jueves, 12 de julio de 2018

Dios es una Persona


Por Jason Dulle, © Todos los Derechos Reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra.
Más información en: Institute For Biblical Studies. http://onenesspentecostal.com


Me he encontrado con varios pentecostales unicitarios que no solo objetan el concepto trinitario de Dios como “tres personas”, sino que se oponen a llamar a Dios una “persona”. En mi opinión, sí es apropiado referirse a Dios como una persona. En lo que sigue, responderé a las objeciones más comunes que se ofrecen en contra de llamar a Dios persona.

Objeción: Dios no puede ser una persona, porque Dios no tiene un cuerpo

Respuesta: Tener un cuerpo no es necesario para la personalidad. Una persona es esencialmente incorpórea en naturaleza. Lo que hace de algo una persona, es su posesión de una mente, y esto lo tiene/es Dios. Tener un cuerpo es algo que comúnmente se encuentra en las personas, pero no es necesario. Dicho de otra manera, las personas pueden tener cuerpos, pero las personas no son idénticas a sus cuerpos. Que esto es verdad, es evidente desde la doctrina del estado intermedio. Cuando morimos, nuestra persona pasa a estar con el Señor, pero nuestro cuerpo permanece sobre la tierra. Tal estado de existencia solamente es posible porque tener un cuerpo no es una propiedad esencial de las personas. Y si no es una propiedad esencial de las personas, entonces la falta de un cuerpo en Dios, no cuenta como evidencia en contra de su personalidad.

“Personas” es aplicado a algo más que a los seres humanos. Una persona es en concreto una sustancia inmaterial consciente, un individuo de sustancia racional, el conjunto de características que conforman una personalidad individual, un yo, el ego, definiendo quién pertenece a una sustancia genérica particular. Cualquier ser que sea un sujeto consciente, racional, pensante, sujeto de diversas experiencias, es una persona. Tanto los ángeles como Dios se ajustan a esta descripción, y por lo tanto son personas: Dios es una persona divina, los ángeles son personas angelicales, y los humanos son personas humanas. [1] Los humanos son personas encarnadas, mientras que Dios y los ángeles son personas incorpóreas (por lo menos, aparte de Cristo).

Como una mente incorpórea, Dios posee todas las capacidades de la mente, y por lo tanto Él es el ejemplo paradigmático de una persona. En realidad, ya que estamos hechos a su imagen, no podríamos ser personas si Él no fuera una persona.

Objeción: La Biblia nunca usa el término “persona” para Dios

Respuesta: La pregunta no es si la Biblia usa el término per se, sino si la naturaleza de Dios, tal como se describe en las Escrituras, puede describirse correctamente como personalizable dada la definición de persona: un sujeto consciente, racional, pensante, sujeto de varias experiencias (una mente).

Además, la Biblia tampoco habla de los seres humanos como “personas” (en el sentido filosófico de la autoconciencia psicológica), y sin embargo nadie discute la legitimidad de aplicar dicho término a los seres humanos. El mero hecho de que tal terminología no se haya usado [en la Biblia] para referirse a Dios, no significa que Dios no sea descrito con precisión como una persona, del mismo modo que la ausencia de tal terminología [en la Biblia] para los humanos, no significa que nosotros no seamos descritos con precisión como personas. Si nosotros no dudamos en llamarnos personas, tampoco deberíamos dudar en llamar a Dios una persona.

Objeción: La Biblia llama a Dios un Espíritu, no una persona

Respuesta: Los dos términos no son incompatibles entre sí. Los humanos son espíritus y personas. El término “espíritu”, describe el tipo de sustancia que es nuestra persona; es decir, nuestra persona es un espíritu o una naturaleza espiritual. Lo mismo es cierto para Dios. Él es una persona que es de naturaleza espiritual.

¿Si Dios no es una persona, qué es Él? Responder que Él es un espíritu no servirá, porque los espíritus vienen en dos formas lógicamente posibles: personal e impersonal. Claramente, Dios no es impersonal, entonces debe ser un espíritu personal. ¿Si Dios es personal, por qué no llamarlo persona? ¿Qué otra cosa que “persona”, describe correcta y exactamente el atributo de ser personal?


Notas a pie de página

[1]  La distinción entre naturaleza y persona, se puede comparar con una masa de galletas y una galleta. Una naturaleza sería como una masa de galletas (la sustancia genérica) antes de que se le haya cortado algo, mientras que una persona sería como la galleta (el yo particular) que es cortada de la masa general.
[2]  J.P. Moreland y Scott B. Rae, Cuerpo y Alma: La Naturaleza Humana y la Crisis en la Ética (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2000), 24.


Ver también: ¿Dios es una Persona o Tres Personas?

miércoles, 11 de julio de 2018

El Testimonio de Dos, Del Padre y el Hijo. (Juan 8:15-18)


Por Steven Ritchie, © 2017. Todos los Derechos Reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra.
Más información en: Global Impact Ministries. www.apostolicchristianfaith.com


Juan 8:15-18. “Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo [Dios con nosotros como un hombre], sino yo y el que me envió, el Padre [Dios como Dios]. Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy [Dios como hombre] el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre [Dios como Dios] que me envió da testimonio de mí”.

Juan 5:26. “Porque como el Padre [Dios como Dios] tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo [Dios con nosotros como un hombre] el tener vida en sí mismo”.

Aunque el Padre siempre ha sido el eterno Espíritu Santo sin un comienzo en el tiempo, al Hijo de Dios se le concedió el tener vida en sí mismo la cual consiste en una vida humana distinta con un comienzo específico en el tiempo, pues Juan 5:26 dice que al Hijo le fue OTORGADA (didómi significa “dar”) VIDA (zoe significa “vida”) en sí mismo al ser “HECHO (homoioó: “hacer”)... completamente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 - NIV). Esto explica el por qué el Salmo 2:7 dice: "Mi hijo eres tú; Yo te engendré [Heb. Yalad] hoy”. “Yalad” es la misma palabra que se usa para los nacimientos de Caín y Abel en Génesis 4:1-2, y esta es la razón por la cual Dios el Padre anunció durante el período del Antiguo Testamento para un futuro profético: “Yo le seré a Él Padre, y Él me será a mí Hijo” (2 Samuel 7:14, Hebreos 1:5).

Así como el Padre omnipresente tiene una vida en Sí mismo (Juan 5:26) por fuera de la encarnación, así también el Padre viviente le concedió al Hijo el tener una vida humana en sí mismo dentro de la encarnación a través de la concepción y el nacimiento virginales. De manera que como producto de la encarnación seguimos teniendo a Un Solo Dios que es el Padre omnipresente, pero además a un mediador entre Dios y los hombres quien es Jesucristo hombre (1 Timoteo 2:5), o el Hijo al que se le otorgó una vida humana distinta dentro de la virgen. Esto explica cómo la vida humana distinta del Hijo de Dios en la encarnación podía dar testimonio como un testigo humano distinto, mientras que el Padre en su condición de Padre permaneció inmutable en los cielos para dar testimonio como un testigo divino distinto. Esto es precisamente lo que esperaríamos si aceptamos la enseñanza bíblica de que Dios el Padre se hizo hombre a través de la concepción y el nacimiento virginales.

Cuando el Dios omnipresente se convirtió en un hombre dentro de la virgen, entró en una vida humana distinta dentro de la encarnación. Esto explica el por qué Jesús pudo poseer los atributos humanos dentro de la encarnación como un hijo humano distinto, mientras que simultáneamente permaneció con sus atributos divinos distintos por fuera de la encarnación como el Padre omnipotente, pues Dios como Dios siempre ha permanecido inmutable en los cielos (Malaquías 3:6 - “Porque yo Yahvé no cambio”), aunque Dios también se convirtió simultáneamente en un hombre (Hebreos 1:3 KJV – que es “el resplandor de su gloria y la imagen expresa de su Persona” – de la Persona del Padre – Hebreos 2:14-17; Hebreos 13:8) para salvar a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:18-23). Por lo tanto, Jesús como el niño que nos fue nacido y el Hijo que nos fue dado, fue “hecho... completamente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 - NIV) aunque Él mismo siempre ha existido sin la necesidad de tener un principio como el Dios Fuerte y el Padre Eterno (Isaías 9:6; Juan 14:7-9) que permanece en su divinidad como “el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8).

Dado que Números 23:19 prueba que Dios no es un hombre, sabemos entonces que Jesús no es literalmente Dios con nosotros como Dios, sino más bien Emanuel (Dios con nosotros) como un hombre verdadero que tenía la capacidad de orar, sufrir y ser tentado. Santiago 1:13 dice que “Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie”, por lo cual sabemos que Jesús no es Dios con nosotros como Dios, sino que Él es Dios con nosotros como un hombre distinto que ha vivido una vida humana auténtica. Por lo tanto, solo el Dios omnipresente que es nuestro Padre Celestial es el único Ser que pudo convertirse simultáneamente en un hombre con una vida humana distinta (como el Hijo) para salvarnos, permaneciendo inmutable en los cielos con su vida divina distintiva (como el Padre). Esto explica el por qué el único Dios ha podido permanecer siendo Uno en su Esencia del Ser con un distintivo testimonio divino dentro de Sí mismo, mientras que a la vez se ha convertido en un Hijo humano distinto con un testimonio humano distinto dentro de sí mismo.

martes, 10 de julio de 2018

Me Preparaste Cuerpo – Hebreos 10:5-7, Salmo 40:6-8


Por Steven Ritchie, © 2017. Todos los Derechos Reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra.
Más información en: Global Impact Ministries. www.apostolicchristianfaith.com


Hebreos 10:5-7 afirma que Jesús dijo: “Mas me preparaste cuerpo”. Dado que Hebreos 10:5-7 es una cita directa del Salmo 40:6-8, necesitamos leer todo el pasaje en contexto para discernir su significado correcto.

“Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, OH DIOS, PARA HACER TU VOLUNTAD, como en el rollo del libro está escrito de mí”. (Hebreos 10:5-7).

Una supuesta Persona divina del Hijo, no podría haber dicho: “He aquí que vengo, OH DIOS, PARA HACER TU VOLUNTAD, como en el rollo del libro está escrito de mí”, pues para empezar, la supuesta persona divina preencarnada del Hijo, ya habría sido completamente Dios.

Hebreos 10:5-7 es una cita directa del Salmo 40:6-8, que predijo con exactitud las cosas que Jesús diría en la tierra como un hombre antes de decirlas. Por lo tanto, el Salmo 40:6-8 predijo las palabras que Jesús hablaría en la tierra cuando dijo: “Sacrificio y ofrenda no te agrada; has abierto mis oídos; holocausto y expiación no has demandado. Entonces dije: He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón”. Jesús dijo estas palabras estando en la tierra, tal como el Salmo 22:1 predijo que Jesús diría en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Salmo 22:1 / Mateo 27:46).

El Salmo 22:10 continúa diciendo que Jesús tendría un Dios al decir: “…Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios”. Por lo tanto, las profecías del Antiguo Testamento prueban que el hombre Cristo Jesús diría estas cosas sobre la tierra como un hombre, en vez de decirlas desde el cielo como una supuesta persona divina del Hijo preencarnada.

Cuando Jesucristo había entrado en el mundo, Él oró diciendo: “Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo”.

“Por eso, al entrar en el mundo, Cristo dijo: «A ti no te complacen sacrificios ni ofrendas; en su lugar, me preparaste un cuerpo”. (Hebreos 10:5, NVI - Nueva Versión Internacional).

“Por eso, cuando Cristo vino al mundo, le dijo a Dios: «No quisiste sacrificios de animales ni ofrendas por el pecado. Pero me has dado un cuerpo para ofrecer”. (Hebreos 10:5, NTV – Nueva Traducción Viviente).

“Por eso, cuando Cristo vino al mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, sino que has preparado un cuerpo para mí”. (Hebreos 10:5, PDT – Palabra de Dios Para Todos).

“Por lo cual, al entrar Cristo en el mundo, dice: SACRIFICIO Y OFRENDA NO HAS QUERIDO, PERO UN CUERPO HAS PREPARADO PARA MI”. (Hebreos 10:5, NBLH – Nueva Biblia de los Hispanos).

La Concordancia Exhaustiva NAS, dice que el verbo griego εἰσέρχομαι (eiserjomai), significa “entrar (a), entrar”. En otras palabras, cuando Cristo ya había entrado al mundo, o cuando Cristo ya estaba en el mundo, Él oró diciendo: “Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo”.

La NAS ofrece una amplia gama de posibles traducciones para la palabra “eiserjomai”:

Vino (10), ven (15), viene (3), viniendo (1), ingresa (66), ingresó (63), entrando (6), entra (7), va (8), va* (1), adentrado (1), alcanzado (1), comenzado (1), quedó (8)”.

Aquí podemos ver que Hebreos 10:5 puede ser traducido fácilmente con las siguientes palabras:

- “Cuando Cristo vino al mundo...”

- “Cuando Cristo ingresó en el mundo...”

- “Cuando Cristo se (había) adentrado en el mundo...”

- “Cuando Cristo (había) alcanzado el mundo...”

- “Cuando Cristo (ya había) comenzado en el mundo...”

- “Cuando Cristo quedó en el mundo...”

No hay ninguna justificación bíblica para insistir en que Cristo oró antes de estar en el mundo, diciendo: “Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo”, pues si Jesús hubiera orado a su Dios antes de su concepción y nacimiento virginales, entonces Hebreos 10:5-7 apoyaría una teología arriana en lugar de una posición teológica trinitaria.

Algunos podrían argumentar que Jesús nunca pronunció el Salmo 40:6-7. Sin embargo, así como no tenemos una porción del Nuevo Testamento que declare que Jesús alguna vez haya orado diciendo: “Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios” del Salmo 22:10, del mismo modo no tenemos que contar con un versículo específico donde Jesús haya orado diciendo: “Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, OH DIOS, PARA HACER TU VOLUNTAD, como en el rollo del libro está escrito de mí”.

Juan 21:25 prueba que hubo otras muchas cosas que Jesús dijo e hizo que no fueron escritas en ese libro. Por lo tanto, las cuatro narraciones evangélicas no registraron todas y cada una de las palabras que Jesús habló. Es por eso que Hechos 20:35 sostiene que Jesús dijo: “Más bienaventurado es dar que recibir”, aunque esas palabras nunca se registraron en los cuatro evangelios. Del mismo modo que Hechos 20:35, el texto de Hebreos 10:7 muestra claramente que Jesús oró en la tierra como un hombre que tenía un Dios, diciendo: “He aquí que vengo, OH DIOS, PARA HACER TU VOLUNTAD, como en el rollo del libro está escrito de mí”. Esto prueba que Jesús no pudo haber dicho estas palabras como un supuesto Dios el Hijo preencarnado en el cielo. Por lo tanto, Hebreos 10:5-7 es una cita del Salmo 45:6-8, que es una profecía mesiánica que se cumplió cuando el hombre Cristo Jesús ya estaba realmente en el mundo.

lunes, 9 de julio de 2018

¿Dios el Padre Pudo Convertirse en su Propio Hijo?, Juan 5:26


Por Steven Ritchie, © 2017. Todos los Derechos Reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra.
Más información en: Global Impact Ministries. www.apostolicchristianfaith.com


Juan 5:26. “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo”.

La naturaleza milagrosa de la encarnación del Espíritu de Dios dentro de la virgen, desafía a toda experiencia humana porque Dios mismo ha declarado: “NO HAY NADIE IGUAL A MÍ” (Isaías 46:9 -NVI). Por lo tanto, solamente nuestro Padre Celestial omnipresente pudo convertirse en un Hijo humano distinto con una autoexistencia humana distinta, sin tener que renunciar a su propia existencia omnipresente en los cielos. Dado que los ángeles y los hombres no pueden existir en dos o más lugares a la vez como sí lo puede hacer nuestro Dios Altísimo, es difícil para nosotros como seres finitos concebir la idea de que el único Dios haya entrado a nuestro mundo como un ser humano distinto sin haber abandonado el cielo.

Hebreos 1:3 (KJV). “...quién [el Hijo] es el resplandor de su gloria [la gloria del Padre] y la imagen expresa [‘karaktér’ = una ‘imagen copiada’] de su persona [‘hipóstasis’ = ‘Esencia del Ser’ de la Persona del Padre]...”.

Hebreos 1:3 establece claramente que el Hijo de Dios fue copiado (karaktér) de la esencia del Ser (hipóstasis) del Espíritu de Dios el Padre, como un verdadero ser humano con una auténtica “vida humana” en sí mismo (Juan 5:26). Por lo tanto, nuestro Dios que fue manifestado en la carne (1 Timoteo 3:16) a través de su propio Espíritu Santo que descendió del cielo (Mateo 1:20, Lucas 1:35, Juan 6:38), también reprodujo una imagen humana de su existencia del Ser invisible (Colosenses 1:15; Hebreos 1:3) en una autoexistencia humana total y completa. (Juan 5:26 muestra que como el Padre tiene “vida [divina] en sí mismo”, también le concedió al Hijo “el tener “vida [humana] en sí mismo”. Por lo tanto, solamente nuestro Padre Celestial omnipresente pudo entrar en nuestro mundo en un nuevo modo humano de existencia para salvar a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:23), sin dejar de existir como el Espíritu omnipresente de Dios en los cielos (Jeremías 23:24).

El nuevo modo humano de existencia de Dios, que ha sido conocido como Emanuel “Dios con nosotros” (Mateo 1:23) como un verdadero Hijo humano, tuvo que haber sido “en todo semejante a sus hermanos” (Hebreos 2:17), es decir hecho del mismo modo en que todos los seres humanos están hechos, o Él no habría sido un verdadero hombre en lo absoluto. Si Jesús no poseyera una verdadera existencia humana con una vida humana distinta en sí mismo (Juan 5:26), entonces Él no podría haber orado o haber tenido la capacidad de haber sido tentado por el diablo. Por lo tanto, el Hijo no es Dios con nosotros como Dios, sino que Él es Emanuel Dios con nosotros como un verdadero ser humano.

Casi todos los teólogos trinitarios confiesan que un supuesto Dios Hijo permaneció omnipresente en el cielo mientras que simultáneamente se hizo hombre. Así también afirman que Dios (en su caso, un tal Dios el Hijo) se hizo hombre. Sin embargo, eso significaría que un supuesto Dios el Hijo retuvo una vida divina omnipresente en sí mismo en los cielos, mientras que simultáneamente existió con una vida humana distinta en sí mismo como un hombre en la tierra. Tal creencia necesitaría dos personas llamadas Hijo: un Dios Hijo celestial que conservó su vida y atributos divinos en el cielo (quien podría actuar y hablar como Dios independientemente de su nueva existencia humana), y un Hijo humano terrenal que podía actuar independientemente en la tierra orando y siendo tentado. Pero esto es esencialmente una mala copia del concepto bíblico de que el Padre que tiene la vida divina en sí mismo, también adquirió una vida humana distinta en la encarnación a través de la virgen. Las Escrituras hablan claramente de la eterna vida divina del Padre en el cielo, y de la nueva vida humana en sí mismo que le fue concedida como Hijo sobre la tierra durante el tiempo. (La nueva vida humana del Hijo armoniza con la Teología de la Unicidad - Juan 5:26; Salmo 2:7; Hebreos 1:5). Sin embargo, en ninguna parte de la Escritura podemos encontrar una sola porción que muestre una vida divina eterna inconfundible de un tal Dios Hijo que habría conservado su vida y atributos divinos en el cielo, mientras que simultáneamente se hallaba convertido en un hombre sobre la tierra. Por lo tanto, ¡la Teología de la Unicidad trae armonía a todos los datos de las Escrituras, mientras que la teología Trinitaria no lo hace!

En conclusión, el Padre que es el único Dios verdadero (Juan 17:3) y el único Dios omnipresente que conocemos, pudo venir a este mundo como un ser humano, sin dejar de ser lo que siempre ha sido desde antes de manifestarse en la carne como un verdadero ser humano (1 Timoteo 3:16; Hebreos 2:17). Por lo tanto, podemos afirmar que decir que Dios se hizo hombre, es exactamente lo mismo que decir que Dios se convirtió en el Hijo. Si bien tal concepto desafía toda la experiencia humana, no hay nada que le haya impedido a nuestro Dios milagroso el convertirse en su propio Hijo humano, cuando por medio de la encarnación llegó a poseer dos modos distintos (o dos manifestaciones distintas) de existencia: Dios como Dios con una vida divina distinta en sí mismo, y Dios como hombre con una vida humana distinta en sí mismo.

viernes, 6 de julio de 2018

La Omnipresencia y La Encarnación. (Juan 3:13)


Por Steven Ritchie, © 2017. Todos los Derechos Reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra.
Más información en: Global Impact Ministries. www.apostolicchristianfaith.com


Juan 3:13. “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo”.

Solo el Dios omnipresente que llena los cielos y la tierra (Jeremías 23:24) pudo descender sobre una virgen hebrea (Lucas 1:35) para encarnarse como un verdadero hombre, mientras que simultáneamente continuó poseyendo su esencia inmutable en los cielos (Malaquías 3:6). El Dios Altísimo no habita en templos hechos de manos (Hechos 17:24). El Dios Altísimo tampoco tiene un trono físico en algún lugar particular del cielo, que la NASA pudiera observar con algún telescopio o llegar a él con alguna nave espacial. Esto porque Dios dijo: “El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?” (Hechos 7:49-50 - citando a Isaías 66:1). Según Dios, todo el cielo es el trono de Dios. Por lo tanto es imperativo que abramos nuestras mentes y corazones finitos ante la posibilidad de que nuestro único Padre Celestial se haya convertido en un hombre para salvarnos, mientras que a la vez haya permanecido como nuestro Padre inmutable en los cielos.

Incluso los teólogos trinitarios (al igual que los teólogos unicitarios) también admiten que el Dios omnipresente puede realizar múltiples tareas a la vez, sin dividirse en dos o más personas.

El teólogo trinitario Dan Musick escribió:

“La habilidad de Dios para realizar múltiples tareas a la vez no lo divide en dos personas. Dios tiene niveles y dimensiones de conciencia que nuestras mentes humanas nunca comprenderán. Juan escribe: ‘Y esta es la confianza que tenemos ante Él, que si pedimos algo según su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en lo que sea que le pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos pedido’ (1. Jn. 5:14-15 - NAS). Dios proporciona su atención, privada e intensamente a millones de sus hijos al mismo tiempo, pero Él es un único Dios”. (Dan Musick, en el artículo en línea titulado, “Kenosis, Cristo se Vació a Sí Mismo, Filipenses 2:7” – Editor, M.A. en Teología, Wheaton Graduate School, 1978. http://kenosis.info/index.shtml).

Un trinitario ilusionado me escribió diciendo: -“¡Jesús no puede orar al Padre, si él es el Padre! ¡Eso es sentido común!”-. Ante lo cual le respondí: -“También puedo decirles exactamente lo mismo a los trinitarios. Jesús no puede orar a Dios el Padre si él es Dios el Hijo, pues Dios como Dios no se puede orar a sí mismo, así como Dios tampoco puede ser tentado como Dios, porque Dios no puede ser tentado por el mal (Santiago 1:13)”-. Continué: -“¿Fue Dios el Hijo tentado por el mal, o más bien fue el Hijo de Dios tentado por el mal? Hay una clara distinción entre el Hijo de Dios que es hombre (que no sabía todas las cosas - Marcos 13:32), y Dios que es un Espíritu (que sabe todas las cosas - 1 Juan 3:20). Por lo tanto, Jesús no podía ser Dios con nosotros como Dios, sino más bien Dios con nosotros como un hombre verdadero”-.

Más adelante le respondí: -“Yo no reclamo la existencia de dos personas divinas separadas. La única Persona divina (nuestro Padre), también se convirtió en una persona humana distinta (el Hijo). Así que lo que estoy afirmando es que hay una distinción entre nuestro único Dios verdadero que es nuestro inmutable Padre Celestial, y el hombre distinto que es el niño humano que nos fue nacido y el Hijo que nos fue dado. Esto porque Jesús es la imagen del Dios invisible, es decir la imagen del Padre invisible (Colosenses 1:15). Dios como Dios es invisible (Juan 1:18), pero Dios con nosotros como un verdadero hombre se hizo visible en la carne a través de la virgen para salvar a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:18-23)”-.

Al igual que los teólogos unicitarios, la mayoría de los teólogos trinitarios también creen que el Dios omnipresente pudo convertirse milagrosamente en un hombre total y completo mientras que continuó permaneciendo como el Dios inmutable en los cielos. El teólogo trinitario Dan Musick escribió:

“Como Dios, Jesús no era más que una Persona aunque haya realizado simultáneamente múltiples tareas. Como Dios completo en la carne durante sus 33 años en la tierra, Jesús continuó usando su omnipotencia, omnisciencia y omnipresencia para sostener a cada estrella [por fuera de la encarnación]”. (Dan Musick, en el artículo en línea titulado, “Kenosis, Cristo se Vació a Sí Mismo, Filipenses 2:7”. Se agregaron las palabras en corchetes para mayor claridad).

Dan Musick, dijo además:

“No era posible ni necesario que el intelecto humano de Cristo [como hombre dentro de la encarnación] comprendiera el vasto conocimiento de su intelecto divino [como Dios por fuera de la encarnación]. Esto le permitiría crecer intelectualmente como uno de nosotros. Tampoco era necesario que Cristo supiera en su intelecto humano todo lo que hacía como Dios [por fuera de la encarnación]. Él fue una persona que creció y aprendió como uno de nosotros, y al mismo tiempo hizo el trabajo como Dios (Juan 5:17), sin ser consciente en su intelecto humano de todo lo que estaba haciendo en su naturaleza divina [en los cielos]”. (Dan Musick, en el artículo en línea titulado, “Kenosis, Cristo se Vació a Sí Mismo, Filipenses 2:7”. Se agregaron las palabras en corchetes para mayor claridad)

Muchos eruditos trinitarios alegan que el Hijo como una persona divina distinta, estaba en el cielo y en la tierra al mismo tiempo (Juan 3:13). La supuesta persona trinitaria del Hijo omnipresente en el cielo, tendría que poder hablar y actuar en el cielo mientras que simultáneamente existía en la tierra como un hombre. Por lo tanto, muchos trinitarios tienen la idea de que la única persona del Hijo Celestial hablaba y actuaba en el cielo, mientras que la única persona del Hijo Terrenal hablaba y actuaba independiente y simultáneamente en la tierra como un hombre. Aun así no son capaces de aceptar la posición de los pentecostales unicitarios quienes creemos que nuestro Padre Celestial pudo actuar y hablar en los cielos, mientras que simultáneamente actuaba y hablaba en la tierra como un verdadero hombre (el Hijo) después de que la encarnación tuvo lugar.

Si los teólogos trinitarios pueden pensar que un supuesto Hijo omnipresente hablaba y actuaba en el cielo, mientras hablaba y actuaba de manera diferente como un hombre en la tierra, entonces están reconociendo que no es imposible creer que si el Padre es el único Dios Él haya podido hablar y actuar en el cielo mientras que simultáneamente hablaba y actuaba de manera diferente en la tierra como un hombre a través de su encarnación como el hombre Cristo Jesús, el Hijo de Dios (Juan 14:7-10, 24). Si bien es imposible que los ángeles y los hombres (quienes no son omnipresentes), existan, hablen o actúen en más de un lugar geográfico a la vez, sí es posible que el Espíritu del Dios omnipresente pueda existir, actuar y hablar en el cielo y en la tierra al mismo tiempo. “Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible”. (Mateo 19:26).

¿Por Qué Jesús Dijo: "Ninguno Hay Bueno, Sino Sólo Uno, Dios"? (Mateo 19:17, Marcos 10:18, Lucas 18:18-19)


Por Steven Ritchie, © 2017. Todos los Derechos Reservados.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra.
Más información en: Global Impact Ministries. www.apostolicchristianfaith.com


Mateo 19:16-17. “Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? 17 El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”.

Marcos 10:17-18. “Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.

Lucas 18:18-19. “Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.

Aquellos que niegan la deidad de Cristo, citan a menudo a Mateo 19:7, Marcos 10:17-18 o Lucas 18:18-19, como textos prueba para alegar que Jesús no puede ser Dios. Sin embargo, Jesús nunca dijo que Él no fuera Dios. Él simplemente dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios”. Por lo tanto, Jesús no estaba confrontando a este hombre por llamarle “Maestro bueno”, sino que por el contrario, Él le afirmó su deidad como el único Dios bueno.

Como solamente Dios no tiene pecado, Jesús afirmó que “Ninguno hay bueno, sino sólo Dios”. Ser bueno en el contexto de Mateo 19:7, Marcos 10:18 o Lucas 18:18-19, tiene que definirse como estar sin pecado, porque aunque los seres humanos pueden dar ejemplo de buen comportamiento, ningún hombre es bueno en el contexto de ser bueno como Dios (sin pecado).

Jesús tiene que ser bueno porque Él nunca pecó.

¿Podría Jesús haber sido malo en lugar de bueno? ¿Cómo podría ser posible que Jesús haya sido malo en lugar de bueno? Si Jesús era malo, eso significaría que Él había pecado. Si ese fuera el caso, entonces las Escrituras inspiradas estarían en un error al afirmar que Jesús nunca pecó.

2. Corintios 5:21. AL QUE NO CONOCIÓ PECADO, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él”.

1. Pedro 2:22. EL CUAL NO HIZO PECADO, ni se halló engaño en su boca”.

Hebreos 4:14-15. “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, PERO SIN PECADO.

Ningún unitario sociniano o ningún testigo de Jehová, podría reclamar que Jesús pecó sin violar a Hebreos 4:15, 2 Corintios 5:21 y 1 Pedro 2:22. Después de la caída de Adán y Eva, Jesús es el único hombre que nunca pecó estando en la tierra, y por lo tanto Él tuvo que haber sido bueno en el sentido de ser el humano perfecto y sin pecado (Efesios 4:13). Por lo tanto, Jesús tuvo que haber sido bueno como Dios, ya que Él era el único hombre que no había cometido pecado viviendo en la tierra.

A diferencia de todos los demás seres humanos que vivieron en la tierra durante el tiempo de Cristo, Jesús fue el único hombre bueno. Adán y Eva fueron buenos antes de caer en el pecado porque fueron creados en la inocencia, pero el hombre Cristo Jesús era el único hombre bueno sobre la tierra cuando dijo: “Ninguno hay bueno, sino sólo Dios”. Ya que las Escrituras inspiradas declaran explícitamente que el hombre Cristo Jesús es el único hombre que vivió sobre la tierra (después de la caída de Adán y Eva) sin cometer ningún pecado, entonces tienen que estar afirmando que Él es el único Dios bueno, que manifestado en carne vino a salvarnos de nuestros pecados.

miércoles, 20 de junio de 2018

Jesús es el Padre, Un Mensaje Apostólico (Libro en Línea)


Por Juan Diego Correa Mosquera
© 2018, Todos los Derechos Reservados
Publicado en este sitio web con permiso del autor
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Prefacio

Jesús es el Padre, Un Mensaje Apostólico, es un libro en el que se demuestra por medio de las Escrituras que el mensaje de la Unicidad de Dios, fue sin duda alguna proclamado y creído por los apóstoles y la Iglesia primitiva (o del primer siglo) que tuvo sus inicios a partir de los Hechos capítulo 2, y que la Iglesia actualmente sigue predicando este poderoso mensaje de la Unicidad de Dios, teniendo como resultado la salvación de las almas.

En este material vemos como los apóstoles nombrados en las Escrituras, a saber Pedro, Pablo y Juan, nos enseñan el mensaje de la Unicidad de Dios, testificando ellos que Jesús es el Padre, el único Dios verdadero manifestado en carne. Excluyendo así la idea de aquellas doctrinas que se esmeran en negar la absoluta deidad de Jesucristo como el Dios Padre.

La idea de escribir este libro surge por dos razones principales.

1ª. Porque la verdad de la Palabra de Dios debe ser predicada y difundida por todos los medios posibles con el fin de cumplir con la gran comisión dada a la Iglesia de predicar el evangelio a toda criatura (Marcos 16:15-16), teniendo como resultado la conversión de los perdidos a Cristo Jesús, pasando el hombre de estar muerto en delitos y pecados (Efesios 2:1) a ser una nueva criatura en Cristo Jesús (2ª Corintios 5:17). Dios sigue añadiendo a la Iglesia los que han de ser salvos (Hechos 2:47). Todas aquellas personas que no han llegado al conocimiento del único Dios cuyo nombre es Jesús, pueden llegar a este conocimiento y salir del error en el que se encuentran, pasando de las tinieblas de la mentira a la luz verdadera del evangelio (Juan 8:34; 1ª Timoteo 2:3-4).

2ª. Para dar una respuesta a los  argumentos de todas esas falsas doctrinas que se esmeran por negar  y desacreditar a la doctrina apostólica de la Unicidad de Dios, las cuales entorpecen el conocimiento de la absoluta deidad de Jesucristo, al negar que ÉL sea nuestro Emanuel, Dios (o el Padre) mismo con nosotros (Mateo 1:21-23).

Así que este es un material al que puede acceder todo el pueblo pentecostal del Nombre de Jesús a nivel mundial, pues contribuirá a crecer en el conocimiento de la verdad de la Palabra de Dios y presentar defensa (apología) con toda mansedumbre y reverencia ante todos aquellos que se oponen a nuestra fe  (1ª Pedro 3:15).

Todas las citas bíblicas de este libro, son tomadas de la versión Reina Valera 1960. De utilizarse otra versión, se hará la aclaración pertinente.


Acerca del autor

Juan Diego Correa Mosquera, es miembro de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, actualmente reside en la ciudad de Medellín, departamento de Antioquia. Nació el 16 de febrero de 1997 en el municipio de Envigado, departamento de Antioquia. Fue bautizado en el Nombre de Jesús, por el pastor Jaime Daniel Barranco Jiménez, el 23 de febrero del 2014, y el 1 de mayo del mismo año, recibió el bautismo del Espíritu Santo con la señal de hablar en nuevas lenguas.

Juan Diego Correa Mosquera es predicador, evangelista y escritor de la doctrina apostólica del Nombre de Jesús. Comenzó con la vocación de ser escritor a finales del año 2015, lo cual surgió debido al gran deseo de enseñar la verdad de la Palabra de Dios y que muchas personas pudiesen llegar al conocimiento de la verdad, y también con el fin de que la Iglesia siga siendo edificada en la doctrina de apóstoles y profetas.

Juan Diego Correa Mosquera es administrador del sitio web: http://jesusdiosunico.blogspot.com donde constantemente se están publicando diversos artículos y videos concernientes a la doctrina apostólica del Nombre de Jesús.

Durante toda su vida cristiana se ha desempeñado en el área de la evangelización, la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios. Actualmente está realizando sus estudios en el IBP (Instituto Bíblico Pentecostal), con el fin de seguir creciendo el conocimiento de la Palabra de Dios y acreditar mucho más la vocación de ser escritor de la doctrina apostólica del Nombre de Jesús.

Juan Diego Correa Mosquera es tecnólogo en Gestión de Mercados, grado que obtuvo por parte del Servicio Nacional de Aprendizaje Sena, en el mes de octubre del año 2016 en la ciudad de Medellín, Antioquia.


Agradecimientos

Doy gracias a nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo (Tito 2:14), el cual por su gracia y su inmensa misericordia me ha permitido escribir este libro y así tener una oportunidad más para predicar su Nombre a aquellos que aún no han llegado a tan hermosa verdad de saber que ÉL es el único Dios soberano y verdadero.

“…9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre…”
(Filipenses 2:9-11)

“…al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén…”
(Judas 1:25)

También quiero agradecerle al pastor ordenado de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, el hermano Yuvier Alejandro Fernández Sánchez, el cual me ha brindado su total apoyo en este trabajo de ser escritor y exponente de la sana doctrina apostólica del Nombre de Jesús.  Por parte de este gran hombre de Dios he recibido cantidad de consejos muy pertinentes de los cuales no he hecho caso omiso, ya que estos han tenido como fin el mejorar y crecer cada día en tan grandiosa labor. ¡Que sea Dios bendiciéndole en gran manera!

Por último, quiero agradecerle de una manera muy especial a mi hermano en la fe, Julio Cesar Clavijo Sierra, miembro de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia en la cuidad de Manizales, por motivarme y ayudarme a crecer en esta labor de ser exponente de la doctrina apostólica del Nombre de Jesús. El hermano Julio Cesar Clavijo Sierra es teólogo, maestro, escritor y exponente de la doctrina apostólica del Nombre de Jesús. Todo su trabajo lo pueden encontrar en su blog FE BIBLICA  http://fe-biblica.blogspot.com.co/. Todos mis escritos, incluyendo éste, han sido previamente revisados por el hermano Julio Cesar, antes de ser publicados en el internet y en los diferentes medios de comunicación. Le agradezco por toda su diligencia y disposición durante todo este tiempo. ¡Que sea Dios bendiciéndole en gran manera!


Introducción

El libro está segmentado en tres capítulos, así: Capitulo 1: El apóstol Juan declara que Jesús es el Padre. Capítulo 2: El apóstol Pablo declara que Jesús es el Padre, y Capítulo 3: El apóstol Pedro declara que Jesús es el Padre.

Por medio de este libro, veremos como la doctrina de la Unicidad de Dios, es un mensaje completamente apostólico, es decir, que fue creído y predicado por los apóstoles en todas las partes a donde llegaban con el mensaje del evangelio, y como resultado se obtenía la conversión de los perdidos a Cristo Jesús. Podremos ver cómo los apóstoles siempre enfatizaron en la deidad de Jesucristo, identificándolo como Dios (o el Padre) mismo manifestado en carne. Esta enseñanza bíblica difiere de la posición de todas las sectas que se identifican como cristianas, pero que se caracterizan por estar en contra del mensaje apostólico de la Unicidad de Dios, pretendiendo que Jesús es otro individuo diferente al Padre. 

Los apóstoles nunca predicaron un evangelio diferente al que ya había sido establecido (Gálatas 1:6-10). Por ende, siempre se anunció la verdad con respecto a Jesucristo, que consiste en que Jesús es el Cristo (Hechos 18:5-11; 24,28), a saber, Dios (o el Padre) mismo que asumió la condición de un verdadero hombre para venir al mundo a salvarnos (Hebreos 2:14).

Los apóstoles nunca creyeron y por ende nunca predicaron una pluralidad de personas divinas en la deidad. El concepto trinitario de que el Dios de la Biblia sea una unidad compuesta de tres (3) personas divinas y distintas, no hace parte del concepto apostólico con respecto a Dios, pues nunca vemos en las Escrituras a los apóstoles predicando a un Dios “trino” o “trinitario” que este compuesto de tres (3) personas (o individuos) divinos y separados en la deidad, a saber: “el padre trinitario”, “el hijo trinitario” y “el espíritu santo trinitario”.

Tampoco vemos en las Escrituras de que los apóstoles hayan creído el concepto unitario, que niegan que Jesucristo sea el único Dios todopoderoso, con el cual se distorsiona su imagen bíblica y se trasmiten conceptos extraños, como por ejemplo la del arrianismo que dice que Jesús es un dios (con “d” minúscula) que fue la primera creación de Dios el Padre, “el Hijo creado”, o la del socinianismo que dice que Jesús es nada más que un hombre muy elevado que no tuvo a ningún hombre por padre sino a Dios, o la del adopcionismo (o monarquianismo dinámico) que dice que Jesús fue solamente un hombre engendrado de la misma manera en la que lo son los demás hombres, pero que en una etapa determinada de su vida (muchos dicen que a los 30 años) fue adoptado por Dios como su Hijo y actuó bajo la dinamis (o poder de Dios).   

En contraste con lo mencionado anteriormente, vemos por parte de los apóstoles el mensaje estrictamente monoteísta al declarar que Dios es UNO (1) en la absolutez numérica, resaltando su carácter de único [1]  (Romanos 3:30; Gálatas 3:20; Efesios 4:6). Y de igual manera los apóstoles nos enseñan que Jesucristo (o el Hijo) es ese único Dios (o el Padre) manifestado en carne (Juan 1:1,14; Romanos 9:5; 1ª Timoteo 3:16), y que fuera de Jesucristo no hay otro ser que pueda considerarse como el Dios verdadero.

“…Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión…” 
(Romanos 3:30).

“…Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos…”
(Efesios 4:6)

“…E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne,
Justificado en el Espíritu,
Visto de los ángeles,
Predicado a los gentiles,
Creído en el mundo,
Recibido arriba en gloria…” 
(1ª Timoteo 3:16).

“…De quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén…” 
(Romanos 9:5).



Capítulo 1
El Apóstol Juan Declara que Jesús es el Padre

“…1 Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. 2 Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. 3 Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda…”
(Apocalipsis 4:1-3)

El apóstol Juan nos da testimonio por medio de las Escrituras, que él en una visión apocalíptica, pudo ver en el cielo un solo trono y un solo ser divino sentado en ese  único trono. Esta una verdad que influye para descartar la idea trinitaria de que en el cielo “hay" tres (3) personas (o individuos) divinos y distintos que comparten la única naturaleza divina. El apóstol Juan nunca vio a tres personas divinas, él lo que realmente vio fue un trono y un solo ser divino sentado en el trono, el cual por la lógica bíblica, es el único Dios que es el Padre, (Malaquías 2:10; Juan 8:41; Juan 17:5; Efesios 4:5-6).

Así que se puede concluir que al que vio Juan sentado en el trono, fue al único Dios, el Padre. Pero aparte de esto, vamos a mirar por medio de las Escrituras que el mismo apóstol Juan nos testifica por medio de una cantidad de declaraciones que aparecen en su evangelio, cartas y en el mismo Apocalipsis, que Jesús es el Padre. De esta manera entenderemos que a ese que vio Juan en su visión apocalíptica fue a Jesús y a este glorificado, identificándolo como el único Dios soberano y verdadero.


1.1. Juan 1:1-14 Bajo el Contexto del Misterio de la Voluntad de Dios, Nos Enseña que Jesús es el Padre.

“…1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho…” (RVR 1960).

En la versión de Casiodoro de Reina de 1569 dice de la siguiente manera:

“…1 En el principio ya era la Palabra, y la Palabra era acerca de Dios, y Dios era la Palabra. 2 Esta era en el principio acerca de Dios. 3 Todas las cosas por esta fueron hechas, y sin ella nada de lo que es hecho, fue hecho…”.

El texto de Juan 1:1-3, es una porción bíblica que se debe mirar desde la enseñanza del misterio de la voluntad de Dios, algo que nos lo enseña Efesios 1:9-10 que dice: “…9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito (consentimiento), el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra…”.

“…9 Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad conforme al buen propósito que de antemano estableció en Cristo, 10 para llevarlo a cabo cuando se cumpliera el tiempo, esto es, reunir en él todas las cosas, tanto las del cielo como las de la tierra…” (NVI)

La enseñanza del misterio de la voluntad del único Dios (o el Padre), el cual nos dio a conocer y que se había propuesto en sí mismo (y no en otro), consiste en el plan “redentor” que Dios mismo ya se había trazado en su mente (o en su opinión) antes de la fundación del mundo (o desde los tiempos de la eternidad), cuyo plan Dios mismo iba a ejecutar a favor de una humanidad que se había convertido en una humanidad caída por causa del pecado, y que en este plan el personaje principal era Cristo Jesús, Dios mismo manifestado en la carne como el Hijo. Por esto en el verso 10 de Efesios 1 dice: “…de reunir todas las cosas en Cristo…”, Pues solo por medio de la sangre de Cristo Jesús, la cual vertió en la cruz del calvario, es que tenemos redención de nuestros pecados como lo enseña Efesios 1:4-7 que dice: “…4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia…”.

Fíjese que el texto de Juan 1:1 no enseña que el Verbo (o la Palabra) que en el griego es el “Logos”, haga alusión a una persona distinta a Dios, ya que muchas sectas lo han interpretado de esa manera, sino que el Logos corresponde al Plan Maestro de Redención que Dios trazó a favor de la humanidad, y ese plan era el futuro hombre Cristo Jesús, quien es Dios mismo manifestado en la carne. Por eso vemos que el texto enseña que el “Verbo (o la Palabra) era Dios”, y en el verso dos (2) dice: “Este era en el principio con (o acerca de) Dios”.

Realmente esta porción de la Escritura hace alusión al buen propósito, a ese plan salvífico que Dios se había propuesto consigo mismo (y no con otro) desde los tiempos de la eternidad,  de venir ÉL mismo al mundo a salvar a una humanidad caída por causa del pecado. A este plan, el único Dios lo llevaría a cabo manifestándose en carne, tomando (o asumiendo) una forma humana visible para todos los hombres, cuya imagen era Cristo Jesús.

Es por esto que la Biblia enseña lo siguiente en Colosenses 1:15-17: “…15 Él (Cristo Jesús) es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en ÉL fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de ÉL y para ÉL. 17 Y ÉL es antes de todas las cosas, y todas las cosas en ÉL subsisten…”.

El texto nos enseña que Cristo Jesús es la imagen misma del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. El hecho de que Cristo Jesús sea el primogénito de toda la creación, no es porque ÉL sea la primera creación de Dios, ni tampoco porque que ÉL sea una persona distinta que ha estado compartiendo junto con el Padre desde la eternidad. Más bien, “Cristo Jesús es el primogénito de toda la creación” porque en el plan salvífico que hizo Dios consigo mismo según el puro afecto de su voluntad, ya en su mente estaba la idea de algún día poder tener una “imagen visible” con la cual se diera a conocer a la humanidad, y esa imagen fue Cristo Jesús, quien es Dios (o el Padre) mismo manifestado en carne (1ª Timoteo 3:16; Filipenses 2:5-8; Hebreos 2:14). Así que el plan del Cristo (o del Hijo) ya estaba en la mente de Dios desde la eternidad, antes de que se crearan todas las cosas, y fue lo que en realidad le dio sentido a la creación, por lo cual fue lo primero,  ya que era por medio de este plan que Dios mismo (y no otro) redimiría a una humanidad destruida por el pecado. “…Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo…” (Hebreos 2.14).

Por esto la Biblia habla del evangelio eterno, enseñando que la idea de la obra redentora en la cruz del calvario ya estaba realizada (o consumada) en la mente de Dios desde “los días de la eternidad”, pero que se iba a llevar a cabo desde el momento en que el único Dios (o el Padre) se manifestara en carne como un verdadero hombre. Veamos.

“…Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo…” (Apocalipsis 14:6).

Y la Biblia en 1ª Pedro 1:19-20 dice: “…19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros…”. Además, la Biblia en Apocalipsis 13:8 dice: “…Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo…”. Sabemos que Cristo Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecados del mundo, fue inmolado en el tiempo, en la cruz del calvario (Juan 1:29; 19:17-30), pero en el plan que Dios (o el Padre) tenía en su mente antes de la fundación del mundo, este ya se daba por hecho, y consumado como una realidad desde la eternidad.

En el capítulo 1 y el verso 14, el apóstol Juan declara: “…Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad…”. Lo que nos enseña el texto es que el plan de Dios en Cristo Jesús se llevó a cabo, ya que el misterio de la voluntad de Dios se nos dio a conocer por medio de Cristo Jesús, quien es Dios (o el Padre) mismo manifestado en carne. “…10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, 11 conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor…”. (Efesios 3:10-11).

Así que el Verbo (o la Palabra) que es Cristo según Apocalipsis 19:11-16, y que a la misma vez es Dios (o el Padre) mismo según Juan 1:1, se manifestó en carne. Algo que ya estaba profetizado y que sigue haciendo alusión al misterio de la voluntad del único Dios en Jesucristo. Veamos.

“…Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad…” (Miqueas 5:2).

“…Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz…” (Isaías 9:6).

De esta manera, vemos como el texto de Juan 1:1,14 bajo su respectivo contexto bíblico, nos enseña que Jesús es el Padre mismo manifestado en carne, y excluye toda idea contraria a esta verdad que se presenta en la Biblia.


1.2. Juan 1:18 Corrobora la Verdad de que Jesús es el Padre.

El texto de Juan 1:18 dice: “…A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, ÉL le ha dado a conocer…”. Para las personas que no aceptan la verdad del único Dios de la Biblia, como por ejemplo las que pertenecen al movimiento trinitario (en su expresión católica, ortodoxa o protestante), así como las que pertenecen al movimiento unitario (en sus expresiones sociniana, arriana, semiarriana, adopcionista, etc.), este texto de Juan 1:18 enseñaría que un individuo distinto, dio a conocer al Dios Padre, pues ellos asumen de manera extrabiblica que el Padre y el Hijo son dos personas distintas.

Pero realmente el texto de Juan 1:18 nunca muestra a dos individualidades divinas y distintas, pues la verdad bíblica innegable es que Jesús es nuestro Emanuel, Dios mismo con nosotros Mateo 1:21-23. Este mismo texto de  Juan 1:18 en la Nueva Versión Internacional (NVI) dice: “…A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo unigénito, que es Dios y que vive en unión íntima con el Padre, nos lo ha dado a conocer…”.

Cuando el texto dice: “A Dios nadie le vio jamás”, debemos saber que el único Dios (o el Padre) es poseedor de una naturaleza espiritual, por tal razón la Biblia en Juan 4:24 dice: “…Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren…”. El hecho de que Dios sea Espíritu, quiere decir que Dios en su naturaleza espiritual es invisible (no se puede ver), y también es incorpóreo (no tiene un cuerpo físico y por ende no es palpable), y de esto hizo referencia Jesús mismo cuando dijo en Lucas 24:39-40  “…39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. 40 Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies…”.

Así que por este motivo, Dios en su naturaleza espiritual (como Espíritu) nunca puede ser visto (aunque esto no anula la verdad de que lo podamos sentir en nuestras vidas). La única manera por la cual el único Dios (o el Padre) que es Espíritu, se pudo dar a conocer, fue por medio del Hijo. Así lo dice el texto: “el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, ÉL le ha dado a conocer”. Pero para tener claridad de esto, tenemos que saber a qué se está refiriendo la Biblia cuando habla del Hijo. ¿Será que se refiere a una segunda persona divina y distinta al Dios Padre? O más bien, ¿Se refiere a la manifestación misma de Dios en carne?

Como lo vimos en el punto anterior, los planes de Dios siempre estuvo la idea de algún día hacerse visible a los hombres, y vemos que en este mismo capítulo uno de Juan se evidencia esto, pues habla sobre la verdad innegable de que el Creador, quien es el único Dios (Isaías 40:28; 44:24; 45:12), hizo presencia en la tierra tomando forma de un verdadero hombre, pues así lo podemos ver en Juan 1:9-10 que dice: “…9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció…”.

El texto enseña claramente que el único Dios (o el Padre) que es el Creador, estaba (o se hizo presente) en el mundo, tomando (o asumiendo) forma de un verdadero hombre, pero esto solo llega a ser comprensible cuando se entiende el misterio de la piedad como lo enseña 1 Timoteo 3:16 que dice: “…E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria…”. Dios se manifestó en carne mostrándose como un verdadero hombre, hecho semejante a los hombres como también lo corrobora el texto de Filipenses 2:5-8.

“…5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz…”.

Y vemos también que en el mismo capítulo uno de Juan, se enfatiza en el tema de la Encarnación. Así lo enseña Juan 1:1,14 que dice: “…En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios…”. Y el verso 14 en complemento a esté, dice: “…Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad…”.

Recordemos de nuevo que el texto de Juan 1:1 dice que el Verbo era Dios, y no hace alusión a que el Verbo sea otro ser distinto (o diferente) al Dios Padre como lo suponen tanto el trinitarismo como el unitarismo. El Verbo es la Palabra de Dios, o Dios mismo auto-revelándose al hombre. Si uno hiciera caso al trinitarismo o al unitarismo, igualando en Juan 1:1 a Dios con Padre, y Verbo con Hijo, lo que obtendríamos sería una contradicción para la doctrina de ellos, pues se tendría que leer así: “…En el principio era el Hijo, y el Hijo era con el Padre, y EL HIJO ERA EL PADRE…”. Siendo esto algo que ellos desmienten en todo momento, pues para ellos es imposible que Jesús sea el Padre.

El texto de Juan 1:1 nos dice que el Verbo era Dios, y el verso 14 dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne”. Se muestra claramente que Dios llevó a ejecución el plan que ÉL mismo tenía de tomar una forma visible que lo diera a conocer a los hombres. Dios fue manifestado en carne.

Entonces es muy claro el texto de Juan 1:18 al decir que el Hijo dio a conocer al Padre, en razón a que el Hijo es Dios (o el Padre) mismo en la carne. El Hijo es una referencia a Dios mismo viniendo y salvando a los hombres como lo enseña Isaías 33:22; 35:4. [En la sección 1.11, se profundiza aún más el tema de quien es el Hijo].

Jesús también dio a conocer al Padre por medio de las obras que ÉL hizo, pues de esto hizo referencia Jesús mismo cuando dijo en Juan 14:11 “…Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras…”.

Entre las obras que Jesús hizo, que de manera explícita muestran que ÉL es Dios (o el Padre) mismo, está el suceso de cuando Jesús le perdonó los pecados al paralitico, ya que esto solo lo puede hacer el único Dios que es el Padre, pues así lo vemos en Marcos 2:5-7 que dice: “…5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6 Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: 7 ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?...”. Para estas personas (escribas) que estaban presentes, lo que hizo Jesús fue una blasfemia, ya que para ellos el único que podía perdonar los pecados del hombre era el único Dios (o el Padre); pero lo que ellos desconocían es que ese hombre que le dijo al paralitico “Hijo, tus pecados te son perdonados”, era ese mismo único Dios (o el Padre)  que se humanó o asumió una condición de un verdadero hombre.

Un suceso que también muestra la deidad de Jesús como el Dios Padre, es cuando ÉL reprendió los vientos y estos cesaron, y de igual manera a la mar. Así lo podemos ver en Marcos 4:39-41 que dice: “…39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. 40 Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41 Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?...”. La respuesta al cuestionamiento que se hicieron los apóstoles es muy sencilla y clara: los vientos y el mar le obedecen a su Creador. La Biblia nos enseña que Jesús es el mismo Dios Creador, siendo esto algo que no tiene discusión (Juan 1:9-10; Colosenses 1:16-17; Hebreos 1:10; Efesios 3:9; Apocalipsis 4:10-11; 14:6-7).

Jesús en Juan 10:37 dijo: “…37 Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. 38 Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre…”. Jesús les estaba aclarando a los judíos, que ellos por medio de las obras que ÉL había hecho, podían conocer que el Padre estaba en ÉL y ÉL en el Padre. En otras palabras, conocerían que Jesús era Dios (o el Padre) mismo manifestado en carne.

Así que, el texto de Juan 1:18 nos enseña una verdad hermosa e innegable y es que el Hijo dio a conocer al Padre, esto en razón a que el Hijo es Dios mismo manifestado en carne. Recordemos que Dios como Espíritu no podía mostrarse o hacerse visible a los hombres, pero esto solo llegó a ser posible por medio del Hijo, siendo esta la manifestación misma de Dios en carne. Y desde el momento en que Dios se encarnó, comenzó a existir de dos maneras distintas (o diferentes) de manera simultánea: como hombre y como Dios, como el Hijo y como el Padre. Por eso no debemos caer en el error de hacer una distinción de personas divinas entre el Hijo y el Padre, pues más bien la diferencia está entre el modo de existencia de Dios como el Padre (el cual no depende de la encarnación) y el modo de existencia de Dios como el Hijo (el cual sí depende completamente de la encarnación).


1.3. Juan Capitulo Ocho, Enseña que Para ser Salvo se Debe de Aceptar la Verdad Bíblica de que Jesús es el Dios Padre.

En el evangelio de Juan el capítulo ocho (8), Jesús declara algo demasiado importante en razón a que tiene que ver con la salvación de toda persona, y es que para ser salvo se debe de aceptar la verdad bíblica de que Jesús es el Dios Padre, el único Dios verdadero, el único Dios que existe. Veamos:

“…19 Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais. 20 Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora. 21 Otra vez les dijo Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir. 22 Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir? 23 Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. 24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis. 25 Entonces le dijeron: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho. 26 Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de ÉL, esto hablo al mundo. 27 Pero no entendieron que les hablaba del Padre…”. (Juan 8:19-27).

Vemos como Jesús en el verso 19 ante la pregunta de los fariseos, les responde enseñándoles que si ellos lo conocieran verdaderamente a ÉL, también podrían conocer verdaderamente al Padre. Y esta declaración también aparece en Juan 14:7 de una forma más detallada. Jesús dijo: “…Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto…”. Vemos como ambos textos se complementan para mostrarnos una verdad indisoluble y es que Jesús es el Padre mismo manifestado en carne.

En algunos textos más adelante, Jesús enfatiza que los hombres deben llegar a esta verdad y deben creerla para ser salvos, pues en el verso 24 ÉL dijo: “…Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis…”. Vemos como Jesús le da una gran importancia a que toda persona crea que ÉL ES, en otras palabras, Jesús estaba declarando que si ellos no creían que ÉL ERA EL PADRE, en sus pecados iban a morir. Por este motivo tan importante, es que la Iglesia continúa predicando el evangelio apostólico declarando esta gran verdad, en razón a que la Iglesia está bajo el fundamento que enseña Efesios 2:20. “…edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo…”.
El querer enseñar esta verdad a los trinitarios, unitarios, y a las demás personas que dentro de su teología niegan que Jesús sea el Padre y lo ubican en un segundo lugar, no es para querer contender con ellos y generar una disputa de argumentos, sino más bien esto se hace con toda mansedumbre y reverencia con el fin de que todos ellos también lleguen al conocimiento de la verdad y alcancen la salvación en Jesucristo. Veamos lo que dice los siguientes textos.

“…sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros…”. (1 Pedro 3:15)

“…3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad…”. (1 Timoteo 2:3-4).


1.4. La Preexistencia de Jesús, es una Prueba Más de su Absoluta Deidad Como el Dios Padre. 

En el evangelio de Juan 8:48-59 se habla acerca de la preexistencia de Cristo, pero enfatizaremos en los versos 56 al 58 que dicen: “…56 Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. 57 Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? 58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, YO SOY…”.

Jesús al decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy”, está haciendo referencia a su preexistencia; en otras palabras, a su existencia u origen antes de todas las cosas creadas. Jesús en Juan 8:58 se identificó como el “Yo Soy” de Éxodo 3:14,  es decir  como el Dios autoexistente, el que existe antes de todas las cosas sin necesidad de depender de nada para su existencia, se identificó como el Dios eterno (en el hebreo EL-OLAM). Algo muy claro que nos enseña la Biblia, es que Jesús siempre preexistió a su encarnación existiendo como Dios, como el Padre eterno, pues esta identidad la Biblia se la da en Miqueas 5:2 e Isaías 9:6, cuyos textos se refieren a Cristo Jesús como el Dios eterno.

“…Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad…” (Miqueas 5:2).

“…Pero de ti, Belén Efrata, pequeña entre los clanes de Judá, saldrá el que gobernará a Israel; sus orígenes se remontan hasta la antigüedad,  hasta tiempos inmemoriales…” (NVI)

Miqueas 5:2 enseña que aquel varón que iba a nacer en Belén de Judea, que sus salidas, es decir su existencia, es desde los días de la eternidad. Así que el Dios eterno (EL-OLAM), iba a participar de la naturaleza humana al manifestarse en carne (1ª Timoteo 3:16; Hebreos 2:14), y que a partir de ese momento de la encarnación, es que aparece el Hijo ya existiendo, por lo cual es Hijo es una referencia al mismo Dios que se hizo hombre para traer salvación a los oprimidos por el diablo y el pecado.

Isaías 9:6 dice: “…Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz…” (Isaías 9:6).

Claramente nos enseña que Cristo Jesús siempre ha preexistido como Dios, y como lo dice el texto, como el PADRE ETERNO. Así que, Cristo Jesús nunca preexistió y nunca ha preexistido como el “Hijo eterno” juntamente con el Padre como dos seres distintos en la deidad. Lo que propone la teología trinitaria, no se ajusta con lo que la Biblia dice acerca de la preexistencia de Cristo Jesús, pues ellos se esmeran en decir que Cristo Jesús siempre preexistió no como Dios el Padre, sino como el “Hijo eterno” (la segunda persona divina y distinta de la trinidad). Pero si vemos las Escrituras, el Hijo vino a existir literalmente a partir de la encarnación, pues antes de este momento el Hijo no existía como un ser viviente, pues solo estaba en el plan (en la mente) de Dios, en el propósito redentor que Dios tenia para con el hombre de acuerdo al misterio de su voluntad según Efesios 1:9-10. El mismo texto de Isaías 9:6 nos enseña que el Hijo, Dios manifestado en carne, tiene sus inicios en el tiempo a partir de Belén (Mateo 1:21-23; Lucas 2:10-11). ÉL como Dios el Padre es eterno y no tiene ni principio ni fin, pero en su calidad de hombre como el Hijo, comenzó a existir a partir de Belén.


1.5. El Tema del Buen Pastor que se Encuentra en Juan 10:11-14 es una Excelente Prueba de que Jesús es el Padre.

En Juan 10 se está hablando acerca de que Jesús es el buen pastor. En los versículos 11 al 14 dice: “…11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. 12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. 13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. 14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen…”.

La Biblia identifica a Jesús como el buen pastor y dueño de las ovejas del redil, ya que ÉL da la vida por sus ovejas, conoce sus ovejas y ellas conocen a su pastor. Esta misma identidad del buen pastor y dueño del redil, es atribuida por la Biblia a Jehová en Ezequiel 34:11-12 que dice: “…11 Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. 12 Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad…”.

El texto dice: “He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré”. Dicha declaración excluye la idea de que otro ser diferente al único Dios pueda considerarse el buen pastor, pues el único Dios dijo: “He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré”. Ante las declaraciones de Jesús como el buen pastor, solo se puede concluir que el buen pastor de Ezequiel 34 es el mismo de Juan 10. Por lo tanto, Jesús es el Padre mismo, pues solo el Padre puede ser el buen pastor.


1.6. Juan 10:27-30 También Declara que Jesús es el Padre.

En el evangelio de Juan capítulo diez, se muestra a Jesús como el buen pastor de las ovejas (Juan 10:7) y la puerta de salvación, pues todo aquel que entre por la puerta de salvación que es Cristo, será salvo (Juan 10:9) y recibirá vida en abundancia (Juan 10:10). Pero vamos a mirar los versos 27 al 30 que nos ilustran la gran verdad de que Jesús es el Dios Padre.

“…27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.       30 Yo y el Padre uno somos…”.

Jesús terminando el verso 28 dice que a sus ovejas NADIE las arrebatará (o se las quitará) de su mano, indicándonos que son solo suyas y de nadie más. Pero vemos que terminando el verso 29, Jesús dice que esas mismas ovejas de las cuales Él dijo que NADIE se las arrebataría, ahora dice que esas mismas ovejas NADIE las arrebatará (o se las quitará) de la mano al Padre, mostrando claramente que ÉL en identidad es el Padre mismo. Además, termina diciendo en el verso 30 que ÉL y el Padre son uno solo: “Yo y el Padre uno somos”. Como se puede apreciar, Juan 10:30 no expresa ninguna idea de que Jesús y el Padre sean uno en unidad “compuesta”, que es la idea extrabíblica que profesan todos aquellos grupos que se oponen a la doctrina apostólica de la Unicidad de Dios, sosteniendo que en Juan 10:30 Jesús no dijo que ÉL y el Padre sean uno literalmente por identidad, sino que son dos individuos que son uno en propósito y en unidad. Pero ya hemos visto que en realidad, Juan 10:30 hace alusión a que Jesús y el Padre son uno en identidad y no uno en unidad “compuesta”.

 “La palabra griega que en Juan 10:30 traduce uno, es “hen”. Esta palabra es de género neutro e indica que se trata de uno en esencia y naturaleza. Una traducción más literal sería: “El Padre y yo somos lo mismo”. [2]

Así que este es un pasaje bíblico que de manera clara (sin rodeos) nos enseña que Jesús es el mismo Dios Padre manifestado en carne, pues vemos que ÉL mismo declara que ÉL y el Padre son uno (o que son el mismo ser, y no dos  seres distintos como lo promulgan tanto el trinitarismo y el unitarismo).


1.7. Jesús dijo: Nadie Viene al Padre Sino por Mí.

Jesús, en el evangelio de Juan 14:6, dijo: “…Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí…”.

La traducción católica Vulgata Latina al español (1884), dice: “Respóndele Jesús. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida*: nadie viene al Padre, sino por mí”.

Esta es una declaración más, donde Jesús de manera enfática enseña que ÉL es el Padre. Observemos que en el texto Jesús dice: “nadie viene al Padre sino por mí”. Si miramos, Jesús no utiliza la expresión “nadie va al Padre” como si el Padre fuera un ser diferente a ÉL; al contrario, Jesús dice “nadie viene al Padre sino por mí”. Jesús al expresar “Nadie viene al Padre sino por mí”, está hablando (o refiriéndose) a sí mismo, utilizando un lenguaje que lo identifica como el ser al que se refiere, en este caso al Padre.

Miremos el significado tanto de la palabra “viene” y la palabra “va”.

Viene: Trasladarse o llegar hasta donde está el que habla. [3]

Va: Moverse de un lugar hacia otro. [4]

Vemos que el significado de la palabra va, es diferente y con otro sentido al de la palabra viene. “Va” se refiere a desplazarse a otro lugar diferente al que se estaba; en cambio, “viene” se refiere a llegar al lugar donde está la persona que se expresa o habla.

De esta manera, cuando Jesús dijo: “nadie viene al Padre sino por mí”, demuestra que para llegar (o venir) al Padre hay que estar en Jesús, pues ÉL es el Padre mismo manifestado en la carne como un hombre que es Emanuel o Dios con nosotros.


1.8. Juan Capítulo 14:7-9, Es Uno de los Pasajes Bíblicos más Claros al Momento de Enseñar que Jesús es el Padre, el Único Dios Verdadero Manifestado en Carne.

“…7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. 8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. 9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?...”

Realmente este pasaje bíblico de Juan 14:7-9 se explica solo, ya que es muy diciente, enseñándonos claramente que Jesús es el Padre. Primeramente en el verso siete, Jesús enseña a los discípulos que ellos al conocerlo a Él conocerían al Padre y que en ese momento lo estaban conociendo y lo estaban viendo. En otras palabras, estaban conociendo y viendo al Padre en Cristo de manera visible manifestado en carne. Y en el verso ocho, Jesús ante la petición de Felipe de que le mostrara al Padre, es decir, al único Dios verdadero,  le dio una respuesta que si todas aquellas personas que no creen en la doctrina apostólica de la Unicidad de Dios la entendieran, podrán salir del error de negar que Jesús sea el Padre.

Jesús le dijo: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? En otras palabras, toda persona que quiera ver al Padre, solo debe de mirar a Jesús. Toda persona que quiera conocer al Padre, debe de conocer a Jesús, en razón a que Jesús no es una persona distinta (o diferente) al Padre, sino que ÉL es el Padre mismo en la carne.


1.9. Juan 14:10-11 Nos Enseña que el Padre Mora en el Hijo.

“…10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. 11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras…”.

Este pasaje bíblico es el que continua de los textos anteriormente citados, en el cual Jesús declara que el Padre mora en ÉL, siendo esta una verdad preciosa que derrumba al dogma trinitario, pues ¿si Jesús y el Padre fueran dos personas distintas (como lo afirma la trinidad y las demás posiciones heréticas), entonces cómo es que Jesús nunca dijo que el “Hijo eterno” era quien estaba manifestado en ÉL, y que quien lo veía a ÉL veía al Hijo. Lo que debemos entender por medio de la verdad bíblica es que el Padre mora (o está) en el Hijo, porque la Biblia testifica que el Hijo es Dios (el Padre) mismo en la carne. Algunos textos más nos corroboran esta verdad de que el Padre mora en el Hijo. Por ejemplo: Juan 8:29; Colosenses 2:9 y 2ª Corintios 5:17.

“…Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada…” (Juan 8:29).

“…en ÉL (Jesús) habita corporalmente TODA la plenitud de la Deidad…” (Colosenses 2:9).

“…que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación…”. (2ª Corintios 5:17).


1.10. Exégesis de Juan 17:1-5.

“…1 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; 2 como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. 3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese…”.

Juan capítulo 17 es una muestra clara de lo que concierne a la Encarnación, que es el hecho de que “Dios fue manifestado en carne” según 1ª Timoteo 3:16 y Mateo 1:21-23. Debemos de entender que Jesús para tener la necesidad de orar y poder hacerlo, debía poseer la calidad de ser un verdadero y autentico ser humano, pues la oración es algo que pueden hacer los seres humanos como lo expresa el Salmo 65:2. De esta manera Cristo Jesús en los días de su carne (o en su calidad de Hijo) practicó la oración como lo expresa Hebreos 5:7 “…Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente…”. Así que Jesús no practicó la oración en su calidad divina como Dios, sino que más bien ÉL como ser humano sí podía orar, e inclusive, esto también fue algo que él hizo en su ministerio terrenal (o público) para darnos ejemplo de que nosotros como seres humanos debemos orar, tal y como lo enseñan Juan 13:15 y 1ª Pedro 2:21.

Para la doctrina de la trinidad, los pasajes donde Jesús ora, son una muestra clara de que Jesús y el Padre son dos personas distintas. Inclusive, los unitarios (que son todos aquellos que niegan que Jesús sea Dios y dentro de este grupo están los conocidos “Testigos de Jehová”), también piensan lo mismo. Pero en realidad, dichos pasajes contradicen al dogma de la trinidad, pues dado que para la trinidad el Hijo es una persona coigual a la persona del Padre, entonces: ¿Cómo podía el Hijo orar como Dios, si Dios no tiene necesidad de orar? ¿Una persona divina tiene necesidad de orarle a otra persona divina? ¿Y si una persona divina tenía necesidad de orarle a otra persona divina, entonces cómo podemos afirmar que las tales personas son coiguales? ¿Y si el trinitario responde que el Hijo pudo orar solamente en razón de su condición humana, entonces para qué necesita recurrir a la idea extrabíblica de un Hijo Eterno orando? ¿Por qué simplemente no acepta que el Hijo es Dios (el Padre) mismo manifestado en la carne? Realmente, las oraciones de Cristo sepultan a la herejía extrabíblica de la Trinidad.

Lo que se debe de  entender de todos estos pasajes, es que Cristo Jesús practicó la oración en los días de su carne (o en su calidad de Hijo como el hombre perfecto, como “Dios manifestado en carne”).

Este capítulo de Juan 17 también es muy especial, ya que es la ante-sala de la realización y el cumplimiento del plan redentor de Dios, a saber del sacrificio de Cristo Jesús en la cruz del calvario que se registra en los capítulos 19 y 20. Sin embargo dentro de este capítulo, todos los textos han sido adulterados por las tendencias trinitarias y unitarias, al decir que en dicho capítulo se muestra la clara distinción entre el Hijo y el Padre, o entre Jesús y Dios como dos personas distintas, pero demostraremos que tal idea nunca es expresada Juan capítulo 17. Más bien, Juan capítulo 17 está nutrido de la sana doctrina de la Unicidad de Dios. Veamos.

El verso uno (1) dice: “Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti”.

Jesús indica que la hora ha llegado, ¿pero la hora de qué o para qué? La hora de que se le diera cumplimiento al plan redentor (o de redención), la hora de que se cumpliese la razón por la cual vino Jesús al mundo, cuya razón era traer salvación a todos los hombres como lo enseña 1ª Timoteo 1:15.

“…Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero…”.

El verso dos (2) dice: “…como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste…”. El texto denota que solo Jesucristo puede darle vida eterna y salvación a los hombres que crean en ÉL como lo enseña Juan 3:15-19.

“…15 para que todo aquel que en ÉL cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. 18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

El verso tres (3) dice: “…Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado…”.

Surge una pregunta bien interesante con respecto a este verso tres, y es: ¿Cómo puedo yo conocer al único Dios verdadero, a saber al Padre? Lo podemos conocer por medio de Jesucristo, ya que la Biblia nos enseña que conociendo a Jesús conocemos al Padre, en razón a que ÉL es el Padre mismo en su condición humana. Jesús en Juan 14:7 dijo: “…Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto…”. Y en Juan 12:44-45 Jesús dijo: “…44 Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; 45 y el que me ve, ve al que me envió…”.

Además de esto, la Biblia en 1ª Juan 5:20 enseña que Jesús es el único Dios verdadero, o sea el mismo Padre manifestado en carne.

 “…Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna…”.

Para desgracia del dogma trinitario, este texto de Juan 17:3 que tanto utilizan ellos trinitarios para decir que la Biblia sí hace una distinción entre el Padre y el Hijo como dos personas distintas, derrumba y contradice a dicho dogma, pues si dentro de la teología trinitaria el Padre es considerado Dios igualmente que el Hijo y el Espíritu Santo son considerados otras dos personas divinas que también son Dios pero no son el Padre ¿Entonces porque Jesús dijo que el Padre es el único Dios verdadero? ¿Acaso el Hijo y el Espíritu Santo no son también considerados cada uno Dios igualmente que el Dios Padre? Esto exhibe a la trinidad como una doctrina antibiblica y que se contradice a sí misma, pues si el Hijo es Dios pero no es el Padre que también es Dios ¿Por qué Jesús dijo que el Padre es el único Dios verdadero? La única doctrina que enseña la verdad de Juan 17:3, es la Unicidad de Dios, al testificar que Padre es el único Dios verdadero y que el Hijo es la manifestación del Padre mismo en la carne como un hombre genuino (como ya lo vimos al finalizar Juan 12:44-45; 14:7-9).

Además Jeremías 10:10 dice: “…Mas Jehová es el Dios verdadero; él es Dios vivo y Rey eterno; a su ira tiembla la tierra, y las naciones no pueden sufrir su indignación…”. Fíjese que dice que Jehová (el Padre) es el Dios verdadero, excluyendo la idea de que haya otro ser que pueda ser el Dios verdadero, pero vemos que en 1ª Juan 5:20 el apóstol Juan dice que el Hijo es el Dios verdadero ¿Cómo se explica esto? sencillamente hay que entender la enseñanza del misterio de la piedad “Dios fue manifestado en carne” como lo expresa 1ª Timoteo 3:16, lo cual nos llevara a entender que Jehová (el Padre) se manifestó en carne asumiendo la condición de Hijo, y por ende el Hijo es el Dios verdadero pues es Dios (el Padre) mismo en la carne.

El verso cuatro (4) dice: “…Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese…”.

La razón por la cual Jesús dijo: “Yo te he glorificado en la tierra”, es debido a que Él en su calidad de Hijo, de siervo, en su calidad de un auténtico ser humano, siempre le dio la gloria al Padre, mostrando la distinción con respecto a su humanidad y a su condición divina como Dios. Por tal razón, Jesús en Juan 14:28 dijo: “…Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo…”.

Jesús estaba enseñando que su condición humana nunca será superior a su condición divina que lo identifica como Dios (o el Padre), porque su divinidad siempre ha sido y será superior a su humanidad (o condición humana). Por este motivo Jesús dijo “…porque el Padre mayor es que yo…”, en razón a que su divinidad siempre ha estado por encima de su humanidad (o condición humana), y a que su naturaleza humana siempre ha estado sujeta a su divinidad.

Este mismo texto de Juan 14:28 nuevamente es motivo de tropiezo para el dogma trinitario, pues si el Padre y el Hijo fueran co-iguales, [5] ¿Cómo el Padre puede ser mayor al Hijo si son co-iguales  el uno del otro? Esto desenmascara a la trinidad como una doctrina antibíblica, pues esa co-igualdad entre el Padre y el Hijo es  derrumbada por completo por la porción de Juan 14:28. Jesús en este texto no hace referencia al Padre como un ser distinto (o diferente) a ÉL, sino que hace referencia a su condición de hombre (o de Hijo) y a su condición divina como Dios el Padre y a la diferencia que existe entre estas sin pensar en dos personas distintas, sino en tener el pleno entendimiento del misterio de la piedad de que “Dios fue manifestado en carne” como un verdadero ser humano.

Jesús dijo: “he acabado la obra que me diste que hiciese”. Esto es refiriéndose a la obra del calvario, a la obra redentora que iba a traer salvación a los hombres, y que a estas instancias del capítulo 17 de Juan, estaba a las puertas de su consumación. Esta es la obra perfecta de principio a fin, la cual nos trajo oportunidad de salvación a todos los hombres, pues por causa del pecado el hombre esta destituido de la gloria de Dios y es merecedor de la muerte (Romanos 3:23; 6:23), pero Cristo en la cruz del calvario es la prueba de amor, perdón y misericordia que le abrió al hombre las puertas de la salvación y de la reconciliación (Romanos 5:6-8; 6:23; Efesios 2:4-5; 11-13).

El verso 5 dice: “…Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese…”.

Este viene a ser un texto más, donde todos aquellos que creen en la doctrina extrabíblica del “Hijo eterno” y que por ende no han llegado al conocimiento del único Dios cuyo Nombre es Jesús, sostiene la falacia de que en el principio (o antes que el mundo fuese) ya el Hijo estaba como una persona pre-existente al lado del Padre compartiendo la naturaleza divina;  por lo cual según ellos el Hijo tuvo una existencia real antes de su nacimiento virginal, que supuestamente se confirme en Juan 17:5 al decir: “con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. Según la teología trinitaria, esto aprueba que el Hijo es co-existente [6]  y co-eterno [7] con el Padre), pero realmente este concepto (o esta idea) del “Hijo eterno” se tiene que enfrentar a muchos cuestionamientos con respecto a lo que dice la Biblia acerca del Hijo de Dios).

Si el Hijo existe como una persona distinta al Padre desde los tiempos de la eternidad ¿Por qué el apóstol Pablo dijo en Gálatas 4:4 que venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, NACIDO DE MUJER Y NACIDO BAJO LA LEY? Esto indica que el Hijo tuvo un comienzo (o un inicio) en el tiempo cuando se dio su engendramiento virginal, y nació de María en Belén de Judá y estando bajo la ley, así que es imposible que el Hijo sea co-eterno con el Padre. Además, el Padre dijo acerca del Hijo en el Salmo dos, “Mi Hijo eres tu; Yo te he engendrado hoy”. La pregunta es ¿Cómo el Padre y el Hijo pueden ser co-existentes y co-eternos, si el Padre ha engendrado al Hijo? Realmente esto anula por completo esa falacia del Hijo eterno que dicen ser co-eterno y co-existente con el Padre, ya que la Biblia dice todo lo contrario.

Si el Hijo existe como una persona distinta al Padre, desde los tiempos de la eternidad ¿Quién es entonces su madre eterna? Pues para que haya un Hijo tiene que existir un engendramiento y posteriormente un nacimiento. La Biblia no relata de ninguna madre eterna que haya dado a luz un Hijo en la eternidad; lo que si dice es que el Hijo tuvo una madre que lo dio a luz luego de un engendramiento milagroso y extraordinario ocasionado por el Espíritu Santo (que es Dios) como lo expresa Mateo 1:18-25. Así que es imposible que el Hijo tenga una co-existencia con el Padre desde la eternidad, en razón a que el Hijo fue engendrado en el tiempo más no en la eternidad, y posteriormente se efectuó su nacimiento.

¿Si el Hijo existe como una persona distinta al Padre desde los tiempos de la eternidad, entonces desde la eternidad estuvo muerto? Esta pregunta se hace en razón a que Apocalipsis 13:8 dice que el Cordero fue inmolado (o sacrificado) desde el principio del mundo ¿El Hijo que supuestamente es eterno, a la vez estaba muerto en la eternidad? Esto realmente destruye al dogma trinitario y a su falacia del “Hijo eterno”. Inclusive, ¿Si el Hijo es eterno, cómo pudo ser inmolado (o sacrificado) si es eterno? Así que la supuesta pre-existencia del Hijo como una persona distinta antes de la creación y de su nacimiento virginal, es completamente refutada por la Biblia y es una doctrina extraña a las Escrituras.

Sabiendo que la Biblia no enseña la idea del Hijo eterno que  los trinitarios  le atribuyen a Juan 17:1-5, vamos a pasar a mirar cual es el verdadero significado del texto de Juan 17:5 desde el contexto de la enseñanza del misterio de la voluntad de Dios según Efesios 1:9-10.

Jesús en Juan 17:5 dijo: “…Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese…”.

Si vemos atentamente el propósito de Jesús en esta oración que realizo en su calidad de Hijo “en los días de su carne”, notamos que ÉL enfoca la oración en la gloria futura que espera recibir del Padre, e impartir esa gloria a sus seguidores (o discípulos), pues en Juan 17:22 Jesús dice: “La gloria que me diste, yo les he dado” y el verso 24 dice: “…Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo…”. Es importante saber que esa gloria, no se refiere a la gloria divina en razón a que Dios no comparte su gloria divina con nadie, tal como lo expresa en Isaías 42:8; 48:11.

“…Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas…” (Isaías 42:8).

“…Por mí, por amor de mí mismo lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro…” (Isaías 48:11).

¿Pero sino se refiere a la gloria divina, entonces a que gloria se refiere Jesús en Juan 17?

Esa gloria, se refiere a la glorificación que tendremos juntamente con Cristo Jesús en el momento en que seamos transformados en cuerpos de incorrupción e inmortalidad y ya estemos completamente exonerados de probar la muerte, como lo expresa 1ª Corintios 15:51-56. Cristo Jesús es el Cordero que venció sobre la muerte resucitando en cuerpo glorioso, por lo cual  ya no experimentaría más la muerte (Romanos 6:10; 1ª Pedro 3:18; Hechos 13:34; 1ª Corintios 15:42-45; 2ª Corintios 5:16). Así que después de su resurrección, él iba a recibir una glorificación, una exaltación al llevar a cabo la obra de redención a favor de una humanidad caída por causa del pecado. Y la Biblia en Filipenses 3:20-21 dice:

“…20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas…”.

Y todo esto nos remite de nuevo a la enseñanza del misterio de la voluntad de Dios según Efesios 1:9-10, que consiste en el plan que Dios había establecido en su mente (o en su opinión) antes que el mundo fuese (desde la eternidad). Por ejemplo, vemos que en Efesios 4:4 dice: “…según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él…”.

Vemos que en la mente de Dios (o en su opinión) según el puro afecto de su voluntad Efesios 1:5, ya habíamos sido escogidos antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha delante de ÉL, y de esta misma manera, esa gloria que recibiremos juntamente con Cristo cuando seamos transformados ya estaba en el plan de Dios, en la mente de Dios desde los días de la eternidad, por eso Jesús se expresó de tal manera al decir: “…glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese…”. Entonces, sabemos que el Hijo no existía como persona distinta al Padre antes de la creación y su nacimiento virginal, por lo que Jesús clarifica que esa gloria que tuvo con el Padre antes de la fundación del mundo (y que nos compartiría a nosotros), solo podía estar desde la eternidad en la mente de Dios y tendría cumplimiento desde el momento en el Hijo fue glorificado después de su resurrección y nosotros la recibiremos cuando seamos transformados para ser partícipes de la gloria eterna, porque nuestra ciudadanía está en los cielos.


1.11. Jesús Manifestó y Dio a Conocer el Nombre del Padre.

Juan 17 en el verso 6 y 24 dice lo siguiente:

“…He manifestado tu Nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra…” (Juan 17:6)

“…Y les he dado a conocer tu Nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos…” (Juan 17:26)

Este par de textos, se refieren a que Jesús manifestó, mostró y dio a conocer el nombre del Padre. Para los seguidores de las teologías trinitaria y unitaria, que niegan que Jesús sea el Dios Padre, aseguran que estos textos enseñan que mientras el Hijo estuvo en la tierra dio a conocer el nombre Yahvé (o Jehová) refiriéndose al Padre, pero realmente durante todo el ministerio terrenal de Jesús, nunca se muestra de que ÉL haya pronunciado el nombre Yahvé (o Jehová) para referirse al Padre como un ser distinto a ÉL. De lo que si dan testimonio las Escrituras, es que Jesús se identificó muchas veces como el Padre, dándonos a entender que su Nombre es el mismo Nombre del Padre, y ese es el Nombre que él dio a conocer a los hombres. Vea por ejemplo Juan 14:6-10; 14:18.

Además de esto, la Biblia nos enseña que JESÚS es el Nombre que el Padre mismo dio a conocer en el tiempo del nuevo pacto, cuando ÉL mismo vino al mundo manifestado en carne tomando la forma de hombre o de siervo (Filipenses 2:5-8). Esto nos lo enseña Isaías 52:6 y su cumplimiento en el evangelio de Mateo 1:21-23 en el nacimiento de Jesús.

“…Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente…” (Isaías 52:6). Y Mateo 1:21-23 dice: “…21 Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque ÉL salvará a su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: 23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros…”.
El nombre de JESÚS es el nombre de Dios, el cual dio a conocer en el cumplimiento del misterio de la piedad “Dios fue manifestado en carne”. El nombre JESÚS significa Jehová-Salvador, Jehová nuestra Salvación, o Jehová es Salvación. [8] Y esto es un equivalente a que Jesús es Jehová mismo (Salmos 130:7-8; Mateo 1:21-23).


1.12. 1ª Juan 2:22-23 Es Una Prueba Más de que el Hijo es el Padre Mismo Manifestado en Carne.

“…22 ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23 Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre…”.

Este mismo texto en la versión DHH (Dios Habla Hoy) dice: “…22 ¿Quién es el mentiroso? Precisamente el que dice que Jesús no es el Mesías. Ése es el Anticristo, pues niega tanto al Padre como al Hijo. 23 Cualquiera que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre; pero el que se declara a favor del Hijo, tiene también al Padre…”.

Cuando la Biblia nos habla de que Jesús es el Cristo (o el Mesías), a lo que se está refiriendo es a que Jesús es Dios (o el Padre) mismo manifestado en carne. Esta verdad la conocieron los samaritanos en el capítulo 4 del evangelio de Juan. Veamos.

Jesús y la mujer samaritana (Juan 4:25-30).

“…25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. 26 Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo. 27 En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella? 28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: 29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo? 30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él…”.

Es evidente de que la mujer samaritana tenía un conocimiento acerca de las profecías con respecto a la manifestación de Dios en carne, donde también se le llama por el nombre del Cristo (o del Mesías), refiriéndose a Jesús como Dios mismo. Así que la mujer samaritana entendió que Jesús era el Cristo, al cual ellos estaban esperando para que les declarara todas las cosas, tanto que en el verso 39 dice: “…Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho…”. Pero esto no es todo, pues los demás samaritanos también entendieron que Jesús era el Cristo, el Salvador del mundo, el único Dios verdadero que se había hecho hombre. El verso 42 dice: “…y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo…”. Ellos al identificar a Jesús como el Cristo, como el Salvador del mundo, realmente lo identificaron como Dios el Padre, pues el único que puede ser llamado el Salvador del mundo es el Dios Padre, pues así lo enseña Isaías 43:11 y Oseas 13:4.

Vemos también que el apóstol Pablo junto con Apolos testificaban a los judíos que Jesús era el Cristo, pero también vemos el rechazo de muchos de los judíos a esta verdad de que Jesús es Dios manifestado en carne, como lo enseña Juan 1:10-12.

Veamos cómo es que Pablo juntamente con Apolos enseñaron que Jesús era el Cristo, lo que tiene una connotación en cuanto a la identidad de Jesús como el Padre.

“…5 Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo. 6 Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles…” (Hechos 18:5-6).

“…26 Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. 27 Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; 28 porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo…”. (Hechos 18:26-28).

De esta manera, este pasaje bíblico de 1ª Juan 2:22-23 es una muestra de Unicidad pura, en razón a que en el verso 23 el apóstol Juan nos está enseñando algo muy importante, y es que el hecho de que alguien niegue al Hijo está también negando al mismo Dios Padre, y que si se confiesa al Hijo se confiesa al mismo Dios Padre, mostrando claramente la identidad de Jesús como el Hijo y a la vez como el Padre, sin tener que inventar alguna distinción de personas divinas. Esta verdad que declara el apóstol Juan está en completa armonía con lo que nos enseña Isaías 9:6 acerca de Cristo Jesús, cuyo texto nos habla del Hijo dándole la identidad de ser el Dios fuerte y el Padre eterno. Y nos debe de quedar muy claro, que si la Biblia llama a Jesús el Padre eterno, es porque Él es el Dios Padre. Algunos trinitarios por el afán de negar esta gran verdad, inventan que: “Jesús es llamado Padre eterno al igual que otro individuo que es su Padre, y que al igual que ese otro individuo que es su Padre, posee también el atributo de paternidad eterna. Aun mas, son capaces de decir que Jesús (o el Hijo) se llama y es Padre eterno pero sin ser Dios el Padre”. Por el afán de negar la gran verdad de que Jesús es el Padre eterno, o sea el mismo Dios Padre en la carne, caen en la desgracia de presentar a dos Padres divinos: a Jesús como el Padre eterno y a otro llamado Dios el Padre, pero esta herejía es derrumbada por completo por las Escrituras bíblicas, pues Efesios 4:6 dice:

 “…un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos…”.

La Biblia nos muestra claramente a un solo Dios que es el Padre, pero nunca  habla de dos Padres divinos. Eso son solo inventos de la teoría trinitaria que se aleja por completo de la sana doctrina bíblica. Solo hay un Dios que es el Padre y es el Señor Jesucristo. El texto de Isaías 9:6 dice:

“…Porque un Niño nos es nacido, Hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz…”.

Entonces de acuerdo a lo anterior, podemos sacar varias conclusiones con respecto a la identidad del Hijo según la Biblia. Por ejemplo.

1. El Hijo es el Padre mismo participando de carne y sangre (Hebreos 2:14).
2. El Hijo es Dios mismo viniendo y salvando (Isaías 33:2; 35:6).
3. El Hijo es nuestro Emanuel, Dios (o el Padre) mismo con nosotros (Isaías 7:14; Mateo 1:21-23).
4. El Hijo es el cumplimiento del misterio de la piedad: “Dios fue manifestado en carne” (1ª Timoteo 3:16; Filipenses 2:5-8).
5. El Hijo es Jehová mismo salvando al pueblo de todos sus pecados (Salmos 130:7-8; Mateo 1:21-23).
6. El Hijo es Jehová mismo haciéndose presente entre los hombres (Mateo 11:1-6; Isaías 52:6).
7. El Hijo es la imagen misma del Padre (2ª Corintios 4:4; Colosenses 1:15; Hebreos 1:1-4).
8. Conociendo al Hijo se conoce al Padre (Juan 1:18; Juan 14:6-10).
Así que cuando se confiesa a Jesús, se está confesando tanto al Hijo como al Padre, y cuando se niega a Jesús, se está negando tanto al Hijo como al Padre. Inclusive en 1ª Juan 4:15, vemos un texto con la misma connotación que el texto de 1ª Juan 2:22-23.

“…Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios…”  (1ª Juan 4:15).

¿Por qué al confesar que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él? Sencillamente porque el término “Hijo de Dios” aplicado a Jesucristo, indica que ÉL es único Dios mismo que asumió la condición de un verdadero hombre para venir al mundo a salvarnos del pecado y de la muerte.

Vemos entonces vemos la verdad a la cual se refiere el texto con respecto al tema del Padre y del Hijo. Lo que no se puede concebir, es la idea del trinitarianismo y de todas aquellas sectas que separan al Hijo y al Padre como si fuesen dos seres distintos y separados en la deidad sentados el uno al lado del otro, en razón a que esto no lo enseñan las Escrituras.


1.13. La Doctrina de la Trinidad y el Credo Católico de Atanasio.

La doctrina de la trinidad es antibiblica, ya que no está apoyada en la Biblia sino en el Credo de Atanasio (o Credo Atanasiano), y además suplanta a Dios de la Biblia por un tal dios trino. El Credo de Atanasio es la declaración de fe central de la doctrina Trinitaria. Este credo católico se escribió alrededor de 400 años después que la Biblia fue terminada de escribirse. Este credo católico es el que profesa la idea trinitaria de un Dios compuesto de tres personas (o individuos) divinos y distintos donde cada uno es llamado “Dios”, siendo en la practica la creencia en  tres (3) seres divinos que hacen un solo Dios verdadero, lo que es una representación clara de triteismo, que significa la creencia en tres divinidades o en tres (3) dioses.

Los trinitarios han tomado a este credo como la base central de su fe o doctrina, insistiendo que al decir  que solo hay un Dios en tres personas, ellos están en una doctrina absolutamente monoteísta, pero esto se les derrumba porque no pueden haber menos personas que seres ni menos seres que personas, ya que por definición una persona es un ser completo e inteligente y diferente a los demás. Por ejemplo Carlos Garviras, director de MIAPIC (Ministerio de Apologética e Investigación Cristiana), ha dicho que la trinidad es la creencia en un solo Dios que es único e indivisible, pero luego lo desmiente desacreditándose así mismo, al decir que el Dios de la Biblia es un Dios trino o triuno formado (o compuesto) por el “Dios padre trinitario”, por el “Dios hijo trinitario” y por el “Dios espíritu santo trinitario”. [9]

Se entiende por Único, aquello que es irrepetible o solo en su especie. Además, se entiende por  Indivisible aquello que no puede ser dividido en partes. Realmente las palabras único e indivisible no se pueden relacionar con el Dios trino o triuno, ya que el tal Dios trino (según los trinitarios) es una unidad compuesta de tres personas divinas y distintas la una de las otras. Con respecto a lo anterior, la pregunta que surge es: ¿La trinidad es la creencia en un solo Dios que es único e indivisible, o más bien la trinidad es una doctrina triteista que proclama la existencia de tres dioses a saber el dios padre trinitario, el dios hijo trinitario y el dios espíritu santo trinitario? Veamos las declaraciones de algunos trinitarios con respecto a su doctrina.

Carlos Núñez, pastor trinitario, en su exposición (PILAR IV: ESPÍRITU SANTO), dice literalmente lo siguiente: “No hay duda, volvemos y lo repetimos, el Espíritu Santo es Dios, tiene los mismos atributos, merece el mismo honor, la misma honra que Dios Padre y que Dios Hijo”. [10]

Hugo Albornoz, pastor trinitario, en su exposición (LOS SOLO JESÚS O UNICITARIOS), dice literalmente lo siguiente con respecto a la doctrina trinitaria: “Nuestro Dios es una unidad compuesta, está compuesto por el Padre, Hijo y Espíritu Santo. No son tres “Dioses”, aunque el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, no son tres “Dioses”, es un solo Dios. Una esencia amado hermano de la cual amado hermano, en la cual están estas tres personas. Tres personas digo, porque los tres son persona, tienen personalidad propia cada uno de ellos, los tres, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”. [11]

En este mismo video, el pastor trinitario Hugo albornoz dice también lo siguiente con respecto a la doctrina trinitaria: “El Dios nuestro es como un triángulo, tres puntas un solo triangulo: Padre, Hijo y Espíritu Santo. No se dividen, no se separan, es un solo Dios compuesto en tres personas”. [12]

Armando Alducin, pastor trinitario, en su exposición “La Trinidad de Dios”, dice lo siguiente con respecto a dicha doctrina: “¿Qué enseña la doctrina de la trinidad? La doctrina de la trinidad enseña que Dios es uno, manifestado en tres (3) personas distintas” [13]

Carlos Garviras, director de MIAPIC (Ministerio de Apologética e Investigación Cristiana), en su exposición “¿Si Jesús es Dios, a quién le oró Él?”, dice lo siguiente con respecto a la trinidad: “La trinidad es la doctrina de que existe un solo Dios en toda la existencia, y este único Dios existe como tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Ellos no son tres dioses sino un solo Dios. Cada uno es una persona separada, aunque cada uno en esencia es divino”. [14]

Al comparar las anteriores declaraciones con el credo católico de Atanasio, realmente no hay diferencia alguna, pues el credo atanasiano en una de sus partes dice lo siguiente:

“Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. (…) [15]

En otra parte de este credo dice: “Del mismo modo el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios. Y sin embargo no son tres Dioses sino un solo Dios”. [16]

Vemos como las organizaciones evangélicas trinitarias profesan la misma doctrina trinitaria del Credo Católico de Atanasio. Ambos, católicos y evangélicos trinitarios, comparten el mismo dogma de las tres personas distintas y separadas que supuestamente son un solo Dios verdadero, y así ellos están alejados de toda la verdad que nos presenta la Biblia con respecto al único Dios cuyo nombre es Jesús.


1.14. 1ª Juan 5:7-8 No Enseña el Dogma de las Tres Personas Distintas, y Está Confirmado que Dicho Texto Fue Adulterado con la Llamada Coma Juanina.

El texto de 1ª Juan 5:7-8 dice originalmente: “(7) Porque tres son los que dan testimonio, (8) el Espíritu, el agua y la sangre, y estos tres están de acuerdo”. Lastimosamente, dicha porción ha sido adulterada [17] con unas palabras que se conocen como la coma juanina (o paréntesis juanino) que se subrayan a continuación:   

 “…7 Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. 8 Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan…”. [18]

Los trinitarios educados saben que la Coma Juanina es una adulteración del Texto Sagrado, pero hay muchos ignorantes que creen que esa porción es una declaración bíblica de la trinidad. Tristemente, quienes cometieron la maldad de insertar a la Coma Juanina dentro del Texto Sagrado, tendrán que darle cuentas a Dios por añadirle a la Palabra de verdad buscando engañar y siendo engañados.

Por esta razón, versiones de la Biblia como la Dios Habla Hoy, la Nueva Versión Internacional, la Nueva Traducción Viviente, la Biblia Textual, etc., omiten por completo a la Coma Juanina.

Por ejemplo, la Versión Dios Habla Hoy (DHH), presenta el pasaje de esta manera: “7 Tres son los testigos: 8 el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo”. [19]

La Nueva Versión Internacional (NVI), muestra así a 1. Juan 5:7-8. “7 Tres son los que dan testimonio, 8 y los tres están de acuerdo: el Espíritu, el agua y la sangre”.

Luego añade esta nota al pie. “1 Juan 5:8 testimonio … Espíritu. Var. testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno. 8 Y hay tres que dan testimonio en la tierra: el Espíritu (este pasaje se encuentra en mss. posteriores de la Vulgata, pero no está en ningún ms. griego anterior al siglo XVI)”. [20]

El hecho de que se diga que la evidencia más antigua de la coma juanina está en unos manuscritos latinos, demuestra que se trata de una interpolación tardía, pues esta no aparece en ningún manuscrito griego acreditado, y sabemos que el Nuevo Testamento fue escrito originalmente en griego.

La Nueva Traducción Viviente (NTV) trae esta porción así: “7 Por lo tanto, son tres los testigos 8 —el Espíritu, el agua y la sangre— y los tres están de acuerdo”.

También trae una nota al pie de página que dice: “a. 5:7 Unos cuantos manuscritos muy tardíos agregan en el cielo: el Padre, la Palabra y el Espíritu Santo, y estos tres son uno. Y tenemos tres testigos en la tierra”. [21]

La Biblia Textual (BTX) cita así a 1. Juan 5:7-8: “7 Porque tres son los que dan testimonio: 8 El Espíritu, el agua, y la sangre; y los tres concuerdan”.

En sus notas en pasajes especiales dice: “§ 135. 1 Jn. 5.7. Después de dan testimonio, el TR [Textus Receptus] añade lo siguiente: en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno… y tres son los que dan testimonio en la tierra. Que estas palabras son espurias y no tienen ningún derecho a integrar el texto del NP [Nuevo Pacto] es verdad a la luz de las siguientes consideraciones: a) Evidencia Externa: 1) El pasaje está ausente de todos los mss. griegos conocidos, excepto cuatro, y éstos, contienen el pasaje en lo que parece ser la traducción de una recensión de la VUL. [Vulgata Latina] Estos cuatro mss. son el ms. 61, del S.XVI; el ms. 88 del S.XII (que tiene el pasaje escrito al margen con mano moderna); el ms. 629, del S.XIV o XV y el ms. 635 del S.XI (que tiene el pasaje escrito al margen por una mano del S.XVII. 2) El pasaje no es mencionado por ninguno de los Padres griegos, quienes, de haberlo sabido, ciertamente lo habrían empleado en las controversias trinitarias (Sabelio y Arrio). Su primera mención en griego es la versión (latina) de las actas del Concilio de Latera en 1215. 3) El pasaje está ausente en los mss. de todas las versiones antiguas (Siria, Copta, Armenia, Etíope, Árabe y Eslavónica (excepto la Latina). b) Probabilidad Interna: 1) En lo referente a la probabilidad de transcripción, si el pasaje hubiese sido original, no se puede hallar ninguna buena razón que justifique su omisión, bien accidental o intencionalmente, por copistas de cientos de mss. griegos, y por traductores de las versiones antiguas. 2) Respecto a la probabilidad intrínseca, del pasaje, simplemente, rompe el sentido del contexto”. [22]

También veremos las referencias de los textos griegos acreditados del Nuevo Testamento, para comprobar que la Coma Juanina ha sido excluida por no pasar la prueba de la fidelidad en lo que se refiere a la crítica textual.

Veremos cómo lo cita el texto Griego Bisantino o Mayoritario [23] junto con su respectiva traducción al español (7) oτι (porque) τρεις (tres) εισιν (son) οι (los) μαρτυρουντες (dar testimonio). Así que el verso 7 literalmente en el español diría: “Porque tres son los que dan testimonio”. Y continua: (8) tο (el) πνευμα (espíritu) και (y) το (el) υδωρ (agua) και (y) το (la) αιμα (sangre) και (y) οι (los) τρεις (tres) εις (son) το εν (uno) εισιν (concuerdan). Así que el verso 8 literalmente en el idioma español diría: “el Espíritu, el agua y la sangre y los tres concuerdan”. Y de esta manera lo podemos ver en las traducciones Nueva Versión Internacional, Nueva Biblia al día, Dios Habla Hoy y Nueva Traducción Viviente.

En el texto griego de Westcott-Hort, [24] lo hallamos así (7) oτι (porque) τρεις (tres) εισιν (son) οι (los) μαρτυρουντες (testigos). Entonces el versículo 7 simplemente dice: “Porque tres son los testigos”. (8) tο (el) πνευμα (espíritu) και (y) το (el) υδωρ (agua) και (y) το (la) αιμα (sangre) και (y) οι (los) τρεις (tres) εις (son) το εν (uno) εισιν (concordar). Entonces el verso 8 literalmente diría: “el Espíritu, el agua y la sangre y los tres concuerdan”.

Así, hemos podido comprobar que la Coma Juanina es una adulteración tardía en idioma latín del texto original de 1. Juan 5:7-8, que nunca hizo parte del Texto Sagrado original como fue escrito por el apóstol Juan, y que los que adulteraron la Biblia con esta porción tendrán que darle cuentas a Dios por haberse engañado y por estar engañando a muchos que torpemente se pierden citando a una porción adulterada como si fuera original, al creer que allí se halla una prueba bíblica para la trinidad.

Vale la pena examinar a qué se refiere el texto de 1ª Juan 5:7-8 cuando dice que los tres testigos, el Espíritu, el agua y la sangre concuerdan como uno en su testimonio. Tenemos que el agua, la sangre y el Espíritu son testigos de la salvación del hombre.

Por la sangre de Cristo la cual vertió (o derramó) en la cruz del calvario somos redimidos del pecado y de la muerte recibiendo el perdón de nuestros pecados (Hechos 20:28; Efesios 1:7; Colosenses 1:14; 1ª Pedro 1:18-19).

El agua representa tanto la Palabra como el acto del bautismo en las aguas en el Nombre de Jesús. La Palabra, en razón a que por medio de ella podemos alcanzar la salvación de vuestras almas (Santiago 1:21), obtenemos un nuevo nacimiento espiritual (Juan 3:5; 1ª Pedro 1:23), ella nos conduce al arrepentimiento (2ª Corintios 7:8-9), somos santificados, purificados y lavados (Efesios 5:25-26). También la Palabra se considera un arma para presentar defensa ante las asechanzas del diablo (Efesios 6:11-12,17). El bautismo en las aguas en el Nombre de Jesús, en razón a que la persona al ser sumergida en las aguas confirma su muerte al pecado, identificándose con la muerte de Cristo,  el cual murió una vez y cuya muerte fue por nuestros pecados, de igual manera en el bautismo somos sepultados juntamente con Cristo a fin de que nos sirvamos más al pecado, pues nuestro “viejo hombre” con sus hechos es crucificado juntamente con ÉL. Además, en las aguas del bautismo nos identificamos con la resurrección de Cristo, pues somos resucitados para andar en una vida nueva (o una nueva vida en Cristo), pues por causa del pecado estábamos muertos espiritualmente (Romanos 6; Colosenses 2:12). En el bautismo se hace efectivo el perdón de nuestros pecados (Hechos 2:38; 1ª Juan 2:12), somos añadidos al cuerpo de Cristo que es la Iglesia (Hechos 2:41), somos limpios de pecado por la invocación del Nombre de Jesús en nuestras vidas (Hechos 22:16; Hechos 4:12; 10:43), alcanzamos la salvación provista por Dios (Marcos 16:15-16; 1ª Tesalonicenses 5:9; 1ª Pedro 3:21), nacemos de nuevo en Cristo (Juan 3:5), somos constituidos hijos de Dios (Juan 1:9-10), somos revestidos de Cristo (Gálatas 3:27).

El Espíritu, en razón a que es el Espíritu Santo el que nos convence de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:7-11), nos guía a toda la verdad (Juan 16:13), hace parte del nuevo nacimiento (Juan 3:5), recibimos la adopción de hijos de Dios (Efesios 4:6-7; Romanos 8:15-16), es el Espíritu Santo las arras de nuestra salvación (Efesios 1:13-14; 4:30).

De esta manera entendemos que tanto el Espíritu Santo de la promesa, el agua en sus diferentes representaciones y la sangre de Cristo hacen posible la salvación de la persona que cree al mensaje del evangelio.


1.15. Apocalipsis Capítulo Uno Enseña que Jesús es el Dios Padre.

En el libro del Apocalipsis también vemos una muy buena cantidad de declaraciones donde se muestra a Jesucristo como el único Dios (el Padre); y estas vienen a ser suficientes para llegar al conocimiento de que Jesucristo es aquel que está sentado en el único trono que está establecido en el cielo, y que recibe la adoración de toda la corte angelical.

Apocalipsis 1:7-8 dice: “…7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. 8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso…”.

Aquí el Señor Jesucristo está diciendo que ÉL es el Alfa y la Omega, es decir el principio y el fin, y cuando vemos lo que dice Apocalipsis 21:5-6 nos damos cuenta que el que está sentado en el trono es el Alfa y la Omega, es decir el mismo Señor Jesucristo, lo cual nos lleva a la conclusión de que si ÉL está sentado en el trono es porque es el Dios Padre, y no otro ser diferente al Padre.

“…5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. 6 Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida…”.


1.16. La Adoración Celestial Según Apocalipsis Capitulo Cuatro, Fue Dirigida al Único Ser Divino que Está Sentando en el Único Trono Establecido en el Cielo, a Saber el Señor Jesucristo (el Dios Padre).

Apocalipsis capítulo 4 del verso 8 al 11 dice: “…8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. 9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas…”.

Es demasiado claro como la adoración celestial por parte de los cuatro seres vivientes y de los veinticuatro (24) ancianos que muestra Apocalipsis cuatro (4) fue dirigida al único Dios el Padre que está sentado en el trono. Podemos ver que estos seres vivientes (incluyendo los veinticuatro ancianos) siempre dirigían su adoración a un solo ser divino el cual está sentado en el trono. Estos nunca se dirigieron a tres personas divinas y distintas de una trinidad, ellos nunca mencionaron a tres seres distintos y que cada uno estuviera en su propio trono de gloria. Más bien, vemos cómo su adoración siempre fue para el único Dios que existe y que ellos conocen, el Padre.

“…Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos…” (Apocalipsis 4:9).

“…los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo…” (Apocalipsis 4:10).

Nunca se muestran a tres individualidades divinas en el cielo, en contraste, siempre la Biblia enfatiza en que hay un solo Dios, el Padre, y este fue adorado por los seres vivientes registrados en dicho capítulo. En el verso 11 hay algo bien interesante y es que los veinticuatro ancianos le dan la gloria, la honra y el poder al Señor que está sentado en el trono en razón a que ÉL es el Creador de todas las cosas (V.11). Y las Escrituras nos enseñan que Jesucristo es el único Creador de todas las cosas según Juan 1:9-10; Colosenses 1:16-17; Hebreos 1:10.

De esta manera concluimos que la adoración celestial, la cual fue presidida por los cuatro seres vivientes (incluyendo los veinticuatro ancianos), fue para el único Dios. Para ningún escritor o profeta bíblico existía el concepto de tres personas divinas co-iguales y co-eternas, y dicho concepto tampoco es verdadero para ningún ser celestial. Ellos lo que si sabían y saben, es que hay un solo Dios (el Padre) que está sentado en el trono y que merece toda la gloria, la honra y el poder, en razón a que es el Creador de todas las cosas, a saber el mismo Señor Jesucristo.


1.17. Explicando Apocalipsis Capitulo Cinco.

Apocalipsis capitulo cinco (5) ha sido utilizado por muchas personas para “demostrar” que Jesús no puede ser el Dios Padre, sino que es una persona diferente al Padre. Ellos se centran principalmente en lo que expresan los versos 5 y 6 que dicen: “…6 Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. 7 Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono…”.

Miremos de manera concienzuda lo que nos enseña el pasaje bíblico de Apocalipsis capítulo 5, lo cual nos llevará a entender que  Jesús (o el Cordero) sí es el Padre mismo y que nunca ha sido una persona diferente al Dios Padre.

Apocalipsis capitulo cinco muestra al León de la tribu de Judá como el Cordero vencedor (V.5), el cual venció por medio de su muerte al que tenía el imperio de la muerte a saber al diablo (Hebreos 2:14). Cristo es el Cordero vencedor que por medio de su obra redentora en la cruz del calvario nos libró del pecado y de la muerte (Colosenses 2:13-15; Romanos 6:23). Cristo nos socorrió en la cruz del calvario venciendo sobre la muerte, pues estábamos sujetos a una vida de servidumbre por el pecado (Hebreos 2:15-18). Cristo es el Cordero vencedor que nos dio vida juntamente con ÉL en la cruz del calvario perdonando todos nuestros pecados, siendo ÉL el autor de nuestra eterna salvación (Isaías 53; Juan 12:24; Hechos 4:12; Hebreos 2:9-10; 5:8).

Hay aspectos muy interesantes que se deben de mirar con respecto a lo que dice Apocalipsis 5:6-7. Por ejemplo. Dice el verso 6 lo siguiente: “Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado”. Sabemos que el apóstol Juan en Apocalipsis hace referencia a un solo trono establecido en el cielo según Apocalipsis 4:2 y que en el trono hay uno sentado refiriéndose al Padre. Y vemos que el verso 6 dice que el apóstol Juan vio en medio del trono al Cordero en un estado como inmolado (o sacrificado). Fíjese que el apóstol Juan vio al Cordero de pie y como inmolado en medio (o en el centro) del trono, y no lo vio delante (o enfrente) del trono, sino en medio del trono. Así tal cual también lo dice Apocalipsis 7:17 “porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará”. El verso 7 dice: “Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono”. Dice el texto que vino el Cordero el cual está en medio del trono y este tomo el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono a saber el Padre, nos tenemos que cuestionar en algo, por ejemplo: 1) ¿Cómo es que el Cordero toma el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono, si el Cordero está en medio (o en el centro) del trono? ¿Cómo se explica esto?

Es necesario recordar según Apocalipsis 4:11 que los veinticuatro ancianos le dan la gloria, la honra y el poder al Señor que está sentado en el trono en razón a que ÉL es el Creador de todas las cosas y la Biblia nos enseña que Jesucristo es el Creador de todas las cosas según Juan 1:9-10; Colosenses 1:16-17; Hebreos 1:10. Pero también debemos de saber que Cristo Jesús es el Cordero según Juan 1:29, es decir que ÉL es el Creador pero que también es el Cordero. Esto nos lleva a la conclusión parcial que Cristo Jesús como el Cordero está dentro del trono, pues Él es el mismo Creador que está sentado en el trono al cual los veinticuatro ancianos rinden adoración.

Así que en Apocalipsis capítulo 5 se está hablando en un lenguaje figurado que representa alguna cosa (o idea); donde vemos representado a Jesús en dos (2) facetas diferentes: primero como el Cordero de acuerdo a su humanidad, condición en la cual efectuó (o llevo a cabo) su obra redentora a favor de la humanidad (Isaías 53), y por ende Apocalipsis 5:5 dice que ÉL es el Cordero vencedor como se mencionó al principio. Segundo, se muestra a Jesús en su calidad de Dios (o el Padre) de acuerdo a su divinidad, estando sentado en el trono en razón a que en dicha condición ÉL está ejerciendo autoridad. De esta manera vemos que Apocalipsis 5:6-7 nunca enseña que el Cordero que es Jesús sea una persona distinta al Padre. Más bien, Apocalipsis 5 nos muestra a Jesús en la condición del Cordero vencedor y en la condición del Dios el Padre que está sentado en el trono ejerciendo toda autoridad y señorío. (En el punto No 18 se amplía el tema del trono de Dios y del Cordero).


1.18. Apocalipsis Capítulo 21:5-7 Enseña que Jesús es el Dios Padre.

Observando el texto de Apocalipsis 21:5-7 nos podríamos cuestionar en algo, si bíblicamente hubieran tres (3) seres diferentes y cada uno poseyendo la naturaleza divina a saber “el padre trinitario”, “el hijo trinitario” y “el espíritu santo trinitario”. ¿Por qué no está el registro bíblico de que en el cielo haya tres (3) tronos y que cada uno a saber el “padre trinitario”, “el hijo trinitario” y “el espíritu santo trinitario”, estén sentados cada uno en su propio trono de gloria? ¿Y por qué si aparece el registro bíblico de un solo trono y solo uno (1) sentado en el trono? Esto es en razón a que Dios siempre nos ha enseñado en su Palabra, que Él es uno y único y que con Él hay no otros dos (2) individuos divinos que sean tan Dios como ÉL.

Si fuera cierto que el Dios de la Biblia es como una unidad compuesta por tres (3) seres divinos y distintos cada uno llamado Dios, ¿entonces por qué en la Biblia siempre se habla de uno solo (1) pero nunca de tres (3) en uno (1)? Por ejemplo, según Apocalipsis 21:5-6, se habla de uno solo que está sentado en el trono y se dice que aquel que está sentado en el trono es el principio y el fin, el Alfa y la Omega y el que da gratuitamente del agua de la vida, siendo esta la identidad que el mismo Señor Jesucristo se otorgó y con la cual se identificó en Apocalipsis 22:13-16 donde dijo:  “…13 Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. 14 Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. 15 Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira. 16 Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana…”. Enseñándonos la gran verdad de que Jesús es aquel que está sentado en el único trono y que ÉL es el principio y el fin, el Alfa y la Omega.

Pero sigamos tratando con este tema, si “hay” tres (3) seres divinos ¿Sera que esos otros dos supuestos individuos trinitarios no tienen autoridad para hablar siendo cada uno Dios? ¿O si le delegaron todo el trabajo al primer individuo trinitario, que ellos especulan que es el “padre trinitario”, por qué cuando la Biblia habla no utiliza un lenguaje en plural involucrando en el único trono a los otros dos individuos divinos y distintos, a saber el “hijo trinitario”, y “el espíritu santo trinitario”? Estos cuestionamientos surgen debido a que en Apocalipsis 21:5-6 siempre se ve un lenguaje singular y no un lenguaje trinitario (o plural). Veamos algunas evidencias.

“…5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. 6 Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida…”.

Se utiliza la expresión “él” y no la expresión “ellos”.
Se utiliza la expresión “estaba” y no la expresión “estaban”.
Se utiliza la expresión “sentado” y no la expresión “sentados”.
Se utiliza la expresión “dijo” y no la expresión “dijeron”.
Se utiliza el pronombre de primera persona singular “yo” y no se utiliza el pronombre de primera persona de plural “nosotros”.
Se utiliza la expresión “hago” y no la expresión “hacemos”.
Se utiliza la expresión “Y me dijo” y no la expresión “y me dijeron”.
Se utiliza la expresión “yo le daré” y no la expresión “y le daremos”.

Esta comparación (o paralelo) nos ayuda a entender que nunca la Biblia y en este caso el apóstol Juan, nunca creyó en una pluralidad de personas divinas, más bien, él siempre creyó en la Unicidad de Dios, en que Jesucristo era el mismo Dios Padre manifestado en carne, alejando así toda idea contraria a la posición apostólica con respecto a la persona de Cristo Jesús.

Y terminamos viendo lo que dice el verso siete (7),  donde Jesús declara que ÉL es el Dios Padre. “…El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo…”. Mire que el mismo Señor Jesucristo dice él será el Dios de los vencedores y ellos serán sus hijos, es decir, que él será su Padre. Es maravilloso ver como las Escrituras son enfáticas en esta gran verdad de la Unicidad de Dios y que todas aquellas doctrinas que niegan esta gran verdad son consideradas antibiblicas alejadas de la verdad de la Palabra de Dios.


1.19. Apocalipsis Capítulo 22:1-6 Enseña que Jesús es el Dios Padre.

“…3 Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, 4 y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes…” (Apocalipsis 22:3-4).

Aquí la Biblia nos está mostrando que Dios y el Cordero son uno y el mismo ser, y está destruyendo la idea extrabíblica de dos personas diferentes. Vemos que el texto dice: “el trono de Dios y del Cordero”, hablando siempre de un trono. Para muchos que traen idea extrañas a la Biblia y que no se conforman con lo que está escrito, aquí hay dos personas (o individuos) divinos y distintos, pero vemos que después de referirse a Dios y al Cordero se ve un lenguaje en singular y no en plural, por ejemplo: el verso 3 dice: “LE SERVIRAN” (singular). Y no dice “LES SERVIRAN” (plural). Además en el verso 4 dice: “Y verán SU ROSTRO” (singular). No dice: “Y VERÁN SUS ROSTROS” (Plural). Y el texto continúa diciendo: “Y SU NOMBRE” (singular). No dice: “Y SUS NOMBRES” (plural), como si hablase de varios. Esto en razón a que Dios y el Cordero son uno solo y el mismo. [25]

El Cordero es Dios mismo manifestado en carne (Juan 2:29-34; 1ª Timoteo 3:16). Por eso se habla de un solo rostro y de un solo nombre, porque Dios y el Cordero son uno solo (o el mismo ser). Recordemos que el Cordero es la imagen del Dios invisible, es la imagen misma de la sustancia del Padre (Colosenses 1:15; Hebreos 1:3).

Este pasaje de Apocalipsis 22:3-4 también está en completa armonía con el texto de Apocalipsis 4:2 donde el apóstol Juan dice: “…2 Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado…”. Así que el apóstol Juan al referirse a Dios y al Cordero no pensaba en dos individualidades divinas y distintas, sino que más bien el identifico al Cordero como el mismo Dios en su manifestación en carne. También dice en Apocalipsis 3:21 “…Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono…”.

Vemos algo muy interesante y es que el Señor Jesucristo hace alusión a su trono, y después dice que ÉL está sentado con el Padre en su trono, algo que tenemos que recordar es que hay un solo trono, no dos ni tres tronos tal cual como lo expresó el apóstol Juan en Apocalipsis 4:2 “un trono establecido en el cielo”, es decir que no hay más de un trono. Y dice el Señor Jesús que ÉL estado sentado en el trono del Padre, algo que nos lleva a la conclusión que si Jesús está sentado en el trono del Padre, es porque ÉL es Padre mismo. Recordemos que el apóstol Juan solo vio a uno sentado en el trono, no vio a dos, ni a tres, solo vio a uno en el trono, y ese uno es el Padre a saber el Señor Jesucristo. Para el apóstol Juan, Dios y el Cordero siempre se trató de un solo ser (o la misma persona). El Cordero es Dios manifestado en carne, es la imagen del Dios invisible.

Además de esto, vemos en los versos  5 y 6 donde el apóstol Juan es testigo de que el Señor que es Jesucristo es el Dios Padre.

“…5 No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos. 6 Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto…”.

El apóstol Juan se expresa de una forma repetitiva al decir tanto en el verso 5 y 6 que el Señor es Dios mismo. “porque Dios el Señor los iluminará” “Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas”. De tal manera que si decimos que Jesús es el Señor, estamos declarando que ÉL es el Dios Padre, pues el Señor es Dios mismo.

De esta manera se puede concluir que al que vio Juan sentado en el trono fue al único Dios, el Padre. Miramos por medio de las Escrituras que el mismo apóstol Juan nos testifica por una cantidad muy considerable de declaraciones que aparecen en su evangelio, cartas y en el mismo Apocalipsis acerca de que Jesús es el Padre. Y de esta manera entendemos sin duda alguna que a ese que vio Juan en su visión apocalíptica fue a Jesús y a este glorificado, identificándolo como el único Dios soberano y verdadero.


Capítulo 2
El Apóstol Pablo Declara que Jesús es el Padre

Es interesante ver en la Biblia, como el apóstol Pablo (apóstol a los gentiles, Hechos 22:21; Romanos 11:13; 15:16) también declara la misma verdad indisoluble que declaró el apóstol Juan con respecto a que Jesús es el Padre, puesta esta verdad es indispensable para alcanzar la salvación (Juan 8:24; 1ª Tesalonicenses 5:9). Las declaraciones realizadas por el apóstol Pablo acerca de que Jesús es el Padre son muy claras y no generan alguna duda acerca de ellas. Se puede observar un completo acuerdo en la posición de los apóstoles con respecto a la persona de Cristo Jesús.


2.1. Explicando Romanos 9:5.

Romanos 9:5 dice: “…De quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén…”. El texto de Romanos 9:5 es un texto muy claro y sin ambigüedades, [26] pues vemos que a todas luces dice que Jesús es Dios (el Padre) sobre todas las cosas, aunque muchas personas no lo quieran aceptar. Inclusive, podemos ver como en las demás versiones esta verdad se sigue declarando sin ningún tipo de problema. Por ejemplo:

“…De ellos son los patriarcas, y de ellos, según la naturaleza humana, nació Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas. ¡Alabado sea por siempre! Amén…” (NVI).

“…Son descendientes de nuestros antepasados; y de su raza, en cuanto a lo humano, vino el Mesías, el cual es Dios sobre todas las cosas, alabado por siempre. Amén…” (DHH).

“…Abraham, Isaac y Jacob son los antepasados de los israelitas, y Cristo mismo era israelita en cuanto a su naturaleza humana. Y ÉL es Dios, el que reina sobre todas las cosas, ¡y es digno de eterna alabanza! Amén…” (NTV).

Algo interesante del texto y que es bueno aclarar, es que se hace mención acerca de la descendencia de Cristo según la carne por parte de los patriarcas, lo que en el Nuevo Testamento se le atribuye a Abraham (Hebreos 7:4), a los hijos de Jacob (Hechos 7:8.9) y a David (Hechos 2:29). Es decir, que Cristo en cuanto a su naturaleza humana proviene del pueblo de Israel.

La Biblia en Hechos 2:29-30 dice: “…29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. 30 Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono…”.

Entonces vemos como Cristo en cuanto a la carne según el texto es descendiente del patriarca David, tanto así que en Mateo 1:1 hablando acerca de la genealogía de Jesucristo dice: “…Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham…”. En la versión Dios Habla Hoy (DHH) dice: “…Ésta es una lista de los antepasados de Jesucristo, que fue descendiente de David y de Abraham…”.

Además de esto, también la Biblia en Hebreos 7:14 nos enseña que el Señor Jesucristo vino de la tribu de Judá, la cual es de la misma descendencia (o estirpe) de los patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob “…Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio…”. Y Mateo 1:2 dice: “…Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos…”.

Dice Mateo 1:16: “…y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo…”. Vemos como hay una descendencia por parte de los patriarcas y que de esa descendencia vino Cristo, el cual es Dios mismo manifestado en carne como lo dice el texto de Romanos 9:5 y como se clarifica en Mateo 1:21-23.

Así que el apóstol Pablo declara textualmente que Cristo Jesús es Dios sobre todas las cosas, declarando abiertamente que Cristo es el Dios Padre, pues esto lo ratifica con la declaración hecha en Efesios 4:6 que dice: “…un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos…”. Para el apóstol Pablo solo existía un solo Dios que era el Padre, y con lo que expresó en Romanos 9:5 nos enseña que ese único Dios que es el Padre es Jesucristo y no otro ser diferente (o distinto) a ÉL.

Existe una versión que se llama: TRADUCCIÓN DEL NUEVO MUNDO DE LAS SANTAS ESCRITURAS [27] que es la versión oficial de los  “Testigos de Jehová”, que se clasifican dentro de la teología como unitarios arrianos. En dicha versión, vemos como el texto de Romanos 9:5 es tergiversado, al punto de desmentir el hecho de que Jesús sea Dios mismo. Veamos.

5  a quienes pertenecen los antepasados+ y de quienes [provino] el Cristo según la carne:+ Dios,+ que está sobre todos,* [sea] bendito para siempre. Amén [28]

Vemos que en la versión del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, los “Testigos de Jehová” le cambian por completo el sentido al texto, esto con el fin de esconder la verdad que éste enseña, cuya verdad es que Jesús es Dios sobre todas las cosas. ¡Amen!

Pero la antítesis es la lectura natural del pasaje. En cuanto a su naturaleza humana Jesús desciende de los israelitas, pero en otro aspecto ÉL es Dios sobre todas las cosas. En contraste con el rechazo que Jesús recibió de parte de los judíos, ÉL es Dios por naturaleza y por tanto es aquel que es digno de recibir toda la adoración.


2.2 1ª Corintios 8:6 Junto con 2ª Corintios 6:17-18, Muestran que Jesús es el Único Señor, el Único Dios y el Único Padre.

En 1ª Corintios 8:6 encontramos otra declaración que nos muestra esta maravillosa verdad de que Jesús es el Padre. El texto dice: “…para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él…”. Vemos cómo de nuevo el apóstol dice que para la Iglesia (donde se incluye él) solo hay un Dios que es el Padre, y un solo Señor que es Jesucristo. Aquí el apóstol Pablo está declarando que Jesucristo es el único Señor, y como Él es el único Señor, tiene que ser Dios sobre todas las cosas, es decir ese único Dios en el cual la iglesia siempre ha creído y predicado, pues la Biblia nos muestra que hablar del Señor es referirse al único Dios (Hechos 2:39); y por ser Jesús el único Señor y Dios, entonces Él tiene que ser el único Padre, porque para la iglesia solo hay un Dios que es el Padre. Lamentablemente muchos no quieren entender esto, y se inventan que 1ª Corintios 8:6 está haciendo una distinción de personas entre el Dios Padre y Jesucristo, pero realmente esa es una idea equivocada. Además, el apóstol Pablo en 2ª Corintios 6:17-18 nos clarifica aún más que Jesús es el único Señor, el único Dios y el único Padre.

“…17 Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, 18 Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso…”.

El único Señor es Jesucristo (2ª Corintios 4:5; Efesios 4:6), pero vemos que en el texto de 2 Corintios 6:17-18, el que da el mandamiento de que la Iglesia se aparte de lo inmundo (ya que somos templos del Dios viviente) es el Señor (“y apartaos, dice el Señor”). Y el mismo Señor Jesucristo, dice a continuación: “Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas”. Y culmina el texto diciendo: “dice el Señor Todopoderoso”. Claramente el texto enseña que el Señor que es Jesucristo es nuestro Padre, el único Dios. Este es un texto muy diáfano (claro) que no puede ser ignorado al momento de estudiar este tema tan importante acerca de que Jesucristo es el único Dios y Padre. Si aceptan esta verdad, muchas personas que están sumergidas en el error como los trinitarios y los unitarios, podrán salir de su error para pasar de muerte a vida, porque entenderán el misterio de la piedad (1ª Timoteo 3:16), o sea que el único Dios del cielo vino a demostrarnos su amor y a traernos su salvación al manifestarse en carne como el Hijo, el ser humano perfecto (Hebreos 4:15; 1ª Pedro 2:21-25).


2.3. El apóstol Pablo al Declarar que el Señor Jesús es el Espíritu Santo, Mostró que ÉL es el Padre.

2ª Corintios 3:16-17 dice: “…16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad…”.

Aquí el apóstol Pablo dice que el Señor Jesús es el Espíritu, o sea el Espíritu Santo. Esto es algo que bíblicamente se debe entender como una muestra más de la deidad de Jesús como el Dios Padre, pues la Biblia nos dice que el Dios Padre es el mismo Espíritu Santo, y si Jesús es el Espíritu, entonces sin duda alguna ÉL es el Dios Padre. Veamos.

Dios es Espíritu (Juan 4:24) y Pablo en Efesios 4:4 nos dice que hay un solo Espíritu de Dios (no dos, ni tres Espíritus). Además, la Biblia dice que el único Dios que es Espíritu también es Santo en sí mismo (Isaías 43:3; 45:11; 1ª Pedro 1:15-16; Apocalipsis 15:4). Por lo tanto, el Dios Padre en esencia es el Espíritu Santo y nunca la Biblia ha hablado del Espíritu Santo y del Dios Padre como dos personas distintas, más bien, el término “Espíritu Santo” indica la esencia, la naturaleza espiritual de Dios. “Espíritu Santo” es un término más para referirse al Dios único y verdadero que es el Padre, cuyo nombre es Jesús.

Veamos otras pruebas que nos muestran está gran verdad.

Mentirle al Espíritu Santo es mentirle al Dios Padre.

“…Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?..” (Hechos 5:3). Y en el verso siguiente dice: “…Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios…” (Hechos 5:4).
Vemos como el texto se refiere a Dios por el término de “Espíritu Santo”, indicándonos que Dios también puede ser llamado el “Espíritu Santo”, pues es Dios mismo y no otra persona distinta al Padre.

Al ser templos de Dios, somos templos del Espíritu Santo.

Una comparación de 1ª Corintios 3:16 con 1ª Corintios 6:19.

“…¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?...” (1ª Corintios 3:16). Y en 1ª Corintios 6:19 dice: “… ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?....”

En esta comparación vemos que el ser templos de Dios, es lo mismo que ser templos del Espíritu Santo, en razón a que el Espíritu Santo es Dios mismo. Para el apóstol Pablo no había confusión alguna en cuanto al referirse al Dios Padre y al Espíritu Santo, pues había en él un claro conocimiento de que el Padre y el Espíritu Santo son uno y el mismo individuo. Entonces de esta manera el apóstol Pablo al enseñar que el Señor Jesús es el Espíritu, lo identifico como el Señor, como el Espíritu Santo y como el Dios Padre. Así que Jesús en su deidad (o divinidad) es el Espíritu Santo y a la vez el Dios Padre, y asimismo el Todopoderoso, el Omnisciente, el Omnipresente y todo lo que Dios es y significa.


2.4. El Apóstol Pablo en 1ª Corintios 10:1-4 Mostró a Cristo Jesús Como el Jehová del Antiguo Testamento.

1ª Corintios 10:1-4 dice: “…1 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; 2 y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, 3 y todos comieron el mismo alimento espiritual, 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo…”.

El apóstol Pablo en dicho capitulo (10) exhorta a la Iglesia de Corinto con respecto al tema de la idolatría, y para ello toma como espejo (o ejemplo) lo que sucedió con el pueblo de Israel con el fin de que la Iglesia no caiga en el mismo error (o pecado), en razón a que por eso el pueblo de Israel no fue acepto ante los ojos de Dios (V. 5). Israel fue un pueblo codicioso de lo malo (V. 6), idolatra (V. 7), practicó la fornicación (obras de la carne) (V. 8), tentó al Señor (V. 9), y fue un pueblo murmurador de Dios (V.10). Por esto el apóstol Pablo en el verso 6 y 11, dijo que todo ello es ejemplo para que la Iglesia que es el cuerpo de Cristo no caiga en dichos pecados.

“…6 Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron…”.

“…11 Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos…”.

Los primeros cuatros versos de este capítulo nos dan una enseñanza muy especial. Y es que el centro de todo es Cristo Jesús. El apóstol Pablo comienza diciendo que los padres (patriarcas) estuvieron bajo la nube (en el desierto) que es tipo de la presencia de Dios, tipo de que Jehová estaba en medio de ellos (del pueblo). Así lo enseña Éxodo 13:21-22 que dice: “…21 Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. 22 Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego…”.

El  apóstol Pablo dice en el verso 3, que el pueblo de Israel comió del alimento espiritual. En ese entonces el pueblo se alimentó del Maná que Dios les dio (Éxodo 16:35), pero en el nuevo pacto ese alimento espiritual es Cristo Jesús (Juan 6:25-58). Y en el verso 4 el apóstol Pablo dice que el pueblo de Israel bebió la bebida espiritual, que en ese entonces fueron las aguas que salieron de la peña de Horeb (Éxodo 17:1-7), pero en el nuevo pacto esa bebida espiritual es Cristo Jesús (Juan 4:1-15; 7:37-39). Y dice el apóstol que el pueblo bebía de la Roca espiritual que los seguía y la Roca era Cristo.

La Biblia le da la credencial de ser la única “Roca espiritual” tanto a Jehová como a Cristo Jesús. Por ejemplo en Deuteronomio 32:4; 15; Salmos 18:2; 42:9; 62:2 dice que Jehová es la Roca y en Efesios 2:20-22; 1ª Pedro 2:4-8 dice que Cristo Jesús es la Roca.

De esta manera, cuando el apóstol Pablo dice en el verso cuatro que el pueblo bebía de la Roca espiritual que los seguía y esa Roca era Cristo Jesús, sin duda alguna mostró a Cristo como el mismo Jehová Dios que seguía al pueblo de día en una columna de nube y de noche en una columna de fuego; y así nunca Jehová se apartaba (o dejaba) de seguir al pueblo (Éxodo 13:21-22). Así, el apóstol Pablo tenía el pleno conocimiento de que hablar de Cristo Jesús como la Roca espiritual, era hablar del mismo Jehová Dios, porque Cristo Jesús es Jehová Dios que se manifestó en la carne.


2.5. El Apóstol Pablo en 1ª Timoteo 6:14-16, Presenta a Jesucristo Como el Único y Sabio Dios (el Padre); el Inmortal, el Bienaventurado, el Solo Soberano, el Rey de Reyes y el Señor de los Señores.

El texto de 1ª Timoteo 6:14-16 dice: “…14 que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, 15 la cual [la aparición] a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, 16 el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén…”.

Las credenciales que le atribuye el apóstol Pablo al Señor Jesucristo en esta porción bíblica, solo nos pueden llevar a la conclusión de que el apóstol Pablo estaba declarando que fuera de Jesús no hay otro ser que pueda llamarse Dios y se le puedan atribuir las credenciales de “EL BIENAVENTURADO, SOLO SOBERANO, REY DE REYES, SEÑOR DE SEÑORES, EL INMORTAL Y UNICO DIOS”. Esta declaración deja por el piso a aquellas doctrinas que niegan la deidad de Jesús como el Dios Padre, pues el mismo apóstol Pablo nos declara que aquel que aparecerá en los cielos en el momento de su segunda venida por la Iglesia es el único Dios, a saber el Señor Jesús.

También el apóstol Pablo en 1ª Timoteo 2:17 dijo: “…Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén…”.

“Así que cuando el apóstol Pablo se refería al Rey de los siglos, al inmortal, al invisible, al único y sabio Dios, al bienaventurado, al solo soberano, al Rey de reyes y Señor de los señores, se refería a la persona de Cristo Jesús y no a otro ser distinto a ÉL”.

Con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo a la cual hace alusión 1ª Timoteo 6:14-15, también podemos hacer un paralelo con lo que nos dice 1ª Tesalonicenses 3:12-13 con Zacarías 14:5, y nos daremos cuenta de que realmente Jehová y Jesús son el mismo ser, por ende las declaraciones tan maravillosas del apóstol Pablo con respecto a la persona de Cristo.


2.6. Pablo en 2ª Timoteo 2:3-5; Tito 2:3; 1:3 y 3:4 Presenta a Jesús Como el Único Dios y Salvador.

“…3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. 5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre…” (1ª Timoteo 2:3-5).

Claramente el texto identifica a Jesús como el único Dios y salvador, y debido a esta hermosa verdad, el apóstol Pablo se muestra reiterativo en sus declaraciones acerca de que Jesucristo es el único Dios verdadero. Por ejemplo, esto lo podemos ver en la carta que dirige a Tito en el capítulo 2 verso 13 donde dice: “…aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo…”. Vemos como el apóstol Pablo presenta a Jesucristo como el único Dios y Salvador. Además, él mismo en Tito 1:3 y 3:4 dice: “…y a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador…”. (Tito 1:3).

“…Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres…” (Tito 3:4).

Es decir que el único Dios (el Padre) es el Salvador, y esto tiene una gran armonía con lo que dijo el único Dios en Isaías 43:11 y Oseas 13:4 “…Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve…”. Igualmente vemos en Mateo 1:21 que la Biblia nos enseña que Jesucristo es el Salvador “…Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados…”, esto en razón a que Jesús es el mismo Jehová Dios manifestado en carne.


2.7. Explicando 1ª  Timoteo 2:5.

El verso 5 de 1ª Timoteo capítulo 2 dice: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.

Cuando el apóstol Pablo expresó: “y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”, no se está refiriendo a que Jesús sea una persona distinta a Dios. Aquí el apóstol Pablo se está refiriendo a Jesucristo como el mediador, [29] enfatizando que la condición humana de Jesús, ese cuerpo de sacrificio, fue el puente para que el mundo pudiera reconciliarse con Dios, aun siendo Jesús el mismo Dios hecho hombre.

Debemos tener muy presente que la única manera en que la humanidad podía reconciliarse con Dios, era que Dios mismo participara de carne y sangre como los demás hombres. Así nos lo enseña Hebreos 2:14-15 que dice: “…Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo…”.

Además, el apóstol Pablo dijo en 2ª Corintios 5:17 “…que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación…”.

Claramente el apóstol Pablo enseña que Cristo, quien es Dios mismo,  se tomó el trabajo de venir al mundo en calidad de hombre y reconciliar consigo mismo al mundo por medio de su obra redentora en la cruz del calvario. Fuimos reconciliados por medio de su muerte en ese cuerpo de carne que asumió al venir al mundo en calidad de hombre, pues así lo enseña el apóstol Pablo en Colosenses 1:21-22 que dice: “…21 Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado 22 en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él…”.


2.8. El Apóstol Pablo Sabía que Jesucristo es Dios Manifestado en Carne.

Recordemos el misterio de la piedad confesado por el mismo apóstol Pablo en 1ª Timoteo 3:16, que dice: “…E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria…”.

Vemos que el apóstol Pablo tenía el pleno conocimiento de que Jesucristo era Dios (o el Padre) mismo manifestado en carne. Y de nuevo declara esta verdad en Filipenses 2:5-8 que dice: “…5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz…”.

Para el apóstol Pablo no había confusión alguna con respecto a Jesucristo. Él nunca creyó que Jesucristo fuera una segunda persona divina y distinta de una trinidad, ni mucho menos que fuera una criatura creada y subordinada al Padre. Para él apóstol Pablo, Jesucristo siempre se ha tratado del Padre, el único Dios verdadero manifestado en carne, y fue por este motivo que a los hermanos en Colosas les declaró lo siguiente: “…15 Él (Cristo) es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él…” (Colosenses 1:15-16). Así, les enseñó que Jesucristo es la imagen misma del Dios invisible que en esencia es Espíritu (2ª Corintios 4:4; Hebreos 1:1-4; Juan 4:24). También les enseñó que ÉL (Jesús) es el Dios Creador. Y más adelante les enseñó que: “…en ÉL (Jesús) habita corporalmente TODA la plenitud de la Deidad…”. (Colosenses 2:9). Así confirmó el hecho de la Encarnación (1ª Timoteo 3:16), y por ende declaró que todo lo que es Dios se encuentra en Jesucristo, pues JESÚS es Dios sobre todas las cosas.

La conclusión de esta 2ª parte es contundente. El apóstol Pablo confesó abiertamente que Jesucristo es el único Señor, el único Dios, el único Creador, el único Salvador y el único Padre celestial. El que no quiera aceptar esta verdad, se quedará atrapado en las mentiras tradicionales de los hombres (tales como el trinitarismo y el unitarismo) y no le será revelada la luz del evangelio de Dios, pues ellos siempre se la pasarán negando el mensaje del evangelio creyendo que no fue Dios mismo el que vino a salvar, sino que vino otro. Pero a los que crean la verdad, les resplandecerá la luz de Cristo quien dijo: “...si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis…” (Juan 8:24).


Capítulo 3
El Apóstol Pedro Declara que Jesús es el Padre

Hasta este momento hemos visto como tanto el apóstol Juan como el apóstol Pablo, a través de muchas evidencias, nos han enseñado la verdad indisoluble de que Jesús es el Padre, o sea el único Dios soberano y verdadero.

Ahora veremos como el apóstol Pedro también nos enseña esta indiscutible verdad acerca de Jesucristo como el Dios Padre, y así concluiremos en que éste ha sido un mensaje completamente apostólico que ha mantenido por siempre la Iglesia verdadera, proclamando la doctrina apostólica del Nombre de Jesús tal y como lo dice Efesios 2:20 “…Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo…”.


3.1. Bajo el Contexto de la Enseñanza del Bautismo en las Aguas el Apóstol Pedro Enseñó que Jesús es el Padre.

El apóstol Pedro fue el primero entre los demás apóstoles en enseñar la doctrina del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo (Hechos 2:38), y esto lo podemos ver en el capítulo 2 (dos) del libro de los Hechos de los apóstoles donde nace la Iglesia. Aquel día se bautizaron como tres mil (3000) personas en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados y salvación. (siendo todas ellas pertenecientes al pueblo judío) “…41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones…” (Hechos 2:41-42).

Después de esto, vemos que en el capítulo 10 del libro de los Hechos de los apóstoles, el apóstol Pedro también enseñó la doctrina del bautismo en agua en el nombre del Señor Jesús a los gentiles, y como resultado terminó bautizando a Cornelio y su familia. “…47 Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? 48 Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días…”. (Hechos 10:47-48).

Debemos entender que el apóstol Pedro al enseñar que en el bautismo a la persona le debe ser invocado en el Nombre de Jesús (o Jesucristo), lo estaba haciendo en cumplimiento de la gran comisión recibida por parte del Señor Jesús registrada en el evangelio de Mateo 28:19-20 que dice: “…19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén…”.

Así que el apóstol Pedro (como los demás apóstoles) tenía el pleno conocimiento de que el Nombre singular revelado de aquel único Dios que es el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, el Eterno, el Omnisciente, el Omnipresente, etc., es Jesús. El apóstol Pedro creyó que el Nombre del Padre es Jesús, y por eso siempre bautizó en ese Nombre, confesando claramente que Jesucristo es el Padre mismo manifestado en la carne.


3.2. El Apóstol Pedro Llamó Dios a Nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

El apóstol Pedro en el libro de los Hechos de los apóstoles capítulo 2 (dos) verso 39 dijo: “…Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare…”.

Vemos como el apóstol Pedro se refiere a Jesús nuestro Señor como Dios, algo que bíblicamente denota que Pedro si dijo que Jesús es el Dios Padre, esto en razón a lo que nos enseña Efesios 4:6 que dice: “…un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos…”. Entonces si Pedro dijo que Jesús nuestro Señor es Dios, él declaró claramente que JESÚS es el Padre, pues solo hay un Dios que es el Padre y su nombre es Jesús. De esto no tenía la menor duda el apóstol Pedro. Inclusive en 1ª Pedro 3:15 se ve de nuevo como el apóstol muestra a Jesús como Dios y Señor. “…sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros…”.

Además de esto, en 2ª Pedro 1:1-2 el apóstol dice que Jesús es nuestro Dios y Salvador. “…1 Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra: 2 Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús…”. Esta es una declaración similar a la que expresó el apóstol Pablo en Tito 2:13 dijo: “…aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo…”. Ambos apóstoles concuerdan en que Jesús es Dios y Salvador, es decir el Dios Padre. Y así vemos la gran concordancia apostólica con respecto a la identidad de Cristo Jesús.

Esto desenmascara la mentira del dogma trinitario, en razón a que ellos dicen que Jesús es Dios, pero no Dios el Padre, sino más bien el “Dios Hijo trinitario”, es decir, un ser divino que es “Dios” pero que es aparte de Dios el Padre cada uno con identidad propia y que compartiendo la única naturaleza divina (o deidad). Pero la Biblia nos enseña que hay un solo Dios, el Padre, y que también es el Señor, como también es el Salvador, el Creador, el Consejero, el Admirable, entre otros. El Señor Jesucristo es ese único Dios y Padre, porque él es Dios manifestado en carne. Por lo tanto, cuando los apóstoles se referían a Jesús como Dios, no lo enseñaban como una persona divina y distinta al Dios Padre, pues ellos tenían claro el mensaje de la Unicidad de Dios. Por tanto, siempre supieron que hablar de Jesús era referirse a Dios (o el Padre) mismo manifestado en carne.


3.3 Conclusión Final.

En 1ª Pedro 4:11, el apóstol expresa la necesidad de que cuando vayamos a hablar acerca de las Escrituras, debemos de hacerlo conforme a lo que está escrito (o conforme a las palabras de Dios), o sea, sin realizar ningún tipo de adulteraciones [30] (o añadiduras) a lo que realmente dice la Pablara de Dios, desviando el verdadero significado de los textos bíblicos, pues en esto han incurrido los grupos sectarios con (doctrinas extrañas a la Biblia). Y todo porque han hecho un mal uso de las normas de la hermenéutica al momento de interpretar y exponer el significado de los textos bíblicos y como consecuencia han sido hallados mentirosos, tal y como lo expresa Proverbios 30:6 que dice: “…No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso…”.

Nuestra labor siempre debe estar enfocada en hablar conforme a las palabras de Dios, para así poder enseñar la verdad de las Escrituras inspiradas, y en consecuencia demostrar los errores doctrinales de aquellas posiciones que se oponen al mensaje apostólico de la Unicidad de Dios. En esta obra hemos podido mostrar el error del trinitarismo con su doctrina extrabíblica de las tres personas distintas en la deidad, y también de los unitarios, especialmente de los arrianos “Testigos de Jehová” que niegan que Jesús es Dios, y en su lugar lo presentan como un “dios” menor al Dios Padre.

Nosotros sabemos que estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo, este es el verdadero Dios y la vida eterna (1ª Juan 5:20). El misterio de la Piedad es indiscutible, Dios fue manifestado en carne (1ª Timoteo 3:16), Jesús es el Padre mismo viniendo a salvar en la forma de un Hijo, de un hombre perfecto.

En anhelo de Dios es que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de la verdad (1ª Timoteo 2:4-5). Esa verdad consiste en que ÉL es un solo Dios, y que en su manifestación en carne como Jesucristo, él es nuestro único mediador que nos abrió el camino para llegar a Dios. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1ª  Timoteo 2:5). Pero es necesario que los hombres sean humildes ante la Palabra del Señor, desechando toda tradición e inventos de hombres, para que el Señor Jesús le abra el entendimiento así como lo hizo con los apóstoles (Lucas 24:45) a fin de que puedan comprender la verdad de la Palabra de Dios y salgan del error de las tinieblas de creer en algo que la Biblia no aprueba. A un corazón contrito y humillado, Dios no lo desprecia (Salmos 51:17).

Invito a todos mis hermanos del Nombre de Jesús, a que sigamos predicando el verdadero mensaje del evangelio, ya que el mensaje del evangelio es el que convence al hombre de la necesidad de la salvación y de reconocer a Jesucristo como el único Dios verdadero que es el Padre.


“…Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo:
Te he puesto para luz de los gentiles,
A fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra…”
(Hechos 13:47)


“…y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres…”
(Juan 8:32)


Referencias

[1] Único. - Solo en su especie (http://www.wordreference.com/definicion/%C3%BAnico) - Que tiene la propiedad de unicidad (https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%9Anico) - Que es uno sólo (https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%9Anico)
[2] Julio Cesar Clavijo Sierra - Jesús es el Padre Eterno. http://fe-biblica.blogspot.com.co/2008/05/jess-es-el-padre-eterno.html
[3] Significado palabra (viene) http://www.wordreference.com/definicion/venir
[4] Significado palabra (va) http://www.wordreference.com/definicion/va
[5] Definición de la palabra Coigualdad: Sustantivo femenino. Este vocabulario es de uso anticuado, hace referencia como la naturaleza, cualidad, característica o índole de lo coigual que es enteramente idéntico, igual, equivalente o semejanza a una cosa o persona y a su vez lo que está en conforme en algo con otra cosa en cuanto la forma o el atributo. https://definiciona.com/coigualdad/
[6] Definicion.De – Definición Coexistencia: La coexistencia es la situación que se produce cuando un sujeto o una cosa existen a la vez que otro u otra. Coexistir, dicho de otro modo, implica una existencia simultánea. https://definicion.de/coexistencia/
[7] Google: Definición Coeterno: Que coexiste eternamente
[8] David K. Bernard – Libro, La Unicidad de Dios – Monoteísmo Cristiano.
[9] Carlos Garviras Doctrina Cristiana (MIAPIC) - ¿Qué es la Trinidad?. https://www.youtube.com/watch?v=Lbi8FcKx0hA
[10] Carlos Núñez (PILAR IV: ESPÍRITU SANTO) (Minuto 3:12 a 3:20). https://www.youtube.com/watch?v=DNBkOZ9qBwo
[11] Hugo Albornoz (LOS SOLO JESÚS O UNICITARIOS) (Minuto 8:03 a 8:36). https://www.youtube.com/watch?v=lDYX1E2XN9c
[12] Hugo Albornoz (LOS SOLO JESÚS O UNICITARIOS) (Minuto 21:32 a 21:42). https://www.youtube.com/watch?v=lDYX1E2XN9c
[13] Armando Alducín “La Trinidad de Dios” (Minuto 17:56 a 18:09). https://www.youtube.com/watch?v=EpE1QmS28Eg&t=581s
[14] Carlos Garviras Doctrina Cristiana (MIAPIC) - Si Jesús es Dios, ¿a quién le oró Él? (Minuto 0:34 a 1:03). https://www.youtube.com/watch?v=Jpd5xVx-ONU
[15] Una Santa Iglesia Católica Apostólica Romana - http://www.vaticanocatolico.com/iglesiacatolica/credoatanasiano/#.WcMkPtLWzIU
[16] CREDO ATANASIANO (Minuto 2:07 a 2:20). https://www.youtube.com/watch?v=e8PQoM4afGI
[17] Adulterar (o adulterado). http://es.thefreedictionary.com/adulterados Quitar a una sustancia su pureza o su naturalidad. Alterar la calidad o pureza de una cosa. Alterar el sentido de una cosa o asunto.
[18] Reina Valera 1960. Como aparece en sitio web BibleGateway https://www.biblegateway.com/passage/?search=1+Juan+5%3A7-8&version=RVR1960
[19] Dios Habla Hoy. Tercera edición. © © 1996 Sociedades Bíblicas Unidas. https://www.biblegateway.com/passage/?search=1+juan+5%3A7-8&version=DHH
[20] Nueva Versión Internacional. Copyright © 2015 por Biblica, Inc. Como aparece en BibleGateway -. https://www.biblegateway.com/passage/?search=1+juan+5%3A7-8&version=NVI
[21] Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Como aparece en BibleGateway – https://www.biblegateway.com/passage/?search=1+juan+5%3A7-8&version=NTV
[22] La Biblia Textual – BTX. Versión 3. © 1999, Sociedad Bíblica Iberoamericana.
[23] http://www.obohu.cz/ Texto griego Bisantino Mayority texto 2000 con los numeros y morfologia Strong. http://www.obohu.cz/bible/index.php?styl=BYZ&k=1J&kap=5. (1ª Juan 5:7-8).
[24] Westcott-Hort del NT con los números y morfología Strong. http://www.obohu.cz/bible/index.php?styl=WH&k=1J&kap=5.
[25] Julio Cesar Clavijo Sierra - El Trono de Dios y del Cordero - Apocalipsis 22:3-4. https://www.youtube.com/watch?v=vVaXzrEQepk
[26] Ambigüedades: Posibilidad de que algo pueda entenderse de varios modos o de que admita distintas interpretaciones. http://www.wordreference.com/definicion/ambig%C3%BCedad
[27] Página Oficial de los Testigos de Jehová - Biblia en línea | TRADUCCIÓN DEL NUEVO MUNDO DE LAS SANTAS ESCRITURAS. https://www.jw.org/es/publicaciones/biblia/bi12/libros/
[28] Página Oficial de los Testigos de Jehová - Biblia en línea (Romanos 9:5). https://www.jw.org/es/publicaciones/biblia/bi12/libros/romanos/9/
[29] Mediador: Que media o interviene en un asunto, discusión o problema, tratando de solucionarlo. http://es.thefreedictionary.com/mediador
[30] Adulteración -Falsificación o manipulación de la verdad. -Alteración de la calidad o pureza de algo por la adición de una sustancia extraña. http://www.wordreference.com/definicion/adulteraci%C3%B3n