miércoles, 20 de mayo de 2020

El Hombre Está Compuesto de Cuerpo y Espíritu




Por Julio César Clavijo Sierra
© 2020. Todos los Derechos Reservados.


Según la Biblia, cada ser humano está compuesto por una parte material que es llamada cuerpo, carne o polvo, y una parte inmaterial que es llamada indistintamente espíritu, alma, corazón o aliento. Así que el hombre no es un ser puramente físico o puramente espiritual, sino que es ambas cosas al mismo tiempo. Aunque el hombre es la síntesis de estos dos elementos tan distintos, aun así cada hombre es un solo ser que es una sola realidad psicofísica. 

En el Antiguo y en el Nuevo Testamento, encontramos palabras que a veces se refieren exclusivamente a uno de estos componentes físico o espiritual, o a veces se refieren a la totalidad del ser humano. (Voy a colocar los códigos del Diccionario de Strong, para que cualquiera pueda ampliar la información en los léxicos hebreos y griegos).

Para el componente físico encontramos las palabras hebreas afár (H6083) que significa polvo y basar (H1320) que significa carne o cuerpo. También tenemos las palabras griegas sárx (G4561) que significa carne o cuerpo, y sóma (G4983) que significa cuerpo. A veces la palabra hebrea basar y las palabras griegas sárx y sóma se refieren también a la totalidad de la persona humana.  

Para el componente espiritual hallamos las palabras hebreas neshamá (H5397) que significa aliento, espíritu, alma, intelecto; néfesh (H5315) que significa aliento, alma, vida, voluntad; rúakj (H7307) que significa aliento, espíritu, vida; leb (H3820) que significa corazón, sentimientos, voluntad, intelecto; mehá (H4578) que significa interior, entrañas, intestinos, corazón, vientre; kiliá (H3629) que significa riñón, mente, pensamiento, corazón; y tukjá (H2910) que significa riñones, pensamientos, entrañas. También encontramos las palabras griegas psujé (G5590) que significa alma, aliento, vida, espíritu, corazón; pneuma (G4151) que significa espíritu, aliento; kardía (G2588) que significa corazón, sentimientos, pensamientos; noús (G3563) que significa voluntad, intelecto, mente, pensar; splánjnon (G4698) que significa intestino, corazón, entraña; y nefrós (G3510) que significa riñón, mente, lo más íntimo. Muchas veces, todos estos conceptos también se utilizan para hablar de la totalidad del ser humano.                

Al narrar la creación de Adán, encontramos que Génesis 2:7 dice: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo [Hb. afár] de la tierra [le hizo un cuerpo de materia], y sopló en su nariz aliento [Hb. neshamá: espíritu o alma] de vida, y fue el hombre UN SER [Hb. néfesh: persona, ser, alma] viviente”. El ser real del hombre incluye su parte física y su parte espiritual. El apóstol Pablo habló del cuerpo como el hombre exterior, y del espíritu como el hombre interior (2. Corintios 4:16), pero aun así se refirió a cada hombre como un yo. El cuerpo contiene a la parte espiritual (Job 19:27, 32:18; Salmo 39:3, 42:4-5, 55:4, 94:19, 109:22, 142:3, 143:4; Proverbios 20:27, 23:7; Cantares 5:4; Isaías 26:9; Jeremías 4:19, 23:9; Lamentaciones 1:20, 3:20; Oseas 11:8; Habacuc 3:16; Mateo 23:27-28; Romanos 7:22). El cuerpo, a través de los cinco sentidos, nos conecta con el mundo físico que nos rodea, mientras que el espíritu nos conecta con el mundo espiritual y por ende con Dios (Marcos 14:38, Juan 4:24). Sin embargo en cada acto del hombre, es el hombre completo el que lo hace. Nuestros pensamientos, creencias, valores y nuestra forma de ver la realidad se expresan a través de nuestro cuerpo e influyen en nuestro cuerpo, y el funcionamiento de nuestro cuerpo (glándulas endocrinas, sistema nervioso autónomo, procesos bioquímicos, etc.) afecta nuestro funcionamiento espiritual. De manera que si el hombre desea tener una personalidad sana, debe cuidar su integridad psicofísica. Por esta razón Dios se quiere glorificar en el ser completo del hombre, y en consecuencia 1 Corintios 6:20 dice: “glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo [Gr. sóma]  y en vuestro espíritu [Gr. pneuma], los cuales son de Dios”. 

Todo el ser del hombre (espíritu y cuerpo) fue infectado por el pecado, y así la salvación en Cristo Jesús renueva todo lo que somos. Dios nos insta a que presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable delante de Él (Romanos 12:1-2), y desea que nuestros cuerpos sean templos de su Espíritu Santo (1 Corintios 3:16, 6:19). También desea la renovación de nuestro espíritu, y por eso dice que en espíritu sirvamos a Dios (Filipenses 3:3), que el Señor Jesucristo esté con nuestro espíritu (2 Timoteo 4:22), que nuestros espíritus sean hechos  perfectos (Hebreos 12:23) y que le adoremos en espíritu y en verdad (Juan 4:24). El que tiene cuidado de las cosas del Señor, es santo así en cuerpo como en espíritu (1 Corintios 7:34), y por lo tanto estamos llamados a limpiarnos “de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1). De igual manera en Efesios 4:22-24 se nos ordena: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Los dos elementos constitutivos del hombre solo se pueden separar en el momento de la muerte, donde el cuerpo queda inerte pero el alma continúa en una existencia consciente. A esto se le ha llamado “el estado intermedio”, que es un estado de existencia sin cuerpo, puramente inmaterial. Eclesiastés 12:7 dice: “el polvo [Hb. afár] vuelve a la tierra, como era, y el espíritu [Gr. rúakj] vuelve a Dios que lo dio”. Santiago 2:26 dice que “el cuerpo [Gr. sóma] sin espíritu [Gr. pneuma] está muerto”. Mateo 10:28 dice: “Y no temáis a los que matan el cuerpo [Gr. sóma], más el alma [Gr. psujé] no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”. El estado intermedio es un estado incompleto pues el yo real incluye también nuestro cuerpo (2 Corintios 5:1-4), y por esto se ha prometido que los creyentes recibirán un cuerpo glorioso en la resurrección (1 Corintios 15:42-54, Filipenses 3:20-21) para poder vivir en un mundo material perfecto en los cielos nuevos y la tierra nueva (2 Pedro 3:13, Apocalipsis 21:1). Dentro del plan de redención de Dios para nosotros, es tan importante la regeneración de nuestro espíritu como la de nuestro cuerpo. 


Refutando al Dualismo Gnóstico

En el mundo greco-romano de la época de Cristo y de la iglesia primitiva, el gnosticismo era una idea filosófica y religiosa muy popular. Esta doctrina, basada en las ideas de Platón, enseña que existe un dualismo entre el mundo material que es malo y perverso, y el mundo espiritual que es bueno, perfecto y puro. El mundo material es solo una sombra o un residuo imperfecto de un mundo espiritual que es el real. 

Desde el punto de vista gnóstico, el yo real es solo el alma que está encerrada como castigo en una cárcel de materia que es el cuerpo malo del cual debe ser liberada. Así que el cuerpo es solo un cascarón donde vive el alma, pero no hace parte del yo real. Tomando además ideas de la filosofía estoica, el gnosticismo enseñó que el cuerpo al ser por naturaleza malo, debe ser castigado para que el alma reciba bienestar. Esta idea dominó el pensamiento de los sujetos que propiciaron la aparición de la herejía trinitaria y del catolicismo romano, tales como Orígenes de Alejandría, Atanasio de Alejandría, los Tres Capadocios (Basilio de Cesarea, Gregoria de Nisa y Gregorio de Nacianzo) y Agustín de Hipona, quienes se caracterizaron también por promover la vida monástica como una supuesta vida de santidad más elevada. Mientras que Cristo nos dijo: “id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15), ellos enseñaron “métete en un convento”. Mientras que la Biblia enseña que el matrimonio es un estado honroso (Hebreos 13:4) y que un obispo debe ser marido de una sola mujer (1 Timoteo 3:2, Tito 1:5-6), ellos enseñaron que el sexo siempre es perverso y que el celibato conduce a la santidad más elevada, por lo que promovieron la doctrina demoniaca de la prohibición de casarse para los curas y monjas (1 Corintios 4:1-5). 

En la Escritura, el ser humano jamás es tratado como un ser dualista, por lo que se enseña que el cuerpo humano debe ser resucitado y glorificado en la resurrección (1 Corintios 15:42-54, Filipenses 3:20-21), para vivir en un mundo material perfeccionado, con cielos nuevos y tierra nueva (2 Pedro 3:13, Apocalipsis 21:1).


Refutando al Tricotomismo

Actualmente el tricotomismo es una posición muy popular que asegura que el ser humano está compuesto por tres partes que son el espíritu, el alma y el cuerpo. Para esto se apoya en el texto de 1 Tesalonicenses 5:23 que dice: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”. Es importante destacar que este texto no dice que las partes constituyentes del ser humano sean tres, sino que su énfasis está puesto en que la totalidad del ser humano debe ser guardada irreprensible, del mismo modo en que cuando en Mateo 12:30 se dice que amemos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas, no se está diciendo que las partes constituyentes del ser humano sean cuatro, sino que se enfatiza en que debemos amar a Dios con todo lo que somos. Asimismo Hebreos 4:12 dice que la Palabra de Dios influye en nuestra alma, en nuestro espíritu, en nuestras coyunturas, en nuestros tuétanos, en nuestros pensamientos y en nuestro corazón, lo cual no significa que las partes constituyentes de nuestro ser sean seis, sino que enfatiza en que la Palabra de Dios conmueve a toda nuestra persona. 

El tricotomismo ha sostenido que el alma y el espíritu son diferentes, porque el alma es el elemento psicológico base de la razón y la emoción, mientras que el espíritu es el elemento religioso que permite a los seres humanos percibir los asuntos espirituales y comunicarse con Dios. Sin embargo, la Biblia no hace ninguna distinción entre el alma y el espíritu. 

Es indiferente decir que el intelecto es una capacidad propia del alma (Génesis 49:6, Salmo 94:19, Proverbios 2:10, 19:2) o del espíritu (Salmos 77:6, 1 Corintios 2:11, Efesios 4:23). Algunos tricotomistas intentan responder a esta refutación, diciendo que el espíritu utiliza la conciencia que fue generada en el alma, pero ninguna parte de la Biblia dice una cosa semejante. Incluso, otros tricotomistas han hablado de que hay dos conciencias, una en el alma y otra en el espíritu, pero esto conduciría a hablar del espíritu y del alma como dos seres independientes, cuando en realidad el ser humano es un solo ser.  

Da lo mismo decir que nuestro espíritu percibe los asuntos espirituales y nos conecta con Dios (Juan 4:24, Marcos 14:38) o que nuestra alma es la que lo hace (1 Samuel 1:15, Salmo 25:1, 34:2, 42:2, 63:1, 146:1). “María dijo: Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:46-47). 

Del mismo modo, da igual decir que las emociones se sienten en el espíritu o en el alma. Por ejemplo Job 7:11 dice: “Hablaré en la angustia de mi espíritu, y me quejaré con la amargura de mi alma”, pero esto no quiere decir que hay un elemento llamado espíritu que es el que se angustia mientras que hay otro elemento llamado alma que es el que se amarga, sino que más bien se está refiriendo de manera indiferente como espíritu o alma al mismo componente que es el centro de nuestras emociones. Varias citas bíblicas dicen que el espíritu percibe las emociones (Génesis 41:8, 1 Samuel 1:15, Isaías 61:3, Lucas 10:21, Juan 13:21), mientras que en otras se dice que el alma es la que las percibe (Salmo 42:6, 86:4, Mateo 26:38, Juan 12:27). Algunos tricotomistas intentan contestar a esta refutación diciendo que el espíritu también expresa las emociones porque utiliza las emociones del alma, pero la Biblia no dice eso por ninguna parte. 

También vemos que la muerte se describe como la salida del alma (Génesis 35:18; 1 Reyes 17:21) o la salida del espíritu (Isaías 26:9, Lucas 23:46, Santiago 2:26). El espíritu vuelve a Dios (Eclesiastés 12:7) y va al lugar de los muertos (Isaías 14:9-10, Lucas 16:22-23). Por eso da lo mismo decir que el alma de los difuntos está en el lugar de los muertos (Hechos 2:27) o que el espíritu de los difuntos está en el lugar de los muertos (1 Pedro 3:19-20). 

Una de las razones por las cuales se ha defendido al tricotomismo, es para buscar darle algún peso a la idea de que Dios es una trinidad (o tres personas divinas en un solo ser). Se ha dicho que como el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27), y como supuestamente el hombre es tripartito, entonces eso prueba que Dios es una trinidad. Sin embargo, nada en la Escritura prueba que el hombre sea tripartito, así como nada prueba que Dios sea una trinidad. 

La Biblia enseña que cada ser humano es una sola persona humana, no tres. Ya hemos visto que los términos hebreos y griegos para alma (Hb. néfesh y Gr. psujé), corazón o mente (Hb. leb y Gr. kardía) y espíritu (Hb. rúakj y Gr. pneuma), cuando se aplican al ser humano se han traducido como persona. Pues bien, cuando la Biblia se refiere a Dios de manera antropomórfica, es decir atribuyéndole características humanas para que nosotros podamos comprenderlo, siempre se refiere a Él como poseyendo UNA SOLA ALMA DIVINA (Proverbios 6:16), UN SOLO CORAZÓN DIVINO (Jeremías 7:31), UNA SOLA MENTE DIVINA (Jeremías 32:35 - LBLA), UNA SOLA VOLUNTAD DIVINA (1. Crónicas 13:2) y UN SOLO ESPÍRITU DIVINO (Joel 2:28),  lo que demuestra sin duda alguna que DIOS ES UNA SOLA PERSONA DIVINA. Dado que según Génesis 1:27 Adán fue creado como una sola persona individual, así Dios es una sola persona individual, porque Adán reflejó la imagen de su Hacedor

Ningún hombre ha existido nunca como algo diferente a una sola persona humana individual. Del mismo modo, ningún ángel ha existido nunca como algo distinto a más de una sola persona angélica individual. Si algún trinitario pretende refutar esto, tendría que demostrar que existe algún ser creado inteligente que sea más que un individuo personal, ya sea éste un ser humano o un ángel, pero ellos no tienen cómo hacerlo porque los seres tripersonales son pura mitología. Las cosas hechas testifican claramente que Dios es un solo ser personal, de modo que los trinitarios no tienen excusa (Romanos 1:20). 


jueves, 23 de abril de 2020

Un Análisis Crítico de La Didajé o Enseñanza de Los Doce Apóstoles


Por Julio César Clavijo Sierra
© 2020. Todos los Derechos Reservados.

Para ver un video que también desarrolla este tema, de clic aquí: Video Sobre La Didajé


La Didajé (o Didaché) es un librito que se ha presentado como La Enseñanza (o la Doctrina) de los Doce Apóstoles, aunque paradójicamente en ninguna parte de su texto se hace referencia a alguno de ellos ni de modo particular ni de modo general. Últimamente algunas personas dentro del catolicismo romano y el protestantismo trinitario, han intentado presentar a la Didajé como una obra apegada a la Biblia y que refleja fielmente las prácticas de la iglesia primitiva, pero al hacer un análisis crítico de esa obra, hallamos que su contenido se aleja en mucho de la verdad bíblica.

Aunque la Didajé es una pequeña obra de solamente unas 5 páginas, está dividida en 16 capítulos, y también se puede considerar dividida en cuatro secciones, a saber:

Capítulos 1-6. Los dos caminos.
Capítulos 7-10. Sección litúrgica y sacramentos.
Capítulos 11-15. Ministros de Dios y falsos ministros.
Capítulo 16. Apostasía de los tiempos finales.


1. LA DIDAJÉ ES UN DOCUMENTO ESPURIO QUE NO FUE ESCRITO POR LOS APÓSTOLES Y MUCHO DE SU CONTENIDO NO PERTENECE AL PRIMER SIGLO

En ninguna de las obras existentes de los siglos 2° y 3°, se halla alguna mención a la Didajé o alguna cita de ella. Esto demuestra que desde el principio la Didajé no fue considerada importante por la Iglesia Cristiana. Para el siglo 4° hallamos dos menciones claras de la Didajé, y una tercera que es dudosa, pero estas solo se dieron para decir que la Didajé no se debía considerar como parte de la Sagrada Escritura.

Eusebio de Cesarea (c. 263 – 340 d.C.), escribió en su Historia Eclesiástica lo siguiente:

“Entre los espurios colóquese el escrito de los Hechos de Pablo, el llamado Pastor y el Apocalipsis de Pedro, y además de éstos, la que se dice Carta de Bernabé y la obra llamada Enseñanzas de los Apóstoles…”. (Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica: 3,25,4; Versión Española de Argimiro Velasco Delgado; Biblioteca de Autores Cristianos). (El énfasis es mío).

Atanasio de Alejandría (c. 296 – 373 d.C.), en su Epístola Festiva, escribió:

“Pero para mayor exactitud agrego esto también, escribiendo por necesidad. Que hay otros libros además de estos que no están incluidos en el Canon, pero que los Padres designaron para que sean leídos por aquellos que se unen a nosotros y que desean recibir instrucción en la palabra de piedad. La Sabiduría de Salomón, y la Sabiduría de Sirach, y Esther, y Judith, y Tobit, y la que se llama la Enseñanza de los Apóstoles, y el Pastor. Pero los primeros, mis hermanos, están incluidos en el Canon, los últimos son [simplemente] leídos; y no hay espacio para mencionar los escritos apócrifos”. (Atanasio de Alejandría, Epístola Festiva 39, 7, http://www.newadvent.org/fathers/2806039.htm). (El énfasis es mío).

Rufino de Aquileya (c.345 – c.410 d.C.), en su Comentario al Símbolo Apostólico, hizo mención a una obra no canónica llamada Los Dos Caminos o El Juicio de Pedro, por lo cual no queda claro que se refiera realmente a la Didajé. Esta es la cita:

“Pero debe saberse que también hay otros libros a los que nuestros padres no llaman canónicos sino eclesiales: es decir Sabiduría, la llamada la Sabiduría de Salomón, y otra Sabiduría llamada la Sabiduría del Hijo de Sirac, que finalmente los latinos llamaron por el título general de Eclesiástico, designando no al autor del libro sino al carácter de la escritura. A la misma clase pertenecen el libro de Tobit, el libro de Judit y los libros de los Macabeos. En el Nuevo Testamento el librito que se llama el Pastor de Hermas, [el] que se llama Los Dos Caminos o el Juicio de Pedro; y todos estos se habrían leído en las Iglesias, pero no se reclamó la confirmación de su doctrina. A los otros escritos los han llamado apócrifos. Estos no se habrían leído en las Iglesias”. (Rufino de Aquileya, Comentario al Símbolo Apostólico,  38. http://www.newadvent.org/fathers/2711.htm). (El énfasis es mío).

Solamente hasta el siglo 9° se vuelve a hallar otra mención a la Didajé, para volver a recalcar que se trata de una obra apócrifa que no hace parte del canon de la Sagrada Escritura. Esta mención se halla en La Estequiometría de Nicéforo de Constantinopla (c.758 – c.828 d.C.), que dice así:

Los Apócrifos del Nuevo Testamento son los siguientes:
1. El Circuito de Pablo: 3600 líneas
2. El Circuito de Pedro: 2750 líneas
3. El Circuito de Juan: 2500 líneas
4. El Circuito de Tomás: 1600 líneas
5. El Evangelio de Tomás: 1300 líneas
6. La Enseñanza (Didajé) de los Apóstoles: 200 líneas
7. Los 32 (libros) de Clemente: 2600 líneas
8. (Escritos) de Ignacio, de Policarpo y de Hermas”.
(Nicéforo de Constantinopla, Estequiometría, Citado en la obra New Testament Apocrypha, pág. 42, Revisado y editado por Wilhelm Schneemelcher, versión inglesa de R. McL. Wilson, Edition publishing by Westminster John Knox Press, 2003). (El énfasis es mío).


2. LA DIDAJÉ NO ES EL ESCRITO DE UN AUTOR, SINO UNA COMPILACIÓN REALIZADA EN UNA FECHA QUE ES DEL TODO INSEGURA, DE MATERIALES ESCRITOS ANTERIORMENTE

Los historiadores coinciden en que Didajé no es la obra de un autor específico, sino que es más bien la compilación de materiales antecesores que fueron recogidos por un compilador al que se le ha llamado el Didajista. Existen muy pocos datos para poder saber la fecha exacta de esa compilación, o el lugar del mundo donde se realizó. Se han propuesto lugares tan distantes como Antioquía, Alejandría o Jerusalén, y fechas de todo el siglo 2° e incluso de principios del siglo 3°.

M. B. Riddle, escribió en su Introducción a la Didajé, en los Padres Antenicenos, que:

Todos los intentos por descubrir al autor, son con nuestra actual falta de datos, necesariamente inútiles. Ni siquiera se puede determinar la región en la que se compuso (...) El documento ha sido asignado a Alejandría, a Antioquía, a Jerusalén; de hecho, muchos otros lugares han sido nombrados (…) La teoría de un origen compuesto también concuerda con esta estimación del documento en su conjunto”. (M. B. Riddle. Introducción a la Didajé, The Ante-Nicene Fathers, Vol VII. Editado por Alexander Roberts. Cover © 2007 Cosimo Inc. Pág. 375). (El énfasis es mío).

El Doctor en Teología, Juan José Ayán Calvo, dice que la Didajé es la obra de un compilador del que nada sabemos, y que cualquiera que sostenga que la Didajé es la obra de un apóstol, se está fundando en arenas movedizas. A continuación su cita:

“Más que de autor de la Didaché habría que hablar de autores por la variedad de materiales de diversas épocas que en ella se han dado cita. Por ello es preferible hablar de un compilador del que nada sabemos y que hemos dado en llamar didachista. […] las diversas hipótesis que ven en él a un apóstol o a un doctor de los que testimonia la Didaché son arenas movedizas”. (Juan José Ayán Calvo, Didaché doctrina apostolorum; epístola del pseudo-Bernabé, p. 70. Citado por Roberto Sánchez Valencia. “De la Heterodoxia a la Ortodoxia. Hacia una Historia Hermenéutica de los Dogmas Nicenos”. Universidad Iberoamericana de México. Pág. 14). (El énfasis es mío).

El historiador Johannes Quasten,  en su obra Patrología Volumen 1, dice:

“La Didaché, en su conjunto, no es una obra coherente, sino una compilación, hecha sin arte, de textos ya existentes. No pasa de ser una colección de normas eclesiásticas que habían estado en uso por algún tiempo y habían adquirido por esto mismo fuerza de ley. Muchas de las contradicciones que ocurren en la Didaché se explicarían suponiendo que el compilador no consiguió dar unidad a los materiales de que disponía. La evidencia interna ayuda más a determinar la fecha en que fue compilada la Didaché. Por su contenido se ve claramente que la obra no data de la era apostólica, pues ya apunta en ella la oposición contra los judíos” (Johannes Quasten, Patrología 1. Tercera Edición. Editorial Católica S.A. Biblioteca de Autores Cristianos, de EDICA, S. A. Madrid 1968, pág. 44). (El énfasis es mío).

Lo más antiguo de la Didajé, y que probablemente fue tomado del siglo 1°, son los capítulos 1-6, donde se mencionan Los Dos Caminos. Estos son llamados en la Didajé los caminos de muerte y de vida. Curiosamente la Epístola de Pseudo-Bernabé, tiene en sus capítulos 17-18 una redacción muy similar a la de los dos caminos de la Didajé, pero se refiere a ellos como los caminos de luz y de oscuridad. Sin duda alguna, el compilador de la Didajé utilizó un material ya existente que sirvió de fuente común para la Didajé y Pseudo-Bernabé, que por la forma en la que está escrito, corresponde a una fuente judía, pues al empezar a pronunciar los proverbios o máximas, utiliza las expresiones “Hijo mío”, y “No hagas esto” o “Haz aquello”. El teólogo Alfonso Ropero Berzosa, en su traducción de las obras de Los Padres Apostólicos, escribió:

“La enseñanza sobre los “dos caminos” aparece también de forma independiente y más abreviada en la Carta de Bernabé, 17-18, por lo que ambos debieron servirse de una fuente común, posiblemente de signo judío”. (Alfonso Ropero, Nota al pie 1, pág. 93, Lo Mejor de los Padres Apostólicos, Editorial CLIE, © 2004). (El énfasis es mío).

Un investigador llamado J. P. AUDET, publicó en Paris en 1958, una crítica de la Didajé, titulada: Instructions des Apôtres (Enseñanza de los Apóstoles).

“Audet dedica una atención muy particular al problema de las fuentes. En lo que se refiere a las relaciones de la Didaché con la Epístola de Bernabé, llega a la misma conclusión que nosotros, a saber: que la Didaché y la Epístola de Bernabé son independientes la una de la otra y que ambas han tomado la doctrina de las Dos Vías directamente de una fuente común de origen judío. Audet es de la opinión de que esta fuente judía está representada en la Doctrina XII Apostolorum, descubierta por J. Schlecht (Friburgo de Br. 1900 y 1901). Para la doctrina de las Dos Vías contenida ya en esta fuente judía, Audet remite a la «Regla de las sectas» de la comunidad de Qumrán, descubierta recientemente.” (Johannes Quasten, Patrología 1. Tercera Edición. Editorial Católica S.A. Biblioteca de Autores Cristianos, de EDICA, S. A. Madrid 1968, pág. 45). (El énfasis es mío).

Dentro de la Didajé, estas situaciones parecen referirse al siglo 2°:


  • La Didajé se refiere repetidamente a pasajes del evangelio de Mateo que no fue escrito antes del 70 d.C., e incluso a Lucas que es posterior. Además el capítulo 16 de la Didajé tiene referencias inconfundibles al libro del Apocalipsis que no fue escrito antes del 96 d.C. 
  • El ágape y la eucaristía (santa cena) todavía se realizaban en una sola celebración (Capítulos 9 y 10). 
  • Se da una importancia muy grande a la congregación y a los profetas, lo que revela un período de transición entre el primitivo sistema de autoridad carismática y la organización jerárquica episcopal que poco a poco fue apareciendo dentro de la iglesia (Capítulos 11-15). 


Una situación que parece referirse a finales del siglo 2° o principios del siglo 3°, es que ya apunta en ella la oposición de la iglesia contra los judíos, a los que llama hipócritas (Capítulo 8).


3. LA DIDAJÉ DESAPARECIÓ PRONTO, LO QUE RATIFICA QUE LA OBRA NO FUE RELEVANTE

M. B. Riddle, habla acerca la irrelevancia de la Didajé en los primeros siglos y de su pronta desaparición, explicando que esta obra no reflejaba las costumbres de la Iglesia Cristiana en general, sino las de un pequeño grupo. Esta es la cita:

“El escritor es de la opinión de que la obra representa, en muchos de estos puntos, solo una fracción muy pequeña de los cristianos durante el siglo II, y que si bien arroja algo de luz sobre los usos de ese período, no puede considerarse como un testimonio autorizado sobre la fe universal y la práctica de los creyentes en la fecha generalmente asignada. Las pocas noticias de ésta y su pronta desaparición, confirman esta posición. La teoría de un origen compuesto también concuerda con esta estimación del documento en su conjunto”. (M. B. Riddle. Introducción a la Didajé, The Ante-Nicene Fathers, Vol VII. Editado por Alexander Roberts. Cover © 2007 Cosimo Inc. Pág. 375). (El énfasis es mío).

Al hablar de las pocas noticias que tenemos de la Didajé, M. B. Riddle se refiere a las escasas dos citas de Eusebio y de Atanasio en el siglo 4°, a la dudosa cita de Rufino que también es del siglo 4°, y a la cita de Nicéforo del siglo 9°, demostrando que por falta de interés, la obra desapareció del dominio público. Esta es la cita:

“Eusebio de Cesarea (m. 340), en el famoso pasaje de su Historia (iii. 25) que trata de los libros canónicos del Nuevo Testamento, nombra entre las obras (νόθοί) "espurias", "la obra llamada Enseñanzas de los Apóstoles" (τών άποστόλων αί λεγόμεγαί δίδαχαί). La forma plural no prohíbe una referencia al trabajo en discusión, ya que Atanasio (m. 373) tiene una información que señala claramente a la misma escritura, en la cual él usa el singular (Epístola Festiva, 39). Rufino (m. 410) habla de una breve obra llamada Los Dos Caminos o El Juicio de Pedro, y este hecho, en vista de los contenidos de la Enseñanza, proporciona uno de los datos más importantes para la discusión crítica. Nicéforo (m. 828) hizo la última mención de la Enseñanza a más de doscientos años antes de que León hiciera esta copia [la copia que actualmente tenemos]”. (M. B. Riddle. Introducción a la Didajé, The Ante-Nicene Fathers, Vol VII. Editado por Alexander Roberts. Cover © 2007 Cosimo Inc. Pág. 373).

El respetado historiador eclesiástico Justo L. González, escribió en Historia del Pensamiento Cristiano, que la Didajé desapareció durante los siglos para ser redescubierta a finales del siglo 19.

“La Didajé o Doctrina de los Doce Apóstoles -el término griego Didajé significa «doctrina» - constituye, sin lugar a dudas, uno de los descubrimientos literarios más importantes de los tiempos modernos. Olvidada durante siglos en antiguas bibliotecas, esta obra fue descubierta en Constantinopla en el año 1873 por el arzobispo Filoteo Briennios. Además de este texto griego descubierto por Briennios, se conservan fragmentos de traducciones al latín, árabe, copto, georgiano y siríaco”. (Justo González, Historia del Pensamiento Cristiano Vol. 1, pág. 67, Editorial Caribe, © 2002). (El énfasis es mío).

Todo esto demuestra que a la Didajé se le ha dado más importancia en este tiempo moderno de la que tuvo en el tiempo antiguo, cuando fue olvidada por ser irrelevante en cuanto a las prácticas cristianas y por ser catalogada como un texto espurio y apócrifo.


4. ES MUY PROBABLE QUE LA COPIA DE LA DIDAJÉ QUE ACTUALMENTE TENEMOS, HAYA SIDO ADULTERADA DE TAL FORMA QUE YA NO REFLEJE LO QUE DECÍA LA DIDAJÉ ORIGINAL

Philotheos Bryennios (1833 –1917), fue un metropolita de Nicomedia, el cual descubrió la Didajé en el año de 1873 dentro del códice Jerosolimitano (Codex Hierosolymitanus). Este códice es del año 1053 y fue elaborado por un escriba llamado el Notario León. De manera tal que hay una diferencia de 900 años entre La Didajé original y la copia que actualmente poseemos. Como no tenemos otras copias contra las cuales compararla, es muy probable que en tantos siglos la copia actual de la Didajé haya sido corrompida con doctrinas católico romanas posteriores, tales como la autorización del bautismo por infusión (7:3) y la enseñanza de la salvación por medio de las indulgencias (es decir por dar dinero a la iglesia) (4:6), y que no refleje la realidad de lo que decía la Didajé original.

El erudito pentecostal unicitario David K. Bernard, escribió lo siguiente:

“Hoy solo existe un manuscrito griego de la Didajé. Fue descubierto en 1873 y tiene fecha de 1056. (También hay algunas referencias a la Didajé en los escritos de los padres de la iglesia, y tenemos un fragmento de una traducción latina del siglo X que contiene muchas variaciones textuales). Aparentemente, los cristianos de los primeros siglos no consideraron este trabajo lo suficientemente importante como para hacer muchas copias de él, circularlo ampliamente o tener mucho cuidado para su preservación (…) Estos comentarios sugieren que el texto contiene muchas interpolaciones. Es probable que se hayan realizado cambios en los aproximadamente novecientos años entre el original y nuestra única copia.” (David K. Bernard, Oneness and Trinity 100-300 A.D., pág. 51-52). (El énfasis es mío).

Por su parte, M. B. Riddle, dijo que:

“Debido a la ausencia de otras copias, no podemos determinar la pureza del texto; pero hay muchas posibilidades de muchas corrupciones menores”. (MB Riddle. Introducción a la Didajé, The Ante-Nicene Fathers, Vol VII. Editado por Alexander Roberts. Cover © 2007 Cosimo Inc. Pág. 375). (El énfasis es mío).

Asimismo, Johannes Quasten hablando acerca del trabajo de J. P. AUDET, dice que Audet sostuvo que la Didajé no fue compilada en un solo momento, sino que existió una Didajé original a la que él llamó D1, luego vino una complementación hecha por varios individuos a la que llamó Didajé 2 o D2, y posteriormente vinieron interpolaciones a las que llamó J. Esta es la cita:

“En su crítica del texto, Audet distingue entre D 1, D 2 y J. En su opinión, D 1 representa la Didaché original, que va de 1 a 11,2. D 2 sería una continuación, obra de los didachistas, y abarca el resto, de 11,3 al final. El interpolador (J) añadió más tarde los pasajes 1,3b – 2,1; 6,2ss 7,2-4 y 13,3.5-7. Las glosas 1,4a y 13,4 provienen de una época más reciente todavía, pero siempre dentro de los primeros siglos”. (Johannes Quasten, Patrología 1. Tercera Edición. Editorial Católica S.A. Biblioteca de Autores Cristianos, de EDICA, S. A. Madrid 1968, pág. 45). (El énfasis es mío).

Pero citando a otro investigador, Johannes Quasten nos dice:

“Sin embargo, E. Peterson ha demostrado (…) que el texto publicado por Bryennios parece ser de fecha más tardía y teológicamente tendencioso”. (Johannes Quasten, Patrología 1. Tercera Edición. Editorial Católica S.A. Biblioteca de Autores Cristianos, de EDICA, S. A. Madrid 1968, pág. 44).


5. LA DIDAJÉ ADICIONA PENSAMIENTOS PRIVADOS A TEXTOS DE LA ESCRITURA, E INCLUSO CONTIENE DOCTRINAS QUE ESTÁN EN CONTRA DE LO QUE ENSEÑA LA SANTA ESCRITURA

La Didajé demuestra que no se apega a la Biblia, pues adiciona pensamientos privados a textos de la Escritura, y además enseña doctrinas que van en contra de la verdad bíblica.

Dentro de los pensamientos privados que se adicionan a ciertos textos de la Escritura, tenemos los siguientes ejemplos:

En Mateo 5:44 vemos a Jesús diciendo esto dentro de su sermón del monte: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”. Sin embargo en Didajé 1:3, vemos que el Didajista adicionó el ayuno por los enemigos, y además se atrevió a decir que si uno ama a los enemigos nunca tendrá un enemigo. Esta es la cita de Didajé 1:3. “La doctrina de estas palabras es ésta: Bendice a los que te maldicen, y ora por tus enemigos y ayuna por los que te persiguen; porque ¿qué recompensa hay si amas a los que te aman? ¿No hacen lo mismo los gentiles? Pero amad a los que os aborrecen, y no tendréis un enemigo. Aquí el asunto no consiste en si el ayuno es o no una buena práctica (que sí la es si se hace conforme al mandamiento de Dios), sino en que se adicionan cosas a lo que dijo el Señor Jesús. Además, no existe ni una sola garantía de que amar a los que nos aborrecen nos va a librar de tener enemigos. El propio Jesucristo y Esteban (el primer mártir de la iglesia) demostraron con su propia muerte que esto no es así.

En Mateo 6:3-4, Jesucristo dijo: “Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”, pero en Didajé 1:6 hallamos que el Didajista no se contenta con las palabras de Jesucristo e inserta su propio pensamiento al declarar: “Mas en cuanto a esto se dice también: 'Que tus limosnas suden en tus manos hasta que sepas a quién has de dar'”.

Didajé 3:5 dice: “Hijo mío, no mientas, puesto que el mentir lleva al robo. Este es también el pensamiento privado del Didajista, pero no de la Biblia. Solo en algunas ocasiones, podría ser posible que el mentir lleve al robo.

Dentro de las enseñanzas de la Didajé que son contrarias a la Santa Escritura, tenemos las siguientes:

Jesucristo dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15) “y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3). Sin embargo, Didajé 6:2 dice: “Porque si tú puedes llevar todo el yugo del Señor, serás perfecto; pero si no puedes, haz todo lo que puedas. La Biblia no nos manda a vivir un cristianismo a medias, donde cada quien haga lo que le parezca, sino un cristianismo en la plenitud de la obra de Cristo Jesús a nuestro favor. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14).

La Escritura enseña que todos los cristianos son llamados a ser santos (1 Pedro 1:14-16) ya que sin santidad nadie verá al Señor (Hebreos 12:14), pero la Didajé falla en exhortar a cada creyente a ser un santo, y al contrario lo manda a que día tras día esté buscando a otras personas especiales que sí son santas. Didajé 4:1, dice: “Además, irás en busca, día tras día, de las personas de los santos, para que puedas hallar reposo en sus palabras”.

El moralismo de la Didajé no se enseña dentro la libertad cristiana en el Espíritu, sino que cae en el más profundo legalismo. Así por ejemplo enseña que la distinción entre un cristiano y un hipócrita se da porque los cristianos ayunan en días distintos a los hipócritas, y porque recitan el Padre nuestro tres veces al día. Didajé 8:1 dice: Que vuestros ayunos no sean al tiempo que los hipócritas [los judíos], porque éstos ayunan en el segundo [Lunes] y quinto [Jueves] día de la semana; pero vosotros guardad el ayuno en el cuarto día [Miércoles] y en el de la preparación [Viernes]”. Igualmente Didajé 8:2-3 dice: “2. No oréis como los hipócritas, sino como el Señor ha mandado en su Evangelio, por lo que oraréis así: “Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; venga tu reino; hágase tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra; danos hoy nuestro pan cotidiano; y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal; porque tuyo es el poder y la gloria para siempre jamás”. 3. Oraréis así tres veces al día”. En contraste, la Escritura dice:orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu”.  (Efesios 6:18).

La Escritura nos enseña en 1 Pedro 1:18-19: “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”. Sin embargo la Didajé enseña la herejía de las indulgencias, que dice que nosotros nos podemos salvar si damos dinero a la iglesia. Didajé 4:6 dice: “Si adquieres algo por el trabajo de tus manos, da de ello como rescate de tus pecados”.

La Didajé imparte enseñanzas falsas con respecto al bautismo, al exigir que el bautismo sea preferiblemente en agua viva (agua en movimiento) y en agua fría. Incluso exige que el que va a bautizar y el que va a ser bautizado deben ayunar antes del bautismo, y que el que va a ser bautizado debe ayunar uno o dos días antes. Además, deben ayunar todos los demás que puedan. Aún más, la Didajé permite la infusión (el verter agua sobre la cabeza) en tres tiempos, en lugar de la práctica bíblica de sumergir. El capítulo 7 de la Didajé dice: “1. Con respecto al bautismo, bautizaréis de esta manera. Habiendo primero repetido todas estas cosas, os bautizaréis en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo en agua viva (corriente). 2. Pero si no tienes agua corriente, entonces bautízate en otra agua; y si no puedes en agua fría, entonces hazlo en agua caliente. 3. Pero si no tienes ni una ni otra, entonces derrama agua sobre la cabeza tres veces en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 4. Pero, antes del bautismo, que el que bautiza y el que es bautizado ayunen, y todos los demás que puedan; y ordenarás a aquel que es bautizado que ayune un día o dos antes.

La Escritura nos enseña estas maneras para identificar un falso profeta. Primero, que si un profeta habla en nombre de dioses ajenos, es un profeta falso (Deuteronomio 18:20). Segundo, que si un profeta anuncia algo y no se cumple lo que dijo, es un falso profeta (Deuteronomio 18:22). Tercero, que si un profeta anuncia algo en nombre de Dios y lo anunciado se cumple, pero luego invita al pueblo a adorar a dioses ajenos, es un falso profeta (Deuteronomio 13:1-3). Cuarto, que si un profeta anuncia algo que está en contra de la Palabra de Dios es un profeta falso (Proverbios 30:6; 1 Pedro 4:11).  Sin embargo, la Didajé menciona por lo menos tres maneras antibíblicas de descubrir a un falso profeta. Didajé 11:4-5 dice: “4. Que todo apóstol, cuando venga a vosotros, sea recibido como el Señor; pero no se quedará más de un solo día, o, si es necesario, un segundo día; pero si se queda tres días, es un profeta falso. 5. Y cuando se marche, que el apóstol no reciba otra cosa que pan, hasta que halle cobijo; pero si pide dinero, es un falso profeta (…) 9. Y cada profeta que ordene en el Espíritu que se tienda la mesa, no deberá comer de ella él mismo, si lo hace, es un falso profeta.

La Escritura enseña que el único pecado que no será perdonado es la blasfemia contra el Espíritu Santo (Mateo 12:31; Marcos 3:28-29), pero la Didajé se inventa que el único pecado que no será perdonado es probar o examinar a un profeta. Didajé 11:6-7, dice: “6. Y al profeta que hable en el Espíritu no lo tentéis ni lo examinéis; 7 porque todo pecado será perdonado, pero este pecado no será perdonado”.

La Escritura dice que el Señor ordenó “a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1 Corintios 9:14), y que “digno es el obrero de su salario” (1 Timoteo 5:18), pero la Didajé va más allá de ese mandamiento del Nuevo Testamento, ordenando que se den a los profetas todas las primicias. Didajé 13:3-4 dice: todas las primicias del producto del lagar y de la era de trilla, de tus bueyes y tus ovejas, se las llevarás y darás como primicias a los profetas; porque son vuestros sacerdotes principales. Pero si no tenéis un profeta, dadlas a los pobres”. En esta porción de la Didajé se aprecia la influencia judía, pues la ley sí exigía dar las primicias a los sacerdotes.

La Didajé también enseña la extraña doctrina de que ningún creyente debe hablar con algún hermano que se haya enemistado con otro, sino solamente hasta que éste se haya arrepentido. Didajé 15:3, dice: “Corregíos los unos a los otros, no en ira, sino en paz, como halláis en el Evangelio; y que ninguno hable a ninguno que se haya enemistado con otro, y que éste no oiga una palabra vuestra hasta que se arrepienta”.

Por si lo anterior fuera poco, los católicos romanos también han intentado reinterpretar algunas porciones de la Didajé, diciendo que enseñan las doctrinas católico romanas del purgatorio y de la confesión auricular, cuando en realidad no lo hacen.

Por ejemplo, han dicho que Didajé 1:5 habla del purgatorio, ya que allí se menciona a un hombre que es puesto en prisión, y que no puede salir de la cárcel sino hasta que haya pagado todo lo que debe. La cita es esta: “Bienaventurado es el que da según el mandamiento; porque es intachable. Ay de aquel que recibe; porque si un hombre recibe teniendo necesidad, no es culpable; pero si no tiene necesidad, dará satisfacción de por qué y cuándo recibió; y siendo puesto en prisión, será examinado con respecto a los actos que ha cometido, y no saldrá de allí hasta que haya devuelto el último cuadrante”. Esa porción de la Didajé alude a Mateo 5:25-26 al que también los católico romanos citan para intentar respaldar su doctrina extrabíblica del purgatorio, pero vemos que tanto Didajé 1:5 como Mateo 5:25-26 están utilizando el ejemplo de una cárcel literal y nunca se refieren a ningún purgatorio en el cual los hombres podrán expiar sus pecados después de muertos a través del sufrimiento.

También han especulado que Didajé 4:14 habla de la confesión auricular (es decir la práctica de contarle los pecados a un sacerdote católico), cuando dice: “En la iglesia confesarás tus transgresiones, y no te dirigirás a orar con una mala conciencia”. Sin embargo, lo que dice la Didajé es que se deben confesar los pecados cuando se esté en la congregación, pero nunca dice que esa confesión se tenga que hacer ante un hombre conforme al rito católico.


6. LA OPOSICIÓN CONTRA LA DOCTRINA BÍBLICA DEL BAUTISMO EN EL NOMBRE DE JESÚS, BAJO EL AMPARO DE UNA AUTORIDAD EXTRABÍBLICA COMO LA DIDAJÉ

La Biblia enseña con absoluta claridad que el bautismo cristiano es en el nombre de Jesús, pero trinitarios tanto del catolicismo romano como del protestantismo, han insinuado que la Didajé sirve de sustento para omitir la invocación del nombre de Jesús en el bautismo. Al hacer esto, ellos niegan la cristalina enseñanza de la Escritura bajo el amparo de una autoridad extrabíblica, que además como ya lo vimos, es bastante cuestionable. Es lamentable ver como los trinitarios confían tanto en escrituras extrabíblicas como la Didajé pero no pueden confiar en lo que enseña la propia Escritura con relación al bautismo.

Por ejemplo, la escritora trinitaria protestante Luisa Jeter de Walker, escribió:

“Los escritos de diversos hombres destacados de la Iglesia primitiva nos prueban que los apóstoles y los pastores de aquellos tiempos bautizaban en el nombre de la Trinidad, y no solo en el nombre de Jesucristo.
Un libro muy antiguo llamado La enseñanza de los apóstoles (Didajé) dice: “Ahora concerniente al bautismo, bautizad de esta manera: después de dar enseñanza en primer lugar de todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Dice también: “El obispo o presbítero debe bautizar de esta manera, conforme a lo que nos mandó el Señor diciendo: ‘Id y haced discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo‘” (Luisa Jeter de Walker, ¿Cuál Camino?, pág. 200).

Ante este argumento respondemos, como ya lo hemos demostrado, que la Didajé no fue escrita por ningún hombre destacado de la iglesia primitiva, y que además no se debe hablar de un escritor de la Didajé, sino más bien de un compilador del que no sabemos nada. Incluso también hemos demostrado que la Didajé fue tomada en poca estima por la Iglesia primitiva, y solo aparecen unas referencias a ella en el siglo 4° que la catalogan como una obra espuria y apócrifa. De manera que la señora Luisa Jeter de Walker, nos ha mentido cuando nos ha dicho que la Didajé es la obra de un hombre destacado de la iglesia Primitiva.

De otro lado, la Didajé habla de bautizar EN UN SOLO NOMBRE, en el mismo sentido en el que lo hace Mateo 28:19, y que los apóstoles entendieron como el bautismo en el único nombre de Jesús, pues Jesús es el nombre sobre todo nombre (Filipenses 2:9-11) y el único nombre en el cual hay salvación (Hechos 4:11-12).

De manera similar, el apologista católico José Miguel Arráiz, escribió lo siguiente:

“En la Didaché se encuentra información de valioso interés apologético (…) “Acerca del bautismo, bautizad de esta manera: … bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo… derrama agua en la cabeza tres veces en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo…”. (Didaché 7,1-4). El texto de la Didaché también arroja mucha luz sobre la antigua polémica relacionada a la formula bautismal, sobre si en la Iglesia primitiva se bautizaba sólo en nombre de Jesús como se menciona en Hechos 2,38; 8,16; 10,48; 19,5, o en nombre de la Trinidad como Jesús ordena en Mateo 28,19 (...) cuando en la Escritura se hace referencia al bautismo en nombre de Jesús lo que se hacía era hacer referencia de forma abreviada al bautismo en nombre de la Trinidad”. (José Miguel Arráiz, La Didajé. https://es.catholic.net/op/articulos/58417/cat/1150/la-didaje.html).

Ante este argumento respondemos diciendo que la Didajé 7:2-4 no fue parte de la Didajé original, sino que es una es una porción interpolada con posterioridad al texto, tal como lo demostró J. P. Audet, pues allí se añaden las tardías doctrinas de la efusión en lugar de la inmersión, y del bautismo triple en lugar del bautismo singular de la Escritura (Efesios 4:5). José Miguel Arráiz especula sobre supuesta referencia abreviada de un bautismo en la trinidad, pasando por alto que Los Hechos de los Apóstoles son una obra histórica que da cuenta de los hechos tal y como acontecieron. Los discípulos entendieron claramente que Mateo 28:19 se refiere a UN SOLO NOMBRE SINGULAR, y por eso al tener que pronunciar ese único nombre en el cual hay salvación (Hechos 4:11-12), bautizaron a la gente en el nombre de Jesús.

La Biblia informa que las gentes de todos los linajes y naciones fueron bautizadas en el nombre de Jesús, y por  ende así fueron bautizados los judíos (Hechos 2:38; 2:41; 22:16), los samaritanos (Hechos 8:12; 8:16) y los gentiles en general (Hechos 10:43; 10:48; 15:17; 19:5; Romanos 6:3; 1 Corintios 1:13; 6:11; Gálatas 3:26-27). Toda la Iglesia en general ha sido bautizada en el nombre de Jesús (Santiago 2:7; Lucas 24:47; Mateo 28:19; 1 Corintios 6:11).

Incluso la propia Didajé refuta la especulación trinitaria de que esa obra se refiere a un supuesto dios Trino, pues en Didajé 9:5 hallamos que el bautismo debe ser EN UN NOMBRE que es EL NOMBRE DEL SEÑOR. “Pero que ninguno coma o beba de esta acción de gracias, a menos que haya sido bautizado EN EL NOMBRE DEL SEÑOR, porque respecto a esto también ha dicho el Señor: No deis lo santo a los perros”.


7. LA DIDAJÉ ENSEÑA CLARAMENTE QUE EL ÚNICO DIOS ES EL PADRE, ALEJANDO TODA IDEA TRINITARIA 

La Didajé habla de un solo Dios. “El camino de la vida es éste. Primero, amarás a Dios que te hizo” (1:2).

Ese solo Dios es el Padre y Señor Omnipotente, Creador de todas las cosas  y el dueño del gran nombre; el que nos dio vida eterna por medio de su Hijo. “ʿTú, Señor omnipotente, creaste todas las cosas por amor a tu nombre, y diste comida y bebida a los hombres para que disfrutaran de ellas, y para que pudieran darte gracias a ti; pero a nosotros nos has concedido alimento y bebida espiritual y vida eterna por medio de tu Hijo. Ante todo, te damos gracias porque eres poderoso; tuya es la gloria para siempre jamásʾ” (10:2). “En todo lugar y en todo tiempo ofrecedme un sacrificio puro; porque yo soy un gran rey, dice el Señor, y mi nombre es maravilloso entre las naciones” (14:3).

Como el único Dios es el Padre, las oraciones se dirigen solo a Él, agradeciéndole por la vida y el conocimiento que Él nos ha dado por medio de su Hijo.

“En cuanto a la acción de gracias eucarística, dad gracias de esta manera. Primero, por lo que se refiere a la copa: ʿTe damos gracias, Padre nuestro, por la santa vid de tu hijo David, la cual nos has dado a conocer por medio de tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre jamásʾ. Luego, por lo que respecta al pan partido: ʿTe damos gracias, Padre nuestro, por la vida y conocimiento que tú nos has dado a conocer por medio de tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre jamásʾ” (9:1-3).

“Después, cuando estéis satisfechos, dad gracias así: ʿTe damos gracias, Padre Santo, por tu santo nombre, porque tú has puesto tu tabernáculo en nuestros corazones, y por el conocimiento y fe e inmortalidad que nos has dado a conocer por medio de tu Hijo Jesús; tuya es la gloria para siempre jamásʾ” (10:1).

Ninguna porción de la Didajé dice alguna vez que existe “un Dios que siendo uno es tres”, o que Dios es una trinidad, por lo cual la Didajé no se puede tomar como sustento de una doctrina que dicha obra no menciona.


domingo, 5 de abril de 2020

Evidencias del Bautismo en el Nombre de Jesús Durante la Antigua Edad Católica (170 – 325 D.C.)


Por David K. Bernard. © Todos los derechos reservados
Capítulo 8 del libro Unicidad y Trinidad Entre los Años 100-300 d.C.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2020


La mayoría de los historiadores de la iglesia están de acuerdo en que la fórmula bautismal cristiana original fue “en el nombre de Jesús” (típicamente con el título de Señor o Cristo). [1] En la era post-apostólica, Hermas y probablemente Clemente de Roma aludieron al bautismo en el nombre de Jesús, [*] y un pasaje de la Didajé se refiere a esta fórmula. [**] El énfasis en el nombre de Jesús por parte de Clemente e Ignacio, indica además que la iglesia de esta época practicaba el bautismo en el nombre de Jesús.

La Edad de los apologistas griegos proporciona la primera evidencia definitiva para una fórmula triple. Aun así, esos que usaron tal fórmula, como Justino y más tarde Ireneo, continuaron incluyendo el nombre de Jesús. [***] Cuando los seguidores de Marción se separaron de la iglesia cerca del comienzo de esa edad, continuaron con la fórmula que estaba usando la iglesia, que era “en el nombre de Jesucristo”. Los primeros montanistas, que se separaron al comienzo de la Antigua Edad Católica, aparentemente también utilizaron la fórmula del Nombre de Jesús. (Ver capítulo 9).

La evidencia más temprana de la fórmula trinitaria moderna la proporciona un pasaje de la Didajé (probablemente interpolada) por Tertuliano y por Orígenes. [****] Esta fórmula es aparentemente el producto de la Antigua Edad Católica. Sin embargo, la evidencia proveída en este capítulo muestra que el bautismo en el nombre de Jesús todavía estaba muy extendido durante esta época.


Evidencia en la Literatura Popular

La literatura popular de la época proporciona evidencia para el bautismo en el nombre de Jesús. Varios libros apócrifos, anónimos y seudónimos, nos dan una idea de prácticas prevalentes entre la gente común. Los escritos no siempre son confiables doctrinalmente, pero preservan la evidencia de las prácticas bautismales típicas. Ya que no fueron escritos elaborados por líderes reconocidos de la iglesia, o por maestros o por “herejes”, y dado que su uso principal no fue el de autoridad doctrinal, parece que los escribas posteriores no estuvieron tan preocupados por asegurar su “pureza doctrinal”. Así que las obras de este tipo estuvieron menos sujetas a modificaciones o a su destrucción por razones doctrinales.

Los Hechos de Pablo y Tecla (una obra del siglo II probablemente realizada por un presbítero asiático), dice: “En el nombre de Jesucristo, en mi último día me bautizo” (34).

Los Hechos de Pedro y Pablo, dicen: “Creemos positivamente en nuestro Señor Jesucristo, en quien hemos sido bautizados”.

Los Reconocimientos de Clemente (que son parte de la literatura Pseudo-Clementina de finales del siglo II o principios del siglo III), dicen: “[Jesús] instituyó el bautismo en agua entre ellos, en el cual podrían ser absueltos de todos sus pecados en la invocación de su nombre… Todo aquel que, creyendo en este profeta que había sido predicho por Moisés, es bautizado en su nombre” (1:39).

El Evangelio de Felipe también habla del bautismo en el nombre de Jesús (2:3:72). [2]


Evidencia Preservada por Cipriano

Cipriano, [obispo de Cartago entre el 249–258], escribió sobre muchos “herejes” que en su tiempo bautizaron en el nombre de Jesús. La evidencia que rodea esta controversia, indica que muchas personas de la Iglesia institucional también bautizaban en el nombre de Jesús. Cipriano no se opuso a las personas que dentro de su iglesia bautizaban en el nombre de Jesús, pero se opuso a aceptar el bautismo de los “herejes” sobre la simple base de que habían invocado el nombre de Jesús.

Los que no estaban de acuerdo con él, sentían que el nombre de Jesús es tan poderoso en el bautismo, que incluso era eficaz para los cismáticos. Su posición muestra cuán altamente la gente consideraba el bautismo en el nombre de Jesús, incluso durante este tiempo de cambio y concesiones. Ambas partes estuvieron de acuerdo en que el bautismo era necesario para la remisión de los pecados y la salvación, y todos estuvieron de acuerdo en que el bautismo en el nombre de Jesús era válido dentro de la iglesia principal.

En oposición a Esteban obispo de Roma, Cipriano sostuvo que cualquier bautismo realizado por los herejes no era válido. En una carta a Yubayano en el 256, se opuso a la enseñanza de que “«los bautizados en el nombre de Jesucristo, dondequiera y comoquiera, han adquirido la gracia del bautismo»” (Epístolas 72:16). Él preguntó: “¿cómo puede suponerse que han logrado el perdón de los pecados los que son bautizados por los herejes en nombre de Cristo…?” (72:17) y respondió que no era posible.

Cipriano admitió que Pedro enseñó el bautismo en el nombre de Jesús en Hechos 2:38, pero argumentó que este bautismo era para los judíos, ya que ellos habían reconocido al Padre (72:17). Los gentiles que aún no reconocían al Padre no debían ser bautizados “en el nombre de Jesucristo” sino que debían ser bautizados en nombre de toda la trinidad (72:18). Cipriano acusó a los herejes de no honrar adecuadamente el nombre del Padre en el bautismo (72:19). Presumiblemente no se opuso a que alguien de la iglesia fuera bautizado en el nombre de Jesús si ya honraba al Padre correctamente, como lo hicieron los creyentes de Los Hechos.

Entre la correspondencia de Cipriano hay una carta escrita en el 256 por Firmiliano, obispo de Cesarea en Capadocia, contra Esteban. Este cita a Esteban como enseñando que: “«ayuda mucho el nombre de Cristo, de manera que cualquiera que en cualquier parte sea bautizado en el nombre de Cristo, obtiene inmediatamente la gracia de Cristo»” (74:18).

Cipriano escribió a Pompeyo en contra de Esteban, argumentando que si la iglesia niega que los herejes reciben el Espíritu Santo en el nombre de Jesús, también debería negar que ellos recibieron un bautismo en agua válido en el nombre de Jesús. “Y si quieren atribuir la eficacia del bautismo a la majestad del nombre de Cristo, de modo que los bautizados en nombre de Cristo, en donde sea y como sea, se consideren renovados y santificados, sépase que entre ellos también se imponen las manos al bautizado en el nombre del mismo Cristo para recibir el Espíritu Santo, entonces ¿por qué la majestad del mismo nombre no es tan válida en la imposición de manos como pretenden que lo fue en la santificación por el bautismo?” (73:5).


Un Tratado Sobre el Rebautismo

Una obra llamada Un Tratado Sobre el Rebautismo de un escritor anónimo, probablemente un obispo del siglo III que se opuso a Cipriano, demuestra que muchas personas tanto de adentro como de afuera de la iglesia institucional bautizaban en el nombre de Jesús. El tratado discute lo que debe hacerse con las personas que “aunque bautizadas en la herejía, fueron bautizadas en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” y quienes pasan de su herejía a la iglesia (1). Concluye que el rebautismo no es necesario, pues los “Herejes que ya fueron bautizados en agua en el nombre de Jesucristo, solo deben ser bautizados con el Espíritu Santo” (12).

El tratado establece una serie de puntos significativos. Primero, que su posición tiene un apoyo abrumador: el apoyo de “la tradición más antigua y eclesiástica” (1), “la venerable autoridad de todas las iglesias” (2), “la autoridad de tantos años, y de tantas iglesias, apóstoles y obispos” (6), y “la costumbre y la autoridad que tanto reclama nuestra veneración por tanto tiempo y por tan grandes hombres” (15). Estas frases indican no solamente la aceptación del bautismo realizado por fuera de la iglesia institucional, sino específicamente el fuerte apoyo para el bautismo en el nombre de Jesús.

Segundo, el nombre de Jesús es significativo y efectivo en el bautismo. Hechos 4:12 y Filipenses 2:9-11, muestran que “El poder del nombre de Jesús invocado sobre cualquier hombre en el bautismo... le concede a él… no poca ventaja para obtener la salvación” (6). La invocación del nombre de Jesús no trae por sí sola salvación al hereje, pero sí corrige su error, admite la verdad y el recibimiento del Espíritu Santo luego se hace efectivo; el hereje no “pierde esa invocación anterior del nombre de Jesús” (6). De hecho, el bautismo de Efesios 4:5 es el bautismo en el nombre de Jesús. “Cuando el apóstol dijo que hay ‘un bautismo’, debe haber sido por el efecto continuo de la invocación del nombre de Jesús, porque una vez invocado, no puede ser quitado por el hombre” (10).

El tratado sostiene que el bautismo en el nombre de Jesús no contradice a Mateo 28:19. “Tampoco debes estimar como contrario lo que dijo nuestro Señor:

‘Id, enseñad a las naciones; bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo’. Porque aunque esto es cierto y correcto, y debe ser observado por todos por medio de la Iglesia, y además se ha tenido en cuenta para ser observado, sin embargo nos corresponde atender que esa invocación del nombre de Jesús no debe ser considerada inútil por nosotros, habida cuenta de la veneración y el poder de ese mismo nombre, en cuyo nombre todos los tipos de poder están acostumbrados a ser ejercidos, y ocasionalmente algunos incluso por hombres de fuera de la Iglesia… Por lo tanto, esta invocación del nombre de Jesús debe ser recibida como un cierto principio del misterio del Señor que es común a nosotros y a todos los demás, que luego puede ser completado con las cosas restantes” (7).

O el autor pensó que tanto una fórmula triple como la fórmula del Nombre de Jesús eran aceptables, o de lo contrario concluyó que invocar el nombre de Jesús era el cumplimiento apropiado de Mateo 28:19. La última conclusión está respaldada por sus declaraciones de que “la invocación del nombre de Jesús” en el bautismo cumple con el único bautismo de Efesios 4:5 y que es algo “común a nosotros y a todos los demás”.

Este documento también informa que no solo eran los “herejes” quienes se bautizaban “invocando el nombre del Señor Jesús”, sino que muchas personas, tanto “judíos como gentiles, completamente creyendo como se debe, son bautizados de la misma manera” (12).


Otras Referencias

Constituciones Apostólicas (o Constituciones de los Santos Apóstoles) fue escrita en el siglo IV o más tarde, pero contiene elementos de tiempos anteriores. Habla de “Todo cristiano laico, sobre el cual es invocado el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (8:44).

Anexados a él están los Cánones de Hipólito, en la colección de Dionisio, canon 50, que es de origen tardío, donde se revela que hubo una controversia sobre el bautismo trinitario e insiste en tres inmersiones en los tres títulos. “Si algún obispo o presbítero no realiza las tres inmersiones de la única confesión, sino una inmersión que es dada a la muerte de Cristo, que sea privado… Ustedes, por lo tanto, oh obispos, bauticen tres veces en un solo Padre, e Hijo, y Espíritu Santo”. Así que parece que algunos obispos y presbíteros se negaron a usar la fórmula trinitaria incluso en el siglo IV.

En este punto, la colección de Juan de Damasco agrega una condena del modalismo y de la idea “de que hay es un Dios con tres nombres”. Al parecer, los que fueron condenados por realizar el bautismo con una inmersión única en el nombre de Jesucristo, fueron vistos como respaldando un concepto modalista de Dios. Así que aquí hay evidencia de que la fórmula bautismal se asoció con las controversias sobre la deidad. Parece que quienes negaron el trinitarismo y sostuvieron la deidad de Jesús, se negaron a usar la fórmula trinitaria y bautizaron en el nombre de Jesús.


Conclusiones

El bautismo en el nombre de Jesús fue practicado por la Iglesia apostólica y durante la era post-apostólica. Incluso, el nombre de Jesús se incluyó en la primera fórmula triple que se introdujo en la Edad de los Apologistas Griegos y fue utilizada a principios de la Antigua Edad Católica. Los trinitarios tempranos de la Antigua Edad Católica, tales como Tertuliano y Orígenes, omitieron el nombre de Jesús por completo, utilizando solamente los títulos de Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Los pastores y los laicos comunes no se apresuraron a cambiar la fórmula bautismal. Varios escritos populares y el Tratado Sobre el Rebautismo, indican que en la primera parte de la antigua edad católica la fórmula del nombre de Jesús era todavía dominante y que para la última parte de esa edad todavía era generalizada. El Tratado Sobre el Rebautismo y la controversia entre Cipriano y Esteban, revela que tanto grupos fragmentados como grupos dentro de la iglesia institucional, aún practicaban el bautismo en el nombre de Jesús a lo largo de esa edad.

Claramente la fórmula del Nombre de Jesús no fue reemplazada de la noche a la mañana. Incluso cuando los teólogos comenzaron a abogar por la fórmula trinitaria, tuvieron el cuidado de afirmar respeto hacia la fórmula original y todavía popular. Poco a poco, durante un tiempo de coexistencia y concesiones, la fórmula trinitaria fue ganando aceptación, y eventualmente reemplazó a la fórmula del Nombre de Jesús en la iglesia institucional.

Evidentemente el impulso principal para la nueva fórmula fue la controversia sobre la Trinidad. Los teólogos trinitarios comenzaron a enfatizar la fórmula trinitaria como un medio para combatir primero al modalismo y luego al arrianismo. Al final de esta edad, la fórmula trinitaria se convirtió en dominante.


Referencias

[1] Walter Bauer, W. F. Arndt, F. W. Gingrich, and F. W. Danker, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature,  2nd ed. (Chicago: University of Chicago Press, 1979), 571-73; Heick, 1:53, 87; J. F. Bethune-Baker, An Introduction to the Early History of Christian Doctrine  (London: Methuen and Company, 1933), 25, 378; Kirsopp Lake, in Encyclopedia of Religion and Ethics, 2:389; Jean Danielou,  The Theology of Jewish Christianity, vol. 1 of The Development of Christian Doctrine Before the Council of Nicaea,  John A. Baker, ed. and trans. (London: Darton, Lonman, and Todd, 1964), 323; Wilhelm Bousset, Kyrios Christianity—A History of the Belief in Christ from, the Beginning of Christianity to Irenaeus, 5th ed., trans. John Steely (New York: Abingdon, 1970), 292; David A. Reed, Origins and Development of the Theology of Oneness Pentecostalism in the United States  (Ann Arbor, Mich.: University Microfilms International, 1978), 220; Williston Walker, A History of the Christian Church (New York: Charles Scribner’s Sons, 1947), 58. For further citations, see William Chalfant,  Ancient Champions of Oneness  (1979; reprint, Hazelwood, Mo.: Word Aflame Press, 1982), chap. 5.

[*] Nota del Traductor JCCS. Hermas, escribió El Pastor en el Siglo I, ya que  mencionó a Clemente de Roma como un líder contemporáneo suyo (2.4), y dijo que algunos de los apóstoles aún estaban vivos entre ellos (3.5).

Para Hermas, el bautismo en el nombre de Jesús es la entrada a la iglesia y es para el perdón de los pecados. “Así que por tus preguntas descubrirás la verdad. Oye, pues, por qué la torre es edificada sobre las aguas: es porque vuestra vida es salvada y será salvada por el agua. Pero la torre ha sido fundada por la palabra del Todopoderoso y el Nombre glorioso, y es fortalecida por el poder invisible del Señor”. (Visión 3,3) “Pero los otros, que caen cerca de las aguas y, con todo, no pueden rodar al agua, ¿quieres saber cuáles son? Estos son los que han oído la palabra y quisieran ser bautizados en el nombre del Señor”. (Visión 3,7). “Así, pues, dijo él, nadie entrará en el reino de Dios a menos que haya recibido el nombre de su Hijo”.  (Parábola 9,12). “Porque antes que un hombre lleve el nombre [del Hijo de] Dios, es muerto; pero cuando ha recibido el sello, deja a un lado la mortalidad y asume otra vez la vida. El sello, pues, es el agua; así que descienden en el agua muertos y salen vivos. Así que, también a ellos fue predicado este sello, y ellos se beneficiaron de él para poder entrar en el reino de Dios”. (Parábola 9,16). “Y le dije: Todavía voy a hacer otra pregunta, Señor. Di, me contestó. He oído, Señor, le dije, de ciertos maestros, que no hay otro arrepentimiento aparte del que tuvo lugar cuando descendimos al agua y obtuvimos remisión de nuestros pecados anteriores. Él me contestó: Has oído bien; porque es así. Porque el que ha recibido remisión de pecados ya no debe pecar más, sino vivir en pureza”. (Mandamiento 4,3).

Clemente fue obispo de Roma entre los años 92 – 101 d.C. En su Epístola a Los Corintios, él escribió que el único Dios posee el nombre más alto, y ese nombre es Jesús. “el Altísimo es el campeón y protector de los que en conciencia pura sirven su nombre excelente. (45). “El Señor, hermanos, no tiene necesidad de nada. Él no desea nada de hombre alguno, sino que se confiese su Nombre. (52). “Finalmente, que el Dios omnisciente, Señor de los espíritus y de toda carne, que escogió al Señor Jesucristo, y a nosotros, por medio de Él, como un pueblo peculiar, conceda a cada alma que se llama según su santo y excelente Nombre, fe, temor, paz, paciencia, longanimidad, templanza, castidad y sobriedad, para que podáis agradarle en su Nombre”. (65). La última frase posiblemente alude a la fórmula bautismal del Nombre de Jesús, así como lo hacen Hechos 15:17, 22:16 y Santiago 2:7.

[**] Nota del Traductor JCCS. La Didajé (obra del siglo II) sostiene que ninguno puede participar de la eucaristía (o santa cena), si no ha sido bautizado en el nombre del Señor para ser santificado. “Pero que ninguno coma o beba de esta acción de gracias, a menos que haya sido bautizado en el nombre del Señor, porque respecto a esto también ha dicho el Señor: No deis lo santo a los perros”. (9,5).

[***] Nota del Traductor JCCS. Durante la Edad de los Apologistas Griegos (90 – 140 d.C.) y la temprana Antigua Edad Católica (170 – 325 d.C.), Justino Mártir e Ireneo de Lyon se refirieron a una fórmula bautismal triple, pero ésta no se trata de la moderna fórmula trinitaria, pues claramente retuvo el nombre de Jesús.

Justino Mártir (c. 100 – c. 165 d.C.) escribió en su Primera Apología, capítulo 61 – El Bautismo Cristiano:

“Después son conducidos por nosotros a un lugar donde hay agua, y allí son regenerados del mismo modo que fuimos regenerados nosotros. Porque entonces reciben el lavatorio por el agua en el nombre del Padre de todos y del Señor Dios y Salvador, nuestro Jesucristo y del Espíritu Santo. Cristo dijo, en efecto: “Si no fuereis regenerado no entraréis en el reino de los cielos”… así como para recibir por medio del agua el perdón de los pecados que anteriormente cometimos, se pronuncia sobre aquel que quiere ser regenerado y ha hecho penitencia de sus pecados el nombre del Padre de todos, Señor Dios, y este solo nombre empleamos cuando lo llevamos a la fuente bautismal para ser bautizado. No hay nadie en efecto que pueda señalar nombre a Dios, que es inefable, y si alguno dijera que Dios tiene un nombre deliraría del todo. Y aquel lavatorio se llama iluminación, porque son iluminados en la mente los que aprenden estas cosas. Pero el que es iluminado es bautizado también en el nombre de Jesucristo que fue crucificado bajo Poncio Pilato, y en el nombre del Espíritu Santo, que por medio de los profetas anunció de antemano todas las cosas que se refieren a Jesús”

Ireneo de Lyon (c. 130 – c. 202 d.C.), escribió en su libro Contra los Herejes, unas expresiones de claro apoyo al bautismo en el nombre de Jesús:

“Y, habiendo la multitud preguntado a Pedro: "¿Qué debemos hacer?", él les respondió: 'Arrepentíos y que cada uno de vosotros se bautice en el nombre de Jesús para el perdón de los pecados. Y recibiréis el don del Espíritu Santo' (Hech 2,37)”. (3:12:2). “Y no hay otro nombre bajo el cielo que se haya dado a los hombres, en el cual debamos salvarnos (Hech 4,8-12)” (3:12:4). “Mas por las palabras de Pedro es evidente que conservó el mismo Dios que ellos habían conocido de antemano; pero dio testimonio ante ellos de Jesucristo Hijo de Dios, juez de vivos y muertos, en cuyo nombre mandó bautizarlos para el perdón de los pecados (Hech 10,42-43.48). Y no sólo esto, sino que además dio testimonio de que Jesús mismo es Hijo de Dios, ungido por el Espíritu Santo, y por eso se le llama Cristo. Es el mismo que nació de María, como lo supone el testimonio de Pedro” (3:12:7). 

En una obra posterior, titulada Demostración de la Predicación Apostólica, se refiere a una invocación triple que retiene el nombre de Jesús en el bautismo.

“En primer lugar la fe nos invita insistentemente a rememorar que hemos recibido el bautismo para el perdón de los pecados en el nombre de Dios Padre y en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios encarnado, muerto y resucitado, y en el Espíritu Santo de Dios; que el bautismo es el sello de la vida eterna, el nuevo nacimiento de Dios, del tal modo que no seamos ya más hijos de los hombres mortales, sino de Dios eterno e indefectible…” (3). 

[****] Nota del Traductor JCCS. El capítulo 7 de la Didajé, dice: “os bautizaréis en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo en agua viva (corriente)”. (7,1). Aquí está claro que se está mandando a bautizar en un nombre, que es el nombre del Señor, tal como se expresa en 9,5. Los trinitarios sostienen que esta es una referencia a la trinidad, pero ni aquí, ni en ninguna otra parte de la Didajé, se dice que haya tres personas en un solo Dios. Además es muy probable que el texto de 7,1 mencionó originalmente solamente la frase, “en el nombre del Señor” tal como se observa en 9,5, y que un posterior escriba católico romano, incómodo por esta forma, la llevó a como está hoy. En el mismo capítulo 7, la Didajé imparte varias doctrinas extrabíblicas con respecto al bautismo, tales como que el candidato al bautismo debe ayunar uno o dos días antes de su bautismo, que en lo posible se debe usar agua fría, que es preferible ser bautizado en una corriente de agua (agua viva), y que si es imposible que la persona se sumerja totalmente, entonces se le debe verter agua en tres tiempos.

[2]  James M. Robinson, ed., The Nag Hammadi Library in English (New York: Harper and Row, 1978), 147.


sábado, 28 de marzo de 2020

Comentario Sobre el Libro del Profeta Joel y una Aplicación Sobre la Pandemia del Coronovirus (COVID 19)


Por Julio César Clavijo Sierra
© 2020. Todos los Derechos Reservados


En medio de todo lo que se ha desatado en torno a la pandemia del Coronavirus, recordé que el libro del profeta Joel tiene mucho para enseñarnos. Por esta razón, presentaré primero una panorámica a modo de comentario del libro de Joel, y luego pasaré a una aplicación para el caso que ahora estamos experimentado con el Coronavirus.


Algo Extraordinario ha Ocurrido

Joel 1:2-3. “Oíd esto, ancianos, y escuchad, todos los moradores de la tierra. ¿Ha acontecido esto en vuestros días, o en los días de vuestros padres? De esto contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación”.

En el tiempo de Joel ocurrió algo extraordinario. Por eso él preguntó primero a los ancianos y luego a todos los moradores de la tierra, si alguna vez ellos habían experimentado algo como lo que estaba aconteciendo, o si se tenían registros históricos de un suceso similar. La respuesta fue que no se tenía noticia de que algo similar hubiera ocurrido anteriormente en la tierra de Israel. El impacto de dicho acontecimiento marcó tanto a aquella generación, que el profeta dice que de esto ellos le contarían a la generación venidera, y ésta a la siguiente, y así sucesivamente.


La Tierra Fue Completamente Devastada por una Plaga de Langostas

Joel 1:4. “Lo que quedó de la oruga comió el saltón, y lo que quedó del saltón comió el revoltón; y la langosta comió lo que del revoltón había quedado”.

Las expresiones oruga, saltón, revoltón y langosta, se refieren al mismo insecto, es decir a la misma langosta en sus diferentes fases de desarrollo. La oruga se refiere a la larva que sale del huevo, el saltón se refiere a la ninfa que es el insecto en su etapa inmadura, el revoltón se refiere al insecto en su adolescencia, y la langosta se refiere al insecto adulto.

La langosta devoró todas las hojas y todos los frutos; desnudó, despedazó y secó los árboles; acabó con la higuera y con la vid; el campo quedó asolado porque el trigo y la cebada fueron destruidos y no hubo más aceite; se perdió el granado, la palmera y el manzano (1:7-12); e incluso se secó todo el pasto y escaseó el agua (1:19-20).

Se extinguió todo el gozo de los hombres (1:12) porque el alimento les fue arrebatado (1:16) y lloraron desconsolados como llora una joven cuando se muere su prometido (1:8). El ganado gimió, las vacas y las ovejas vagaron sin rumbo porque no encontraron donde pastar y se murieron de hambre (1:19-20).


Dios Mandó la Langosta para Reprender al Pueblo

Joel 2:11. “Y Jehová dará su orden delante de su ejército; porque muy grande es su campamento; fuerte es el que ejecuta su orden; porque grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo?”.

Las langostas fueron descritas como un gran ejército invasor que vino para destruir, someter y traer hambre y mortandad. Dios se presentó como el general de ese ejército de langostas, y la invasión de langostas fue llamada el día de Jehová, grande y terrible (2:11), el día de la destrucción por parte del Todopoderoso (1:15), un día en que temblaron todos los moradores de la tierra (2:1) y se llenaron de espanto (2:6).

Las langostas fueron tan numerosas (1:6) que formaron una nube que los atacó día y noche, haciendo que el sol y la luna se oscurecieran y que no se viera el resplandor de las estrellas (2:10) trayendo sombra y tinieblas (2:2). Nunca antes se había dado un ataque de langostas como éste, y otro igual no ocurriría sino después de muchas generaciones (2:2).

Las langostas intimidaban como un organizado ejército de valientes hombres de guerra al que la espada no le podía hacer daño, que no rompía sus filas y que marchaba desafiante hacia su destino (2:7-8). El muro de Jerusalén fue como nada para ellas, pues lo subieron y corrieron por encima de él, invadieron la ciudad y entraron por las ventanas de las casas a manera de ladrones (2:9). La nube de langostas hacía un estruendo como de gente a caballo y como carros de guerra (2:4-5). Los dientes de las langostas fueron comparados como los fuertes dientes de un león que despedazan a su presa (1:6), pues antes de su llegada los campos parecían un paraíso, pero a su paso la tierra fue hecha un desierto (2:3).


Un Llamado al Arrepentimiento

Joel 2:12-13. “Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo”.

Dios mandó las langostas a causa de los pecados del pueblo. A los borrachos les dijo que despertaran ya que se habían acabado los ingredientes vegetales con los cuales se hacía el licor (1:5). A todo el pueblo lo exhortó para que se convirtieran a Él de todo corazón y no solamente con una falsa apariencia de piedad (2:12-13). A todo el pueblo lo instó para que clamaran a Dios, proclamaran ayuno y lloraran con arrepentimiento (1:13-14; 2:12), porque Dios es grande, misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y se duele del castigo (2:13). A los sacerdotes, ministros de Jehová, los exhortó para que lideraran el arrepentimiento (1:9) a fin de que volviera la alegría y el placer a la casa de Dios (1:16), y a que rogaran diciendo: “¡Dios nuestro, perdona a tu pueblo! ¡No permitas que las naciones nos desprecien y nos humillen! No permitas que con tono burlón nos pregunten: ‘¿Dónde está su Dios?’” (2:17 - TLA).


La Respuesta de Dios Ante el Arrepentimiento

Joel 2:18-19. “Y Jehová, solícito por su tierra, perdonará a su pueblo. Responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí yo os envío pan, mosto y aceite, y seréis saciados de ellos; y nunca más os pondré en oprobio entre las naciones”.

Al notar un verdadero arrepentimiento, Dios los perdonó y les prometió que iba a llenar sus graneros y sus bodegas de trigo, vino y aceite, para que comieran hasta saciarse (2:19, 2:24, 2:26). Prometió destruir a las langostas, el enemigo que vino del norte, echándolo en tierra seca y desierta donde moriría exhalando su hedor y su pudrición (2:20). Los instó a alegrarse y gozarse en Dios quien haría grandes cosas para el bien de ellos, dándoles la lluvia temprana y tardía para que prosperaran las cosechas (2:21, 2:23, 2:26). También animó a los animales anunciándoles que los pastos del desierto reverdecerían (2:22). Y anunció que el pueblo conocería que solo Jehová es Dios y que no hay otro, que Dios está en medio de su pueblo, y que su pueblo nunca jamás será avergonzado. (2:27).


Profecía Acerca del Derramamiento del Espíritu Santo

Joel 2:28-29. “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días”.

A continuación, el profeta Joel dio una profecía para el tiempo del Nuevo Pacto, prometiendo que vendrían días en los cuales Dios derramaría de su Espíritu sobre toda carne, es decir sobre sus siervos y sobre sus siervas que harían parte de todas las naciones de la tierra. Serían tiempos gloriosos donde habría profecía, palabra y visión de parte de Dios (Joel 2:28-29). El apóstol Pedro dijo que la profecía de Joel se cumplió desde el primer derramamiento del Espíritu Santo que ocurrió durante el Día del Pentecostés en el cual nació la Iglesia (Hechos 2:1-21). 

Joel también profetizó que en esos tiempos postreros Dios daría muestras de su poder tanto en el cielo como en la tierra. Dijo que habría sangre, fuego, columnas de humo, y que el sol se convertiría en tinieblas y la luna en sangre, lo que significa que Dios traería de su ira sobre la tierra pecadora, rememorando a la nube de langostas que ocultó al sol, a la luna y a las estrellas en los días de Joel (restándoles su brillo tal como cuando esos astros están eclipsados), y que dicha plaga causó la muerte de personas y animales, y la destrucción de la vegetación que quedó tan seca como si hubiera sido quemada (2:30-31). Pero en medio del desastre ocasionado por el pecado, se prometió que todo aquel que reconozca a Dios y que invoque su nombre será salvo, porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación (2:32), como ciertamente la hubo tras la muerte y resurrección de Jesucristo en Jerusalén y por el comienzo de la predicación del evangelio desde aquella ciudad, pues Jesucristo dijo: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

Joel dijo que todo esto acontecería antes de que viniera el día grande y espantoso de Jehová (2:31).


El Día de Jehová, Día Espantoso y Terrible

Joel 3:14-16. “Muchos pueblos en el valle de la decisión; porque cercano está el día de Jehová en el valle de la decisión. El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor. Y Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel”.

Dios prometió que para los días finales, Él vendrá a reinar sobre la tierra desde la ciudad de Jerusalén (3:16-17) y hará volver a la región de Judá y a Jerusalén a todo el pueblo de Israel (3:1). Dios vendrá a gobernar manifestado en carne como Jesucristo el rey de Israel (Marcos 15:32), el rey justo que según la carne desciende de David (Jeremías 23:5), que es también el varón perfecto (Efesios 4:13) por lo cual en esa condición de varón perfecto es llamado el Hijo de Dios (Lucas 1:35) y el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29).

Sin embargo, el libro de Apocalipsis nos dice que para ese entonces el mundo estará gobernado por el Anticristo (o la Bestia), y éste intentará oponerse al establecimiento del reinado del Mesías reuniendo a todos los reyes de la tierra para la batalla del Día del Todopoderoso (Apocalipsis 16:13-16). Dios hará juicio sobre las naciones porque éstas aumentaron la maldad en extremo y se aprovecharon de Israel (3:2-13). Los ejércitos de todas las naciones se congregarán en el Valle de la Decisión, que es también el Valle de Josafat o del Juicio de Jehová (ya que Josafat significa Jehová juzga). (3:2, 3:14). “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con Él son llamados y elegidos y fieles” (Apocalipsis 17:4). “Y la Bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos” (Apocalipsis 19:20-21). Debido a la multitud de aves devorando cuerpos muertos “El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor” (v. 15). “Jehová rugirá (como un león victorioso) desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra, pero Jehová será la esperanza de su pueblo, la fortaleza de los hijos de Israel (v. 16).


Dios Gobernará con un Reino Justo Sobre la Tierra

Joel 3:17. “Y conoceréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que habito en Sion, mi santo monte; y Jerusalén será santa, y extraños no pasarán más por ella”.

Entonces la gente conocerá que este hombre Cristo Jesús, es Jehová Dios manifestado en carne que habita en el santo monte de Sion (3:17, 3:21), y desde allí establecerá un gobierno justo sobre toda la tierra. La tierra de Israel fructificará y se convertirá en tierra de abundancia, una tierra en la que fluye leche y miel, en la que por todos los arroyos correrán aguas, y un río saldrá desde la casa de Jehová para regar el valle (3:18). Jerusalén será santa, y nunca más un ejército extranjero la volverá a invadir (3:17). Este tiempo es el mismo al que Apocalipsis 20 se refiere como los mil años.


La Profecía de Joel y su Aplicación Sobre la Pandemia del Coronavirus (COVID 19)

Al igual que en el tiempo de Joel, hoy a nosotros nos ha tocado experimentar algo asombroso de lo cual nunca se había tenido conocimiento en la historia de la humanidad, y de lo que se seguirá hablando por generaciones. Un virus microscópico conocido como el coronavirus (COVID 19) ha intimidado a todas las naciones, incluso a las potencias del mundo, como ningún ejército lo hubiera podido hacer. Por donde quiera que pasa produce enfermedad, muerte y terror, y tiene en jaque a los habitantes de la tierra y a la economía mundial. Sin duda alguna Dios está usando a este virus para recordarnos que hemos pecado contra Él y que nuestros pecados solo nos conducen a la ruina, ya que la paga del pecado es muerte y condenación (Romanos 6:23). Pero si la humanidad es capaz de temerle al coronavirus, debería temerle más al Día de la Ira de Dios, día espantoso y terrible, porque Dios “ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón (a Jesús) a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:31).

Así como el pueblo de Israel lloró, clamó y se arrepintió de sus pecados, hoy Dios quiere que nosotros nos acordemos de Él y arrepentidos nos volvamos a sus caminos. Hoy es tiempo de que el pueblo de Dios se vuelva a Él y lo busque de todo corazón para que Dios tenga misericordia de nosotros. Aunque algunos persistan en el pecado, nosotros debemos volvernos a Dios para que Él obre con poder en nuestras vidas. En medio de la tragedia de las langostas que trajo espanto, hambre, muerte y oscuridad, Joel profetizó que vendrían días en los que Dios derramaría de su Espíritu sobre todos sus siervos y siervas en todas las naciones del mundo, y que estos serían para ellos tiempos gloriosos donde se gozarían de la palabra, la profecía y la visión divina. Así que más que preocupados por el Coronavirus, hoy nosotros debemos estar preocupados por ser llenos del Espíritu Santo de Dios y de recibir palabra y visión de parte de Dios. “Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria” (Isaías 60:2). Toma para ti la palabra que dice: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti” (Isaías 60:1). Ven hoy a Jesús. “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 4:7). Hoy es día de salvación.

martes, 3 de diciembre de 2019

Jesús es el Hijo y También es Dios el Padre


Por Delio Anaya Anaya
© 2019, Todos los Derechos Reservados


Introducción

La Escritura enseña que Jesús es el Hijo y que también es Dios el Padre. Esta verdad está resumida en Isaías 9:6 que dice: “Porque un Niño nos es nacido, Hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6).

La teología cristiana debe enfrentar el desafío de reconciliar el monoteísmo estricto enseñado a través de la Biblia (Éxodo 4:35; Isaías 44:8, 45:5; Marcos 12:29; Judas 25), con las verdades bíblicas que nos muestran que no hay más que un solo Creador el cual es el Padre (Isaías 44:24, Malaquías 2:10; Efesios 4:6), que Dios fue manifestado en carne como un Hijo (Isaías 9:6; Juan 1:14; 1 Timoteo 3:16), que Jesucristo es el verdadero Dios y la vida eterna (1 Juan 5:20), y que Jesús (el Verbo / la Palabra) es el Creador de todas las cosas (Juan 1:1-3).

En este artículo me propongo afrontar dicho desafío, a fin de dar respuestas a las personas que andan en busca de la comprensión de la Unicidad de Dios.


La Divinidad del Hijo es la Misma Divinidad del Padre

La Biblia como la única base escritural de la doctrina cristiana, afirma que Dios es solo uno (Deuteronomio 6:4; Romanos 3:30), y por tanto la divinidad es una sola (Colosenses 2:9; Romanos 1:20). Nos dice que El Padre es Dios (1 Corintios 8:6), y también nos dice que Jesucristo el Hijo, es Dios manifestado en carne (Juan 1:14). Además encontramos textos bíblicos que nos dejan ver que hay diferencias entre el Padre y el Hijo (Juan 14:28), lo que a muchos genera grandes dificultades a la hora de conciliar el hecho de que Dios es uno solo y que Jesucristo el Hijo es ese mismo único y verdadero Dios (1 Juan 5:20) que es el Padre.

Para facilitar el entendimiento de mi explicación de la unicidad de Dios, apelaré a una analogía a la que he llamado el agua y la panela.
 
Supongamos que en una tina tenemos toda el agua del universo, y luego tomamos en una jarra una porción del agua de la tina y le agregamos panela. En la jarra nos quedaría aguapanela, [1] mientras que en la tina seguiríamos teniendo solo agua.

Aunque en la tina y en la jarra hay un elemento que es el mismo (el agua), no podemos decir que lo que contiene la tina es lo mismo que contiene la jarra, porque en la tina no hay aguapanela.

Son dos conjuntos conformados, el uno por un solo elemento: X= (a); y el otro por dos elementos Y= (a, p).

Los dos conjuntos no son iguales, pero sí tienen un elemento que es el mismo. El elemento (a) que representa el agua, está presente en los dos conjuntos tal como se aprecia en la intersección, y el elemento (p) que representa la panela, se constituye en la diferencia entre ellos.


Cuando yo considero los conjuntos en su totalidad, veo que hay diferencias. Si llego a ver alguna igualdad entre los dos, eso se da solo si considero el elemento agua (a) que está presente en ambos.

Dándole aplicación a dicha analogía, esto mismo es lo que pasa si comparamos a Dios el Padre con el Hijo de Dios.

El Padre es solo divinidad (Juan 17:1-3), mientras que el Hijo es divinidad más humanidad (Hebreos 1:8; Romanos 9:5).

El Hijo no es igual al Padre (Juan 14:28), de la manera que el aguapanela no es igual al agua sola. Pero así como el elemento agua es el mismo en la jarra y en la tina, también la divinidad en el Hijo es la misma que en el Padre. No son dos divinidades, sino una misma (Juan 10:30; Judas 25) en dos modos de revelación, porque la divinidad al consistir en la esencia del ser de Dios, no se puede dividir o fragmentar.

Cuando la Biblia dice en Colosenses 2:9-10, Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad”, no lo dice por decirlo. En ese ser humano que nació en un humilde pesebre allá en Belén de Judea, está presente toda la potencia, la grandeza y la magnificencia de la verdadera divinidad, aunque limitada voluntariamente (Filipenses 2:6-8).


El Hijo es La Persona Divina del Padre Manifestado en Carne

Dios es el único ser divino y por lo tanto es una sola Persona divina, y aunque Él use de manifestaciones o modos de revelación, siempre continuará siendo una sola y la misma Persona divina.

Cuando Él se manifestó en carne (1 Timoteo 3:16), continuó existiendo como el Dios que es Espíritu y que llena los cielos y la tierra (Jeremías 23:24; Juan 4:24), pero también vino a existir simultáneamente en la forma de un hombre (Hebreos 2:7), cosa que para Él es completamente posible (Lucas 1:37) porque Dios es el único ser Omnipotente (Salmos 91:1) y Omnipresente (Salmos 139:7).

A partir de la encarnación, Dios existe simultáneamente en dos modos diferentes: como Dios (Mateo 6:9) y como Hombre (Filipenses 2:5-8; 1 Timoteo 3:16), y sin embargo, la Persona divina es una y la misma, porque reitero, para Dios revelarse simultáneamente como Dios (el Padre) y como Hombre (el Hijo), no le es cosa imposible (Mateo 19:26).

Desde su modo de existencia exclusivamente divino, Dios que es Espíritu (Juan 4:24) y que es Santo (Salmos 99:9), engendró en la virgen María a un niño, a un Hijo (Mateo 1:20), pero este niño a diferencia de todos los hijos de padres humanos, no consistió en un individuo distinto a su Padre, sino que fue la misma Persona divina de su Padre en un modo humano de existencia (Juan 14:9). La encarnación no produjo a otro Dios, sino a la manifestación de Dios en carne. En el Hijo, Dios no reprodujo a otro Dios o a otra Persona divina, sino a un hombre que es Él mismo viniendo en carne. Dios no reproduce a otros dioses o divinidades, pues si así fuera, hace mucho tiempo que habría dejado de ser uno (Isaías 44:6). “…para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí (Isaías 43:10).

Por eso, a partir de la encarnación de Dios, ese mismo, sólo y único Dios, comenzó a existir en forma simultánea de dos diferentes maneras: 1°) Como Dios, que es su modo eterno, en el cual es Espíritu, Omnisciente, Omnipotente, Omnipresente, Infinito y es llamado el Padre (Juan 4:24); y 2°) Como hombre, modo en el cual no es eterno, es humano, es limitado (Juan 4:6; Marcos 13:32) y es llamado el Hijo de Dios (1 Juan 5:5) y Emanuel (Mateo 1:23), modo de existencia en el cual Él es verdaderamente Dios en la forma y condición de un hombre (Romanos 9:5).

Supongamos que en nuestra analogía el agua se asimila a la única Persona divina, poseyendo por lo tanto la cualidad divina de ser indivisible. Así entonces al agua de la jarra no la podríamos considerar otra persona divina distinta a la del contenido de la tina, sino que siempre es la misma Persona divina, solo que en la jarra está acompañada por otro elemento.

En la manifestación de Dios en carne como el Hijo, Él no fue ni llegó a ser otra persona divina, sino que siguió siendo la misma Persona de Dios, y por lo tanto en la manifestación en carne siguió siendo Dios, solo que revelado como un verdadero hombre. Por eso la Persona divina del Padre, es la misma Persona divina que se manifestó en carne como el Hijo (Juan 8:24).

Así que no es casualidad que Jesús haya expresado en Juan 14:7, “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”. ¡Aleluya! Aunque ellos tenían de frente al Hijo, Él les hizo saber que la única manera en que podrían ver a la Persona del Padre era en el Hijo, ya que en su manifestación como El Padre es invisible y por ende nunca podrían verlo así. Pero ya que el Hijo es la imagen del Dios Padre invisible (Colosenses 1:15), Él es la manifestación en la que Dios el Padre se ha hecho visible (Juan 1:18).

El Padre y el Hijo no se trata de dos gemelos muy parecidos; porque por más que los gemelos Juan y Carlos se parezcan, el que ve a Juan y trata con él, no puede asegurar que ha visto y ha tratado con Carlos, como sí lo pudo asegurar Jesús al decir que quien lo ha visto a Él ha visto al Padre.


El Hijo No es Igual (o lo Mismo) que el Padre

Para comprender mejor esta realidad en Cristo, y sin embargo seguir manteniendo la verdad de que Dios es uno solo en cualquier modo de revelación, como Padre o como Hijo, y que Jesucristo es ese mismo Dios manifestado en carne, repasemos los siguientes conceptos:

Al modo de existencia de Dios donde Él es solo divinidad, es al que se conoce como el Padre. Y al modo de existencia de Dios donde Él es divinidad más humanidad, es a lo que se conoce como el Hijo.

Por eso, Dios en su modo de existencia como Hijo/hombre, no es El Padre. Cuando usted considera al ser que nació de la virgen María, no está considerando a la manifestación de Dios que se conoce como el Padre, sino a la que se conoce como el Hijo. Mientras que el Padre posee una sola naturaleza que es la divina, el Hijo posee dos naturalezas que son la divina y la humana.

La explicación anterior, desmantela a esa caricatura que frecuentemente se usa para intentar ridiculizar la posición de la Unicidad, al pretender que nosotros estamos diciendo que Hijo es igual o lo mismo que Padre, o que el Hijo fue su propio Padre (como Hijo), o que el Padre fue su propio Hijo (como Padre).

Aunque la Persona divina es la misma en el Padre y en el Hijo, las acciones que experimenta esta única Persona divina difieren en cada uno de estos dos modos de revelación. Por ejemplo; algunas cosas que no son atribuibles a la manifestación como Padre son el nacimiento y la muerte, pues estas solo son atribuibles a la manifestación como Hijo/hombre. En este mismo sentido, el Hijo no se engendró a sí mismo, pues la acción de engendrar al Hijo en la virgen María, no se le puede atribuir a la manifestación como Hijo/hombre, sino a Dios en su condición de Padre/Espíritu (Mateo 1:18-21; Lucas 1:35).


Jesús es el Padre y es el Hijo

¿Cómo puede ser Jesús el Padre y al mismo tiempo el Hijo? Esta es una de las preguntas que la gente se hace, y les parece sin una respuesta lógica porque no la escudriñan a la luz de la revelación bíblica de la manifestación de Dios en carne.

Pero teniendo en cuenta la compresión de lo que bíblicamente hablando significan el Padre y el Hijo, podríamos plantear el mismo interrogante de la siguiente manera:

¿Cómo puede Jesús ser Dios en su modo divino de existencia, y al mismo tiempo ser Dios en su modo humano de existencia? Al presentar la pregunta de esta manera, vemos que es mucho más sencillo ir alcanzando la respuesta.

O incluso, podríamos formular de otra manera mucho más sencilla el mismo interrogante: ¿Cómo puede Jesús ser Dios si se toma en cuenta solamente su divinidad, y al mismo tiempo como puede ser Dios si se toma en cuenta su divinidad unida a la humanidad? ¡Vemos que la respuesta salta a la vista!

Sabemos que la Persona de Dios es una sola, independientemente del modo de existencia en que se encuentre, ya que en Dios solo hay una mente divina (Romanos 11:34; Jeremías 19:5), un Espíritu divino (Génesis 1:2; 1 Corintios 12:13), un corazón divino (Génesis 8:21; 1 Samuel 2:35), una voluntad divina (Jeremías 15:1; Hageo 1:8) y un alma divina (1 Samuel 2:35; Deuteronomio 26:11).

No podemos pensar que con una sola mente divina, un solo Espíritu divino, un solo corazón divino, una sola alma divina y una sola voluntad o conciencia divina funcionan “tres personas divinas” (como lo propone el dogma de la trinidad), porque siempre que hay una persona hay un ser, y si Dios es un solo Ser es porque es una sola Persona divina. En la Biblia no hay nada que pueda justificar la extraña idea del Credo de Atanasio, de que “hay tres personas divinas pero un solo Dios o ser divino”. La Biblia nunca habla de tres mentes divinas, tres voluntades divinas, tres almas divinas, etc., y por lo tanto bíblicamente hablando no hay forma alguna de proponer la incoherencia trinitaria de que “hay tres personas divinas y un solo Dios”. Por lo tanto, bíblicamente hablando, no queda ninguna duda de que Dios es solamente una Persona divina.

En cuanto a las manifestaciones de Dios como el Padre y como el Hijo, se da una distinción de voluntades (Lucas 22:42), pero ésta no es entre voluntades divinas, sino entre una voluntad divina y otra humana; siendo esta última necesaria en el Hijo para que pudiera experimentar la vida de un verdadero hombre.

Esa sola Persona divina es llamada Jesús, ya sea en su modo de existencia puramente divino, o en su modo de existencia manifestado en carne. Dios prometió revelar su nombre salvador cuando Él mismo se hiciera presente (Isaías 52:6) y ese nombre que dio a conocer es Jesús (Mateo 1:21-25). Del Hijo se dice que Él heredó su nombre de parte de su Padre (Hebreos 1:4), y que dio a conocer el nombre del Padre (Juan 17:26). Al ser Jesús el nombre de Dios, es el nombre sobre todo nombre ante el cual se doblará toda rodilla (Filipenses 2:10), porque el nombre de Dios está por encima de todo (Nehemías 9:5).
     
Jesús es el Padre y es el Hijo, porque ese nombre más que identificar una manifestación de Dios, identifica en sí a la única Persona divina. La misma Persona divina que actúa como Padre en su existencia trascendente eterna, es la misma Persona divina que actúa simultáneamente como Hijo en su manifestación en carne. Por eso, aunque no se puede decir que el Hijo es su propio Padre (como Hijo), sí podemos decir que Jesús en su modo exclusivamente divino, es el Padre de Jesús en su modo humano (Lucas 1:35).

Muchos solo ven a Jesús como el Hijo, porque no consideran a la Persona de Dios en su integralidad. Pero cuando Jesús es contemplado como el único Dios manifestado en carne, podemos decir de Él que es el Todopoderoso, el Omnipresente, el Padre, el Eterno, el Alfa y la Omega (o el Principio y el Fin), el Admirable, el Consejero, el Dios Fuerte, el Padre Eterno, el Santo Espíritu, etc.

El hecho de que el único Dios se manifestara como Hijo, y viniera a cumplir el plan redentor trazado desde antes de la fundación del mundo, fue lo que hizo posible que los hombres volvieran a adquirir la condición de hijos de Dios, que Adán había perdido en el huerto de Edén. Es decir, que la Persona del que en su divinidad es el Padre, se manifestó en carne como el Hijo de Dios, para darles a todos los hombres que creyéramos en Él, la potestad de ser hechos hijos de Dios. La relación del Hijo de Dios con el Padre es una relación de dependencia, de la misma manera en que los hombres al ser hechos hijos de Dios pueden depender de Dios.
 

El Nombre de Jesús es Coherente Para el Hijo y Para El Padre

En la Biblia encontramos nombres propios de la Persona de Dios, en su modo de revelación como Padre y en su modo de revelación como Hijo, y cada uno de esos nombres tienen significados que son coherentes con el Ser que representan.

Retomando la analogía del agua en la tina y del aguapanela en la jarra, vemos que ambos nombres resaltan una cualidad del agua, ya que el agua está presente en ambos recipientes. Pero sería diferente si quisiéramos llamar al contenido de la tina con el nombre de panela, porque la tina no contiene panela.

En el Antiguo Testamento encontramos que Dios en su modo de revelación únicamente divino como el Padre es llamado Yahvé (Isaías 42:8); mientras que en el Nuevo Testamento encontramos que en su modo de revelación como Dios hecho hombre es llamado Yahvé el Salvador, que es lo mismo que JESÚS (Mateo 1:21).

El nombre Jesús que encontramos en el Nuevo Testamento, encierra una condición adicional al nombre divino que fue revelado en el Antiguo Testamento, y al aplicarlo a los dos modos de manifestación de Dios, guarda coherencia y correlación entre lo que significa este nombre y las cualidades del Ser que representa.

La condición adicional que encierra el nombre Jesús respecto del nombre divino del Antiguo Testamento, es que aparte de incluir lo que Dios es: Yahvé (El auto existente), también identifica lo que Dios hace: “Salvar”. Esta condición adicional es aplicable a Dios tanto en su modo divino (Oseas 13:4) como en su modo humano (Juan 4:42; Efesios 5:23). Por esa razón, llamar al Padre: Yahvé el Salvador (JESÚS), no va en contra de su realidad divina.

Cuando invocamos a Jesús (o Jesucristo), estamos invocando a Dios en su integralidad, lo que va más allá de una forma de manifestarse, y Dios conoce el propósito de comunicación que hay en nuestro corazón.


Conclusión

Dios es una sola Persona divina que no reproduce personas divinas y cuya deidad no se puede dividir. Además, Dios sin dejar de ser Dios, también se manifestó en la carne como un hombre. Por lo tanto, dado que en la encarnación la divinidad asumió la humanidad, no se debe pensar que el Hijo sea otra persona divina y distinta, 

Jesús es el Hijo y también es el Padre, porque Jesús es un nombre propio que (como todo nombre propio) representa a la persona que lo posee, y al ser la Persona de Dios una misma en cualquiera de los modos de revelación en que se encuentre, entonces el nombre de Jesús puede ser usado ya sea en su modo de revelación como Padre o como Hijo.

Algunos alegan que Jesús no puede ser el nombre de Dios, porque Dios dijo que Yahvé (el Autoexistente) era su nombre para siempre (Éxodo 3:15; Isaías 42:8), pero se olvidan que JESÚS es una extensión del nombre divino revelado en el Antiguo Testamento, porque significa “Yahvé el Salvador”. Es decir, que al llamar a Dios como JESÚS, lo seguimos llamando Yahvé (el Autoexistente), pero con la revelación superior de “el Salvador”, porque eso era lo que necesitaba el hombre que a causa de su desobediencia estaba cautivo en sus pecados (Mateo 1:21).


Notas al Pie 

[1] La aguapanela o agua de panela, es una bebida propia de América del Sur y partes de América Central y el Caribe, en la que se le añade panela al agua para endulzarla. La panela es jugo de caña solidificado.