese libro, para examinar si no ha sido modificado por el latín, y si es más antiguo que el Concilio de Letrán y que el imperio de los latinos en Grecia. Pues si no está sujeto a cualquiera de esas dos excepciones, entonces publicarlo no significa nada.

XXXV. Habiendo dado la historia de la controversia, confirmaré ahora todo lo que he dicho del sentido del texto, pues sin el testimonio de “los Tres en el Cielo”, el sentido es bueno y fácil, como se puede ver por la siguiente paráfrasis insertada en el texto con un carácter diferente.

“¿QUIÉN ES EL QUE VENCE AL MUNDO, SINO EL QUE CREE QUE JESÚS ES EL HIJO DE DIOS?, este Hijo de quien se habla en los Salmos, donde dice: ‛Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy’. ÉSTE ES EL QUE después de que los judíos lo habían esperado desde hacía mucho tiempo, VINO primero en un cuerpo mortal POR el bautismo de AGUA, y luego en uno inmortal al derramar su SANGRE sobre la cruz y resucitar de los muertos: NO SÓLO POR EL AGUA, SINO POR EL AGUA Y LA SANGRE fue Hijo de Dios, como también por su resurrección de los muertos (Hechos 13:33), como por su nacimiento sobrenatural de la Virgen (Lucas 1:35). Y ES EL ESPÍRITU TAMBIÉN, QUE junto con el agua y la sangre DA TESTIMONIO de la verdad de su venida, PORQUE EL ESPÍRITU ES LA VERDAD, y por lo tanto es apto para dar un testimonio intachable. PORQUE HAY TRES QUE DAN TESTIMONIO de su venida; EL ESPÍRITU que él prometió enviar, y que desde entonces se derramó sobre nosotros en forma de lenguas y en diversos dones; EL bautismo de AGUA, en el cual Dios testificó: ‛este es mi Hijo amado’, Y EL derramamiento de su SANGRE acompañada con su resurrección, por la que se convirtió en el más fiel mártir o testigo de esta verdad. Y ESTOS TRES, el Espíritu, el bautismo y la pasión de Cristo, ESTÁN DE ACUERDO en ser testigos de UNA y la misma cosa, es decir que el Hijo de Dios ha venido, y por lo tanto su evidencia es poderosa. Porque la Ley requiere de solamente dos testigos que consientan, y aquí tenemos tres. Y SI RECIBIMOS EL TESTIMONIO DE LOS HOMBRES, EL triple testimonio de DIOS que él dio acerca de su Hijo, al declarar en su bautismo: ‛Este es mi Hijo amado’, al resucitarlo de los muertos, al derramar su Espíritu sobre nosotros, ES MAYOR, y por lo tanto, debe ser más fácil de recibir.

XXXVI. Así es el sentido plano y natural y el argumento completo y fuerte; pero si insertas el testimonio de “los Tres en el Cielo”, lo interrumpes y lo estropeas. Pues si todo el propósito del Apóstol está aquí para probar a los hombres con los testigos de la verdad de que Cristo vino, pregunto ¿cómo ayuda el testimonio de “los Tres en el Cielo” en este propósito? Si su testimonio no se da a los hombres, ¿cómo se les demuestra la verdad de que Cristo viene? Si es así, ¿cómo se distingue el testimonio en el cielo del que está en la tierra? Es el mismo Espíritu el que testifica en el cielo y en la tierra. Si en ambos casos nos atestigua a los hombres, ¿dónde está la diferencia entre su testimonio en el cielo y su testimonio en la tierra? Si en el primer caso no atestigua a los hombres, ¿a quiénes da testimonio y con qué propósito? ¿Y cómo ayuda su testimonio al propósito del discurso de Juan? ¡Que tengan buen sentido haber de qué son capaces, porque yo por mi parte no puedo hacer nada! Si se dice que nosotros no debemos determinar lo que es la Escritura por nuestros juicios privados, yo la confieso en los pasajes no controvertidos, pero en los pasajes disputables me encanta tomar de lo que mejor puedo entender. El temperamento de la parte calurosa y supersticiosa de la humanidad en asuntos de religión, es que siempre son aficionados a lo misterioso, y por eso a ellos les gusta lo que menos entienden. Tales hombres pueden usar al Apóstol Juan como les plazca, pero yo lo honro a él y creo que él escribió con buen sentido, y por lo tanto tomo ese sentido como el suyo porque es el mejor, sobre todo porque lo estoy defendido por una autoridad muy grande. Pues tengo de mi parte la autoridad del cuarto Concilio general y (hasta donde yo sé) de todas las Iglesias de todas las épocas, excepto las latinas modernas y otras que últimamente han sido influenciadas por ellas, y también de todas las versiones antiguas y los manuscritos griegos y latinos antiguos; y no hay nada contra mí sino la autoridad de Jerónimo, y la credulidad y pasión de sus seguidores.

Pues para hablarnos de otros manuscritos sin nunca dejarnos saber en qué Bibliotecas podrían ser vistos; para pretender de manuscristos de los cuales nunca se podía oír hablar hasta su primer descubrimiento, ni fueron vistos en ese entonces por personas de cuyo nombre y crédito conocemos, es claramente querer imponerlos sobre el mundo académico, por lo que no debe pasar más tiempo para el intercambio justo. Los españoles nos dicen claramente que siguieron al latín, y por la autoridad de Tomás sacaron la cláusula “y estos tres son uno” del versículo 8, argumentando que fue insertado por los arrianos. Sin embargo San Ambrosio y San Agustín, Euquerio y otros latinos, recogieron en la época arriana la unidad de la deidad de esta cláusula, por lo que la omisión impresa que ahora conocemos de ella, se dio por una modificación errónea. El pretendido manuscrito en Inglaterra omite la misma cláusula, y por lo tanto si alguna vez existió tal manuscrito, fue modificado como la edición española y el manuscrito de Velesio. Erasmo, quien imprimió el testimonio de los tres en el cielo por ese manuscrito inglés, nunca lo vio, y nos dice que era nuevo, que sospechaba de su integridad, y durante varios años y en varias ocasiones lo acusó públicamente en sus escritos. Y sin embargo, sus adversarios de Inglaterra nunca respondieron a su acusación, nunca se esforzaron por satisfacerlo, y al resto del mundo nunca nos hicieron saber en dónde se podía consultar el registro para confutarlo, sino que por el contrario cuando habían conseguido que la Trinidad se introdujera en su edición, botaron su manuscrito (si es que tuvieron uno) como un almanaque obsoleto ¿Tal trato puede satisfacer a los hombres? ¡Que los manuscritos sean publicados y expuestos libremente a la vista del mundo erudito, pero que tales manuscritos se publiquen si son de autoridad! O bien, ¡Que se confiese que mientras Jerónimo pretendió corregir al latín por el griego, los latinos han modificado tanto al latín y al griego solamente por la autoridad de Jerónimo!


Notas al Pie

[1] “Dicit Dominus, Ego et pater unum sumus; et iterum de patre et filio et spiritu sancto scriptum est, Et tres unum sunt”. [“El Señor dice: 'Yo y el Padre somos uno; Y de nuevo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, estos tres son uno”] – Cipriano [de Cartago]. De Unitate Ecclesiæ. 
[2] “Si templum Dei factus est, quæso cujus Dei? Si spiritus sancti, cum tres unum sint, quomodo spiritus sanctus placatus ei esse potest, qui aut patris aut filii inimicus est?” [Si fuera templo de Dios, ¿De qué Dios? Si del Espíritu Santo, dado que los tres son uno, ¿cómo podría el Espíritu Santo estar en paz con el que es el enemigo del Padre o del Hijo?] - Cipriano [de Cartago]. Epistola 73 Ad Julaianum.
[3] Euquerio lee el texto así: “Tria sunt quæ testimonium perhibent; aqua, sanguis, et spiritus” [“Tres son los que dan testimonio, el agua, la sangre, y el Espiritu”]. Y luego agrega esta interpretación: “Mas aquí la interpretación mística supone la Trinidad; que ella informa perfectamente el testimonio de Cristo: el agua indicando al Padre, porque él dice de sí mismo: ‛Me dejaron a mí, fuente de agua viva’. La sangre, por supuesto muestra a Cristo, porque la vertió en su pasión. El Espíritu Santo, al Espíritu que se manifiesta”. – Euquerio de Lyon. De Quæstiones Novum Testamentum.
[4] “En verdad que yo no quiero que te equivoques cuando en la carta del apóstol Juan dice: ‛Tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres son uno’. No vayas a replicarme que el espíritu y el agua y la sangre son sustancias diversas, y que con todo se ha dicho que los tres son uno. Por esa razón te he advertido que no te engañes. Porque esas cosas son sacramentos, en los cuales siempre hay que atender no a lo que son, sino a lo que significan… Pero, si queremos indagar lo que por ellas se significa, no es absurdo que representen a la misma Trinidad, que es el único, solo, verdadero y sumo Dios, Padre e Hijo y Espíritu Santo, de quienes puede decirse con toda verdad: Tres son los testigos, y los tres son una sola cosa. Para que con el nombre del Espíritu entendamos significando a Dios Padre (realmente el Señor hablaba de que Él solo debe ser adorado, cuando dice Dios es Espíritu). Con el nombre de sangre entendamos significado al Hijo, porque la Palabra se hizo carne. Y con el nombre de agua entendamos significado al Espíritu Santo. Porque cuando Jesús hablaba del agua que había de dar a los sedientos, dice el evangelista que: ‛Eso lo dijo del Espíritu que iban a recibir los que creyesen en Él’”. – Agustín de Hipona. Contra Maximino, Libro 2, Capítulo 22.
[5] Facundo en el principio de su libro al Emperador Justiniano, Pro Defensione Trium Capitulorum Consilii Chalcedonensis [En Defensa de los Tres Capítulos del Concilio de Calcedonia], primero recita el texto a la manera de Cipriano, pero más claramente en estas palabras: “Para el apóstol Juan, en su epístola, se dice del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ʻTres son, los que dan testimonio en la tierra, el Espíritu, el agua y la sangre, y estos tres son unoʼ. El Espíritu significa el Padre, etc. Juan 4:21. El agua, el Espíritu Santo, Juan 7:37. Y la sangre, de hecho el Hijo”. Y poco después él confirma así esta interpretación por la autoridad de Cipriano, diciendo: “O quizás, sin forzar las palabras que dicen: ʻTres son los que testifican en la tierra, el Espíritu, el agua y la sangre, y estos tres son unoʼ, él no entendería la Trinidad, y se apoya en su respuesta por las palabras establecidas por el apóstol Juan. Son estos tres los que testifican en la tierra, de los que se dice que son uno. ¿Pueden ser estos el Espíritu, el agua y la sangre? Este es sin embargo el testimonio del beato Cipriano de Cartago (obispo y mártir) sobre el apóstol Juan, en la epístola del libro que escribió acerca de la Trinidad, llamado La Unidad de la Iglesia, interpretando así al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, pues para él, ʻdice el Señor, Yo y el Padre uno somos; y de nuevo del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo está escrito: estos tres son unoʼ”. – Facundo, libro I. pág. 16; ex edit. Sirmondi, Paris, 1629.
[6] “Connexus patris in filio, et filii in paracleto, tres efficit cohærentes, alterum ex altero, ʻqui Tres Unum suntʼ, (non Unus) quomodo dictum est, ʻEgo et Pater Unum sumusʼ; ad substantiæ unitatem, non ad numeri singularitatem”. [Así que la estrecha conexión del Padre en el Hijo, y del Hijo en el Paráclito, produce tres Personas coherentes, que aún son distintas la una de las otras. Estas tres son una esencia, no una sola persona, como fue dicho, –"Yo y el Padre uno somos "– [Jn. 10:30], en relación con la sustancia no con la singularidad de número.] – Tertuliano. Adversus Praxeam [Contra Práxeas], capítulo 25.
[8] Son palabras sospechosas εν τῃ γῃ, pues no están en el manuscrito.
[9] Todo el prefacio corre así: “Prólogo a las Cartas Canónicas. El orden de las siete Epístolas que se llaman canónicas no es el mismo entre los griegos que siguen la fe correcta y el que se encuentra en los códices latinos, donde Pedro, siendo el primero de los apóstoles, también tiene sus dos epístolas primero. Pero así como hemos corregido a los evangelistas en su propio orden, también con la ayuda de Dios hemos hecho con estos. La primera es una de Jacobo, luego dos de Pedro, tres de Juan y una de Judas. Así como éstas son debidamente entendidas y traducidas fielmente por los intérpretes al latín sin dejar ambigüedad para los lectores ni permitir que la variedad de géneros entre en conflicto, especialmente en ese texto donde leemos la Unidad de la Trinidad colocado en la primera epístola de Juan, donde se han cometido muchos errores a manos de traductores infieles en contra de la verdad de la fe, quienes han guardado sólo los tres vocablos Agua, Sangre y Espíritu en esta edición, omitiendo la mención al Padre, la Palabra y el Espíritu, en la que especialmente la fe católica es fortalecida y la unidad de la sustancia del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es atestiguada. En las otras epístolas hasta qué punto nuestra edición varía de las demás, lo dejo a la prudencia del lector. Pero tú, virgen de Cristo, Eustoquio, cuando me preguntas con urgencia sobre la verdad de las Escrituras, expones mi vejez a los dientes de los devoradores envidiosos que me acusan de ser falsificador y corruptor de las Escrituras. Pero en tal trabajo no temo la envidia de mis críticos, ni niego la verdad de las Escrituras a los que la buscan”.   
[10] “Sæpe numero violentus, parumque pudens, sæpe varius, parumque sibi constans”. – Erasmo, Anotación en 1. Juan 5:7. También vemos que Erasmo Contra Leum, en este punto habla ampliamente sobre Jerónimo.
[11] “Codex Armeniacus ante 400 annos exaratus, quem vidi apud Episcopum Ecclesiæ Armeniacæ, qæ Amstelodami colligitur, locum illum non legit”. [“Códice Armeniano, escrito antes de 400 años, al cual he visto en compañía del obispo de la Iglesia Armeniana al reunirnos en Amsterdam, no se lee este pasaje”]. – Sandius Append. Interpret. Paradox. in h. l.
[12] La versión esclavónica impresa, corre así: “Quia Tres sunt qui testificantur, Spiritus, et Aqua, et Sangus; et Tres in Unum sunt. Si testimonium”, &c. [“Hay tres que dan testimonio, el Espíritu, el Agua y la Sangre; y estos Tres son Uno. Sí testifican”, etc.]
[13] “Testimonium trium in Cœlo non est in antiquissimis Illyricorum et Ruthenorum codicibus; quorum unum exemplar, à sexcentis ferè annis manuscriptum, jampridem apud illustrissimum Gabrielem Chineum, terræ Bactricæ Dominum vidi, et legi: alterum manibus nostris teritur, fide et antiquitate suâ nobile”. [“El Testimonio de los Tres en el Cielo no está en los antiguos códices illiricos de Rutenia, uno de los cuales es una copia de un manuscrito de unos seiscientos años, del ilustrísimo comerciante Gabrielem Chineum, cuando la tierra Bactriana vio al Señor, y lee: nuestro territorio pasó a otras manos, su nobleza por su fe y antigüedad”]. – Camillus, De Antichristo, lib. ii. Cap. 2. Pag. 156. 1647.
[14] Hesiquio. In Levit. Lib. ii. C.8. post. Med.
[15] Casiodoro [Magnus Aurelius Cassiodorus Senator]. In Bibl. S. Patr. Edit. Paris. 1589.
[16] Ver también Ambrosio in Lucas 22:10, y en su libro Deiis qui mysteriis initiantur, cap. 4.
[17] Lib. 5, adversus Eunomium sub finem.
[18] Lucas de Brujas. In calce annot.
[19] Vide Math. Paris Histor. Angl. A.D. 1179.
[20] Vide Walton´s Prolegomena, x.5.
[21] Vigilio. Libr. Advers. Varimadun, cap. 5.
[22] “In editis exemplaribus nonnullis non legi; ut in Aldinâ et Badianâ edition. Addo, nec in Græco Testamento Gerbelii Haganoæ, 1521; nec in colinæi Parisiis edito”. – Gomarus in h. l.
[23] “Cum præsertim, si quisquam alius, et nos quoque his de rebus, nostro quodam jure, judicium ferre possumus. [Quippe] qui non paucos annos in sanctis scripturis Veteris et Novi Testamenti, Hebraicè, Græcè, et Latinè perlegendis consumpserimus; ac Hebraica, Græcaque ipsa divinarum literarum exemplaria cum Latinis codicibus diligentissimè contulerimus. Longâ igitur lectione ac experientiâ jampridem edocti, quantum tralationi huic ecclesisticæ Novi Testamenti deferendum sit, ni fallor, optimè novi”. – Hæc Stunica in Proem. Libri sui.
[24] Beza in hunc locum.
[25] Non desunt, qui Bezam nimis audacem fuisse judicant, dum à receptâ lectione sæpiùs sine necessitate recedit; et unius, interdum nullius, codicis authoritate fretus, prætoriam exercet potestatem, ex conjecturis mutando et interpolando textum sacrum pro libitu”. Walton. Prolegom. Iv. Sect. 15, in Bibl. Polyglot.
[26] Simonʾs Critical History of the New Test. Chap. XVIII.
[27] “Dicam mihi diversis temporibus plura fuisse exemplaria quàm septem [scilicet Græca]; nee in ullo horum repertum, quod in nostris [scilicet Latinis] legitur. Quod si contigisset unum exemplar, in quo fuisset, quod nos legimus, nimirum illinc adjecissem, quod in cæteris aberat. Id quia non contigit, quod solum licuit, feci; indicavi quid in Græcis codicibus minus esset”. — Hæc Erasmus Contra Leum, in hunc locum.
[28] Ex hoc igitur codice Britannico reposuimus, quod in nostris dicebatur deesse; ne cui sit ansa calumniandi. Quanquam et hunc suspicor, et Latinorum codices, fuisse castigatum. Posteaquam enim concordiam inierunt cum ecclesiâ Romanâ, studuerunt et hac in parte cum Romania consentiré”. – Erasmi Annotation, in hunc locum; editio tertia, et sequen.
[29] “Versiculus 1 Joan. v.7, in Syriacâ, ut et vetustissimis Græcis exemplaribus, nostro Alexandrino, aliis manuscriptis Græcis, quos contulimus, non reperitur”. — Walton. Prolegomena, xiv. 23, in Bibl. Polyglot.
[30] “Accivit è Vaticanâ Romæ Bibliothecâ, bonâ cum Leonis X. pontificis maximi veniâ”; — as Gasper Bellerus, in his epistle prefixed to the Quinquagena of Antonius Nabrissensis, expresses it.
[31] La nota es esta: “Sanctus Thomas, in expositione secundæ decretalis de summâ Trinitate et Fide Catholicâ, tractans istum passum contra Abbatem Joachim, viz. 'Tres sunt, qui testimonium dant in cœelo, Pater, Verbum, et Spiritus Sanctus', dicit ad literam verba sequentia: — 'Et ad insinuendam unitatem trium personarum subditur, et Hi Tres Unum sunt'; quandoquidem dicitur propter essentiæ unitatem. Sed hoc Joachim perversè trahere volens ad unitatem charitatis et consensûs, inducebat consequentem auctoritatem. Nam subditur ibidem, 'Et Tres sunt, qui testimonium dant in terrâ, Spiritus Sanctus, Aqua, et Sanguis': et in quibusdam libris additur, 'et hi Tres Unum sunt'. Sed hoc in veris exemplaribus non habetur; sed dicitur esse appositum ab Hæreticis Arianis ad pervertendum intellectum sanum auctoritatis præmissæ de unitate essentiæ Trium Personarum". Hæc Beatus Thomas, ubi supra.
[32] “Sciendum est, hoc loco codices apertissimè esse corruptos; nostros verò veritatem ipsam, ut à primâ origine traducti sunt, continere; quod ex prologo B. Hieronymi super Epistolas manifestè apparet. Ait enim, 'Quæ si sicut ab eis digesæ sunt; ita quoque ab interpretibus fideliter in Latinum verterentur eloquium'", &c. — Hæc Stunica in hunc locum, Ejus Liber exstat in Criticor. vol, ix.
[33] “Habuimus ab Hunnæo, — id quod maximi facimus, MS. Bibl. correctorium ab incerto auctore, quem Epanorthotem, aut correctorem fere vocamus, magnâ diligentiâ, ac fide contextum, secuto uti oportet antìquoes nostræ editionis códices, eosque cum Hebræis, Græcis, et veterum patrum commentariis sedulo collatos; qui liber ad Genesin viii. 7. latius à nobis descriptus est.” Hæc Lucas; qui ad Genesin viii. 7, dixit hunc librum multis annis scriptum, et pluribus fortè compositum. Dein, loco ex eo citato, pergit. Ad quæ dici quid possit? An quod libro fidendum non sit? Non hoc dicet, qui evolverit; quæ namque à nostri seculi scriptoribus ex MSS. codicibus collectæ sunt variæ lectiones, omnes propemodum in eo comperimus; et ad fontes fideliter examinatas deprehendimus. Scripsit hæc Lucas, anno 1579; “unde sequitur correctorium ante disputationes Erasmicas de testibus in cœlo elaboratum ese”.
[34] “Hesselius in hunc locum ait; “Manuscripti Græci fere omnes sic se habent: 'Quoniam Tres sunt, qui testimonium dant in terrâ, Spiritus, Aqua, et Sanguis, et hi Tres Unum sunt'; nullâ factâ mentione triplicis testimonii de cœlo 'Patris, Verbi, et Spiritûs Sancti'”. Dein codices aliter legentes describendo sic pergit; “Nostro tempore duo Græci codices manuscripti reperti sunt; unus in Angliâ, et alter in Hispaniâ; quorum uterque hoc loco testimonium habet 'Patris, Verbi, et Spiritûs Sancti'”.
[35] Hic obiter illud incidit admonendum esse Græcorum quosdam Novi Testamenti codices ad Latina exemplaria emendatos. Id factum est in fœdere Græcorum cum Romanâ ecclesiâ; quod foedus testatur Bulla, quæ dicitur Aurea; visum est enim et hoc ad firmandam concordiam pertinere. Et nos olim in hujusmodi codicem incidimus; et tails adhuc dicitur adservari in Bibliothecâ Pontif. Verum ex his corrigere nostros est Lesbiam, ut aiunt, admovere regulam”. — Erasmus ad Lectorem. Editio 5ta Novi Teslamenti.